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  1. Cómplices pasivos

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    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Somos cómplices pasivos de la violencia callejera. Como sociedad, nos acostumbramos a un repertorio, a una rutina de movilizaciones sociales que incluyen el llamado a la marcha, su autorización por parte de la Intendencia, la definición del trazado, la disposición de “vallas papales” en las calles, y la colocación de buses de policía, zorrillos, y carros lanza-agua en puntos estratégicos. Siempre la misma rutina.

    Sabemos que una y otra vez la marcha provocará enfrentamientos de los encapuchados, encenderá los ánimos en la calle, y terminaremos con exactamente la misma secuencia de eventos: incendios, muertos, heridos, detenidos (que luego son liberados), declaraciones de lamento, dichos de ira, y recriminaciones institucionales. Nada cambia. Siempre la misma rutina.

    Lo intrigante es por qué, como sociedad, contemplamos impávidos esta secuencia de hechos sin reaccionar. El gobierno no altera sus políticas asociadas a las marchas a fin de identificar esos encapuchados. Carabineros continúa utilizando el mismo protocolo.

    Los estudiantes que organizan estas acciones de protesta legítima miran para el lado y sostienen que no es su responsabilidad garantizar el orden. La gran mayoría de los medios de comunicación no se interrogan sobre las causas de esta violencia desatada. Los partidos de oposición piden más mano dura y culpan al gobierno. Los partidos de gobierno lamentan los hechos y nada más.

    Pero tampoco de la sociedad civil emergen respuestas sociales a estos acontecimientos. Desde las iglesias no emergen nuevos líderes como lo fue el padre Pepe Aldunate en su minuto que en los 80s defendió la no-violencia activa, saliendo a la calle y desafiando a la autoridad en forma pacífica. Aldunate nos mostró otro camino pero esta alternativa se desvaneció hacia fines de los 80s. Los profesores nos quedamos atónitos y escribimos columnas para reflexionar sobre las causas de la violencia.

    Ninguna organización social, medio de comunicación, estudiantil, o movimiento político organiza una campaña por la no violencia en las marchas.  La izquierda esconde la cabeza cual avestruz porque mantiene una contradicción intrínseca respecto de fines y medios.

    La gran mayoría de la ciudadanía y de los actores se conmueve e impacta con las escenas de violencia que una y otra vez sabemos que se nos vendrán. Pero no hacemos nada. Y vendrá otra marcha, otro 11 de septiembre, otro día del combatiente y la historia será exactamente la misma.

    ¿Por qué no reaccionamos? ¿Por qué no organizamos mesas de trabajo público-social para detener esto?

    ¿Por qué no hay inteligencia política para develar a los encapuchados? ¿Por qué no nos reunimos con nuestros estudiantes para conversar de la violencia cotidiana y de las protestas?

    ¿Por qué grupos pacifistas no salen a la calle a detener esta irracionalidad? ¿Por qué nunca desde el retorno de la democracia hemos establecido un código de convivencia urbana como en otras sociedades se ha dispuesto?

    ¿Es tanta la desconfianza, el individualismo, el cortoplacismo, que nos impide como sociedad modificar una rutina que cada mes nos violenta? ¿No existen líderes en nuestra sociedad capaces de motivar una acción colectiva pacífica en las calles?

    Todos – gobierno, fuerza pública, órganos de inteligencia, partidos, sociedad civil, medios de comunicación, iglesias, profesores, estudiantes, activistas – nos hemos transformado en cómplices pasivos de un problema social que erosiona nuestra convivencia.

    La violencia en las marchas nos apela como demócratas, nos apela como ciudadanos y como individuos. No es posible que el derecho a la manifestación—tan relevante en un sistema democrático—se transforme y quede subsumido en una lógica de miedo y violencia desatada por grupos de encapuchados.  

    Aunque me preocupan estos actos de violencia, más me atemoriza nuestra inacción. Hagamos algo. Despertemos. Reaccionemos.

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  2. Académica de la Escuela de Sociología e investigadora adjunta del COES, Mónica Gerber, detalla sus proyectos de investigación 2016

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    Monica Gerber 014

    La académica de la Escuela de Sociología UDP e investigadora adjunta del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), Mónica Gerber, se encuentra realizando diversos proyectos de investigación. En esta entrevista detalla sus principales trabajos contemplados para este año.

    ¿En qué consiste tu proyecto de Fondecyt de postdoctorado?
    Estoy terminando el segundo año y es un proyecto que busca examinar por qué las personas justifican la violencia que se está dando entre Carabineros y algunos activistas mapuche en el sur de Chile. La idea es tratar de entender desde la psicología social y con distintas teorías, por qué las personas justifican o validan ciertas situaciones de violencia. En particular estoy viendo el efecto que tiene el concepto “justicia procedimental”, que es la percepción de que las autoridades tratan de manera respetuosa y de manera justa a las personas. Estoy trabajando con muestras de personas con ascendencia mapuche y personas no indígenas para ver las distintas visiones acerca del mismo fenómeno.

    ¿Qué objetivos posee la investigación?
    El primer objetivo del estudio fue diseñar y validar una escala de actitudes hacia la violencia en el contexto chileno, algo que no había anteriormente. El estudio que hice en el primer año de investigación fue para armar una batería de ítems que diera cuenta de diferentes situaciones de violencia. Por ejemplo, hablar si se justifica que Carabineros use la violencia para evitar marchas o allanamientos a comunidades. Estas son distintas instancias de violencia, algunas más o menos justificadas, más o menos violentas, y por otro lado la justificación de la violencia por activistas mapuche para recuperar tierras o para reclamar por sus derechos. Ese objetivo ya está cumplido y publicado en un artículo. El segundo objetivo se relaciona con entender cuáles son los antecedentes y las variables que predicen una mayor aceptación de la violencia, eso es lo que estoy trabajando ahora.

     

    ¿Cuál es el método de trabajo?
    Hasta ahora han sido encuestas, llevo dos en el sur de Chile. He trabajado con ayuda de la Universidad de la Frontera, con estudiantes de sociología de allá que han recogido los datos. Durante el tercer año del proyecto, que es el que estoy comenzando ahora, voy a empezar a hacer experimentos. La idea de aquí en adelante es ver qué pasa si en un contexto de laboratorio manipulo la percepción de justicia procedimental, es decir, si le cuento a las personas que van a ser encuestadas acerca de cómo Carabineros trata a las personas mapuche y si eso tiene un efecto de manera experimental.

    Hasta ahora, ¿qué resultados se pueden observar?
    Lo que he encontrado hasta ahora es que la percepción de trato de las autoridades, en especial las personas mapuche, tiene un efecto muy importante en sus actitudes y reacciones, es decir, no pasa desapercibido el que ellos se sientan discriminados, cuando la justicia no trata a todas las personas de igual forma, cuando privilegia a algunos o cuando abiertamente es discriminatoria o sesgada en la forma que trata a algunos grupos. Esto tiene consecuencias en cómo estas personas después se sienten con respecto a la sociedad, cómo se integran o no y el tipo de acciones que deciden tomar para cambiar su situación. Lo que yo he observado es que en el fondo, cuando las personas mapuche perciben que no son tratados de manera justa, termina en efectos muy negativos, en el sentido de validar medios violentos para lograr cambios sociales.

    ¿En qué otros proyectos estás actualmente?

    Estoy en varios proyectos, en uno de ellos estoy trabajando con el académico de sociología UDP, Ismael Puga, sobre la justificación de distintos tipos de violencia, no solamente el caso del conflicto mapuche. Estamos tratando de entender cuándo los chilenos justifican por ejemplo, los linchamientos, cuándo se justifica la violencia por parte de carabineros, como en el caso de las marchas, que también es algo que aparece frecuentemente en los medios, y también cuando la gente justifica el uso de castigo severo.
    ¿Cómo desarrollan el campo de trabajo?

     

    ¿Cuál es el aporte de estos proyectos a la investigación?

    Me parece que el tema de la justificación de la violencia es relevante, no estamos estudiando por qué la gente lleva a cabo actos de violencia, sino por qué la justifica. Obviamente esto puede llevar a predisponer de cierta forma acciones violentas, o puede tener un efecto en políticas públicas. También nos parece relevante porque vemos en distintos casos que la justificación de la violencia tiene un fuerte sesgo social en términos que son relaciones muy de clase.

     

    ¿De qué se trata tu trabajo en el COES?

    Soy investigadora adjunta del COES, eso implica hartas cosas. Participo en distintas actividades, estoy en el área de interacciones grupales e individuales, en el cual participan varios psicólogos y sociólogos. Estoy también realizando otros proyectos con psicólogos de la Universidad Católica, además estamos en una investigación sobre relaciones entre grupos de distintas clases sociales, viendo cómo en ciertos contextos personas que provienen de una clase social baja buscan distanciarse. El COES ha sido básicamente una instancia para vincularme con distintos investigadores y armar proyectos. Además, estoy ayudando constantemente en el diseño de la encuesta Panel que va a hacer el COES este año.