Tag Archive: Cristóbal Rovira

  1. Cristóbal Rovira participará en Seminario CEP sobre populismo en el Siglo XXI

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    El Centro de Estudios Públicos (CEP) organiza el Seminario “Populismo en el Siglo XXI. Lecciones para Chile”, donde presentará el académico de la Escuela de Ciencia Política UDP, Cristóbal Rovira.

    ¿Qué es populismo? ¿Cuáles son sus características en el Siglo XXI? ¿Por qué es una amenaza para las democracias liberales? ¿Está Chile bajo amenaza? Estas son algunas de las preguntas que abordaremos en este seminario bajo la mirada de tres expertos.

    EXPONEN

    Cristóbal Rovira, profesor titular de la Universidad Diego Portales e investigador asociado de COES.
    Claudia Heiss, académica del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile, jefa de la carrera de Ciencia Política e investigadora adjunta COES.
    Miguel Saralegui, Ikerbasque Fellow en la Universidad del País Vasco.

    MODERA

    Sylvia Eyzaguirre, investigadora del Centro de Estudios Públicos.

    La actividad realizará el día jueves 8 de agosto de 2019, a las 18:30 horas, en el auditorio del CEP, ubicado en Monseñor Sótero Sanz 162, Providencia. Entrada liberada.

  2. Lanzamiento del libro “Populismo. Una breve introducción”

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    La Escuela de Ciencia Política UDP, junto con el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social y el proyecto Fondecyt Nº 1180020, llevarán a cabo el lanzamiento del libro “Populismo, Una breve introducción”, de Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP, y Cass Mudde.

    La palabra “populismo” se ha puesto de moda. Académicos,comentaristas y periodistas la utilizan para analizar un sinfín de fuerzaspolíticas, por lo que a veces da la impresión de que el pop ulismo fuese hoy endía inherente a todo fenómeno político. Lo cierto es que esto no es verdad ypor lo mismo resulta importante ofrecer claridad conceptual sobre estefenómeno. Este es justamente el objetivo central del libro “Populismo: unabreve introdiucción”, escrito por Cas Mudde y Cristóbal Rovira Kaltwasser,quienes no sólo ofrecen una definición del populismo sino que también analizansus más significativas manifestaciones en Europa y en América Latina. La presente edición del libro ha sido adaptada expresamente para el ámbitohispanohablante y cuenta asimismo con un prefacio a propósito.

    Para el lanzamiento de este libro en Chile se contará con la presencia de tres connotadas figuras del debate público: Daniel Mansuy de la Universidad de los Andes, Carlos Peña de la Universidad Diego Portales y Mónica Rincón de CNNChile. Cada una de estas figuras reflexionará en torno a las enseñanzas que nos deja este del libro y también plantearán las preguntas que quedan por responder sobre este fenómeno.

    La actividad se llevará a cabo el jueves 4 de abril a las 13:00 horas, en la sala B-51 de la Biblioteca Nicanor Parra, ubicada en Vergara 324, Santiago.

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  3. Presentación del libro “Oxford Handbook of Populism”

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    Cristóbal Rovira, director del Doctorado en Ciencia Política UDP, participará en la presentación del libro “Oxford Handbook of Populism”, del cual es editor junto a Paul A. Taggart, Paulina Ochoa Espejo y Pierre Ostiguy. La invitación es realizada por la Escuela de Verano en Métodos Mixtos del Instituto de Ciencia Política de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

    Presentarán la obra:

    – Stephanie Alenda (Universidad Andrés Bello)
    – Julieta Suárez-Cao (P. Universidad Católica de Chile)
    – Hernan Cuevas (Universidad de Concepción)

    Los comentarios finales estarán a cargo de los editores Cristóbal Rovira y Pierre Ostiguy.

    La presentación del libro se realizará el jueves 11 de enero, a las 18.30 hrs., en el Auditorio de la Facultad de Historia, Geografía y Ciencia Política, ubicado en Av. Vicuña Mackenna 4860, Campus San Joaquín.

    Confirmar asistencia a: [email protected]
    Más información sobre el libro aquí

  4. El antagonismo en el populismo nacionalista

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    Es difícil recoger la variedad de aspectos del fenómeno populista, aunque Cas Muddle y Cristóbal Rovira lo intentan en su pequeño libro de la Oxford University Press. Como síntesis de síntesis destacan que divide la sociedad en dos campos antagónicos: la buena y pura gente, contra una élite -social, política, económica, nacional o foránea- corrupta y dominadora. Dentro del movimiento populista, obviamente, no hay ni mala gente, ni corrupción, ni una élite manipuladora.

    En la Unión Europea preocupan los nacionalismos que arraigan y gobiernan en Polonia, Hungría, Austria, y que en nombre de la identidad nacional cuestionan decisiones que se toman por los países e instituciones de la Unión. Estos países disfrutan las ventajas de pertenecer a la Unión Europea, pero sus dirigentes recurren persistentemente a agravios y a la resurgencia nacional, en un discurso donde se tacha de enemigo a todo el que lleve la contraria, sean los jueces o los medios de comunicación. Por primera vez en su historia la UE se plantea invocar el Artículo 7 del tratado, ante lo que se consideran serias rupturas de los valores comunes y la norma de la ley. La idea de que alguien viene de fuera y se lleva algo tuyo es fácil de inculcar tras la pérdida de peso de las clases medias, y un sentimiento general de inseguridad en el futuro. El aumento de las desigualdades en la renta y la riqueza se añade a lo anterior. Y, por último, en Europa la gente puede ser socialmente compasiva con los inmigrantes y refugiados, pero no cuando llegan sin un proyecto claro y concreto de integración laboral.

    Ninguna de estas características define el nuevo nacionalismo populista catalán, excepto el nativismo y la queja perpetua -económica, social, cultural- como estrategia política para ganar votos, junto con la propagación de ideas nacional socialistas populistas. Hay un ejemplo de esto último en cómo se machaca en torno a la ley autónoma de pobreza energética, suspendida por el Tribunal Constitucional, al considerar que ante el impago de los recibos no puede hacerse recaer la responsabilidad del corte solo en la compañía que suministra, sino que debe haber una acción pública para mediar en el pago. Esto viene de un fallo de coordinación en las administraciones catalanas, que no actuaron a tiempo ante el aviso de corte a una anciana -que vivía en pobreza extrema, no solo energética-, y murió al arder la casa por una vela. Posteriormente, junto a una fuerte multa a la compañía, se encargó un algoritmo que identifica los riesgos probables de impago en familias pobres, y permite actuar a las administraciones con tiempo.

    El populismo rechaza las instituciones, las constituciones, los acuerdos, las leyes -de la élite corrupta y dominadora- y habla de poner el poder en manos del pueblo -la buena, pura gente- con referéndums cuyas consecuencias no se explican, y que da el poder a una nueva élite en la que es fácil ver, como no puede ser de otra manera, rasgos autoritarios. Por eso, los que, pese a todo, creemos en el proyecto europeo, junto a seguir con la crítica por la complacencia de los gobiernos actuales, tenemos que construir una nueva alternativa a estos populismos nacionalistas.

    Leer en Diario de Sevilla

  5. ¿Votos de Beatriz Sánchez para Piñera? Las hipótesis del destino del 20% del Frente Amplio

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    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    ¿Qué pasó con el 20,25% obtenido por la candidata presidencial del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, en la primera vuelta? Es la pregunta que muchos se hacen después del balotaje que dio por triunfador al candidato de Chile Vamos, Sebastián Piñera, con un 54,5% de las preferencias.

    La periodista que conquistó 1.331.237 votos y no llegó a la segunda vuelta optó en un primer momento por no respaldar la opción de su ex compañero de trabajo, Alejandro Guillier, posición que cambió luego de que conociera los dichos del Presidente electo sobre supuestos “votos marcados”.

    Mientras que el apoyo en bloque del Frente Amplio (FA) también fue esquivo, y sólo comenzó a concretarse paulatinamente y a pocos días de la balotaje. Gabriel Boric, Giorgio Jackson y Alberto Mayol fueron quienes entregaron su respaldo.

    Frente a esta interrogante, Emol conversó con Gonzalo Müller, director del Programa de Opinión Pública de la UDD, quien aseguró que “la gran mayoría de los votos del Frente Amplio se cuadraron con Alejandro Guillier siguiendo a sus líderes, pero un sector importante votó por Sebastián Piñera y yo creo que eso le va a costar entender y reconocer a los líderes del FA”.

    “Eran votos de malestar frente al gobierno también. Fue un error del Frente Amplio y sus dirigentes leerlo sólo en códigos de izquierda o de derecha, y creer que era solo un voto de izquierda”, expresó y añadió que “miles de personas se cambiaron del FA de Beatriz Sánchez a votar por Sebastián Piñera”.

    Según Müller, en el conglomerado “no entendieron que había muchos decepcionados del gobierno que buscaban una alternativa distinta y la habían encontrado, en parte, en Beatriz Sánchez, pero que frente a la disyuntiva de continuidad con Alejandro Guillier o un cambio con Sebastián Piñera prefirieron un cambio”.

    Por otro lado, Cristóbal Rovira, director del doctorado en Ciencia Política de la universidad Diego Portales postula la capacidad de convocatoria de Piñera durante el balotaje.

    “Uno podría pensar hipotéticamente que parte de esa votación obedece más a que Piñera pudo movilizar a la clase media, clase media alta; y que Guillier falló al movilizar a la clase baja, media baja”, afirmó.

    Respecto a lo anterior, aseguró que donde la izquierda perdió mas votos fue en Maipú, Antofagasta, Valparaíso y Viña del Mar y donde Piñera más subió fue en Maipú, Puente Alto, La Florida, Las Condes y Temuco.

    No obstante, expresó que “lo único que sabemos es que hubo mayor participación y que era algo poco esperable, porque en general menos personas participan en la segunda vuelta. La gente que fue a votar no fue la vez pasada, y provienen de barrios altos o de estratos populares”.

    Por su parte, Kenneth Bunker, profesor de la facultad de Gobierno de la Universidad Central indicó que “las tres comunas donde más bajó la votación de la centroizquierda son Maipú, Puente Alto y Valparaíso”.

    También, señaló que “no logró conversar con los votantes del Frente Amplio. Para él era mucho más fácil agarrar los votos de Artés, Navarro, incluso Goic, que era el voto concertacionista, y de ME-O, que el del Frente Amplio que fue el único que puso problemas”.

    “La movilización de Piñera de estos votantes extra dejaba completamente off side a Guillier, incluso si hubiera sacado el 100% de los votos de Beatriz Sánchez”, agregó.

    Leer en Emol

  6. Dos hipótesis para explicar el holgado triunfo de Piñera

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    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    “Mientras en la primera vuelta presidencial Piñera conquistó un poco más de 2.400.000 votos, ahora logró movilizar a cerca de 3.800.000 votantes”.

    Esta vez las encuestas nos fallaron: Sebastián Piñera ganó la elección presidencial el último domingo. Sin embargo, el resultado trajo consigo una sorpresa, puesto que la victoria de Piñera fue mucho más abultada de lo esperado. Casi todos pensábamos que la diferencia no sería mayor que dos puntos porcentuales, pero el candidato de centro-derecha obtuvo un 54.6% y el de centro-izquierda un 45.4%. Mientras en la primera vuelta presidencial Piñera conquistó un poco más de 2.400.000 votos, ahora logró movilizar a cerca de 3.800.000 votantes. A su vez, la participación electoral subió tres puntos entre la segunda y la primera vuelta presidencial. Si bien un 51% de la población en edad de votar se quedó en sus casas, llama la atención que 300.000 votantes adicionales se hayan sumado a la segunda vuelta.

    ¿Cómo se puede explicar el aumento de la participación electoral y la capacidad de Piñera para conseguir esta vez mucho más votos que en sus anteriores campañas presidenciales? Al día de hoy no tenemos información suficiente para responder esta pregunta de forma certera, pero por lo pronto es posible formular dos hipótesis.

    La primera hipótesis es que la centro-derecha logró movilizar a sus propios electores mediante una estrategia del terror, vale decir, infundió suficiente miedo respecto a los potenciales riesgos de un futuro gobierno de Alejandro Guillier como para sacar de sus casas a todos quienes detestan a la centro-izquierda. De hecho, sectores de derecha acuñaron el concepto de “Chilezuela” para incitar miedo frente al triunfo de una izquierda que supuestamente llevaría el país hacia el modelo bolivariano promocionado por el Chavismo.

    La segunda hipótesis es que la centro-derecha fue capaz de conquistar los votos no sólo de importantes sectores de clase media sino que también de quienes se consideran independientes. Esto se explicaría porque en la segunda vuelta Piñera hizo una serie de concesiones programáticas hacia el centro político y aseguró que no busca hacer grandes reformas con un talente conservador ni en términos morales ni económicos. En efecto, se comprometió a buscar la opción de ampliar la política de gratuidad en el sistema de educación terciario que inició el actual gobierno de Bachelet.

    Aun cuando hoy en día no sabemos cuál de estas dos hipótesis tiene mayor validez empírica, sí podemos adelantar que cada una de ellas tiene implicancias muy diferentes para el futuro gobierno. En caso de que la primera hipótesis sea cierta, el aumento de votos de Piñera guarda escasa relación con su habilidad para expandir su base de apoyo más allá de quienes se identifican con la derecha. Esto significa que el nuevo gobierno contará con un apoyo ciudadano bastante limitado y más temprano que tarde tendrá niveles de aprobación exiguos. Al fin y al cabo, Piñera obtuvo cerca del 26% del universo de votantes.

    Por el contrario, la segunda hipótesis indica que la centro-derecha ha sido capaz de ampliar su tradicional base de apoyo y, por lo tanto, se trata de una oportunidad única para expandir su electorado. De ser esto cierto, mientras el nuevo gobierno mantenga una posición de centro y conecte con las demandas de votantes independientes, podrá armar un proyecto político con proyección de largo plazo. Dicho proyecto debería pasar por una renovación intelectual y programática así como también la formación de nuevos cuadros políticos.

    ¿Cuál hipótesis es más válida? Para responder esto habrá que analizar los datos con calma. Lo que sí podemos aventurar es que Piñeratiene poco espacio para gobernar hacia la derecha, puesto que esto inevitablemente lo llevaría a tener mínimos niveles de aprobación y terminar entregando la banda presidencial el año 2022 a quienes sus adherentes más acérrimos abominan: la izquierda.

    Leer en El Comercio

  7. El fracaso de la campaña “anti Piñera” y el efecto boomerang que pudo haber tenido sobre Guillier

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    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Aunque el diputado del Frente Amplio, Gabriel Boric, advirtió que esa estrategia podría ser fallida, la idea de votar contra el Presidente electo cobró fuerza.

    “Queda claro que no bastaba el ‘anti-Piñera’ para convocar a una mayoría. Guillier no se comprometió con transformaciones profundas y este es el resultado”. Es el diagnóstico político del diputado Gabriel Boric, tras la derrota de la carta oficialista ante Sebastián Piñera.

    De esta forma criticó la estrategia que algunos en la Nueva Mayoría impulsaron para sumar adherentes para el senador, que perdió por amplio margen con el Presidente electo, y que incluso pudo haber provocado un efecto boomerang.
    Esta forma de actuar ya había sido criticado por el mismo legislador hace una semana, cuando señaló que “es bien sorprendente el nivel de agresividad de los nuevomayoristas a quienes no nos hace sentido el ‘todos contra la derecha'”.

    ¿A qué se debe el fracaso del voto “anti Piñera”? En conversación con Emol, la cientista política Javiera Arce planteó su hipótesis.

    “Si votaba más gente, era altamente probable que ganara la Nueva Mayoría, pero se dio todo lo contrario, fueron a votar por Piñera”, expresó, y explicó que Guillier “no triunfó, porque no puedes sostener un proyecto político en contra de Piñera”.

    “Su proyecto era muy errático, muy poco convincente en términos programáticos; y el modelo de sociedad o no se entendió o la gente no quiere eso”, añadió.

    A su juicio, “yo atribuiría la mayor responsabilidad a la Nueva Mayoría, dentro de los equipos programáticos no había musculatura política, visión de país, ni capacidad de generar propuestas. Guillier no representaba las garantías para avanzar y eso parece que la gente lo vio, porque se movilizaron en contra suya”, afirmó.

    Por su parte, Kenneth Bunker, doctor en ciencia política y director de Tresquintos, mencionó que “Guillier estaba en una posición muy incómoda: tenía a la derecha en el centro y al Frente Amplio, a la izquierda. Lo que debió hacer fue crecer para tener oportunidades de ganarle a Piñera, pero no lo hizo”.

    “Primero fue a los votos del Frente Amplio, pues si no los tenía, perdía, pero también debía ir al centro para conseguir más votos, como lo hizo Piñera”, aseguró.

    A su vez, Cristóbal Rovira, director del doctorado en ciencia política de la Universidad Diego Portales, señaló que el triunfo del voto “anti Guillier” se pudo haber dado por dos razones.

    “Primero, la estrategia de movilizar en base a sentimientos negativos contra una candidato, funciona muy bien cuando tienes votantes ideológicos (…) En Chile más del 40% de las personas no se posicionan políticamente, entonces esa estrategia fue funcional para un segmento ideologizado, pero no para el grueso (de la población)”.

    En segundo lugar, aseguró que “Piñera moderó su discurso programático en la segunda vuelta al decir sí a la gratuidad. Entonces la mezcla de que no todos los votantes son ideológicos y la moderación de Piñera, pueden ser parte de la clave del éxito”.

    El Presidente electo Sebastián Piñera obtuvo el 54,57% de las preferencias, mientras que Guillier, el 45,43%, con una diferencia de de nueve puntos porcentuales. Dicho de otro modo, por más de medio millón de votos.

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  8. A Bitter Victory for the Chilean Right?

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    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Why Sebastián Piñera Would Struggle to Govern

    The wind seems to be blowing in favor of the Chilean right. The country’s left-wing parties are fragmented. Its current socialist government, headed by Michelle Bachelet, is deeply unpopular. And a few days before the runoff election on Sunday to choose the country’s next leader, the center-right candidate, Sebastián Piñera, who won the first round of voting, on November 19, is polling three to five points ahead of his opponent, the independent senator Alejandro Guillier.

    Piñera, who served as president from 2010 to 2014, seems set to return to office. But his victory would be a bitter one, produced less by his platform’s popular appeal than by the division of the left and low voter turnout. No political force has a majority in Chile’s Congress, and Piñera’s victory would encourage the reemergence of various protest movements. For all these reasons, a government headed by him would not have much leeway to pursue a traditional right-wing agenda.

    LEFT TURN

    Over the last few years, Chilean society has changed in ways that will make it hard for Piñera to introduce the liberalizing economic reforms and conservative social programs that the right favors.

    First, the electorate has shifted leftward. The economic modernization that the country has undergone over the last three decades has produced a more liberal citizenry. As younger generations become better educated in the years ahead, there is little chance that this process of cultural liberalization will come to an end. To the contrary: issues such as environmental protection and the rights of sexual minorities will gain salience in the next few years. It was no coincidence that, in August, Bachelet’s government was able to legalize abortion in certain cases—a measure that the right furiously resisted but that, according to polls, some 60 to 70 percent of Chileans supported. (Some of Piñera’s backers have said that they want to reverse that decision; doing so would provoke heated resistance.)

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  9. Analistas proyectan una estrecha segunda vuelta: “Será una definición a penales”

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    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Tres importantes expertos y académicos universitarios profundizan con La Nación las opciones que Alejandro Guillier y Sebastián Piñera tienen para ganar las elecciones del 17 de diciembre.

    Debido al desprestigio de las encuestas por los pronósticos errados sobre los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, es muy difícil que alguien se atreva a dar nuevas predicciones para el balotaje, aunque algunas consultoras insistan en dar números.

    Pero hay dos cosas que los analistas políticos tienen muy claro para esta segunda vuelta: votarán menos personas que las que lo hicieron el 19 de noviembre y ladiferencia entre Alejandro Guillier y Sebastián Piñera será muy estrecha.

    Octavio Avendaño, doctor en Ciencia Política y académico de la Universidad de Chile, declaró a La Nación que tiene la convicción de que la elección será “muy estrecha, podemos decir que esto va a ser como una definición a penales, va a ser voto a voto la pelea. Lo más probable es que la votación sea un 51% y un 49%, incluso la diferencia podría ser menor”.

    Para el analista, esta será “una de las elecciones más importantes que se hayan realizado en Chile desde 1990, por varias razones. Por primera vez se confrontan dos proyectos bastante distintos desde el punto de vista de cómo concebir el rol del Estado, el rol de las instituciones privadas y sobre todo respecto de la proyección de las reformas estructurales que se llevaron o se intentaron llevar a cabo durante este gobierno”.

    Otra arista alertada por Avendaño es que un eventual apoyo del Frente Amplio a Guillier no le va a afectar en nada a su capital político recién ganado en las parlamentarias, “porque si tomamos en cuenta la trayectoria de muchos de sus dirigentes y el actuar de muchos de ellos en el último tiempo, encontramos que tomaron decisiones trascendentales apoyando al oficialismo”.

    Según el analista, “el resultado es incierto. Creo que más que girar hacia el centro o hacia la izquierda, lo más importante para cualquiera de los dos candidatos es movilizar a una parte de ese electorado que no votó”.

    Explicó que “estadísticamente podríamos decir que Fuerza de la Mayoría tiene mucho más ventajas al respecto, porque en los últimos años perdió más de un millón de votos, que se desafectó no solo de la Nueva Mayoría, sino que también del sistema político en general. Por ahí podría estar la apuesta en el caso de Guillier”.

    “En el caso de Piñera, la clave es apelar a un discurso completamente antipartidista y antipolítico para poder atraer al electorado que no participó. Es muy difícil, pero va a depender de la intensidad y el nivel de competencia que se desarrolle en estos días. Si la competencia es intensa, lo más probable es que el porcentaje de votación al menos se mantenga”, cerró.

    “NO VEO POR DÓNDE PUEDA CRECER PIÑERA”

    “Me parece que el que la tiene más complicada es Sebastián Piñera”, afirmó el también doctor en Ciencia Política y director del Magíster en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Santiago, René Jara.

    El analista añadió que “no se ve por dónde puede crecer” la votación del candidato de Chile Vamos. “Le ha hecho todos los gestos, a mi punto de ver de manera apresurada, a Felipe Kast y Manuel José Ossandón, decayó el tema con Ciudadanos. Esto se traduce en una cierta falencia de crecimiento. Entonces, creo que en lo que se va a dedicar a hacer ahora es a consolidar sus electorados y a jugársela porque haya una gran participación de su sector”, señaló.

    Por el lado de Guillier, “hasta ahora lo que ha hecho en términos de conseguir apoyos ha sido bastante ordenado. Lo primero fue asegurar la relación con la DC, porque son los socios estratégicos y así reunifica a la centro-izquierda, que era el primer objetivo fundamental; lo segundo es hacer los gestos al Frente Amplio. Creo que en ese equilibrio, él se ha movido bastante bien hasta ahora, primero asegurando el campo y después tratando de conquistar a alguien que parece más lejano”.

    Al ser consultado cuánto del 20% conseguido por el Frente Amplio puede ser endosado a Guillier, Jara dijo que “no me atrevo a hacer una proyección. Lo que sí sé es que necesita dos tercios de los votos del Frente Amplio, sumado a una votación muy disciplinada de los votantes de MEO y de Carolina Goic”.

    Agregó que el candidato oficialista “más que los votantes de Goic, a lo que está apostando es al votante DC de las parlamentarias. Si se suman a los casi 23% que consiguió Guillier el 10% que la DC obtuvo en las parlamentarias, ya está en un cómodo 33%, lo que significa que la distancia es mucho más corta y hace menos necesario el apoyo total del Frente Amplio”.

    El académico de la USACH concordó con que “la elección va a estar muy estrecha, creo que habrá una diferencia entre 100 mil a 200 mil votos. Ahora, si es más estrecho, veo probable que haya muchos contenciosos y que se pidan muchos reconteos de mesa. Es posible que este escenario de gran estrechez, pueda dar paso a este tipo de hechos”, cerró.

    “50% DE VOTOS DEL FA ES FÁCIL DE ENDOSAR A GUILLIER”

    Cristóbal Rovira, doctor en Ciencia Política y director del doctorado de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales, también indicó que “hacer predicciones hoy en día es bastante difícil y creo que el resultado, independiente de quien salga, será milimétrico, nadie va a ganar por una mayoría absoluta. El tema va a estar con los no votantes, porque sabemos que en las segundas vueltas presidenciales tienden a votar menos gente”.

    Sobre si es posible que los que no votaron en primera vuelta, lo realicen en la segunda, el experto respondió que “es muy poco probable. Puede que ocurra, pero el segmento es muy chico. Los estudios muestran que el perfil del ‘no votante’ es bastante claro, en general son personas de estrato socioeconómico medio a medio-bajo y tienden a ser más jóvenes”.

    Respecto a qué debe hacer Piñera para ganar más sufragios, destacó el haber sumado a Manuel José Ossandón en su campaña. “Como notaron que en Puente Alto hubo una votación muy grande por Beatriz Sánchez, en el comando se preguntan qué va a pasar con esos votantes, cuán fieles son al Frente Amplio o si son movilizables algunos de ellos. Porque estamos hablando que 10 mil o 15 mil votos pueden hacer la diferencia, sobre todo con baja participación electoral”, aclaró.

    Creo que el 50% del total de votos que logró el Frente Amplio es fácil de endosar a Guillier, es gente que se identifica como de centro-izquierda, que tiene un malestar con el sistema, pero que, de alguna manera, el día de las elecciones va a decir ‘yo igual prefiero votar por Guillier’. El otro 50% es el que se empieza a poner difícil y ahí va a depender en gran medida de cómo el Frente Amplio se moviliza, eventualmente, de una manera directa o indirecta con Guillier y hasta qué punto el candidato adapta su agenda programática para tratar de capturar ese otro 50%”, afirmó el académico de la UDP.

    A su vez, “la estrategia de Piñera de incorporar a Ciudadanos, donde muchas de esas personas son ex DC, del ala más de centro-derecha de la DC, es claramente un guiño para ese lado. No se pudo conseguir a Andrés Velasco, pero sí se consiguió a algunos integrantes del partido. Obviamente, eso también le da cabida para tratar de movilizar a esos votantes”, dijo Rovira, pero agregando que el desafío para el abanderado de Chile Vamos es tratar de convencer “a votantes muy de derecha. Por ejemplo, si llegara a decir que hay que expandir la ley del aborto, por inventar algo, será algo que no le va a gustar a muchos de los votantes de José Antonio Kast”.

    Leer en La Nación

  10. La desigualdad y su creciente politización en Chile

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    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    A estas alturas es una obviedad decir que América Latina se caracteriza por sus altos niveles de desigualdad. Para quienes se dedican a investigar este tema, el caso de Chile es peculiar. Se trata de un país que desde la recuperación de la democracia en 1990 ha mostrado un notable avance en la reducción de la pobreza y un aumento sostenido en los años de escolaridad de la población. Sin embargo, la desigualdad sigue siendo un rasgo indeleble de la sociedad chilena. Nadie duda que el “modelo chileno” ha sido exitoso al momento de generar crecimiento y garantizar estabilidad macroeconómica, pero todo indica que “el modelo chileno” ha sido bastante mediocre en lo que respecta a la reducción de las brechas de desigualdad.

    Quien tenga dudas al respecto debería revisar el reciente informe del Programa de las Unidas para el Desarrollo (PNUD), el cual no sólo ofrece un detallado diagnóstico sobre la desigualdad en Chile sino que también brinda importantes luces para comprender las causas y consecuencias de este fenómeno. Dentro de los hallazgos de este informe, es importante destacar que la desigualdad es un fenómeno estructural que cruza la historia del país, pero que se ha ido instalando como un problema en la agenda pública sólo recientemente. Mientras en el año 2000 la mitad de la población opinaba que es injusto que aquellos que pueden pagar más tengan acceso a una mejor salud y educación, hoy en día dos tercios de la sociedad chilena opinan que esto es injusto.

    ¿Cómo se explica que pese a que la desigualdad sea estructural y de larga data, la preocupación por este fenómeno sea más bien reciente? La respuesta es simple: debido a su politización. Dado que la población chilena cada vez tiene mayor posibilidad de obtener educación, salud y vivienda, resulta lógico que de a poco disminuya la demanda por acceso y aumente la demanda por calidad. Las movilizaciones sociales que el país ha venido experimentado en el último tiempo ponen justamente el tema de la desigualdad en el tapete. Quienes protestan a favor de educación gratuita y universal promueven un nuevo sistema que entregue educación de calidad a todos y no tan sólo a un reducido grupo. Por su parte, quienes se movilizan en contra del sistema de pensiones privado implementado durante la dictadura tratan de impulsar una reforma para asegurar jubilaciones dignas para el conjunto de la población y no sólo para aquellos con salarios altos y estables.

    En consecuencia, no han sido los partidos políticos los que han puesto el tema de la desigualdad en la agenda pública. Su politización obedece más bien al surgimiento de nuevos actores colectivos y de movimientos sociales que han sabido canalizar un malestar transversal en contra de la ceguera de gran parte de las elites establecidas en el poder. Tal y como indica el informe del PNUD, los grupos de mayores ingresos tienen una enorme capacidad para influenciar la democracia chilena. A estos grupos les resultó medianamente fácil ponerse de acuerdo en focalizar el gasto público para reducir la pobreza, ya que este tipo de políticas públicas no ha perjudicado seriamente sus propios intereses. Sin embargo, para atacar la desigualdad no basta con focalizar el gasto público, sino que es preciso implementar políticas públicas redistributivas que necesariamente afectan los niveles de concentración de poder existentes.

    De hecho, el impacto redistributivo de transferencias e impuestos en Chile es bastante bajo, no sólo en comparación a los países escandinavos que se caracterizan por la existencia de un generoso Estado de Bienestar, sino que también en comparación a países vecinos como Argentina y Brasil. Mientras se siga manteniendo un acceso segmentado por clases sociales para educación, salud, pensiones y otros servicios, hay escasas posibilidades de que se reduzcan los niveles de desigualdad imperantes. Sin duda alguna que este tema va a permear las elecciones presidenciales y parlamentarias que el país enfrentará a fines de este año. La buena noticia es que las ofertas políticas existentes han ido tomando conciencia de esta problemática y, por lo tanto, van a ofrecer propuestas respecto a cómo atacar la desigualdad.

    La mala noticia es que debido al tamaño de la brecha social y el enorme poder de los grupos de mayores ingresos, tomarse en serio el problema de la desigualdad necesariamente pasa por redistribuir poder. A modo de ejemplo, cabe notar que el 0,1% y el 1% más rico del país se llevan el 20% y el 33% del ingreso nacional, respectivamente. Gracias a la labor de la fiscalía y los medios de comunicación, últimamente se han destapado varios escándalos que demuestran cómo esta desigualdad económica se traduce en desigualdad política: muchos espacios de toma de decisiones son infinitamente más sensibles al parecer del poder económico que al parecer del demos.

    Visto así, el problema de la democracia chilena no es muy distinto del problema de muchas de las democracias actuales: mientras mayores son las certezas que se le tratan de otorgar al capital, menores son los niveles de certidumbre que experimentan los ciudadanos en el día a día y, por lo tanto, más grande se torna la brecha entre ricos y pobres. Tal es el nivel de incertidumbre y desigualdad socioeconómica en el Chile actual que menos de un tercio de la ciudadanía confía que tendrá atención médica adecuada en caso de una enfermedad catastrófica. En otras palabras, la gran mayoría de los ciudadanos tiene miedo a morir en caso de una enfermedad grave. No enfrentar el problema de la desigualdad muchas veces desencadena la irrupción de fuerzas populistas, tanto de izquierda como de derecha, las cuales seriamente desafían el orden democrático y a las elites establecidas en el poder. Chile está aún a tiempo de evitar este desafío, pero para ello es preciso redistribuir poder antes de que sea demasiado tarde.

    Ver en El Mostrador

  11. El populismo: un viejo conocido

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    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Nuevas publicaciones se plantean el abordaje de un término muy usado y particularmente huidizo. Dos coautores chilenos de estos libros ofrecen su mirada al respecto. 

    En octubre de 2006, el politólogo estadounidense Kurt Weyland escribió un texto para La Tercera donde constataba que “el populismo se ha vuelto una mala palabra en América Latina”. Y al igual que muchas malas palabras, proseguía el académico estadounidense, se usa demasiado a menudo: “A cualquiera que promueva políticas económicas ‘irresponsables’ o use una retórica agresiva, se le aplica el término.

    Esta exageración obstaculiza cualquier debate productivo, por lo cual es imperioso clarificar el significado de este discutido concepto”. Diez años más tarde, la necesidad de usar el término y de entenderlo para poder usarlo apropiadamente- se ha hecho más acuciarte, por buenas razones y también por las otras. Puede que siga siendo una “mala palabra” en el espacio mediático yen las refriegas eleccionarias, pero a quienes se les cuelga ese cartel suelen ver en tal gesto las pruebas de la desesperación de las élites -del establishment- ante el avance de la ciudadanía de a pie.

    De un pueblo que no se agota en las “clases populares” (basta recordar la reciente campaña de Marine Le Pen). E incluso hay quienes desde la academia reivindican este término “denigrado”: así lo adjetivaba el desaparecido teórico argentino -y kirchnerista- Ernesto Laclau, para quien “el rasgo distintivo del populismo sería sólo el énfasis especial en una lógica política que, como tal, es un ingrediente necesario” de la política a secas. Tras el triunfo de Trump y del Brexit, tras la campaña electoral francesa y en medio de los avatares del chavismo, ¿es posible hablar de un “momento populista”? Asumiendo lo jabonoso del término, Cristóbal Rovira declara que no es descaminado responder afirmativamente. Eso sí, añade el profesor de la Escuela de Ciencia Política de la UDP, teniendo en cuenta que el fenómeno no ha irrumpido con la misma fuerza en todas partes y que “muchas veces se etiquetan erróneamente partidos y líderes como populistas”.

    Las actuales mutaciones del populismo, detalla, “logran canalizar el descontento de determinados segmentos de la ciudadanía mediante la politización de temas que han sido dejados de lado por las élites establecidas (la inmigración en Europa, la desigualdad en América Latina)”, al tiempo que se distinguen por “tener suficiente fuerza no sólo para ganar elecciones (Bolivia, EEUU, Hungría, etc.), sino también para modificar la agenda política (España, Francia, Suecia, etc.)”. Rovira es coautor, junto al holandés Cas Mudde, de Populism.

    A very short introduction, libro publicado este año dentro de una serie divulgativa de Oxford University Press. No es el único lanzamiento relativo al tema: si en 2016 Jan-Werner Müller lanzaba What is populism? -en el que calificaba el fenómeno como “la sombra permanente de la política representativa”-, hace sólo unos meses el francés Eric Fassin hizo lo propio con Populisme: Le grand ressentiment, mientras otro chileno, el historiador Pablo Rubio, lanzaba con su colega español Pedro Martínez América Latina actual. Del populismo al giro de izquierdas. Tamaña convergencia no ha de ser casualidad.

    Palabra de moda

    “Populismo es una de las palabras políticas de moda en el siglo XXI”, apuntan Rovira y Mudde. “El término es usado para describir presidentes de izquierda en Latinoamérica, aspirantes de de- recha en Europa, y candidatos presidenciales de izquierda y derecha en EEUU”. Sin embargo, al tiempo que atrae por igual a periodistas y lectores, “su uso extendido crea confusión y frustración” (esto, sin mencionar que ni ayer ni hoy ha habido muchos que hagan suyos el concepto: no lo hizo ni el mismísimo Juan Domingo Perón). No queda, entonces, sino hacerse cargo.

    En primer lugar, de las aproximaciones ya existentes: la del mencionado Laclau, por ejemplo, que considera el populismo “una fuerza positiva para la movilización de la gente (común) y para el desarrollo de un modelo comunitario de democracia”; la llamada aproximación socioeconómica (que lo ve como un tipo de política económica irresponsable); la que lo ve “como una estrategia política usada por un tipo específico de lí- der que busca gobernar basándose directamente en el apoyo de sus seguidores”, y esa que lo considera un estilo político “folclórico” que ciertos líderes usan para movilizar a las masas.

    Los autores, por su lado, lo definen provistos del llamado enfoque “ideacional” : como una ideología laxa (“thin-centered”) que considera en último término la sociedad separada en dos campos homogéneos y antagónicos -“el pueblo puro” versus “la elite corrupta”- y para la cual la política debería ser una expresión de la voluntad general. ¿Es soluble el populismo en la democracia (liberal)? La respuesta no es absoluta. Hay, así, aspectos positivos (le da voz a grupos que no se sienten representados, puede integrar a sectores excluidos, puede mejorar la capacidad de respuesta del sistema político) y otros negativos (puede usar la regla de la mayoría para ignorar los derechos de las minorías, así como la praxis de la soberanía popular para erosionar las instituciones).

    De larga duración

    Tres son las áreas del planeta donde se concentra de preferencia un fenómeno con al menos 150 años, constata el libro: Europa, EEUU y América Latina. Este último es el que aborda la mencionada obra de Martínez y Rubio, para la cual “el giro a la izquierda y el retorno de determinados liderazgos populistas han experimentado un fuerte retroceso, lo cual obliga a plantear un punto de reflexión sobre las fortalezas y los límites de esos gobiernos, así como respecto de sus capacidades para entender y asumir los actuales retos y las demandas sociales surgidas”.

    Los también coautores de América Latina y tiempo presente llevan adelante un examen de discontinuidades y rupturas que se obliga a redefinir y caracterizar. El populismo se ha manifestado en diferentes contextos históricos en la América Latina de los siglos XX y XXI, plantea Rubio a La Tercera. “Si entre los años 30 y 50 se caracterizó por un paradigma económico de industrialización vía acción estatal, de migración campo ciudad y de incorporación de amplias masas sociales a la vida política y económica, en el siglo XXI el contexto es muy diferente”.

    Añade el historiador que en la región “el populismo – hay casos particulares que escapan a la regla, como Chile- ha movilizado políticamente mucho más que otros discursos, como el marxismo o las vertientes más conservadoras”, lo cual se explica parcialmente por una cultura política caracterizada por el autoritarismo, el militarismo, la violencia política y la escasa presencia de mecanismos institucionales formales a todo nivel, incluida la democracia liberal. Por ello ocurre que “el populismo parece ser un tipo de liderazgo que no surge en momentos excepcionales, sino que es parte inherente de la historia política latinoamericana en su larga duración”.

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  12. Foro Público “Sociedades y partidos progresistas ¿valores y principios en crisis?”

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    Facultad de historia y ciencia socialesEl Instituto de Ciencias Sociales de la UDP y la Fundación Friedrich Ebert en Chile organizan el foro público “Sociedades y partidos progresistas, ¿valores y principios en crisis?”. El evento será moderado por Alfredo Joignant y se presentarán panelistas de Alemania, Brasil, Chile y Uruguay. 

    Europa vive actualmente un escenario volátil en términos electorales y de predictibilidad electoral. América Latina, igualmente, ha experimentado lo que se ha denominado el “ocaso de la primavera progresista”. En Chile, finalmente, nos encontramos viviendo una crisis de representatividad que se ha manifestado en altísimos niveles de abstención electoral. Estos elementos ponen de relieve la necesidad de analizar el rol de los valores y los principios para los partidos políticos, cuestionar la importancia de los valores políticos para la ciudadanía y analizar la transformación que ha sufrido la relación entre sociedad y política en las últimas décadas.

    El contexto de estos fenómenos políticos es una globalización que ha transformando el carácter del capital y del trabajo; la sensación de inseguridad e impotencia ha conllevado en la ciudadanía una reacción de protesta contra la clase política en su totalidad, que fortalece posiciones nacionalistas y populistas. Así, pareciera abrirse un panorama de cambio de época que requiere –no sólo, pero sobre todo– nuevas lecturas y nuevas propuestas. Será necesario no sólo ajustar las respuestas, sino que esencialmente, replantearse las preguntas; lo que puede ayudar a orientar y guiar este proceso son los valores.

    El evento integrará una mirada sobre Europa, Latinoamérica y Chile, y contará con los siguientes panelistas:

    • Gesine Schwan, Presidenta de la Comisión de Valores básicos del Partido Socialdemócrada alemán, Alemania
    • Luiz Dulci, ex Jefe de Gabinete, Directorio del PT Brasil (tbc)
    • Alejandro Sánchez, Diputado del Frente Amplio, Uruguay
    • Cristóbal Rovira, Universidad Diego Portales, Chile

    Modera: Alfredo Joignant, profesor titular Universidad Diego Portales e Investigador Principal COES.

    Contará con traducción simultanea al alemán, portugués y español.

    El foro se realizará el próximo martes 16 de mayo a las 18:30 hrs en la sala B-31 de la Biblioteca Nicanor Parra, Vergara 324, Santiago.

  13. Líderes astutos: el viejo truco del populismo

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    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    El populismo tiene viejos trucos. Este es el  que mejor funciona, en realidad es su esencia (según el libro que Rovira, junto a su colega holandés Cas Mudde, escribió para la editorial de Oxford): dividir el mundo entre el pueblo engañado y la élite corrupta.

    Basta que un líder carismático establezca convincentemente esa polarización y, ¡zas!, tendrá un capital político explosivo. Se reclamará la voz del ‘sentido común’, de la ‘voluntad general’, de la ‘mayoría silenciosa’, de los excluidos, de la nación originaria, de cualquier otra categoría de pureza popular; y se opondrá a los avances institucionales que protegen a minorías, que toleran a migrantes, que  crean instituciones autónomas y respetan a la tecnocracia internacional de la ONU o la Unión Europea. O sea, el populismo “is at odds [se lleva de perros] with liberal democracy”, concluyen Rovira y Mudde.

    ¡Cuán cierto es esto en un Donald Trump o en una Marine Le Pen! Pero también, me ataja inmediatamente, Cristóbal (que lo tengo en persona, pues vino invitado al congreso del Latin American Studies Association en la PUCP), de líderes  o partidos de izquierda: el Podemos  del español Pablo Iglesias,  el Syriza del griego Tsipras y de varios latinos que veremos más adelante.

    A Cristóbal le apasiona su tema. Por eso me advierte que ha entrado a él despojándose de los prejuicios académicos que suelen despertar los campechanos populistas: “Si pensara ‘estos son unos idiotas’, no voy a comprender nada. Y a mí me gusta estudiarlos, aunque a ellos no les gusta que los estudien”.

    El encandilamiento de Cristóbal me lo demuestra cuando le pregunto: ¿cómo así un magnate multimillonario como Berlusconi o Trump puede ser un populista que enganche con la mayoría? “Esas cosas son las que me hacen enamorarme del tema. Es la genialidad de esos liderazgos que espantan a la élite porque son campechanos, porque enganchan con lo popular y hacen gala de ello. Donald Trump dice, ‘todos pueden ser como yo’ ”. ¿Si fuera parte de la élite tradicional no funcionaría? “O hubiera tenido que dar  una gran vuelta para llegar. Al revés, mira a Hugo Chávez. Viene de abajo pero está años en el poder, genera la ‘boliburguesía’ , que es lo más corrupto que existe, pero sigue diciendo que la élite corrupta es otra”. ¡Un genio!, me provoca decir con ironía. En lugar de eso, pregunto, ¿o sea, el populista tiene la capacidad de generar relatos convincentes? “Sí, mira cómo Trump le pega a los medios y los acusa de ser parte de la élite corrupta. Y el pueblo ama las teorías de la conspiración; por eso se les dice que los tecnócratas de los organismos internacionales conspiran contra la nación”.  Es el caso de Marine Le Pen en Francia, ¿no? “Sí, ataca a la UE [Unión Europea] y se remite a un momento original ficticio, ‘la grand nation’. Trump dice ‘make America great again’”.

    Pero mucho antes que ellos estuvo en Argentina Domingo Perón, y si bien  muchos fascismos, comunismos  y regímenes variopintos tenían elementos populistas, lo que Perón bautizó como ‘justicialismo’ en la mitad del siglo pasado tenía mucho carisma (complementado por su esposa Evita) y hablaba de un pueblo sin  categorías sociales: ‘descamisados’ y ‘cabecitas negras’ en lugar del ‘proletariado’ de las izquierdas de aquel entonces. En lugar de revolución, justicia. Y tal fue la primera ola del populismo en la región.

    Para populistas, nosotros

    La segunda ola americana Rovira y Mudde la fechan en 1990, con el triunfo del ‘outsider’ Alberto Fujimori en el Perú. Y lo toman de paradigma de lo bueno y lo terrible del populismo.  En primer lugar, se cumple el requisito de que los populismos surgen tras crisis económicas, amenazas, escándalos de corrupción  (¡ojo a lo que se nos viene!) o el simple deterioro de regímenes democráticos que excluyen o no responden a demandas fundamentales de la población.

    La primera y la última condición se dieron en el caso del ‘Chino’. El populismo, según la teoría de estos autores, suele cumplir en un primer momento un rol democratizador, pues incluye nuevos sectores y responde a demandas que el sistema tradicional de partidos no cubre. En el caso del fujimorismo, por ejemplo, apareció un nuevo actor (las iglesias evangélicas) y hubo cierta empatía con el sector informal y subempleado que no era o no se sentía representado.

    Sin embargo, estos populismos suelen usar el gran respaldo que acarrean para,  luego, estrechar el juego democrático. En el caso de Fujimori, empezó a fustigar la autonomía de otros poderes  y el 5 de abril de 1992 quebró el sistema democrático.

    Alberto Fujimori no estuvo solo en esta segunda ola. Rovira y Mudde, en el libro, lo asocian a Menem en Argentina y Collor de Mello en Brasil. Cuando pregunto a Cristóbal por Keiko, responde: “Su padre no construyó partido, a diferencia de los [populistas] europeos. Fundó y desechó varios. Ella trata de reconstruir esta identidad de manera difícil, tensionada por la herencia  paterna. Aun así, para el estándar peruano, [Fuerza Popular] es de los partidos que mejor funciona”.

    La tercera ola populista latina la inaugura Hugo Chávez. En su caso y en el de Evo Morales en Bolivia y Correa en Ecuador, sus populismos se han alojado en variantes del socialismo. Pero  la ideología  no es lo esencial para Rovira y Mudde, es prestada. Chávez, perpetuado en Maduro, ha proyectado un machismo de tinte más autoritario afín a su origen militar; mientras que Evo se ha consolidado como líder étnico, dándole a su populismo un halo reivindicador de razas excluidas.

    Todos ellos, incluyendo Alberto Fujimori luego del golpe, han buscado legitimarse con mecanismos de democracia directa, como plebiscitos y convocatoria a asambleas constituyentes; conscientes de que su caudal electoral puede ser  mantenido con esos  llamados a votar sí o no a la reelección, o a refundar la base legal del país, como si ello nos regresara una pureza original. He ahí el encanto y el cuento de una ideología moral que, subraya nuevamente Rovira, tiene la virtud de responder a demandas  populares que la democracia liberal descuida en su obsesión por la tecnocracia y la corrección política; pero luego tiende  a cerrar el puño ante todos.

    Ver en El Comercio

  14. Cristóbal Rovira analiza su nuevo libro “Populismo: Una breve introducción”

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    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    La Escuela de Ciencia Política, junto al Núcleo Milenio Desafíos a la Representación, Iniciativa Científica Milenio, y el proyecto Fondecyt Nº1140101, organizaron el lanzamiento del libro “Populismo: Una breve introducción”, de los autores Cas Mudde y Cristóbal Rovira.

    ¿De qué trata el libro?

    Este libro lo escribí en conjunto con Cas Mudde, es una serie de Oxford que ofrece breves introducciones a distintos temas. En el caso nuestro, el libro es sobre populismo, que es un concepto sumamente usado en la opinión pública y también en el debate académico, pero que simultáneamente genera mucha confusión. El principal objetivo del libro, como una buena breve introducción, es tratar de ofrecer un concepto de populismo que nos permita comprender qué es y al mismo tiempo, ofrecer un análisis del fenómeno populista en distintas partes del mundo.

    ¿Dónde nace el interés por este tema?

    Yo venía investigando análisis comparado de populismo, tanto de manera individual como en conjunto con Cas Mudde y otros colegas. Debido a esta acumulación de saber respecto a cómo funciona el populismo, cuál es el impacto que tiene sobre el régimen democrático en distintas partes del mundo, se nos ocurrió la idea de tratar de tener un texto que ofrezca una suerte de resumen de varios de los hallazgos que hemos ido encontrando y también que entregue una mirada panorámica respecto de qué es lo que sabemos del populismo en general, en estos distintos lugares del mundo. 

    ¿Cuáles son los objetivos del libro?

    ¿Cómo se estructura el libro?

    El libro tiene seis capítulos. Parte con, obviamente, un primer capítulo que es el más introductorio donde está toda la temática respecto a cómo definir el populismo. Después hay un segundo capítulo que ofrece una mirada panorámica del populismo alrededor del mundo en todo el siglo XX. Hay un tercer capítulo que habla sobre populismo y movilización, es decir, nosotros definimos el populismo como una ideología y lo que nos damos cuenta es que hay distintos actores políticos que pueden usar esta ideología política para movilizar a partes del electorado. Después hay un cuarto capítulo que habla sobre el líder populista. Aquí tratamos de clarificar varios de los mitos que existen.

    ¿Qué reflexiones se pueden obtener?

    Una de las reflexiones centrales que nosotros queremos plantear siempre, es que la relación del populismo con la democracia es más compleja de lo que pensamos, en el sentido que hay autores que plantean que el populismo siempre tiene un impacto negativo y hay autores que plantean que el populismo siempre termina siendo una fuerza democratizadora. Nosotros lo que decimos es que esta relación es más compleja, que siempre es una relación ambivalente, y que hay que analizar caso a caso, de manera más empírica para comprender si el impacto del populismo sobre el régimen democrático es positivo o negativo. Una de las conclusiones que planteamos, es que desarrollamos un marco teórico que nos permite comprender de mejor manera dónde radica esa ambivalencia y bajo qué contextos puede terminar siendo una fuerza democratizadora o no.

    ¿Qué aportes entrega el libro?

    Yo creo que hay dos grandes aportes, que es lo que esperamos lograr con el libro. En primer lugar, que este es un libro académico pero simultáneamente se sale de la academia, por el formato de breve introducción. Por lo tanto, el primer aporte que quisiéramos hacer, es que gente que no necesariamente es experta en el tema o son cientistas políticos, puedan leer este libro y les ofrezca una interpretación respecto al fenómeno y cómo se puede estudiar. Estamos pensando en periodistas, colegas que vengan de otras disciplinas, inclusive un ciudadano ilustrado que siempre se ha preguntado qué es el populismo. Creemos que aquí hay una fórmula medianamente simple de comprenderlo, pero que simultáneamente ofrece una mirada académica. En segundo lugar, también creemos que es un aporte más de nicho por así decirlo, para la gente que estudia el populismo, y eso radica fundamentalmente en comprender la relación entre populismo y democracia, porque ofrecemos un marco analítico que a nuestro juicio es bastante novedoso, en el sentido de que nosotros no solo entendemos la democracia como un régimen, si no que la democracia como un proceso.

  15. Tenso escenario político en Venezuela

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    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Cristóbal Rovira, director del Doctorado en Ciencia Política de la Universidad Diego Portales, participó ayer en el programa Cable a Tierra de CNN Chile sobre la tensa situación política en Venezuela, luego de que el Tribunal Supremo de Justicia suspendiera a la Asamblea Nacional.

    “Después de lo que ha acontecido en los últimos días, cuando se cierra la Asamblea nacional, es absolutamente evidente que bajo ningún criterio Venezuela puede considerarse un régimen democrático”, comentó el académico.

    Ver video en CNN Chile

     

     

  16. Panel sobre la crisis política y social en Venezuela

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    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    El panel compuesto por Juan Cristóbal Nagel, analista internacional y profesor de ingeniería comercial U. de Los Andes Gilberto Aranda, académico Instituto de Estudios Internacionales U. de Chile y Cristóbal Rovira, director del doctorado en Ciencia Política de la U. Diego Portales, conversaron acerca de la crisis política y social en Venezuela.

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  17. Publican a cientista político chileno en Oxford

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    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    El lanzamiento será el miércoles 5 de abril, en la Universidad Diego Portales, y los comentaristas serán: Alfredo Joignant (Universidad Diego Portales), Daniel Mansuy (Universidad de Los Andes) y Mónica Rincón (CNN Chile).

    The Oxford University Press acaba de publicar el libro del chileno Cristóbal Rovira (profesor de Ciencia Política UDP) y Cas
    Mudde (University of Georgia). Se llama Populism: A very short introduction (Populismo: una corta introducción) y busca responder interrogantes como qué es el populismo, cuál es la relación entre populismo y democracia, cuáles son sus causas y cómo y dónde se manifiesta.

    “Se trata de una especie de introducción al concepto de populismo hecha para una audiencia amplia”, dice Cristóbal Rovira, coautor.

    Leer en Revista Qué Pasa

  18. Unión Europea, refundación o desintegración

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    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Estamos en un año de importantes efemérides: el centenario de la revolución bolchevique en Rusia, el 150 aniversario de la publicación del primer volumen de El Capital, de Karl Marx, el 50 de la muerte de Che Guevara o el 500 de Las 95 tesis de Lutero que originaron la reforma protestante. El tratado de Maastricht, por el que se creó la moneda única europea, celebraba el pasado 7 de febrero sus bodas de plata y, en este mes de marzo, se cumplen sesenta años de la firma del tratado de Roma por Alemania Federal, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos. Sesenta años después de este acuerdo revolucionario para crear un mercado único, la Unión se halla sumida en una policrisis que, por vez primera, cuestiona su futuro. Los analistas reunidos en esta monografía de VANGUARDIA DOSSIER dibujan un panorama sombrío, pero abierto a la esperanza.

    La Unión Europea está afrontando una contrarrevolución pacífica y el Brexit es sólo un síntoma. Bajo el resultado del referéndum británico subyace un desafío mayor: la Unión Europea ya no dispone de un relato claro de su razón de ser. Podemos ver la desintegración de la UE y también de los estados miembros (Leonard). Por ello, las instituciones europeas han de defender a los estados nación, en lugar de acrecentar su propio poder. Les corresponde a ellos volver a poner en marcha el tren europeo (Giuliani). La vuelta al Estado nación no es ninguna tragedia, sino que puede ser una fuente de fortaleza para la UE (Grygiel). Considerado por algunos analistas como un caballo de Troya que está debilitando desde dentro el proyecto, otros politólogos no ven en el grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia) un bloque coherente capaz de modificar la agenda comunitaria (Buras). Como tampoco creen que los Estados Unidos de Trump puedan hacer caso omiso de Europa. Bien al contrario, deberían comprometerse más en su seguridad (Keohane). El Brexit, paradójicamente, está contribuyendo a reforzar la cooperación comunitaria en materia de defensa y seguridad (Faleg).

    El Brexit, paradójicamente, está contribuyendo a reforzar la cooperación comunitaria en materia de defensa y seguridad

    Hay que proteger la idea de la UE, evitar que las decisiones sean tomadas por élites distantes (Terry) en un contexto de mareas populistas que traen consigo simultáneamente tendencias destructivas y refundacionales para la democracia europea (Rovira). Si la refundación resulta improbable sin un núcleo francoalemán que actúe como locomotora (Krotz-Schild) para sobrevivir a largo plazo y resistir nuevas sacudidas, es probable que la eurozona, cuya moneda tiene poco que ver con los problemas de Europa (Bastasin), necesite una hacienda europea, ciertos grados de mutualización de la deuda y buscar para ello el apoyo ciudadano con iniciativas como un seguro de desempleo o garantías a los depósitos bancarios (Grabbe-Lehne).

    Es incuestionable que Europa necesita una reforma que la salve (Zielonka). Pero todo ello deberá esperar a que se celebren este año las presidenciales francesas y las generales en Holanda y Alemania (Balázs). Italia puede añadir más incertidumbre con una convocatoria de elecciones anticipadas.

    Europa, decía el ex presidente de la Comisión Jacques Delors, es como una bicicleta. Tiene que avanzar. Si se para, se cae. Veremos si los estados miembros siguen pedaleando y hacia dónde.

    La vuelta al Estado nación no es ninguna tragedia, sino que puede ser una fuente de fortaleza para la UE

    SUMARIO

    · El futuro de Europa por Mark Leonard

    Sesenta años después del tratado de Roma la Unión Europea se enfrenta a una contrarrevolución política de impredecibles consecuencias. Aunque es improbable que otro país miembro siga el ejemplo del Brexit, el principal deber de Bruselas sigue siendo defender los estados nación en lugar de acrecentar su propio poder.

    · LAS NUEVAS DISIDENCIAS

    · ¿Dónde está Europa cuando la necesitamos? por Jan Zielonka

    Desde hace algunos años la Unión Europea, que ha sido un formidable generador de paz y prosperidad, se encuentra en un escenario, el más peligroso y más probable, de desintegración. Si no se procede a una reforma seria, los estados miembros intentarán, cada vez más, solucionar sus problemas al margen del marco europeo.

    · ¿De qué está enferma Europa? por Jean-Dominique Giuliani

    La indiferencia es la primera de las enfermedades que aquejan a la Unión Europea. Los avances para hacer frente a los tres desafíos principales –economía, seguridad e inmigración– sólo es posible con la iniciativa, respaldo y voluntad política de los socios comunitarios.

    · Trilemas europeos: de Schengen al crecimiento económico por Péter Balázs

    ¿Cómo puede la UE mantener el régimen de Schengen, dominar una inmigración creciente y mantener el ritmo de una economía en crecimiento? Este es el trilema. Schengen es la pieza clave: de su buen funcionamiento dependerán la estabilidad económica y el empleo.

    · LOS TRES ESPACIOS

    · La democracia: una cuestión no resuelta por Chris Terry

    La UE es un proyecto dirigido por élites, está orientado hacia una integración tecnocrática y ha padecido una deficiencia democrática y emocional. La democracia es, pues, una cuestión no resuelta y la integración se encuentra actualmente ante graves dificultades.

    · Cómo construir una Unión Europea después del Brexit por Heather Grabbe y Stefan Lehne

    La profunda brecha entre el norte y el sur sobre disciplina fiscal en la eurozona y las diferencias este-oeste sobre la migración ponen de relieve, entre otros problemas, que la UE está más dividida que nunca.

    · ¿Impulsará el Brexit la política europea de seguridad y defensa? por Giovanni Faleg

    El Brexit está contribuyendo a remodelar la cooperación comunitaria en defensa.y seguridad, el papel de la OTAN y la propia seguridad nacional británica. En resumen, cabe concluir que la salida del Reino Unido es uno de los factores que impulsa una remodelación de la arquitectura conjunta de la seguridad y defensa europeas.

    · ¿Hay que dejar morir el euro para salvar el proyecto de la UE? por Carlo Bastasin

    En una coyuntura de crisis, es aleccionador y necesario reflexionar sobre los principales motivos de la creación de la unión monetaria simbolizada en el euro: la paz, el entendimiento mutuo y la mejora de la situación. Es preciso mantener estos tres ejes fundamentales.

    · LAS FRACTURAS EN LA UNIÓN

    · El regreso del Estado nación por Jakub Grygiel

    Descartada la esperanza de que la UE se convierta en un agente estratégico capaz de competir geopolíticamente, el problema está en saber cuál puede ser la alternativa. Aunque el regreso a los estados nación no está exento de riesgos, tampoco constituye una tragedia.

    · Populismo en Europa: ¿destrucción o refundación de la democracia? por Cristóbal Rovira Kaltwasser Cualquier forma de populismo –exclusionario o inclusionario– desencadena fuerzas que pueden llevar tanto a la destruccion de la democracia liberal como a una refundación del sistema democrático. ¿Cuál de estas dos tendencias acabará imponiéndose en Europa?

    · El eje francoalemán por Ulrich Krotz y Joachim Schild

    El nexo entre Francia y Alemania ha sido un elemento central de la integración europea y un factor esencial de la política comunitaria durante las últimas seis décadas. Una ruptura de este nodo agravaría y debilitaría seriamente el funcionamiento de la Unión, y colocaría a estos dos países y a la UE en una trayectoria completamente diferente.

    · El grupo de Visegrado: un bloque no tan perfecto por Piotr Buras

    La ampliación de la UE con viejos países de la órbita soviética, junto a la crisis de los refugiados, ha despertado recelos que se creían dormidos. La rebelión del grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia) aparece como un síntoma antieuropeo más.

    · HISTORIA DE LOS DESENCUENTROS

    · Las relaciones transatlánticas en la época de Trump por Daniel Keohane

    La presidencia de Donald Trump plantea grandes preguntas acerca del nuevo papel de Estados Unidos en todo el mundo. Aunque de momento resulta imposible predecir cómo evolucionará la alianza transatlántica en los próximos años, una combinación de más unidad europea y una dirección estadounidense más fuerte podría contribuir a que esa alianza no sólo sobreviva sino que prospere en el futuro.

    Leer en La Vanguardia

  19. Elecciones en Holanda

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    CR-BHEn esta nueva edición de Cable a Tierra, el panel conversó sobre las elecciones que se están realizando en Holanda y el impacto que tendrán en Europa a raíz de los conflictos que han tenido con Turquía durante la última semana.

    Para este análisis participaron el  Director del Doctorado en Ciencia Política de la UDP, Cristóbal Rovira y la Doctora en Estudios Europeos y Directora del Bachillerato en Ciencias Sociales y Humanidades UDP Beatriz Hernández.

    Ver en CNN Chile

  20. No right turn for Spanish politics

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    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Despite an economic meltdown rightwing populists failed to gain a foothold in the country. Why?

    Villacañas still bears the scars of Spain’s economic crisis. Driving into the small Castilian town, the first thing you see is a row of vast, silent factories. Some are plastered with faded “for sale” signs. Others face a slow, losing battle against the weeds encroaching from all sides.
    These factories were once the pride of Villacañas. Although home to just over 10,000 people, the town used to be known as the “door capital” of Spain. Before the collapse of the country’s decade-long housing boom in 2008, it boasted 10 large manufacturers that produced millions of doors a year. Local unemployment hovered below 2 per cent and workers had money to burn: luxury cars became a common sight, fancy overseas holidays a regular treat.

    When the property bubble burst, six of the main manufacturers were forced to close. Some 3,000 workers lost their jobs. Unemployment in the area increased more than tenfold, eventually peaking at 28 per cent in 2012. So jolting was the transformation that Villacañas became famous once again: as a symbol of Spain’s crisis and its economic woes.

    In political terms, however, the real story is what happened next — or what didn’t happen. For all the obvious parallels with the rust-belt states in the US or the hard-hit industrial heartlands of England and France, Villacañas experienced no populist backlash, no anti-immigrant wave and no revolt against globalisation. Despite brutal economic decline and mass unemployment, the political centre held in towns like Villacañas, and across the country.

    A decade after the start of the crisis, Spain has yet to see the arrival of a populist far-right party like the National Front in France, an anti-immigration platform like the Alternative for Germany, or an anti-EU movement like the UK Independence party.
    In political terms, however, the real story is what happened next — or what didn’t happen. For all the obvious parallels with the rust-belt states in the US or the hard-hit industrial heartlands of England and France, Villacañas experienced no populist backlash, no anti-immigrant wave and no revolt against globalisation. Despite brutal economic decline and mass unemployment, the political centre held in towns like Villacañas, and across the country.

    A decade after the start of the crisis, Spain has yet to see the arrival of a populist far-right party like the National Front in France, an anti-immigration platform like the Alternative for Germany, or an anti-EU movement like the UK Independence party.

    Outside Spain, only a handful of smaller European countries, such as Portugal and Ireland, have been able to resist the tide. But recent polls and election results all point to the same conclusion: Spaniards are overwhelmingly in favour of EU membership, and remain untroubled by immigration.

    “People here worry about jobs, not about migrants,” says José Manuel Carmona, a member of the Villacañas local council for the centre-right Popular party, the ruling party in a minority government. “If they blame anyone for the crisis it is the politicians.”

    Sentiment towards the EU has been profoundly marked by decades of subsidies for local farmers and — once the crisis hit — for retraining workers who were laid off during the downturn. “I think locals here understand that the EU is an institution that has provided funds and help,” says Santiago García Aranda, the town’s Socialist mayor.

    Rise of the left

    On the face of it, Spain has long seemed like an inviting target for political parties with an anti-EU and anti-immigration message. Since the collapse of the housing boom, the country has suffered a deep recession and a sharp rise in unemployment and inequality. A budget crisis meant Madrid had to slash spending and raise taxes — measures that were blamed at least in part on EU pressure. Trust in the political elite was shattered by corruption scandals.

    Moreover, the crisis erupted at the end of a decade that saw unprecedented numbers of migrant arrivals. In 1998, immigrants accounted for just 3 per cent of the population. By 2008, the share had jumped to 13 per cent — one of the highest in Europe — according to official data. And yet, at no point has a far-right anti-immigrant party gained traction at the national or regional level. At last June’s general election, the only party that came even close to fitting that description, a three-year-old movement called Vox, secured just 0.2 per cent of the vote. In Villacañas, Vox obtained just 10 out of 5,771 votes — far behind the local offshoot of the animal rights’ party.

    The main political beneficiary of the crisis has been the far-left, not the far-right. Since its creation three years ago, the anti-austerity Podemos party has emerged as a powerful force, winning 21 per cent of the national vote last year. It is, in many ways, a proudly populist movement, whose leaders rail against the elites and are not averse to using divisive rhetoric.

    However, the party’s base of supporters and its political platform have little in common with far-right populists: Podemos backers are typically found among the young, well-educated and urban population, who are generally open to migration and support EU membership.

    What, then, explains the Spanish exception? Analysts argue there is no single reason, but rather an idiosyncratic bundle of causes and conditions. Lack of strong leadership is one obvious factor. Another is the complex legacy of the Franco dictatorship, which has instilled a profound scepticism towards rightwing authoritarianism. There is also a collective understanding that tough times force people to seek work abroad — as many Spaniards did during the 1960s, and then again during the crisis. A fourth cause cited by researchers is the nature of the recent migration flows into Spain: many of the arrivals hail from Ecuador, Peru and other Latin American countries. They were foreigners, but familiar ones — with the same language, religion and culture as the native population.

    These explanations, however, only go so far. Latin America indeed accounted for a significant number of migrant arrivals, but the two largest groups were from Romania and Morocco. According to official data, there are 1.4m migrants from the two countries living in Spain — almost a third of the foreign population.

    For a deeper understanding of Spain’s resilience, two additional elements help to set the country apart: national identity and the welfare system. “The main difference between Spain and other European countries is that, here, people see no link between immigration and national identity,” says Carmen González Enríquez, a senior analyst at the Real Instituto Elcano think-tank. “The sense of national identity is generally rather weak in Spain. You sometimes hear local complaints. People will say: ‘All the local shops have gone’. Or: ‘This village has changed so much’. But it is never expressed in any political form.”

    In a forthcoming report for the Elcano Institute and Demos, the UK think-tank, Ms González Enríquez argues that the sense of identity in Spain continues to be shaped by the experience of dictatorship. “The overuse of national symbols and of references to national identity during Francoism caused a countermovement which still persists. The pro-democratic opposition to the regime rejected the exhibition of national symbols, the flag and the anthem, and Spanish nationalism was completely absent from their discourse. Instead, they looked to Europe,” she argues.

    Even today, the attachment to Europe and the EU remain strong. According to a poll conducted for the Elcano/Demos study, only 10 per cent of Spaniards want to leave the EU, compared with 22 per cent in France and 45 per cent in the UK (though more than half of British voters chose to leave in June). That level of support reflects Spain’s status as a net recipient of EU funding, but also less tangible factors. For many Spaniards, the EU continues to represent modernity and progress — while Spanish membership of the union offers reassurance that the country has finally joined the European mainstream.

    Regional focus

    A political appeal to Spanish national identity is further complicated by the long-running tensions between the central state and its regions, specifically Catalonia and the Basque country. Many Catalans and Basques claim a national identity that is not just distinct from the Spanish one but in direct conflict with it. Both regions have strong secessionist movements that hope to eventually achieve statehood and independence from Spain.
    For any rightwing movement seeking to activate nationalist sentiment, that presents an immediate problem. If its leaders try to tap into Spanish pride, they risk losing support in two crucial regions that account for almost a quarter of the total Spanish population. If they appeal exclusively to Catalan or Basque national identity, they shut themselves out of the rest of Spain.

    At the same time, the political conflict between Spain and the regions has allowed the ruling Popular party, led by Mariano Rajoy, to protect its rightwing flank without stoking or pandering to anti-immigrant sentiment. “The PP has been able to remain a catch-all rightwing party, in part because it has a strong message about defending the unity of Spain. That is a key issue for rightwing voters,” says Cristóbal Rovira Kaltwasser, a political scientist at Diego Portales University in Santiago, Chile.

    Spain’s centre-periphery tensions aside, analysts also highlight a welfare system that grants generous access to core services such as health and education but offers little in the way of social housing and direct support payments.

    “You don’t have this conflict between natives and non-natives over welfare that you have in other countries,” says José Fernández-Albertos, a political analyst at the CSIC research centre in Madrid. “Spain has pretty good public services but when it comes to housing and cash benefits it’s very weak. And those are precisely the areas where it becomes visible that the state is making transfers from one sector of the population to another.”

    As a result, headlines about foreigners claiming benefits and migrant families living off welfare are rare in Spain. “Part of this is always about competition for resources. When there are no resources to compete for, the potential for conflict decreases,” says Sergi Pardos-Prado, a researcher at Oxford university.

    It is an argument that goes hand-in- hand with another feature of Spain’s crisis: the fact that migrants were usually hit much harder than the native population, which could rely on family networks to cushion the blow. Foreign workers had no safety net to fall back on. It was, as Mr Fernández-Albertos points out, “objectively difficult to argue that Spain treated its migrants too well during the crisis”.

    Back in Villacañas, that is certainly the impression of hard-hit locals. At the height of the boom, migrants accounted for 5 per cent of the town’s population — but their share has decreased markedly in the years since. “When the crisis came, most of them just left,” says Mr García Aranda.

    Looking ahead, most experts voice confidence that Spain will continue to resist the populist far-right surge. Most of the factors that explain the country’s exceptional status are deeply rooted in its history and society, and are therefore unlikely to change in the short term. What is more, Spain is in the midst of recovery — annual growth in gross domestic product hit 3.2 per cent last year — suggesting that some of the social and economic pressures will recede.

    For the leaders of Europe’s political centre, the story of Spain after the crisis offers a glimmer of hope — but not much more than a glimmer. The Spanish exception is less the result of smart politics than of historical accidents and complex social trends that are hard to replicate. Policymakers in Berlin, Brussels and London will find plenty to admire in the country’s resilience to the populist backlash — but not a lot to copy.

    Leer en Financial Times

  21. Understanding the populist backlash

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    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Although populism is making headlines across the globe, there is a lot of confusion about what this concept really means and how we can study this phenomenon. Part of the problem lies in the usage of the term as a battle cry. Both academics and pundits often employ the term populism to denote all the political actors and behaviors they dislike. While there are good reasons to worry about authoritarianism, economic mismanagement, opportunism, and racism, we should not treat them all as equivalents of populism. Augusto Pinochet was an autocrat, G. W. Bush mismanaged the economy, the Italian Christian Democratic Party was highly opportunistic, and South Africa’s National Party was racist, but none is an example of populism.

    So what is populism? We have developed a comparative research agenda on populism whose starting point lies in the construction of a definition that can be used to analyze the phenomenon across time and place. As we have explained elsewhere in more detail, populism is best defined as “a thin-centered ideology that considers society to be ultimately separated into two homogeneous and antagonistic camps, “the pure people” versus “the corrupt elite,” and which argues that politics should be an expression of the volonté générale (general will) of the people.” In this view, the establishment is a perverse entity that governs solely for its own benefit, while the people is a homogenous community with a unified will. Take, for instance, the following statement by Donald Trump, in his speech in Florida on 16 October:

    Our movement is about replacing a failed and corrupt establishment with a new government controlled by you, the American People. There is nothing the political establishment will not do, and no lie they will not tell, to hold on their prestige and power at your expense. […] This is not simply another 4-year election. This is a crossroads in the history of our civilization that will determine whether or not We The People reclaim control over our government.

    As with any other ideology, populism is espoused not only by specific leaders, but also by certain constituencies. This means that one needs to take into account both the supply-side and the demand-side of populist politics. Regarding the former, different political actors across the globe combine populism with some other ideological agenda (which we call the ‘host ideology’). Generally speaking, we can distinguish between two broader types of populism: right-wing populism usually combines populism with some form of nationalism, while left-wing populism tends to combine it with some form of socialism.

    While all forms of populism combine both exclusionary and inclusionary aspects, right-wing populism tends to be more exclusionary, while left-wing populism is usually more inclusionary. Today, exclusionary right-wing populism is characterized by the promotion of a populist rhetoric with a strong emphasis on xenophobia, traditional moral values, as well as law and order issues. Paradigmatic examples of this type of populism are political parties such as the National Front in France or social movements like the Tea Party in the United States. On the other hand, inclusionary left-wing populism uses the populist set of ideas to politicize existing inequalities and defend a radical model of democracy, which is aimed at empowering popular sectors. Chavismo in Venezuela and Podemos in Spain are exemplary cases of this type of populism.

    Those who articulate a populist discourse do not operate in vacuum, but rather in countries with different grievances and historical legacies. This means that one should also consider the demand-side of populist politics. Although the populist attitudes are widespread among voters, it is only under certain circumstances that populist sentiments are activated at the mass level. One of the main triggers for the increasing demand for populism lies in the general feeling that the political system is unresponsive. If certain constituencies share the idea that existing political parties do not take their claims into account, we should not be surprised that these constituencies interpret political reality through the lenses of populism. In the words of one of protesters of the anti-austerity populist movement in Greece, “we are here because we know that the solutions to our problems can only come from us. […] We will not leave the squares, until all those who led us here are gone: Governments, the Troika, Banks, Memoranda, and all those who take advantage of us.”

    Across the globe liberal democracies are challenged by populist forces of different political color. The key question is how to respond to this challenge. Those interested in answering this question should keep in mind that populism can have both positive and negative effects on democracy. While it is true that both populist leaders and followers harbor illiberal tendencies and propose simple solutions to complex problems, they are able to (re)politicize certain issues that are, either intentionally or unintentionally, not (adequately) addressed by mainstream political actors. This means that the establishment needs to reassess not only the ideas and interests it has been advancing, but should also reconsider if the attempt to depoliticize contested issues, such as immigration and economic liberalization through international organizations, is the best way ahead.

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  22. Cable a Tierra: Las noticias que marcaron el 2016

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    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    En un nuevo capítulo de Cable a Tierra se realizó un completo balance a los hechos que marcaron la agenda internacional durante 2016: la destitución de Dilma Rousseff, la elección de Donald Trump, la muerte de Fidel Castro y los atentados de ISIS fueron algunos de los ejes de esta conversación.

    Ver programa en CNN Chile

  23. El populismo en el mundo

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    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    En un nuevo capítulo de Cable a Tierra, el panel conversó sobre la definición de “populismo” y el carácter que define a ciertos liderazgos mundiales como populistas.

    Estados Unidos, Alemania y Venezuela fueron parte del análisis a fondo que realizaron el director del doctorado en Ciencias Políticas de la UDP, Cristóbal Rovira, y el profesor del Instituto de Ciencia Política de la UC, Juan Pablo Luna.

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  24. ¿Cómo (no) lidiar con el populismo?

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    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Si bien es cierto que la noción de populismo ha venido ganando terreno en los últimos años, el así llamado Brexit y el reciente triunfo de Donald Trump han llevado a que esta palabra se torne clave para comprender el mundo actual. Pero hay que tener cuidado con su uso. Más allá del relativo consenso en torno a que el populismo es peligroso para la democracia, existe un amplio debate sobre este concepto y últimamente ha venido proliferando el número de ‘expertos’ que ponen escasa atención al saber acumulado en torno a este fenómeno.

  25. Cómo identificar a un populista

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    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Toda la élite es “mala” y todo el pueblo es “bueno” en la retórica populista, explica el académico Cristóbal Rovira, quien revisa en La Historia es Nuestra el populismo a través de los años en el país y qué políticos hoy responden mejor a esa definición.

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