Tag Archive: Gobierno de Bachelet

  1. Se viene la nueva constitución

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    La derecha enfrenta la disyuntiva de defender la constitución actual (abriéndose a reformas específicas) o apoyar un proceso constituyente intentando limitar sus efectos. Para la derecha, esa segunda alternativa sería la alternativa menos mala.

    Si el comportamiento pasado del gobierno de la Nueva Mayoría y de la oposición derechista sirven para predecir el comportamiento futuro, debemos comenzar a prepararnos para que se inicie un proceso constituyente que, a través de una asamblea constituyente, produzca una nueva constitución. Como la derecha ha optado por ayudar a que las malas reformas del gobierno sean menos malas, la determinación de la Presidenta Bachelet por impulsar el proceso constituyente llevará a que la oposición derechista, mirando cuidadosamente las encuestas, termine condicionando su apoyo a que el gobierno limite las facultades y regule la conformación de la instancia (asamblea constituyente) que produzca la nueva constitución.

    La lógica en el comportamiento de la oposición derechista ha sido tan consistente como inefectiva. Ya que no tiene suficientes votos en el Congreso para bloquear las iniciativas de reforma que ha impulsado el gobierno, la oposición ha optado por condicionar su apoyo o aceptación de las reformas a concesiones que ayuden a que las reformas sean menos negativas de lo que serían si la Nueva Mayoría hace uso de su poder de retroexcavadora en el Congreso. Como, además, la derecha está dividida entre RN, Amplitud y la UDI, la coalición derechista no tiene una sola voz. De hecho, Chile Vamos tiene hoy menos legisladores que los que fueron electos en la lista de la Alianza en 2013.

    La estrategia colaboracionista de la Alianza quedó en evidencia durante la reforma tributaria. Como entonces había una amplia mayoría del país a favor de la reforma, la Alianza no se atrevió a defender sus principios y oponerse a una mala reforma. Era cierto que la reforma iba a pasar igual. Cualquier edificio mal hecho se cae al primer temblor fuerte. Pero la Alianza optó por entrar a la cocina política, negociar algunos cambios que hicieran que la reforma fuera menos mala y, a cambio, otorgó legitimidad a la reforma con el voto de la mayoría de los legisladores derechistas. Ahora que la reforma ha mostrado sus debilidades —que hacen imposible su implementación— y además se ha vuelto impopular, el gobierno de Bachelet no es el único responsable de esa mala política pública. Si en 2014 la Alianza hubiera defendido sus principios y hubiera votado en contra de una mala reforma, hoy la oposición tendría una incuestionable legitimidad para dirigir el destino de la reforma a la reforma.

    Algo similar ocurrió con la promulgación de la gratuidad en la educación superior. Buscando evitar que se implemente una mala reforma, la derecha concurrió con sus votos y sus abstenciones a la promulgación de una ley que legitima la gratuidad. Si bien la derecha argumentará que la gratuidad (no becas ni préstamos) es aceptable para las familias de menos ingresos, no hay razón para justificar que la gratuidad se limite solo al 50% de menos ingresos. Después de todo, una familia con dos hijos en edad de estudiar que gana 1,5 millones de pesos (y que está en el 20% de más ingresos) también enfrenta serios problemas para financiar la educación de sus hijos. Ahora que la derecha votó por la gratuidad, de poco servirá defender la bandera de excluir al 5% más rico.

    El debate constitucional actual va encaminado en la misma dirección. Si bien las encuestas muestran que, al compararla con otras prioridades, la nueva constitución no es una prioridad para la gente, las mismas encuestas muestran que la mayoría de los chilenos está a favor de una nueva constitución. Es más, la gente cree que la nueva constitución ayudará a expandir sus derechos y mejorará sus condiciones de vida. Como si fuera una pócima mágica, la nueva constitución es vista como un remedio para los problemas que enfrenta Chile hoy. Dada la popularidad actual de la nueva constitución, la derecha enfrenta la disyuntiva de defender la constitución actual (abriéndose a reformas específicas) o apoyar un proceso constituyente intentando limitar sus efectos. Para la derecha, esa segunda alternativa sería la alternativa menos mala.

    Pero aceptar la necesidad de una nueva constitución oponiéndose a una asamblea constituyente resultará ser una postura insostenible. Si Chile efectivamente necesita una nueva constitución (y no solo reformas a la actual), no hay razón para oponerse a que esa nueva constitución emane desde la ciudadanía. Aceptar la nueva constitución creyendo que se puede frenar la asamblea constituyente es una quimera. Si va a haber nueva constitución, no se podrá evitar una constituyente. La defensa de los principios de la derecha debiera pasar por defender la postura de que basta con reformas a la carta actual, rechazando una nueva constitución. Pero la derecha fija sus posturas mirando las encuestas más que recordando sus declaraciones de principios. Ahora que la popularidad de una nueva constitución sube en los sondeos, la derecha terminará subiéndose a esa micro con la ya conocida excusa de que lo hace solo para evitar que una mala reforma sea menos mala.

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  2. El gustito de Lagos

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    La presencia de Lagos en La Moneda y su posterior entrevista en la revista El Sábado constituyen una combinación de golpes especialmente dañina para el gobierno de Bachelet.

    La decisión del ex Presidente Lagos de visitar La Moneda durante una ausencia de Bachelet, dar una conferencia de prensa desde el palacio de gobierno y lanzar una candidatura presidencial a dos años del fin del periodo de Bachelet refleja tanto la incuestionable debilidad de la actual mandataria como la incipiente carrera por sucederla. Si bien el “gustito” de Lagos en nada contribuye a fortalecer a una presidenta cuya debilidad repercute negativamente sobre la estabilidad del país, lo que hizo el ex Presidente tampoco constituye un intento por aserrucharle el piso a la Mandataria. Lagos erró al probarse la banda presidencial demasiado temprano, pero para muchos, su paso por La Moneda constituyó una bocanada de orden y habilidad política en un palacio de gobierno donde hace rato domina la confusión.

    En la política siempre hay algo de teatro y actuación. No es accidente que el ex Presidente Lagos se haya apersonado en La Moneda para un encuentro con el titular de Interior Jorge Burgos precisamente cuando la Presidenta Bachelet andaba de gira fuera del país. Además, la decisión de Lagos de hablar fuerte y golpeado desde el interior del palacio, presumiblemente con la anuencia del propio Burgos, empeoró la afrenta a Bachelet.

    Dada la complicada situación de la Presidenta, los partidos de la Nueva Mayoría han hecho un esfuerzo por demostrar coordinación y disciplina. Es verdad que la propia Bachelet ha torpedeado esos esfuerzos y sus declaraciones irreflexivas han destruido varias veces los frágiles equilibrios que construyen los partidos. Nadie puede negar que es la única responsable de la compleja situación en la que se encuentra su gobierno y del moribundo estado de la coalición que ella misma fundó. Pero una cosa es ponerse al borde del precipicio y otra muy distinta es que llegue un ex Presidente a dar un empujoncito.

    La presencia de Lagos en La Moneda y su posterior entrevista en la revista El Sábado constituyen una combinación de golpes especialmente dañina para el gobierno de Bachelet. Al anunciar su disponibilidad para ser candidato presidencial —y además confidenciar que hay gente que en la calle le pide que vuelva a poner orden—, Lagos confirmó el anticipado inicio de la carrera presidencial. Es cierto que el ex Presidente Sebastián Piñera, el ex candidato presidencial por partida doble Marco Enríquez-Ominami y el ex ministro de Hacienda Andrés Velasco ya venían corriendo hace meses. Es más, hay buenas razones para creer que la Nueva Mayoría necesita potenciar sus propios presidenciables si quiere evitar encontrarse en la incómoda necesidad de elegir entre Marco Enríquez-Ominami y Andrés Velasco en 2017.

    El solo hecho de que Bachelet no haya nombrado presidenciables en el gabinete —mismo error que cometió en su primer gobierno— inevitablemente imposibilita el control de la carrera presidencial desde La Moneda. Aunque es incómodo tener presidenciables en el gabinete, hay externalidades positivas —como tener personas trabajando día y noche por el éxito del gobierno para construir su propia plataforma de proyección y premiar la lealtad y castigar las indisciplinas de los presidenciables—. Pero Bachelet se autoimpuso la condena de que, más temprano que tarde, se iniciaría la carrera presidencial sin que ella pudiera controlarla. Pero ni en su peor pesadilla Bachelet pensó que eso implicaría que el ex Presidente Lagos, el hombre que muchos ven como una reserva de moral institucional, fuera a actuar con la premura e incontinencia propia de los candidatos que por primera vez aspiran a ocupar el sillón presidencial.

    Exactamente dos años antes de que se deban inscribir las candidaturas presidenciales para 2017, las declaraciones de Lagos confirmaron que la incipiente carrera por la sucesión presidencial ya se inició al interior del conglomerado de centro-izquierda. La decisión de Lagos revuelve el naipe presidencial en la centroizquierda. Los rumores sobre una posible candidatura de la senadora socialista Isabel Allende, del senador PDC Ignacio Walker y del ex Secretario de la OEA José Miguel Insulza pierden fuerza. Los intentos de Marco Enríquez-Ominami por participar en primarias abiertas de la Nueva Mayoría se desvanecen. A su vez, Sebastián Piñera parece menos preocupado por quedar encasillado como el candidato del pasado —aunque también siente que muchos derechistas pudieran ver en Lagos una mejor opción que él—. Por su parte, Andrés Velasco, Manuel José Ossandón y Marco Enríquez-Ominami pudieran ver con buenos ojos la posibilidad de transformar esta elección en una contienda entre el pasado y el futuro.

    Pero cualquiera sea el nuevo escenario, es evidente que este gustito de Lagos debilita todavía más al gobierno de Bachelet. Pudiera ser que las encuestas terminen por no acompañar las aspiraciones presidenciales de Lagos Escobar, pero es evidente que la plaza ya estima que aunque le queden dos años para seguir ocupando el sillón presidencial, Bachelet ya no está ejerciendo el poder.

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  3. El desliz del CEP

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    keneth

     

     

     

     

     

     

     

    Publicado el martes 19 de Agosto por La Tercera 

    Las encuestas pueden ser buenas o malas. En algunos casos se pueden evaluar en base a su error. El error es la diferencia entre un valor estimado y un valor verdadero. Su cálculo es relativamente sencillo cuando ambos valores están disponibles – tanto el estimado como el verdadero. Por ejemplo, uno puede evaluar a una encuesta al comparar su estimación del porcentaje de votos que recibirá un candidato en una elección y el porcentaje de votos que ese mismo candidato recibe en la elección. Las encuestas buenas son aquellas que tienen menos error – las que se aproximan más al resultado.

    Sin embargo, la mayoría de las encuestas no tienen un valor verdadero como punto de comparación. Sobre todo en encuestas que contienen preguntas valóricas. Esas encuestas solo se pueden evaluar en base a su reputación. La reputación de una encuesta depende de su misión y de su metodología. Este cálculo es más complejo que anterior, pero es igual de posible. Por ejemplo, uno puede evaluar una encuesta observando su fuente de financiamiento y sus características metodológicas. Las encuestas buenas son aquellas que prescinden de presión política, y que además no introducen errores en la recolección y el procesamiento de datos.

    La combinación de estos dos factores han llevado a la encuesta del Centro de Estudio Públicos (CEP) a ser considerada como una de las mejores en Chile. Tiene menos error y mejor reputación que otras encuestas del país. Por eso causó tanta conmoción académica y política ver que una de las mejores encuestas presentará deficiencias importantes en su metodología. Aunque el grueso de la encuesta no fue objeto de críticas, varios académicos y profesores apuntaron a que algunas preguntas relacionadas con la educación podrían estar significativamente sesgadas a producir resultados en contra de los intereses del gobierno.

    Las críticos señalaron varias preguntas. Entre ellas, la siguiente: “¿Cree Ud. que es bueno que los padres puedan complementar el subsidio educacional que otorga el Estado a través de un copago (pagando matrícula y/o colegiatura) para mejorar la educación de sus hijos, o Ud. cree que esto debiera estar prohibido?”. Aquí, lacríticaa fue que era la pregunta era confusa y larga; que concentraba buena parte de lo positivo en la parte inicial. Particularmente sostuvieron que la pregunta favorecía la primera parte (estar a favor del copago) por sobre la segunda parte (estar en contra del copago).

    Otra pregunta que generó atención negativa fue “Ud. qué prefiere: ¿Que su hijo/a vaya a una escuela básica, liceo municipal o colegio donde los alumnos tengan un nivel socioeconómico parejo y parecido al suyo o que su hijo/a vaya a una escuela básica, liceo municipal o colegio donde los alumnos tengan niveles socioeconómicos bien distintos?”, que fue criticada por combinar dos preguntas en una. El término “parejo” se puede contraponer al término “parecido” y por ende generar sesgo. Esto se suma al hecho de que personas con menos educación tienden a estar de acuerdo con lo que le preguntan si no la entienden bien.

    Este desliz metodológico del CEP sugiere una de dos cosas. Para algunos,sugieren que Beyer y el grupo económico que sostiene al CEP intencionalmente buscaron generar un sesgo para perjudicar al gobierno. Para otros, simplemente sugiere que el CEP inadvertidamente introdujo un error en el cuestionario. Si las preguntas fueron diseñadas de forma intencional o de forma negligente es irrelevante al fin al cabo. Si las preguntas fueron diseñadas de forma deliberada o accidental no es tan importante como constatar el efecto real – y negativo – de que una encuesta del calibre del CEP reproduzca resultados sesgados.

    Las respuestas a las preguntas solo pueden servir como un precedente para sostener que la reforma educacional es mala – y no como una medición fidedigna de la opinión de los chilenos. Esto, por cierto, es todo lo contrario a lo deseable. Por eso, parece ser hora de dar un paso importante en cuanto a las atribuciones y libertades que se pueden tomar los encuestadores. Si bien es necesario evaluar la calidad de las encuestas en base a su error y reputación, el desliz del CEP sugiere que no son indicadores suficientes. Para evaluar la calidad de una encuesta de forma eficiente hay que tomar en cuenta su nivel de transparencia.

    En países como Colombia y Venezuela es obligación que las encuestas se registren ante una institución fiscalizadora, publicar los datos y transparentar las fuentes de financiamiento. En Chile, lo primero no existe, y las otras dos tareas son opcionales. Si las encuestas tuvieran la obligación de registrarse, de transparentar sus datos y fuentes de financiamiento, subiría significativamente la calidad de sus mediciones.Probablemente bajaría su error y además subirían su reputación. Entre otras cosas, sería más difícil ocultar agendas políticas y más fácil prevenir la manipulación de datos.

  4. Venezuela: ¿Intervenir o no Intervenir?

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    Sébastien Dubé

    Publicada el 25 de marzo de 2014 en La Tercera

    El viernes pasado, la Organización de Estados Americanos (OEA) rechazó escuchar a la diputada venezolana María Corina Machado. La figura emblemática de la oposición al presidente Nicolás Maduro, buscaba hablar en una sesión del Consejo Permanente para denunciar los actos del Gobierno venezolano en la crisis que sacude a su país. El rechazo de la OEA llevó al diario El País a afirmar que el mismo Consejo “silenció a la oposición venezolana.”¿Por qué ese rechazo? Por una razón simple. Desde su fundación en 1948, la OEA tiene por misión asegurar la paz entre los países del hemisferio. Es decir, se concentra en las relaciones internacionales salvo en dos contextos precisos: si hay un golpe de Estado en un país miembro o si un Gobierno solicita la participación del Organismo para ayudarle a resolver un problema interno.

    La OEA no hubiera escuchado al diputado Guillermo Teillier reclamar contra el Gobierno de Piñera y no escucharía al senador Iván Moreira reclamar contra el Gobierno de Bachelet. Simplemente porque no sirve para eso. En ese sentido, tuvo razón en no escuchar a la diputada Machado. Lo anterior, independientemente de la validez de varios de sus reclamos y de los excesos perpetrados por el Gobierno Maduro cuya elección, cabe recordarlo, fue un proceso más que cuestionable. La crisis en Venezuela es una crisis interna. Si aceptamos como válido el principio de soberanía, no les corresponde a los demás países involucrarse en los temas internos de ese país. Aquellos políticos que unos años atrás condenaban a los organismos internacionales que criticaban al Gobierno Piñera por la política hacia las comunidades mapuche, el comportamiento de Carabineros durante las protestas estudiantiles o las leyes chilenas con respecto al aborto y el matrimonio homosexual, deberían ser coherentes ahora con su postura contra “las injerencias extranjeras en la política interna”.

    Reconocer la soberanía y no entrometerse significa también ser pasivo ante actos represivos que un Estado pueda cometer contra sus ciudadanos. Lo cual puede equivaler a ser “cómplices pasivos” de abusos y contribuir a su ejecución. Por otro lado, ser protagonista de un conflicto en otro Estado significa meterse en la política partidista, lo cual no sirve para la política exterior y los intereses del país. Frente a esa tragedia griega en la cual sólo parece haber alternativas malas, la mejor estrategia para Chile y el conjunto de sus políticos es estar atentos y tender la mano al Gobierno venezolano para convencerle, en base a la experiencia chilena, de aceptar un real diálogo con la oposición.