Tag Archive: AFP

  1. Panel: Modificaciones al sistema AFP

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    Alfredo Joignant, Doctor en Ciencia Politica  Universidad Diego Portales

    Alfredo Joignant, Doctor en Ciencia Politica Universidad Diego Portales

    En esta edición de Mesa Central, los panelistas Gonzalo Cordero, abogado UC, socio fundador Azerta y Alfredo Joignant, doctor en Ciencias políticas, profesor Escuela Ciencia Política UDP conversaron acerca de las modificaciones al sistema AFP, la propuesta de 5% de cotización adicional debe ir a un sistema del Estado y las elecciones presidenciales en Chile y Estados Unidos.

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  2. No+AFP, ¿quién ofrece más?

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Como la demanda popular se ha simplificado en el No+AFP, no debiéramos sorprendernos cuando los presidenciables empiecen a prometer terminar con las AFP de la misma forma como en 2013 Bachelet respondió a la demanda ciudadana prometiendo el fin al lucro, la selección y el copago y la educación superior gratuita para todos.

    Aunque algunos pensaron que las aguas se aquietarían después del anuncio de la Presidenta Bachelet sobre su propuesta de modificaciones al sistema de AFP, la señal de debilidad que entregaron las propias AFP —que reconocieron la necesidad de reformas— y la rapidez con la que la clase política comenzó a lanzar propuestas para mejorar las pensiones ha atizado el fuego. Porque en democracia también se tropieza de nuevo con la misma piedra, no debiéramos sorprendernos de ver candidatos que se hagan eco de la demanda de mejores pensiones a costo cero para los cotizantes.

    El movimiento No+AFP amenaza con dominar la agenda electoral en 2017. En un contexto en que la clase política mantiene un alto desprestigio y ningún candidato se empina por sobre el 15% de intención de voto, el movimiento contra las AFP ofrece una nueva oportunidad para copiar el estilo que llevó a Bachelet a la victoria: promesas ambiciosas sin entrar a detallar cómo se cumplirán.

    La experiencia de 2013 puede ser iluminadora respecto a lo que pueda ocurrir en 2017. Después que las protestas de 2011 tuvieron al gobierno de Sebastián Piñera contra la pared, el aterrizaje de Michelle Bachelet como candidata presidencial en marzo de 2013 demostró la fuerza de la opinión pública para influir sobre los mensajes de campaña de los candidatos. Días después de su retorno al país, Bachelet separó aguas con los que pedían educación gratuita universal. Pero a los pocos días, reculó e hizo propia la promesa de gratuidad universal. Aunque aclaró que el proceso sería gradual, el hecho que Bachelet haya modificado su postura ante el clamor de la calle demostró que, por más responsables que quieran ser, los candidatos deben luchar contra la tentación de ceder a la presión de la calle.

    La decisión de Bachelet de comprometerse con la gratuidad fue difícil de comprender. Después de todo, prometiera lo que prometiera (o dejara de prometer), Bachelet era amplia favorita para ganar las elecciones. Pero la entonces candidata sucumbió ante la presión izquierdista en su coalición a tal punto que, una vez en el gobierno, tomó el inusual camino de implementar la gratuidad a través de una glosa en el presupuesto. La obcecación de Bachelet por cumplir una promesa de campaña generó un doble costo. Primero, instaló la idea de que la educación universitaria gratuita era un derecho. Segundo, abandonó el principio de que el financiamiento de nuevos derechos permanentes debería hacerse a través de leyes que regulen cómo funcionaría el nuevo sistema.

    Para 2017, la demanda de No+AFP amenaza en convertirse en la nueva fuerza que lleve a candidatos a realizar promesas irreflexivas y voluntaristas sobre cómo mejorar las pensiones. Como la gente está más preocupada de los resultados que de los procesos, los planes de mejoras graduales y parciales no generarán mucho apoyo. En una sociedad capitalista de consumo que demanda satisfacción inmediata (compre ahora y pague después), la gente no se entusiasma con candidatos que prometan resultados en el largo plazo. A diferencia de la educación, que deja de ser una prioridad cuando la gente ya la obtuvo o cuando se pasa la edad, la preocupación por las bajas pensiones va en aumento a medida que la gente envejece y acompaña a los pensionados por el resto de sus vidas.

    Como las encuestas muestran que los chilenos no tienen favoritos para las elecciones presidenciales de 2017, varios presidenciables se sumarán a la popular causa de No+AFP para atraer apoyos. Se desatará una competencia por quién promete mejores resultados con el menor sacrificio posible.

    Es verdad que en la mayoría de las democracias los candidatos se exceden en sus promesas de campaña y, después de ganar las elecciones, llenan sus promesas de letra chica. En parte, la democracia consiste en ilusionarnos en campaña para despertar a la realidad cuando asume el nuevo gobierno. Pero mientras más excesivas son las promesas de campaña, más difícil resulta volver a posiciones razonables después de ganar la elección.

    Porque el movimiento No+AFP después de una multitudinaria marcha ya logró que Bachelet anunciara un ambicioso proyecto de reformas, nuevas marchas llevarán al gobierno y a varios presidenciables de todos los colores políticos a competir por quién ofrece más. Aunque algunos dicen que los chilenos están hartos de la lógica de competencia que predomina en el modelo neoliberal, la evidencia muestra que la ley de oferta y demanda funciona a la perfección en el mercado electoral. Cuando la gente quiere más, la clase política inmediatamente compite por quién hace la promesa más ambiciosa. Como la demanda popular se ha simplificado en el No+AFP, no debiéramos sorprendernos cuando los presidenciables empiecen a prometer terminar con las AFP de la misma forma como en 2013 Bachelet respondió a la demanda ciudadana prometiendo el fin al lucro, la selección y el copago y la educación superior gratuita para todos.

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  3. Panel habla sobre el eventual fin de la Nueva Mayoría

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    Alfredo Joignant, Doctor en Ciencia Politica Universidad Diego Portales

    Alfredo Joignant, Doctor en Ciencia Politica Universidad Diego Portales

    En esta edición de Mesa Central, los panelistas Gonzalo Cordero, abogado y experto en asuntos públicos y Alfredo Joignant, doctor en Ciencia Política, profesor de la Escuela de Ciencia Política UDP e investigador del COES, conversaron acerca del supuesto fin de la Nueva Mayoría, la entrevista de Jorge Burgos a El Mercurio y la importancia de posicionar las AFP en la agenda.

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  4. Panel habla sobre la defensa de José Piñera de las AFP y los resultados de Adimark

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    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    En esta edición de Mesa Central, Max Colodro, analista político y profesor de la U. Adolfo Ibáñez y Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política de la U. Diego Portales, conversaron acerca de la defensa de las AFP y los resultados de la encuesta Adimark. En estos temas se debatió acerca del sistema actual de pensiones, el rechazo histórico a la ministra Javiera Blanco y la forma en que el gobierno ha encarado los conflictos de Sename y Gendamería.

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  5. Pensiones de calidad y gratuitas para todos

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Dentro de poco, comenzaremos a escuchar a candidatos que prometen pensiones de calidad sin que los chilenos tengan que hacer un esfuerzo personal para ahorrar más para financiar sus propias pensiones y meterse la mano al bolsillo para mejorar las pensiones de los que hoy están jubilados.

    Después que la promesa de educación de calidad y gratuita para todos realizada por Michelle Bachelet en la campaña presidencial de 2013 no se pudo materializar, la clase política chilena arriesga volver a realizar promesas incumplibles en 2017. Dado el alto descontento que existe con el sistema de pensiones, ya se escuchan voces que hablan de pensiones de calidad para todos, sin especificar de dónde saldrá el dinero (el equivalente de gratuitas). Si bien uno pensaría que el electorado ya aprendió la lección, no hay que desestimar la capacidad de la gente para tropezar de nuevo con la misma piedra de las promesas incumplibles.

    En 2013, la principal promesa de Bachelet era la gratuidad en la educación en todos los niveles. Bachelet prometió terminar con el copago, la selección y el lucro en la educación básica y secundaria. La ex Presidenta también prometió avanzar decididamente a la gratuidad en la educación superior, comprometiéndose a cubrir al 70% de los alumnos hacia el fin de su gobierno y llegar al 100% pocos años después. Una vez Presidenta, Bachelet llenó la promesa de gratuidad con letra chica. Aunque se promulgó una ley para la educación básica y secundaria, la implementación de la ley dependerá de futuros gobiernos, por lo que bien pudiera ser que el copago, la selección y el lucro sobrevivan en nuestro sistema educacional. Es más, dado cómo ha evolucionado la matrícula en los últimos años —incluido el periodo en el poder de la NM—, la participación de la educación pública en el sistema educacional chileno se sigue empequeñeciendo. En educación superior, el gobierno ha comenzado a derribar un sistema de mercado que funcionaba mal sin tener ni siquiera los planos de la estructura que pretende construir en su lugar.

    Hoy, los aspirantes presidenciales saben que la reforma educacional no es una buena bandera de campaña. Como la gente quiere gratuidad —¿quién no quiere un almuerzo gratis?—, los candidatos no se atreven a sincerar que la gratuidad es una promesa incumplible. Pero como los candidatos necesitan atraer apoyos y quieren ganarse el afecto de los votantes, la estrategia de prometer lo imposible adoptada por Bachelet en 2013 sigue siendo popular. Solo que en 2017, el foco de las promesas imposibles parece estar trasladándose a las pensiones.

    Las personas de más edad votan más que los jóvenes. Además, los chilenos nos hemos acostumbrado a las marchas estudiantiles. Una marcha es como un temblor grado 5: solo los extranjeros le ponen atención. Por otro lado, las campañas necesitan diferenciarse de las anteriores. De ahí, como la promesa de gratuidad educacional no se cumplió, los aspirantes se enfrentan al desafío de aceptar que no se pueden hacer promesas incumplibles o bien simplemente prometer algo fantástico pero en una dimensión distinta a la educación. Por eso, varios presidenciables arriesgan caer en la tentación de vender el cuento del tío a desesperados e irreflexivos votantes chilenos cuyas pensiones no les alcanzan para vivir o que están temerosos porque saben que sus dineros ahorrados no serán suficientes para otorgarles una pensión digna.

    Ante la creciente preocupación por las pensiones, la clase política no se ha demorado en buscar articulaciones que hagan creer a la gente que se pueden mejorar las pensiones sin que los propios chilenos se tengan que meter la mano al bolsillo. No faltan los que, para financiar un sistema de reparto, piden usar los recursos del cobre (la versión chilena de la gallina de los huevos de oro) o los que piden subir los impuestos (como si las personas no fueran los que los pagan —especialmente dado el peso del IVA en los ingresos fiscales y dados los incentivos tributarios a las personas de más ingresos que amortiguan el efecto progresivo del impuesto a la renta). Luego están aquellos que piden que sean los empleadores los que pongan su parte (como si el aumento en el costo de la mano de obra, sin una mejora en productividad, no fuera a repercutir en los salarios líquidos en el mediano plazo). Los más irresponsables, usando Voodo Economics, piden pasar a un sistema de reparto, alegando que las AFP lucran y que el sistema no ha cumplido con las promesas que se hicieron en su inicio.

    El caso es que nadie se atreve a decir a los chilenos que, para mejorar sus pensiones, van a tener que ahorrar más (lo que implica menores sueldos ahora o aceptar que, por la contribución que harán los empleadores a las pensiones, los sueldos subirán menos en el futuro). En cambio, la clase política en su conjunto comienza a articular una versión enchulada de la promesa de gratuidad —mejorar las prestaciones del Estado a cero costo para los ciudadanos—. Dentro de poco, comenzaremos a escuchar a candidatos que prometen pensiones de calidad sin que los chilenos tengan que hacer un esfuerzo personal para ahorrar más para financiar sus propias pensiones y meterse la mano al bolsillo para mejorar las pensiones de los que hoy están jubilados.

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  6. Panel habla sobre la marcha contra las AFP

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    Alfredo Joignant, Doctor en Ciencia Politica  Universidad Diego Portales

    Alfredo Joignant, Doctor en Ciencia Politica Universidad Diego Portales

    En esta edición de Mesa Central, los panelistas Gonzalo Cordero, abogado y experto en asuntos públicos y Alfredo Joignant, doctor en Ciencia Política, profesor de la Universidad Diego Portales e investigador del COES conversaron acerca de la marcha realizada contra las AFP.

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  7. En vez de anti-empresario, pro-mercado

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Pero el problema de este gobierno no es que se sienta lejos del empresariado privado—después de todo, el empresariado en Chile tiene puesta la camiseta de la derecha y resultó perdedor en las últimas elecciones. El problema del gobierno es que en vez de promover mercados más accesibles y competitivos, ha creído que su tarea es hacer crecer el estado empresario.

    Como el gobierno va camino a convertirse en la administración menos exitosa desde el retorno de la democracia en términos de crecimiento económico, se han consolidado las críticas de que la Nueva Mayoría tiene un sesgo anti empresarial. Pero el problema de este gobierno no es que se sienta lejos del empresariado privado—después de todo, el empresariado en Chile tiene puesta la camiseta de la derecha y resultó perdedor en las últimas elecciones. El problema del gobierno es que en vez de promover mercados más accesibles y competitivos, ha creído que su tarea es hacer crecer el estado empresario.

    Cuando queda solo un año para las elecciones primarias que escogerán a los candidatos presidenciales de 2017, el legado del segundo gobierno de la PresidentaBachelet ya está tomando forma. Si bien todos los gobiernos tienen luces y sombras, las sombras de este gobierno serán de largo plazo mientras que muchas de sus luces son solo fugaces.

    Las reformas tributaria y laboral seguirán deprimiendo el crecimiento y el empleo por varios años. Ambas reformas han dejado tantos cabos sueltos que va a tomar varios gobiernos para terminar de corregirlos. A su vez, muchas luces del legado del gobierno serán efímeras. El principal legado de su reforma política será el aumento de diputados y senadores—una tan impopular como innecesaria. Con el nuevo sistema electoral, al aumentar el tamaño de los distritos y bajar las barreras de entrada, los partidos buscarán rostros de famosos para ahorrarse los altos costos de posicionar un nuevo nombre en los mega-distritos. A su vez, el mayor número de parlamentarios por distrito alimentará las aventuras solitarias y la fragmentación partidista.

    La implementación de la reforma educacional que aspiraba a terminar con el lucro, la selección y el copago en la enseñanza básica y secundaria dependerá del próximo gobierno. La reforma para la gratuidad en la educación superior se está cayendo a pedazos incluso antes de que llegue el plazo autoimpuesto por el gobierno, del 30 de junio, en que debe presentar el proyecto de ley.

    Pero el área más nítida del legado de Bachelet II está en su marcado sesgo anti-empresarial. Desde que intentó atraer apoyo a la reforma tributaria criticando a “los poderosos de siempre”, el gobierno de Bachelet ha dejado en claro que cree que los empresarios chilenos son parte del problema. En buena medida, este sesgo emana de la excesiva ideologización de un empresariado que no ha sabido defender los principios del libre mercado. La tibia reacción empresarial ante los casos de colusión—acompañado de una actitud casi cómplice con aquellos sobre quienes recaen las sospechas de incentivar o tolerar las prácticas de colusión—demuestra que el empresariado chileno predica y no practica.

    Pero las fallas del empresariado chileno no debieran llevar al gobierno a equivocadamente creer que la solución es hacer crecer al Estado empresarial. Si hay problemas con las concesiones, el gobierno quiere que el Estado se haga cargo de la nueva infraestructura. Si el sistema de AFP necesita reformas, el gobierno propone la creación de una AFP estatal. Si la educación presenta problemas, el gobierno quiere estatizar los colegios. Sistemáticamente, la administración de Bachelet parece creer que todas las fallas de mercado se solucionan con la estatización.

    En vez de dotar al Estado de herramientas de regulación que le permitan fortalecer mercados y mejorar la competitividad, el gobierno siempre evidencia su sesgo antiempresarial buscando remplazar los ámbitos de acción privada con un Estadoempresarial. Sería más efectivo diseñar incentivos positivos para inducir el crecimiento de un empresario aliado del crecimiento y a la innovación e incentivos negativos para reducir la influencia de los enemigos del libre mercado y la competencia.

    Los gobiernos no debieran ser ni pro-empresarios ni anti-empresarios. El Estadodebe regular la iniciativa privada de tal forma de inducir más competencia, generar más oportunidades y ampliar las libertades. El empresariado es un grupo de interés igual que los sindicatos, estudiantes, profesores o funcionarios públicos. Aunque tienen todo el derecho a defender sus intereses, el bien del país no siempre es sinónimo de lo que conviene al empresariado.

    Pero así como el gobierno no tiene por qué se pro-empresario, tampoco debiera ser anti-empresario. Un gobierno que cree que los empresarios poseen demasiado poder no debiera buscar un nuevo balance quitando poder a los empresarios para dárselo al Estado. En una democracia capitalista que funciona para todos, el gobierno diseña instituciones e incentivos que fortalezcan los mercados. Un Estadoregulador poderoso es clave para facilitar el crecimiento y consolidación de los mercados, pero un Estado empresarial es tan enemigo del libre mercado y de la competencia como una clase empresarial homogénea, poco porosa y demasiado poderosa.

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