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  1. Perder es ganar un poco

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    9-carlos-melendez-copyHan pasado pocos días, pero la incertidumbre empieza a ceder ante la esperanza. Santos ha designado a un equipo para dialogar con los representantes del “No” y Uribe ha moderado sus posiciones.

    Cuando Francisco “Pacho” Maturana dirigía la selección colombiana de fútbol entró en una seguidilla de partidos perdidos que justificó aduciendo que “perder es ganar un poco”. Años después, los colombianos parecen retornar a dicha frase como norte para salir de la crisis política ante la inesperada derrota del “Sí” en el plebiscito sobre el acuerdo de paz que el gobierno de Juan Manuel Santos celebrara con las FARC. A diferencia de lo que sostenía el recordado entrenador, no se trata sólo de adquirir más experiencia, sino de enmendar un proceso de paz auspicioso ante la comunidad internacional aunque con fallas de origen.

    Para llevar adelante el plebiscito del 2 de octubre se corrompieron varias de las formas institucionales de la tradición republicana colombiana. Expertos en democracia directa, como David Altman, han identificado al menos cuatro faltas procedimentales graves. Primera, el fraseado de la pregunta de la boleta de votación no recogía equitativamente las dos posiciones en disputa. Segunda, los funcionarios estatales fueron instados a hacer proselitismo por el “Sí”. Además, se redujo arbitrariamente el umbral de aprobación del referendo. Finalmente, se suscitó una campaña con premura
    —cinco semanas—, que no permitió una adecuada divulgación de las posiciones, pese a la trascendencia histórica. Si bien es cierto que el compromiso entre gobierno y rebeldes no requería consulta en las urnas para sellar el acuerdo, la necesidad de legitimación social coadyuvó a que Juan Manuel Santos —y toda Colombia— se encontrara con una realidad que no estaba dispuesto a aceptar.

    El ex presidente Álvaro Uribe ha sido el principal promotor del “No” al acuerdo. Desde sus gobiernos (2002-2010) impulsó políticas denominadas de “seguridad democrática”, fundadas en la idea-fuerza de vencer a las guerrillas por la vía armada y a cualquier precio. Incluso, según sus detractores, se pueden rastrear vínculos de grupos paramilitares en su entorno. A pesar de que promovió la desmovilización de este tipo de autodefensas, sus antecedentes lo proyectaban como una figura adversa a cualquier acuerdo. Se cuenta que hubo intentos fallidos de llevarlo a la mesa de negociación en La Habana, pero sus posturas maximalistas —ningún tipo de perdón ni prebendas para las guerrillas— lo mantuvieron como un actor marginal hasta el pasado domingo. “Yo voté por el ‘No’ porque no he podido perdonar”, dice un estudiante universitario en una reunión con sus compañeros y profesores, el día después del plebiscito. Como él, millones de colombianos endosaron la consigna de Uribe. No es que hayan preferido continuar con la guerra, sino que no se sintieron representados en las celebraciones en Cartagena.

    Quienes sostienen que los votantes del “No” fueron guiados por mentiras, pecan de esa superioridad moral que distanció a quienes sin chistar defendían un acuerdo que excluía a gran parte de sus compatriotas. “Este era un momento para dialogar, no para enfrentarnos”, responde otra estudiante, activista del “Sí”. “No veíamos a los del ‘No’ como iguales, hemos hecho las cosas mal”, sentenció en medio del silencio del auditorio.

    Han pasado pocos días, pero la incertidumbre empieza a ceder ante la esperanza. Santos ha designado a un equipo para dialogar con los representantes del “No” y Uribe ha moderado sus posiciones. El también senador, propuso una salida judicial para guerrilleros que no incurrieron en crímenes atroces. Por su parte, las FARC mantienen la orden de cese al fuego y el ELN —el otro movimiento subversivo en actividad— refiere la premura de un diálogo nacional.
    En los próximos meses, Santos deberá demostrar que no es un lame-duck (pato cojo) y Uribe que sus convicciones pacifistas son reales. Es cierto que la paz aún no llega a Colombia, pero el verse reflejada en el espejo de sus rencores puede construir una paz más incluyente y duradera. Como nunca antes, una derrota puede favorecer ganar tanto.

    Leer columna en Revista Qué Pasa

  2. Directora del ICSO UDP, Maite de Cea, habla sobre el libro “La Consulta Indígena: Colombia-Perú-Chile”, recién publicado por RIL

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    Doctora en Ciencia Política de la Universidad Diego Portales. Académica de la Escuela de Sociología UDP.

    Maite de Cea, Doctora en Ciencia Política del Instituto de Estudios Políticos de Grenoble, Francia. . Académica de la Escuela de Sociología UDP y Directora del ICSO UDP.

    Maite de Cea, directora de ICSO UDP, junto al director de la Escuela de Ciencia Política UDP, Claudio Fuentes, son los editores del libro “La Consulta Indígena: Colombia-Perú-Chile” (Ril Editores),  resultado  del proyecto “Democracia y Reconocimiento”y financiado por la Fundación Ford.

    ¿Dónde nace la idea del libro?
    Este es el tercer libro de un proyecto de investigación que ha involucrado a varios investigadores de la Facultad de Ciencias Sociales e Historia. Es un proyecto que va en su quinto año, con tres fases distintas. Lo que hemos estado investigando desde el comienzo es cómo en las sociedades contemporáneas se ha ido problematizando el tema de las identidades nacionales y cómo en un mismo Estado pueden convivir distintas naciones o pueblos. Esto en el marco de la falta de reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas, sobre todo en el caso chileno, donde ni siquiera están reconocidos en la Constitución. Hemos realizado diferentes estudios, desde conocer la percepción de las élites en Chile sobre el tema del reconocimiento, discriminación y conflicto; estudios sobre voto indígena, trayectorias políticas de candidatos indígenas; encuestas de opinión sobre el tema indígena, entre otros. El primer libro de este proyecto fue el de Natalia Canihuan, “Trayectorias Políticas. Historias de vida de alcaldes mapuche”. El segundo, “Rupturas e Identidades”, de las investigadoras Alejandra Ramm y Ángela Boitano, presenta las trayectorias biográficas de intelectuales indígenas y no indígenas en torno a la construcción de la identidad y el género. Y finalmente, el libro “Consulta Indígena”, que es el resultado de un Seminario Internacional que tuvimos en abril del 2014. En esa oportunidad invitamos a expertos en temas de consulta previa de tres países: Colombia, Perú y Chile.

    ¿Por qué la elección de estos países?
    Elegimos esos tres países porque tienen varias diferencias interesantes de analizar en perspectiva comparada: desde el nivel de reconocimiento de sus pueblos, las instituciones encargadas de llevar a cabo los procesos de consulta hasta la proporción de población indígena y la fuerza del movimiento indígena, entre otros aspectos. Alejandro Diez, autor del capítulo peruano, antropólogo de la Pontifica Universidad Católica de Perú, trabaja temas de consulta, campesinos, desarrollo rural en Perú. Por otra parte, el capítulo sobre Colombia estuvo a cargo de Natalia Orduz, abogada y experta en derechos colectivos indígenas y tribales de su país. Para el caso chileno invitamos a Antonia Urrejola, abogada y asesora de distintos gobiernos chilenos en temas de derechos humanos y derechos indígenas.

    Adicionalmente, invitamos a James Anaya, abogado y ex relator especial para la situación de los derechos y libertades de los pueblos indígenas de las Naciones Unidas. Era un gran nombre para abrir este Seminario. Anaya introduce el libro, donde presenta el marco normativo del Convenio 169 y explica detalladamente de dónde viene, cuáles son las normas anteriores y qué significa la Consulta y sus distintos componentes. El libro termina con un capítulo de Claudio Fuentes y mío, donde analizamos los tres casos en perspectiva comparada. En ese capítulo analizamos las diferencias en los niveles de reconocimiento de cada país, qué actores participan en estos procesos, cómo actúan los Estados y cómo finalmente en todos los países vemos que estos son procesos que están altamente politizados, donde el eterno problema entre los pueblos indígenas y los Estados-Nación se hace patente, y que el mecanismo de Consulta y su reglamento -en los casos en dónde existe- no han sido legitimados desde un inicio por todas las partes.

    ¿Cuál es el mayor aporte del libro y cuál sería la conclusión?
    El libro aporta a la discusión sobre el reconocimiento de derechos indígenas y muestra casos diversos de procesos de consulta en países latinoamericanos. Es un producto que sin lugar a dudas servirá a quienes deban en el futuro tomar decisiones respecto del reglamento de consulta y de cómo llevar a cabo estos procesos bajo los estándares de la legislación internacional y los tratados a los cuales el Estado chileno suscribió.
    La conclusión del libro es que el Estado debe comprender que estos procesos de Consulta Previa tienen que ser momentos de diálogo genuinamente intercultural. Dada la desconfianza histórica existente por parte de los pueblos indígenas hacia el Estado, éste debe cuidar en extremo los modos en que estos procesos se desarrollan.

    ¿Cuál es el siguiente paso del proyecto?
    Este libro fue el fin de la segunda etapa del proyocto. Luego del seminario y mientras trabajábamos en la edición del libro, decidimos profundizar en el tema, a través de distintos estudios. Con metodologías cuantitativas y cualitativas, indagamos en los procesos de consulta indígena a escala nacional en Chile. Realizamos un seguimiento de la Consulta desarrollada por el Ministerio de Desarrollo Social, observando etnográficamente las distintas etapas en las regiones metropolitana y de la Araucanía. Ya terminado el proceso de consulta, realizamos entrevistas cualitativas con actores que participaron del proceso, con el fin de conocer su percepción, cuáles habían sido las principales fortalezas y dificultades. Pensamos que puede ser un buen material para recomendar modificaciones de política pública, así como un aporte en la discusión académica y de debate entre la opinión pública.

  3. Nuevo Documento de Trabajo: “La consulta Previa en Colombia” por Natalia Orduz

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    En Colombia, el desarrollo de la aplicación del Convenio 169 de la OIT tiene algunas particularidades que plantean debates interesantes. Algunas de ellas son su antigüedad, pues lleva más de dos décadas de vigencia, la apropiación temprana por pueblos étnicos de sus posibilidades políticas y jurídicas, una Corte Constitucional garantista que ha llenado sus disposiciones de contenido y ha convertido el derecho a la consulta previa en indiscutiblemente obligatorio para medidas legislativas y administrativas, el aumento vertiginoso del número de consultas previas en los últimos años y la ausencia de una ley de consulta previa.

    Elementos del contexto han permeado la aplicación y debate del Convenio, en particular la adopción de un modelo de desarrollo nacional con fuertes intereses en explotación de recursos naturales en sus territorios; el conflicto armado cuyas dinámicas se entrecruzan con los intereses privados sobre los recursos naturales, y la crisis del derecho a la participación de otros sectores sociales frente a decisiones de desarrollo y ordenamiento territorial.

    Es así como el caso de Colombia da lugar a discusiones que en este texto apenas son ilustradas, como la relación de la consulta previa con el modelo de desarrollo, el ordenamiento territorial y otras formas de participación ciudadana y el carácter de la consulta previa como derecho fundamental o salvaguarda para otros derechos étnicos como la autonomía y el territorio.

    Ver Documento de Trabajo La Consulta previa en Colombia – Natalia Orduz

  4. Alta convocatoria tuvo el Seminario “Modelos de Asamblea Constituyente: Ideas para Chile” organizado por FCSH

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    Modelos de Asamblea ConstituyenteLa presentación de la actividad estuvo a cargo del profesor de la Facultad de Ciencias Sociales e Historia, Fernando García Nadaff, además de Marco Enríquez-Ominami como Presidente de la Fundación Progresa y de Reiner Radermacher, Representante de la Fundación Friedrich Ebert-Chile.

    El seminario contó con la presencia del Embajador de Colombia en Chile, Álvaro Echeverry, además de representantes de movimientos sociales, estudiantes y académicos.

    La primera exposición estuvo a cargo de Antonio José Navarro Wolff, ex Presidente de la Asamblea Constitucional de Colombia, quien hizo un recorrido por todas las instancias que los colombianos debieron superar para poder consolidar un proyecto constitucional que representara a cada habitante del país.

    “No se pueden esperar resultados inmediatos de un proceso constitucional”, afirmó Navarro luego de tocar el tema de las consultas ciudadanas que se realizaron previo a establecer una asamblea ciudadana. Asimismo, destacó el esfuerzo realizado en Colombia debido a la situación de violencia e inestabilidad que vive el país en algunas zonas, el problema del narco tráfico y las guerrillas.

    El 4 de julio de 1991 los colombianos firmaron su carta de navegación, luego de tres años de discusiones que, para Antonio Navarro, fueron de carácter popular, donde se consultó la opinión a toda la ciudadanía.

    En una Mesa Redonda moderada por Patricia Morales, Directora Ejecutiva de la Fundación Progresa, el profesor de la Escuela de Ciencia Política UDP, Patricio Navia realizó un balance del proceso reformista colombiano estableciendo interrogantes acerca de que tan efectivo fue resultado del proceso constitucional colombiano, en base a las críticas que reciben instituciones de representación popular como el Tribunal Constitucional del país, tildado de ser una instancia que muchas veces no simboliza lo que las mayorías esperan.

    Con respecto a las críticas a la Constitución de Chile, Marco Enríquez-Ominami estableció que es un proyecto inclinado a favorecer al mercado en base a una óptica neoliberal de cómo debe desenvolverse una sociedad.

    En ese sentido Tomás Hirsch, ex candidato presidencial, sostuvo que la Constitución es mala e incorregible, por lo que es esencial cambiarla. Asimismo valoró el proceso de Asamblea Constituyente como una instancia de diálogo que el pueblo chileno nunca ha experimentado debido a la falta de democracia en las experiencias anteriores.

    La misma opinión compartió Jorge Arrate ex candidato presidencial, quien criticó el proyecto constitucional chileno debido a la conformación de éste en un régimen antidemocrático y sin posibilidades de participación ciudadana, volviendo además a establecer sus reparos con su orientación mercantil.

    Al cierre de la Mesa Redonda, el Abogado y profesor de la Universidad de Chile, Fernando Atria, explicó que para él, el momento de origen de una constitución no juega un papel significativo en el desarrollo de un país a futuro debido a que las circunstancias cambian a lo largo de la historia.

    Finalmente tuvo comentarios para el proceso de reforma constitucional del año 2005, en donde se refirió a quienes están en contra de un nuevo proyecto de reformulación como defensores de un modelo que les quita la atribución de la política normal a la que están acostumbrados, por un proceso de participación integral en donde Chile determine las bases de su determinación como país.

    Fotos de la actividad: