Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP
Mauricio Morales,director del Observatorio Político Electoral de la Universidad Diego Portales, afirmó a Cooperativa que en los procesos eleccionarios sí se produce una renovación efectiva en el ámbito municipal, pero no ocurre lo mismo a nivel parlamentario.
En conversación con Lo que Queda del Día, Morales recalcó que “en los municipios se está renovando la mitad, por lo tanto lo que proponía la Comisión Engel sobre colocar límites a la reelección de los alcaldes en realidad estaba rascando donde no pica: el problema no está en los municipios, el problema está en el Congreso”.
En relación con la disparidad entre los candidatos según sexo, Morales indicó que “cuando uno mide el efecto que tiene el gasto en campaña sobre el desempeño electoral de candidatas y candidatos en idénticas condiciones políticas, a las mujeres les rinde más el dinero en comparación con los hombres“.
“Si una mujer por cada 100 pesos de campaña cosecha 10 votos, un hombre con los mismos 100 pesos está cosechando ocho, es decir,hay un rendimiento mucho mayor en candidatas mujeres en relación a candidatos hombres”, ejemplificó.
La del 23 de octubre “va a ser una elección inédita desde el punto de vista de los candidatos que van a competir (…) vamos a tener alrededor de 12 pactos, (cuando) en la anterior tuvimos nueve, lo que está causando una importante explosión de candidatos”, destacó el experto.
Finalmente, Morales se refirió a las palabras de Manuel José Ossandón sobre la facilidad de Chile Vamos para ganar en Las Condes, aseverando que “es una comuna que es segura para la Alianza, lo mismo como La Pintana para la Nueva Mayoría, donde cualquier candidato que presenten va a ganar”.
Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.
La derecha enfrenta la disyuntiva de defender la constitución actual (abriéndose a reformas específicas) o apoyar un proceso constituyente intentando limitar sus efectos. Para la derecha, esa segunda alternativa sería la alternativa menos mala.
Si el comportamiento pasado del gobierno de la Nueva Mayoría y de la oposición derechista sirven para predecir el comportamiento futuro, debemos comenzar a prepararnos para que se inicie un proceso constituyente que, a través de una asamblea constituyente, produzca una nueva constitución. Como la derecha ha optado por ayudar a que las malas reformas del gobierno sean menos malas, la determinación de la Presidenta Bachelet por impulsar el proceso constituyente llevará a que la oposición derechista, mirando cuidadosamente las encuestas, termine condicionando su apoyo a que el gobierno limite las facultades y regule la conformación de la instancia (asamblea constituyente) que produzca la nueva constitución.
La lógica en el comportamiento de la oposición derechista ha sido tan consistente como inefectiva. Ya que no tiene suficientes votos en el Congreso para bloquear las iniciativas de reforma que ha impulsado el gobierno, la oposición ha optado por condicionar su apoyo o aceptación de las reformas a concesiones que ayuden a que las reformas sean menos negativas de lo que serían si la Nueva Mayoría hace uso de su poder de retroexcavadora en el Congreso. Como, además, la derecha está dividida entre RN, Amplitud y la UDI, la coalición derechista no tiene una sola voz. De hecho, Chile Vamos tiene hoy menos legisladores que los que fueron electos en la lista de la Alianza en 2013.
La estrategia colaboracionista de la Alianza quedó en evidencia durante la reforma tributaria. Como entonces había una amplia mayoría del país a favor de la reforma, la Alianza no se atrevió a defender sus principios y oponerse a una mala reforma. Era cierto que la reforma iba a pasar igual. Cualquier edificio mal hecho se cae al primer temblor fuerte. Pero la Alianza optó por entrar a la cocina política, negociar algunos cambios que hicieran que la reforma fuera menos mala y, a cambio, otorgó legitimidad a la reforma con el voto de la mayoría de los legisladores derechistas. Ahora que la reforma ha mostrado sus debilidades —que hacen imposible su implementación— y además se ha vuelto impopular, el gobierno de Bachelet no es el único responsable de esa mala política pública. Si en 2014 la Alianza hubiera defendido sus principios y hubiera votado en contra de una mala reforma, hoy la oposición tendría una incuestionable legitimidad para dirigir el destino de la reforma a la reforma.
Algo similar ocurrió con la promulgación de la gratuidad en la educación superior. Buscando evitar que se implemente una mala reforma, la derecha concurrió con sus votos y sus abstenciones a la promulgación de una ley que legitima la gratuidad. Si bien la derecha argumentará que la gratuidad (no becas ni préstamos) es aceptable para las familias de menos ingresos, no hay razón para justificar que la gratuidad se limite solo al 50% de menos ingresos. Después de todo, una familia con dos hijos en edad de estudiar que gana 1,5 millones de pesos (y que está en el 20% de más ingresos) también enfrenta serios problemas para financiar la educación de sus hijos. Ahora que la derecha votó por la gratuidad, de poco servirá defender la bandera de excluir al 5% más rico.
El debate constitucional actual va encaminado en la misma dirección. Si bien las encuestas muestran que, al compararla con otras prioridades, la nueva constitución no es una prioridad para la gente, las mismas encuestas muestran que la mayoría de los chilenos está a favor de una nueva constitución. Es más, la gente cree que la nueva constitución ayudará a expandir sus derechos y mejorará sus condiciones de vida. Como si fuera una pócima mágica, la nueva constitución es vista como un remedio para los problemas que enfrenta Chile hoy. Dada la popularidad actual de la nueva constitución, la derecha enfrenta la disyuntiva de defender la constitución actual (abriéndose a reformas específicas) o apoyar un proceso constituyente intentando limitar sus efectos. Para la derecha, esa segunda alternativa sería la alternativa menos mala.
Pero aceptar la necesidad de una nueva constitución oponiéndose a una asamblea constituyente resultará ser una postura insostenible. Si Chile efectivamente necesita una nueva constitución (y no solo reformas a la actual), no hay razón para oponerse a que esa nueva constitución emane desde la ciudadanía. Aceptar la nueva constitución creyendo que se puede frenar la asamblea constituyente es una quimera. Si va a haber nueva constitución, no se podrá evitar una constituyente. La defensa de los principios de la derecha debiera pasar por defender la postura de que basta con reformas a la carta actual, rechazando una nueva constitución. Pero la derecha fija sus posturas mirando las encuestas más que recordando sus declaraciones de principios. Ahora que la popularidad de una nueva constitución sube en los sondeos, la derecha terminará subiéndose a esa micro con la ya conocida excusa de que lo hace solo para evitar que una mala reforma sea menos mala.
Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.
Ya que albergan aspiraciones presidenciales, tanto ME-O como Velasco debieran considerar la opción de una OPA sobre la NM y la Alianza. Incluso si el intento por toma amigable deviene en toma hostil, ese camino tiene más posibilidades de éxito que intentar llegar a segunda vuelta por una tercera vía.
Las aspiraciones presidenciales de Marco Enriquez-Ominami y Andrés Velasco se verían fortalecidas si logran hacer una toma amigable —una Oferta Pública de Acciones— sobre la Nueva Mayoría y la Alianza respectivamente. Incluso una toma hostil será más fácil que intentar convencer a los electores de que se puede gobernar sin los cuadros de funcionarios que provienen de los partidos políticos existentes.
ME-O y Velasco tienen similitudes. Mientras ME-O rompió en 2009 con una coalición encaminada a la derrota, Velasco esperó a que Bachelet cayera en aprobación para declararse de oposición a la NM. Los dos hicieron carrera política meteórica, Velasco como ministro de Hacienda por cuatro años y Marco como diputado por un periodo. Ambos poseen apellidos asociados por generaciones a los pasillos del poder político. Los 13 años de diferencia que le lleva Andrés a Marco se moderan por el hecho de que ME-O tiene hijas más grandes y porque ambos vivieron, de forma distinta, el exilio en dictadura.
Marco aparece a la izquierda de Bachelet, mientras que Velasco se ubica a su derecha. Si bien el electorado es moderado, la segunda vuelta en la elección presidencial hace que la disputa siempre termine siendo entre un candidato de derecha y otro de izquierda (ambos privilegiando posiciones más centristas en el balotaje que en primera vuelta). El desafío de Marco es avanzar desde la izquierda hacia el centro, mientras que el reto de Velasco será evitar que los candidatos de izquierda y derecha lo ahoguen en el medio.
Las encuestas muestran que ningún candidato presidencial entusiasma demasiado. A diferencia de fines de 2011, cuando Bachelet tenía una gran ventaja de cara a 2013, hoy los ex Presidentes Lagos y Piñera no despiertan igual entusiasmo en sus coaliciones. ME-O y Velasco aparecen en posiciones expectantes (más ME-O que Velasco), pero necesitan lograr que la gente crea que pueden ser Presidentes.
Por eso, la OPA es una opción atractiva. En la NM, la lista de presidenciables es de tercera edad. Mientras Lagos es de la era pre Internet y su trayectoria lo hace más apropiado para el rol de sabio que para el del joven de la película, Isabel Allende es la guardiana de un apellido con creciente capital político. Por eso, Lagos usa herramientas del pasado elitista para avanzar sus aspiraciones presidenciables (diciendo que ya fue Presidente, pero evitando decir que no volverá a ser candidato) y Allende carga el peso del apellido (nada peor para el legado familiar que los chilenos rechacen en las urnas a la hija del Presidente mártir). Los otros aspirantes de la NM generan tanto entusiasmo como la final del Mundial Sub-17 realizada el pasado domingo.
En la Alianza, aunque Evelyn Matthei y Manuel José Ossandón también marcan en las encuestas, Matthei sufrió la peor paliza electoral de la derecha en 20 años y Ossandón todavía no es lo suficientemente conocido como para amenazar seriamente a Piñera. Si bien la UDI ha anunciado que tendrá su propio candidato, y nunca se debe descartar una nueva candidatura de Allamand, el escenario en la derecha está abierto para la irrupción de un candidato que desafíe a Piñera en primarias.
Es verdad que será difícil ganarle a Piñera o Lagos en primarias, pero será mucho más difícil sacar más votos que los candidatos de la Alianza y Nueva Mayoría en la primera vuelta.
Las amenazas de quiebre de la NM si entra el PRO no son creíbles. En las municipales de 2016, los aspirantes DC a alcaldes tendrán la llave que permitirá a ME-O el ingreso a la coalición. Si se toman fotos con Marco en vez de Ignacio Walker, de poco servirá la oposición de la desacreditada directiva PDC al ingreso del PRO a la NM. Como los candidatos velan por sus intereses antes que por los de sus partidos, el PDC deberá resignarse a que el rostro de la campaña de la NM en 2016 será alguien de izquierda (Lagos, Allende o Frei), no un camarada del partido. Es más, precisamente porque la NM irá en dos listas en 2016, aumenta la posibilidad de que una de ellas lleve al PRO.
En 2016, si los candidatos de la Alianza buscan a Piñera como rostro de la campaña, Piñera será imparable. Pero si los electores reciben con poco entusiasmo el retorno del ex Presidente, habrá oportunidad para que se levanten otros liderazgos en la derecha. Ahí, Velasco podrá entrar a disputar con Ossandón, Allamand y los aspirantes de la UDI.
Hay obstáculos para una toma amigable de la NM y la Alianza por parte de ME-O y Velasco. Además, ambos candidatos todavía pudieran ver frustradas sus aspiraciones por los coletazos de las investigaciones sobre SQM y Penta respectivamente. Pero ya que albergan aspiraciones presidenciales, tanto ME-O como Velasco debieran considerar la opción de una OPA sobre la NM y la Alianza. Incluso si el intento por toma amigable deviene en toma hostil, ese camino tiene más posibilidades de éxito que intentar llegar a segunda vuelta por una tercera vía.