Tag Archive: Ana María Stuven

  1. Visita del Papa Francisco a Chile

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    Ana Maria StuvenAna María Stuven, académica de la Escuela de Historia UDP, participó del programa Vía Pública del Canal 24 Horas sobre la próxima visita del Papa Francisco a Chile el próximo 15 de enero.

    “Hace bastante tiempo que el gobierno está interesado en que venga el Papa y le han cursado varias invitaciones -varios gobiernos además- . Yo creo que el Papa se ha hecho su itinerario de viaje con ciertas prioridades y por eso le toca Chile ahora dentro de su concepción y dentro de su plan para su pontificado”.

    Ver en Canal 24 Horas

  2. Las primeras páginas del sello femenino chileno

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    Manuel Vicuña, Decano y académico de la facultad de Ciencias Sociales e Historia de la Universidad Diego Portales

    Hace 100 años, entre retratos de distinguidas señoras y elegantes bocetos de moda, apareció esta publicación dedicada a la mujer. Causó revuelo y pavimentó una nueva forma de acercarse al mundo femenino.

    Corría enero de 1917 cuando una nueva revista para mujeres empezó a circular en Santiago: “La Silueta”. Se presentaba en su colofón como una “revista social de arte, elegancia, modas y literatura femenina. Su primer número abría con un editorialque era una declaración de intenciones. En el contexto de que “lo verdadero, o indudable ya, es que la mujer ha llegado a ocupar en la vida el papel que acaso le corresponde”, la revista “aspira a ser el exponente de la cultura femenina”, por lo que invitaba a las lectoras a enviar sus textos. La nota firmada por la dirección prometía: “La Silueta va a mostraros lo que puede y lo que hace la mujer chilena”.Ya en las primeras páginas dedicadas a la crónica social, se aprecia un rasgo que será característico de la revista: incorpora las secciones que hasta hoy son típicas de las publicaciones femeninas, pero con un tono crítico.  Así, por ejemplo, la cronista Gypsi partía manifestando su enojo porque le han encargado escribir sobre la vida social, noticias que califica de “algo rancias”, porque las fiestas sociales “no resultarían una novedad para nadie, ya que se publican en todos los diarios”. En el número de febrero, la crónica social firmada por Kismet afirma que “la vida viñamarina resulta muy llena y muy vacía. Por eso algunos se encargan de colmarla con placenteros comentarios acerca de los veraneantes y de cómo exageran la moda algunas damas”. En las páginas de belleza de la edición de junio, Mercedes de la Peña califica a “los cosméticos, las pinturas y los afeites” de “verdugos de la necesaria y justa aspiración femenil” de cuidar su apariencia, advirtiendo a las lectoras sobre los compuestos químicos contenidos en “esos menjurges” (sic) de pomos dorados: “estas materias tóxicas y corrosivas serán los sepultureros de nuestra lozanía”.

    Mujeres letradas

    La Silueta es parte de una seguidilla de publicaciones creadas por y para mujeres, a partir del creciente acceso a la educación experimentado por las chilenas a partir de la segunda mitad del siglo XIX, en que la promulgación del Decreto Amunátegui en 1877 fue primordial. Además de favorecer el acceso a la universidad, derivó en la aparición de liceos públicos femeninos. Las nuevas generaciones de mujeres ilustradas no se sentían reflejadas por la opinión pública dominante, que las seguía relegando al rol de madres y esposas, sin pensamiento ni voz. De ahí que para difundir las ideas y el quehacer femenino empezaron a surgir medios escritos como “La Brisa de Chile” (1875) y “La Mujer” (1877), a cargo de Rosario Orrego y Lucrecia Undurraga, respectivamente. Estos medios fueron precursores de un periodismo femenino autodidacta, que mezclaba lo informativo con lo literario. Estas publicaciones, además de las inquietudes intelectuales, abordaron asuntos prácticos como los derechos laborales de las mujeres que se empezaban a incorporar al trabajo. Generalmente se trataba de medios de corta vida y una circulación restringida. En el caso de La Silueta, fue un medio establecido, con impresión en color y papel satinado, una gestión comercial que captó avisadores (los mismos de los medios tradicionales) y duró 14 ediciones mensuales. Corresponde a una etapa más evolucionada del periodismo femenino chileno, como observa el decano de la Facultad de Ciencias Sociales e Historia de la Universidad Diego Portales, Manuel Vicuña:-Silueta forma parte de una camada de revistas creadas en la década de 1910, dirigidas a un público de élite, que dan cabida a las mujeres representantes de una veta del feminismo local, que apuesta a reducir la brecha cultural entre hombres y mujeres. Esas revistas incluso les conceden las portadas a las “damas de la buena sociedad”, como se decía entonces, conformando una “galería de damas ilustres”. En otras palabras, convierten a algunas mujeres en personajes públicos y les ofrecen un escenario mediático para ejercer una “toma de palabra” en temas relacionados con la condición femenina, a la larga no solo de los sectores altos. La historiadora Ana María Stuven explica que estas revistas corresponden a mujeres de élite, que “creen que uniéndose en torno a círculos de lectura (que se fundaron emulando los ingleses), al ideal de las tertulias, ellas van a lograr mejorar su condición cultural”. -El feminismo de la revista Silueta está anclado en reivindicar los derechos de la mujer, pero desde la valoración de sus roles tradicionales, no de la igualdad respecto de los derechos masculinos. Por una parte defiende que la mujer sea valorada, y por otra critica a las que están tomando posturas más radicales.

    De Silueta a magazine

    La Silueta tenía como propietario y director a Ángel Bonfratello, empresario dueño de una tienda de modas ubicada en la céntrica calle Ahumada, que además servía de domicilio oficial para la revista. Él mismo se encargaba de escribir las páginas de moda, inspiradas en las tendencias parisinas. Pero según Ana María Stuven, “esta era la revista del Club de Señoras, donde se reunían mujeres de élite preocupadas por el avance del feminismo”. En la práctica, el Club tenía cobertura permanente de sus actividades en las secciones habituales de La Silueta. La revista contaba con un equipo de colaboradoras que incluía destacadas escritoras e intelectuales como Inés Echeverría de Larraín (Iris), Elvira Santa Cruz y Ossa (Roxane), Amanda Labarca y Lucila Godoy, quien publicó sus primeros poemas como Gabriela Mistral. Como sería práctica habitual del periodismo femenino, incluso avanzado el siglo XX, las autoras firmaban con un alias cuando se trataba de notas más polémicas.  En febrero de 1917 publicó el artículo “Cómo se formó el Club de Señoras”, que Iris calificaba de “¡un lugar donde se piensa en alta voz! Es un paraíso reconquistado”. Pero también aludía a dos diarios contrarios al Club, en particular a La Unión, del cual dijo: “no entra en casa, sino en calidad de envoltorio de paquetes de menor cuantía”. El periódico reaccionó con un artículo que “era una gratuita ofensa a nuestras damas”, según calificaba una airada carta de dos páginas publicada en la edición de abril de La Silueta, y que firmaba “una lectora”, que también advierte que Zig-Zag, sin hacer una alusión directa a la revista, buscaba ridiculizarla. El principal semanario nacional de la época se convertiría en una suerte de enemigo de la publicación femenina, aunque sus alusiones a La Silueta eran en tono irónico. El 12 de mayo de 1917, por ejemplo, en la sección “Lo que vemos y oímos” la califica de “una revistilla de modas (…) se imagina que con su estupenda circulación de 15 ejemplares no va a quedar títere con cabeza”. En medio de la polémica, la tienda de Ángel Bonfratello quebró y no siguió financiando la revista, que a partir de mayo pasó a llamarse Silueta Magazine. Se formó una nueva empresa, propiedad del dentista A. Jaime González, quien era avisador habitual. Asumió como director Tomás Gatica Martínez, escritor que provenía de Zig-Zag, con la cual siguió una controversia durante meses. El semanario hacía chistes con el que denominaba “ángel rebelde y cursilón” y una de sus novelas, “La cachetona”, a la que llamaban “La cachetina”, además de insinuar que su salida de la revista no había sido en los términos de tragedia teatral que Gatica señalaba. El aludido respondía con airadas columnas, hasta que decidieron cambiar el tono. Incluso imitaron la página de humor “Indiscreciones telefónicas” de Zig-Zag, donde se referían al semanario como “la Zigzaña”.Silueta Magazine creció como empresa y captó un creciente número de avisadores: después de la portada, venían hasta 17 páginas de publicidad antes de iniciar los contenidos de la revista. En septiembre se anunciaba que en 1918 sería “quincenal y más grande”. Se cambiaron a una nueva casa, en la calle Monjitas, donde además de sus oficinas se instaló una galería de arte. También se empezó a publicitar el lanzamiento del jabón de tocador de marca Silueta, denominación que adoptó la publicación a contar de su edición de enero de 1918, que sería la penúltima.

     Menos moda y más letras

    “Si se quiere que la mujer se preocupe menos de la moda y más de la vida, es indispensable que se le conceda el más amplio derecho para aprender”, afirmaba uno de los artículos de la edición de julio de 1917. Si bien con la llegada de Tomás Gatica a la dirección Silueta fue evolucionando para convertirse en una publicación cultural (se incorporaron crítica teatral y literaria, ensayos de actualidad y personajes), en paralelo se mantuvo la línea feminista. Las portadas con retratos de señoras de alta sociedad pasaron a ser ilustraciones. Se redujo la vida social a una página gráfica, denominada “Mundo aristocrático”, sin embargo en las últimas ediciones volvió la crónica, aunque en tono tradicional. La crítica se trasladó a las páginas de moda, que en reemplazo de Bonfratello asumieron Musmé y luego Carlos Martínez. La primera invitaba a no desesperarse en querer imitar a las mujeres más jóvenes, mostrando tenidas que también “sirven para las gruesas”. En la página de Correspondencia, donde se pedían consejos domésticos y de belleza, la encargada Sosie se quejaba:-Son tantas las cartas que recibo pidiéndome remedios para adelgazar que llego a convencerme de que esta idea es ya una verdadera obseción (sic) en nuestra sociedad. Reseta (sic): suba ud. todas las mañanas hasta la cumbre del San Cristóbal y no coma nada. Este método es infalible (…) ¡Qué majadería esta de querer adelgazarse!En junio de 1917 debutó la sección “Feminismo/ Lo que dicen ellas”, donde se pedían opiniones a “distinguidas señoras del alto mundo social”. Solo duraría dos ediciones, después que se hizo la versión “Feminismo / Lo que dicen ellos”, donde el Marqués de Dosfuentes sentenciaba: “la invasión por la mujer en las esferas privativas del hombre es una cosa contra la naturaleza”. A la página de cocina, donde se enseñaba a preparar desde huevos revueltos y cazuelas de gallina hasta perfumes caseros, se sumó “El arte del hogar”, sobre cómo hacer manteles, encajes y cojines. En los últimos números aparecerían artículos como “La perfecta soltera”, con consejos para “cuando han pasado los años en que nuestros encantos no son cotizables en la rueda de las especulaciones amorosas”. En “El flirt” se reivindicaba el derecho a tener aventuras amorosas: “una hija de Eva podrá ignorar el arte de preparar croquetas; pero no desconocerá nunca la ciencia del flirteo”.Silueta apareció por vez final en febrero de 1918. La edición número 14 no entregaba ninguna señal de que sería la última: ni siquiera se suspendía el concurso del reloj de oro que se sorteaba desde septiembre.El fin de la revista coincide con un cambio de etapa en la lucha por las reivindicaciones femeninas locales. Para el decano de Ciencias Sociales de la UDP, Manuel Vicuña, este tipo de publicaciones dejó un legado: -Esta forma de protagonismo potenciará la lucha por los derechos civiles y políticos de las mujeres, que adquieren fuerza decisiva en los años veinte.La historiadora Ana María Stuven agrega que en la década siguiente las mujeres se organizarán en partidos políticos, pero su objetivo central todavía no será el derecho a voto:-Les interesa controlar su patrimonio, la educación de sus hijos, decidir respecto de su herencia. El mundo político no les interesa porque es un mundo masculino donde no creen que vayan a obtener gran cosa, que los hombres las vayan a representar bien a ellas. Solo avanzada la década del 20 encontramos mujeres sufragistas. Las nuevas generaciones de mujeres ilustradas no se sentían reflejadas por la prensa, por lo que generaron sus propios medios.

    La revista se enfrentó a medios tradicionales, a los que incluso llegó a disputarles avisaje.

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  3. “Quienes están desde 1973 tienen una experiencia que no debe descartarse”

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    Ana Maria StuvenCuando Zaldívar asume con 81 años la presidencia del Senado, la académica recuerda que Barros Luco gobernó hasta los 80 y Adenauer, hasta los 87.

    Hace un par de semanas, Andrés Zaldívar asumió por segunda vez la presidencia del Senado, esta vez a los 81 años, lo que lo convierte en el parlamentario más longevo en asumir el máximo cargo del Poder Legislativo desde la reinstalación del Congreso tras el régimen militar.

    Para la historiadora Ana María Stuven, directora del programa de historia de las ideas políticas de la UDP y del Instituto de Historia de la UC, la avanzada edad de nuestras autoridades políticas -hoy el ex Presidente Lagos con 79 años, hace campaña para volver a La Moneda -no es un factor gravitante para juzgar su desempeño.

     

    -¿Lo de Zaldívar es un patrón de nuestra historia política?

    -No me parece que sea un patrón que marque especialmente nuestra trayectoria republicana. El concepto de longevidad ha variado mucho a lo largo de la historia, por lo que una persona longeva hace cien años no es lo mismo que hoy, cuando la sobrevida promedio alcanza a los 81 años. Eso sería impensable incluso hace cincuenta años cuando esta no sobrepasaba los 50 años.

    -¿Hay jefes de Estado o líderes parlamentarios chilenos que hayan sido activos protagonistas de la vida pública hasta edades muy avanzadas?

    -Ha habido jefes de Estado que han gobernado siendo muy mayores, como es el caso de Joaquín Pérez, que fue presidente hasta los 70 años y luego presidente del senado a los 74. Si lo comparamos con la sobrevida de hoy, lo cual no me parece de ningún modo una medida, sería probablemente mayor que Andrés Zaldívar. Lo mismo Ramón Barros Luco, que gobernó hasta los 80 años. Eso sí que es muy anciano pensando en comienzos del siglo XXI.

    -¿ Y la familia Alessandri?

    -Es que a don Jorge le fue mal cuando quiso ser Presidente ya mayor. Y Arturo dejó de gobernar a los 70, aunque murió de 82. No creo.

    -En historia comparada, ¿qué elementos pueden destacarse en este aspecto, ya sea a nivel latinoamericano, Europa o EE.UU?

    – En el ámbito internacional hay muchos ejemplos. Konrad Adenauer dimitió a los 87 y ocupó un cargo que no sólo difícil sino también en momentos decisivos de la historia de Europa. Y también digno de hacerlo notar: el Papa Juan XXIII convocó al Concilio Vaticano II, que marcó el tránsito más decisivo hacia una modernidad católica, nada menos que a los 78 años, y dirigió la iglesia hasta a los 82.

    -¿Qué factores inciden en esta suerte de gerontocracia política?

    -Me parece que la edad cronológica deja de ser una categoría relevante en el día de hoy. Menos aún para dirigir el Senado, especialmente si pensamos que desde su origen (senatus, en latín, viene de senex, que se traduce como anciano al castellano) reconoció la sabiduría y criterio que aporta la edad como necesarios para el gobierno de la República. Hay otros criterios más importantes para un dirigente político: el conocimiento, el liderazgo, la capacidad de articular redes y equipos, su consistencia ideológica, transparencia, honestidad, servicio público y muchas otras.

    -En tiempos recientes, ¿cuánto pudo haber influido el largo paréntesis de la dictadura en la ausencia de renovación de los liderazgos políticos?

    -Efectivamente creo que ese largo paréntesis en la posibilidad de la participación política dificultó el surgimiento de generaciones de recambio y petrificó un poco los nombres de quienes fueron figuras antes de 1973. Sin embargo, me parece que quienes se mantienen desde hace años en el servicio público tienen una experiencia que, si se mantienen vigentes y conscientes de los cambios que ha sufrido el país, no debe descartarse sólo por la edad.

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  4. Manuel Rodríguez y el camino hacia la independencia

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    Ana María Stuven, directora del Programa de Historia de las Ideas Políticas, integró el panel sobre Manuel Rodríguez en el programa Mentiras Verdaderas de La Red.

    La historiadora UDP señaló que “Todos estos personajes que participaron de esta guerra de la independencia van a ser personajes que además van a construir la pedagogía cívica. Recordemos lo importante que fue en el siglo XIX la educación y los historiadores, la escritura de la historia patria fue uno de los primeros proyectos que hizo el Estado Chileno, para eso trajeron a Claudio Gay desde Francia”

    Además, agregó que “Estos personajes integran el panteón republicano, y hay que dejarlo un poco ahí. Lo importante es saber que Manuel Rodríguez ya es un personaje mitológico“.

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  5. ¿Perdieron las mujeres con la derrota de Hillary Clinton?

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    Ana Maria StuvenNo se dieron cuenta de que entre sus causas no estuvo derrotar el patriarcalismo ni el machismo, para lo cual era importante abandonar la postura de esa primera ola feminista que pensaba que solo se accede al poder poniéndose puños de acero.

    Hillary Clinton lideraba las encuestas para convertirse en la primera mujer Presidenta de los Estados Unidos. Su contrincante, Donald Trump, la enfrentó sin misericordia, enrostrándole todos los trapos sucios que no lavó en privado ni como Primera Dama ni como Secretaria de Estado. El affaire Lewinsky, los correos privados en su servidor público, el drama libio que costó la vida al embajador de su país, toda su historia quedó al descubierto. Y ella se hizo de la misma estrategia: lo acusó de abusador, llevó víctimas de los avances sexuales de Trump, y expuso su sexismo de manera descarada.

    Ambos candidatos desarrollaron una de las campañas electorales más vulgares de la historia de Estados Unidos.

    No obstante, tanto los medios de prensa como el sentir más generalizado le daban la victoria a Hillary. Ser mujer, con una larga tradición en la acción política, era su fortaleza aparente. Muchas mujeres se esperanzaron con ser testigos del ingreso, por vez primera, de una mujer como Presidenta a la Casa Blanca. No todas, por cierto, concordaban con esa “Nación Trajepantalón” que ella representaba para sus adherentes y eso explica la baja votación que obtuvo en algunos grupos de mujeres.

    ¿Por qué no le sirvió esta posición de aparente ventaja? Su derrota, ¿compromete el futuro en las causas políticas para las mujeres? Pienso que no.

    El sicoanalista Luigi Zoja sostiene que vivimos en un mundo menos patriarcal, menos “patricéntrico”, pero aún muy “machocéntrico”. Después de un siglo de crítica feminista, el mundo no se habría vuelto menos machista; la figura del macho continúa siendo la que domina la “manada”, atrayendo a muchas mujeres hacia convertirse en el “macho alfa”. Hillary Clinton quiso luchar cuerpo a cuerpo con los hombres que han liderado a la manada a través de la historia, pero en su territorio y con sus valores.

    Se equivocaron las mujeres que creyeron que ella enarbolaba la bandera de la madre y la pareja, quienes, como también dice Zoja, son habitantes permanentes en todos los grupos de animales. No se dieron cuenta de que entre sus causas no estuvo derrotar el patriarcalismo ni el machismo, para lo cual era importante abandonar la postura de esa primera ola feminista que pensaba que solo se accede al poder poniéndose puños de acero. Ni  las concepciones de género ni el mismo feminismo sostienen hoy, también por la experiencia histórica, que para avanzar en posiciones de poder las mujeres necesitan abandonar las faldas.

    La causa es muchísimo mayor que unas pocas formalidades que no pudieron esconder lo obvio de Hillary Clinton. Y que, en cambio, probablemente explican la seducción que ejerció Michelle Bachelet en su primera candidatura a La Moneda: ella, no solo manejaba un tanque, también usaba faldas, sino que empleaba un discurso donde los roles femeninos tradicionales estaban siempre validados.

    Las expectativas de que las posiciones  de género hubieran dado un salto en un país tradicionalista como los Estados Unidos con Hillary Clinton, son bajas. La tarea queda pendiente: ¿para Michelle Obama?

    Los estudios de género, la historia de mujeres y el feminismo han tenido que hacer un recorrido azaroso y solo muy recientemente han sido validados en el mundo académico. Sus logros se han debido justamente a su doble enfoque. El que enfatiza lo relacional y defiende los derechos femeninos, valorando la contribución de la mujer desde los roles sociales que ocupa. Esta concepción se apoya en la noción de complementariedad de los sexos, y en una visión que propone una organización social igualitaria.

    El segundo enfoque proviene de una corriente más liberal, individualista, que enfatiza los conceptos abstractos de derechos humanos individuales, extensivos por su naturaleza, y no por el género, a la mujer.

    Tanto desde el contexto relacional como el individualista es difícil que una feminista solidarizara con la foto en que Bill Clinton y Hillary, con  su hija Chelsea entre ellos, caminaban abrazados hacia un helicóptero por los jardines de la Casa Blanca después que el mundo se enterara de la humillación que le había proferido su marido en el mismo centro del poder. Ella demostró, en ese acto y lo que siguió, que era ese poder machista ante el cual se subyugaba el que ella querría ejercer en adelante. Y así lo hizo. Reconociéndole su autoridad y buscando ejercerlo ella sin ningún guiño hacia las mujeres para las cuales su dignidad y la validación de su contribución desde lo femenino está por encima de la lucha por ser un “macho alfa”.

    Se explica entonces perfectamente que muchas mujeres, sin traicionar su solidaridad de género, no apoyaran a Hillary Clinton; también que muchos hombres no vieran en ella una alternativa al poder masculino, sino más de lo mismo con sexo femenino. Es entendible que, a pesar de defender sin claudicar la igualdad de oportunidades para mujeres y, ojalá, que una de ellas  algún día ocupe también la Presidencia de los Estados Unidos, no se sintieran interpretadas, ellas ni ellos, por esta mujer que no ofrecía una forma nueva de ejercer el poder desde lo femenino.

    En consecuencia, las expectativas de que las posiciones  de género hubieran dado un salto en un país tradicionalista como los Estados Unidos con Hillary Clinton, son bajas. La tarea queda pendiente: ¿para Michelle Obama?

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  6. ¿Perdieron las mujeres con la derrota de Hillary Clinton?

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    Ana Maria StuvenNo se dieron cuenta de que entre sus causas no estuvo derrotar el patriarcalismo ni el machismo, para lo cual era importante abandonar la postura de esa primera ola feminista que pensaba que solo se accede al poder poniéndose puños de acero.

    Hillary Clinton lideraba las encuestas para convertirse en la primera mujer Presidenta de los Estados Unidos. Su contrincante, Donald Trump, la enfrentó sin misericordia, enrostrándole todos los trapos sucios que no lavó en privado ni como Primera Dama ni como Secretaria de Estado. El affaire Lewinsky, los correos privados en su servidor público, el drama libio que costó la vida al embajador de su país, toda su historia quedó al descubierto. Y ella se hizo de la misma estrategia: lo acusó de abusador, llevó víctimas de los avances sexuales de Trump, y expuso su sexismo de manera descarada.

    Ambos candidatos desarrollaron una de las campañas electorales más vulgares de la historia de Estados Unidos.

    No obstante, tanto los medios de prensa como el sentir más generalizado le daban la victoria a Hillary. Ser mujer, con una larga tradición en la acción política, era su fortaleza aparente. Muchas mujeres se esperanzaron con ser testigos del ingreso, por vez primera, de una mujer como Presidenta a la Casa Blanca. No todas, por cierto, concordaban con esa “Nación Trajepantalón” que ella representaba para sus adherentes y eso explica la baja votación que obtuvo en algunos grupos de mujeres.

    ¿Por qué no le sirvió esta posición de aparente ventaja? Su derrota, ¿compromete el futuro en las causas políticas para las mujeres? Pienso que no.

    El sicoanalista Luigi Zoja sostiene que vivimos en un mundo menos patriarcal, menos “patricéntrico”, pero aún muy “machocéntrico”. Después de un siglo de crítica feminista, el mundo no se habría vuelto menos machista; la figura del macho continúa siendo la que domina la “manada”, atrayendo a muchas mujeres hacia convertirse en el “macho alfa”. Hillary Clinton quiso luchar cuerpo a cuerpo con los hombres que han liderado a la manada a través de la historia, pero en su territorio y con sus valores.

    Se equivocaron las mujeres que creyeron que ella enarbolaba la bandera de la madre y la pareja, quienes, como también dice Zoja, son habitantes permanentes en todos los grupos de animales. No se dieron cuenta de que entre sus causas no estuvo derrotar el patriarcalismo ni el machismo, para lo cual era importante abandonar la postura de esa primera ola feminista que pensaba que solo se accede al poder poniéndose puños de acero. Ni  las concepciones de género ni el mismo feminismo sostienen hoy, también por la experiencia histórica, que para avanzar en posiciones de poder las mujeres necesitan abandonar las faldas.

    La causa es muchísimo mayor que unas pocas formalidades que no pudieron esconder lo obvio de Hillary Clinton. Y que, en cambio, probablemente explican la seducción que ejerció Michelle Bachelet en su primera candidatura a La Moneda: ella, no solo manejaba un tanque, también usaba faldas, sino que empleaba un discurso donde los roles femeninos tradicionales estaban siempre validados.

    Los estudios de género, la historia de mujeres y el feminismo han tenido que hacer un recorrido azaroso y solo muy recientemente han sido validados en el mundo académico. Sus logros se han debido justamente a su doble enfoque. El que enfatiza lo relacional y defiende los derechos femeninos, valorando la contribución de la mujer desde los roles sociales que ocupa. Esta concepción se apoya en la noción de complementariedad de los sexos, y en una visión que propone una organización social igualitaria.

    El segundo enfoque proviene de una corriente más liberal, individualista, que enfatiza los conceptos abstractos de derechos humanos individuales, extensivos por su naturaleza, y no por el género, a la mujer.

    Tanto desde el contexto relacional como el individualista es difícil que una feminista solidarizara con la foto en que Bill Clinton y Hillary, con  su hija Chelsea entre ellos, caminaban abrazados hacia un helicóptero por los jardines de la Casa Blanca después que el mundo se enterara de la humillación que le había proferido su marido en el mismo centro del poder. Ella demostró, en ese acto y lo que siguió, que era ese poder machista ante el cual se subyugaba el que ella querría ejercer en adelante. Y así lo hizo. Reconociéndole su autoridad y buscando ejercerlo ella sin ningún guiño hacia las mujeres para las cuales su dignidad y la validación de su contribución desde lo femenino está por encima de la lucha por ser un “macho alfa”.

    Se explica entonces perfectamente que muchas mujeres, sin traicionar su solidaridad de género, no apoyaran a Hillary Clinton; también que muchos hombres no vieran en ella una alternativa al poder masculino, sino más de lo mismo con sexo femenino. Es entendible que, a pesar de defender sin claudicar la igualdad de oportunidades para mujeres y, ojalá, que una de ellas  algún día ocupe también la Presidencia de los Estados Unidos, no se sintieran interpretadas, ellas ni ellos, por esta mujer que no ofrecía una forma nueva de ejercer el poder desde lo femenino.

    En consecuencia, las expectativas de que las posiciones  de género hubieran dado un salto en un país tradicionalista como los Estados Unidos con Hillary Clinton, son bajas. La tarea queda pendiente: ¿para Michelle Obama?

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  7. Los niños del Sename: ¿dónde están sus padres?

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    Ana Maria StuvenUna posibilidad es revisar el sentido mismo de la prisión. La evidencia empírica (particularmente internacional) ha demostrado de manera consistente el nulo efecto reparador que tiene la cárcel. En cambio, especialmente en el caso de las mujeres privadas de libertad en el contexto hispanoamericano, se puede demostrar que en promedio son 3 los niños que quedan desprotegidos afectiva y económicamente por ausencia de la madre.

    Con razón ha causado indignación que más de mil niños hayan muerto estando bajo custodia del Sename entre 2005 y 2016. La cifra es escalofriante, pero ya estamos acostumbrados a cifras escalofriantes, y que muchas de ellas afecten a niños.

    Pero que en Chile, bajo los cuidados del Estado, mueran más de mil niños, no debe pasar como otra cifra más de un danza macabra de tragedias. Esta vez, no podemos achacársela a un Gobierno determinado. Su ámbito ha abarcado a gobiernos de la Concertación, de la Alianza y de la Nueva Mayoría. Es un problema, en consecuencia, de Estado y al Estado corresponde resolverla.

    El Gobierno actual ha anunciado un aumento significativo de recursos para el Sename. Parece obvio: en sus hogares murieron los niños. Es imperativo asignar responsabilidades y obviamente revisar las políticas que hicieron posible no solo las muertes sino también que hasta ahora la ciudadanía desconociera la realidad. ¿Como es posible, nos preguntamos, que ninguna autoridad haya intervenido en algo tan demencial como mantener unidos los servicios que están a cargo de los menores en protección con aquellos que son infractores de ley? ¿Y que no haya habido voluntad política para hacer los cambios que se requerían y que se vienen solicitando con urgencia hace años?

    Es evidente que el Sename requiere cirugía mayor. Pero ¿es suficiente intervenir el Sename para que los niños en situación de marginalidad y vulnerabilidad queden mejor protegidos? En absoluto. Eso no hace sino tranquilizar las conciencias de las autoridades de turno, con recursos por lo demás insuficientes, sin resolver el problema en su origen. Sus aristas son indudablemente muchas. Dicen relación con situaciones de pobreza, indefensión, consumo de drogas y otros. Se relacionan con problemas sociales muy profundos, con políticas públicas inadecuadas y malas asignaciones de recursos. Hablan también de problemas culturales de diversa índole.

    Proponemos tomar en cuenta al menos una. Esos niños, parece una obviedad, tienen o tuvieron padres. A lo mejor, también en algún momento tuvieron un hogar. Debemos, en consecuencia, preguntarnos: ¿qué sucedió que esos niños llegaron al Sename como su hogar sustituto?, ¿qué tipo de relaciones debemos establecer con su historia y con su destino? Porque el Sename es una puerta de entrada, pero también una puerta de salida.

    Varios estudios se han ocupado de estas relaciones. Como afirma Pilar Larroulet en un reciente estudio, un 27% de las personas privadas de libertad declara haber estado en el Sename como medida de protección de derechos, y 36% por infracción de ley. También casi un 30% reportó haber vivido en la calle antes de cumplir 18 años. Es decir, muchos de ellos entraron al Sename por carencia de un entorno familiar; muchos también, de entre ellos, salieron del Sename para ingresar a un penal.

    En consecuencia, no podemos desconocer la existencia de la ecuación que asocia la marginalidad infantil con la posibilidad de vínculo con el delito y el ingreso en prisión. ¿Podemos contentarnos con afirmar que quien cometió delito merece la cárcel, desconociendo que en el origen del delito está la vulnerabilidad y marginalidad infantil que el Sename no logra proteger? ¿Podemos proponer alguna solución creativa que nos saque de esa ecuación perversa?

    Debemos dar una vuelta de tuerca en el análisis del drama del Sename, aprovechando esta dramática coyuntura, para volver a priorizar la lucha contra la pobreza y la exclusión social, poniendo atención a los problemas adyacentes, y que inciden directamente en que los niños lleguen al Sename. Más aún, en que salgan del Sename a la calle o la cárcel. La mayor parte de los riesgos que pesan sobre los niños están presentes mucho antes de cualquier condena a penas de reclusión bajo la forma de padres con trayectorias delictivas que se asocian a condiciones de extrema pobreza, abuso de alcohol o drogas, desajustes familiares y parentalidad irresponsable, o escasísimo nivel educacional.

    Una posibilidad es revisar el sentido mismo de la prisión. La evidencia empírica (particularmente internacional) ha demostrado de manera consistente el nulo efecto reparador que tiene la cárcel. En cambio, especialmente en el caso de las mujeres privadas de libertad en el contexto hispanoamericano, se puede demostrar que en promedio son 3 los niños que quedan desprotegidos afectiva y económicamente por ausencia de la madre.

    Recordemos que en Chile dos tercios de los niños vivía solamente bajo el cuidado de la madre cuando esta fue detenida; el porcentaje que vivía con el padre es muy menor. Qué sucede con esos niños entre la prisión de la madre y su eventual llegada a hogares del Sename? Se ha demostrado ampliamente que la prisión parental es un factor de riesgo para un conjunto muy amplio de problemas en niños y adolescentes, además de comportamiento delictivo, como son problemas de salud mental, abuso de drogas, fracaso académico y deserción escolar y desempleo. ¿No será esta una ocasión para preguntarse sobre el sentido de la prisión de quienes cuidan a los niños y los dejan a la deriva cuando son encarcelados? Esta situación, en Chile, afecta especialmente a las mujeres jefas de hogar al momento de su detención.

    Una persona en prisión cuesta al Estado aproximadamente tres veces lo que se asigna por niño al Sename. Siendo creativos, podríamos pensar que bajo ciertas condiciones se podría asignar esos recursos a las madres que han delinquido y que representan un bajo riesgo, ofreciéndoles, en lugar de una estadía en la cárcel que las aísla, desvincula, margina y empobrece, la posibilidad de cuidar de sus hijos y evitar que lleguen al Sename.

    Con soluciones creativas, además de la que proponemos, podríamos lamentar menos muertes y tener menos candidatos a la indefensión a que el Sename ha demostrado condenar a los niños marginales de Chile.

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  8. Deseo y decepción: los historiadores y el gran público

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    En medio de las críticas contra Jorge Baradit por su exitoso “Historia secreta de Chile” -80 mil copias vendidas- por parte de un grupo de académicos, una interrogante quedó en el aire: ¿por qué historiadores profesionales no han sido capaces de llegar a las masas que conquistó este escritor? ¿Escriben mal? Muchos creen que la exigencia de publicar en revistas indexadas los ha llevado a darles la espalda a lectores no especializados.

    Cuando se vendió la copia un millón 500 mil de la novela “Adiós al séptimo de línea”, el Presidente Eduardo Frei Montalva recibió en La Moneda a su autor, Jorge Inostrosa. Fue la forma de celebrar un éxito inédito. Y que aún no se extinguía. Originalmente transmitida como radioteatro en 1948, en 1955 Inostrosa llevó la historia al libro y empezó a ser publicada por tomos por la editorial Zig-Zag: los chilenos se encandilaron con ese relato épico de la Guerra del Pacífico, que aunque ocupaba personajes ficticios, narraba con increíble acuciosidad y viveza el conflicto. Según José Manuel Zañartu, uno de los editores de la novela, era tanta la demanda del público que al autor se le arrendó una oficina, donde le dictó el resto de los cinco volúmenes a una secretaria. “Terminó casándose con ella”, recuerda Zañartu. Pasó algo más: aunque no hay cifras oficiales, la serie vendió varios millones de copias, los más optimistas hablan de cinco. Un récord difícilmente igualable.

    Hombre de radio, periodista y novelista, también Inostrosa tenía algo de historiador. No solo llegó a tomar “chupilca del diablo”, ese combinado de aguardiente con pólvora que bebieron los soldados chilenos antes de tomarse el Morro de Arica, también investigaba descubriendo detalles inéditos de campañas y batallas. Y aunque las críticas a su estilo nunca cesan, hay quienes creen que parte de ese entusiasmo narrativo les hace falta a los historiadores chilenos. Quizá necesitan un remezón para volver a pensar en el gran público, ese que conquistó Francisco Encina con los 20 tomos de su “Historia de Chile” en los años 50. Acaso el remezón ya llegó y vino desde los extramuros de la disciplina: en menos de un año, el escritor de ciencia ficción y fantasía Jorge Baradit vendió más de 80 mil copias del libro “Historia secreta de Chile”.

    Más allá del fenómeno de Baradit, que en julio lanza “Historia secreta de Chile 2”, el ranking de libros más vendidos también ha sido tomado por otro libro de carácter histórico: “Un veterano de tres guerras”, de Guillermo Parvex, que lleva 62 semanas entre los 10 títulos más comprados. El foco sobre la disciplina este año toma un cariz especial, pues en agosto se entrega el Premio Nacional de Historia. Una de las postulantes mira el fenómeno con una sonrisa: “Me ha llenado de alegría ver en este último tiempo libros de historia entre los más leídos. Es una gran noticia. Y un foco de alerta para nosotros, los historiadores académicos”, dice la vicerrectora de Investigación de la Universidad Católica, Sol Serrano, a quien dicha universidad presentará al galardón.

    La cultura indexada

    El caso de Baradit ha sido especialmente revelador. Su libro está compuesto por una serie de episodios poco conocidos de nuestra historia, narrados como si se tratara de verdaderas intrigas. Como a Inostrosa, no le falta ni entusiasmo ni desmesura. Pero en los últimos días, un grupo de historiadores profesionales ha estado acusándolo de apropiarse de investigaciones de otros, simplificar hechos y despreciar al gremio. En el aire han quedado algunas preguntas: ¿por qué no fueron capaces ellos de conquistar el público de Baradit? ¿Para quién están escribiendo?

    Manuel Vicuña, Decano y académico de la facultad de Ciencias Sociales e Historia de la Universidad Diego Portales

    Manuel Vicuña, Decano y académico de la facultad de Ciencias Sociales e Historia de la Universidad Diego Portales

    Las respuestas son múltiples, pero muchos historiadores coinciden en que están escribiendo -y también investigando, claro- para la academia. Según Manuel Vicuña, decano de la Facultad de Ciencias Sociales e Historia de la Universidad Diego Portales, se está perdiendo cualquier atisbo literario. “Incluso, quienes dicen escribir ensayos más que monografías, a menudo lo hacen en una prosa tullida y sin ninguna apuesta en términos de composición formal”, sostiene. Y agrega: “Quienes todavía escriben libros, en la inmensa mayoría de los casos, no tienen en mente a un público lector ilustrado, sino a sus pares, y eso explica que sean leídos por muy poca gente y que, a la vez, les cueste tanto conseguir alguna editorial dispuesta a publicarlos”.

    Vicuña es parte de un grupo de historiadores que ha conseguido superar el lenguaje técnico de la disciplina y prueba de ello son sus libros “Un juez en los infiernos”, sobre Benjamín Vicuña Mackenna, o “Fuera de campo”, una serie de perfiles sobre escritores e intelectuales. Aunque un poco más duros, títulos como “Mundo y fin de mundo” (2005) o “La revolución inconclusa” (2013), de Joaquín Fermandois, también tienen en el horizonte cruzar las aulas. “He tratado de llegar a la opinión pública, pero manteniendo el rigor de la disciplina”, dice. Y agrega: “Pero hoy escribimos para un público reducido, para cierta clase política que lee, estudiantes universitarios. Para un público ilustrado. Lo principal de la producción está dirigida a otros historiadores”.

    Como Fermandois, Cristián Gazmuri también es profesor de la Universidad Católica. Autor de títulos como “Adiós maestro”, sobre Jaime Castillo Velasco, y editor de la serie “Historia de la vida privada en Chile”, ha elaborado una suerte de mapa: “Hay un grupo de historiadores que escribe para un público reducido, un universo intelectual y político de izquierda. Estoy pensando en Gabriel Salazar y otros, que pareciera que piensan en difícil, por decirlo de alguna forma. Hay otro sector, en el que yo me incluiría, que escribe para un público culto. Y que trata de ser medianamente objetivo. Por ejemplo, se critica bastante a Pinochet, pero también a Allende. Después está el ámbito donde está Baradit, que escribe para un grueso público menos culto, al que le interesa la historia como anécdota”, sostiene.

    Ana Maria StuvenTodos ellos coinciden en lo que la historiadora Ana María Stuven considera uno de los problemas centrales para la desconexión entre el público y la investigación: el paper que todo académico debe publicar en revistas indexadas, siguiendo una serie de normas técnicas, que no solo van desde citar adecuadamente, sino que también estructuran la narrativa de los textos. Desde hace alrededor de una década, sumar artículos indexados es la manera de abultar el currículum. “La presión que se está ejerciendo sobre los académicos de publicar en revistas especializadas, que obligan a que hagamos un trabajo muy minucioso y muy especializado, tiene como efecto que finalmente tengamos muy poca repercusión. Este afán de tener que publicar en revistas indexadas, en momentos en que además hay poca lectura, termina en que el trabajo de investigación histórica se pierda”, asegura Stuven.

    “No es que uno escriba para revistas especializadas, sino que hay una presión institucional. Eso termina haciendo una especie de distorsión de nuestra verdadera vocación social, que es otra”, añade Julio Pinto, quien este año será postulado por la Universidad de Santiago al Premio Nacional de Historia. “La forma en que escribimos los historiadores a veces no es la más indicada para llegar a todo público, pero lo que uno espera es que lo que uno recupera o investiga trascienda los círculos de los especialistas o estudiantes. Una disciplina como la historia o como cualquier ciencia social, se justifica en cuanto le aporta conocimiento y criterios de evaluación a la sociedad en la cual se inserta”, agrega Pinto.

    El pulso de las editoriales

    Coautor junto a Gabriel Salazar de “Historia contemporánea de Chile”, de cinco tomos, Pinto también es autor de “Luis Emilio Recabarren, una biografía histórica”, y tiene un contrapunto: “No comparto esta visión de que los historiadores estamos en un gueto y no nos preocupa lo que pasa afuera”, dice, y cuenta que el lunes pasado fue convocado por el sindicato de un laboratorio de Santiago para que les hiciera una clase sobre el sindicalismo en Chile. “Y hay muchos colegas que han participado en experiencias similares. Además, como miembro del consejo editorial de LOM Ediciones, puedo decir que hay un público interesado en la historia”, cuenta.

    De hecho, LOM es una de las editoriales que tiene una línea permanente de publicaciones de historia. Por su parte, los grandes grupos editoriales no le hacen el quite, pero tienen filtros. Josefina Alemparte, editora de Planeta, explica: “Lo que buscamos es siempre un tono más divulgativo. Bajar del mundo académico al público general”, dice, y menciona como ejemplo dos títulos del 2015: “Chile 100 días en la historia del país”, de Bárbara Silva y Josefina Cabrera, y “Cerca de la revolución”, de Cristián Pérez. Mientras que Melanie Jösch, editora de Penguin Random House, sostiene que en la tradición de escribir historia anglosajona está el modelo que les interesa: “Más allá de que sea académico o no, la idea es que esté escrito de una manera muy amplia y que todo el mundo pueda gozar leyéndola. Como si fuera una novela. Y creo que en Chile, Salazar y Alfredo Jocelyn-Holt, a quienes publicamos, tienen ese talento. De hecho, tienen muchísimos lectores”.

    Historia o ciencia social

    El oleaje historiográfico golpeó las puertas de las masas antes del bicentenario: Ediciones B, por ejemplo, publicó la compilación “Historias del siglo XIX chileno” y “Bernardo”, una biografía de O’Higgins, de Alfredo Sepúlveda, quien luego lanzó “¡Independencia!”, libro que se promocionó como el “lado b” del proceso de independencia chileno. Paralelamente, Stuven y Fermandois fueron los editores de dos volúmenes de “Historia de las Mujeres en Chile”, que publicó Taurus. Todos ellos tuvieron su público, aunque ni cercano a “Historia secreta de Chile”, de Baradit. Según Cristián Gazmuri, los grandes hits de la historiografía chilena se cuentan con los dedos de una mano: los 20 tomos de “Historia de Chile desde la prehistoria hasta 1891”, de Encina, y el posterior resumen en cuatro volúmenes que hizo Leopoldo Castedo; la “Historia del pueblo chileno”, de Sergio Villalobos, y la “Historia de Chile”, de Gonzalo Vial, además de títulos de Gabriel Salazar.

    Aquellos autores, cree la historiadora Patricia Arancibia Clavel, supieron hacer comprensibles para el público general hechos del pasado. “Existe la falsa creencia de que mientras más ‘ladrillesco’ es un relato, más serio es su contenido, lo que no se condice con la realidad. Barros Arana, Encina, Góngora, Vial, Villalobos, Salazar, por nombrar a grandes consagrados de nuestra historiografía, no escribieron ni para sí mismos ni para el reducido número de sus pares, sino que para un público siempre ávido de aprender y que -independiente de las distintas interpretaciones- ha valorado su naturalidad y claridad a la hora de narrar”, sostiene.

    Para Sol Serrano, autora de, entre otros, “¿Qué hacer con Dios en la República?” (2008), el pasado de una nación tiene “habitación fundamental en la historiografia”. “Y aquí tenemos un problema. La disciplina, al ser parte también de las ciencias sociales, ha transformado su lenguaje y con ello, su estructura y con ello, su sentido. Soy de las que defienden a morir la historia como parte de las humanidades, porque defiendo su sentido de construir aquello que podemos llamar ‘conciencia histórica’, ‘pensamiento crítico’ y que personalmente cada vez lo llamo con más amor ‘virtud cívica’. Y su lenguaje es la narrativa”, asegura Serrano.

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  9. Qué se esconde tras el drama de las mujeres encarceladas

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    Ana Maria StuvenAna María Stuven afirma que la violencia urbana no se resuelve endureciendo las penas sino articulando políticas al servicio de la prevención del delito e inserción.

    Hace más de 16 años la periodista de la U. de Chile, doctora y magíster en Historia, de la Universidad de Stanford, Ana María Stuven, cruzó la verde que separa el Campus San Joaquí de la Universidad Católica, rumbo al hermoso huerto que veía desde la ventana de su oficina. Tras una añosa puerta descubrió la Cárcel de Mujeres de Santiago, hoy denominada Centro Penitenciario Femenino (CPF) y hasta 1996 administrada por las religiosas de la congregación del Buen Pastor.

    A poco andar creó, y preside, la “Corporación Abriendo Puertas”, que define como misión “revertir el círculo vicioso de la delincuencia y la marginación en las mujeres privadas de libertad”. Y volcó gran parte de su tarea académica a investigar y dar a conocer ese mundo. “Seguimos creyendo que la delincuencia se resuelve encarcelando más gente y ojalá por más tiempo”, enfatiza.

    El desamparo

    El porcentaje de mujeres presar aumentó en las últimas décadas en un 60% a nivel global, superando el crecimiento de la población penal masculina. En Chile, entre 1989 y 2012, el número de mujeres condenadas se incrementó 121%, mientras que las cifras de los hombres son prácticamente estables. Según datos de Gendarmería, las mujeres representaban en 2013 alrededor del 8,6% de la población condenada a personas privativas de libertad, y casi un 13% de los imputador en espera de condena.

    “Una mujer presa implica quiebres familiares muy superiores a los generados por un hombre en igual condición, pues normalmente están a cargo de los hijos y son jefas de hogar. En promedio, las presas tienen 3 niños o adolescentes que, al no existir sistemas para su inmediata protección, quedan librados a su suerte cuando la madre entra en prisión”, asegura.

    -¿Y el Sename no se hace cargo de ellos, cuando no hay familiares para acogerlos?

    -El Sename sólo interviene cuando el niño está en absoluto desamparo. La experiencia muestra que los niños en esas circunstancias viven situaciones de extrema pobreza, abuso o maltrato. Y es usual que los “cuidadores” exijan a la madre financiar su mantención, lo cual la obliga a buscar redes para traficar drogas dentro del penal. Así, las madres viven sus condenas como etapas de perfeccionamiento en la práctica delictiva y los niños vulnerados se vuelven violentos o delinquen.

    -¿Cuál sería la solución a su juicio?

    -Aprender de la experiencia, o recoger lo que la investigación ha demostrado hasta el cansancio, y diseñar políticas que asuman las diferencias de género, lo que implica concebir la más básica política de prevención, que supone actuar a favor de los hijos de las mujeres que delinquen.

    Políticas de género

    -¿Qué tipo de políticas de género podrían compatibilizar el castigo a sus delitos con los deberes parentales?

    -A diferencia de los hombres, las mujeres encarceladas suelen ser abandonadas por sus parejas y por la familia, en parte por castigo y porque se vuelve prioritario para el grupo reemplazar su rol como proveedora. Lo usual es que provengan de familias desestructuradas y tengan educación mínima. Eso hace imposible su inserción laboral con ingresos que permitan sostener un gasto familiar.

    -El problema parece sin salida.

    -El encarcelamiento es mala solución si no está asociado a una política que coordine recursos públicos y privados para la inserción social. En la Corporación Abriendo Puertas las capacitamos para trabajos bien remunerados y generamos redes que las ofrezcan contención.

    -¿Cuál es la alternativa?

    -Existen formas que han mostrado ser exitosas. Suponen que hay un horario para trabajar y contactar a la familia, volviendo en la noche a cumplir la condena.

    Definiciones

    Cuatro medidas contra la delincuencia

    -Si pudiera implementar tres medidas que resulten eficaces para controlar el incremento de conductas delictuales en las mujeres, ¿cuáles serían?

    -La primera, y es válida para mujeres, hombres y sobre todo niños y jóvenes, es dedicar presupuestos significativos a programas de prevención sostenidos en el tiempo, con seguimiento y evaluación orientados a lograr resultados definidos. La segunda, aplicar políticas que hagan diferencia de género en el tratamiento de la conducta delictual y la tercera… tienen que ser cuatro para que esto resulte: la tercera sería invertir en investigación sistemática, tanto para orientar y evaluar las políticas públicas en el sector como para comprender la complejidad del fenómeno que estamos viviendo. Y mi última medida sería establecer colaboración entre ONGs y universidades con profesionales competentes en materias de habilitación social, de modo que gendarmería pueda concentrarse en labores de vigilancia y apoyarse en especialistas para impulsar la inserción social de quienes delinquen.

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  10. Justicia Social

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    Ana Maria StuvenSeñor Director:

    Es un falso dilema aquel que se plantea entre seguridad ciudadana y penas de prisión para quienes delinquen. No existe evidencia de que el aumento de los índices de encarcelados repercuta positivamente sobre la disminución de la delincuencia. Las diferencias a que apunta en su cara de ayer el padre Vial, entre quienes defienden el otorgamiento de libertades condicionales y quienes cuestionan sus consecuencias, no hacen sino demostrar que no se está debatiendo el problema de fondo.

    La delincuencia es un problema social, relacionado con la marginalidad, la pobreza y la falta de oportunidades. La Corporación Abriendo Puertas conoce a fondo la realidad al menos de las mujeres encarceladas. La gran mayoría de ellas proviene de situaciones de extrema vulnerabilidad social, familiar y económica. Han ingresado al mundo de la droga y permanecido también allí en los márgenes de una actividad que las usas, contamina y destruye. La mayoría también son madres que al ingresar en prisión abandonan sus hijos a una suerte que la ley protege muy precariamente, o nada.

    El verdadero dilema obliga a discernir entre la justicia y el castigo. Una justicia que no es solo penal, sino también social. Una justicia que debe operar antes de que la cárcel sea una alternativa. Y que si lo es, desafíe a pensar no tanto si las personas deben o no salir en libertad condicional, sino cómo crear las condiciones para facilitar, primero, la “inserción” de quienes han estado siempre en los márgenes y, luego, la “reinserción” de quienes recuperan la libertad, la mayoría de las veces sin el apoyo de programas adecuados.

     

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  11. UDP crea archivo digital sobre la Historia de las Ideas Políticas en Chile

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    La Universidad Diego Portales, a través del Programa de Historia de las Ideas Políticas en Chile (PHIP), creó una novedosa plataforma web que permitirá acceder a 3.500 documentos publicados en diarios y revistas de circulación nacional entre los años 1823 y 1925, convirtiéndose de esta manera en una importante fuente de referencia para investigadores, historiadores, cientistas políticos o cualquier persona que esté interesada en conocer más sobre la historia republicana de Chile.

    La directora del Programa de Historia de las Ideas Políticas en Chile (PHIP), Ana María Stuven, cuenta que el sitio web del Programa se originó tras recopilar la documentación utilizada en los libros “Debates Republicanos en Chile de la colección “Archivos de Ediciones UDP, de los cuales ya han sido publicados los volúmenes I y II.

    “En un principio la UDP nos encargo documentar la historia de Chile a través de los Debates Republicanos en Chile Siglo XIX. Cuando comenzamos con la recopilación del material de estos debates, nos dimos cuenta que estábamos adquiriendo un importante acervo documental, por lo tanto, pensamos que una contribución importante a la investigación histórica de Chile era poder hacer un archivo digital de estas ideas políticas”, precisó Stuven.

    El proyecto digital busca examinar los debates políticos más significativos en la esfera pública chilena de los Siglos XIX y XX; los usuarios podrán acceder a la información según autor, tipo de documento, año de publicación y temáticas.

    Este último punto está estructurado en un conjunto de conceptos tales como: americanismo, anarquismo, ciudadanía, conservadurismo, cuestión social, educación, guerra, identidad nacional, inmigración, liberalismo, mapuches, movimiento obrero, socialismo, trabajadores, religión, constitución, soberanía, representación, federalismo, entre otras.

    Stuven precisó que “la importancia de contar con este tipo de documentos es que facilita mucho el trabajo de los investigadores porque el filtro previo que nosotros aplicamos tiene un formato muy amigable para la navegación”.

    Agregó que “esto también es un incentivo para que los alumnos se interesen en empezar a investigar temas de pensamiento político o de historia de las ideas políticas, sabiendo que van a disponer de un archivo digital que pueden consultar  y que ya ha sido sometido a un primer filtro por parte de académicos especialistas en el tema”.

    Finalmente, aseguró que este archivo digital “potencia de alguna manera el carácter público de la Universidad Diego Portales y, al mismo tiempo, contribuye al rescate del patrimonio histórico de Chile porque el valor de este archivo es muy importante ya que contiene archivos de prensa del Siglo XIX y el Siglo XX”.

  12. El país se enfrenta a la verdad: Me quiere mucho…

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    Ana Maria StuvenMe quiere mucho, poquito, nada; me quiere mucho…. Nada. Ese juego de niños expresa bien lo que nos pasa con la posibilidad que nos abren las redes sociales y los medios de comunicación de conocer verdades antes encubiertas o negadas. Sacerdotes, políticos y empresarios presentan un espectáculo al que el país asiste desilusionado o, mejor, enfurecido. Es cierto que hemos vivido rodeados de mucha mentira, de mucha hipocresía, de muchos hábitos malsanos que hoy son públicos y podemos condenar. También es cierto que hemos tenido “los ojos bien cerrados” y ahora queremos abrirlos de golpe.

    Queremos saberlo todo, destaparlo todo, hacer de Chile un país transparente y diáfano; algunos nos comportamos como sedientos de verdad y convencidos de que develarla en sus más mínimos detalles nos hará libres. Otros la niegan, disfrazan, adornan. Porque lo que es más cierto es que la verdad duele, que la mariposa cuando se acerca a la luz se quema, que la total transparencia es también una desnudez difícil de soportar.

    Llevamos años morbosamente escuchando las historias de pedofilia de los curas católicos. Es doloroso y, por lo mismo, comprensible que muchos piensen que la ropa sucia no debe lavarse fuera de casa. Que no es conveniente que los católicos seamos de súbito desafiados por la crisis de una Iglesia que difícilmente ha reconocido sus errores. Pensemos que la Inquisición con su macabro recuento de condenados y quemados por herejía hace apenas algunas décadas mereció el repudio de la autoridad eclesiástica.

    La verdad de parte del recorrido histórico del catolicismo duele; la que ha asomado en las últimas décadas con otro tipo de delitos también nos espanta.

    La verdad que la política ha dejado asomar también parece sorprendernos. Sentados sobre un pozo de mentiras sobre el financiamiento de las campañas electorales recién nos escandalizamos al enterarnos que esa montonera de afiches que tapizaban asquerosamente la ciudad se pagaban. Y que los candidatos no eran todos descendientes de Rico McPato; que de alguna parte venían sus millones.

    También recién ahora parecemos enterarnos de que no todos nuestros diputados y senadores son un puñado de “honorables”, y que eran presa del deseo de algunos empresarios por influir según su conveniencia en las leyes que tan republicanamente discutían en el Congreso. ¡Cuánto tiempo nos demoramos en saber que las parejas se “divorciaban” anulando fraudulentamente sus matrimonios! ¿Hace cuánto tiempo sabemos que en Chile muchas mujeres mueren por practicarse abortos clandestinos?

    Porque no solo hoy, sino a lo largo de nuestra historia, hemos querido la verdad, como en el juego, mucho, poquito, nada. Hoy nos llegó la hora, un poco a la fuerza, de empezar a quererla, de perderle el miedo, de tener que asumir posiciones frente a ella, sin negarla. Y, como a menudo, la literatura nos da una mano, la lectura de El Reino de Emmanuel Carrère es un empujón para buscarla, mirarla de frente y perderle el miedo.

    Recomiendo leerlo. Despierta muchas inquietudes. También hace pensar sobre el temor, o más bien la valentía de enfrentar la verdad en el plano religioso. El libro es una combinación muy exitosa de autobiografía, novela y crítica histórica. Como lo primero, Carrère relata su historia de conversión al catolicismo cuando se encontró, de frente, a los 30 años, con la verdad de que “ser yo se me hizo literalmente insoportable”. Entonces, descubrió el Evangelio, que “Cristo es la verdad y la vida”. A los pocos años, perdió la fe.

    Tuvo que reconocer su agnosticismo, que ya no era “ni siquiera lo bastante creyente para ser ateo”. Y comenzó a indagar en la historia de Pablo, de Lucas, de los Hechos de los Apóstoles. Lo hizo con el rigor del historiador, rellenando los vacíos con la libertad del novelista. Y, convencido que Jesús no resucitó, escribió un libro “para no abundar en mi punto de vista”, sino porque, con temor y temblor, se encontró fascinado tanto por la verdad de los creyentes como aquella de los que como él no pueden creer. El autor termina su libro (contarlo no estropea la lectura) preguntándose si su relato, escrito desde una crítica histórica que no deja lugar a la fantasía de una religión infantil, o de la fe del carbonero, traiciona al Señor en quien creyó, o si, en cambio, le ha sido fiel.

    La pregunta interpela nuestra lectura del presente. Carrère no es un traidor a la religión que profesó y abandonó; tampoco quienes se atreven a discutir sobre el aborto o la realidad de la familia. Cuando el Papa convocó al Sínodo para mirar de frente una realidad que en el caso chileno habla de parejas que prefieren la convivencia al matrimonio y de jóvenes que inician tempranamente su sexualidad, no hizo más que invitar a mirar la verdad de frente y repensar la doctrina a la luz de la fe. Cuándo los católicos opinan sobre estos temas con libertad y critican desde dentro algunas doctrinas, ¿traicionan a su Iglesia? Cuando la prensa devela los abusos de los políticos, los financiamientos irregulares de las campañas, cuando hace el escrutinio del comportamiento de los parlamentarios seducidos por el pago de los empresarios, ¿hace un flaco favor a la democracia?

    La película Primera Plana (Spotlight), con la investigación del Boston Globe que denunció el encubrimiento a los curas pedófilos que el arzobispo de Chicago practicaba hacía años, hizo una tremenda contribución a una verdad liberadora. Por eso es tan importante cuando el editor impide que un periodista apasionado cuente sus primeros hallazgos: no queremos dejar caer a unos pocos, le dice, queremos denunciar un sistema. Y lo hicieron.

    Pensemos en estos momentos, que sin duda son críticos, como una oportunidad encubierta de relacionarnos con la verdad y la transparencia y enfrentarlas sin cazas de brujas ni pesimismo. Tampoco como si nos viniéramos cayendo de un árbol de Pascua. Como en el caso de Chicago, no nos conformemos entonces con unos casos, con nombre y apellido. Una oportunidad de mirar de frente nuestras hipocresías históricas, y nuestro temor a la verdad. Vamos al sistema que lo ha permitido y, en vez de alarmarnos y clamar al cielo como si el mundo fuera a derrumbarse, reconozcamos que hemos querido la verdad, como en el juego, mucho, poquito… nada. Y así pasaremos a ser, de víctimas, actores.

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  13. Ana María Stuven, historiadora UC y UDP: “En la Iglesia ha habido un énfasis innecesario en temas de moral sexual”

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    Ana Maria StuvenLa experta en historia de la religión analiza la irrupción de la Iglesia en el debate del aborto. Dice que los temas valóricos son mucho más que los sexuales.

    Se reconoce católica; pero acá, la historiadora y académica de la UC y de la U. Diego Portales, Ana María Stuven (64), no habla desde lo personal. Prefiere hacerlo como una investigadora en historia de la religión, secularización y laicización.

    Autora, entre otros, del libro ‘La religión en la esfera pública chilena ¿secularización o laicidad?’ (Ediciones UDP), hoy prepara otro sobre Iglesia y la inclusión de la mujer.

    Desde esa tribuna analiza la fuerte arremetida de la Iglesia en el debate público por el proyecto de despenalización (en tres causales) del aborto, que incluyó un video protagonizado por el propio cardenal Ricardo Ezzati.

    Un capítulo más en las discrepancias que han marcado la relación Estado-Iglesia durante la Historia. Stuven se toma el tiempo de nombrar las más importantes: el debate en torno al derecho de Patronato que incluía la tolerancia religiosa (1840 en adelante), la libertad de cultos (1865), las leyes laicas sobre cementerios (1883), matrimonios (1884), y registro civil (1884), y, finalmente, la separación Iglesia Estado (1925). Sin embargo, cree que esas discusiones no son comparables con el tema del aborto. “Eran temas que afectaban el lugar de la Iglesia en el Estado. Por lo tanto, la incidencia de la Iglesia era asunto oficial. Hoy, la Iglesia está en el Estado desde otro lugar: aquel que influye por su presencia prioritaria como religión en la sociedad civil y, en consecuencia, en lo político”, dice.

    – ¿Qué le ha parecido la irrupción de la Iglesia en el debate del aborto?

    – En la Historia de Chile, la Iglesia siempre ha tenido un rol público, independiente del hecho de que se separara del Estado en 1925. Sin embargo, el hecho de que la población chilena sea católica le da a la Iglesia una función orientadora de las conciencias frente a diversos temas: entre ellos, los llamados valóricos, que tienen que ver con la moral sexual. Pero quiero decir algo: los temas valóricos son de todo tipo, son todos los que influyen sobre la vida, la sociedad, la política y que interpelan la religiosidad de las personas.

    -¿Y se ha equivocado la Iglesia al reducir el tema valórico sólo a la moral sexual?

    – No me atrevería a decir que se ha equivocado, creo que ha habido un énfasis innecesario en ese tipo de temas de moral sexual. Ha habido un sobre énfasis, producto de sectores de la Iglesia Católica que son tradicionalmente muy conservadores en esos aspectos, en circunstancias de que los temas valóricos son de muy amplio espectro. Hoy, por ejemplo, hay mil millones de personas en el mundo que se acuestan con hambre todas las noches.

    -¿Qué le parecieron los tres insertos publicados por la Iglesia la semana pasada por el tema del aborto? En uno de ellos, cinco obispos señalan que ‘no será lícito para ningún católico votar’ por quienes estén a favor de la medida.

    – La declaración de la Conferencia Episcopal fue sumamente clara, bien redactada e importante en términos de señalar cuál es la postura oficial. Por lo tanto, no sé si era necesario que otros cinco obispos en particular hicieran su propia declaración (en otro inserto), como si no fueran representados por la Conferencia.

    -En la DC se mostraron muy molestos con esta campaña.

    – Me extrañó el contenido amenazante de esa declaración, la necesidad de decirles a los parlamentarios ‘miren, nosotros vamos a llamar a los electores a no votar por ustedes si votan a favor de legislar’. Me parece que el mensaje católico es suficientemente potente y fuerte para que todos los católicos son sintamos interpelados y provocados a pensar sobre el tema de la defensa de la vida, sin que nos amenacen.

    El criterio de la Iglesia

    -En este contexto de publicación de insertos y videos, ¿la acción de la Iglesia tiene límites?

    – Los límites no están fijados ni por la Constitución ni por la legislación, están fijados por el criterio. Este es un país donde existe la libertad de prensa, que naturalmente la Iglesia la usa para bien, pero las amenazas en ningún ámbito son necesarias.

    -¿Tiene criterio un obispo, como el de Valparaíso, Gonzalo Duarte, que lideró una protesta donde con una mano sostenía a una guagua y con la otra un muñeco que asemejaba a un feto?

    – No me atrevo a pronunciarme sobre el criterio de ningún sacerdote ni obispo de ninguna manera. Pero no hay duda de que hay actuaciones que son chocantes y que creo son contraproducentes en el sentido de que provocan mucho rechazo de, incluso, la propia comunidad católica. A la Iglesia Católica no le hace bien fomentar la división. Los escándalos que han existido sobre temas sexuales con los mismos sacerdotes, hacen que la historia reciente de la Iglesia sea con mucho dolor y muy traumática para los mismos católicos. A los católicos nos sobran, en este momento, instancias de división y de condena. Todos queremos una Iglesia que acoja, que recupere su credibilidad.

    -¿Y cuál es el rol público de la Iglesia hoy?

    -En un contexto de libertad de expresión, la Iglesia tiene y debe usar todos los medios que están a su alcance. Ahora, lo que es importante es que la jerarquía eclesiástica asuma la representación de todos los católicos. Hoy día son mucho más evidentes las posturas discordantes al interior de la Iglesia, y esa Iglesia tiene que darles voz también, como en el caso de Jorge Costadoat.

    -¿Y por qué la jerarquía no les está dando voz a esas ‘posturas discordantes’?

    – Creo que hay una diversidad muy grande en la catolicidad chilena.

    -Le insisto, ¿hay posturas que están siendo incomprendidas por la jerarquía?

    – El caso de Jorge Costadoat lo demuestra.

    “El caso no terminó satisfactoriamente”

    Costadoat, la UC y la libertad de cátedra

    -Usted se mostró contraria a la decisión del cardenal Ezzati de sacar al padre Jorge Costadoat de la Facultad de Teología. ¿Le gustaron las explicaciones que dieron el rector y Ezzati?

    -No. La condena que sufrió Jorge Costadoat ha puesto un tema que es importante que se ponga sobre la mesa, que es el de la libertad académica. Sobre todo, porque hasta hoy, tengo entendido, a Jorge no se le explican las razones de su salida. No es un caso que haya terminado satisfactoriamente para las personas que nos importa la liberad académica.

    -¿Hay libertad académica en la UC?

    – Creo que fue un lamentable incidente y que generó sensaciones de miedo e inseguridad que eran totalmente innecesarias de producir.

    -¿Pero hay libertad…?

    – Diría que sí.

    -¿A pesar de esas ‘sensaciones’ que generó?

    – Si. Ha habido otros episodios, no solamente este; pero eso no quita que en la universidad en general hay libertad de cátedra.

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  14. PHIP realizó el Seminario Francisco Bilbao (1823-1865): Itinerarios intelectuales de una figura atlántica

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    1El miércoles 22 de julio se realizó en la Universidad Diego Portales el seminario Francisco Bilbao (1823-1865): itinerarios intelectuales de una figura atlántica, organizado por el Programa de Historia de las Ideas Políticas en Chile. Dicho encuentro, realizado a propósito del sesquicentenario de la muerte del prolífico pensador chileno, reunió a un conjunto de académicos que, desde diversas disciplinas y diferentes perspectivas, reflexionaron en conjunto sobre la obra de Francisco Bilbao, centrándose en las distintas etapas de su vida, como en las recurrencias temáticas que atravesaron sus escritos.

    En la actividad participaron, además de los profesores del PHIP Ana María Stuven, Vasco Castillo y Gabriel Cid, los académicos James A. Wood (North Carolina A&T State University ); Ricardo López (Universidad Alberto Hurtado); Álvaro García San Martín (Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación); Maribel Mora (Universidad de Chile) y Alejandro Madrid (Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación).

    El seminario culminó con la conferencia y presentación del libro del académico mexicano Rafael Mondragón (Universidad Nacional Autónoma de México), titulado Filosofía y narración. Escolio a tres textos del exilio argentino de Francisco Bilbao, recientemente editado por la UNAM. El libro fue comentado por Alejandro Fielbaum, de la Universidad de Chile.

  15. Las mujeres en la Iglesia

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    Ana Maria Stuven

     

    Ana María Stuven

    No solo en estos días, en su viaje de regreso de Manila, el Papa Francisco ha llamado la atención con interés y preocupación sobre la ausencia de las mujeres en lugares representativos en la estructura de la Iglesia Católica. En Evangelii Gaudium, Francisco hizo un reconocimiento respecto a que las reivindicaciones de los derechos de la mujer interpelan a la Iglesia institucional con cuestionamientos que no puede eludir.  Porque efectivamente la Iglesia no ha querido admitir que los impedimentos a que las mujeres ocupen ciertos lugares en la estructura eclesial son de carácter histórico, asociados a culturas patriarcales, los cuales por siglos confinan a la mujer a una situación de dependencia y sumisión.

    Otorgarle un lugar a la mujer, qué duda cabe, ha sido un desafío para la historia de la Iglesia Católica, ya que las imágenes bíblicas de la mujer han permitido diversas interpretaciones sobre su naturaleza. Mujer fue Eva, pero también fue mujer María, la madre de Jesús. Eva ha sido asociada históricamente a la naturaleza débil frente al pecado; a María se le ha venerado como modelo de femineidad asociada a la maternidad y al silencio. Eva fue origen del desorden en el mundo, María la madre de quien legó un nuevo orden, a menudo identificado erróneamente con un modelo de sociedad que valora sobre todo el influjo doméstico de las mujeres.

    En nuestro continente americano, y para hablar de Chile, ambas mujeres se han asociado también con nuestra historia republicana, en la necesidad que imponía la modernidad política de pensar los principios de soberanía popular y representación en función de todos los habitantes de la nación. María ha sido la “madre” de la patria. Pero Eva ha sido más que una metáfora para afirmar la naturaleza pasional y poco racional de la mujer, justificando así su incapacidad, por ejemplo en el siglo XIX, para acceder a la llamada “educación científica” de donde podía surgir su perdición. La Iglesia, apostó por ellas como su bastión contra las ideas amenazantes de una modernidad que fundaba el Estado secular sobre principios de autonomía y neutralidad, de los cuales se desprendía una institucionalidad secular, independiente de toda tuición eclesiástica. El Estado no pudo eludir plantearse el problema del espacio de incorporación de las mujeres, cuyo rol en la sociedad civil y política no había merecido discusión.

    Cada vez que un conflicto amenazó el poder la Iglesia, las mujeres fueron llamadas a las trincheras. Ellas amenazaron al presidente Montt con lanzarse a las ruedas del carruaje que llevaría a Monseñor Valdivieso al exilio si no se sometía al dictamen de la justicia civil que contradecía la sanción de los tribunales eclesiásticos; ellas repletaron las tribunas del Congreso vociferando contra la posibilidad de derogar el artículo V de la Constitución que prohibía cualquier culto no católico; ellas fundaron periódicos y salieron a las calles contra la promulgación de las leyes laicas. Ellas fueron protagonistas preferentes en la lucha por la libertad de enseñanza contra un Estado docente que podía poner en riesgo la trasmisión de la fe católica a través del sistema educacional.

    “Puede en cierto modo afirmarse que la vida o la muerte de la sociedad doméstica y civil pende de las mujeres: tan potente y decisiva es su influencia para el bien o para el mal”, argumentó Monseñor José Hipólito Salas, Obispo de Concepción en l865, en su discurso de recepción a las Monjas del Sagrado Corazón de Jesús. Otro pedagogo de la mujer, Ventura di Raulica, fue elocuente al respecto: “La familia entera no es otra cosa que lo que la mujer la hace, no es otra cosa que un espejo fiel de sus buenas cualidades o de sus defectos, de sus virtudes o de sus vicios; y por consiguiente, la sociedad civil (que no es otra cosa que la reunión de las familias bajo una cabeza política, así como la familia es la reunión de los individuos bajo una cabeza doméstica) no es otra cosa que lo que las mujeres han hecho…”. Los textos mencionados demuestran reconocimiento hacia que lo privado, correspondiente al ámbito de la mujer, tenía prolongaciones hacia la sociedad civil pública, ejercido desde el espacio y en las condiciones definidas históricamente como correspondientes a su naturaleza. La familia tuvo, históricamente, sexo femenino.

    ¿Qué sentido tiene hacer esta reflexión histórica en el contexto social y eclesial de hoy? Presentar la historia de las posturas eclesiásticas sobre la mujer en una situación de adecuación a cambios sociales, culturales y políticos como fue el siglo XIX permite identificar la tendencia que ha prevalecido en el sentido de, por una parte, confinar a la mujer al espacio doméstico sin otorgarle derechos ciudadanos, pero, por otra, apelar a su autoridad, especialmente familiar, a la hora de defender el orden social, la estabilidad, la tradición y la resistencia a la innovación. También ha sido una manera de impedir que aparezca, como dijo Francisco, la riqueza de su mirada y la complejidad de su visión. Pero, lo más grave, al cerrar las puertas al reconocimiento de sus derechos y de su dignidad se reafirma el patriarcalismo y el machismo que en nada favorecen a la Iglesia en los tiempos de hoy.

    Ojalá el papa Francisco, atento a la historia, no cometa los errores de quienes, creyendo que recluir a la mujer a una situación de inferioridad institucional, puede detener las exigencias de justicia y de participación, privándose del benéfico influjo que podrá tener la mujer en la renovación de la Iglesia. Aunque no es parte de la agenda del Sínodo 2015, reconocer que la familia ha sido de sexo femenino puede abrir nuevos derroteros en la senda de la igualdad y dignidad de la comunidad de los fieles católicos. Hablar de familia sigue siendo hablar de mujeres. ¿No debería entonces la Iglesia asumir que urge revisar la situación de la mujer en su interior, que es parte ineludible de la reflexión en torno a la familia?

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  16. Académicos del PHIP participan en Congreso AHILA en Berlín, Alemania

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    Afiche AHILA 2014Los académicos del Programa de Historia de las Ideas Políticas en Chile Ana María Stuven y Gabriel Cid participaron en el XVII Congreso Internacional de la Asociación de Historiadores Latinoamericanistas Europeos (AHILA) organizado por la Frei Universität Berlín, Alemania. En el encuentro Ana María Stuven, Directora del PHIP expuso su trabajo titulado “La Iglesia Católica chilena y su diálogo con el lenguaje político de la república, 1840-1860″, donde abordó la compleja y oscilante relación de la institución eclesiástica con el lenguaje político de la modernidad republicana, caracterizado por la tensión entre los frágiles intentos de entendimiento y de rechazos mutuos con el liberalismo político.

    Por su parte, el académico del PHIP Gabriel Cid presentó su trabajo titulado “El lenguaje de la bestia: pensamiento escatológico y cambio conceptual en las revoluciones atlánticas”, en donde examinó el ideario apocalíptico y su relación con el cambio conceptual y valórico producido por las experiencias revolucionarias globales que tuvieron lugar durante el tránsito de los siglos XVIII al XIX, en EE.UU., Francia e Hispanoamérica.