Caravanas, “palomas”, gigantografías, todos estos elementos típicos de la época de elecciones anteriores fueron exterminados bajo la nueva ley que rige para hacer campañas políticas. El espíritu de los cambios fue otorgar más contenido y acabar con el exceso de gastos en publicidad. Sin embargo, desde los partidos encienden las alarmas por las trabas con las que se han encontrado para dar a conocer los candidatos a la ciudadanía.
Había ambiente de campaña. Comenzaba el desfile de propaganda, figuras y rostros en 2013 cuando se llevó a cabo la última elección, esa vez presidencial y parlamentaria. La ciudad se inundaba con una avalancha de publicidad, expresada en palomas en las plazas públicas, gigantografías, rayados de muros, grandes caravanas de autos acompañados de megáfonos, entre otras creativas formas para dar a conocer al candidato de turno en la calle. Todo este cuadro escénico ya es cosa del pasado —y de la nostalgia de muchos—, pues la nueva ley que rige a los partidos políticos , promulgada el 11 de abril por la presidenta Michelle Bachelet, acabó de raíz con gran parte de estas actividades. Si bien ese día en La Moneda todos los partidos se cuadraron en los aplausos, sacándose la foto de rigor con la mandataria, hoy —con la experiencia práctica de la entrada en vigencia de la normativa— muchos políticos y candidatos se percataron de las dificultades y excesos en que se incurrió con las prohibiciones. Dar a conocer un candidato ahora resulta casi una proeza.
Una de las principales trabas con las que se han encontrado los 14.340 candidatos a alcaldes y concejales para el proceso eleccionario del 23 de octubre ha sido la restricción para poner las palomas. Esas que obstaculizaban la visión de los conductores, pues hasta antes de la nueva ley podían ser puestas casi en cualquier lugar. Ahora el tema cambió, y drásticamente; cada municipio, bajo la supervisión del Servicio Electoral (Servel), acordó los 2.896 espacios públicos habilitados para colocar dichos carteles. Para los candidatos, estas palomas eran una forma de darse a conocer, etapa fundamental al momento de iniciar una campaña. Esta limitación les ha traído problemas, porque sus rostros sólo pueden lucirse en los escasos puntos permitidos.
Los secretarios generales de los partidos son quienes en terreno han podido percatarse de estos problemas. Su rol es coordinar la campaña de cada candidato. Mario Desbordes, de Renovación Nacional, explica que esta vez ha sido más complicado dar a conocer a los candidatos, y agrega que el mismo Servel ya se percató de esta dificultad, debiendo velar para que los municipios habilitaran una cantidad razonable de espacios: “El daño de no hacer propaganda es evidente. El Servel tuvo que ampliar los lugares y ver que se dieran más espacios en algunas comunas, y van a revisar para las próximas elecciones nuevos espacios públicos”, comenta el dirigente.
El secretario general de la DC, Gonzalo Duarte, cree que algunos municipios quisieron ocultar los lugares de publicidad, para hacerles la vida más difícil a los candidatos retadores: “La visibilidad del espacio público está puesta en duda en muchas partes. Puede ser que muchos municipios eligieron los lugares más difíciles de acceder. Puede haber una percepción de injusticia”, comenta.
Antes, explica el candidato a concejal por La Reina, Álvaro Delgado, era más fácil poner cuidadores para pelear la posición del cartel, pero ahora, como los espacios habilitados están en muchas ocasiones tan lejos el uno del otro resulta imposible poder tener ese control de daños.
Adriana Muñoz —también candidata a concejal por la misma comuna y que disputa su tercera campaña— relata que los comandos desaparecieron. Literalmente, se borraron del mapa las masas de jóvenes que se paseaban en caravanas alentando al candidato con cánticos y repartiendo panfletos a los vientos. Sin embargo, en el encuentro cara a cara con los vecinos, Muñoz siente que la gente agradeció que la comuna estuviera más limpia, sin la suciedad que dejaba una jornada de campaña a la antigua, con batallas campales por conseguir la mejor ubicación que sostuviera el rostro del candidato.
Uno de los llamados corazones de la nueva ley de partidos políticos y fortalecimiento de la democracia que emanó del Parlamento, luego de un largo proceso que incluyó el trabajo de la denominada Comisión Engel, fue que esta normativa haría campañas con más contenido con un voto más informado. Esta tesis es rebatida por el director del Observatorio Electoral de la UDP, Mauricio Morales, quien afirma que la nueva ley atornilló al revés: “Sostuvieron que de ahora en adelante el voto sería más programático. Falso. Al existir menos espacios físicos para hacer campaña y al aumentar el volumen de candidatos en competencia, los favorecidos serán los incumbentes. Dado que no hay ambiente de campaña, entonces los beneficiados son los candidatos conocidos. Sostuvieron que aumentarían los niveles de competencia. Falso. Al aumentar los costos de información para acceder a los programas de los candidatos, el proceso adquiere menor densidad política. Por ende, los candidatos tienen mayores incentivos para hacer movilización electoral vía clientelismo y acarreo que vía programa o propuestas”, afirma el académico.
Con todo, algunos partidos y candidatos han buscado salidas para sortear estas trabas en la difusión y conocimiento de los candidatos, y las redes sociales, paulatinamente, emergen como una alternativa. Ello, pese a que en el mundo académico-electoral aún no se establece la real implicancia que las redes puedan tener en las personas a la hora de ir a votar. Pero algunos ya han comenzado a experimentar, sacándoles provecho a las bondades y beneficios de la red.
“En Alerce urge un recinto que fomente el comercio y el turismo. Tenemos que hacer las inversiones que Alerce necesita. Con Alerce nos vamos a la segura, vote por Pepe Segura”. Es el mensaje que emitió por medio de un video el candidato RN a alcalde por Puerto Montt, José Segura. Pero dicha reproducción no fue lanzada a la red como cualquiera que cambia su estado de Facebook. Detrás hubo una estrategia.
En RN se tomaron en serio esta alternativa. Pablo Matamoros es director de AMNA y fue contratado por el partido para elaborar un diseño de campaña basado en lo digital. El especialista en redes explica que esta forma de hacer campaña es de un muy bajo costo. ¿En qué consiste? Se paga a Facebook para que el mensaje o video que se quiera emitir sea visto sólo por un segmento determinado. En el caso de Pepe Segura, sólo por los habitantes de la localidad de Alerce. En el partido relatan que, tras el video, la gente le comentó en persona su contenido. Se generó una mayor conexión con la ciudadanía. El experimento resultó, pues Segura veía que el clásico puerta a puerta no estaba dando resultados. “Hemos hecho una propaganda digital (una suerte de volante) más directa, entretenida y clara, que se pone en el Facebook de las personas. RN está haciendo un esfuerzo como marca institucional. Hemos determinado que las formas de hacer “el casa a casa” moderna es por esta red social”, complementa Mario Desbordes.
En otros partidos como el PR, la DC o el PPD, si bien están ocupando esta herramienta, han dejado a cada candidato que establezca su estrategia, pues todavía no existe la certeza del efecto en el voto.
“Hace un momento me llamó un candidato de la Isla Juan Fernández contándome los problemas que tuvo para tener la tarjeta de Cuenta Rut del BancoEstado, que es el único modo con el cual los candidatos pueden gastar los dineros que reciben por aportes. El problema es que había que ir a buscar la tarjeta y en la isla no hay sucursal del banco”, cuenta Gonzalo Duarte. Este es uno de los ejemplos de los problemas que han tenido los candidatos para cobrar la tarjeta, sumado a que una vez que se realiza un depósito éste queda habilitado para hacer giros cinco y hasta diez días después de efectuado el depósito. Existe consenso entre los partidos, que éste ha sido un problema que crece porque debido al ambiente de desprestigio generalizado de la política, las personas ya no quieren aportar de forma individual, que es como lo permite la ley.
“Ha sido más engorroso y complejo el tema del financiamiento, porque se está sujeto a procedimientos que están debutando y tienen ciertas complejidades que impiden que los candidatos tengan en el tiempo adecuado los aportes. En algunos casos tenemos candidatos sin retirar sus aportes por dos o tres semanas, lo que es mucho”, relata el secretario general del PR, Osvaldo Correa.
Otro problema pasa por los arriendos de espacios privados, pues ahora cualquiera que desee colocar un cartel en una casa particular debe tener conciencia de que deberá pasar por un largo trámite. Varios candidatos comentan que la gente es reacia a firmar el contrato de arriendo que exige la ley. “El hecho de firmar ya complica”, comenta un postulante a alcalde.
“Votar te hace grande” será la entonación que se escuchará a partir de este viernes, en horario prime, en el video que el gobierno comenzará a emitir en televisión y radio a modo de campaña para incentivar, en un último gran intento, para que la gente vaya a votar. El fantasma de la alta abstención entró con fuerza a Palacio.
Son varios factores los que podrían incidir para una baja sostenible de votantes, según el análisis que hacen en La Moneda, pero cada uno de ellos debe ser revisado con cautela luego de las elecciones. Sin premura, comentan en el oficialismo, es la consigna del ministro del Interior, Mario Fernández, quien ha estado monitoreando por estos días temas logísticos como el transporte en zonas rurales en el día de la elección, como también por otros detalles como el tamaño de las urnas.
Para el vocero de gobierno, Marcelo Díaz, la nueva ley de campañas ha cumplido con el espíritu de otorgar más contenido a las campañas y que estas no sean sólo marketing: “Las campañas no son la venta de un producto, son reflexiones sobre el tipo de sociedad que estamos construyendo”, dijo el miércoles en la presentación del spot. El ministro sí se abrió a revisar posibles ajustes, pero una vez que haya un panorama más general.
Mientras, en la derecha también hay preocupación por la abstención. De hecho, Joaquín Lavín comenzó una campaña telefónica en lacual pide a los electores de su sector levantarse para votar ese día, para no perder más votantes, recordando que en los anteriores comicios 30 mil personas menos sufrajaron en esa comuna.
A este escenario de incertidumbre se sumó esta semana el error que se produjo en el Registro Civil, lo que incluso provocó que algunos parlamentarios pidiesen el aplazamiento de las elecciones. Algo que sería imposible de realizar, según el gobierno. Eso sí, ya se ordenó una investigación para ver quiénes fueron lo s responsables de una negligencia que podría dejar sin votar a casi medio millón de personas. Una variable más para los magros pronósticos de participación electoral que se prevén para el 23 de octubre.
Ya partió el período oficial de propaganda electoral. A las nuevas reglas establecidas por la ley los candidatos tienen otra dificultad: La indiferencia de la calle que muchas veces se transforma hasta en violencia.
289 de los 345 alcaldes buscan un nuevo periodo al mando de sus comunas, lo que equivale a un 83,76% del total. En promedio, un 62,88% de los ediles que han ido a la reelección en las últimas cuatro elecciones ha logrado asegurar un nuevo periodo.
289 de los 345 alcaldes de todo el país dejaron sus cargos a las 00:00 horas de este viernes. La razón: todos ellos buscan un nuevo período al mando de sus municipios y hoy comienza formalmente la segunda etapa de la campaña con miras a los comicios de octubre. Así, a contar de esta jornada, se podrá desplegar propaganda a través de carteles fijos, en lugares especiales definidos por el Servicio Electoral.
De acuerdo al artículo 107 de la Ley Orgánica de Municipalidades, en caso de que un alcalde postule a la reelección o al cargo de concejal de su propia comuna, será subrogado en el cargo entre los 30 días previos a la elección hasta el día siguiente de los comicios. La misma normativa establece que el encargado de su reemplazo será el funcionario en ejercicio que le siga en orden de jerarquía dentro de la municipalidad u otro de menor rango previa autorización del concejo municipal.
La cantidad de alcaldes que va a la reelección equivale al 83,76% del total del país.En el 2000 un 90,3% buscó la reelección; en 2004 un 87,8%; en 2008 un 79,42% y en 2012 un 83,76%. En promedio, un 62,88% de los ediles que han ido a la reelección en las últimas cuatro elecciones ha logrado asegurar un nuevo periodo.
La reelección de las autoridades fue uno de los temas que marcó el debate en el Consejo Anticorrupción convocado por la Presidenta Michelle Bachelet. La instancia sugirió limitar los periodos de los alcaldes, no así en el caso de los parlamentarios. Luego de eso, la Mandataria decidió reactivar la discusión del proyecto que busca acotar a máximo tres periodos el mandato de los alcades, concejales, Cores y diputados y a dos periodos en el caso de los Senadores. La iniciativa, sin embargo, lleva meses sin avances en la Comisión de Constitución del Senado.
De los 289 alcaldes que buscan un nuevo periodo este 23 de octubre, 6 de ellos están en sus cargos desde 1992, cuando se realizó la primera elección tras el retorno a la democracia. Se trata de los PS Sadi Melo (El Bosque) y Johnny Carrasco (Pudahuel), el RN Sixto García (Camiña), PPD Marcelino Carvajal (Mejillones) y los DC Luis Mella(Quillota) y Sergio Puyol (Macul). De resultar electos, podrían completar 28 años en el cargo.
Otros tres alcaldes llevan 22 años en el cargo, mientras que 14 cumplen 20 años. En tanto, 2 alcaldes llevan 18 años y otros 19 cumplen 16 años en sus municipios.
En suma, son 44 los autoridades que -de resultar reelectos el próximo 23 de octubre- podrán cumplir 20 o más años en sus cargos al finalizar el siguiente periodo edilicio, en 2020.
En tanto, hay otros 35 alcaldes que llevan tres periodos; otros 84 que cumplen 8 años en sus puestos y 126 que apuestan por lograr su primera reelección.
Si bien la mayoría de los alcaldes que se repiten el plato pertenecen a la Nueva Mayoría o Chile Vamos, hay un total de 47 ediles independientes o pertenecientes a colectividades ajenas a los dos principales bloques políticos.
Seis de los ocho alcaldes que permanecen en el cargo desde 1992 buscarán un nuevo periodo: Sadi Melo (El Bosque), Johnny Carrasco (Pudahuel), Sixto García (Camiña), Marcelino Carvajal (Mejillones), Luis Mella (Quillota) y Sergio Puyol (Macul). Los otros dos no irán por decisión popular: mientras Jaime Pavez perdió la encuesta por La Pintana, el alcalde de Monte Patria, Juan Carlos Castillo, perdió la primaria para convertirse en la carta de la Nueva Mayoría por la comuna de Ovalle.
Los denominados alcaldes “vitalicios” cuentan a su haber con altas cifras de votación. A modo de ejemplo, Luis Mella ganó la alcaldía de Quillota en 2012 con un 66,89%
Sergio Puyol es uno de los seis alcaldes que está en el cargo desde el año 1992 y que busca un nuevo periodo al mando de su municipio, Macul.
Si bien varias veces dijo que ejercería el cargo “hasta que me muera”, hoy reconoce que ha cambiado de opinión y que, de resultar electo, este será su séptimo y último periodo. “Espero que sea una buena despedida, pero no un buen funeral”, dice en tono de broma el alcalde de 79 años de edad.
El alcalde de Macul -quien se enfrentará al UDI Andrés Ugarte- defiende su derecho a repostular enfatizando que “es la gente la que decide” .
Otro de los que va por su séptimo periodo es el PS Sadi Melo. Al igual que su par DC, el alcalde de El Bosque rechaza que se fijen límites a la reelección en el cargo.
“Yo creo que se comete un error creyendo esto de que los viejos no participen más. Yo creo que hay que perfeccionar los mecanismos, y si perfeccionar los mecanismos es limitar los periodos, bueno, si es una decisión mayoritaria, habrá que aceptarla. Sin embargo yo desde el punto de vista más personal y político creo que a la democracia no hay que ponerle límites. Al contrario, hay que generar todas las condiciones para que la democracia funcione bien”, sostiene.
Marcelino Carvajal defiende su labor en Mejillones: “Ser electo varias veces y subir tu votación es porque algo se ha hecho bien. Ahora, si la voluntad de la gente dice algo distinto, bueno, daré un paso al cambio, pero la verdad de las cosas es que le cambiamos la vida a Mejillones”. ¿Es su última repostulación? El alcalde dice que todo dependerá de su salud.
Junto a los seis alcaldes que llevan 24 años, otros tres llevan 22 años: Se trata de la alcaldesa de San Pedro de Atacama, la DC Sandra Berna; el edil de Coínco, Gregorio Valenzuela (RN) y el UDI Ricardo Ritter, quien dirige la comuna de Laguna Blanca. Todos ellos de resultar electos podrían cumplir 26 años en funciones.
A ellos se suman 14 alcaldes que llevan 20 años en sus puestos, dentro de los cuales se encuentra Raúl Torrealba (Vitacura) y el jefe comunal de Buin, Ángel Bozán. Este último, sin embargo, estuvo fuera durante cuatro años tras ser derrotado en 2008 por el UDI Rodrigo Etcheverry. Cuatro años después volvió al municipio y ahora busca la reelección. Pedro Pablo Edmunds (Isla de Pascua) y Carlos Barra (Pucón) son los dos alcaldes que cumplen 18 años.
En tanto, otros 19 alcaldes que llevan 16 años en sus cargos buscan la reelección. De resultar electos, completarán 20 años en sus cargos. De ellos 9 son de la Nueva Mayoría, 6 de Chile Vamos, 1 es de la lista regionalista Alternativa Democrática y 3 son independientes fuera de pacto. Dentro de este grupo quedaron fuera dos ediles emblemáticos de Chile Vamos que decidieron no repostular: Vicky Barahona y Francisco de La Maza.
Son 35 los alcaldes que llevan 12 años en sus cargos y que ahora van por su cuarto periodo. Entre ellos se encuentra el UDI Ramón Galleguillos, primer y único alcalde que ha tenido la comuna de Alto Hospicio, fundada en 2004.
También se encuentra el alcalde de Santa María Claudio Zurita (PPD), quien cuenta la particularidad de ser el único postulante al cargo, por lo que sí o sí asegurará un nuevo periodo en el municipio perteneciente a la provincia de San Felipe.
Otros que figuran en este listado son Santiago Rebolledo (La Cisterna, PPD), Julio Palestro (San Miguel, PS), el independiente dentro del Pacto Nueva Mayoría Sergio Echeverría (San Joaquín) y la alcaldesa UDI por Viña del Mar, Viginia Reginato.
“A mí me gusta tanto lo que hago y en ningún caso se me hace pesado. Me encanta salir a los cerros, estar en contacto con la gente, creo que es una actividad muy variada y entretenida”, dice la alcaldesa Reginato.
Si bien la edil ha recibido ofertas para postular al Congreso, dice que lo suyo es el ámbito municipal. “Yo vine a servir a la gente y no a servirme del cargo”, añade.
Consultada si este podría ser su último periodo en el cargo, la alcaldesa contesta que “no me gusta pensar tanto más adelante. No se sabe lo que mañana puede pasar…Lo mejor está por venir”.
Son 126 los alcaldes que buscarán un nuevo periodo al mando de sus municipios, lo que equivale a un 43,59% del total de los ediles que va a la reelección. Dentro de este grupo se encuentra Carolina Tohá (Santiago, PPD); Carolina Leitao (Peñalolén, DC); Josefa Errázuriz (Providencia, IND); y los ediles de Chile Vamos Rodolfo Carter (La Florida, IND) y Germán Codina (Puente Alto, RN).
Hasta el 10 de septiembre esta lista contaba con el nombre de Claudio Guajardo, quien falleció luego de un accidente automovilístico.
“Naturalmente, su primera reelección siempre es compleja debido a las dificultades para instalar la marca. Esta dificultad aumenta cuando ese alcalde logró estrechamente el triunfo en la elección anterior, pues podría enfrentar al mismo competidor en su camino a la primera reelección”, sostiene el experto electoral y académico de la UDP, Mauricio Morales.
Luego de esta fase -agrega Morales- “los alcaldes tienden a consolidarse, pues con 8 años de gestión ya conocen las ventajas de cargo y ya tienen una red territorial armada. Probablemente esta lógica cambie de ahora en adelante. Dada la modificación al sistema electoral para las legislativas, es probable que algunos alcaldes no se repostulen al cargo y que busquen un escaño en la Cámara o en el Senado”.
Ante el desprestigio del concepto de un programa de gobierno y la ausencia de ideas concretas sobre cómo retomar el sendero del crecimiento y de mayor justicia social ahora que se acabó el boom de los commodities, la campaña presidencial de 2017 tendrá muchos más rostros que ideas.
La proliferación de candidatos presidenciales para la contienda de 2017 refleja tanto la creciente personalización de la política como la dificultad de conciliar las demandas de la ciudadanía con las bajas expectativas sobre crecimiento económico. Dado el poco margen para hacer promesas ambiciosas, los candidatos se diferenciarán a partir de sus atributos personales.
En los últimos años, la política chilena ha avanzado por el mismo camino hacia la profundización del voto personal que han experimentado muchas otras democracias en el mundo. Porque las diferencias ideológicas se han matizado (nadie seriamente propone un modelo de desarrollo alternativo al capitalismo, aunque muchos ganen elecciones haciendo campaña contra los aspectos negativos del modelo), las diferencias entre distintas propuestas tienen más que ver con quién será el piloto que administre el modelo neoliberal que con hojas de ruta distintas. De ahí que en la mayoría de los países desarrollados, las elecciones se centren más en los liderazgos personales que en las ideologías de los partidos que postulan a los candidatos. Desde Estados Unidos hasta Europa occidental, las diferencias ideológicas se han reducido y se resaltan en cambio los atributos personales de distintos candidatos. Aunque algunos candidatos aún buscan diferenciarse con promesas extremas, el solo hecho que esas promesas sean impracticables e irrealizables confirma que la gente está escogiendo líderes nacionales por sus atributos personales más que por el contenido de sus programas.
En América Latina, el fin del ciclo alto de los commodities ha llevado a todo los candidatos a cambiar el foco desde la distribución de la riqueza a la generación de nueva riqueza. Incluso en Chile, cuya elección presidencial de 2013 se centró más en la distribución de la riqueza que en formas de asegurar más generación de riqueza, el nuevo aire dominante en la arena electoral comienza a centrarse en la generación de riqueza que en cómo distribuirla. Pero para un país cuyo modelo de desarrollo en las últimas tres décadas se basó en la exportación de recursos naturales, resulta complejo plantear modelos de desarrollo capitalistas alternativos en un contexto adverso para el crecimiento rentista. Por otro lado, como los chilenos no quieren un modelo alternativo, sino aspiran a que el modelo funcione igual para todos, el rango de alternativas es bastante reducido.
Con todo, en Chile hay un gran acuerdo respecto a que no podemos seguir dependiendo del crecimiento impulsado por la importación de recursos naturales, pero no hay suficiente desarrollo de ideas que muestren un camino alternativo de desarrollo. Aunque algunos postulan invertir en capital humano, desarrollar clústers tecnológicos o incluso promover la integración regional para hacer frente a la nueva realidad mundial, aún no hay hojas de ruta acabadas que puedan ser sometidas al escrutinio público de cara a la presidencial de 2017.
La ausencia de propuestas concretas no parece ser un gran problema precisamente debido a la obsesión que produjo el programa de gobierno de Bachelet en 2013. Como el programa se convirtió en un fetiche para la Nueva Mayoría, ahora nadie parece muy interesado en redactar un programa nuevo. Pero el programa de Bachelet era mucho más una declaración de intención sobre dónde ella quería llegar más que una hoja de ruta sobre cómo llegaríamos ahí. Con todo, dado el uso panfletario que se le dio, el concepto de programa de gobierno ha quedado altamente desprestigiado en el país. En vez de entenderse como un plano para construir una casa —que inevitablemente deberá ser revisado para ajustarlo a las realidades cambiantes del terreno y del presupuesto—, el programa de gobierno de Bachelet fue visto como una camisa de fuerza que ha terminado por ayudar a hundir a esta administración.
Todo esto llevará a la contienda presidencial de 2017 a convertirse en una entre liderazgos personalistas que prometan llevar al país a buen puerto sin especificar cómo lo harán. La presencia de dos ex Presidentes —cuyo principal argumento es que ya gobernaron bien y, por lo tanto, volverán a hacerlo bien— ayuda a centrar el foco en los atributos personales más que en las propuestas de campaña. La larga lista de desafiantes que ya se ha formado también dificulta la discusión de ideas por sobre los atributos personales. En un país donde la clase política aparece muy desprestigiada y en un mundo donde los atributos personales pesan cada vez más en la decisión de los votantes, debiéramos prepararnos para que la próxima campaña presidencial sea más personalista de lo que ya han sido los comicios recientes. Además, ante el desprestigio del concepto de un programa de gobierno y la ausencia de ideas concretas sobre cómo retomar el sendero del crecimiento y de mayor justicia social ahora que se acabó el boom de los commodities, la campaña presidencial de 2017 tendrá muchos más rostros que ideas.
Futbolistas, bailarines y actores, a eso se dedican alguno de los famosos que se presentarán como candidatos en las próximas elecciones municipales.
Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral de la Universidad Diego Portales, afirmó a Cooperativa que en los procesos eleccionarios sí se produce una renovación efectiva en el ámbito municipal, pero no ocurre lo mismo a nivel parlamentario.
En conversación con Lo que Queda del Día, Morales recalcó que “en los municipios se está renovando la mitad, por lo tanto lo que proponía la Comisión Engel sobre colocar límites a la reelección de los alcaldes en realidad estaba rascando donde no pica: el problema no está en los municipios, el problema está en el Congreso”.
En relación con la disparidad entre los candidatos según sexo, Morales indicó que “cuando uno mide el efecto que tiene el gasto en campaña sobre el desempeño electoral de candidatas y candidatos en idénticas condiciones políticas, a las mujeres les rinde más el dinero en comparación con los hombres“.
“Si una mujer por cada 100 pesos de campaña cosecha 10 votos, un hombre con los mismos 100 pesos está cosechando ocho, es decir,hay un rendimiento mucho mayor en candidatas mujeres en relación a candidatos hombres”, ejemplificó.
La del 23 de octubre “va a ser una elección inédita desde el punto de vista de los candidatos que van a competir (…) vamos a tener alrededor de 12 pactos, (cuando) en la anterior tuvimos nueve, lo que está causando una importante explosión de candidatos”, destacó el experto.
Finalmente, Morales se refirió a las palabras de Manuel José Ossandón sobre la facilidad de Chile Vamos para ganar en Las Condes, aseverando que “es una comuna que es segura para la Alianza, lo mismo como La Pintana para la Nueva Mayoría, donde cualquier candidato que presenten va a ganar”.
El uso de encuestas para dirimir candidatos de una coalición es un camino seguro para la eternización de los mismos de siempre en la política.
La decisión de las dos principales coaliciones de optar por encuestas en vez de primarias debidamente organizadas por el Servel para escoger a sus candidatos a alcaldes refleja una de las falencias más evidentes de nuestra democracia. Porque miden reconocimiento de nombres y preguntan por intención de voto antes de que las personas hayan tenido la oportunidad de conocer las propuestas y posturas de distintos candidatos, las encuestas tienden a perpetuar la falta de renovación y recambio en la elite política. A menos que los partidos entreguen a la gente la potestad para elegir entre distintos aspirantes después de que estos hayan realizado campañas y se hayan hecho evidentes sus fortalezas y debilidades, la democracia chilena seguirá produciendo frustración y descontento entre un electorado que no logra entender por qué tienen más capacidad para elegir como consumidores que como ciudadanos.
Desde que se realizaron por primera vez antes de la contienda presidencial de 1993, las primarias para escoger candidatos han estado llenas de problemas y obstáculos. Aunque finalmente se legisló para que pudieran ser organizadas por el Servel y tuvieran la misma importancia legal que una elección regular, los partidos se han resistido a adoptar el mecanismo de primarias para escoger a sus candidatos a puestos de elección popular. Es verdad que en 2013 las dos coaliciones realizaron primarias presidenciales. Pero en la Nueva Mayoría, la ventaja de Michelle Bachelet era tanta que nadie nunca dudó del resultado de la primaria. En la Alianza, aunque la primaria fue altamente competitiva, la renuncia posterior de Pablo Longueira a la candidatura presidencial y la accidentada forma en que se nombró a la nueva candidata del sector terminó por manchar también el proceso. Lamentablemente, ese mismo año, los partidos de la Nueva Mayoría optaron por no hacer primarias para escoger a sus candidatos al Congreso, mientras que los de la Alianza solo realizaron unas pocas en lugares donde los legisladores en ejercicio no iban a la reelección.
La resistencia a dejar que la gente escoja a los candidatos se hizo más evidente en la temporada electoral de 2016. La Nueva Mayoría y Chile Vamos se resistieron a hacer primarias en la mayoría de las comunas. Solo se realizaron 96 primarias en 93 comunas (53 en Nueva Mayoría y 43 en Chile Vamos), por lo que apenas un tercio de los chilenos tuvo la opción de participar en ellas. Peor aún, ya que en muchas comunas solo una de las coaliciones hizo primarias, el porcentaje de personas que pudo participar en las primarias de la coalición por la que normalmente vota no fue más del 10% de todos los electores del país.
Como existe demanda por escuchar la voz de la gente y hacerse cargo de las preferencias del electorado al momento de escoger a los candidatos, los partidos han optado por usar la singular herramienta de encuestas para decidir qué aspirantes son mejores candidatos. Pero, como se hacen antes de que los aspirantes tengan la oportunidad de hacer campañas de forma legal, las encuestas solo reflejan reconocimiento de nombre, cuestión que, comprensiblemente, favorece a los candidatos que tienen una trayectoria política más larga en los distritos. Las encuestas dañan a los desafiantes. De la misma forma que una encuesta sobre cuál es el producto favorito va a favorecer a las empresas que actualmente dominan el mercado y va a hacer muy difícil que entren nuevos competidores, el uso de encuestas para dirimir candidatos de una coalición es un camino seguro para la eternización de los mismos de siempre en la política.
La democracia supone elecciones. Pero las elecciones solo tienen sentido cuando los candidatos tienen la posibilidad de hacer campaña y de contrastar sus propuestas y visiones con las de sus rivales. Si hay elecciones en las que nadie puede hacer campaña, los electores tendrán pocas herramientas para decidir por qué candidato votar. Es más, mientras menos campañas hay, más fácil resulta a los que ya ocupan puestos reelegirse en sus cargos.
Cuando los partidos pretenden vender el concepto que una encuesta equivale a una primaria, la única reacción posible es denunciar el argumento como falaz. Las encuestas son el peor mecanismo para escoger a los candidatos. Porque fundamentalmente solo reflejan el nivel de conocimiento que existe sobre un candidato antes de que empiece la campaña, las encuestas sistemáticamente discriminan contra las caras nuevas y dificultan la renovación. Peor aún, cuando presentan una encuesta como alternativa legítima al proceso electoral que permite a los candidatos contrastar sus posiciones y a los electores informarse sobre lo que ofrecen los distintos candidatos, los partidos demuestran su poca comprensión o valoración por el sistema democrático en el que dicen creer.
Chile Vamos puede estar compuesto por más partidos que el duopolio UDI-RN que siempre dominó en la Alianza, pero la multiplicación de partidos no ha resultado en un aumento en el número de aspirantes a candidatos a alcalde. Es más, pese a buscar potenciar un mensaje de renovación, Chile Vamos solo parece capaz de reclutar candidatos con un largo historial en la política chilena.
Frente a un gobierno que atraviesa por una crisis política y con una Presidenta con la aprobación más baja en 26 años de democracia, la derecha debiera estar preparándose para capitalizar en las elecciones municipales del 23 de octubre el descontento existente con el gobierno de la Nueva Mayoría. Pero la poca disposición de posibles candidatos a alcalde de la Alianza para disputar comunas gobernadas por la Nueva Mayoría parece indicar que la impopularidad del gobierno de la coalición de centro-izquierda no se va a traducir fácilmente en una mayor votación para la alternativa de centro-derecha.
Desde que se separaron las elecciones de alcaldes de las de concejales en 2004, las elecciones municipales han sido un buen predictor de lo que ocurrirá en la contienda presidencial del año siguiente. En 2004, cuando la derecha se sentía confiada en la victoria de Joaquín Lavín —que había perdido por muy poco frente a Ricardo Lagos en la presidencial de enero de 2000—, la Concertación logró una clara victoria, de la mano de las entonces precandidatas Michelle Bachelet y Soledad Alvear. El pobre desempeño de la derecha puso en tela de juicio la fortaleza electoral de Lavín. Eventualmente, Sebastián Piñera entró a la carrera presidencial y logró superar a Lavín en la primera vuelta de diciembre 2005, para luego caer derrotado ante Bachelet en enero de 2006.
En las municipales de 2008, por primera vez desde el retorno de la democracia, la derecha logró derrotar a la Concertación. Con el 40,7% de los votos, la Alianza ganó en 144 de las 345 comunas del país. Si bien las dos listas de la Concertación ganaron en 147 comunas, la coalición centroizquierda solo alcanzó el 37,5% de los votos en la elección de alcaldes. Aunque la Concertación gobernaba más comunas, la Alianza ganó en una mayoría de las comunas más grandes e influyentes. Esa primera victoria de la derecha anticipó lo que sería el triunfo de Piñera en las presidenciales de enero de 2010.
En 2012, haciendo campaña solo con la imagen de Bachelet (ya que la entonces directora ejecutiva de ONU Mujer no podía hacer proselitismo), la Concertación —que ya había sumado al PC a sus filas— logró una incuestionable victoria, ganando en 168 comunas y alcanzado un 43,1% de la votación. La Alianza sólo ganó en 122 comunas, logrando un 37,5% de los votos. Esa victoria dejó a la Concertación en el pole position para ganar las presidenciales de 2013, con Bachelet a la cabeza y con el enchulado nombre de Nueva Mayoría.
En 2016, el oficialismo enfrentará las municipales sin un rostro que pueda unificar a la coalición. Como defiende 168 comunas, la Nueva Mayoría tiene más que perder que la Alianza, que con las 122 comunas que ganó en 2012, debiera aspirar a arrebatarle municipios a la NM. De hecho, entre los municipios vulnerables —porque los alcaldes en ejercicio se retiran o van debilitados— la Nueva Mayoría tiene más que perder que Chile Vamos. Desde Maipú hasta Concepción, pasando por Santiago Centro y Providencia, en muchas de las emblemáticas comunas que la izquierda le arrebató a la derecha en 2012, las opciones de re-elección de los alcaldes se ven complicadas.
Pero la debilidad de la izquierda no se traduce automáticamente en fortaleza de la derecha. Chile Vamos puede estar compuesto por más partidos que el duopolio UDI-RN que siempre dominó en la Alianza, pero la multiplicación de partidos no ha resultado en un aumento en el número de aspirantes a candidatos a alcalde. Es más, pese a buscar potenciar un mensaje de renovación, Chile Vamos solo parece capaz de reclutar candidatos con un largo historial en la política chilena.
En las próximas semanas, los partidos apurarán las negociaciones para decidir en qué comunas las coaliciones realizarán primarias para escoger a sus candidatos alcaldes. El 6 de abril deben inscribirse los candidatos para las primarias que se realizarán el domingo 5 de junio. En las comunas donde no haya primarias, los candidatos para las elecciones de octubre se deberán inscribir el 23 de julio. Ahí empezaremos a ver qué tan confiados están los partidos y coaliciones en sus posibilidades electorales para octubre de 2016.
Hasta ahora, en el papel, el camino aparece más auspicioso para la derecha que para el oficialismo centro-izquierdista. La baja aprobación de Bachelet y los problemas internos en la Nueva Mayoría no son la mejor forma de prepararse para el primer examen electoral después de la aplastante victoria de Bachelet en 2013. Pero a partir del comportamiento observado hasta ahora, la derecha no parece muy convencida de sus opciones electorales. La poca disposición de potenciales candidatos a dar la batalla en octubre de 2016 permite concluir que la derecha no cree que tiene muchas posibilidades de convertir la próxima elección municipal en el primer paso para volver a La Moneda en noviembre de 2017. Aunque la NM está desacreditada, la percepción de la derecha es que ellos no serán los beneficiados.
Como alguien siempre tiene que pagar -y como no hay legislación que hoy regule el gasto en campaña que se realiza antes de los 90 días que dura la campaña oficial- podemos sentirnos confiados en que se viene una nueva temporada de escándalos en el financiamiento de la política.
Aunque el debate político ya está centrado en la próxima temporada electoral -con candidatos a alcalde comenzando sus campañas y aspirantes presidenciables copando los medios- el sistema de financiamiento de las campañas sigue siendo el mismo que permitió las irregularidades que llevaron a los escándalos políticos que en estos días comienzan a producir las primeras condenas judiciales. Lamentablemente, la molestia que generaron estos escándalos no ha llevado a un cambio en la ley que rige el financiamiento de campaña. Todos los que ya empezaron a gastar lo están haciendo por fuera de la ley. Mientras las campañas sólo puedan incurrir en gasto en los 90 días anteriores a una elección, los resquicios legales para encontrar formas de financiamiento irregular de la política seguirán existiendo.
Como toda interacción entre personas que buscan avanzar sus intereses, el financiamiento de la política se convierte en un mercado. Por un lado, hay financistas que promueven agendas políticas o bien aspiran a defender sus intereses (empresariales o personales). Por el otro, hay candidatos que necesitan dinero para poder hacer campañas. El mercado consiste en el intercambio de recursos por posiciones políticas o por el compromiso de que, en caso de ganar, los candidatos protegerán a sus financistas. Por cierto, los financistas bien pudieran buscar sólo la defensa de determinadas posturas ideológicas -mercados más libres, más libertades individuales o la pena de muerte-. Pero como las posturas ideológicas siempre tienen consecuencias prácticas en la sociedad -favoreciendo a ciertos actores y perjudicando a otros, generando oportunidades para algunos y cerrando ventanas para otros- resulta más fácil generalizar las razones de los potenciales donantes diciendo simplemente que los que ponen la plata tienen ciertos intereses que quieren que sean defendidos posteriormente por los representantes electos que reciben el financiamiento.
Como todo mercado, cuando la regulación no es adecuada se producen asimetrías de información, colusión y abuso. De ahí que sea esencial que exista una institucionalidad que regule el mercado del financiamiento de la política. Lamentablemente, en Chile hoy nos movemos entre los que quieren prohibir el mercado y los que prefieren que el mercado siga existiendo en la sombra de la ilegalidad.
Los carteles que ya comienzan a aparecer promoviendo a candidatos a alcalde muestran que la campaña ya comenzó. Pero la clase política sigue obsesionada en discutir cómo prohibir cosas que resulta imposible prohibir. Igual que los ultraconservadores que quieren controlar la vida sexual de las personas, los talibanes de la prohibición al financiamiento electoral creen que basta con pasar una ley para terminar con los enormes incentivos que tienen las empresas y muchas personas para ayudar a sus candidatos favoritos a ganar una elección.
Hay buenas razones para creer que esos talibanes de la prohibición en realidad sólo quieren aparecer como haciéndose cargo de la molestia de la gente. Si realmente hubieran querido hacer algo al respecto, le hubieran dado las herramientas al Servel para fiscalizar a las campañas antes de que se inicien oficialmente. Pero los parlamentarios entienden bien que el mejor de los mundos para potenciar sus aspiraciones de re-elección es abusar de su posición de privilegio. Al prohibir que los desafiantes puedan gastar en sus campañas, los diputados y senadores actuales aumentan sus chances de ganar gracias al reconocimiento de nombre que ya poseen. Además, como ellos pueden desviar fondos desde sus presupuestos para gastos de distrito a sus propias candidaturas y a las de sus aliados, los titulares no quieren permitir que otras personas puedan incurrir legalmente en gastos de campaña desde ya.
Como en todo mercado, cuando se limitan las opciones para que entren nuevos competidores, los que ya ostentan su participación de mercado se ven beneficiados. Los partidos, al negarse a extender el periodo legal de campaña para antes de los 90 días que rigen actualmente, logran dejar fuera a los competidores que buscan desafiar sus feudos. Como los incumbentes además tienen la posibilidad de usar recursos públicos para empezar a gastar desde ya, la elección deviene en una competencia desleal entre los que se coluden para controlar el mercado y los osados desafiantes que compiten en una cancha con el viento en contra.
A un mes de que termine el 2015, ya estamos entrando en la próxima campaña electoral. Empiezan a aparecer carteles y letreros promoviendo candidatos. Los aspirantes se prepararan para visitar juntas de vecinos y escuelas con regalos para los niños. Como alguien siempre tiene que pagar -y como no hay legislación que hoy regule el gasto en campaña que se realiza antes de los 90 días que dura la campaña oficial- podemos sentirnos confiados en que se viene una nueva temporada de escándalos en el financiamiento de la política.
El miércoles 9 de septiembre en la Biblioteca Nicanor Parra, se realizó con éxito la Charla “Hacia dónde va la Comunicación Política en América Latina”, presentada por Mario Riorda, politólogo y consultor político argentino, especializado en gestión de crisis políticas.
En la ocasión se abordaron distintas aristas de las campañas electorales de gobiernos en América Latina, como el manejo mediático de los candidatos, los temas de interés público, y las encuestas de opinión. Según sus palabras, “la comunicación es un acto organizativo además de voluntad”.
Otro de los puntos abordados, es la comunicación digital que ha tenido un avance en el ámbito político, pero que sin embargo, aún tiene muchas tareas pendientes, considerando a la Generación Z, quienes ven a las redes sociales como una red de acción, algo que para el politólogo se transforma en un desafío actual para los Gobiernos.
“No toda comunicación es política, pero toda política se presenta y se representa públicamente a través de un formato comunicacional” enfatizó Mario Riorda, al hablar acerca del discurso político y el análisis del mismo.
Al finalizar el encuentro se dio un espacio para preguntas de los asistentes, las cuales fueron respondidas en su totalidad.