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  1. Fiscal nacional no descartó abrir investigación contra Piñera por inversiones en Perú

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    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    El fiscal nacional, Jorge Abbott, no descartó abrir una investigación en contra del ex Presidente Sebastián Piñera por las inversiones realizadas por Bancard en Perú mientras se llevaba a cabo el juicio en La Haya por la demanda marítima.

    Tras conocerse que Piñera ingresó a la propiedad de la pesquera Exalmar, se espera que este miércoles el diputado Hugo Gutiérrez (PC) presente una querella contra el ex Mandatario por los delitos de uso de información privilegiada y negociación incompatible.

    Abbott sostuvo que “en el momento no tengo mayores antecedentes sobre el particular, entiendo que se estaría estudiando la presentación de una querella por parte de algún querellante”.

    “Analizaremos el mérito de la información y en virtud del análisis que hagamos tendremos que resolver si eventualmente se abre alguna investigación, si hay mérito para abrir alguna investigación sobre tales hechos”, añadió.

    Cooperativa intentó comunicarse con los ex cancilleres de la Nueva Mayoría, pero ninguno quiso realizar declaraciones sobre el tema.

    Quien sí entregó su opinión fue Miguel Schweitzer, canciller de Augusto Pinochet, quien manifestó que “es evidente que al momento de uno decidir postular a un cargo como la Presidencia de la República, lo que hizo el Presidente Piñera fue constituir un fideicomiso ciego”.

    “Entonces la información que él pueda haber recibido en los cuatro años que estaba en la Presidencia nada puede haber tenido que ver con sus inversiones, por mucho que haya tenido información de cualquier tipo”, dijo.

    Yo no tengo ninguna duda acerca de la honorabilidad y del patriotismo de Sebastián Piñera, yo creo que está archidemostrado”, aseveró Schweitzer.

    Ambos agentes por las demandas marítimas ante La Haya, Alberto Van Klaveren y Felipe Bulnes, también declinaron referirse al tema.

    Análisis de expertos

    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales, sostuvo que Piñera “se desligó de las operaciones de las empresas, pero su familia o sus relaciones siguen vinculados a los negocios, por lo tanto no es la mejor forma, el fideicomiso ciego no es ciego propiamente tal”.

    Por su parte, el sociólogo Alberto Mayol indicó que “hay una falta de respeto al concepto de política cuando se considera que se pueden mantener los intereses privados bajo ciertas condiciones de regulación que a mi juicio son mínimas, muy básicas, del todo irrelevantes en la práctica”.

    Mientras que desde la Fundación Avanza Chile reiteraron que hay interpretaciones “delirantes” y descarton que Piñera embaucara al país.

    Leer artículo en Radio Cooperativa

  2. No le gusta que la pauteen

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Una explicación recurrente que dan los legisladores chilenos para explicar las controversiales decisiones presidenciales es que la Presidenta Michelle Bachelet reacciona visceralmente cuando sus aliados o adversarios intentan influir en sus decisiones. Aduciendo que a Bachelet “no le gusta ser pauteada”, varios legisladores han tratado de justificar decisiones irreflexivas de la Mandataria. Pero esas justificaciones al actuar de la Presidenta solo confirman que los problemas de este gobierno radican en desconocer que el arte de la política consiste en construir consensos que dejen a los interlocutores satisfechos a la vez que el gobierno logra avanzar su agenda. El incidente más reciente ha sido la nominación de Jorge Abbott como fiscal nacional. Justo cuando el Senado parecía haber llegado a consenso en torno a José Morales, Bachelet optó por nombrar a un candidato simplemente porque no quería ser pauteada por el Senado.

    La política consiste en avanzar sumando apoyos para construir consensos amplios. Un buen político en el poder es aquel que, conociendo las prioridades y objetivos de sus adversarios y aliados, logra alinearlas de tal forma que, en su esfuerzo por defender sus intereses, esos aliados y adversarios terminen empujando la agenda del gobierno. Si bien muchas decisiones sobre gasto fiscal o reformas legislativas suponen transacciones de suma cero en el corto plazo (lo que ganas tú lo pierdo yo), siempre hay espacio para acuerdos que resulten en el beneficio mutuo de ambos bandos en el mediano y largo plazo. De hecho, cuando se construyen amplias mayorías a favor de determinadas reformas, aunque la reforma no sea el ideal de cada interesado, el promulgar mejoras significa que todos pueden llevar agua a sus molinos ideológicos y programáticos.

    Después de haber ganado con la mayoría más amplia conseguida desde el retorno de la democracia, la Nueva Mayoría creyó que podía gobernar con la aplanadora. Al poco andar, aparecieron conflictos al interior del propio oficialismo que dejaron en claro que ya no había mayoría legislativa para una agenda refundacional. El amplio apoyo electoral que tuvo Bachelet a fines de 2013 se diluyó ante la sospecha de que el gobierno no tenía una hoja de ruta para avanzar hacia sus objetivos sin poner en riesgo el crecimiento económico. Los vientos internacionales se tornaron desfavorables y la seguidilla de errores no forzados del gobierno —junto a los escándalos Caval y SQM— terminaron por hacer de la Nueva Mayoría el gobierno con mayor rechazo en los 25 años de democracia post Pinochet.

    La difícil situación obligó a Bachelet a un cambio de gabinete y a adoptar el realismo sin renuncia. Pero ya que ese ajuste fue producto de las circunstancias y no de su convicción, el realismo sin renuncia pronto fue relativizado. Apenas pudo, la Presidenta repuso algunos de los elementos más radicales de su agenda.    Ahora bien, como sabe que no tiene suficiente apoyo para impulsar las reformas más radicales, Bachelet ha optado por quedar bien con Dios y con el diablo. En su anuncio de proceso constituyente, Bachelet no descartó la Asamblea Constituyente, pero también reconoció explícitamente que cualquier proceso requerirá del voto afirmativo de dos tercios de ambas cámaras. Por eso mismo, el camino hacia la nueva constitución todavía puede tomar cualquier rumbo. El anuncio de Bachelet simplemente amplió el plazo de la incertidumbre sobre cuál será la salida definitiva al debate constitucional hasta después de 2017.

    En su decisión de nombrar a Jorge Abbott como fiscal nacional, Bachelet nuevamente demostró no tener un norte claro ni una hoja de ruta para llegar a su objetivo. Si lo hubiera nombrado porque compartía la visión de Abbott sobre cómo fortalecer y desarrollar el Ministerio Público, la decisión presidencial podría ser polémica, pero tendría una justificación política. En cambio, Bachelet decidió nombrar a Abbott porque se enojó cuando el Senado presionó para que el nominado fuera José Morales. Desconociendo que la constitución requiere la mayoría de los 2/3 para asegurarse que el fiscal sea nominado por un amplio consenso, Bachelet se taimó y no quiso dialogar con el Senado para consensuar un nombre y cumplir así el mandato constitucional.

    Aunque esté capacitado para ser fiscal nacional, el principal mérito de Abbott ahora es no ser Morales. Si el Senado confirma el nombramiento, el nuevo fiscal deberá agradecerle su puesto a una lógica infantil y carente de visión política. Si a la Presidenta le dicen que vaya por la izquierda, como no le gusta que la pauteen, Bachelet enfila por la derecha.

    Cuando el país necesita que las decisiones del gobierno se tomen a partir de una visión política clara y con una hoja de ruta bien pensada, La Moneda responde con decisiones que se explican solo por el capricho de una Presidenta que toma decisiones intempestivas porque no le gusta ser pauteada.

    Ver columna en El Líbero