Tag Archive: Comisión de Probidad

  1. Senadores: salvemos al Servel

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    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Probablemente, los senadores no han reparado en la tremenda mochila que se le está cargando al Servel con la reforma electoral y la reforma a la ley de partidos. Lo digo por lo siguiente.

    En primer lugar, con la reforma al binominal los distritos serán más grandes, repartiendo entre 3 y 8 escaños. Por tanto, tendremos más candidatos que en 2013. En segundo lugar, la Comisión de Probidad del Senado ha establecido barreras de entrada para formar partidos peligrosamente bajas. Si bien un partido no podrá constituirse en una sola región sino que en tres, de todas formas es un requisito de baja exigencia. Por ejemplo, si un partido quiere formarse en las tres regiones del norte, necesitaría- de acuerdo a los votos emitidos en la elección de diputados de 2013- 724 firmas. En tercer lugar, aunque las barreras de subsistencia quedaron en 5% de los votos o cuatro congresistas en dos regiones distintas, de todos modos si un partido no alcanza ese umbral, le será muy fácil volver a inscribirse y constituirse. En cuarto lugar, se sugiere reducir los espacios para realizar campañas.Suena razonable evitar que la propaganda electoral afecte el normal funcionamiento de la ciudad, pero estrechar esos espacios puede generar un efecto escasamente mencionado: más violencia electoral.

    La tarea de fiscalización del Servel incluye a todos los candidatos para todos los cargos. Imaginemos lo que sucederá en el distrito que agrupa a las comunas de Santiago, Providencia, Ñuñoa, Macul, La Granja y San Joaquín. En 2013 compitieron- en los tres antiguos distritos- 25 candidatos a diputado. Dado que con la reforma las listas podrán competir con un candidato adicional al número de escaños a repartir, en este distrito- que distribuye 8 cupos- las listas podrán presentar un máximo de 9 candidatos. Si hay 5 listas en competencia, es posible que en ese distrito se apersonen 45 candidatos. Pero eso no es todo. También están los candidatos a CORE. Las comunas del distrito pertenecen a tres circunscripciones provinciales que, en total, agruparon a 71 candidatos. Cuando a la Región Metropolitana le corresponda elegir a sus 5 senadores, se podrían agregar otros 20. Por tanto, no es descabellado pensar que en el distrito transitarán- sin contar a los presidenciales- más de 100 candidatos.¿Tendrá el Servel la fuerza, atribuciones y recursos para controlar tal magnitud de candidatos? En total, en 2013 hubo 470 candidatos a diputados, 1382 a CORE y 67 al Senado.

    Ese es el primer gran desafío. El otro es la fiscalización de las elecciones internas de los partidos y, por cierto, todo el proceso de inscripción y constitución de partidos. Si las barreras de entrada son bajas, el Servel deberá inscribir y constituir partidos de manera muy periódica. Luego, si esos partidos no alcanzan el umbral, el Servel deberá proceder a su disolución, atendiendo también aquellos casos donde exista fusión de partidos. Ciertamente, dado las bajas barreras de entrada, esos partidos disueltos nuevamente intentarán inscribirse y constituirse. Así, se producirá un ciclo que terminará con un Servel atosigado y con escasa capacidad para atender todas sus funciones.

    Esto también generará problemas para los votantes. Ante tanto candidato pululando en el distrito, será difícil identificar el cargo al que postula cada quien. Luego, ya en la cámara secreta- y con papeletas enormes- el acto de votar tardará más, lo que podría generar largas colas en los centros de votación. En 2013 las aglomeraciones hicieron pensar, por un minuto, en que la participación iba al alza. Pero no. Esa aglomeración respondía al tiempo que el ciudadano tardaba en emitir su voto. No fueron pocos los que- ante el voto voluntario- decidieron regresar a casa. Generalmente, las elecciones en octubre y noviembre van acompañadas de temperaturas que, para algunos, superan lo tolerable. Por último, y respecto a la restricción de espacios para hacer campaña, se debe ser muy cuidadoso.Dado que habrá más candidatos y menos espacio, es muy posible que aumenten los eventos de violencia electoral.

    Los senadores están frente a una decisión crítica. Por todo lo que he señalado acá, es necesario que las barreras de entrada para formar partidos aumenten. El efecto del número de partidos no sólo impacta sobre los costos de información de los votantes, sino que también en una institución como el Servel. Si no hay consenso para pasar del 0,25% de las firmas al 0,5%, al menos se puede modificar la base de cálculo. Es decir, que las firmas estén en función del padrón y no de los votos emitidos en la última elección de diputados. Senadores: salvemos al Servel.

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  2. El arrebato del senador Walker

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    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Llama la atención el juicio tan categórico del senador Ignacio Walker al rechazar la postura de Eduardo Engel en relación con el proceso de reinscripción de militantes de partidos. “Quienes opinan desde el Olimpo y hacen ejercicios de pizarrón y nos dan pautas de cómo legislar –sostuvo el Senador–, es mejor que empiecen a conocer la realidad de las cosas y no pontificar sobre lo que no saben y no conocen”. En opinión del senador Walker, las decisiones políticas son demasiado importantes como para dejárselas a intelectuales que no saben de la historia de Chile.

    Las declaraciones del senador Walker resultan llamativas por varias razones. Primero, porque su propia trayectoria es la de un intelectual que se formó en el derecho y luego en la ciencia política en la Universidad de Princeton. Por lo tanto, el senador Walker entiende y conoce los aportes de las ciencias sociales al conocimiento y a la implementación de políticas. Segundo, porque no parece comprensible plantear una división tan categórica entre intelectuales y políticos. Ni los profesores viven encapsulados en un pizarrón, ni los políticos (esperemos) viven encapsulados en sus debates sobre la política y el poder.

    Tercero, porque las recomendaciones de la Comisión Engel no son fruto de un grupo de iluminados que desde el Olimpo propuso una serie de recomendaciones. Ellas son el resultado de largas horas de audiencias, recomendaciones de anteriores comisiones presidenciales, organismos de la sociedad civil, actores políticos, parlamentarios, agentes de diversos poderes del Estado y organizaciones internacionales. La gran mayoría de las propuestas expresa un saber acumulado nacional e internacional. Caricaturizar las propuestas como sacadas de un pizarrón es ofender no a un grupo de consejeros, sino que al conjunto de quienes voluntaria y propositivamente, quisieron aportar al fortalecimiento de los partidos.

    Aquí el debate es muchísimo más trivial y dice relación con exigir ciertos procedimientos mínimos a partidos que tienen tradiciones, caciques, lotes, cúpulas, príncipes y plebeyos. El debate sobre la reinscripción no es otra cosa que un debate sobre quién o quiénes en definitiva controlarán el poder.

    Pero ¿cuál es el alegato de fondo? ¿Por qué el enojo? Esta semana debiese resolverse en la Comisión de Probidad que preside el senador Walker un grupo de iniciativas asociadas a la reinscripción de militantes de partidos políticos. Tres cuestiones básicas y bastante mundanas son centrales: 1) asegurar la reinscripción del total de militantes en un plazo razonable y el Gobierno propuso para ello un plazo de 12 meses; 2) asegurar que el procedimiento mediante el cual la inscripción y/o reinscripción de militantes dé garantías de transparencia para todos los grupos al interior de las tiendas políticas y para la sociedad, y 3) asegurar que los aportes que el Estado les entregue a los partidos se haga a condición de un estándar mínimo de democracia interna y transparencia.

    La semana pasada, en la Comisión de Probidad se generaron resistencias, se dijo que 12 meses no era suficiente y se pensó en ampliar a 24 meses para partidos que enfrentaran elecciones internas; se dijo que permitir que los militantes conocieran el padrón interno afectaría el derecho de privacidad de las personas; y se señaló que los partidos requerían recursos para enfrentar las elecciones municipales, lo que implicaría entregarle recursos independientemente de las exigencias de democracia interna y transparencia.

    ¿Cuál es entonces el problema? El problema en realidad es algo muy simple: qué estándar se les exigirá a los partidos políticos para recibir recursos que son de todos los chilenos y chilenas. Hay quienes pensamos que, primero que nada, es fundamental que el Estado financie apropiadamente a los partidos políticos. Pero dicho financiamiento debe condicionarse a ciertos mínimos procedimentales: que exista democracia interna efectiva en estas tiendas políticas –con una ficha única de inscripción, con elecciones periódicas, con derecho de las minorías a expresarse, con padrones conocidos, depurados y sancionados por las instancias internas pertinentes– y que exista transparencia efectiva de la forma en que se financian dichos partidos. Recursos a cambio de un nuevo estándar de funcionamiento.

    Como puede observarse, lo mencionado no dice relación con debates intelectuales muy sofisticados. Aquí no discutimos sobre presidencialismo vs. parlamentarismo, representación vs. gobernabilidad, o cuestiones como esa. No. Aquí el debate es muchísimo más trivial y dice relación con exigir ciertos procedimientos mínimos a partidos que tienen tradiciones, caciques, lotes, cúpulas, príncipes y plebeyos. El debate sobre la reinscripción no es otra cosa que un debate sobre quién o quiénes en definitiva controlarán el poder.

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