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  1. Los fantasmas en la Conversación Interrumpida de Sebastián Edwards

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Para los que comparten generación con Edwards, pero también para los más jóvenes que hoy parecen decididos a querer matar a la generación de sus padres, el libro de Edwards es una invitación para enfrentar —sin nostalgia, sin arrepentimientos, con irónico humor y la distancia que da el tiempo— al gran fantasma que todavía ronda en la memoria colectiva del país.

    En su brillantemente escrita autobiografía, el lúcido y polémico economista chileno radicado en Estados Unidos, Sebastián Edwards, usa los recuerdos de su vida como un vehículo para viajar al Chile de los años 60, del golpe militar y de los primeros años de la dictadura. Los recuerdos de Edwards nos hacen viajar entre Estados Unidos y Chile, desde el año que Edwards viajó a estudiar un doctorado en el Departamento de Economía de la Universidad de Chicago. Sin ser Chicago Boy, pero identificado con la filosofía de búsqueda del conocimiento de su alma mater, Edwards tácitamente usa su historia personal para contar la historia de Chile. A través de sus asuntos no resueltos con su padre, nos obliga a pensar en nuestra propia relación traumática con el padre abusador del Chile actual, el ya fallecido dictador Augusto Pinochet.

    Aunque el género de las autobiografías se ha popularizado en Chile en años recientes, los textos autobiográficos a menudo pecan de aburridos. Los autores evitan temas espinudos y son demasiado bondadosos con aquellos con quienes tuvieron encontrones. No es el caso de Edwards. Él no parece demasiado interesado en caerle bien a nadie. Excesivamente seguro de sí mismo, Edwards tampoco parece demasiado preocupado por quedar bien. Convencido de que su hoja de vida basta, Edwards hace gala de esa capacidad que tienen los estadounidenses de reírse de sí mismos. Con la misma libertad, habla de sus compañeros, profesores, amigos y conocidos.

    Si bien el libro tiene descripciones geniales de la locura que vivió el país en el periodo de Allende y de los horrores en los primeros años de la dictadura, el texto logra sus mejores momentos cuando Edwards habla de la relación con su padre. El libro es un manjar para los que quieran psicoanalizar a Edwards. La relación con su padre, especialmente después del quiebre conyugal, cuando el autor era aún un niño, refleja una complejidad que, no por ser común, deja de ser cautivante. En cierto modo, la autobiografía es un viaje en busca de un reencuentro con su padre. Hay pocas cosas pendientes. No hay nostalgias por momentos no vividos. El viaje es, más bien, la búsqueda del adulto que ansía poder encontrarse con su padre cuando éste tenía su misma edad para conversar como amigos. La imposibilidad de viajar en el tiempo lleva a Edwards a escribir un libro cuya audiencia —aunque Edwards tal vez ni siquiera lo haya pensado— es su ya fallecido padre. Nosotros, los lectores, somos solo testigos de ese viaje.

    Inevitablemente, el texto de Edwards lleva a pensar en el Chile de antes y el Chile de ahora. Esto es, en el Chile antes de Pinochet y después de Pinochet. Aunque Edwards se anota entre los detractores de la dictadura, no llegó a ser víctima de ella. Pero así como el no haber sufrido apremios no lo hace olvidar los apremios que sufrieron otros, Edwards tampoco cae en el reduccionismo de presentar el legado de Pinochet como todo malo. Al igual que en su relación con su padre, llena de matices y altibajos, Edwards logra construir, en el background de una historia personal, una mesurada narrativa sobre las luces y sombras del legado de Pinochet.

    Simbólicamente, al haber estudiado en Chicago, Edwards queda marcado como Chicago Boy. Pero por tradición familiar y por sus propias convicciones, Edwards estaba en veredas opuestas a la dictadura. Solo que, como muchos otros chilenos, tampoco hizo demasiado para lograr allanar el retorno a la democracia. En eso, Edwards es parte de la gran masa de chilenos que, mientras la política se movía por carriles peligrosos, optaron por mejor no meterse. La familia, la profesión y la realización personal nos llevan a ser más pragmáticos que heroicos.

    Si bien discute a los Chicago Boys, se adentra en cuestiones de economía política y da su opinión sobre cuestiones tan distintas como la literatura y la cocina, el libro de Edwards tiene un hilo conductor claro y simple. Después de la muerte de su padre, Edwards busca sus raíces en Chile. La metáfora no podría ser más apta para el momento por el que hoy atraviesa el país. Una década después de la muerte del dictador, los chilenos parecemos querer buscar nuestra identidad en el periodo pre 1973. Pero así como Edwards se encuentra con los recuerdos de su padre en cada esquina, por más que neguemos al dictador, su recuerdo se nos aparece en todas partes.

    Edwards exorciza sus fantasmas en un libro magistralmente escrito. Muchos chilenos todavía no se quieren atrever a enfrentar a nuestro gran fantasma. Para los que comparten generación con Edwards, pero también para los más jóvenes que hoy parecen decididos a querer matar a la generación de sus padres, el libro de Edwards es una invitación para enfrentar —sin nostalgia, sin arrepentimientos, con irónico humor y la distancia que da el tiempo— al gran fantasma que todavía ronda en la memoria colectiva del país.

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  2. Giorgio Jackson desplaza a ME-O como el político mejor evaluado según el CEP

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    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    El sondeo reveló además que 72% de los encuestados no se siente identificado con ningún partido.

    La caída de un ex candidato presidencial, la irrupción de un joven diputado y el incremento entre quienes no se sienten identificados con ningún partido, fueron las conclusiones más importantes de la última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) que se conoció ayer.

    El sondeo, considerado como el barómetro más preciso de la política a nivel nacional, era esperado con cierta ansiedad en el oficialismo y la oposición.

    Y al parecer fue esto último lo que más afectó las aspiraciones de quien hasta la encuesta pasada, lideraba la lista de los mejores evaluados.

    Según el CEP la valoración positiva del líder del Partido Progresista, Marco Enríquez-Ominami, disminuyó de 42% a 33%. Es decir, nueve puntos porcentuales en comparación con la estimación anterior que se realizó en agosto.

    Si bien la declaración del ex presidenciable en la fiscalía no alcanzó a ser incluida en el cuestionario de la medición, la vinculación de ME-O en el caso SQM le habría afectado.

    Los bien y los mal evaluados

    En contraposición el diputado Giorgio Jackson y líder de Revolución Democrática (RD) encabeza el selecto grupo de los mejores evaluados con un 44%, seguido por la presidenta del Partido Socialista, Isabel Allende con 37%.

    En tercer y cuarto puesto aparecen los ex presidentes Sebastián Piñera y Ricardo Lagos, con un 37% y 36% respectivamente y en quinto lugar Michelle Bachelet con 35%.

    Si de malos evaluados se trata, la lista la encabeza el presidente de la DC, senador Jorge Pizarro, quien logró un 57% de valoración negativa. Al parecer su viaje al mundial de rugby en plena emergencia post terremoto en Coquimbo, región que representa, le pasó la cuenta.

    Los otros políticos que sacaron mala nota fueron la diputada Camila Vallejo (PC) con un 54% de valoración negativa, seguido por los UDI, senador Hernán Larraín y la ex presidenciable Evelyn Matthei con 54% y 52%.

    Quizás lo más preocupante del sondeo es que un 72% de los encuestados no se siente identificado ni con la Nueva Mayoría, ni con la Alianza por Chile. Se trata de un alza porcentual de siete puntos en comparación con la encuesta de agosto donde 65% de los entrevistados decía no sentir simpatía por ninguno de los conglomerados.

    Según los resultados revelados ayer, sólo un 13% de los consultados siente simpatía por algún partido oficialistas, mientras que un 8% se identifica con la Alianza.

    CHILENOS VEN EL PAÍS “ESTANCADO” Y NO ESPERAN CAMBIO EN LA ECONOMÍA

    Un 64% de los encuestados durante noviembre consideró que el país se encuentra “estancado” en la actualidad, una cifra que supera la registrada no sólo en los meses previos del gobierno de Michelle Bachelet sino que se trata de la más alta desde la administración Lagos.

    Dicha sensación tiene eco en los resultados que muestran las preguntas relativas a la situación de la economía local, quizás como consecuencia del menor ritmo de crecimiento en que se ha embarcado el PIB, que nuevamente este 2015 -al igual que en el ejercicio anterior- sólo se expandirá en torno al 2%.

    Así, la mayoría -que se traduce en un 46%- considera que la economía no está “ni buena ni mala” en estos momentos y de cara a los próximos doce meses el 66% cree que no cambiará. En agosto, estos porcentajes eran de 46% y 57%, respectivamente.

    En lo referente a la política, la mirada crítica sigue primando en la opinión pública a pesar de mostrar un cierto declive respecto a la medición previa. Quienes la consideran que está “mala y muy mala” representan el 58% del total, mientras que antes era un 61%. Pero de aquí a un año la percepción de quienes creen que no cambiará ese negativo estado sube de 60% a 67%.
    Lo anterior, se da en un contexto donde las principales preocupaciones de la ciudadanía siguen concentradas en los temas de delincuencia, robos y asaltos, seguido por salud y educación. Y es aquí donde creen que el gobierno debiera poner su mayor esfuerzo para encontrar soluciones ad hoc.

    MAURICIO MORALES: “EN CHILE NO HAY NINGUNA CRISIS DE REPRESENTACIÓN”

    Para el director del Observatorio Político Electoral de la UDP, Mauricio Morales, la caída de ME-O en la encuesta era predecible. “No había razones para esperar que el resultado fuese distinto a lo que sucedió con Velasco. Dado que su plataforma está diseñada sobre la transparencia y el combate contra las malas prácticas, verse involucrado en asuntos de financiamiento ilegal de campañas, hace que estas candidaturas queden vulnerables”, explica.

    Y agrega: “No sería extraño que futuras encuestas muestren un deterioro más pronunciado, pues la última CEP no alcanzó a tomar su declaración ante la fiscalía”.
    Respecto a la irrupción de Giorgio Jackson, dice que el diputado debe ir paso a paso. “Su partido recién ha sido conformado y ahí tiene el primer desafío: lograr más representantes. Una buena oportunidad está en su nuevo distrito, que incluye las comunas de Santiago, Ñuñoa, Providencia, Macul, La Granja, San Joaquín”, dice. Un segundo paso, comenta, sería mantenerse dentro de los líderes mejor evaluados. En tercer lugar, agrega, sería intentar una aproximación con la Nueva Mayoría. “Jackson pone el liderazgo y la NM la ‘máquina'”, afirma.
    Y sobre la baja identificación con los partidos, Morales considera que no es un problema para las democracias. “En Chile, el 97% de los diputados fue electo dentro de las listas de partidos tradicionales, cifras que varían al 85% en alcaldes, 90% en concejales y 93% en CORES. Por tanto, cualquier persona que vea estos datos diría que en Chile no hay ninguna crisis de representación”, explica.

    Morales siente que mientras se siga a apoyando a los pactos tradicionales, será difícil hablar de crisis de representación.

    “Ahora bien. En Chile la identificación se ha reducido a más velocidad que en el resto de América Latina. Países como Honduras, El Salvador o México tienen niveles de identificación que triplican al nuestro, pero la calidad de la democracia aquí es sustantivamente mejor. En el corto plazo, no hay posibilidad alguna de que este indicador mejore”, asegura.

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  3. Expertos advierten que única salida de Bachelet es cambiar el rumbo

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    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Mandataria dijo que las reformas seguirán adelante; mientras que ministro Burgos asume como “una mala radiografía” los resultados del sondeo.

    “Citando a Einstein: para obtener resultados distintos, hay que hacer cosas distintas”. Esa es la conclusión del analista de la UAI, Max Colodro, ante los magros resultados arrojados por la encuesta GFK Adimark de agosto dada a conocer ayer, y que arrojó 24% de apoyo a la gestión de la mandataria y 72% de desaprobación. Según la encuestadora estas cifras son las más bajas de la línea histórica obtenidas por un presidente desde el inicio de esta evaluación en 2006.

    Diversas son las causas que, según analistas consultados por DF, explican la sostenida caída de la adhesión ciudadana de la mandataria y que se ha observado con tono creciente desde el estallido del caso Caval en febrero de este año. Exceso de expectativas, incertidumbre, indefinición, inconsistencia y un mal manejo del actual vocero de Gobierno, Marcelo Díaz, son algunos de los factores que explican estas malas cifras para La Moneda.

    ¿Posibilidad de repunte? Sólo si de forma certera y convincente la mandataria logra cambiar el rumbo de las reformas y acercarse a las verdaderas preocupaciones de los ciudadanos.

    La caída

    “El problema de Bachelet y de este gobierno se basa en una política y estrategia de la indefinición, de la inconsistencia. Frente a las grandes reformas y problemas estructurales de larga data, la receta de la Moneda y de la Presidenta no es coherente, clara, convencida y convincente”, señala el director del magíster en Comunicación Estratégica de la UAI, Juan Cristóbal Portales. Agrega que la sostenida caída presenta, entre otros factores, la desilusión que existe en los sectores de estratos más bajos de la población: “Durante el primer año de gobierno de Bachelet (abril a diciembre de 2014, supuestamente su gran mes), su aprobación bajó de 53 a 40%. La desaprobación subió de un 32 a un 53%. Luego, durante este año su aprobación ha ido cayendo persistentemente de un 39% al 24% actual. Quienes más castigan a Bachelet son los segmentos más vulnerables”.

    Colodro apunta en este sentido a que existe una “desafección” con la ciudadanía dada por el exceso de expectativas que hubo ante las reformas: “El gobierno está viviendo una crisis de expectativas muy profundas. Hay aquí una desafección y un escepticismo, una caída en la confianza que tiene que ver con las expectativas que se generaron con las reformas que el gobierno planteó durante la campaña y que de algún modo no se han visto cumplidas en la medida en que las mismas reformas han generado muchas incertidumbre”. El analista cree que el factor económico se está transformando en algo central ante una “caída de la inversión el empleo y una creciente inflación”.

    Los expertos coinciden en que una de las salidas para mejorar esta situación es que la Presidenta simplemente se dé cuenta de la realidad y cambie el rumbo. “Parte de ese apoyo y cariño es posible de recuperar si y solo si, la Presidenta abandona de manera definitiva la tesis refundacional que la ha tenido en un pedestal en comparación a lo que hizo en su primer gobierno, donde su estrategia era muy de calle y de contacto directo con la ciudadanía”, sostiene el académico de la UDP, Mauricio Morales. Portales agrega que la única salvación es que comience a “diseñar reformas en clave de responsabilidad, no de slogan, asumiendo y explicando a la ciudadanía el carácter gradual y pertinente de las transformaciones”.

    ¿Problemas de vocero?

    Morales agrega que hay un responsable con nombre y apellido que ayuda a este mal momento: el vocero de gobierno, Marcelo Díaz. “Tenemos un vocero que no es capaz de transmitir de manera correcta lo que está haciendo el gobierno. Elizade lo que hacía era comunicar, quizás no defender como lo hace un mowat, o como lo hace un pánzer, pero por lo menos comunicaba, no defendía. En el caso de Díaz pareciera que siempre anda volando en las nubes en lugar de defender y comunicar no hace bien ni lo uno ni lo otro”.

    Portales, en tanto, cree que Díaz es preso de las “indefiniciones del gobierno”, pues “es quien está expuesto a la balas y visibiliza la precariedad del liderazgo bacheletista y de su plan reformista”.

    La preocupación de Burgos y la convicción de Bachelet

    La Presidenta sin aludir directamente a la encuesta señaló ayer que el camino de las reformas no tiene freno: “En la vida hay que seguir adelante, sin importar los cálculos mezquinos de unos pocos”, agregando que el programa continuará -y en especial la reforma educacional- sin importar las “trampas en el camino”, ni los “rumores infundados”.

    Mientras que el ministro del Interior, Jorge Burgos, encendió las alarmas ante las magras cifras: “Es una mala fotografía, sin duda, y no hay que echarle la culpa al cartero. En consecuencia, es un desafío permanente de que la próxima encuesta sea mejor”.

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