Tag Archive: Gremialismo

  1. Competir sin partidos

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    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Con la renuncia de Kast a la UDI ya son cuatro los diputados que han renunciado a sus partidos el último mes. Según analistas, son diversos los factores que influyen en que parlamentarios opten por dejar sus colectividades y, con ello, competir como independientes.

    La renuncia del diputado José Antonio Kast a la UDI se suma a otras dimisiones de parlamentarios a partidos tanto de oposición como de oficialismo. Durante este mismo mes, además del legislador y ex secretario general del gremialismo, la DC vio cómo René Saffirio abandonaba las filas de la colectividad, mientras que desde RN se marginaba Germán Verdugo.

    Asimismo, el PPD enfrentó la salida de Pepe Auth, uno de los fundadores y experto electoral de esa colectividad. Esta renuncia vino acompañada de fuertes críticas al rumbo de ese partido y, sobre todo, a la toma de decisiones internas, cuyo principal foco de críticas fue el senador Guido Girardi, a quien calificó como el “controlador principal” de la tienda.

    Si bien Kast, al igual que Auth, fundamentó su renuncia, entre otras cosas, con un cuestionamiento a los “controladores” de la UDI, aludiendo a los denominados “coroneles”, detrás de estas y otras dimisiones a los partidos existe otro factor preponderante.

    Según algunos analistas políticos, la eliminación del sistema electoral binominal -el que regía los comicios parlamentarios- y el paso a uno proporcional favorece la posición de legisladores independientes, dándoles mayores posibilidades de resultar electos bajo el nuevo esquema proporcional que se aprobó.

    El decano de la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo, Eugenio Guzmán, dice que “tienes un sistema electoral nuevo que, de alguna manera, provee márgenes mucho más bajos para poder salir elegidos”, y explica que “a pesar de que hay distritos que se aglomeraron, en esos distritos hoy día hay más cargos de los que originalmente tenían, por lo que necesitas menos votos para ser elegido”.

    Además, a su juicio, existe un segundo elemento a considerar: “El sistema mantuvo la posibilidad de los pactos y subpactos, lo que hace que finalmente el individuo que se va (de un partido) sigue siendo funcional al pacto”.

    Con esto último, el analista apunta a que las renuncias producidas en las últimas semanas no han ido aparejadas de un quiebre con las coaliciones respectivas. Así lo remarcó, por ejemplo, Auth, al aclarar que permanecerá colaborando con el gobierno de Michelle Bachelet.

    “No es lo mismo que ocurría cuando Alejandro Navarro toma la decisión hace años atrás y dice ‘me voy de la Concertación y me voy del PS’. ¿Por qué? Ahí viene la tercera causa: porque también hoy el pacto, la coalición, y por cierto los partidos, son mucho más débiles. Entonces, no pueden actuar unitariamente, como sucedía antes, que si alguien se iba de la DC, tenía que irse de la coalición”, asegura Guzmán.

    El propio Auth -uno de los ideólogos de la reforma que cambió el sistema binominal- dice que “antes, salirse del partido era la diferencia entre vivir o morir en política, porque lo más difícil era conseguir el cupo del partido, y luego la negociación del bloque”. Así, señala que “hoy la facilidad no es sólo para constituir partidos, sino que competir con alguna opción por supuesto que se multiplica”. Y agrega que “tiene que ver básicamente con que el binominal era una especie de camisa de fuerza que retenía a muchos por obligación dentro de un matrimonio”.

    “El fin del binominal va a producir necesariamente una restructuración del sistema político chileno, y eso es lo que produce hoy un movimiento hacia la dispersión. Pero yo tengo la hipótesis de que ese movimiento va a ser hacia la concentración de grandes corrientes convertidas en partidos democráticos profesionalizados (…), que representen a grandes corrientes de la sociedad chilena”, añade.

    Sin embargo, Auth también sostiene que “estas renuncias tienen orígenes y resultados distintos, pero tienen en común una crisis de representación: los partidos políticos, tal cual están desarrollándose hoy, no representan efectivamente a sus electores”.

    El diputado Saffirio, no obstante, dice que las renuncias a las colectividades producidas durante este mes tienen motivos completamente distintos. Plantea que “esa percepción de Pepe Auth tiene que ver con su condición de experto electoral”. Y señala que su salida de la DC no se debe a esos factores.

    El analista político Kenneth Bunker, por su parte, dice que este escenario podría desencadenar más renuncias en los próximos meses. “Militantes que han tratado de levantar candidaturas, pero que han sido ignorados, tienen grandes incentivos para renunciar, porque con el nuevo sistema electoral pueden crear partidos políticos nuevos con mayor facilidad e ir a la elección presidencial acompañados de pequeñas listas parlamentarias”.

    A su juicio, “el objetivo original de la reforma era darle mayor proporcionalidad al sistema electoral, es decir, que más ideas políticas tuvieran la posibilidad de ser representados en la esfera pública”. Así, sostiene que “a medida que aumenta el número de escaños disponibles en cada unidad electoral, baja el porcentaje de votos necesarios para ser elegido, y esto naturalmente implica una fragmentación en el sistema electoral”.

    Sin embargo, algunos analistas como el cientista político de la UDP Mauricio Morales agregan matices. Por ejemplo, la incertidumbre que se abre sobre si los votantes de la UDI acompañarán o no a Kast. “En el nuevo distrito de Kast, implicaría conseguir alrededor de 30 mil votos (para resultar electo). Él apenas superó los 24 mil. Veremos si esos votantes lo siguen o si se quedan con los candidatos que presente la UDI”.

    Para algunos expertos electorales, lo que se vive con movimientos como Revolución Democrática o Evópoli es, también, producto de esta situación. “La reforma al sistema electoral da incentivos para que caudillos abandonen sus partidos. Si un caudillo no obtiene el beneplácito de los líderes para perseguir una carrera más ambiciosa, pero tiene una serie de militantes dispuestos a seguirlo, puede fácilmente abandonar el partido para buscar una opción por fuera. Con el binominal, Giorgio Jackson y Felipe Kast estaban obligados a caer dentro de la Alianza o la Nueva Mayoría. Hoy tienen suficientes garantías de que pueden obtener al menos un diputado o senador si compiten por fuera las grandes coaliciones”, dice Bunker.

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  2. La UC y la mala memoria

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    claudio fuentes

     

     

     

     

     

     

    Claudio Fuentes

    El profesor Gonzalo Rojas me acusa de sesgado y prejuicioso al evaluar el actuar de la Universidad Católica de Chile. Su principal argumento es que omití el proceso de la reforma universitaria impulsada en la misma casa de Estudios por el ex rector Fernando Castillo Velasco. Pero lo que al parecer el profesor Rojas no advierte, es que la evidencia que él mismo presenta le da mayor consistencia a mi argumento, como intentaré demostrarlo a continuación.

    Sostuve en una columna anterior que difícilmente podríamos decir que esta o cualquier universidad moldea las mentes de sus académicos o estudiantes. Señalé también que el movimiento reformista de los 60 (del que formó parte el arquitecto Castillo) y el movimiento democratizador de la década de los 80, demuestran con nitidez que “existe una viva comunidad que tiene puntos de vista muy diferentes”. En ningún momento traté de obviar o esconder el aporte de la reforma universitaria de la década de los 60 y, de hecho, explícitamente la valoré.

    A continuación argumenté que existen dos proyectos emblemáticos desarrollados en la PUC (esto es, patrocinados o apoyados por la rectoría) y que marcaron al país en forma muy significativa: el proyecto de formación de los “Chicago boys” y el proyecto que permitió el establecimiento de la Constitución de la dictadura militar. Uno redefinió el modelo de relaciones económicas y otro el de relaciones político-institucionales. Rojas comete un error al pensar que el proyecto con la Universidad de Chicago solo funcionó en el año 1956. De hecho, se trató de un convenio en la que varias camadas de estudiantes se formaron y retornaron al país durante la década de los 60. Efectivamente cometí un error al incorporar a Hernán Büchi en la lista (¡asumo la falta!), pero todo el resto de los mencionados fueron formados en la PUC a través de este programa, realizaron sus estudios de postgrado en Chicago y retornaron al país.

    La trayectoria de Sergio de Castro es emblemática y ayuda a explicar a qué me refiero cuando sugiero que se trató de un proyecto ideológico patrocinado por la PUC. Luego de realizar sus estudios en Chicago, De Castro retornó a su alma máter, la Escuela de Economía de la PUC. Asumió cargos directivos y emprendió una profunda reforma al programa de estudios de dicha carrera con el consentimiento de la rectoría. Pero, además, De Castro participó activamente de la vida política nacional, asesorando la campaña de Jorge Alessandri en 1970, liderando el famoso proyecto de “El Ladrillo” y, luego, integrándose al Gobierno de Pinochet (ver Patricia Arancibia y Francisco Balart, Sergio de Castro: el arquitecto del modelo económico chileno, 2007).

    Pero el profesor Rojas sugiere que debí incluir el proyecto de reforma universitaria liderado por Castillo Velasco. En mi análisis anterior consideré incorrecto su mención, pues no cumplía con una de las condiciones que esbocé. Si bien la reforma universitaria fue un proyecto ideológico (primera condición), no tuvo un impacto permanente ni en aquella universidad ni en el resto del país (segunda condición).

    Pero ¿por qué fracasó ese intento? Seguramente el profesor Rojas se enteró y vivenció lo sucedido en la PUC desde 1973 en adelante. Con la llegada de los militares al poder, la PUC fue intervenida a través de la designación de un rector delegado (un ex militar). Y a partir de allí la historia es conocida: más de 150 profesores fueron exonerados; a cerca de 200 profesores se les rebajaron sus jornadas docentes; se cerraron escuelas; desaparecieron 28 personas asociadas a dicha casa de Estudios; y se prohibieron las elecciones democráticas de la FEUC. El rector delegado apoyó directamente al movimiento gremialista, designando entre sus presidentes a Arturo Fontaine (1974), Cristián Larroulet (1975), Miguel Allamand (1976), Juan Antonio Coloma (1977), y Andrés Chadwick (1978), entre varios otros. Las posturas disidentes fueron silenciadas, y no fue sino hasta mediados de los 80 cuando se recuperaron espacios de pluralismo entre profesores y estudiantes.

    En los años de dictadura, la PUC, como institución, favoreció proyectos ideológicos afines a los intereses de los militares: la creación de un nuevo modelo económico y el establecimiento de una nueva Constitución. Evidentemente el profesor Rojas no requirió de misivas de la rectoría para que lo convencieran de las bondades de apoyar al régimen militar o su Constitución, toda vez que él formaba parte de los convencidos de dicho proyecto. En cuanto proyecto, no se requirió forzar a estudiantes o profesores a firmar cartas de adhesión, pues el asunto fue precisamente que en aquellas coyunturas históricas se atrajo a quienes favorecían tales ideas y se excluyó a quienes pensaban distinto.

    Debe recordar, el profesor Rojas, que luego de asumir el ex almirante Swett como rector delegado, reestructuró el Consejo Superior eliminando a todos sus representantes docentes, administrativos y estudiantes. Bien lo señala el cardenal Raúl Silva Henríquez al constatar que el rector “creó un nuevo Consejo Superior y un Comité Directivo en los cuales fueron incorporados principalmente integrantes del movimiento gremialista: de los seis profesores que antes participaban en el Consejo Superior, el rector dejó solo a uno en sus nuevos órganos directivos: el abogado Jaime Guzmán, precisamente fundador y figura principalísima del gremialismo” (Memorias, págs. 40-41).

    Entonces, a la derrota del proyecto de Castillo Velasco le siguió la imposición de un proyecto ideológico conducido por la rectoría y apoyado desde la cúspide de la estructura jerárquica de la universidad por el gremialismo. Fue tan fuerte la arremetida de la contrarreforma que ni siquiera el entonces Gran Canciller Silva Henríquez pudo detener este proceso. Para resolver el conflicto suscitado, la autoridad eclesiástica nombró a un Pro Gran Canciller, el padre Jorge Medina.

    En el único punto donde parecemos coincidir con el profesor Rojas es en la posibilidad de que en una universidad puedan desplegarse proyectos ideológicos bajo determinadas circunstancias. Pero parece ser que Rojas evita asignarle ese carácter al proyecto ensayado por el gremialismo en la PUC de Pinochet. No obstante, una somera revisión de los hechos demuestra la evidente intervención militar, la exclusión de sectores disidentes y el predominio de aquella fuerza (anti)política. El gremialismo nacido y formado en la Facultad de Derecho de la PUC plasmó en la Constitución de 1980 el proyecto más duradero de la historia política reciente de este país.

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