En este capítulo, expertos analizaron el triunfo de Sebastián Piñera sobre Alejandro Guillier en el balotaje presidencial y el escenario que enfrentará en La Moneda.
¿Qué pasó con el 20,25% obtenido por la candidata presidencial del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, en la primera vuelta? Es la pregunta que muchos se hacen después del balotaje que dio por triunfador al candidato de Chile Vamos, Sebastián Piñera, con un 54,5% de las preferencias.
La periodista que conquistó 1.331.237 votos y no llegó a la segunda vuelta optó en un primer momento por no respaldar la opción de su ex compañero de trabajo, Alejandro Guillier, posición que cambió luego de que conociera los dichos del Presidente electo sobre supuestos “votos marcados”.
Mientras que el apoyo en bloque del Frente Amplio (FA) también fue esquivo, y sólo comenzó a concretarse paulatinamente y a pocos días de la balotaje. Gabriel Boric, Giorgio Jackson y Alberto Mayol fueron quienes entregaron su respaldo.
Frente a esta interrogante, Emol conversó con Gonzalo Müller, director del Programa de Opinión Pública de la UDD, quien aseguró que “la gran mayoría de los votos del Frente Amplio se cuadraron con Alejandro Guillier siguiendo a sus líderes, pero un sector importante votó por Sebastián Piñera y yo creo que eso le va a costar entender y reconocer a los líderes del FA”.
“Eran votos de malestar frente al gobierno también. Fue un error del Frente Amplio y sus dirigentes leerlo sólo en códigos de izquierda o de derecha, y creer que era solo un voto de izquierda”, expresó y añadió que “miles de personas se cambiaron del FA de Beatriz Sánchez a votar por Sebastián Piñera”.
Según Müller, en el conglomerado “no entendieron que había muchos decepcionados del gobierno que buscaban una alternativa distinta y la habían encontrado, en parte, en Beatriz Sánchez, pero que frente a la disyuntiva de continuidad con Alejandro Guillier o un cambio con Sebastián Piñera prefirieron un cambio”.
Por otro lado, Cristóbal Rovira, director del doctorado en Ciencia Política de la universidad Diego Portales postula la capacidad de convocatoria de Piñera durante el balotaje.
“Uno podría pensar hipotéticamente que parte de esa votación obedece más a que Piñera pudo movilizar a la clase media, clase media alta; y que Guillier falló al movilizar a la clase baja, media baja”, afirmó.
Respecto a lo anterior, aseguró que donde la izquierda perdió mas votos fue en Maipú, Antofagasta, Valparaíso y Viña del Mar y donde Piñera más subió fue en Maipú, Puente Alto, La Florida, Las Condes y Temuco.
No obstante, expresó que “lo único que sabemos es que hubo mayor participación y que era algo poco esperable, porque en general menos personas participan en la segunda vuelta. La gente que fue a votar no fue la vez pasada, y provienen de barrios altos o de estratos populares”.
Por su parte, Kenneth Bunker, profesor de la facultad de Gobierno de la Universidad Central indicó que “las tres comunas donde más bajó la votación de la centroizquierda son Maipú, Puente Alto y Valparaíso”.
También, señaló que “no logró conversar con los votantes del Frente Amplio. Para él era mucho más fácil agarrar los votos de Artés, Navarro, incluso Goic, que era el voto concertacionista, y de ME-O, que el del Frente Amplio que fue el único que puso problemas”.
“La movilización de Piñera de estos votantes extra dejaba completamente off side a Guillier, incluso si hubiera sacado el 100% de los votos de Beatriz Sánchez”, agregó.
Después de las elecciones en Chile en las que venció Sebastián Piñera sobre Alejendro Guillier, el analista Claudio Fuentes, profesor de la Escuela de Ciencias Políticas en ese país, dijo que ahora resta por saber qué sector dentro de la derecha va a dominar el gobierno.
Además, apuntó que Piñera “puso gente que conocía mucho los territorios y le funcionó muy bien”. En esa línea ubicó el triunfo en zonas como Iquique. “A un reducto que era históricamente de izquierda lo conquistó Piñera”, dijo.
El analista se refirió al alto nivel de abstención y dijo que el 26% de la población votó por Piñera y el 22% por Guillier. La otra mitad del país no habló, señaló.
Aquellas afirmaciones categóricas referidas a que “Chile quiere esto o esto otro”, pierden su sentido. Muy probablemente lo que tenemos es una diversidad de “Chiles”: un Chile que quiere modernización capitalista y otro Chile que es crítico al modelo; un Chile que desea acceder a bienes de consumo y otro que desea contener las pulsiones del mercado; un Chile que desea ampliar libertades y la autonomía de los individuos, y otro Chile que desea que sean la religión y la fe las que comanden las aspiraciones de la gente. Las elecciones lo que están midiendo es la fortaleza de aquellas opciones y, por el momento, lo hacen entre masas electorales minoritarias, capaces de coordinarse para acceder al poder.
Los resultados electorales suelen encender las pasiones. Las interpretaciones de estos triunfos suelen asociarse con expresiones categóricas, contundentes, asumiendo que el mensaje es prístino, cristalino y unívoco. Así, por ejemplo, Eugenio Tironi nos dice que “los chilenos, en una mayoría, optaron por privilegiar la certidumbre económica”. Gonzalo Cordero tituló una columna como “Chile apuesta por el crecimiento”. Carlos Peña indicó que “Piñera fue capaz de interpretar mejor el desasosiego de los sectores medios”. Un todavía más optimista Roberto Ampuero sostiene que el amplio triunfo de Piñera reflejaría un cambio tectónico, donde una alianza de centroizquierda daría paso a la emergencia de un nuevo eje de centro-derecha-liberal.
No es mi propósito aquí minimizar el resultado. Primera vez que la derecha obtiene tal caudal de votos, movilizando a cerca de 3,8 millones de electores. Primera vez que en el Congreso la derecha se acerca a obtener la mayoría legislativa. Primera vez que la Concertación-Nueva Mayoría ve reducido su caudal electoral en tal magnitud desde el retorno de la democracia. No obstante, ¿podemos señalar, a partir de un triunfo electoral de 54,6%, que “el país ha hablado”, que esta es una categórica y rotunda señal en una u otra dirección?
Los cerca de 3,8 millones de votos de Sebastián Piñera efectivamente representan el 54,6% de quienes asistieron a votar, pero representan tan solo el 26% del total de la ciudadanía habilitada para votar. El 45% de Guiller, en tanto, representa el 22% de aquella ciudadanía. La situación no es muy distinta a lo que sucedió en 2013, cuando pese a obtener un 62% de las preferencias electorales, Bachelet representaba un 25,6% del total habilitado para votar.
Probablemente más de alguien sostendrá que las tendencias políticas de los que votan deben proyectarse hacia quienes no participan del proceso electoral. No obstante, aquello al día de hoy no lo sabemos. No sabemos si quienes no asisten a votar están conformes con las preferencias de los que sí lo hacen, si es una masa anómica de electores, de disconformes, o una mezcla de todo lo anterior. El hecho concreto, crudo y hasta preocupante es que consistentemente los gobiernos son electos por una minoría que oscila entre un 25% y 26% de la ciudadanía habilitada para votar.
De este modo, aquellas afirmaciones categóricas referidas a que “Chile quiere esto o esto otro”, pierden su sentido. Muy probablemente lo que tenemos es una diversidad de “Chiles”: un Chile que quiere modernización capitalista y otro Chile que es crítico al modelo; un Chile que desea acceder a bienes de consumo y otro que desea contener las pulsiones del mercado; un Chile que desea ampliar libertades y la autonomía de los individuos, y otro Chile que desea que sean la religión y la fe las que comanden las aspiraciones de la gente. Las elecciones lo que están midiendo es la fortaleza de aquellas opciones y, por el momento, lo hacen entre masas electorales minoritarias, capaces de coordinarse para acceder al poder.
Si es así, si lo que reflejan las elecciones es una competencia entre proyectos con mejores y peores resultados, entonces pareciera equivocado pretender realizar lecturas totalizantes a partir de un resultado electoral, a partir de una coyuntura. No es que Peña (Carlos) y Güell (Pedro) estén equivocados en sus diagnósticos. Quizás ambos tienen razón porque ambos leen segmentos distintos de una realidad que coexiste, que convive incluso en los mismos espacios territoriales. Que un 25% de los electores haya abrazado el programa de Bachelet en 2013 o que un 26% lo haga en esta ocasión por Piñera, no significa el triunfo avasallador y categórico de uno u otro proyecto. Es más bien la rotunda expresión de que vivimos en una sociedad donde conviven diversos segmentos.
De este modo, la pregunta más relevante, a mi juicio, es qué factores explican la oscilación hacia uno u otro lado de la balanza.
¿Es solo la capacidad de los líderes de cada coalición la que articula triunfos electorales? ¿Es acaso la fuerza electoral de los territorios lo que explica estas victorias? ¿Es la combinación de adecuados discursos y las certezas de un programa que garantice ciertos beneficios sociales? ¿Es acaso la mezcla virtuosa de líderes, estructuras de poder y programas?
Al final del día, solo una mitad de la ciudadanía se movilizó; solo un segmento de aquellos movilizados optó por un camino; y muy probablemente veremos en el futuro que se revitalizarán los que buscan otras opciones políticas. Quizás lo que demuestra esta –y otras elecciones en el pasado– es la conclusión DE que no hay explicaciones unívocas y que todos –en parte– tenían la razón.
Esta vez las encuestas nos fallaron: Sebastián Piñera ganó la elección presidencial el último domingo. Sin embargo, el resultado trajo consigo una sorpresa, puesto que la victoria de Piñera fue mucho más abultada de lo esperado. Casi todos pensábamos que la diferencia no sería mayor que dos puntos porcentuales, pero el candidato de centro-derecha obtuvo un 54.6% y el de centro-izquierda un 45.4%. Mientras en la primera vuelta presidencial Piñera conquistó un poco más de 2.400.000 votos, ahora logró movilizar a cerca de 3.800.000 votantes. A su vez, la participación electoral subió tres puntos entre la segunda y la primera vuelta presidencial. Si bien un 51% de la población en edad de votar se quedó en sus casas, llama la atención que 300.000 votantes adicionales se hayan sumado a la segunda vuelta.
¿Cómo se puede explicar el aumento de la participación electoral y la capacidad de Piñera para conseguir esta vez mucho más votos que en sus anteriores campañas presidenciales? Al día de hoy no tenemos información suficiente para responder esta pregunta de forma certera, pero por lo pronto es posible formular dos hipótesis.
La primera hipótesis es que la centro-derecha logró movilizar a sus propios electores mediante una estrategia del terror, vale decir, infundió suficiente miedo respecto a los potenciales riesgos de un futuro gobierno de Alejandro Guillier como para sacar de sus casas a todos quienes detestan a la centro-izquierda. De hecho, sectores de derecha acuñaron el concepto de “Chilezuela” para incitar miedo frente al triunfo de una izquierda que supuestamente llevaría el país hacia el modelo bolivariano promocionado por el Chavismo.
La segunda hipótesis es que la centro-derecha fue capaz de conquistar los votos no sólo de importantes sectores de clase media sino que también de quienes se consideran independientes. Esto se explicaría porque en la segunda vuelta Piñera hizo una serie de concesiones programáticas hacia el centro político y aseguró que no busca hacer grandes reformas con un talente conservador ni en términos morales ni económicos. En efecto, se comprometió a buscar la opción de ampliar la política de gratuidad en el sistema de educación terciario que inició el actual gobierno de Bachelet.
Aun cuando hoy en día no sabemos cuál de estas dos hipótesis tiene mayor validez empírica, sí podemos adelantar que cada una de ellas tiene implicancias muy diferentes para el futuro gobierno. En caso de que la primera hipótesis sea cierta, el aumento de votos de Piñera guarda escasa relación con su habilidad para expandir su base de apoyo más allá de quienes se identifican con la derecha. Esto significa que el nuevo gobierno contará con un apoyo ciudadano bastante limitado y más temprano que tarde tendrá niveles de aprobación exiguos. Al fin y al cabo, Piñera obtuvo cerca del 26% del universo de votantes.
Por el contrario, la segunda hipótesis indica que la centro-derecha ha sido capaz de ampliar su tradicional base de apoyo y, por lo tanto, se trata de una oportunidad única para expandir su electorado. De ser esto cierto, mientras el nuevo gobierno mantenga una posición de centro y conecte con las demandas de votantes independientes, podrá armar un proyecto político con proyección de largo plazo. Dicho proyecto debería pasar por una renovación intelectual y programática así como también la formación de nuevos cuadros políticos.
¿Cuál hipótesis es más válida? Para responder esto habrá que analizar los datos con calma. Lo que sí podemos aventurar es que Piñeratiene poco espacio para gobernar hacia la derecha, puesto que esto inevitablemente lo llevaría a tener mínimos niveles de aprobación y terminar entregando la banda presidencial el año 2022 a quienes sus adherentes más acérrimos abominan: la izquierda.
En primera vuelta la sorpresa fue la consolidación del Frente Amplio en el Congreso y la alta votación de Beatriz Sánchez. Se interpretaba, días después, que la ciudadanía quería continuidad en las reformas, pero el 17 de diciembre la novedad fue en sentido contrario, dando una holgada victoria a Sebastián Piñera. Pero aún no se sabe quiénes son, en concreto, estos votantes fantasmas.
Los perdedores directos de la elección presidencial, como también los otros representantes del sector progresista de la política de nuestro país, aún buscan explicaciones y culpables para la derrota sufrida el pasado domingo.
En el comando de Alejandro Guillier la preocupación previa al 17 de diciembre y también durante las horas en que se desarrollaron las votaciones, era la abstención. Pero contrario a los pronósticos, la concurrencia aumentó en 331 mil y en lugar de inclinarse por la opción oficialista favorecieron en su mayoría al candidato de Chile Vamos.
De esta forma el electorado dio una sorpresa el domingo pasado. Sumando esto a lo ocurrido el 19 de noviembre, cuando desobedeciendo a cualquier proyección, gran parte de los ciudadanos respaldaron a la candidata del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, como también a muchos de los ahora 21 parlamentarios electos del nuevo conglomerado. Son dos sorpresas en el mismo el proceso eleccionario de este año.
Aunque las novedades fueron en distintos sentidos. Los electores impulsaron la consolidación del Frente Amplio y se hablaba de que la ciudadanía quería más reformas, pero el balotaje confirmó como próximo presidente a Sebastián Piñera, algo que deja muestras de que estamos frente a un pueblo impredecible frente a las elecciones, del que probablemente a pocos días de los resultados no se pueda decir algo certero, pero sí da para interpretaciones.
El cientista político Kenneth Bunker, estima que el votante no es impredecible, que los números demuestran que claramente se inclinarían por Sebastián Piñera pero que, debido a las encuestas, existe una sensación de sorpresa.
“Lo que causa esa sensación de votantes impredecibles son las encuestas, las formas en que tratamos de interpretar la realidad. En ese sentido, los votantes del Frente Amplio claramente iban a votar por alguien del Frente Amplio, pero nosotros no supimos identificarlos mediante las herramientas que tenemos”, señaló.
Según el especialista, los votantes que se sumaron recién en segunda vuelta corresponden a un voto duro del presidente electo y que llegaron gracias a la técnica del 10 + 3, lo que significa que por cada diez electores que tuvo Piñera en primera vuelta llevó tres más para la segunda, algo que no habría realizado Alejandro Guillier, por lo mismo él no mostró crecimiento.
Bunker plantea que no hay un votante impredecible y que son las encuestas las que crearon falsas expectativas. En contraste, el cientista político de la Universidad Diego Portales, Claudio Fuentes, sostiene que sí se podía tener certeza respecto de quienes se inclinaron por Alejandro Guillier, tal como ocurrió el pasado domingo, pero respecto de los nuevos electores existe una nebulosa aún por la falta de datos.
“Hubo claramente un record histórico de votación hacia la derecha, pero aún no sabemos por qué sucede. No sabemos si son sectores moderados de centro que fueron a votar por Piñera o son nuevos electores. Aún es demasiado temprano para saber qué pasó, no sabemos si es votante joven, si son demócrata cristianos que se pasaron a Piñera. Podemos hacer bastantes hipótesis sobre el tema”, manifestó.
La derecha obtuvo una votación histórica para su sector, lograron movilizar a personas quienes por motivaciones aún inciertas acudió a las urnas el 17 de diciembre. De todas formas, Claudio Fuentes considera que los votantes que acudieron no son significativos políticamente más allá de dar el triunfo en la segunda vuelta.
El especialista plantea que la victoria de Sebastián Piñera instala otro imaginario: que el ciudadano chileno querría girar a la derecha, o retrotraer las reformas, pero esto igual sería ilusorio, puesto que hay un segmento importante que respaldó las reformas, pero por sobre todo, un alto nivel de abstención.
Aunque el diputado del Frente Amplio, Gabriel Boric, advirtió que esa estrategia podría ser fallida, la idea de votar contra el Presidente electo cobró fuerza.
“Queda claro que no bastaba el ‘anti-Piñera’ para convocar a una mayoría. Guillier no se comprometió con transformaciones profundas y este es el resultado”. Es el diagnóstico político del diputado Gabriel Boric, tras la derrota de la carta oficialista ante Sebastián Piñera.
De esta forma criticó la estrategia que algunos en la Nueva Mayoría impulsaron para sumar adherentes para el senador, que perdió por amplio margen con el Presidente electo, y que incluso pudo haber provocado un efecto boomerang.
Esta forma de actuar ya había sido criticado por el mismo legislador hace una semana, cuando señaló que “es bien sorprendente el nivel de agresividad de los nuevomayoristas a quienes no nos hace sentido el ‘todos contra la derecha'”.
¿A qué se debe el fracaso del voto “anti Piñera”? En conversación con Emol, la cientista política Javiera Arce planteó su hipótesis.
“Si votaba más gente, era altamente probable que ganara la Nueva Mayoría, pero se dio todo lo contrario, fueron a votar por Piñera”, expresó, y explicó que Guillier “no triunfó, porque no puedes sostener un proyecto político en contra de Piñera”.
“Su proyecto era muy errático, muy poco convincente en términos programáticos; y el modelo de sociedad o no se entendió o la gente no quiere eso”, añadió.
A su juicio, “yo atribuiría la mayor responsabilidad a la Nueva Mayoría, dentro de los equipos programáticos no había musculatura política, visión de país, ni capacidad de generar propuestas. Guillier no representaba las garantías para avanzar y eso parece que la gente lo vio, porque se movilizaron en contra suya”, afirmó.
Por su parte, Kenneth Bunker, doctor en ciencia política y director de Tresquintos, mencionó que “Guillier estaba en una posición muy incómoda: tenía a la derecha en el centro y al Frente Amplio, a la izquierda. Lo que debió hacer fue crecer para tener oportunidades de ganarle a Piñera, pero no lo hizo”.
“Primero fue a los votos del Frente Amplio, pues si no los tenía, perdía, pero también debía ir al centro para conseguir más votos, como lo hizo Piñera”, aseguró.
A su vez, Cristóbal Rovira, director del doctorado en ciencia política de la Universidad Diego Portales, señaló que el triunfo del voto “anti Guillier” se pudo haber dado por dos razones.
“Primero, la estrategia de movilizar en base a sentimientos negativos contra una candidato, funciona muy bien cuando tienes votantes ideológicos (…) En Chile más del 40% de las personas no se posicionan políticamente, entonces esa estrategia fue funcional para un segmento ideologizado, pero no para el grueso (de la población)”.
En segundo lugar, aseguró que “Piñera moderó su discurso programático en la segunda vuelta al decir sí a la gratuidad. Entonces la mezcla de que no todos los votantes son ideológicos y la moderación de Piñera, pueden ser parte de la clave del éxito”.
El Presidente electo Sebastián Piñera obtuvo el 54,57% de las preferencias, mientras que Guillier, el 45,43%, con una diferencia de de nueve puntos porcentuales. Dicho de otro modo, por más de medio millón de votos.
Observatorio electoral de la UDP da cuenta de conteo parcial de voto de chilenos en el exterior para esta segunda vuelta presidencial.
Entrevista a Claudio Fuentes, profesor de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales, acerca de las reacciones luego de la elección presidencial.
Si bien son minoría, expertos aseguran que su sufragio será importante en un escenario competitivo como el actual.
Incertidumbre existe sobre los resultados de la segunda vuelta presidencial del domingo. Y es que el voto voluntario según los expertos, ha dificultado la posibilidad de predecir los resultados.
A esto se suma la nueva generación de jóvenes que hoy están habilitados para votar. Aquellos de la llamada generación “ millennials”que nacieron entre el año 1980 y 2000.
Según el académico y director del Programa Electoral de la U. Central, Kenneth Bunker, explicó que este grupo podría reaccionar de diferente forma este domingo.
“No tienen el estigma de personas que nacieron antes del 90, que toman decisiones a favor o en contra de la dictadura. Votan por otro tipo de cosas”, dijo a La Tercera.
Asimismo, insistió que la presencia de estos jóvenes comenzó el 2006 con la “movilización de los pingüinos”.
“Ahora hay muchos líderes jóvenes que representan un liderazgo distinto en el Congreso, el promedio de edad de Revolución Democrática es 29 años, y en la Fuerza para la Mayoría es de 54 años, es una diferencia a nivel de elite y votantes”, agregó.
RESULTADOS FAVORABLES
Si bien las tendencias de esta generación son diferentes y han comenzado a ocupar los espacios públicos, Modesto Gayo, investigador de la Escuela de Sociología U. Diego Portales, insistió en que podrían tener una relevancia importante, a pesar de ser minoría.
“Por un lado, aunque su participación es porcentualmente menor que la de los grupos de mayor edad, en un escenario electoral tan competitivo, cómo se incline este grupo será muy importante para tener un resultado positivo por parte de cualquier de las candidaturas”, concluyó.
Analistas dicen que electores nacidos entre 1980 y 2000 fueron ignorados hasta los resultados de la primera vuelta y hoy su voto puede marcar diferencia.Los millennials es una generación que distintos estudios han tratado de entender. Pero es difícil de encasillar. Aquellos nacidos entre 1980 y el año 2000, se suelen caracterizar por su dominio tecnológico, por su comportamiento multitasking, y por su perfil exigente y volátil a la vez.
¿Les interesa la política? “Es difícil estimar su real participación”, dice Octavio Avendaño, cientista político y académico de la U. Alberto Hurtado. “No tenemos algo que permita determinar la participación de estos segmentos, pero si se compara la opción del Frente Amplio con la Nueva Mayoría, hay más presencia de profesionales jóvenes en el primero”.
En Chile, 14.308.151 personas componen el padrón electoral, y de ellos 5.495.921 son millennials, es decir, tienen entre 18 y 37 años, según cifras del Servicio Electoral (Servel).
“Son más bien un fenómeno generacional, no necesariamente un grupo social estable”, dice René Jara, doctor en Ciencia Política y académico de U. de Santiago.
Un porcentaje importante no se vincula con la política, dice Avendaño, a diferencia de generaciones anteriores “que vieron otra socialización política”.
Los más jóvenes, agrega, están en un contexto más individualista, que se manifiesta en algunos casos en apatía, y en otros en opiniones más categóricas y radicales. “Eso se refleja en que pueden no estar dispuestos a asumir el consenso y la negociación, porque lo consideran de la vieja política”.
Una generación que experimentó una fuerte influencia de las nuevas tecnologías, lo que explica en gran parte cómo se informan y entretienen. “Dos prácticas que los diferencian de generaciones anteriores, que estuvieron principalmente expuestas a la TV”, dice Jara.
El académico y director del Programa Electoral de la U. Central, Kenneth Bunker, explica que ese grupo “no tienen el estigma de personas que nacieron antes del 90, que toman decisiones a favor o en contra de la dictadura. Votan por otro tipo de cosas”.
La presencia millennials partió en 2006 con la “movilización de los pingüinos”, destaca Bunker. “Ahora hay muchos líderes jóvenes que representan un liderazgo distinto en el Congreso, el promedio de edad de Revolución Democrática es 29 años, y en la Fuerza para la Mayoría es de 54 años, es una diferencia a nivel de elite y votantes”.
Esa generación tomó distancia de la política durante los 90 y los 2000. Es decir, no votaron, señala Jara. “El año 2011 constituye un hito, pues significa un toma de consciencia de su rol político dentro de la sociedad, el cual se expresó primero mediante movilizaciones y luego mediante el voto. Es el momento en el que se encuentra esta generación y que se observó en la primera vuelta”, indica.
Entran tardíamente a la política institucional, dice Jara, lo que se ve también en otras democracias del mundo, y se relaciona, entre otras cosas, “con una entrada cada vez más tardía de estas personas en el mundo del trabajo”.
¿Influyen en el actual escenario electoral? “Sin duda”, dice Modesto Gayo, académico de la Escuela de Sociología U. Diego Portales. “Por un lado, aunque su participación es porcentualmente menor que la de los grupos de mayor edad, en un escenario electoral tan competitivo, cómo se incline este grupo será muy importante para tener un resultado positivo por parte de cualquier de las candidaturas”.
Además, dice Gayo, por el voto voluntario e inscripción automática, existe incertidumbre sobre cuántos irán a votar y cómo lo harán, lo que dificulta a las candidaturas elaborar un programa electoral con contenidos para ellos. “Los millennials son más una interrogante política que una respuesta”.
Lo que ocurra el domingo es incierto, agrega Bunker. “Se habla que todo se reduce a una diferencia de 100 mil votos, no hay forma de saber, pero tampoco es que los millennials vayan a definir la elección, pero si el Frente Amplio va a votar en masa por Guillier, va a ganar Guillier. El aparato político tradicional está agotado y no se ha modernizado en incorporar a estos votantes, que han sido por mucho tiempo ignorados”.
Ya no es tan fácil ubicarse en el panorama político de Chile.
Durante décadas, el ejercicio fue relativamente sencillo: por un lado, se hablaba de la centroizquierda, representada por la coalición que recuperó la democracia en 1989, incluyendo desde los sectores más conservadores de la democracia cristiana hasta -en los últimos años- el Partido Comunista.
Por el otro, se ubicaba la derecha, representada por los sectores que votaron para que el general Augusto Pinochet se mantuviera en el poder o trabajaron con los militares en temas claves, como el diseño de la Constitución o la privatización de las compañías públicas.
Pero las cosas parecen haber cambiado en el país. Y, sin importar quién gane la elección entre Alejandro Guillier y Sebastián Piñera este domingo, la campaña presidencial y el resultado de la primera vuelta reflejan cierto reacomodo del panorama político en la nación sudamericana.
En la derecha, en primera vuelta surgió por primera vez un candidato presidencial como José Antonio Kast, que obtuvo un 8% reivindicando “las cosas buenas” hechas bajo el régimen militar chileno y llamando a la unión de la “derecha conservadora” y el voto evangélico más tradicional.
Piñera no puede ganar la segunda vuelta sin los votos de Kast y lo incorporó a su campaña, exponiéndose a las acusaciones de haberse derechizado.
Pero el empresario tampoco puede ganar sin convocar a los votantes más al centro de la derecha, que optaron por una mirada más abierta.
Se trata de grupos como “Evópoli”, por ejemplo, el partido formado en 2012 que obtuvo dos senadores y cinco diputados en esta elección y que reivindica ideas poco ortodoxas en la derecha tradicional, como la inclusión y la diversidad.
Por su parte, Guillier, el candidato independiente que representa a la coalición de centroizquierda en el gobierno, también ha tenido que enfrentar un fenómeno nuevo: el Frente Amplio, que reivindica la transformación de la política chilena.
El Frente Amplio critica la tibieza de los acuerdos de la transición democrática y busca implantar derechos sociales universales en el país. Su sintonía con la ciudadanía se expresó en el 20% que sacó su candidata presidencial Beatriz Sánchez y en la elección de un senador y 17 diputados.
Guillier llegó a la elección presidencial presentándose como un político no tradicional, cercano al Partido Radical, representante histórico del centro laico.
Fue conductor de noticias en televisión antes comenzar una carrera política como senador en el año 2013 y pasó a la segunda vuelta superando levemente a Sánchez.
Pero el candidato no puede ganar la elección sin los votos de esa izquierda más transformadora que, por el momento, no llamó a votar formalmente ni en bloque por él. El Frente Amplio pidió en cambio un voto reflexivo, advirtiendo que consideraba a Piñera “un retroceso” para el país.
La aparición en el cierre de campaña de Guillier del expresidente Pepe Mujica, del histórico Frente Amplio uruguayo, apuntó precisamente a convocar a esos votantes.
En resumen, para ganar el domingo, los dos candidatos tienen que complacer a votantes muy distintos, conquistando el favor tanto del centro, como de las alas más radicales de su sector: Piñera combinando ideas ultraconservadoras con opciones más liberales y Guillier sumando los votos de los partidos de la transición y de quienes los critican y aspiran a reemplazarlos.
Por eso no es raro que en la campaña hayan surgido ideas como “Chilezuela” —que el país avanza hacia un gobierno como el de Nicolás Maduro— o la del retroceso —que el país perderá algunas de las conquistas de Michelle Bachelet, como la despenalización del aborto o la gratuidad universitaria para los más pobres—.
No es raro tampoco que las encuestas hayan fallado de forma estrepitosa y que nadie se atreva a pronosticar el resultado del balotaje de este domingo.
“Se desordenó la foto que teníamos de la política”, le dice a BBC Mundo Rossana Castiglioni, politóloga y académica de la Universidad Diego Portales en Santiago.
“Cuando uno mira el eje izquierda-derecha, lo que hace es preguntarle a la gente cómo se percibe y luego ubicarlos en ese eje, a partir de la realidad de cada país. Si hacemos eso mirando, por ejemplo, a los socialistas chilenos, creo que ellos nos habrían quedado bien a la derecha del resto del socialismo latinoamericano”, dice Castiglioni.
Ese es uno de los factores que podría explicar el surgimiento de nuevos sectores de izquierda como el Frente Amplio.
La experta, jefa de un equipo de académicos que estudia los desafíos a la representación política en la nación sudamericana, explica que la coalición que tomó el poder tras Pinochet, la Concertación, “está bastante más al centro de lo que tradicionalmente se reconoce. Es una coalición variopinta, pero que se vio obligada a administrar un sistema definido en el régimen militar, con muchas trabas para el cambio”.
Castiglioni dice que la izquierda chilena en el gobierno tuvo “varias cosas que no ves en otras izquierdas latinoamericanas”. Y enumera: la preponderancia de la tecnocracia; el poder político del ministerio de Hacienda y el ajuste a una Constitución que impide cambios radicales en políticas públicas.
“La tecnocracia es muy sui géneris en Chile. En la discusión sobre las pensiones, por ejemplo, si miras a Uruguay, te vas a encontrar con abogados laboralistas, gente muy sólida, que te habla con boina y tomando mate. En cambio en Chile, te vas a encontrar principalmente con economistas, todos vestidos muy formalmente y que, por su formación, excluyen alternativas de policy making que sí se discuten en otros contextos”.
La politóloga apunta a otro sector clave: la salud. “La gran reforma que tuvo Chile, la más importante de la transición, el Auge —el plan de garantías explícitas que asegura la provisión de salud para un determinado número de dolencias— no cambia la arquitectura del sistema. La reforma se hizo manteniendo a las aseguradoras privadas, las Isapres y todo el resto del sistema”.
Las reformas en Chile nunca rompían con el modelo definido en la transición. Hasta la segunda presidencia de Michelle Bachelet.
“Bachelet fue la que partió aguas, pues instaló como gran tema de discusión superar no sólo las herencias sociales económicas y políticas de la dictadura, sino también de los gobiernos que siguieron, a partir de la mirada crítica de que instalaron los movimientos sociales del 2011″, le dice a BBC Mundo el Premio Nacional de Ciencias Sociales Manuel Antonio Garretón.
El sociólogo agrega: “Ya que la centroizquierda chilena fue democratizadora, pero no transformadora, surgió una nueva izquierda que apunta a cambiar la sociedad y que, obvio, enfatiza sólo los aspectos críticos de los gobiernos democráticos”.
Esta nueva generación que está redibujando el espectro político chileno, que en buena medida nació cuando el régimen de Pinochet ya había terminado, no se define ni por los traumas ni las culpas de la izquierda y la derecha tradicional chilenas.
No responden a los cánones clásicos de la política y son la gran fuente de incertidumbre para la elección presidencial.
Muchos de sus líderes surgieron en los movimientos sociales del 2011, y aunque la abstención es un fenómeno creciente que en Chile afecta principalmente a los jóvenes, de alguna manera, ellos tienen la llave de la elección.
El resultado del domingo será determinado por factores como el nivel de abstención electoral, el peso que tenga ese día el electorado más tradicional, o la decisión que tomen los sectores que apoyaron la opción de cambio del Frente Amplio.
“La cosa se desordenó con los jóvenes”, sentencia Castiglioni.
En ellos radica parte de las respuestas en torno a qué traerá el cambiante futuro político chileno. Y quién lo liderará durante los próximos cuatro años.
Para ganar la elección presidencial, tanto Sebastián Piñera como Alejandro Guillier tienen que complacer a votantes muy distintos. Piñera debe combinar ideas ultraconservadoras con opciones más liberales y Guillier pretende los votos de los partidos de la transición.Ya no es tan fácil ubicarse en el panorama político de Chile.
Durante décadas, el ejercicio fue relativamente sencillo: por un lado, se hablaba de la centroizquierda, representada por la coalición que recuperó la democracia en 1989, incluyendo desde los sectores más conservadores de la democracia cristiana hasta -en los últimos años- el Partido Comunista.
Por el otro, se ubicaba la derecha, representada por los sectores que votaron para que el general Augusto Pinochet se mantuviera en el poder o trabajaron con los militares en temas claves, como el diseño de la Constitución o la privatización de las compañías públicas.
Pero las cosas parecen haber cambiado en el país. Y, sin importar quién gane la elección entre Alejandro Guillier y Sebastián Piñera este domingo, la campaña presidencial y el resultado de la primera vuelta reflejan cierto reacomodo del panorama político en la nación sudamericana.
En la derecha, en primera vuelta surgió por primera vez un candidato presidencial como José Antonio Kast, que obtuvo un 8% reivindicando “las cosas buenas” hechas bajo el régimen militar chileno y llamando a la unión de la “derecha conservadora” y el voto evangélico más tradicional.
Piñera no puede ganar la segunda vuelta sin los votos de Kast y lo incorporó a su campaña, exponiéndose a las acusaciones de haberse derechizado.
Pero el empresario tampoco puede ganar sin convocar a los votantes más al centro de la derecha, que optaron por una mirada más abierta.
Se trata de grupos como “Evópoli”, por ejemplo, el partido formado en 2012 que obtuvo dos senadores y cinco diputados en esta elección y que reivindica ideas poco ortodoxas en la derecha tradicional, como la inclusión y la diversidad.
Por su parte, Guillier, el candidato independiente que representa a la coalición de centroizquierda en el gobierno, también ha tenido que enfrentar un fenómeno nuevo: el Frente Amplio, que reivindica la transformación de la política chilena.
El Frente Amplio critica la tibieza de los acuerdos de la transición democrática y busca implantar derechos sociales universales en el país. Su sintonía con la ciudadanía se expresó en el 20% que sacó su candidata presidencial Beatriz Sánchez y en la elección de un senador y 17 diputados.
Guillier llegó a la elección presidencial presentándose como un político no tradicional, cercano al Partido Radical, representante histórico del centro laico.
Fue conductor de noticias en televisión antes comenzar una carrera política como senador en el año 2013 y pasó a la segunda vuelta superando levemente a Sánchez.
Pero el candidato no puede ganar la elección sin los votos de esa izquierda más transformadora que, por el momento, no llamó a votar formalmente ni en bloque por él. El Frente Amplio pidió en cambio un voto reflexivo, advirtiendo que consideraba a Piñera “un retroceso” para el país.
La aparición en el cierre de campaña de Guillier del expresidente Pepe Mujica, del histórico Frente Amplio uruguayo, apuntó precisamente a convocar a esos votantes.
En resumen, para ganar el domingo, los dos candidatos tienen que complacer a votantes muy distintos, conquistando el favor tanto del centro, como de las alas más radicales de su sector: Piñera combinando ideas ultraconservadoras con opciones más liberales y Guillier sumando los votos de los partidos de la transición y de quienes los critican y aspiran a reemplazarlos.
Por eso no es raro que en la campaña hayan surgido ideas como “Chilezuela” —que el país avanza hacia un gobierno como el de Nicolás Maduro— o la del retroceso —que el país perderá algunas de las conquistas de Michelle Bachelet, como la despenalización del aborto o la gratuidad universitaria para los más pobres—.
No es raro tampoco que las encuestas hayan fallado de forma estrepitosa y que nadie se atreva a pronosticar el resultado del balotaje de este domingo.
“Se desordenó la foto que teníamos de la política”, le dice a BBC Mundo Rossana Castiglioni, politóloga y académica de la Universidad Diego Portales en Santiago.
“Cuando uno mira el eje izquierda-derecha, lo que hace es preguntarle a la gente cómo se percibe y luego ubicarlos en ese eje, a partir de la realidad de cada país. Si hacemos eso mirando, por ejemplo, a los socialistas chilenos, creo que ellos nos habrían quedado bien a la derecha del resto del socialismo latinoamericano”, dice Castiglioni.
Ese es uno de los factores que podría explicar el surgimiento de nuevos sectores de izquierda como el Frente Amplio.
La experta, jefa de un equipo de académicos que estudia los desafíos a la representación política en la nación sudamericana, explica que la coalición que tomó el poder tras Pinochet, la Concertación, “está bastante más al centro de lo que tradicionalmente se reconoce. Es una coalición variopinta, pero que se vio obligada a administrar un sistema definido en el régimen militar, con muchas trabas para el cambio”.
Castiglioni dice que la izquierda chilena en el gobierno tuvo “varias cosas que no ves en otras izquierdas latinoamericanas”. Y enumera: la preponderancia de la tecnocracia; el poder político del ministerio de Hacienda y el ajuste a una Constitución que impide cambios radicales en políticas públicas.
“La tecnocracia es muy sui géneris en Chile. En la discusión sobre las pensiones, por ejemplo, si miras a Uruguay, te vas a encontrar con abogados laboralistas, gente muy sólida, que te habla con boina y tomando mate. En cambio en Chile, te vas a encontrar principalmente con economistas, todos vestidos muy formalmente y que, por su formación, excluyen alternativas de policy making que sí se discuten en otros contextos”.
La politóloga apunta a otro sector clave: la salud. “La gran reforma que tuvo Chile, la más importante de la transición, el Auge —el plan de garantías explícitas que asegura la provisión de salud para un determinado número de dolencias— no cambia la arquitectura del sistema. La reforma se hizo manteniendo a las aseguradoras privadas, las Isapres y todo el resto del sistema”.
Las reformas en Chile nunca rompían con el modelo definido en la transición. Hasta la segunda presidencia de Michelle Bachelet.
“Bachelet fue la que partió aguas, pues instaló como gran tema de discusión superar no sólo las herencias sociales económicas y políticas de la dictadura, sino también de los gobiernos que siguieron, a partir de la mirada crítica de que instalaron los movimientos sociales del 2011″, le dice a BBC Mundo el Premio Nacional de Ciencias Sociales Manuel Antonio Garretón.
El sociólogo agrega: “Ya que la centroizquierda chilena fue democratizadora, pero no transformadora, surgió una nueva izquierda que apunta a cambiar la sociedad y que, obvio, enfatiza sólo los aspectos críticos de los gobiernos democráticos”.
Esta nueva generación que está redibujando el espectro político chileno, que en buena medida nació cuando el régimen de Pinochet ya había terminado, no se define ni por los traumas ni las culpas de la izquierda y la derecha tradicional chilenas.
No responden a los cánones clásicos de la política y son la gran fuente de incertidumbre para la elección presidencial.
Muchos de sus líderes surgieron en los movimientos sociales del 2011, y aunque la abstención es un fenómeno creciente que en Chile afecta principalmente a los jóvenes, de alguna manera, ellos tienen la llave de la elección.
El resultado del domingo será determinado por factores como el nivel de abstención electoral, el peso que tenga ese día el electorado más tradicional, o la decisión que tomen los sectores que apoyaron la opción de cambio del Frente Amplio.
“La cosa se desordenó con los jóvenes”, sentencia Castiglioni.
En ellos radica parte de las respuestas en torno a qué traerá el cambiante futuro político chileno. Y quién lo liderará durante los próximos cuatro años.
Juan Manuel Astorga revisó la presentación del voto para el balotaje; la positiva evolución del ex Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle tras ser intervenido de urgencia; la detección de terremotos lentos en nuestro país; y más. El panel, compuesto por Carlos Maldonado, Vocero del comando de Alejandro Guillier, Fernando García-Naddaf, académico Escuela de Ciencia Política UDP y Rodrigo Arellano, Vicedecano Facultad de Gobierno UDD discutió sobre los últimos días de campaña para los candidatos presidenciales.
Las pasadas elecciones presidenciales, incluyendo el período de primarias, han visto un nutrido grupo de políticos que tuvieron la voluntad de competir y vieron frustradas sus intenciones de ser los representantes de su grupo o coalición política. Estos candidatos fueron los perdedores, y como tal quizás se esperaría su desaparición momentánea o un poco de recato en su impulso adrenalínico proveniente todavía de su psicología de combatiente democrático. Pero esto está lejos de haberse producido. En lugar de un castigo, por simbólico que sea, recibieron un premio, siendo invitados, de forma más o menos forzada, a formar parte de las cortes respectivas de los gladiadores finales. Sebastián Piñera se ha visto acompañado, tanto en espíritu como físicamente, de los Kast, Felipe y José Antonio, y ha ido del brazo a visitar a las viejitas con rentas miserables con su ahora íntimo Manuel José Ossandón, de quien recibió más de un garabato pocas semanas atrás. Por el lado de Alejandro Guillier, ahora escuchamos el “aúpa, compañero” de Carolina Goic, Ricardo Lagos y, más sorprendentemente, si bien a título individual, Beatriz Sánchez. Otros frenteamplistas también insinúan su apoyo, pero sin querer desgastarse por su verdadero rival político, al que anhelan desplazar. Alberto Mayol emerge del barro queriendo ser un rostro que, nada menos, propicie la unión en todo el arco de centro-izquierda, subvirtiendo la voluntad mayoritaria, de forma legal pero sustantivamente fraudulenta. Y, finalmente, MEO, incombustible, intenta enmendar lo que considera errores pasados, pidiendo perdón de forma fáctica, apoyando sin ambages al postulante de la Nueva Mayoría.
Caras de derrota prometiendo un nuevo Chile, justo el que muchos de ellos critican, es decir, la vieja receta sigue vigente: ganes o pierdas, gobierna la élite, de la que forman parte. No perder significa esencialmente no abrir espacios para otros, éstos sí a la sombra de los ganadores. Esto es, los que no pudieron ganar, resucitan en la forma de apoyo al caballo que avanza con ventaja de varias cabezas. Según la Real Academia Española, zombi es la “persona que se supone muerta y reanimada por arte de brujería con el fin de animar su voluntad”. En este sentido, los derrotados en la carrera presidencial tienen lo esencial del zombi, políticos muertos que fueron reanimados, si bien suponen una inversión, puesto que el fin no es el de ver animadas sus variopintas voluntades, sino que aspiran a ser ellos los que animen la de los candidatos vencedores. Es por ello que en el contexto de Chile, deberíamos entender que estos políticos vencidos poco tiempo atrás han devenido en zombis presidenciales resucitados por el casi infalible arte del instinto de supervivencia política cuya meta es animar la voluntad del verdadero ganador.
Esta política de los zombis presidenciales contribuye a hacer indistinguible la victoria de la derrota. Convierte las elecciones en un paseo en compañía deseada, o un té entre amigos. Refuerza al derrotado y lo confirma en sus convicciones minoritarias, y a menudo francamente erradas, dejándole ver que posiblemente en el futuro él será el elegido por la masa eternamente insatisfecha y voraz. No en vano, Kast cree que puede ser el próximo Trump chileno; Manuel José Ossandón, una mezcla entre José Mujica y Bergoglio; MEO, un Allende, también apaleado y viejo por cuatro elecciones presidenciales consecutivas, pero igual exitoso al final; Mayol, una bella durmiente todavía por besar. Todos fueron derrotados, pero lejos de encontrar desánimo, han visto reforzados sus sueños de liderazgo. ¿Es que no hay nada mejor que hacer en este país que querer ser presidente?, debo preguntarme cabizbajo y reflexivo cuando paseo mis ojos por La Moneda. Hay algo que anda mal en todo esto, ¿o todo es lo contrario?, pienso dubitativo.
De lo que no tengo duda es que Michael Jackson hubiese decidido venir a Chile si hoy fuesen los comienzos de la década de los 80, cuando comenzó a tararear la música de un exitoso tema pop. Hoy Michael bailaría Thriller con nuestros políticos chilenos derrotados en la contienda presidencial, rajadas sus ropas en mil discursos y peleas, donde la camaradería estuvo ausente en muchos momentos dentro del ring. Hoy muchos demócratas de aquel tiempo se asustarían de ver en comandos políticos a candidatos que el pueblo rechazó media hora atrás. Y todo sucede al mediodía, la nueva hora de los fantasmas.
Académico de la Escuela de Ciencia Política UDP, analiza relevancia de un debate presidencial e influencia en los votos.
Si bien nos tienen acostumbrados a las campañas del terror, en esta oportunidad ha recrudecido en la segunda vuelta el intento por inculcar miedo como herramienta para volcar el resultado en favor del candidato de Chile Vamos. “Chilezuela”, crisis bursátil, colas, caos económico y hasta fraude electoral han sido la tónica.
A empresarios impúdicos se suman el propio candidato derechista, su séquito y bots y trolls. El objetivo es desincentivar a los votantes, con lo que Piñera podría beneficiarse. También influir en los más débiles y crédulos, aquellos que creen a pie juntillas lo que dicen los medios, controlados por los grupos económicos.
El remezón sufrido la noche del pasado 19 de noviembre, donde se frustró la posibilidad de ganar en primera vuelta, generó no solo desazón en las huestes derechistas, también miedo a la derrota. Ello dio pie a utilizar justamente esa misma arma para tratar de convencer a ilusos, la vieja lucha entre los buenos y los malos donde claro, los buenos son ellos.
La propia Presidenta de la República, Michelle Bachelet, llamó a poner atención en que “hay una campaña del terror y bien clara. Yo no he visto campaña del terror en el sentido contrario”, reiteró la Primera Mandataria añadiendo que “uno debe de tratar siempre de cuidar el tono”.
“Chilezuela”
Si alguna caricatura –aparte de las “piñericosas”- se ha tomado la agenda en los últimos días ha sido la burda comparación del senador Alejandro Guillier con Nicolás Maduro y de nuestro país con la realidad que atraviesa Venezuela. “Chilezuela” se ha instalado como una manera de amenazar que de resultar electo el senador independiente que encarna el progresismo Chile caerá por el despeñadero al punto de que la “economía se caerá a pedazos”. Bachelet ironizó: “El humor ha sido la respuesta (de los chilenos) con cantidad de memes”.
“Aquí lo que se ha hecho es una comparación con Maduro y al mismo tiempo que en las redes aparece este tema de Chilezuela. Aparecen videos de venezolanos diciendo que si gana tal candidato esto va a ser el comunismo. Aparece un sicario de (Pablo) Escobar diciendo que no voten por Guillier.
El propio Piñera difundió el embuste al afirmar que “yo veo que el candidato Alejandro Guillier está cada día más violento, más demagogo, más populista, más errático y se parece cada día más a Nicolás Maduro. Yo me pregunto ¿a dónde nos conduce ese camino? Yo veo que algunos con tal de aferrarse al poder y a sus prebendas están dispuestos a hacer cualquier cosa”.
La polémica comparación había aparecido un poco antes y en boca de Erika Olivera, diputada electa de Chile Vamos, quien había afirmado que “a mí no me gustaría tener un país como Venezuela. Y lo digo sinceramente. No me gustaría que mis hijos vieran una realidad como la que vemos a través de los medios de comunicación, lo que están viviendo millones de venezolanos (…) es lo que veo para el futuro de nuestro país si seguimos así. Lo más probable es que vayamos hacia allá y eso es lo que yo como persona de esta sociedad no quiero para mi país, no quiero eso para Chile. Quiero un país libre, quiero un país que tenga oportunidades, un país que progrese, un país que avance en todos los sentidos y por eso es que estoy dispuesta a jugármela”.
“O Piñera o el caos”
Otra de las falacias que se ha venido arrastrando las últimas semanas pero que se ha acrecentado en el balotaje, es la amenaza de que si no es electo Sebastián Piñera la Bolsa se derrumbará y se creará un desbarajuste económico de proporciones. El drama es que eso no solo lo repiten “trolls” que Sebastián Piñera ha implementado como plataforma de lucha digital sino que empresarios.
En octubre pasado Juan Andrés Camus, el presidente de la Bolsa de Comercio de Santiago, dijo en una entrevista a El Mercurio: “Claramente, si no saliera elegido Piñera la probabilidad que tengamos un colapso en el precio de las acciones es alta. Va a depender de cómo sigan las proyecciones de los resultados de las elecciones. Todavía siguen siendo bastante favorables para el Presidente Piñera y yo creo que eso para los inversionistas parece una buena noticia. Mientras eso sigue así, vamos a tener un mercado más bien boyante que deprimido”.
No ha sido el único que ha intentado aterrar dentro de la derecha económica. El empresario Luis Eguiguren retomó la profecía del presidente de la Bolsa y afirmó que ocurriría un “colapso” si no gana Piñera. Se trata del socio fundador de la corredora de bolsa Fynsa, quien dijo que esta no es una elección más, “porque la Nueva Mayoría abandonó el centro para irse a la izquierda y tiene que pololear los votos del Frente Amplio y hacer concesiones en temas que la Concertación jamás habría pensado, como el fin de la AFP y del CAE”.
Miente, miente, que algo queda…
Una burda posverdad se intentó instalar en estos días y dice relación con un tuit en redes sociales del exministro de Cultura de Piñera Roberto Ampuero. El personero reprodujo en Twitter un falso mensaje donde aseguró que “Nicolás Maduro respalda al ‘compañero Alejandro Guillier’. Esto no es campaña de terror, sino lisa y llanamente la campaña del chavismo y castrismo en favor de Guillier”.
El falso tuit rezaba: “todo mi incondicional apoyo al compañero Alejandro Guillier, precandidato bolivariano a la Presidencia de Chile”. El propio Piñera ya había reproducido el mentado mensaje poco tiempo antes. Las burlas de los cibernautas hicieron que el exministro lo borrara e intentara una disculpa que solo agravó la falta.
Ya antes y a solo dos días de efectuarse la primera vuelta y fuera de periodo de propaganda, un video recorrió profusamente las redes sociales y llamaba a poner atención a las razones para no votar por Guillier. Entre ellas se usaba la imagen del senador socialista Carlos Montes, quien lo denunció como parte de la “campaña sucia”. Era el principio de una escalada mayor. Los bots y los trolls de Piñera.
Bajo ataque cibernético
Inusual e inédito en Chile, fue una herramienta sucia utilizada en Estados Unidos en las pasadas elecciones por Trump y replicada ahora por Piñera. Se trata de trolls y bots, una especie de francotiradores creados en el ciberespacio y que no tienen existencia real, sin embargo se apropian de cuentas con nombre y apellido y dan la impresión de miles de personas comentando temas en los medios y redes. En realidad son un centenar de empleados encargados de dar vida maliciosamente a estos “esbirros del terror”.
Los llamados “trolls”, son cuentas creadas en redes sociales que no pertenecen a personas reales, son perfiles falsos, inactivos o creados específicamente para los meses de campaña, utilizados para emitir mensajes falsos o proselitistas, para difamar a los adversarios y buscar pautear temas (llamados trending topic). Existen empresas dedicadas exclusivamente a prestar estos “servicios”. Por su parte los bots son programas informáticos que simulan el comportamiento humano. Desde ciberataques –como el sufrido en el sitio oficial de Alejandro Guillier-, hasta crear cuentas de correo o conversar con seres humanos. Cambio21 conoce de algunos.
Pues bien, desde hace unos días miles de cuentas han sido creadas en la web en los distintos sitios de diálogo y redes sociales como Facebook, Twitter, Instagram y otras e incluso por vía WhatsApp, que se han dedicado o a denigrar a adversarios o a ensalzar a Piñera. Investigaciones de prensa han podido determinar que tras esta campaña estaría una empresa llamada “Socialmente”, financiada por el comando de Sebastián Piñera y encargada de la creación de perfiles falsos y su operatividad en la web.
Confundir a la gente e instalar temas que benefician a quien los contrató es la consigna. Algo similar a lo hecho en la primera vuelta con las encuestas, financiadas por la derecha o donde colaboradores de Piñera estuvieron detrás de ellas. Así se puede “inflar” un sondeo en la red o apoyar una versión o dicho falso. La reiteración del mismo concepto por “distintas personas” que no son más que estas máquinas, a muchos impresiona y, si lo dice la mayoría, es y lo aceptan sin cuestionarse.
Una denuncia de Austral Digital da cuenta que cada empleado de “Socialmente” tiene asignadas 100 cuentas falsas. “En total, 15 empleados manejan 1500 cuentas para la campaña de Piñera”, aseguran. Así que no se extrañe que de pronto aparezcan decenas, centenas de “comentaristas” de la nada y que se mantengan en el tiempo. El problema es de quien los manda crear, que se termina creyendo el cuento, como le sucedió con las encuestas falsas.
Los artistas hace años les llamaban “claque”, los contrataban para sus conciertos y para que los aplaudieran y vitorearan… No faltaban los ilusos que se sumaban sintiendo que estaban frente a “un gran artista”. “Una mentira mil veces repetida, se convertirá en verdad”, aseguraba Goebbels. ¿O era Lenin?
Desinformar es mentir
Para el cientista político y académico de la Universidad Diego Portales Fernando García, las “campañas del terror” buscan desinformar y tienen pocos efectos sobre la decisión de las personas: “(Se) caracterizan por tratar de revelar temas que generan temor y son usadas como una herramienta política. Todas ellas se identifican con un enemigo en común, que es externo. Algo que amenace a la sociedad… Puede que la gente con menos capacidad de procesamientos políticos caiga. Es totalmente desinformación”.
Desde tiempos inmemoriales el miedo ha sido utilizado para mantener el poder. El “viejo del saco” en materia política es algo más peligroso que el solo cuento que buscaba que un niño se comiera su comida. En política lleva a atrocidades, como ocurrió en Alemania en contra de los judíos, en Yakarta, Indonesia, donde se masacró a cerca de 500 mil personas y en nuestro mismo país, donde el “Plan Z” dio pábulo a crímenes bajo solo sospecha de ser parte de él.
La misma dictadura utilizaría ese argumento cuando enfrentó el plebiscito de 1988. Allí se difundió la idea de que si ganaba el “NO” Chile volvería al “traumático” tiempo de la Unidad Popular de Allende. Las colas, los paros y el caos se avecinaban. Nada de ello pasó. Luego utilizarían similar argumento en la derecha siendo Ricardo Lagos candidato de la Concertación en 1999. El propio Piñera usó esa herramienta no mucho antes, cuando aseguraba que de triunfar Patricio Aylwin constituía el caos.
¿Por qué desempolvar en la segunda vuelta las campañas del terror? Porque con la derrota de sus expectativas vivida tras la primera vuelta constataron que ni el país se caía a pedazos (las cifras de ganancias de la banca, el retail, las AFP e Isapres, entre otras, dan cuenta de ello), ni la oposición a las reformas era mayoritaria, sino que por el contrario, una gran mayoría del país se manifestaba por los cambios, algunos con mayor intensidad que otros, pero aspiraban a reformas sustanciales que terminaran la desigualdad.
La más grosera de las falacias provino del propio Sebastián Piñera, quien aseguró tras la primera vuelta que podría haberse efectuado un fraude electoral en estas elecciones: “No tuvimos apoderados en todas las mesas y el resultado que obtuvimos en las mesas en que sí teníamos apoderados es mucho mejor que el resultado en las mesas en que no teníamos apoderados. A buen entendedor, pocas palabras”, dijo. Juzgue usted.
Este domingo debutó la franja electoral de la campaña para la segunda vuelta. Y tal parece -aunque no es una postura unánime entre los analistas políticos- que el abanderado de Chile Vamos, Sebastián Piñera, corría con cierta ventaja ante su adversario oficialista Alejandro Guillier. Sin embargo, todo cambió drásticamente, cuando ayer en la mañana, en una entrevista radial, el exmandatario esbozó una denuncia de supuestas irregularidades en el resultado de las elecciones del 19 de noviembre, con lo que habría puesto en tela de juicio su ‘seriedad’ como candidato y expresidente de la República.
La salida de Piñera no pasó inadvertida para nadie y, de alguna manera, opacó lo bien que había resultado el estreno de su franja. En su propio sector admiten que el exjefe de Estado ‘no se debió haber metido en ese tema y mucho menos hacer la denuncia él mismo’.
El director ejecutivo del Instituto Libertad, Aldo Cassinelli, coincide con que ‘entrar en eso no le aporta nada (al exmandatario), si es que no tiene algo con qué responder’. El experto apunta a la preparación con que deben contar los apoderados que en cada elección representan a uno u otro candidato. Ello con el objetivo de bajarle un poco el tono a las declaraciones del exmandatario que remecieron a toda la clase política, desde La Moneda hacia abajo.
Tanto así que los dirigentes de la Nueva Mayoría le exigieron a Piñera que presente una denuncia formal o que se retracte, dado que puso en tela de juicio las instituciones que aspira a representar nuevamente. Bastante menos generoso con el aspirante de la derecha a La Moneda en esta materia, fue el cientista político Claudio Fuentes.
‘Si no hay evidencia consistente y fundamentada de un fraude, lo que se está haciendo es, simplemente, tratar de generar un hecho político de algo no probado’, apunta. Y eso, advierte, ‘es muy malo para la pretensión de un candidato que trata de demostrar que es serio, que va a gobernar para todo el país, porque si parte cuestionando las instituciones, tiene un problema’.
Con más distancia se lo toma el analista y exdiputado de la UDI Gonzalo Arenas, ya que sólo percibe el planteamiento del candidato opositor como una ‘estrategia para activar un poco a la gente de centroderecha para que vote y se ofrezca a hacer apoderado’. Mientras que para el cientista político Marco Moreno, el desmadre de Piñera ‘no hace más que contribuir a la imagen de desesperación que se está instalando en su candidatura’, porque ‘hay varios pasos de errores no forzados que se han dado en estos días, como el tema con los hijos que se declaraban de centroizquierda’.
Moreno cree que Piñera quiere ‘instalar la idea de que hay una lucha, donde se juega todo estilo Honduras, donde está la escoba con los resultados electorales y eso, la gente no lo cree ni le gusta. En definitiva, eso le hace un daño a Piñera y le espanta electorado’.
El voto ‘del medio’
Y todo justo cuando parecía que Piñera podía tomar la delantera en un estadio en que cualquier ventaja podría marcar la diferencia tan ajustada que, todo indica, será el sello de esta elección.
Porque, tal como lo plantea Arenas, aunque con menos énfasis tal vez, el primer capítulo de la franja fue ‘muy superior al de Guillier, ‘sobre todo porque ha reflejado muy bien lo que significa para cada persona el crecimiento económico’, con lo que aterrizó -a su juicio- un concepto que es más bien técnico, ‘humanizándolo’. Con lo que el espacio de Guillier habría quedado ‘al debe’, porque ‘le faltó un mensaje claro’.
En busca del voto del electorado ‘del medio’, como lo llaman algunos analistas, que es muy volátil, esquivo y no actúa idelógicamente, Piñera muestra eficiencia y capacidad de gestión en la franja, pero ‘falta todavía una conexión emocional con el país real todavía’, explica Moreno.
Este es el electorado al que tiene que seducir ‘con propuestas de continuidad de las reformas’ para ganarle a Guillier y por el que ‘está reformulando su mensaje para tener sintonía’ con esa idea.
Para sacarle ventaja a Piñera, Guillier tiene que demostrar -añade- que ‘él sí es coherente con el discurso reformista’ y en eso ‘un elemento fundamental es el rol que pueda jugar la Presidenta’.
En opinión de Cassinelli, si el electorado percibe el discurso de Piñera como cercano a la Concertación ‘está logrando atraer a una opción más moderada’. Mientras Fuentes es crítico con ambas franjas, porque son franjas ‘bastante estándar’, apuntando a un electorado seguro.
SANTIAGO.- “Los votos no son nuestros ni nunca lo han sido. Efectivamente para nosotros Piñera es un retroceso, pero Guillier tiene planteamientos que son ambiguos”.
Con esta palabras, la ex candidata presidencial del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, comunicaba la decisión del bloque de cara a la segunda vuelta, tras dos semanas de incertidumbre.
Los gestos del candidato de La Fuerza de la Mayoría, Alejandro Guillier, hacia el conglomerado, como la inclusión de Fernando Atria en su equipo o el anuncio de la condonación de la deuda del CAE para el 40% más pobre de la población, no fueron suficientes. Aunque el bloque llamó a votar, no lo hizo directamente por el senador.
Noticia relacionada Frente Amplio llama a la gente a votar en la segunda vuelta sin apoyar explícitamente a Guillier La decisión, inédita en la historia política chilena, llega a reforzar la incertidumbre que ronda el balotaje que tendrá lugar el 19 de diciembre, calificada por algunos expertos como “la más incierta desde el regreso a la democracia”.
El bloque, además, recibió críticas por no jugársela por uno de los dos candidatos. “Con todo respeto, no son ni chicha ni limonada”, fue uno de los mensajes que recibió el diputado RD Giorgio Jackson en su cuenta de Twitter tras el anuncio.
La oposición, en tanto, consideró que el resultado fue un “rotundo fracaso político” de la campaña de Guillier, excluyendo de su análisis la posición en la que queda ahora el Frente Amplio.
Para el director del Programa Electoral de la U. Central, Kenneth Bunker, la resolución “está en línea con su estrategia de largo plazo”.
“Es bastante sorpresiva la decisión final, pero si es que ellos quieren montar una coalición que tenga opciones reales de acceder al poder, no pueden tener una mancha en su hoja de vida, como apoyar un candidato con el que no están de acuerdo”, afirma Bunker.
Noticia relacionada Comando de Piñera considera un “rotundo fracaso político” que Guillier no lograra apoyo explícito del Frente Amplio “Mucha gente piensa que ellos tienen el paso de Guillier al gobierno en sus manos, pero ellos están jugando por su equipo. ¿Qué otra cosa podían hacer? ¿Apoyar a Guillier? Si no les gusta Guillier, porque no es una alternativa para ellos, y creo que el tiempo les dará la razón. La gente no está acostumbrada a una tercera coalición, y cuando hay algo distinto pasando, descoloca”, agrega.
Según Fernando García Nadaff, académico de la U. Diego Portales, aunque el más perjudicado es el propio Guillier, porque necesita de esos votos, su situación “tampoco es tan mala”.
“Lo que hicieron fue decir. ‘Dejamos en libertad de acción, pero Piñera es más malo’, o sea que en el fondo están diciendo: ‘Igual preferimos que salga Guillier’. Logra, en ese sentido, un perfilamiento, que es mejor que si llegara a negociar y ocupar cargos, lo que sería un gran costo político”, afirma.
“El FA no lo está haciendo mal y para Guillier no es tan malo porque no le ponen un muro de fuego. Es una frontera media difusa, donde todavía puede entrar”, añade.
Para Javiera Arce, cientista política y académica de la U. de Valparaíso, el FA solamente se vio perjudicado con la decisión frente “a los ojos de la vieja política”.
Noticia relacionada Comando de Guillier destaca que FA considere un “retroceso” eventual triunfo de Piñera “Ellos han sido super leales y responsables de que dicen. Beatriz Sánchez les dijo que le hablaran a los electores. Jackson y Boric dijeron toda la semana que la pelota la tenían ellos, y ellos no han estado a la altura”, explica.
“Lo que pasa es que hay una fractura del electorado de La Fuerza de la Mayoría que no se sintió identificado con ese proyecto, y eso no es algo de lo que el FA se tenga que hacer cargo. Ponerlos en esa lógica, como hemos visto en algunos dirigentes políticos, me parece que es una hipérbole, una exageración absoluta y una falta de capacidad para comprender el proceso político”, continúa.
Sin embargo, coincide en que el escenario pudo haber sido peor para Guillier. “Pudieron haber dicho que representaba el conservadurismo, o que era lo mismo que Piñera, pero no fue lo que hicieron. Detrás de su decisión hay una argumentación teórica, política y estratégica”, finaliza.
Tres importantes expertos y académicos universitarios profundizan con La Nación las opciones que Alejandro Guillier y Sebastián Piñera tienen para ganar las elecciones del 17 de diciembre.
Debido al desprestigio de las encuestas por los pronósticos errados sobre los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, es muy difícil que alguien se atreva a dar nuevas predicciones para el balotaje, aunque algunas consultoras insistan en dar números.
Pero hay dos cosas que los analistas políticos tienen muy claro para esta segunda vuelta: votarán menos personas que las que lo hicieron el 19 de noviembre y ladiferencia entre Alejandro Guillier y Sebastián Piñera será muy estrecha.
Octavio Avendaño, doctor en Ciencia Política y académico de la Universidad de Chile, declaró a La Nación que tiene la convicción de que la elección será “muy estrecha, podemos decir que esto va a ser como una definición a penales, va a ser voto a voto la pelea. Lo más probable es que la votación sea un 51% y un 49%, incluso la diferencia podría ser menor”.
Para el analista, esta será “una de las elecciones más importantes que se hayan realizado en Chile desde 1990, por varias razones. Por primera vez se confrontan dos proyectos bastante distintos desde el punto de vista de cómo concebir el rol del Estado, el rol de las instituciones privadas y sobre todo respecto de la proyección de las reformas estructurales que se llevaron o se intentaron llevar a cabo durante este gobierno”.
Otra arista alertada por Avendaño es que un eventual apoyo del Frente Amplio a Guillier no le va a afectar en nada a su capital político recién ganado en las parlamentarias, “porque si tomamos en cuenta la trayectoria de muchos de sus dirigentes y el actuar de muchos de ellos en el último tiempo, encontramos que tomaron decisiones trascendentales apoyando al oficialismo”.
Según el analista, “el resultado es incierto. Creo que más que girar hacia el centro o hacia la izquierda, lo más importante para cualquiera de los dos candidatos es movilizar a una parte de ese electorado que no votó”.
Explicó que “estadísticamente podríamos decir que Fuerza de la Mayoría tiene mucho más ventajas al respecto, porque en los últimos años perdió más de un millón de votos, que se desafectó no solo de la Nueva Mayoría, sino que también del sistema político en general. Por ahí podría estar la apuesta en el caso de Guillier”.
“En el caso de Piñera, la clave es apelar a un discurso completamente antipartidista y antipolítico para poder atraer al electorado que no participó. Es muy difícil, pero va a depender de la intensidad y el nivel de competencia que se desarrolle en estos días. Si la competencia es intensa, lo más probable es que el porcentaje de votación al menos se mantenga”, cerró.
“Me parece que el que la tiene más complicada es Sebastián Piñera”, afirmó el también doctor en Ciencia Política y director del Magíster en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Santiago, René Jara.
El analista añadió que “no se ve por dónde puede crecer” la votación del candidato de Chile Vamos. “Le ha hecho todos los gestos, a mi punto de ver de manera apresurada, a Felipe Kast y Manuel José Ossandón, decayó el tema con Ciudadanos. Esto se traduce en una cierta falencia de crecimiento. Entonces, creo que en lo que se va a dedicar a hacer ahora es a consolidar sus electorados y a jugársela porque haya una gran participación de su sector”, señaló.
Por el lado de Guillier, “hasta ahora lo que ha hecho en términos de conseguir apoyos ha sido bastante ordenado. Lo primero fue asegurar la relación con la DC, porque son los socios estratégicos y así reunifica a la centro-izquierda, que era el primer objetivo fundamental; lo segundo es hacer los gestos al Frente Amplio. Creo que en ese equilibrio, él se ha movido bastante bien hasta ahora, primero asegurando el campo y después tratando de conquistar a alguien que parece más lejano”.
Al ser consultado cuánto del 20% conseguido por el Frente Amplio puede ser endosado a Guillier, Jara dijo que “no me atrevo a hacer una proyección. Lo que sí sé es que necesita dos tercios de los votos del Frente Amplio, sumado a una votación muy disciplinada de los votantes de MEO y de Carolina Goic”.
Agregó que el candidato oficialista “más que los votantes de Goic, a lo que está apostando es al votante DC de las parlamentarias. Si se suman a los casi 23% que consiguió Guillier el 10% que la DC obtuvo en las parlamentarias, ya está en un cómodo 33%, lo que significa que la distancia es mucho más corta y hace menos necesario el apoyo total del Frente Amplio”.
El académico de la USACH concordó con que “la elección va a estar muy estrecha, creo que habrá una diferencia entre 100 mil a 200 mil votos. Ahora, si es más estrecho, veo probable que haya muchos contenciosos y que se pidan muchos reconteos de mesa. Es posible que este escenario de gran estrechez, pueda dar paso a este tipo de hechos”, cerró.
Cristóbal Rovira, doctor en Ciencia Política y director del doctorado de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales, también indicó que “hacer predicciones hoy en día es bastante difícil y creo que el resultado, independiente de quien salga, será milimétrico, nadie va a ganar por una mayoría absoluta. El tema va a estar con los no votantes, porque sabemos que en las segundas vueltas presidenciales tienden a votar menos gente”.
Sobre si es posible que los que no votaron en primera vuelta, lo realicen en la segunda, el experto respondió que “es muy poco probable. Puede que ocurra, pero el segmento es muy chico. Los estudios muestran que el perfil del ‘no votante’ es bastante claro, en general son personas de estrato socioeconómico medio a medio-bajo y tienden a ser más jóvenes”.
Respecto a qué debe hacer Piñera para ganar más sufragios, destacó el haber sumado a Manuel José Ossandón en su campaña. “Como notaron que en Puente Alto hubo una votación muy grande por Beatriz Sánchez, en el comando se preguntan qué va a pasar con esos votantes, cuán fieles son al Frente Amplio o si son movilizables algunos de ellos. Porque estamos hablando que 10 mil o 15 mil votos pueden hacer la diferencia, sobre todo con baja participación electoral”, aclaró.
“Creo que el 50% del total de votos que logró el Frente Amplio es fácil de endosar a Guillier, es gente que se identifica como de centro-izquierda, que tiene un malestar con el sistema, pero que, de alguna manera, el día de las elecciones va a decir ‘yo igual prefiero votar por Guillier’. El otro 50% es el que se empieza a poner difícil y ahí va a depender en gran medida de cómo el Frente Amplio se moviliza, eventualmente, de una manera directa o indirecta con Guillier y hasta qué punto el candidato adapta su agenda programática para tratar de capturar ese otro 50%”, afirmó el académico de la UDP.
A su vez, “la estrategia de Piñera de incorporar a Ciudadanos, donde muchas de esas personas son ex DC, del ala más de centro-derecha de la DC, es claramente un guiño para ese lado. No se pudo conseguir a Andrés Velasco, pero sí se consiguió a algunos integrantes del partido. Obviamente, eso también le da cabida para tratar de movilizar a esos votantes”, dijo Rovira, pero agregando que el desafío para el abanderado de Chile Vamos es tratar de convencer “a votantes muy de derecha. Por ejemplo, si llegara a decir que hay que expandir la ley del aborto, por inventar algo, será algo que no le va a gustar a muchos de los votantes de José Antonio Kast”.
Con Guillier robándose la película, al punto de poner en duda la realización de la primaria del 2 de julio, la Nueva Mayoría comenzó el año de campaña. Por ahora, los candidatos chicos no aparecen y siguen ganando los que no votan por nadie.
Con un país enfermo de “encuestitis aguda”, era inevitable que los sondeos del Centro de Estudios Públicos, Cerc-Mori, Adimark y Cadem Plaza Pública se transformaran en el principal barómetro presidencial y en el depositario de las primeros lineamientos políticos de la Nueva Mayoría, la derecha y los movimientos alternativos.
De acuerdo a los datos duros, el exmandatario Sebastián Piñera y el senador Alejandro Guillier se consolidan como las cartas más competitivas, mientras que el exgobernante Ricardo Lagos, el senador Manuel José Ossandón y el exministro José Miguel Insulza aparecen estancados.
El índice más revelador proviene del trabajo de campo de Cerc-Mori: en un hipotético escenario de segunda vuelta Guillier vencería a Piñera por 35% a 30%, guarismo que reconfiguró el debate a todo nivel.
De hecho, en el oficialismo los apoyos cruzados a favor del periodista se suman sin rodeos y en Chile Vamos, hasta antes de los resultados del CEP, no se descartaba buscar un “plan B” que mejorara el complejo panorama con el que la oposición terminó el año.
Sin vacilar marchar
Incluso desde antes de la proclamación de Guillier, que se efectuó el 7 enero en la cúpula del Parque O’Higgins, había comenzado la fuga de algunos legisladores del PS y el PPD hacia su postulación.
En el caso de los diputados socialistas Daniel Melo y Daniella Cicardini y otros, fue a contar de la bajada de Isabel Allende como carta presidencial, sumada a la visión crítica que genera la administración de Ricardo Lagos (2000-2006), mismo elemento que para el diputado PPD Tucapel Jiménez justifica su respaldo hacia el abanderado del radicalismo.
Lo que viene ahora es una ronda de conversación con los partidos que estén interesados en conocer la postura del periodista. El primero fue el PC. Los demás serían el MAS y la IC, donde el principal foco será el programático basado en el trato que tendrían las reformas presentadas en la gestión de Michelle Bachelet en un eventual gobierno suyo.
“Hay cosas de continuidad y cosas de cambio. Es inevitable”, sostiene Ernesto Velasco, timonel del PR. “Él ha dicho en el caso de las reformas que en la línea estratégica estaban bien inspiradas y él las compartía, pero en la implementación había faltado diálogo. El concepto de reforma tiene gradualidad y eso no lo hubo”, agregó.
“Esto será un proyecto colectivo. Nosotros esperamos que la Nueva Mayoría tenga una propuesta común”, aclaró el dirigente.
Zona de confort
Ante la crudeza de los números y la molestia de las directivas por la presencia de miembros del PPD-PS en el acto de Guillier, el “laguismo” optó por tragar saliva y centrar la mirada en la primaria del 2 de julio.
“¡Estamos aquí para cambiar la encuesta!”, dijo Lagos en un video que se emitió por las redes sociales instantes después de las magras cifras del CEP.
“El escenario está muy abierto todavía” y la intención de voto “es muy poco clara hoy día”, dice Gloria de la Fuente, vocera de campaña. Gonzalo Navarrete, timonel PPD, insiste con que la primaria resolverá las dudas. Y Rabindranath Quinteros, coordinador de los senadores PS, dice que Lagos no sube porque su partido aún tiene ninguna definición presidencial y que mientras esto siga pendiente, “vamos a seguir perdiendo espacio”.
Mientras el cronograma indica que el PPD proclamará a Lagos como su candidato el próximo 14 de enero y el PS resolverá la modalidad para elegir a su abanderado una semana después, la indicación parecer ser solo una: mantener al exmandatario de pie en los partidos y buscar la adhesión en dos nichos que han sido esquivos con él: jóvenes y sobre todo mujeres, como enfatizó De la Fuente.
Por de pronto, el cientista político Alejandro Olivares aseguró a Cambio21 que “el militante tradicional de la Nueva Mayoría, por lógica, apoya a un político como Lagos, que es un hombre de partido y que genera un respaldo transversal bajo el emblema de lo que fue la Concertación, dado que conoce los códigos internos y respeta los acuerdos”.
“El dilema se va a instalar cuando esos mismos militantes y simpatizantes que van a estar con Lagos o el que venga tercero, cuarto o quinto o se sumen a la opción de ganar con un candidato distinto, independiente y que no es del sector, pero que adscribe a la MN y que va primero”, comentó.
Otro factor: “los partidos y sobre todo los candidatos al Parlamento intentarán acelerar la campaña presidencial teniendo como fecha final la inscripción de los pactos ante el Servel”, indicó a este medio el académico de la Universidad Central. Marco Moreno.
“Es un largo tiempo en el que Guillier le seguirá dando energía a la NM y donde su opción se consolidaría para derrotar a Piñera. Por eso que será una fase política de duda, porque tendrá un gran rendimiento electoral en las encuestas que de a poco desactivará a las demás candidaturas”, añadió.
Eugenio Guzmán, experto electoral de la Universidad del Desarrollo, explica que Guillier capta gente que proviene de “sectores más a la centroizquierda o desencantados de la NM que Lagos no logra convencer y que tienen poco interés en la política”, factor que no lograría impedir que Lagos gane la primaria aún con el exrostro de TVN y CHV arriba en las encuestas.
Sin embargo, Olivares destacó que “como los partidos no son ni hogares de beneficencia, ni clubes de fútbol, ni centros de madres y sí son entidades que se disputan el poder para desarrollar sus ideas, lo más probable es que terminen apoyando al ganador. Si no es la primaria misma, debería ser antes y dependiendo de las encuestas o la negociación política que adopten los partidos”.
“El tema es que no se puede volver a repetir lo que pasó en 2009, cuando la Concertación se vio obligada a competir con un candidato propio (Frei Ruiz-Tagle) frente a otro independiente que terminó yendo por fuera (Enríquez-Ominami)”, advierte Moreno.
Por tal motivo, el diputado Daniel Melo propone que el PS “inicie un camino de diálogo hacia la candidatura de Guillier, donde los restantes precandidatos analicen con realismo su situación antes de la primaria”.
“El camino trazado es la primaria del 2 de julio y para allá deben estar enfocados todos nuestros esfuerzos”, responde el senador Quinteros.
Desde fuera, el columnista Carlos Peña le aconseja a Lagos que “muera con las botas puestas”, toda vez que hasta ahora “no ha sido fiel a sí mismo” y que con el “abandono o al menos el ocultamiento del orgullo por lo que hizo la Concertación ni gana amigos ni derrota enemigos”.
Moreno aporta con el azote final: “Lagos debe confrontar a Guillier y llevarlo a que tome posiciones y sacarlo de la zona de confort que da la ambigüedad”.
¿Brilla el sol?
El entusiasmo que brota en la DC respecto al tema presidencial y la chance de competir en la primaria, o incluso de llegar a la primera vuelta, chocan con la falta de rating ciudadano que tienen sus potenciales candidatos: Carolina Goic, que retuvo la testera del partido con el 65% de los votos, y las exministras Ximena Rincón y Mariana Aylwin.
Si bien Goic goza del respaldo transversal en la falange, por tratarse de una figura relativamente nueva, fue la misma senadora la que enfrió los cánticos al manifestar que “fui elegida por los militantes como presidenta por los próximos dos años, y es desde allí donde voy a colaborar a fortalecer, no solo a la DC, sino que también a la actividad política y a la confianza de los chilenos”.
“Cada uno de los partidos tiene fijado su itinerario, y en el caso de la DC, va a ser el 28 de enero, en nuestra Junta Nacional, donde vamos a aprobar primero nuestros lineamientos programáticos, que son el eje de una candidatura presidencial”, remarcó.
Ricardo Hormazábal, postulante derrotado en el proceso interno, pide “escuchar a la gente”, toda vez que “cerca del 70% de la militancia, acorde al momento de crisis que vive la política, no fue a votar”.
“Sin embargo, existe un tema cultural que viene antes, que son los partidos políticos, y acá la DC tiene el doble de votantes que el PR y es el más votado de la NM. Por ende, alguna importancia debe tener en la toma de decisiones”, aseveró.
Para finalizar, el diputado Pablo Lorenzini admite que ante la “falta de liderazgos” todo el esfuerzo radica en el pacto parlamentario. “Si queremos tener un candidato presidencial propio nos van a exigir que tengamos lista de candidatos al Congreso por fuera. Y resulta que los números no dan. Ojalá que en la Junta Nacional se logre construir una buena propuesta y que no sea un disparar para todos los lados sin nada concreto”, alertó.
Cualquier mención a la “cocina” es mera coincidencia.
Fuera de concurso
Los restantes presidenciables que quedaron en la parte baja de las encuestas o lisa y llanamente no salieron mencionados, apelaron a la vieja máxima que se usa después de una elección o un sondeo relevante: no se gana ni se pierde, se explica.
Desde la derecha, Ossandón (1% en CEP y Adimark) dijo que aún no comienza su campaña y que no tiene considerado bajarse.
Jorge Saint-Jean, secretario general de Evópoli salió en defensa del puntaje logrado por el abanderado del partido Felipe Kast (56% de conocimiento en Adimark y 18% de aprobación y 40% de rechazo en el CEP).
“Valoramos que a sólo un mes de campaña, Kast haya alcanzado a Ossandón en el nivel de confianza, siendo que el candidato lleva bastante tiempo. La cancha está muy abierta y todavía uno de cada dos chilenos no sabe por quién votará en la próxima elección”, nos comentó.
En la misma tónica, José Miguel Insulza (PS), anticipándose al 1 y 2% que marcó, sostuvo en estas páginas que “no me angustio tanto por las encuestas, que por lo demás fueron tomadas antes de que yo anunciara mi candidatura”.
Marco Enríquez-Ominami (PRO), en tanto, optó por el derecho a mantener silencio y a seguir con el proceso de reinscripción de sus militantes. El 1% de preferencia en el CEP echó por tierra su alto nivel de conocimiento.
“¡No les creo a los sondeos!”, exclama Roxana Miranda, excandidata en 2013 y líder del nuevo partido Andha Chile. “Ni siquiera sabemos cuántos chilenos somos. Soy de las que cree que los datos los manipulan para generar tendencias raras. Todo para seguir igual. Por eso que da lo mismo que algún día saque el 1% o varios por cientos más. ¿Cambia algo? Nada. Cuando recuperemos algunos espacios que nos pertenecen como pobladores, ahí conversemos”, remató.
Así como Miranda quedaron en blanco los senadores de RN Alberto Espina y Francisco Chahuán, el diputado PPD Jorge Tarud (reclamó que el CEP lo dejó fuera del conteo), el constitucionalista PS Fernando Atria y los independientes Carola Canelo, Marcel Claude, Tomás Jocelyn-Holt y Nicolás Larraín.
Ojo que el empresario Leonardo Farkas y el economista Franco Parisi (exabanderado en 2013) siguen mancando. Mauricio Morales, analista de la Universidad Diego Portales, apunta que “con la primaria muchos candidatos que andan por ahí se reducirán casi como un efecto licuadora”.
“En 2013 hubo nueve candidatos con una clara favorita como Bachelet. En cambio ahora debieran existir más porque no hay favoritos claros. De hecho, no ha habido proclamaciones, solo anuncios de nombres alternativos”, concluyó.
Para terminar, “entre enero y marzo” el Frente Amplio debiera tener resuelto el ítem presidencial, “Somos muchas organizaciones que poner de acuerdo”, declaró el diputado autonomista Gabriel Boric, una de las caras visibles del bloque junto a Giorgio Jackson (RD), quien en tono autocrítico dijo que “nosotros no hemos presentado alternativa y hay casi un 50% de personas que dicen no tener candidato. Esperamos poder llevar ese vacío”.
Dos que han tienen el cartel de posibles son Tomás Hirsch (PH) y Cristián Cuevas (exPC).
Hoy, a las 11.00, se entregarán los resultados de la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP). A cinco meses de la última medición de julio-agosto de 2016, diversos analistas apuestan a que el sondeo, más que arrojar sorpresas, reafirme el escenario presidencial que se ha instalado en los últimos meses, donde Sebastián Piñera se consolida como la carta más competitiva de la centroderecha y Alejandro Guillier, tras un inesperado crecimiento, toma cada vez más distancia de Ricardo Lagos.
El experto electoral de la UDI y profesor de la Facultad de Gobierno de la UDD, Gonzalo Müller, asegura que la nueva CEP vendrá a ponerles “el timbre oficial” a los resultados de los últimos sondeos. Además, cree que ningún político, a excepción de Piñera y Guillier, obtendrá más de un 2 o 3% de apoyo ciudadano.
El cientista político Kenneth Bunker vaticina que Piñera podría marcar 35%, Guillier un 20%, Lagos unos ocho puntos y Manuel José Ossandón, en torno a un 5%.
En este escenario, el director del Observatorio Político Electoral de la UDP, Mauricio Morales, cree que los resultados podrían afectar al ex Presidente Lagos. “Lo más probable es que Lagos aparezca en un tercer lugar, lejos de Guillier. Si bien eso no lo va a hacer bajar su candidatura, sí le podría hacer pensar que su participación en una primaria va ser mucho más complicada de lo que esperaba”.
Sobre el efecto que los números podrían tener en los partidos de la Nueva Mayoría, el analista Max Colodro cree que si bien no debieran poner en riesgo la proclamación que el PPD hará de Lagos el 14 de enero, “los actores podrían empezar a moverse cada vez con más fuerza a respaldar a Guillier”.
Müller agrega: “Va a haber mucha presión, sobre todo de la Nueva Mayoría, para que Ricardo Lagos baje su candidatura por falta de apoyo. El va a ver cómo resiste”.
Además, Morales piensa que los resultados de la CEP podrían afectar el ánimo de la DC: “Está claro que no va a haber ningún DC en la parrilla de la pregunta sobre intención de voto, pero sí es posible que algún DC y en especial Carolina Goic aparezca bien evaluada y eso la anime a proyectar una participación como candidata”,
Morales también advierte que en el caso de que Piñera no consolide su ventaja, la CEP de hoy también incidirá en las definiciones que deba tomar Chile Vamos.
“Si Piñera no logra un porcentaje irrefutable o incombustible de votación, candidatos de Chile Vamos se animarán a competir con él en una primaria”, afirmó.
Expertos consideran que solicitud de la Fiscalía para formalizar al líder del PRO en una de las aristas del caso SQM, supone una lápida a su tercer intento por llegar a La Moneda.
Escenario que ya era complejo para el representante del PRO, debido a la pronunciada caída que mostró en la última encuesta CEP, y también en sondeos previos, principalmente por los cuestionamientos que surgieron a la forma en que financió un jet privado para trasladarse durante la campaña presidencial de 2013, hecho que el dirigente político nunca ha esclarecido de manera fehaciente.
Para el académico de la Universidad Diego Portales, Claudio Fuentes, la situación en la que se encontraba Marco Enríquez antes de este episodio era sumamente difícil, considerando la caída del respaldo ciudadano que ha exhibido su figura en el último tiempo.
Con una formalización ad portas, el investigador le coloca una lápida a la opción presidencial de MEO. “Son varios los factores que hoy tienen a Enríquez Ominami y su candidatura en mal pie, y por más que él mantenga la voluntad de continuar adelante, pienso que su aspiración está sepultada”.
Entre los factores que menciona Fuentes está no solo el menor apoyo en los sondeos, sino que también un escenario político adverso, donde a su juicio, la debilitada candidatura del líder del PRO aleja cualquier posibilidad de que éste logre algún acuerdo con la Nueva Mayoría para competir en una primaria.
Según el académico, en la actualidad no hay incentivos para que el oficialismo busque un acercamiento con MEO y el PRO. Al contrario, asegura que todas estas situaciones provocan una separación aún mayor entre ambos sectores.
Además, Fuentes agrega que el ex diputado enfrenta en la actualidad un panorama muy distinto al de 2013 y 2009, afirmando “que hace rato MEO dejó de ser novedoso como candidato y en sus propuestas, y que ahora la Nueva Mayoría cuenta con varios candidatos presidenciales bastante más perfilados que el líder del PRO”.
La irrupción del senador Alejandro Guillier en el cuadro presidencial es otro fenómeno que según el académico UDP perjudica las opciones de Enríquez Ominami. “MEO es un candidato que se posicionó nítidamente a la izquierda, mientras que Guillier aparece como una candidatura más transversal, que concita apoyos de distintos sectores”.
El analista añade que a su vez existen candidatos con proyectos y propuestas más establecidas, como Ricardo Lagos e Isabel Allende. “No olvidemos que la votación que obtuvo MEO en 2009 se debió en gran medida a que enfrentó a un candidato débil como Eduardo Frei Ruiz Tagle”.
Para Fuentes, la pérdida de credibilidad de MEO ante la opinión pública hace inconducente su estrategia mediática de victimizarse acusando que detrás de este pedido de formalización hay una maniobra política en su contra.
José Miguel Izquierdo, analista cercano a Renovación Nacional, plantea que la candidatura de Enríquez Ominami dejó de ser viable desde hace tiempo. “El efecto en la opinión pública de sus vínculos con SQM ya se vio en la última encuesta CEP, al pasar del cuadro superior como una figura política bien evaluada, al cuadro inferior, con un importante aumento en el nivel de rechazo y credibilidad”.
Izquierdo, al igual que Claudio Fuentes, manifiesta que MEO nunca fue muy relevante en la escena política nacional, menos ahora, ya que a su juicio, el líder del PRO pasó a formar parte de la vieja política.
“El daño a la opción presidencial de Marco Enríquez Ominami me parece que es irreversible, que no hay vuelta atrás, pero no solo por la eventual formalización, sino que por todas las situaciones anteriores que se han conocido, y que finalmente fueron mermando su credibilidad”, apunta el cientista político.
El investigador también piensa que se cerraron todas las puertas para que MEO pueda llegar a acuerdos con la Nueva Mayoría, siendo el factor Guillier una cortapisa importante, porque para Izquierdo, el senador tiene un amplio espacio para crecer en las encuestas, a diferencia del líder del PRO.
“Son dos liderazgos muy distintos. Mientras Guillier es una figura asociada a la televisión, que genera simpatía, y que se instala de abajo hacia arriba, MEO representa a la política tradicional, con un liderazgo que surge desde arriba hacia abajo”, afirma el analista político.
Izquierdo piensa que MEO es una figura muy encasillada a la izquierda, al punto que ha terminado vinculándose con sectores de la izquierda extra parlamentaria debido al rechazo que provoca en la Nueva Mayoría.
“Si bien hay mucho espacio para crecer en el actual escenario, dado que un gran número de personas no tiene domicilio ideológico, es improbable que MEO tenga la capacidad de llenar ese espacio, porque es un liderazgo dañado, lo que repercute directamente en su campaña”, concluye el analista cercano a RN.
Sin margen
La directora ejecutiva de la Fundación Chile 21, Gloria De la Fuente, también opina que la opción presidencial de Enríquez Ominami resulta fuertemente afectada a partir de la solicitud de formalización.
“No me imagino a un candidato presidencial que en la mañana tenga que estar desfilando en los tribunales, y por la tarde se dedique a hacer campaña. Eso se vería muy raro, y aunque Marco ha señalado que está dispuesto a seguir adelante, me parece que se le pone todo cuesta arriba”.
La investigadora, eso sí, marca un punto, en cuanto a que la situación de MEO, y de otros liderazgos tradicionales que tienen hoy una escasa valoración ciudadana, comenzaron a caer, según su opinión, luego de las movilizaciones del 2011, cuando hubo un cambio en las demandas de la población y en sus expectativas.
Para la analista, MEO se provocó un gran daño al no enfrentar de manera directa los cuestionamientos a su figura en el tema del financiamiento irregular de campañas. “La experiencia chilena ha demostrado en varios casos, que cuando una autoridad reconoce sus errores abiertamente, y hace un mea culpa asumiendo su responsabilidad, como fue el caso de Iván Moreira, la ciudadanía valora esos gestos”.
“Por eso pienso que esta postura defensiva de decir que detrás de este pedido de formalización existe una conspiración no le va a dar resultados, porque aunque fuera cierto, las personas tienden a no creer en ese tipo de cosas”, afirma De la Fuente.
Como coinciden los analistas, es muy probable que el caso judicial que involucra a Enríquez Ominami esté activo gran parte del 2017, transformándose en un verdadero estigma para el candidato.
https://youtu.be/FYWUnXCxDc0
Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP, conversó de la votación del proyecto que busca la elección directa de intendentes y de la irrupción presidencial del alcalde Daniel Jadue, asegurando que “el PC quiere poner a una figura capaz de oponerse a Ricardo Lagos”.
La Universidad Diego Portales realizó el estudio donde Sebastián Piñera lidera las preferencias, seguido de Marco Enríquez-Ominami.
La Universidad Diego Portales (UDP) realizó una encuesta para saber quién sería el sucesor de Michelle Bachelet en una próxima elección.
Ante la pregunta de a quién le gustaría a Ud. que fuera el próximo presidente de Chile, la gran sorpresa es que un hombre que no es político apareció en el tercer lugar: Leonardo Farkas.
El filántropo se llevó el 5,2 por ciento de los votos, siendo superado sólo por Sebastián Piñera (11,8%) y Marco Enríquez-Ominami (10,1%).
Más atrás aparece Ricardo Lagos (4,6%), Michelle Bachelet (2,3%), Evelyn Matthei (1,6%) Franco Parisi (1,5%), Manuel José Ossandón (1,3%), José Miguel Insulza (1,1%) e Isabel Allende junto a Andrés Velasco (1%).