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  1. ¿Volverías con tu ex (Presidente)?

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Al igual que los participantes en el reality ¿Volverías con tu ex?, Lagos y Piñera deberán buscar conquistar nuevamente el corazón de un electorado que está más interesado en construir una relación futura que le permita salir airosos de las pruebas que enfrentan que solucionar los temas pendientes de relaciones pasadas.

    ¿Volverías con tu ex?, el exitoso programa de televisión sobre las aventuras de ex parejas que compiten por un premio mientras evalúan la posibilidad de volver a formar pareja, muestra cómo los traumas y asuntos no resueltos del pasado obstaculizan el esfuerzo de la construcción de un futuro común. Ya que las dos coaliciones dominantes aparecen inclinadas a apoyar las candidaturas presidenciales de los ex mandatarios Ricardo Lagos y Sebastián Piñera, sería útil que sus líderes aprendan de las lecciones que los televidentes cotidianamente disfrutan al sintonizar uno de los programas de más alto rating en Chile. Cuando los pretendientes están tratando de solucionar cosas pendientes del pasado, sorpresivamente aparece un tercero que se roba el corazón de alguien en la pareja con promesas de un futuro libre de los buenos y malos recuerdos de las relaciones anteriores.

    Si bien la política es una combinación de creencias profundas, negociaciones interesadas y aspiraciones de re-elección, también hay un componente de teatro (o circo) en la forma en que el actuar de la elite gobernante es presentado ante una opinión pública desatenta. De ahí que resulte útil comparar la arena del actuar político con arenas de interés público a las que la gente presta más atención. Si bien las comparaciones y metáforas nunca son perfectas, lo que se pierde de rigurosidad se gana en capacidad explicativa y en atraer la atención de una opinión pública poco interesada en el accionar político.

    Las dos coaliciones dominantes están dedicadas a preparar la batalla electoral de 2017. Si bien hay candidatos alternativos declarados —Marco Enríquez-Ominami buscará por tercera vez llegar al sillón presidencial— y otros que pudieran querer entrar —como el ex candidato Franco Parisi, el ex líder sindical Cristián Cuevas o el pintoresco empresario Leonardo Farkas—, la lista de presidenciables en las coaliciones es dominada por Lagos y Piñera. Otros aspirantes tienen menos posibilidades de llegar.

    En la derecha, los senadores Andrés Allamand, Alberto Espina, Francisco Chahuán y Lily Pérez, el ex ministro Joaquín Lavín y los diputados Felipe y José Antonio Kast tienen más ganas que seguidores. A su vez, el senador Manuel José Ossandón, el único que desafía a Piñera en las encuestas, parece más atractivo para los electores moderados que para las cúpulas que lideran a la coalición del sector.

    En la Nueva Mayoría, aunque el PDC insiste en la posibilidad de promover un candidato propio, no tiene un nombre. Como alguien que anda con vestido de novia en la cartera, pero no tiene con quién casarse, mientras más habla el PDC de sus ganas de tener candidato, más desnuda su desesperada posición.  Algunos que parecían encaminados a ser presidenciables de la izquierda, como la alcaldesa Carolina Tohá o el Senador Lagos Weber, siguen siendo opacados por la presencia de Lagos Escobar. Lagos ha taponeado la aparición de nuevos liderazgos en el sector. Aunque las encuestas pudieran acompañarla, las pocas ganas que demuestra Isabel Allende para ser candidata son el principal obstáculo que enfrentan los que quieren promover a la hija de Salvador Allende como alternativa presidencial.

    Así entonces, Piñera y Lagos aparecen como los candidatos presidenciales más probables para la contienda que formalmente se inicia en menos de 18 meses. Al igual que los participantes en el reality ¿Volverías con tu ex?, Lagos y Piñera deberán buscar conquistar nuevamente el corazón de un electorado que está más interesado en construir una relación futura que le permita salir airosos de las pruebas que enfrentan que solucionar los temas pendientes de relaciones pasadas. Pero ya que las desconfianzas que sobreviven en los recuerdos llevan a las personas a agotadoras discusiones sobre las responsabilidades pasadas, el riesgo que enfrentarán Lagos y Piñera es que aparezca un líder nuevo que se robe el corazón de los chilenos con un discurso de futuro, libre de las memorias buenas y malas de lo que fue.

    Aunque ni Lagos ni Piñera parecen interesados en los programas de televisión que ven los electores sin inclinaciones políticas definidas de grupos medios y medios bajos, es importante recordar que esos electores son los que decidirán el nombre de quién sucederá a Michelle Bachelet en La Moneda. Los chilenos que prestan más atención a ¿Volverías con tu ex? que a las investigaciones por financiamiento irregular de campaña, o a las entrevistas políticas del fin de semana, están viendo repetidos fracasos en los intentos de volver a construir una relación con un ex. Ya que en el programa de televisión, las expectativas de construir algo nuevo han derribado los esfuerzos por recuperar el pasado, las coaliciones políticas debieran tomar apuntes para evitar que, en 2017, los votantes también prefieran embarcarse en una nueva relación que volver con alguno de sus ex Presidentes.

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  2. Las ventajas de los ex presidentes candidatos

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    Más que creer que la ciudadanía tiene preferencias marcadas por retornar a los líderes de antes al poder, la razón por la que los ex mandatarios logran ser más exitosos en sus aventuras presidenciales bien pudiera tener que ver con las reglas del juego que les dan una ventaja desleal.

    Si desde 2009 que las segundas vueltas presidenciales en Chile han tenido como uno de sus protagonistas a un ex presidente, la contienda de 2017 pudiera ser la primera en que la segunda vuelta se dirima entre dos ex presidentes. La tendencia de ver ex mandatarios volviendo al poder pudiera tener más que ver con las reglas del juego de las elecciones presidenciales que con una creciente preferencia de los chilenos por mirar hacia el pasado al momento de elegir a las personas que habrán de liderar al país en el futuro.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    La legislación vigente en Chile permite que los candidatos incurran en gastos de campaña sólo en los 90 días anteriores a una elección. Legalmente, nadie puede recolectar dinero o incurrir en gastos antes de esa fecha. Pero, como hemos sido testigos, las campañas empiezan mucho antes. La creatividad legal y contable ayuda a armar equipos de campaña y estructuras de financiamiento que permitan saltarse una ley que es claramente inadecuada (y que por cierto, pese a la molestia ciudadana por los escándalos recientes, todavía sigue vigente). A menudo, los candidatos crean una estructura paralela en la forma de una fundación sin fines de lucro, un centro de estudios o una corporación que les permita levantar fondos, tener asesores contratados e incurrir en gastos.

    Ahora bien, como ese sistema de financiamiento está ahora bajo el escrutinio público, la disposición de las empresas para donar a esas organizaciones comprensiblemente ha disminuido. Es innegable que todos los poderosos quieren tener buena llegada con los que tienen más posibilidades de llegar a La Moneda. Pero ningún empresario quiere tener a la Fiscalía o al SII indagando qué tipo de relación tienen con los presidenciables.

    En ese contexto, otras formas de financiamiento se hacen especialmente atractivas. Los senadores y diputados, que cuentan con cuantiosos recursos para su trabajo en terreno, pueden fácilmente reasignar algunos de esos recursos para el trabajo en terreno que requiere una aventura presidencial. A diferencia de los ministros o alcaldes en ejercicio, cuya capacidad discrecional para reasignar gastos es menor, los legisladores tienen acceso a una caja chica nada de despreciable para financiar los gastos iniciales de una aventura presidencial.

    Por eso no debiera sorprender ver que en la lista de los que han anunciado sus aspiraciones presidenciales abunden senadores y diputados, y estén conspicuamente ausentes los alcaldes y ministros. Para ponerlo en simple, es más fácil que los parlamentarios Isabel Allende, Ignacio Walker, Andrés Allamand, Alberto Espina o Manuel José Ossandón puedan pasearse por el país construyendo su base de apoyo electoral a que lo hagan los alcaldes Carolina Tohá, Rodolfo Carter o Francisco de la Maza.

    Pero los parlamentarios también tienen limitaciones. El escrutinio público los obliga a tener que asistir regularmente al Congreso. Además, como el camino a la presidencia está lleno de aspirantes, los legisladores tampoco pueden dejar botados a sus distritos. Por eso, aunque tengan el capital semilla para una aventura presidencial, los parlamentarios tienen tiempo limitado para dedicarle a esas aventuras.

    Los ex presidentes de la república, en cambio, tienen acceso a los mismos recursos que los parlamentarios en ejercicio, pero no enfrentan la obligación de tener que asistir al Congreso o dedicarle tiempo a sus distritos. Como resultado, los ex presidentes pueden usar recursos públicos para financiar sus aventuras presidenciales. Eso les da una ventaja enorme frente a otros aspirantes que también necesitan hacer el trabajo inicial que supone una candidatura presidencial.

    La decisión de financiar de forma vitalicia a los ex presidentes con el sueldo equivalente al de un senador se justifica por el invaluable servicio que prestaron a la nación. Pero cuando los ex presidentes usan esos recursos para construir futuras aventuras presidenciales, las rentas vitalicias que todos los chilenos pagamos constituyen un atentado contra la libre competencia en el mercado de las candidaturas presidenciales. Igual que una empresa cuya producción es subsidiada por Estado tiene ventajas injustas al competir con otras empresas que deben pagar todos sus costos, al recibir financiamiento estatal, los ex presidentes están compitiendo en una cancha dispareja con aspirantes que deben procurar su propio financiamiento.

    Desde 2009, en Chile hemos tenido ex presidentes en la segunda vuelta electoral.Más que creer que la ciudadanía tiene preferencias marcadas por retornar a los líderes de antes al poder, la razón por la que los ex mandatarios logran ser más exitosos en sus aventuras presidenciales bien pudiera tener que ver con las reglas del juego que les dan una ventaja desleal. Esta violación a la libre competencia se da en el mercado más importante de todos, el que determina quién gobernará al país y tendrá capacidad para facilitar u obstaculizar el funcionamiento de todos los otros mercados en que interactúan los chilenos.

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