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  1. Quién es el candidato de los empresarios: Ricardo Lagos o Sebastián Piñera

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    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Cuatro analistas políticos dan sus teorías de por qué el empresariado siente como suyo las candidaturas de los dos ex presidentes.

    Aunque Sebastián Piñera lidera la carrera presidencial según las últimas encuestas, aún no hay nada dicho para las próximas presidenciales. El ex presidente obtuvo un 18% en la Adimark, pero el 47% de los participantes aún no tiene preferencia por algún candidato. Mientras que su más cercano competidor, Ricardo Lagos, también ex mandatario, marca solo un 5% y empata con el senador Alejandro Guillier, que cada vez más se posiciona como la carta de la Nueva Mayoría para competir contra la centro derecha.

    ¿Pero qué pasaría si en Chile solo votara el mundo empresarial? De seguro ahí las encuestas serían muy distintas y la competencia sería dura entre ambos. El actual presidente de la CPC, Alberto Salas, dijo que “ambos han liderado gobiernos durante un periodo en que Chile ha logrado un progreso importante; por lo tanto, son buenas cartas”.

    El primero, Lagos, tuvo una excelente relación con el gremio empresarial durante su gobierno y sus discursos sobre las alianzas público-privadas, la estabilidad y la moderación han sido aplaudidos a rabiar cada vez que se ha presentado en foros como ICARE. “Mis empresarios aman a Lagos“, llegó a decir Hernán Somerville cuando era presidente de la CPC.

    No pocos, como Jorge Errázuriz, han opinado que Lagos representa una buena opción siempre y cuando empuje al centro la coalición de izquierda y se libre del Partido Comunista.

    Mientras que la cercanía de Sebastián Piñera con los empresarios es casi sanguínea: el ex presidente es uno de ellos. Sin embargo durante su gestión recibió varias críticas del gremio que esperaba que el presidente fuera más permisivo.

    ¿Pero por cuál candidato se inclinará el gremio en el actual contexto? Cuatro analistas políticos contaron a El Dínamo sus teorías de por qué el empresariado apoyará a uno u otro candidato en las próximas presidencias.

    Robert Funk

    El doctor y magister en ciencias políticas cree que cierto sector de los empresarios se inclinará en esta oportunidad por Ricardo Lagos.

    “A Piñera le tocó fuertemente el comienzo de las moviliziaciones sociales que probablemente no manejó de la mejor manera. Él optó por aguantar y no hacer mucho por parar esas protestas (…) Por eso hay cierto sector dentro del empresariado que si bien se considera de derecha, calcula que sería más conveniente tener a Ricardo Lagos como presidente porque sufrirían menos esa presión desde la calle. Eso puede que tenga algo de verdad, pero no mucha. Porque los tiempos han cambiado y Lagos no cuenta con mucho apoyo popular y de seguro sufriría este tipo de situaciones”, dice.

    Respecto a quién es más querido por el gremio, Funk explicó: “Cuando Lagos ganó la elección se ponía mucho énfasis en que iba a ser el primer presidente socialista después de Allende. Y Lagos tenía la presión de demostrar que iba a hacer otra cosa. Y por supuesto hizo un esfuerzo mucho mayor a lo que incluso hizo Piñera para demostrar que la izquierda podía gobernar de forma responsable. Piñera no tenía esa presión y además hay una cosa de personalidad en la que el gobierno de Piñera siempre iba a ser el gobierno de Piñera. Por lo tanto había conflictos entre los intereses personales de Piñera y la gente del mundo empresarial. Es posible que Lagos haya sido, en esa época, un mejor interlocutor con el mundo empresarial”.

    Mauricio Morales

    El director observatorio político de la UDP tiene una tesis muy diferente a Funk. Según él, el empresariado optará claramente por apoyar a Sebastián Piñera.

    “Independiente del recuerdo de cada gobierno, los empresariossiempre se sentirán más cómodos con un residente ideológicamente cercano. Ellos saben que el Lagos 2017 es muy distinto al Lagos del 2000. De hecho el propio Lagos está arrepentido de haber impulsado políticas públicas más cercanas a los ricos que a los pobres. En consecuencia, los empresarios no se pierden”, dijo.

    “Saben que Piñera le gana a Lagos y, por tanto, prefieren esa elección antes de enfrentar la incertidumbre que tendría un gobierno de Guillier“, agregó.

    Pablo Ortúzar

    El director de investigación del IES cree que es imposible hablar de cuál es la preferencia del gremio.

    “El empresariado no es homogéneo: hay muchos bandos, grupos y facciones en su interior. Después de todo, no sólo compiten entre ellos, sino que hay áreas de la economía a las que distintas políticas impactan de manera muy diferente, por lo que pensar que hay un ‘candidato de los empresarios’ es algo un poco iluso“.
     “También, como en todos lados, hay empresarios preocupados por el país y dispuestos a hacer sacrificios por él, y otros que son simplemente egoístas. Lo único en lo que están de acuerdo transversalmente es en temas fundamentales, como el respeto por la propiedad privada, la importancia del crecimiento, el resguardo de los equilibrios macroeconómicos y un par de cosas más. Y ya que ni Lagos ni Piñera representan visiones radicales que vayan en contra de esos elementos fundamentales, ambos son opciones perfectamente plausibles para cualquier empresario”, dijo.
    Ortúzar concluye: “Lo que inclinará las preferencias será probablemente un cálculo respecto al equilibrio entre gobernabilidad y crecimiento que cada uno de los candidatos pueda ofrecer”.

    Kenneth Bunker

    El doctor en ciencias políticas y director de Tres Quintos, cree que el gremio en esta oportunidad optará por Piñera. “Si bien los empresarios dijeron que el gobierno de Lagos había sido mejor que cualquier otro gobierno, dadas las circunstancias de lo que hoy día pasa en Chile y por el panorama económico que se vive, lo que ellos van a privilegiar es el crecimiento económico y la inversión extranjera para buscar recuperar la estabilidad y revitalizar los mercados“.

    Bunker agregó: “Piñera ya demostró que él es el mejor candidato para eso. De Lagos todavía no se sabe bien porque no ha presentado sus medidas concretas. No se sabe si va a funcionar como la continuidad de Bachelet y va a poner el pie en el freno un poco, o qué. Pero en ese sentido ante la duda, aunque Lagos es un candidato atractivo, van a preferir a Piñera“.

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  2. El odio contra la elite

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    La gente quiere un líder que sea capaz de expulsar a los mercaderes y vendedores que se han tomado el templo y que purifique tanto la política como la clase empresarial.

    Los reiterados casos de colusión de grandes empresas y la percepción generalizada de que la clase política está más preocupada de mantener sus granjerías y privilegios que de representar a los chilenos comunes y corrientes, amenazan con convertirse en la plataforma de campaña que pavimente el camino al éxito a liderazgos populistas en las próximas elecciones presidenciales. Ya que provenir de la elite o aparecer demasiado cercano a ella representará, para la opinión pública, evidencia incontrarrestable de ser parte de los que se benefician de la colusión y el abuso, o al menos de los que no hacen nada para evitarlos, la gente premiará candidatos que se levanten contra la elite y que prometan terminar con la impunidad que parece existir para los que se coluden y abusan.

    Equivocadamente, algunos analistas creen que los chilenos, molestos con todos los casos de colusión y abuso, están dispuestos a apoyar a candidatos antisistema que prometan usar una retroexcavadora para derribar el modelo social y económico que se comenzó a construir en Chile en dictadura y que ha sido mejorado, profundizado y ampliado desde el retorno de la democracia. Para aquellos nostálgicos de la revolución y apocalípticos profetas del fin del modelo, el malestar acumulado por los casos de financiamiento irregular de campañas y las repetidas evidencias de colusión en los mercados, que no funcionan libremente y que son capturados por carteles que abusan de los consumidores, ha hecho que los chilenos estén más que determinados a poner fin al modelo social de mercado que existe en el país.

    Pero estar descontento respecto a cómo funciona el barco, a la forma en que se distribuyen las oportunidades y los beneficios y a que las reglas no aplican igual para todos, no significa que la gente quiera que se hunda el barco. Además de que no hay otro barco al que cambiarse, la idea de quemar la nave que nos ha permitido llegar lejos no es sensata. Los que quieren incendiar el barco dicen que entre todos podemos construir un barco nuevo que sea mejor que el actual. Pero esa propuesta tampoco parece demasiado atractiva para la gente que ya se ve superada por sus problemas cotidianos, sus expectativas, sueños y temores. La gente sabe que no hay otra opción que hacer que este mismo barco funcione mejor.

    Por eso, la salida obvia y natural será buscar a líderes que sean capaces -o al menos prometan- limpiar el barco de piratas y bucaneros que se han dedicado a saquear, desde las cómodas cabinas que comparten con la elite de primera clase, a los esforzados chilenos que viajan en segunda y tercera clase. Esos chilenos aspiran a ser beneficiarios de las comodidades y oportunidades que existen en el barco pero que han sido monopolizadas por una clase empresarial y política que se reparte los beneficios entre ellos y que, además, permite que sus hijos también participen del abuso que cotidianamente cometen los bucaneros.

    Desde antes que estallaran los escándalos Penta, SQM y Caval; la percepción generalizada de la gente era que el sistema no funcionaba con las mismas reglas para todos. Mientras a la gente sin apellidos ni conexiones se los trataba con el máximo rigor de la ley, a los miembros de la elite política y empresarial se les trataba con guante blanco. Ese descontento alimentó la enorme popularidad de Michelle Bachelet, que llegó al poder por segunda vez prometiendo terminar con el abuso. Pero a dos años de iniciado su gobierno, los casos de abuso se siguen multiplicando y Bachelet aparece más preocupada de proteger a su hijo -que ha venido a convertirse en el niño símbolo del abuso y trato preferencial- que de defender a los chilenos que cotidianamente son abusados por empresarios que se coluden y por políticos que se preocupan de remojar sus barbas en las regalías y privilegios del poder que de defender a los que depositaron en ellos sus esperanzas por cambio y mejoras.

    Contrario a lo que muchos apocalípticos piensan, Chile no está al borde de un estallido popular ni el país arriesga hundirse en una tormenta de disconformidad social causada por los casos de financiamiento irregular de la política, corrupción y colusión. Aunque profundamente molestos, los chilenos saben que no hay otro barco al que cambiarse ni están con ganas de seguir a los profetas revolucionarios que prometen que entre todos podremos construir un nuevo barco. La gente quiere líderes que sean capaces de alzarse y limpiar este barco -el único que conocen y que saben que funciona y produce riqueza-.

    La gente quiere un líder que sea capaz de expulsar a los mercaderes y vendedores que se han tomado el templo y que purifique tanto la política como la clase empresarial. Algunos dirán que el terreno está fértil para la aparición de un liderazgo populista. Pero el populismo no es la causa del problema, es el resultado inevitable de una elite complaciente e irresponsable, incapaz de materializar la promesa de igualdad de oportunidades y meritocracia.

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  3. Las ventajas de los ex presidentes candidatos

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    Más que creer que la ciudadanía tiene preferencias marcadas por retornar a los líderes de antes al poder, la razón por la que los ex mandatarios logran ser más exitosos en sus aventuras presidenciales bien pudiera tener que ver con las reglas del juego que les dan una ventaja desleal.

    Si desde 2009 que las segundas vueltas presidenciales en Chile han tenido como uno de sus protagonistas a un ex presidente, la contienda de 2017 pudiera ser la primera en que la segunda vuelta se dirima entre dos ex presidentes. La tendencia de ver ex mandatarios volviendo al poder pudiera tener más que ver con las reglas del juego de las elecciones presidenciales que con una creciente preferencia de los chilenos por mirar hacia el pasado al momento de elegir a las personas que habrán de liderar al país en el futuro.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    La legislación vigente en Chile permite que los candidatos incurran en gastos de campaña sólo en los 90 días anteriores a una elección. Legalmente, nadie puede recolectar dinero o incurrir en gastos antes de esa fecha. Pero, como hemos sido testigos, las campañas empiezan mucho antes. La creatividad legal y contable ayuda a armar equipos de campaña y estructuras de financiamiento que permitan saltarse una ley que es claramente inadecuada (y que por cierto, pese a la molestia ciudadana por los escándalos recientes, todavía sigue vigente). A menudo, los candidatos crean una estructura paralela en la forma de una fundación sin fines de lucro, un centro de estudios o una corporación que les permita levantar fondos, tener asesores contratados e incurrir en gastos.

    Ahora bien, como ese sistema de financiamiento está ahora bajo el escrutinio público, la disposición de las empresas para donar a esas organizaciones comprensiblemente ha disminuido. Es innegable que todos los poderosos quieren tener buena llegada con los que tienen más posibilidades de llegar a La Moneda. Pero ningún empresario quiere tener a la Fiscalía o al SII indagando qué tipo de relación tienen con los presidenciables.

    En ese contexto, otras formas de financiamiento se hacen especialmente atractivas. Los senadores y diputados, que cuentan con cuantiosos recursos para su trabajo en terreno, pueden fácilmente reasignar algunos de esos recursos para el trabajo en terreno que requiere una aventura presidencial. A diferencia de los ministros o alcaldes en ejercicio, cuya capacidad discrecional para reasignar gastos es menor, los legisladores tienen acceso a una caja chica nada de despreciable para financiar los gastos iniciales de una aventura presidencial.

    Por eso no debiera sorprender ver que en la lista de los que han anunciado sus aspiraciones presidenciales abunden senadores y diputados, y estén conspicuamente ausentes los alcaldes y ministros. Para ponerlo en simple, es más fácil que los parlamentarios Isabel Allende, Ignacio Walker, Andrés Allamand, Alberto Espina o Manuel José Ossandón puedan pasearse por el país construyendo su base de apoyo electoral a que lo hagan los alcaldes Carolina Tohá, Rodolfo Carter o Francisco de la Maza.

    Pero los parlamentarios también tienen limitaciones. El escrutinio público los obliga a tener que asistir regularmente al Congreso. Además, como el camino a la presidencia está lleno de aspirantes, los legisladores tampoco pueden dejar botados a sus distritos. Por eso, aunque tengan el capital semilla para una aventura presidencial, los parlamentarios tienen tiempo limitado para dedicarle a esas aventuras.

    Los ex presidentes de la república, en cambio, tienen acceso a los mismos recursos que los parlamentarios en ejercicio, pero no enfrentan la obligación de tener que asistir al Congreso o dedicarle tiempo a sus distritos. Como resultado, los ex presidentes pueden usar recursos públicos para financiar sus aventuras presidenciales. Eso les da una ventaja enorme frente a otros aspirantes que también necesitan hacer el trabajo inicial que supone una candidatura presidencial.

    La decisión de financiar de forma vitalicia a los ex presidentes con el sueldo equivalente al de un senador se justifica por el invaluable servicio que prestaron a la nación. Pero cuando los ex presidentes usan esos recursos para construir futuras aventuras presidenciales, las rentas vitalicias que todos los chilenos pagamos constituyen un atentado contra la libre competencia en el mercado de las candidaturas presidenciales. Igual que una empresa cuya producción es subsidiada por Estado tiene ventajas injustas al competir con otras empresas que deben pagar todos sus costos, al recibir financiamiento estatal, los ex presidentes están compitiendo en una cancha dispareja con aspirantes que deben procurar su propio financiamiento.

    Desde 2009, en Chile hemos tenido ex presidentes en la segunda vuelta electoral.Más que creer que la ciudadanía tiene preferencias marcadas por retornar a los líderes de antes al poder, la razón por la que los ex mandatarios logran ser más exitosos en sus aventuras presidenciales bien pudiera tener que ver con las reglas del juego que les dan una ventaja desleal. Esta violación a la libre competencia se da en el mercado más importante de todos, el que determina quién gobernará al país y tendrá capacidad para facilitar u obstaculizar el funcionamiento de todos los otros mercados en que interactúan los chilenos.

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