Tag Archive: Escuela Ciencia Política UDP

  1. Mi querido pueblo

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    La declaración de la Presidenta Bachelet a El País de España, señalando que le gustaría ser recordada como una presidenta que quiere a su pueblo, deja en evidencia tanto las fortalezas de su liderazgo que la hicieron la Presidenta más popular en el Chile democrático como las debilidades de un estilo de conducción que ahora tiene su aprobación por el piso. Porque Bachelet quiere ser juzgada a partir de sus intenciones —y no solo por sus resultados—, la sospecha que está instalada sobre qué tan honesta ha sido respecto al escándalo Caval y la precampaña de 2012 resulta tan dañina para su relación con su querido pueblo. Si la Presidenta hubiera aspirado solo a ser evaluada a partir de su desempeño, la práctica de no decir toda la verdad, tan común en la política, no le hubiera significado un golpe tan duro.

    El principio de otorgar la confianza a otra persona para que desempeñe una tarea cuyos resultados cuesta evaluar es muy parecido a lo que ocurre cuando el electorado deposita mayoritariamente su confianza en un líder para que conduzca los destinos del país. Ya que las promesas de campaña se realizan bajo supuestos distintos de los que existen cuando corresponde gobernar, la gente anticipa que los candidatos no serán capaces de cumplir todas sus promesas. Por más bien intencionado que sea, un candidato presidencial no posee toda la información sobre cuál será la realidad cuando corresponda cumplir la palabra empeñada. Por eso, la gente anticipa que las circunstancias cambian, que aparecen otras necesidades o que los cálculos sobre los ingresos y egresos no estaban bien hechos. Por eso, la gente no necesariamente castiga a los políticos que no cumplen todas sus promesas, porque saben que aun los políticos más responsables se encontrarán con obstáculos sorpresivos en su camino.

    Pero precisamente porque no hay forma de evaluar si los políticos incumplen sus problemas por haber enfrentado obstáculos sorpresivos o porque simplemente prometieron cosas que siempre supieron no iban a poder cumplir, la gente castiga severamente a aquellos políticos que son sorprendidos mintiendo, disfrazando la verdad u omitiendo información relevante.   Porque la confianza es esencial para poder desempeñar el cargo de representante, cuando un político es sorprendido faltando a la verdad, se reduce automáticamente su posibilidad de seguir ejerciendo adecuadamente sus tareas. Igual que una pareja que se siente traicionada, la gente sabe que cuando se pierde la confianza, es muy difícil volver a recuperarla.

    En ciertas relaciones contractuales, la gente anticipa que no puede confiar del todo en sus socios. Por eso, los oferentes de servicios trabajan arduamente para construir una buena reputación y mantenerla. Pero cuando las relaciones contractuales se cimientan en relaciones de cariño y afecto más que de reputación, los engaños, por más pequeños que sean, resultan mucho más costosos. Eso es lo que ha pasado entre el pueblo chileno y la Presidenta Bachelet. Porque la gente confió en Bachelet —y por eso votó por la Nueva Mayoría, una coalición que se mostraba como algo nuevo y distinto a la Concertación—, la pérdida de confianza en la persona de la Presidenta afecta también a toda su coalición de gobierno.

    En 2010, una mayoría de los chilenos le confió su voto a Sebastián Piñera, el líder de la Alianza. Como líder, Piñera tenía una reputación de promesas con letra chica, de exageraciones y de polémicas y conflictos que hacían que la gente dudara de su honestidad, más no de su capacidad. Con Bachelet, la gente podía dudar de la capacidad de la Presidenta y de su poder de liderazgo para imponerse frente a los partidos de su coalición. Pero pocos dudaban de la honestidad de la primera mujer en llegar a La Moneda.

    Por eso, Bachelet podía moverse en la dimensión del cariño —de ella hacia su pueblo y de los chilenos hacia ella— de forma mucho más cómoda que Piñera. El primer presidente de derecha en el Chile post dictadura también quería a su pueblo y soñaba con ser querido, pero Piñera entendió tempranamente que su evaluación se haría respecto a su desempeño. Por eso, aunque no le tengan cariño, los chilenos igual considerarán a Piñera como un candidato presidencial posible a partir del desempeño que tuvo su gobierno. Bachelet, en cambio, ha optado por el camino del cariño para definir su relación con los chilenos. En esa dimensión de cariño, las sospechas de deshonestidad calan más hondo. La presidencia de Bachelet no buscó ser la más eficiente ni la de mejor desempeño. La Presidenta aspiró a hacer suyos nuestros problemas. Por eso, ahora que su gobierno se esfuerza por lograr que la gente crea que Bachelet no sabía nada de la precampaña (así como tampoco supo nada de Caval hasta que lo vio por la prensa), ese querido pueblo de Bachelet la mira con desconfianza y le advierte que, una vez que se instala la sospecha de la mentira, es muy difícil volver a foja cero.

    Ver columna en El Líbero

  2. Mi querido pueblo

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    La declaración de la Presidenta Bachelet a El País de España, señalando que le gustaría ser recordada como una presidenta que quiere a su pueblo, deja en evidencia tanto las fortalezas de su liderazgo que la hicieron la Presidenta más popular en el Chile democrático como las debilidades de un estilo de conducción que ahora tiene su aprobación por el piso. Porque Bachelet quiere ser juzgada a partir de sus intenciones —y no solo por sus resultados—, la sospecha que está instalada sobre qué tan honesta ha sido respecto al escándalo Caval y la precampaña de 2012 resulta tan dañina para su relación con su querido pueblo. Si la Presidenta hubiera aspirado solo a ser evaluada a partir de su desempeño, la práctica de no decir toda la verdad, tan común en la política, no le hubiera significado un golpe tan duro.

    El principio de otorgar la confianza a otra persona para que desempeñe una tarea cuyos resultados cuesta evaluar es muy parecido a lo que ocurre cuando el electorado deposita mayoritariamente su confianza en un líder para que conduzca los destinos del país. Ya que las promesas de campaña se realizan bajo supuestos distintos de los que existen cuando corresponde gobernar, la gente anticipa que los candidatos no serán capaces de cumplir todas sus promesas. Por más bien intencionado que sea, un candidato presidencial no posee toda la información sobre cuál será la realidad cuando corresponda cumplir la palabra empeñada. Por eso, la gente anticipa que las circunstancias cambian, que aparecen otras necesidades o que los cálculos sobre los ingresos y egresos no estaban bien hechos. Por eso, la gente no necesariamente castiga a los políticos que no cumplen todas sus promesas, porque saben que aun los políticos más responsables se encontrarán con obstáculos sorpresivos en su camino.

    Pero precisamente porque no hay forma de evaluar si los políticos incumplen sus problemas por haber enfrentado obstáculos sorpresivos o porque simplemente prometieron cosas que siempre supieron no iban a poder cumplir, la gente castiga severamente a aquellos políticos que son sorprendidos mintiendo, disfrazando la verdad u omitiendo información relevante.   Porque la confianza es esencial para poder desempeñar el cargo de representante, cuando un político es sorprendido faltando a la verdad, se reduce automáticamente su posibilidad de seguir ejerciendo adecuadamente sus tareas. Igual que una pareja que se siente traicionada, la gente sabe que cuando se pierde la confianza, es muy difícil volver a recuperarla.

    En ciertas relaciones contractuales, la gente anticipa que no puede confiar del todo en sus socios. Por eso, los oferentes de servicios trabajan arduamente para construir una buena reputación y mantenerla. Pero cuando las relaciones contractuales se cimientan en relaciones de cariño y afecto más que de reputación, los engaños, por más pequeños que sean, resultan mucho más costosos. Eso es lo que ha pasado entre el pueblo chileno y la Presidenta Bachelet. Porque la gente confió en Bachelet —y por eso votó por la Nueva Mayoría, una coalición que se mostraba como algo nuevo y distinto a la Concertación—, la pérdida de confianza en la persona de la Presidenta afecta también a toda su coalición de gobierno.

    En 2010, una mayoría de los chilenos le confió su voto a Sebastián Piñera, el líder de la Alianza. Como líder, Piñera tenía una reputación de promesas con letra chica, de exageraciones y de polémicas y conflictos que hacían que la gente dudara de su honestidad, más no de su capacidad. Con Bachelet, la gente podía dudar de la capacidad de la Presidenta y de su poder de liderazgo para imponerse frente a los partidos de su coalición. Pero pocos dudaban de la honestidad de la primera mujer en llegar a La Moneda.

    Por eso, Bachelet podía moverse en la dimensión del cariño —de ella hacia su pueblo y de los chilenos hacia ella— de forma mucho más cómoda que Piñera. El primer presidente de derecha en el Chile post dictadura también quería a su pueblo y soñaba con ser querido, pero Piñera entendió tempranamente que su evaluación se haría respecto a su desempeño. Por eso, aunque no le tengan cariño, los chilenos igual considerarán a Piñera como un candidato presidencial posible a partir del desempeño que tuvo su gobierno. Bachelet, en cambio, ha optado por el camino del cariño para definir su relación con los chilenos. En esa dimensión de cariño, las sospechas de deshonestidad calan más hondo. La presidencia de Bachelet no buscó ser la más eficiente ni la de mejor desempeño. La Presidenta aspiró a hacer suyos nuestros problemas. Por eso, ahora que su gobierno se esfuerza por lograr que la gente crea que Bachelet no sabía nada de la precampaña (así como tampoco supo nada de Caval hasta que lo vio por la prensa), ese querido pueblo de Bachelet la mira con desconfianza y le advierte que, una vez que se instala la sospecha de la mentira, es muy difícil volver a foja cero.

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  3. Discuten agenda de investigación en América Latina

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    La última edición de LASA-Forum (de la Asociación de Estudios Latinoamericanos de Estados Unidos), contiene una viva discusión sobre las principales problemáticas y agenda de investigación de las ciencias sociales en América Latina. En uno de los trabajos, el director de la Escuela de Ciencia Política de nuestra Universidad, Claudio Fuentes, sostiene que “desde el punto de vista teórico, no cabe duda que asistimos a un intenso debate de re-conceptualización de clásicos conceptos de democracia, ciudadanía y democratización”.  Agregando que los ya clásicos estudios sobre transición y consolidación democrática dieron paso a una revisión de la forma en que conceptualizábamos tales procesos, lo que nos llevó a la famosa “democracia con apellidos”: democracia iliberal, democracia delegativa, y hasta el más reciente “autoritarismo electoral”.

    El profesor sostiene que la rica batería de conceptos no ha logrado capturar una serie de procesos políticos y sociales simultáneos que caracterizan a nuestros sistemas políticos. Tampoco el fin normativo esperado (tener “democracias consolidadas”) es alcanzado. Y señala que “los estudiosos que imaginaron condiciones necesarias y suficientes para la consolidación democrática se enfrentan hoy a paradojas que develan la debilidad de los marcos analíticos por construidos. Quizás el ejemplo más evidente de ello es el caso de Chile. Hasta hace cinco años, Chile era observado como una democracia consolidada que se graficaba en una transición pacífica unido a un proceso de modernización económica y social exitosa. ¿Qué explicaba este proceso? La fuerte institucionalidad de los partidos, una cultura política de negociación y acuerdo, y la tecnificación de las élites que condujeron el proceso, entre otros factores”.

    Indica que la irrupción de protestas sociales en el año 2011 y sucesivos escándalos de corrupción en el sector público y privado derribaron rápidamente los supuestos sobre los que se construyó el paradigma chileno. Recientes estudios han mostrado la debilidad institucional de los partidos, la fuerte captura de ciertos grupos políticos por parte del gran empresariado, el personalismo o clientelismo político a nivel local, y la emergencia de nuevos movimientos sociales completamente desconectados de la “vieja política”.  Ni la democracia chilena era tan “democrática”, ni su proceso político estaba tan “consolidado”. Solo unos pocos lograron anticipar la crisis de legitimidad del sistema político actual. Así, “hoy revisamos nuestra conceptualización de democracia y de consolidación democrática a la luz de procesos sociales emergentes que golpean al sistema político como un todo”–concluye el autor.

    Accede al documento completo aquí.         

  4. Presidenta da directrices comisión que propondrá normas sobre relación política-negocios

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    claudio fuentes

     

     

     

     

     

     

    Mención a Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Entre los 16 integrantes de la comisión figuran una ex ministra, una ex senadora, centros de estudios, un miembro de una institución querellante en el caso Penta y uno de los denunciantes del caso Karadima.

    Con una bandera chilena como telón de fondo, dos pantallas LED y más de 150 invitados —entre ellos, los ex jefes de Estado Ricardo Lagos y Sebastián Piñera—, la Presidenta Michelle Bachelet dio a conocer ayer al “Consejo Asesor Presidencial contra los conflictos de interés, el tráfico de influencias y la corrupción”.
    Eran casi las 20:00 horas cuando la Mandataria ingresó al Patio de los Cañones junto a catorce de los 16 miembros del Consejo. En el escenario la esperaban sus ministros políticos, y entre los invitados destacaban representantes de diversos sectores de la sociedad, como de iglesias, empresarios, centros de estudios, los presidentes de todos los partidos políticos y ONGs, entre otros.
    La ceremonia comenzó con un saludo enviado por los ex presidentes Patricio Aylwin y Eduardo Frei, quien se encuentra fuera de Santiago. Luego fue el turno de la propia Mandataria, que en los 16 minutos que duró su discurso entregó su propuesta para hacer frente a la difícil situación que se ha generado en el marco de la relación entre la política y los negocios; entre esos, los casos Penta y Caval.
    “Esta es una situación grave, a la que todos juntos tenemos que poner freno”, expresó la Jefa de Estado, quien fijó las directrices para la comisión, las que apuntan a combatir el tráfico de influencias, conflictos de interés y la corrupción.
    Bachelet destacó que el escenario actual requiere una solución institucional, que se debe actuar con celeridad, sin cálculos políticos, y afirmó que lo que está en juego es la democracia, el mercado y el rol del Estado.

    La Presidenta además sostuvo que “hemos visto cómo algunos usan el poder de su dinero para influir en las decisiones de la democracia; es decir, para influir en las decisiones que nos afectan a todos. Y hemos visto también cómo algunos usan la influencia que otorgan los cargos democráticos y públicos; es decir, los cargos que están para servir a todos los ciudadanos y ciudadanas, para obtener ventajas personales”.

    Ver nota completa en El Mercurio

     

  5. Director de Escuela de Ciencia Política integrará Consejo contra Corrupción

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    100315-02-01-a-e1426033697715-660x299El director de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales, Claudio Fuentes, fue invitado por la Presidenta Michelle Bachelet a integrarse al Consejo Asesor Presidencial contra los conflictos de interés, tráfico de influencias y corrupción.  El Consejo tendrá un plazo de 45 días para proponer recomendaciones de política en un tema central de la agenda política nacional.

    Claudio Fuentes S. es profesor titular de la Universidad Diego Portales. Se tituló de Doctor en Ciencia Política de la Universidad de Carolina del Norte (Chapel Hill) en el año 2003. Sus intereses académicos se han orientado al estudio de los procesos políticos en Chile y América Latina. Es autor y editor de 11 libros y de más de una treintena de artículos en libros y revistas académicas. Entre otros reconocimientos, obtuvo el premio a la mejor tesis de doctorado otorgado por la Asociación Americana de Ciencia Política (APSA). En su carrera profesional ha sido Director de FLACSO-Chile y profesor invitado en la Universidad de Harvard (Estados Unidos) y Leiden (Holanda).

    En sus últimos años, el profesor Fuentes ha centrado sus investigaciones sobre temas constitucionales y de reforma política. En particular ha escrito artículos y trabajos académicos en el campo específico del financiamiento de la política destacándose:

    • Claudio Fuentes. “Financiamiento Electoral en Chile: La necesaria modernización de la democracia chilena,” Working claudio fuentesPaper. Colección Ideas, Santiago, Fundación Chile21 ( Numero 30, Abril 2003)
    • Claudio Fuentes. El Costo de la Democracia (FLACSO, 2004)
    • Claudio Fuentes y Andrés Villar (ed). Desafíos Democráticos. ( FLACSO-Chile y LOM  Ediciones 2006)
    • Claudio Fuentes. “Una comunidad de iguales: reformas políticas para el Chile del 2030. En: Ricardo Lagos y Oscar Landerretche (eds). El Chile que se viene. Santiago:0 (Ediciones Catalonia, 2011).
    • Claudio Fuentes. “Financiamiento de partidos políticos en Chile”. En: Pablo Gutiérrez y Daniel Zovatto (coord.). Financiamiento de los partidos políticos en América Latina. México: (IDEA, OEA, UNAM. 2011).
    • Claudio Fuentes y Mario Herrera. Financiamiento de la política. Análisis comparado y propuestas de política. Policy paper, ICSO-UDP 2015.

    Algunas de sus columnas destacas en el tema financiamiento político y calidad de la democracia son:

     Financiamiento político: prohibir aportes de empresas. El Mostrador, 6 de enero 2015

    El Nuevo paradigma. La tercera, 20 de noviembre, 2014.

    Dinero y política: la tiranía e igualdad radical. El Mostrador 20 de octubre 2014.

  6. La política como clientela

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    Claudio Fuentes

     

     

     

     

     

    Claudio Fuentes

    Columna publicada el 18 de junio de 2014 en El Mostrador

    La sustitución del sistema electoral abre la oportunidad de debatir sobre el tipo de sistema político que desearíamos tener como sociedad. Simplificando las opciones, existen dos grandes alternativas: promover un sistema que incentive el debate de ideas o programas (democracia programática) o incentivar el vínculo directo entre representantes y electores a partir de la personalización de la política (democracia de clientelas).

    El sistema político actual favorece la segunda opción, esto es, se exacerban los atributos personales de quienes buscan representarnos y se minimizan los aspectos programáticos. Pensemos en la selección de representantes al Congreso: los votantes deben elegir no sobre la base de ideas o programas sino que por personas específicas que enfatizan sus atributos a la hora de candidatearse. La ley no les exige que deban presentar programas. Tampoco les exige que deban identificarse con los partidos a los que representan. La ley de propaganda electoral es muy limitada y sólo incluye una franja televisiva, descartándose opciones de avisaje gratuito en radio y prensa escrita. Cada cual debe proveerse financiamiento para sus campañas, lo que convierte la competencia en una lucha por obtener recursos y hacerse visible frente al electorado. Quien tiene más recursos económicos puede proyectar con más visibilidad su imagen.

    La reforma electoral que propicia el gobierno incentivará la competencia y mejorará los problemas de desigualdad del voto al favorecer un modelo más proporcional. No obstante, la tendencia hacia la personalización de la política se mantendrá intacta o se agudizará. En primer término, la oferta de candidaturas en la papeleta se multiplicará significativamente. En algunos distritos tendremos 40 o quizás 50 candidatos disputándose siete u ocho asientos. Pero, como los electores deben votar por un candidato dentro de una lista, el incentivo de los candidatos y candidatas será el de buscar algún tipo de identificación personal con sus electores.

    La enorme cantidad de candidaturas generará un problema de identificabilidad. Ello estimulará un incremento en el gasto electoral, estrategias de búsqueda de nichos electorales, y el desarrollo de más ingeniosas campañas para poder distinguirse de otras decenas de candidaturas. Quien tenga más recursos o sea más conocido en su distrito podrá obtener más votos.

    ¿Cómo reducir este perverso efecto en nuestro sistema democrático? Sugiero algunas soluciones: primero, permitir que los votantes puedan elegir si votar por candidatos específicos o por listas. Esto incentivaría a las listas a buscar un sello distintivo que, por lo demás, generaría estímulos de cooperación dentro de una determinada lista. Los votos obtenidos por la lista podrían distribuirse proporcionalmente entre los candidatos de ella. Segundo, obligar a que los candidatos y partidos presenten programas de trabajo al momento de inscribir las candidaturas. Dichos programas deberán también hacerse públicos. Tercero, obligar a que todo candidato militante de un partido se identifique claramente en la propaganda. Cuarto, establecer una reforma relevante al actual esquema de financiamiento electoral, permitiendo límites de gasto por partido (y no por candidatura), eliminando el financiamiento reservado y anónimo, y estableciendo acceso público y gratuito de propaganda electoral a otros medios de comunicación que no sean exclusivamente la televisión.

    La democracia requiere partidos fuertes, transparentes y capaces de rendir cuentas ante la ciudadanía. La tendencia hacia el personalismo de la política erosiona el sistema democrático. Necesitamos una política que discuta y debata ideas más que una política que sólo se preocupa de sus clientelas.

  7. Taller “Malestar con la Democracia en Chile”

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    La Escuela de Ciencia Política UDP le invita al taller “Malestar con la Democracia en Chile”, que analizará los resultados electorales, la participación electoral en las últimas elecciones y sus consecuencias para las perspectivas de un nuevo gobierno.

    En la ocasión, intervendrán los académicos Samuel Valenzuela (University of Notre Dame) y Peter Siavelis (Wake Forest University). El taller contará con la presencia de Claudio Orrego (DC), Miguel Crispi (RD), Francisco Javier Díaz (PS), Javier Couso, UDP, y Alberto Mayol, U. de Chile,  entre otros actores que debatirán sobre las perspectivas de transformaciones políticas en Chile con miras a la instalación de un nuevo gobierno.

    La actividad se realizará el viernes 10 de enero, de 10:00 a 12:30 horas, en la sala de reuniones,2do piso, Biblioteca Nicanor Parra (Vergara 324).

    Favor confirmar con [email protected]