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  1. La Reforma que vino desde abajo, finalmente se hace desde arriba

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    ModestoGayo

     

     

     

     

     

    Modesto Gayo

    Ver columna de El Dínamo aquí.

    La reforma va camino de despeñarse en la tramitación parlamentaria de una reforma tributaria que abandonó al pueblo que la provocó, y convocó a los empresarios y los representantes de la derecha. La reforma no era sólo económica, no se trataba únicamente del presupuesto fiscal y de la educación.

    La reforma que vino desde abajo, desde la movilización de grandes números de ciudadanos dispares, unidos por un cambio difuso pero perentorio; la reforma a la que la elite política chilena dio la espalda hasta que fue engullida por la masa; la reforma de las caceroladas que recordaron a la dictadura, que involucraron a padres que todavía con un sustrato de susto aprobaron lo que sus hijos hacían; la reforma de la cobertura internacional, de la nueva constitución, del no al binominal, del basta de abusos, del pongamos límites al poder de los frecuentemente nefastos representantes del mercado; la reforma de los secundarios y los estudiantes universitarios, de los pingüinos y los peloláis, va camino de perderse en la intrincada senda que asciende hasta el poder en Chile.

    Y si el huracán reformista no dejó impávido a nadie desde los sectores medios hacia abajo, la élite del sistema liberal representativo miraba a sus intereses con preocupación. Obviamente, la zozobra era económica, por salvar las componendas y privilegios que mantenían a esta clase fuera del frío de la humilde realidad económica que afecta a la gran mayoría de los chilenos (por favor, ver cifras CASEN y los ingresos reales del trabajo, que a menudo olvidamos), pero la pregunta era política: ¿cómo sacar a las multitudes de las calles, expulsándolos al mismo tiempo de cualquier pretensión de quebrar la elitista lógica representativa y llegar al Parlamento en nombre del Pueblo, de cuyo cuerpo habían salido?

    Por un momento, la clase política, incluida la derecha, vio la gloria, y ésta se llamaba Michelle Bachelet. Había alguien popular en quien confiar la bandera reformista. Después de las nuevas elecciones y tras el gesto de incluir tanto a comunistas como a ex-representantes del movimiento estudiantil universitario, la otra parte de la respuesta política vendría por sí misma, pues la reforma caería necesariamente en sede parlamentaria. Aquí la tela de araña tejida por senadores y diputados convertiría la mariposa en crisálida y ésta en gusano nuevamente, transformando la reforma en un producto elitista a gusto y semejanza de los intereses empresariales y clientelar-partidistas.

    Cuando el hálito reformista perdió el olor a pobre, dejó de desprender el atragantante aroma a necesidad y miseria, cuando no estuvo más asociado a camisas de segunda mano y pantalones desgastados, cuando las palabras adquirieron un tono técnico y fueron aplaudidas por todas las bancadas políticas, cuando la reforma se conversó en sede empresarial, fue tomando un color a difunto, a catacumba, a recuerdo de algo justamente que la reforma había querido cambiar, una forma de hacer política que convertía al pueblo en subalternos de sus representantes, haciendo de la democracia un régimen en el que gobiernan los políticos. Esta es probablemente la historia del fuego, que viniendo desde abajo, calienta hacia arriba.

    La reforma va camino de despeñarse en la tramitación parlamentaria de una reforma tributaria que abandonó al pueblo que la provocó, y convocó a los empresarios y los representantes de la derecha. La reforma no era sólo económica, no se trataba únicamente del presupuesto fiscal y de la educación. Desde un comienzo, el llamado era a hacer una reforma política, y las señales de transversalidad partidista y elitismo económico están dejando en la cuneta la dimensión simbólica del cambio.

  2. La Ausencia de los Pueblos Originarios

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    dinamo

     

     

     

     

    Camila Peralta

    Publicada el 20 de junio de 2014 por El Dínamo

    Con la promesa de cumplir 50 medidas en los 100 primeros días de gobierno, la presidenta Bachelet estrenó su nuevo periodo en marzo de este año.

    Estamos a punto de cumplir los plazos y las promesas no han sido concretadas.

    Estas 50 medidas se enfocan en 14 áreas temáticas que son centrales para el desarrollo “inclusivo” y la disminución de la desigualdad en nuestro país, con 4 propuestas específicas para pueblos originarios. Entonces, si vamos tan bien ¿Qué es lo que nos llama la atención?

    La falta de compromiso – o ¿conocimiento?- por parte del nuevo gobierno respecto de la temática indígena, ha dado como resultado que las 4 propuestas para pueblos originarios no pudieron ser cumplidas dentro de los 100 primeros días.

    ¿Por qué no se logró? la respuesta es fácil y clara: Chile es parte de los países que han ratificado el Convenio 169 de la OIT y por lo tanto, el Estado tiene que, por obligación, desarrollar procesos de “Consulta Indígena” para todas aquellas medidas que sean susceptibles de afectar a nuestros pueblos originarios y los plazos definidos por el gobierno, al parecer, no fueron suficientes.

    ¿CUÁLES SON ESTAS MEDIDAS?

    Rango de Ministro para el director de CONADI
    Creación del Ministerio de Asuntos Indígenas. (Los indígenas son ¿asunto?)
    Creación del Concejo de Pueblos Indígenas
    Agenda de Desarrollo de los Pueblos Originarios: Educación, Salud, Tierras y Desarrollo Productivo.
    Tal como lo planteó, nuevamente, la presidenta en su discurso del 21 de mayo:

    “Los anteproyectos de Ley […] serán parte de la consulta indígena que iniciaremos en los próximos días, según los criterios definidos en el convenio 169 de la OIT”.

    Esta declaración -que sólo tomó un par de minutos- no fue bien recibida por las organizaciones indígenas, ya que existe una clara contradicción entre las medidas propuestas y las políticas de Estado que el gobierno ha mantenido en los territorios indígenas: militarización, violencia, huelgas de hambre, negación de indultos, etc.

    Todo lo anterior nos sugiere la siguiente pregunta ¿Cuál es realmente la postura del gobierno? Por un lado tenemos al intendente Huenchumilla y sus diversas declaraciones de buena intención y por el otro, a un gobierno que no establece a un interlocutor para dialogar con los pueblos.

    Por lo tanto, ¿por dónde pasan las soluciones? ¿CONADI, ministerio de Desarrollo Social o por el Ministerio del Interior? Lo único que queda claro es que este no es un tema prioritario en este primer año de gobierno, o por lo menos no lo fue en este semestre. En un comienzo, el programa de gobierno parecía delinear claramente los caminos a seguir, pero la descoordinación les jugó una mala pasada. Al día de hoy, vemos ministros y funcionarios de gobierno actualizando sus conocimientos sobre la temática relativa a los pueblos originarios. El resultado parece ser la transversalización de las demandas indígenas en la agenda del gobierno (presente en cada ministerio), lo que ha permitido la invisibilización de las obligaciones del Estado hacia los pueblos originarios (omitiendo una agenda propia y específica de los pueblos).

    Por último, es importante destacar el papel central de la Consulta Indígena, que si bien será desarrollada a través de un reglamento “deslegitimado” por las organizaciones, es el instrumento a través del cual el Estado de Chile está obligado a desarrollar un diálogo intercultural que garantice la simetría entre las partes y de cuenta de las falencias existentes en nuestro sistema. Pero, si no reconocemos al “otro” ¿Cómo podemos dialogar en igualdad de condiciones? ¿Por qué el Reconocimiento Constitucional no fue parte de las 50 primeras medidas?