La académica de la Escuela de Historia UDP, Hillary Hiner, presentará su libro “Violencia de género, pobladores y feminismo popular. Casa Yela (1964-2010)”, de Tiempo Robado Editoras.
El libro se concentra principalmente en la historia de la formación del grupo Yela en Talca, que se estableció en las poblaciones de la ciudad en 1986 y logró poner una de las primeras casas de acogida en Chile en 1994. Además, abarca el contexto histórico de Talca entre 1964 y 2010, en particular respecto los diferentes tipos de violencias que las mujeres han vivido y resistido allá, como también sobre la reemergencia del movimiento feminista durante la dictadura y el rol tan importante del feminismo popular dentro de esa coyuntura. También explora los diversos desafíos y tensiones que existieron entre el Estado y los grupos de mujeres que trabajaban violencia durante los años 90 y los 2000, en particular dado el contexto del protagonismo de SERNAM en la promoción de políticas públicas sobre violencia intrafamiliar. Incluye, además, un estudio más teórico e historiográfico sobre la violencia de género y la historia feminista.
En la oportunidad presentará Hillary Hiner, con los comentarios de Luna Follegati, historiadora, académica y militante feminista; Leonarda Gutiérraz, fundadora y directora de Casa Yela; y María Stella Toro, historiadora feminista, integrante de ReSueltas Feministas Populares.
La actividad se realizará el viernes 7 de junio a las 18:30 horas, en la sala B-51 de la Biblioteca Nicanor Parra, ubicada en Vergara 324, Santiago.
Mientras se sigue debatiendo la letra chica de esta ley de tres causales que sólo nos devolvería los derechos ya ganados hace más de setenta años, nosotras seguiremos abortando. Abortando porque se rompió el condón, porque nunca hubo ningún condón, porque no se quiere tener (ahora o nunca), pero abortando al fin y al cabo.
El sábado, 30 de mayo de 1931 apareció en el primer plano del diario La Nación un pequeño cuadrado con el título: “Hoy será promulgado”. Lo que se estaba informando era la publicación en el Diario Oficial del nuevo Código Sanitario, que incluyó, entre muchas otras cosas, la aprobación del aborto terapéutico. Sobre esto el diario señala: “El nuevo Código contiene reformas fundamentales especialmente en lo que se refiere al antiguo Título IV y a la protección de la madre”. Noten que no hubo cambios al Código Penal de 1874; por ende, el aborto seguía siendo un crimen. Pero lo que se estaba proponiendo, fundamentalmente, con este nuevo código, era la idea que existían situaciones médicas – vinculadas en su gran mayoría con la salud física de la embarazada y la viabilidad del embarazo – que podían justificar ciertos casos de aborto (previamente aprobado por un equipo de tres médicos), aun siendo este criminalizado. Y, más encima, se estaba promulgando este nuevo código para “proteger” a las madres; esto seguramente iba con la idea de que la mayoría de las mujeres de esa época que abortaban ya tenían otros hijos/as (y no querían que ella muriera por un aborto mal hecho) y/o por la posibilidad de que los abortos poco higiénicos podían provocar la esterilidad. Los abortos terapéuticos eran “excepciones a la regla”, pero excepciones que, siendo planteadas desde la medicina social, la higiene y el progreso, eran del todo entendibles para toda la sociedad.
Ahora, en el año 2017, al escuchar los debates sobre la Ley de Despenalización de la Interrupción del Embarazo en Tres Causales en el Senado y la Cámara de Diputados durante los últimos días, me pregunto, ¿qué ha pasado como para que la clase política en Chile, al parecer, tiene menos “sentido común” y menos sensibilidad que sus antepasados homólogos de 1931? ¿Cómo es posible que existan partidos y activistas que están dando la pelea sólo para devolvernos al estatus quo de principios del siglo XX? ¿Si ya hemos avanzado en tanto más desde los años 30 no será tiempo también para confiar plenamente en las mujeres, en sus capacidades para decidir sobre sus propios cuerpos? ¿No será ya tiempo para empezar a hablar de “aborto libre” y dejar atrás esta noción anticuada de lo “terapéutico”?
Desde una perspectiva histórica, otro detalle no menor del Código Sanitario de 1931 es que empezó a regular con mucha más atención el trabajo de las matronas, quienes, hasta ese momento, habían sido durante siglos, las principales expertas en todo lo que era la salud reproductiva de las mujeres y el parto. Desde este código en adelante, ya se ve claramente que el trabajo de las matronas iba a ser cada vez más “supervisado” por un doctor (generalmente un hombre), y, así, los partos de las mujeres eran cada vez más “medicalizados” y masculinizados.
¿Por qué menciono esto? Por dos razones, primero, creo que tenemos que empezar a pensar todo lo relacionado con la salud reproductiva de las mujeres, incluyendo el parto y el aborto, como dentro de una sola línea holística, dentro de la cual debemos involucrar mucho más el acompañamiento feminista. Está en boga hoy en día hablar de la “violencia obstétrica” y los partos como experiencias adonde las mujeres debemos tener más injerencia (hasta el punto de poder parir de forma desmedicalizada, en la casa y con una doula). Estoy totalmente de acuerdo con estas luchas y son bien necesarias, pero también tenemos que reconocer que no hay violencia más grande que forzar una mujer a parir en primera instancia. Eso es tortura, y si esa mujer está pariendo como resultado de violación o incesto, si no es una mujer, sino una niña, es tal vez aún más grave esa tortura psicológica. No obstante, la mera idea de forzar una mujer a gestar durante nueve largos e incómodos meses una criatura que ella no quiere tener – que sólo “presta el cuerpo” para ocupar una frase de la derecha – es, de por sí, totalmente abominable y espeluznante.
También sabemos que muchas mujeres que abortan ya son madres y que deciden por el aborto porque no cuentan con los recursos económicos, sociales o, incluso, emocionales, como para tener otro hijo/a. Ahora, al igual que la mujer sin hijos/as, si esa mujer tiene recursos, tiene opciones: puede viajar fuera del país o ir a una clínica privada. Mujeres como la diputada UDI Claudia Nogueira, quien habló de su propio “aborto retenido” –seguramente muy bien atendida en una de las clínicas más exclusivas del país-, pero que niegan, tajantemente, este derecho para otras mujeres. La mujer pobre en Chile NO tiene opciones. Esto no se debería entender como un problema moral, sino un problema netamente de salud y de clase. Que ella decida; las madres también abortamos.
Segundo, tenemos que reconocer lo que es nuestra realidad: las mujeres sí abortamos en Chile y lo seguiremos haciendo, con o sin permisos. Esto es particularmente el caso por el uso, ya muy generalizado y del todo conocido, de las pastillas para abortar. Aunque desde los años 90 se dice que en Chile hay 150.000 abortos al año, la realidad es que probablemente son mucho más y un gran porcentaje de éstos son abortos “médicos”, esto es abortos que se hacen principalmente a través del uso de misoprostol (o sólo o en conjunto con mifepristona). Se consiguen estas pastillas en el mercado negro, lo cual aumenta su precio y los riesgos para la salud.
Una vez conseguidas las pastillas, existen condiciones muy diversas entre sí a la hora de ocuparlas, pero sabemos que existen muchos casos de acompañamiento feminista en ese proceso. Esto tampoco es nuevo; si nosotras las feministas, como las brujas, siempre hemos acompañado a las mujeres y hemos sido demonizadas por lo mismo, pero tal vez lo que sí ha ocurrido es una cierta “democratización” de este acompañamiento. Son cada vez más las mujeres jóvenes que mueven pastillas a bajo costo y hacen acompañamientos feministas. Tal vez no es lo mejor, porque todavía hay muchos riesgos para todas las involucradas, pero es lo que hay. Insisto: esto es algo que ya está pasando todos los días, a pesar de las políticas draconianas criminalizadoras del Estado.
Entonces, mientras se sigue debatiendo la letra chica de esta ley de tres causales que sólo nos devolvería los derechos ya ganados hace más de setenta años, nosotras seguiremos abortando. Abortando porque se rompió el condón, porque nunca hubo ningún condón, porque no se quiere tener (ahora o nunca), pero abortando al fin y al cabo. Y nosotras seguiremos marchando, marchando todos los 25 de julio, día de la Marcha por el Aborto Libre, Seguro y Gratuito, organizada por la Coordinadora Feministas en Lucha, hasta que tengamos el derecho de decidir por sobre nuestros propios cuerpos. Si tú también crees que las mujeres debemos tener ese derecho o si estás muy frustrado/a con cómo los partidos se han burlado de las mujeres últimamente, ni siquiera devolviéndonos ese derecho que ya conseguimos en 1931, entonces, ¡nos vemos en la calle! ¡Todxs a Plaza Italia este martes, 25 de julio a las 18.00 hrs!
Un grupo feminista que lleva casi seis meses de existencia en Chile ha logrado convocar a miles de personas en todo el país. Las dos marchas realizadas demuestran que la manifestación es transversal. Mujeres y hombres exigen terminar con la violencia machista y el lineamiento político del movimiento es evidente: proclaman la igualdad y la justicia social y están contra el sistema político y su modelo neoliberal.
La irrupción en Chile del movimiento internacional Ni Una Menos tuvo un hecho concreto: apoyar las protestas en Argentina tras el femicidio de la adolescente de 16 años Lucía Pérez, asesinada en Mar del Plata. La acción, sin embargo, no fue una mera manifestación de solidaridad de género, detrás de sí existía un objetivo político claro y contundente: denunciar que la extrema violencia contra la mujer no era una cuestión encerrada en las fronteras de un país, sino más bien era la consecuencia cultural de un sistema político y económico que ha tolerado la violencia contra la mujer durante muchos años, y de la cual Chile tiene experiencia de sobra.
En octubre de 2016, miles de chilenas autoconvocadas respondieron al llamado y salieron a las calles a exigir “ni una menos”. El éxito de convocatoria pareció ser la consecuencia natural de una compaña de conciencia que rápidamente se viralizó en redes sociales, pero, antes de este llamado, mujeres de distintas organizaciones y colectivos feministas ya se reunían el segundo lunes de cada mes, desde hacía un año, para organizar manifestaciones contra el femicidio.
Alrededor de 150 mujeres son las que conforman actualmente la coordinadora Ni Una Menos Chile, quienes, a pesar de representar a distintas organizaciones sociales de colectivos de mujeres y pertenecer a movimientos y partidos políticos, aseguran que trabajan desde la individualidad y apuestan por un movimiento que no necesite capital para serlo.
“La marcha derivó en la organización. Queremos que Ni Una Menos en Chile funcione como una coordinadora efectiva de todas las mujeres que se están organizando en contra de la violencia machista a lo largo de todo el país”, señala Bárbara Brito, una de las cinco voceras del movimiento y vicepresidenta de la FECH.
¿Cuáles son los lineamientos políticos de este movimiento? ¿Ni una Menos es la respuesta cultural a nuestros tiempos o existieron en el pasado antecedentes históricos que expliquen la corriente ideológica?
Obreras anticapitalistas
Las primeras organizaciones feministas en Chile comenzaron a surgir a fines del siglo XIX y formaban parte de movimientos obreros, donde buscaban protección ante las precarias condiciones en las que trabajaban. Una de las primeras dirigentas que luchó por los derechos de los trabajadores y de la mujer fue Juana Roldán, quien formaba parte de la Sociedad de Socorros Mutuos “Emancipación de la Mujer”, que nació en 1888 y que luego pasó a llamarse Sociedad de Protección de la Mujer.
La académica de la Escuela de Historia de la UDP, Hillary Hiner, explica que “dentro del feminismo hay raíces históricas bien profundas. Hubo feministas obreras de fines del siglo XIX o principios del XX que eran profundamente anticapitalistas. Pensamos también en las mujeres activas de los 70, años en los que no se hablaba de términos necesariamente feministas, pero en el MIR existía el Frente de Mujeres Revolucionarias y ellas hablaban de la revolución socialista, de ser anticapitalistas”.
La historiadora también dice que posteriormente, en los años 80 y 90, muchas feministas se van a identificar como radicales. “Victoria Aldunate es feminista hace muchos años y siempre ha sido anticapitalista y antirracista. Existe mucho antecedente del feminismo anticapitalista”, afirma.
Estos antecedentes históricos explican las corrientes ideológicas que tienen hoy las actuales dirigentas feministas chilenas, quienes afirman estar en contra del sistema capitalista que actualmente está instalado en el país.
Ximena Riffo, otra vocera de la coordinadora Ni Una Menos Chile y perteneciente al colectivo Funa Feminista, señala que “la transversalidad de lo que nos reúne políticamente es ser antipatriarcales. Pero como feministas también somos anticapitalistas, porque criticamos la sociedad de consumo y cómo nos tienen instaladas a nosotras y a las personas en general, como mujeres objetos y deshumanizadas”.
Antisistémicas
La posición política contra lo que llaman el sistema antipatriarcal es lo que las define como ansistémicas y eso no tiene naciolidades. En Argentina hay organizaciones feministas que también intentan conseguir cambios en políticas públicas y en la concienciación de las mujeres en cuanto a sus derechos. Ahí cumple un rol fundamental la principal ONG en este tema, “La Casa del Encuentro”, que además fue la impulsora inicial de la etiqueta #NiUnaMenos.
Tanto en Argentina como en Chile ha habido feminismos muy pujantes desde fines del siglo XIX y los primeros años del XX. Alicia Moreau fue una de las mujeres destacadas dentro del feminismo y socialismo argentino, fundando en 1902 el Centro Socialista Feminista y la Unión Gremial Femenina.
Es en estos antecedentes históricos contra el sistema donde se pueden apreciar los lineamientos políticos contemporáneos y en los que las propias representantes del movimiento Ni una Menos reconocen una profunda raíz de izquierda.
Ximena Correa, feminista y académica de la Facultad de Comunicación y Letras de la UDP, plantea que “es más consistente ser feminista y de izquierda porque, en lo concreto, sabemos las desigualdades y explotación que genera el capitalismo, donde la mujer se constituye como un objeto útil para este sistema”.
Brito, como presidenta del movimiento, despeja las dudas y afirma que no hay nada fortuito en la comunión entre femenismio e izquierda.
“No es casual que seamos la izquierda quienes tomemos las banderas de lucha en contra de la violencia machista y por el derecho de decidir sobre nuestro propio cuerpo. Al final también es una lucha contra este sistema capitalista. El capitalismo se sostiene y se fortalece sobre la base de la histórica opresión de las mujeres”, expresa.
Elena Dettoni, otra de las voceras de la coordinadora, agrega que a través del movimiento quieren acabar con “este modelo que perpetúa aún más las desigualdades y las violencias que debemos enfrentar cotidianamente las mujeres. Por ejemplo, la brecha salarial, el acceso a la salud, cómo está proyectada nuestra jubilación. Mientras más estudios tienen las mujeres, más alta es la brecha salarial, etc.”.
Pero ser feminista y de izquierda no es lo mismo que ser de izquierda y respetar los derechos de las mujeres, enfatizan las miembros de la coordinadora.
Correa señala que, en el caso de las personas que se consideran de izquierda y luchan por igualdad de derechos en todos los ámbitos, “deben plantearse las temáticas de igualdad de género. De lo contrario, me parece que la izquierda clásica cojea, porque está desestimando una explotación histórica que es previa al surgimiento del capitalismo”.
La académica de la Escuela de Historia, Hillary Hiner, se encuentra en la etapa final de su proyecto Fondecyt titulado “Una historia inconclusa: Violencia de género y políticas públicas en Chile, 1990 – 2010”. Esta es una investigación de carácter nacional, que abarcó la realización de 162 entrevistas entre Arica y Puerto Montt. A continuación la académica detalla los objetivos de su trabajo y la relevancia que este posee para la investigación.
¿En qué consiste este proyecto?
Es un proyecto bien grande por varias razones. La primera razón es porque llevo un tiempo trabajando violencia de género y decidí ampliar esta definición para incluir distintos tipos de violencia de género. En ese sentido estoy mirando por ejemplo, la violencia que vivieron las mujeres durante la dictadura, en particular todo lo que tiene que ver con ser ex presa política, mujeres que pasaron por experiencias de represión autoritaria y los programas de políticas públicas orientados hacia ellas. Por otro lado, todo lo que tiene que ver con la violencia íntima de pareja, o algunas otras violencias también como la transfóbica o étnica. Es un proyecto bien amplio, donde revisamos prensa, archivos judiciales y estatales. Lo interesante del proyecto radica en ir y hacer entrevistas ahí mismo.
¿Qué objetivos posee la investigación?
Por un lado, un objetivo es tratar de cifrar un poco qué es lo que ofrece el Estado, cuáles son las violencias que han sido incorporadas a políticas públicas estatales. Evidentemente en la violencia íntima de pareja es donde hay más políticas públicas, pero es una violencia que se limita a la construcción de la familia heterosexual. En el fondo tampoco hay muchos programas para mujeres lesbianas que viven violencia en pareja. Entonces, uno de los objetivos del proyecto tiene que ver con estudiar, pensar, criticar y proponer respecto a las políticas públicas. Otro objetivo tiene concordancia con pensar la relación entre la organización y los movimientos sociales. Entrevistamos por ejemplo a muchas mujeres feministas y también que han participado en grupos de derechos humanos o grupos de sobrevivientes de violencia, como el caso de ex presas políticas y ahí creo que está claro que en Chile el Estado generalmente no se mueve hasta el punto donde efectivamente exista un buen movimiento social que impulse cambios. Nos concentramos principalmente en los gobiernos de la Concertación en términos de ir pensando cuáles han sido las lógicas de ellos, donde en muchos casos hubo promesas en particular con la vuelta a la democracia, pero que en la realidad ha sido muy complicado que se lleven a cabo.
¿En qué etapa del proyecto estás actualmente?
Estoy realizando la escritura y las últimas sistematizaciones. Ya terminamos todas las entrevistas en diciembre de 2015, la revisión de prensa la terminamos en el año 2014. Estamos terminando también los archivos judiciales que ha sido más complicado. Estamos avanzando según el calendario que propusimos, ha sido un trabajo bastante colectivo. Tengo la suerte, como historiadora feminista, de tener un equipo feminista trabajando conmigo como ayudantes.
¿Cuál es la importancia para la investigación?
Es importante que se haga más investigación histórica feminista. La verdad es que sí hay una cierta historiografía de género en Chile entre los años 90′ en adelante, pero lo que noto en esa producción en general es una tendencia solamente a trabajar un tipo de historia más descriptiva. Creo que este proyecto trata de pensar la violencia de género de una manera mucho más compleja y en ese sentido hay un aporte, además de la metodología que ocupamos, o de tratar de incluir a nuestras entrevistadas en este proyecto. En este ámbito tengo por ejemplo una carta de consentimiento, donde antes de publicar cualquier cosa yo mando un manuscrito a las personas que pueden leer y yo recibo comentarios, la idea es tener un intercambio.
El Instituto de Investigación en Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales invita al Seminario ICSO “Violencia y heteronormatividad: políticas públicas de la violencia intrafamiliar y la violencia íntima entre parejas del mismo sexo en Chile”, presentado por la investigadora ICSO y académica de la Escuela de Historia UDP, Hillary Hiner.
La actividad se realizará el viernes 9 de octubre a las 13:00 hrs., en la sala B-21 de la Biblioteca Nicanor Parra, ubicada en Vergara 324, Santiago.
Durante la última década en Chile, ha habido cada vez más visibilidad de la población LGBTQ, como también legitimación de sus reclamos a la hora de querer obtener mayor acceso a derechos formales bajo la ley. No obstante, a la hora de enfrentar violencia todavía existe una brecha muy amplia en términos de las políticas públicas y los servicios estatales que existen para parejas heterosexuales y parejas no-heterosexuales. En esta charla cuestionaremos la falta de servicios adecuados para hombres y mujeres no heterosexuales que viven violencia íntima de pareja, resaltando la naturaleza extremadamente heteronormada de las actuales políticas públicas de la violencia intrafamiliar. A través de una revisión de las actuales leyes y políticas públicas y el análisis de entrevistas hechas con trabajadoras de SERNAM y activistas LGBTQ a lo largo de Chile, bajo el rubro del actual proyecto Fondecyt No. 11130088 que sigue en curso, exploraremos algunos de los desafíos más difíciles que enfrentan las parejas no heterosexuales que viven la violencia íntima de pareja, como también concluiremos trazando algunas posibles líneas para futuras investigaciones e innovaciones estatales.
El cine para adultos ha sido por años el rincón oscuro del cineclub y la página escondida de internet, un espacio pensado, producido y consumido por los hombres. Generalmente, en la pornografía la mujer tiene un rol utilitario, un cuerpo cosificado, listo y dispuesto para entregarle placer al hombre y nada más que al hombre. Sin embargo, un género hasta un género hasta hace poco secundario ha crecido masivamente en los últimos años, intentando derribar estos estereotipos machistas sin dejar de excitar a sus espectadores. Este es el auge del porno feminista.
Durante el 2, 3 y 4 de septiembre, se llevará a cabo el Seminario “A 40 años del golpe de Estado en Chile. Usos y abusos en la historia” en el Centro Cultural GAM, organizado en conjunto por escuelas e institutos de Historia de la UDP, UCH, UC, UFT, UAI, UAH, USACH, UAHC, UCSH, UMCE, ARCIS y UDP.
El encuentro, que se enmarca en las actividades de conmemoración de los 40 años del golpe de estado, reunirá a más de un centenar de académicos, especialistas y profesionales chilenos, de Brasil, México, Argentina, Colombia y Estados Unidos, en torno al debate y reflexión de las distintas visiones que aún coexisten en lecturas e interpretaciones respecto de lo ocurrido el 11 de septiembre de 1973.
Entre los expositores se encuentran los investigadores ICSO y académicos de la Escuela de Historia UDP Claudio Barrientos, coordinador Mesa sobre Memoria; Consuelo Figueroa, a cargo de la Mesa Historiográfica sobre Golpe Militar y Hillary Hiner, coordinadora Mesa sobre género e historia reciente.
Además, el seminario contará con la participación de Peter Winn, historiador y profesor de historia latinoamericana de la Universidad de Tufts de Estados Unidos; Peter Kornbluh, analista e investigador del National Security Archive (George Washington University, EE.UU.) y Steve Stern, académico de historia latinoamericana de la Universidad de Winconsin Madison, quien presentará su libro Luchando por mentes y corazones: Las batallas de la memoria en el Chile de Pinochet (Ediciones UDP),traducción al español del segundo tomo de su celebrada trilogía The Memory Box of Pinochet’s Chile. Además, Stern dará inicio al ciclo de Cátedras Norbert Lechner 2013 el próximo 28 de agosto.
El evento es gratuito y abierto a todo público. Más información y Programa aquí