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  1. Expertos analizaron los alcances de la corrupción política en Chile en Mesa de Política y Gobierno

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    3bAbogados, periodistas y representantes de organizaciones no gubernamentales, discutieron respecto a las malas prácticas políticas acontecidas en Chile.

    En medio de los escándalos de corrupción que han golpeado fuertemente a la clase política en Chile, la Facultad de Ciencias Sociales e Historia de la Universidad Diego Portales -a través de su Magíster en Política y Gobierno- organizó la mesa de discusión “Corrupción en Chile ¿Hacia dónde vamos?”, la cual contó con la participación de reconocidos expertos quienes desde sus respectivas áreas disciplinarias, entregaron sus puntos de vista en torno a las cuestionadas prácticas políticas que se han dado a conocer en los últimos años en el país.

    Desde diversos ángulos disciplinares abogados, periodistas y representantes de organizaciones no gubernamentales se refirieron a casos tan emblemáticos como: La Polar, Penta, Caval, SQM, Milico Gate, Panamá Papers, Corpesca y los llamados carteles de colusión del pollo, las farmacias y el papel higiénico.

    Durante el espacio de discusión, el director del Magíster en Política y Gobierno UDP, el académico Fernando García Naddaf, planteó la idea de que Chile es un país relativamente trasparente, honesto y prácticamente sano en términos de corrupción política, ya que si hacemos un análisis comparativo con el resto de los países de la región quedamos más o menos bien posicionados respecto a las realidades que viven países como México, Argentina, Venezuela, Brasil o Nicaragua.

    Sin embargo, con el surgimiento de todos los escándalos mediáticos que han sacudido la credibilidad de la clase política en Chile, se ha puesto en duda esta supuesta imagen incorruptible que se creyó recuperar tras el retorno de la democracia a fines de los años 80’.

    En  este contexto, la periodista y directora de Ciper Chile, Mónica González, precisó que ante este nuevo escenario “necesitamos mirarnos al espejo, porque creo que todos los actores de la sociedad –incluyendo a los medios de comunicación y sobre todo las universidades– deben asumir qué grado de responsabilidad tienen en no haber mirado las vías, las formas y los métodos con que se organizó e instaló la corrupción política en Chile”.

    Refiriéndose a las medidas de mitigación que otros países de la región están adoptando en torno a los casos de corrupción política, la directora de Espacio Público, María Jaraquemada, explicó que la “respuesta de estos países tiende a ir más que nada por la judicialización de estos casos”.

    A modo de ejemplo, Jaraquemada especificó que “en Brasil se está investigando el caso Petrobras, mientras que en Guatemala enviaron a prisión al ex presidente Otto Pérez, donde la sociedad civil asumió un rol muy participativo en este caso”.

    Sin embargo, para el caso chileno “creo que tendremos pocos resultados de estas características, porque las reglas que tenemos hasta el momento son muy débiles, porque en el caso de la colusión por ejemplo, sabemos que no tiene sanción penal y sólo se aplica una multa a las empresas comprometidas”.

    Finalmente, el director del Programa de Derecho Constitucional de la UDP, el académico Javier Couso,se refirió al proyecto de ley que pretende regular el lobby en Chile, preguntándose si efectivamente “es el lobby una patología de la política chilena o, por el contrario, es un instrumento para mejorar la democracia en el país”.

    El abogado explicó que si este futuro proyecto de ley no está bien regulado “puede ser una enfermedad para la democracia que altera la transmisión de preferencias políticas desde los ciudadanos a los tomadores de decisiones”.

     

  2. Nueva institucionalidad para la acción legislativa

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    logo-encuestaLa tramitación de la reforma tributaria dejó en evidencia las importantes discrepancias y deficiencias respecto del conocimiento técnico y los cálculos más básicos con el que se discuten muchas leyes en el país. Por ejemplo, mientras el Ministerio de Hacienda señalaba que la ley recaudaría unos US$ 5.100 millones vía impuesto a la renta, la CPC proyectaba un ingreso fiscal de US$ 3.500 millones por el mismo concepto.

    Más allá de las diferencias de diagnóstico y proyección, la experiencia de la reforma tributaria puso de manifiesto la débil capacidad técnica del Poder Legislativo para corroborar y sopesar las cifras y argumentos presentados por los diversos actores durante el debate.

    Con el objetivo de emparejar las capacidades de análisis del Congreso, en particular ante el Ejecutivo y la Dirección de Presupuestos (Dipres), Espacio Público ha elaborado una propuesta para mejorar la acción legislativa. Se propone crear una Dirección Parlamentaria de Análisis Técnico que sea políticamente neutra, no partidista. Para asegurar que esta institucionalidad no sea influenciada por el ciclo político, el nombramiento de su director debería hacerse vía la Alta Dirección Pública.

    Esta institucionalidad debe suplir dos falencias que creemos dan origen a la dispar capacidad técnica entre los poderes Legislativo y Ejecutivo. Primero, el Congreso debe tener acceso a las metodologías y todos los datos con los que el Ejecutivo elabora los estudios que fundamentan los proyectos de ley. Esto resolvería el actual problema de no poder replicar los análisis técnicos que acompañan las iniciativas de gobierno, lo cual impide que el Congreso pueda rebatir o confirmar las cifras que se exhiben. Segundo, su personal técnico debe ser equivalente al de instituciones como el Ministerio de Hacienda o la Dipres, los cuales brindan apoyo técnico al Gobierno en la elaboración de leyes. Si bien actualmente el Congreso puede recurrir a la Biblioteca del Congreso, la Unidad de Asesoría Presupuestaria, o las asignaciones parlamentarias para solicitar información, estas instancias no tienen ni presupuesto ni capacidad para analizar datos o verificar supuestos presupuestarios equivalentes a las instituciones que apoyan al Gobierno.

    Específicamente, proponemos que la dirección preste al menos tres tipos de servicios al Congreso: asesoría técnica para los parlamentarios en el proceso presupuestario; asesoría en análisis costo-beneficio social en proyectos de ley importantes, pero que no impliquen necesariamente gasto público, y análisis y prevención de problemas de implementación legal y administrativa. A través de este apoyo, el Congreso podrá definir las mejores alternativas en base a evidencia transversalmente validada y evitar que leyes sean inviables de poner en práctica posterior a su aprobación. Esta nueva institucionalidad contribuirá también a sopesar los antecedentes entregados por otros actores como empresas y asociaciones gremiales. Esto no reemplazaría de ninguna forma la necesaria y legítima deliberación parlamentaria, parte clave de nuestro quehacer democrático, sino que solo informaría este debate en pos de asegurar que el diseño de las leyes facilite el logro de sus objetivos.

    En términos de costo, la investigación de Espacio Público indica que el presupuesto anual para remuneraciones de esta institución estaría en el rango de los US$ 2 a 3 millones, suponiendo que los gastos administrativos adicionales (por ejemplo, gestión de recursos humanos) son bajos dada una sinergia con la Biblioteca del Congreso y otras unidades en el Congreso.

    Pese a que en estos días muchos plantean la necesidad de recortar en el corto plazo recursos al Congreso, nos parece necesario enfatizar los beneficios sociales de largo plazo que reviste mejorar la calidad del proceso legislativo. Por último, creemos que elevar los estándares de este proceso a través de una institucionalidad como la propuesta también contribuye a contrarrestar la crisis de legitimidad por la cual atraviesa el país. Leyes mal diseñadas que terminan teniendo un costo social y económico no previsto o beneficiando a grupos de interés por sobre el bien común pueden afectar la confianza en el Congreso. El rápido deterioro de esta -el porcentaje de chilenos que declara tener “mucha” o “bastante” confianza en el Congreso bajó de 13,4% a 4,1% entre los años 2008 y 2015 (encuesta UDP)- indica la urgencia de hacer un esfuerzo adicional para mejorar la calidad de nuestro proceso legislativo.

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