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  1. En la vida hay que seguir adelante

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Ahora que no tiene nada que perder —ya tiene el récord de ser la Presidente más impopular en el Chile post Pinochet—, Bachelet debe sentir con fuerza la tentación a polarizar la agenda política y forzar un realineamiento del electorado entre los que quieren reformas y los que están determinados a bloquearlas.

    Ahora que su desaprobación ha vuelto a marcar un récord, la Presidenta Bachelet sentirá la tentación de polarizar la agenda política para recuperar la confianza de la base electoral de centro izquierda. Sabiendo que no tiene espacio para abandonar sus ambiciosas promesas de campaña sin pagar altos costos en su sector, y anticipando que la derecha irá por su capitulación total si ella comienza ahora a retroceder y mostrar señales de debilidad, Bachelet debiera apostar por afianzar su apoyo en el sector más fuertemente identificado con la izquierda.

    Los presidentes siempre deben decidir entre gobernar para todo el país o gobernar para el sector que constituye su base de apoyo. Si aspiran a ser presidentes de todos los chilenos, los mandatarios inevitablemente deben tomar medidas que decepcionarán a sus bases más leales. En el Chile de hoy, eso significaría renunciar a la retroexcavadora. Si en cambio apuestan por satisfacer a sus bases de apoyo, eso llevará a imponer reformas radicales (como una reforma electoral o tributaria, sin los votos de la oposición).

    En los próximos días, Bachelet deberá anunciar cuál es el procedimiento que ha escogido para impulsar el proceso constituyente cuyo inicio la Mandataria prometió para el mes de septiembre. En marzo, cuando arreciaba el caso Caval, la Presidenta nombró un Consejo Asesor para que hiciera propuestas contra la corrupción. Al presentar al país el informe de la comisión Engel, en cadena nacional a fines de abril, Bachelet incomprensiblemente contaminó el anuncio de la agenda de probidad con la promesa de que el proceso constituyente se iniciaría en septiembre. Esta fecha límite autoimpuesta obliga ahora a Bachelet a tener que decidir, una vez más, entre la agenda de reformas refundacionales (no hay nada más refundacional que una nueva constitución) y la estrategia de moderación y gradualidad que le ha querido imponer la clase política y que, desde el cambio de gabinete en mayo, personifica su ministro del interior Jorge Burgos.

    Como Bachelet ya lleva varias semanas sin poder explicar qué significa el “realismo sin renuncia”, crece la presión para que la Presidenta opte por alguna de las estrategias. Ahora que debe estar pensando en qué hacer, la Presidenta Bachelet puede sacar lecciones de lo que ha ocurrido en Argentina, donde la Presidenta Cristina Fernández también atravesó por un periodo de profunda impopularidad. En vez de retroceder y construir grandes acuerdos con una oposición que aparecía más interesada en derrotarla que en sentarse a negociar, Cristina Fernández optó por polarizar el debate, articulando un discurso que distinguía entre buenos y malos, entre aliados y enemigos. El polarizado ambiente no le hizo bien al país, pero sí ayudó al gobierno, que logró mejorar su aprobación. Hoy, a meses de dejar el poder, la Presidenta de Argentina goza de una respetable aprobación y el principal candidato de oposición se esmera en no criticarla abiertamente. Después de todo, el principal abanderado opositor, Mauricio Macri, ya tiene asegurada la votación de los detractores de Cristina. Para ganar, necesita el voto de gente que ve con buenos ojos el desempeño del gobierno.

    En Chile, Bachelet no ha necesitado polarizar el discurso. Después de todo, la oposición ha estado más interesada en negociar que en destruir a Bachelet. Ha habido espacio para negociar y construir acuerdos.  Pero a medida que se acerque el nuevo ciclo electoral —con las primarias en junio de 2016 para las municipales de octubre—, la derecha también comenzará a ver los beneficios electorales de la polarización. Como ya sufrió un revés en las municipales de 2012 —y como tiene pocos nombres atractivos de candidatos para recuperar comunas que hoy están en manos de la Nueva Mayoría—, la derecha buscará convertir la elección en un plebiscito sobre la gestión de Bachelet. Por eso, el espacio para la negociación y los acuerdos se reducirá a medida que se acerque el nuevo ciclo electoral. Por eso mismo, por todos lados aumentan los incentivos para que Bachelet polarice el discurso.

    Respondiendo a esos incentivos, en una declaración el miércoles 2 de septiembre, la Presidenta aseguró que “en la vida hay que seguir adelante… Y no importa ni las trampas que nos pongan en el camino…”  Aunque hubiera sido más honesto reconocer que el gobierno se ha tropezado por su propio apresuramiento y desprolijidad, la frase clave en la declaración de la Presidenta está en su determinación a seguir adelante.

    Ahora que no tiene nada que perder —ya tiene el récord de ser la Presidente más impopular en el Chile post Pinochet—, Bachelet debe sentir con fuerza la tentación a polarizar la agenda política y forzar un realineamiento del electorado entre los que quieren reformas y los que están determinados a bloquearlas. Aunque no sea lo mejor para Chile, un escenario de polarización será mejor para el gobierno que el mayoritario rechazo ciudadano que hoy experimenta.

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  2. ¡Renuncie Michelle!

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    Es cierto que son rumores. Sin embargo, se ha instalado en parte de la elite la idea de que- simplemente usted debe dar un paso al costado. Ya señaló firmemente que eso no estaba en sus planes, lo que por cierto va en la dirección correcta. No obstante, yo la invito a renunciar; pero a renunciar a lo que le han dicho o aconsejado. La invito a renunciar a su discurso refundacional que muchos incrustaron en su propio programa de gobierno. En lugar de bajarla al ciudadano común, la pusieron en una nube. Lo que hicieron con usted, simplemente no tiene nombre. Le quitaron el ángel que la caracterizó durante su primer período. Le cortaron las alas. Esas alas que tanto le costó construir y que ahora la tienen con un tercio de aprobación.

    Michelle, renuncie a eso. Rebélese en contra de quienes le señalaron que Chile iba rumbo al despeñadero y que había que partir prácticamente desde cero. Niéguese a esa profecía autocumplida de algunos intelectuales que al parecer quieren ver cómo Chile transita desde la consolidación democrática a la pauperización absoluta de la política. Es cierto que tiene una baja aprobación, pero fíjese en sus atributos de acuerdo a la última encuesta Adimark. Casi el 60% la respeta, 54% cree que tiene liderazgo, y 53% valora su capacidad para resolver los problemas. Hay una baja evidente en la confianza que usted genera, pero eso puede ser pasajero en la medida que tome las decisiones correctas. No es usual que una baja aprobación conviva con atributos bien evaluados. Piense en la posibilidad de que esta caída sea contingente y no necesariamente estructural. Para eso déjese llevar por su instinto. Haga una cadena nacional y explique todo sobre el caso Caval. Reconozca la tensión o el dilema que tuvo entre ser madre y Presidenta. Sus votantes –y especialmente las mujeres- la entenderán perfectamente. Pero hágalo pronto.

    No escuche a quienes piden un cambio de gabinete. Note usted que la evaluación de su equipo cayó sólo cuatro puntos en un momento crítico para todos. Hacer un cambio ahora implicaría prender la hoguera dentro de su coalición. Las elecciones de la DC fueron hace pocos días, y se vienen las del PS. No dé pasos en falso. Por último, recuerde que ha hecho cosas positivas por Chile. Su gobierno será recordado por el cambio al sistema electoral binominal luego de más de veinte intentos. Su reforma tributaria debiese traer efectos positivos en el largo plazo, mientras que la educacional tardará un poco más. También se viene la discusión sobre la nueva ley de financiamiento. El proyecto que envió al Congreso es perfectible, y me parece que es un gran avance. No sé qué tanto le pueda sumar los aportes del Consejo Asesor, pero en estos momentos todo sirve.

    Michelle, seguro le van exigir que prontamente haga las gestiones para promover el cambio de Constitución, y ojalá, mediante asamblea constituyente. No olvide que estos mismos consejeros le dijeron que Chile estaba al borde del colapso, y desde ahí vino la tesis refundacional que ahora le está pasando la cuenta. Piense usted en lo siguiente. Es fácil poner la carreta delante de los bueyes. Suena hasta sexy hablar de nueva Constitución. El problema, Michelle, es que nadie ha hablado de planes concretos a seguir. No he escuchado una propuesta de un plan nacional de educación cívica. Las últimas elecciones mostraron una participación muy desigual, especialmente en la Región Metropolitana,dando cuenta que los ricos votaban sustantivamente más que los pobres. Y ya sabemos que a participación desigual, representación desigual. ¿Resolverá eso una Nueva Constitución? Acá hay una necesidad urgente. Habrá generaciones completas que no conocerán lo que es una papeleta de votación. El problema es que en lugar de promover estas políticas públicas específicas, de nuevo la están tratando de subir a un Olimpo que, créame usted, no existe.

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