Tag Archive: Iglesia Católica

  1. El Chile que recibirá al Papa Francisco

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    gabriel cid ccssEn 1987 fue la primera y hasta hoy única visita de un Sumo Pontífice a suelo chileno, pero el Vaticano confirmó el arribo del Papa Francisco en enero de 2018. Sin embargo, historiadores y sociólogos apuntan a que lo hará en un escenario político y social diferente, con menos católicos y muchas críticas a la Iglesia, que contrastan con la visita de Juan Pablo II.

    Según Gabriel Cid, historiador de la U. Diego Portales, la visita del Papa Juan Pablo II -de la que el pasado 1 de abril se cumplieron 30 años- es uno de los eventos más trascendentes en la historia de Chile del siglo XX.

    Por eso, el anuncio del vocero del Vaticano, Greg Burke, quien dijo que acogiendo la invitación de los respectivos jefes de Estado y obispos, “Su Santidad, el Papa Francisco, realizará un viaje apostólico a Chile del 15 al 18 de enero de 2018”, está generando expectación.

    Pero fue el propio gobierno el que aclararía que la segunda visita de un Sumo Pontífice al país sería en un contexto político y social distinto al de Juan Pablo II. “El Papa Francisco llegará a un país con pleno estado de derecho, que recuperó su democracia en 1990, que es mucho más diverso en distintos ámbitos, con un creciente número de inmigrantes”, dijo el ejecutivo en un comunicado.

    Tres décadas de cambios

    El Chile que recibió a Karol Józef Wojtyla, verdadero nombre de Juan Pablo II, difería en muchos aspectos al actual. En 1987, el país tenía apenas 83.805 inmigrantes (el 0,7% de la población). Hoy, según el Departamento de Extranjería, hay 477 mil, un 2,7% de la población.

    Las mujeres -en promedio- tenían casi tres hijos (hoy la Tasa Global de Fecundidad es de 1,8) y la esperanza de vida promedio era de 72 años, hoy un chileno vive en promedio una década más. En 1987 había seis millones menos de personas en el país y 95 mil de ellas se casaban anualmente. Hoy, se producen 30 mil matrimonios menos.

    Pero, además, las expectativas frente a la llegada de Juan Pablo II eran muy altas. Con dos años de anticipación se crearon un eslogan, una oración y una canción. Se repartieron, además, medio millón de Altares Familiares, que tenían en el centro el rostro de Cristo y que podían apreciarse en muchas casas.

    El viaje se materializó entre el 1 y el 6 de abril de 1987. En esos seis días recorrió Antofagasta, La Serena, Valparaíso, Santiago, Concepción, Temuco, Puerto Montt y Punta Arenas. Francisco visitará sólo tres ciudades: Iquique, Santiago y Temuco.

    En 1987, Chile atravesaba una etapa compleja de su historia. Octavio Avendaño, sociólogo y académico de Sociología de la U. de Chile, señala que en ese momento existían condiciones autoritarias y se comenzaba a discutir el proceso de transición a la democracia. “Las circunstancias son distintas a las actuales. Hoy, en su visita se abordarán temas que representan un desafío para la sociedad, como la migración y el conflicto mapuche, por algo elige esos lugares”, destaca Avendaño.

    Con Juan Pablo II, agrega, se tenía la esperanza de que cambiarían las condiciones sociales y políticas. Así, entre las multitudes de personas que se reunían en cada uno de los lugares que visitó se podían ver pancartas en que se pedía el término del régimen militar.

    Para Marcial Sánchez, profesor de Historia de la Iglesia en la U. Católica, la visita de Juan Pablo II se produce en un contexto muy diferente. “Estábamos en dictadura, donde el Papa venía a entregar un mensaje de paz. La gente no sabía cómo iba a suceder eso y en cada encuentro se buscó darle a conocer lo que sucedía”.

    Ana María Stuven, historiadora del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales de la U. Diego Portales, resalta que el Papa Francisco no causará el mismo impacto en el sentido político como la visita anterior: “Estaba la esperanza de que el Papa presionara a la dictadura de Pinochet por el mayor respeto a los derechos humanos”, destaca.

    En la visita de 1987 había que asegurar una salida pacífica al gobierno de la época, agrega Avendaño. “Hoy es difícil que por su intervención se materialice una política o un cambio, pero de todas maneras instalará una discusión y será interesante ver el momento cómo lo abordará”, aclara.

    Los lugares que escogió tampoco son casualidad. “Me gusta que vaya a Iquique por el tema de los migrantes, y por el tema de Perú y Bolivia. Viene como emisario de paz. En Temuco está el tema de la situación de los pueblos originarios en su generalidad y tendrá que escuchar la reivindicación de los temas mapuches. No me cabe la menor duda de que sabe qué es Chile, porque es argentino, conoce a monseñor Ezzati y conoce nuestra Iglesia”, resalta Sánchez.

    Transformación interna

    Y si bien la relevancia política puede ser menor, sí lo será dentro de la propia Iglesia, dice Stuven. Ello, porque ha sido una figura que asumió con una postura más abierta ciertos cambios doctrinarios, principalmente en la gestión de la curia.

    “En el caso chileno, que ha habido abusos por parte de la Iglesia, la postura firme de él será importante para fortalecer a quienes dentro de la Iglesia quieren abrirla a cambios necesarios. El hecho de que sea jesuita es un apoyo a la doctrina jesuita en Chile, una apertura hacia el pluralismo dentro de la Iglesia chilena. Ojalá trabaje con la Conferencia Episcopal, ojalá salgan aperturas como la incorporación de la mujer dentro de la Iglesia en Chile”, dice Stuven.

    Otra diferencia es en el fuero católico. La encuesta Bicentenario, en 2014, señaló que el 59% de la población se declaraba católica, cifra que en 2006 era de 70%.

    ¿Cómo reaccionará si es interpelado por los abusos de la Iglesia? Sánchez destaca que el actual Papa tiene una cualidad: no elude las preguntas.

    “Dice la verdad; si le preguntan sobre eso, responderá. Además, Chile es el primer país que hace frente a esas situaciones de la Iglesia y genera una comisión, todo lo que se ha dado a conocer se ha investigado como corresponde, y él hace frente a todo tipo de temas”.

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  2. Académica de Sociología se refiere a la votación de la ley de aborto

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    Alejandra Ramm, Directora del Observatorio de Desigualdades

    Alejandra Ramm, Directora del Observatorio de Desigualdades

    La académica de la Escuela de Sociología UDP, Alejandra Ramm, conversó acerca de la realidad del aborto en Chile a partir de la votación en la Comisión de Constitución. En el programa comparó el contexto de nuestro país con el resto del mundo y el poder que tiene la Iglesia Católica en temas valóricos.

    Escuchar entrevista aquí

  3. Chile en Llamas – Levantando la Voz

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    Manuel Vicuña, Decano y académico de la facultad de Ciencias Sociales e Historia de la Universidad Diego Portales

    Manuel Vicuña, Decano y académico de la facultad de Ciencias Sociales e Historia de la Universidad Diego Portales

    Temas Capítulo: Censura y religión. -La iglesia y la inquisidora censura tras la dictadura. -Censura contra una obra de Óscar Hahn. -La postura moralista de Lucía Hiriart. -La Liga de las Damas Chilenas y la censura cinematográfica. -Primera proyección de “La última tentación de Cristo” y la discusión en tribunales. -Mentalidad censuradora de la iglesia. -Detalles de la polémica por la película “Joven y alocada”.

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  4. Ana María Stuven, historiadora UC y UDP: “En la Iglesia ha habido un énfasis innecesario en temas de moral sexual”

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    Ana Maria StuvenLa experta en historia de la religión analiza la irrupción de la Iglesia en el debate del aborto. Dice que los temas valóricos son mucho más que los sexuales.

    Se reconoce católica; pero acá, la historiadora y académica de la UC y de la U. Diego Portales, Ana María Stuven (64), no habla desde lo personal. Prefiere hacerlo como una investigadora en historia de la religión, secularización y laicización.

    Autora, entre otros, del libro ‘La religión en la esfera pública chilena ¿secularización o laicidad?’ (Ediciones UDP), hoy prepara otro sobre Iglesia y la inclusión de la mujer.

    Desde esa tribuna analiza la fuerte arremetida de la Iglesia en el debate público por el proyecto de despenalización (en tres causales) del aborto, que incluyó un video protagonizado por el propio cardenal Ricardo Ezzati.

    Un capítulo más en las discrepancias que han marcado la relación Estado-Iglesia durante la Historia. Stuven se toma el tiempo de nombrar las más importantes: el debate en torno al derecho de Patronato que incluía la tolerancia religiosa (1840 en adelante), la libertad de cultos (1865), las leyes laicas sobre cementerios (1883), matrimonios (1884), y registro civil (1884), y, finalmente, la separación Iglesia Estado (1925). Sin embargo, cree que esas discusiones no son comparables con el tema del aborto. “Eran temas que afectaban el lugar de la Iglesia en el Estado. Por lo tanto, la incidencia de la Iglesia era asunto oficial. Hoy, la Iglesia está en el Estado desde otro lugar: aquel que influye por su presencia prioritaria como religión en la sociedad civil y, en consecuencia, en lo político”, dice.

    – ¿Qué le ha parecido la irrupción de la Iglesia en el debate del aborto?

    – En la Historia de Chile, la Iglesia siempre ha tenido un rol público, independiente del hecho de que se separara del Estado en 1925. Sin embargo, el hecho de que la población chilena sea católica le da a la Iglesia una función orientadora de las conciencias frente a diversos temas: entre ellos, los llamados valóricos, que tienen que ver con la moral sexual. Pero quiero decir algo: los temas valóricos son de todo tipo, son todos los que influyen sobre la vida, la sociedad, la política y que interpelan la religiosidad de las personas.

    -¿Y se ha equivocado la Iglesia al reducir el tema valórico sólo a la moral sexual?

    – No me atrevería a decir que se ha equivocado, creo que ha habido un énfasis innecesario en ese tipo de temas de moral sexual. Ha habido un sobre énfasis, producto de sectores de la Iglesia Católica que son tradicionalmente muy conservadores en esos aspectos, en circunstancias de que los temas valóricos son de muy amplio espectro. Hoy, por ejemplo, hay mil millones de personas en el mundo que se acuestan con hambre todas las noches.

    -¿Qué le parecieron los tres insertos publicados por la Iglesia la semana pasada por el tema del aborto? En uno de ellos, cinco obispos señalan que ‘no será lícito para ningún católico votar’ por quienes estén a favor de la medida.

    – La declaración de la Conferencia Episcopal fue sumamente clara, bien redactada e importante en términos de señalar cuál es la postura oficial. Por lo tanto, no sé si era necesario que otros cinco obispos en particular hicieran su propia declaración (en otro inserto), como si no fueran representados por la Conferencia.

    -En la DC se mostraron muy molestos con esta campaña.

    – Me extrañó el contenido amenazante de esa declaración, la necesidad de decirles a los parlamentarios ‘miren, nosotros vamos a llamar a los electores a no votar por ustedes si votan a favor de legislar’. Me parece que el mensaje católico es suficientemente potente y fuerte para que todos los católicos son sintamos interpelados y provocados a pensar sobre el tema de la defensa de la vida, sin que nos amenacen.

    El criterio de la Iglesia

    -En este contexto de publicación de insertos y videos, ¿la acción de la Iglesia tiene límites?

    – Los límites no están fijados ni por la Constitución ni por la legislación, están fijados por el criterio. Este es un país donde existe la libertad de prensa, que naturalmente la Iglesia la usa para bien, pero las amenazas en ningún ámbito son necesarias.

    -¿Tiene criterio un obispo, como el de Valparaíso, Gonzalo Duarte, que lideró una protesta donde con una mano sostenía a una guagua y con la otra un muñeco que asemejaba a un feto?

    – No me atrevo a pronunciarme sobre el criterio de ningún sacerdote ni obispo de ninguna manera. Pero no hay duda de que hay actuaciones que son chocantes y que creo son contraproducentes en el sentido de que provocan mucho rechazo de, incluso, la propia comunidad católica. A la Iglesia Católica no le hace bien fomentar la división. Los escándalos que han existido sobre temas sexuales con los mismos sacerdotes, hacen que la historia reciente de la Iglesia sea con mucho dolor y muy traumática para los mismos católicos. A los católicos nos sobran, en este momento, instancias de división y de condena. Todos queremos una Iglesia que acoja, que recupere su credibilidad.

    -¿Y cuál es el rol público de la Iglesia hoy?

    -En un contexto de libertad de expresión, la Iglesia tiene y debe usar todos los medios que están a su alcance. Ahora, lo que es importante es que la jerarquía eclesiástica asuma la representación de todos los católicos. Hoy día son mucho más evidentes las posturas discordantes al interior de la Iglesia, y esa Iglesia tiene que darles voz también, como en el caso de Jorge Costadoat.

    -¿Y por qué la jerarquía no les está dando voz a esas ‘posturas discordantes’?

    – Creo que hay una diversidad muy grande en la catolicidad chilena.

    -Le insisto, ¿hay posturas que están siendo incomprendidas por la jerarquía?

    – El caso de Jorge Costadoat lo demuestra.

    “El caso no terminó satisfactoriamente”

    Costadoat, la UC y la libertad de cátedra

    -Usted se mostró contraria a la decisión del cardenal Ezzati de sacar al padre Jorge Costadoat de la Facultad de Teología. ¿Le gustaron las explicaciones que dieron el rector y Ezzati?

    -No. La condena que sufrió Jorge Costadoat ha puesto un tema que es importante que se ponga sobre la mesa, que es el de la libertad académica. Sobre todo, porque hasta hoy, tengo entendido, a Jorge no se le explican las razones de su salida. No es un caso que haya terminado satisfactoriamente para las personas que nos importa la liberad académica.

    -¿Hay libertad académica en la UC?

    – Creo que fue un lamentable incidente y que generó sensaciones de miedo e inseguridad que eran totalmente innecesarias de producir.

    -¿Pero hay libertad…?

    – Diría que sí.

    -¿A pesar de esas ‘sensaciones’ que generó?

    – Si. Ha habido otros episodios, no solamente este; pero eso no quita que en la universidad en general hay libertad de cátedra.

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  5. Las mujeres en la Iglesia

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    Ana Maria Stuven

     

    Ana María Stuven

    No solo en estos días, en su viaje de regreso de Manila, el Papa Francisco ha llamado la atención con interés y preocupación sobre la ausencia de las mujeres en lugares representativos en la estructura de la Iglesia Católica. En Evangelii Gaudium, Francisco hizo un reconocimiento respecto a que las reivindicaciones de los derechos de la mujer interpelan a la Iglesia institucional con cuestionamientos que no puede eludir.  Porque efectivamente la Iglesia no ha querido admitir que los impedimentos a que las mujeres ocupen ciertos lugares en la estructura eclesial son de carácter histórico, asociados a culturas patriarcales, los cuales por siglos confinan a la mujer a una situación de dependencia y sumisión.

    Otorgarle un lugar a la mujer, qué duda cabe, ha sido un desafío para la historia de la Iglesia Católica, ya que las imágenes bíblicas de la mujer han permitido diversas interpretaciones sobre su naturaleza. Mujer fue Eva, pero también fue mujer María, la madre de Jesús. Eva ha sido asociada históricamente a la naturaleza débil frente al pecado; a María se le ha venerado como modelo de femineidad asociada a la maternidad y al silencio. Eva fue origen del desorden en el mundo, María la madre de quien legó un nuevo orden, a menudo identificado erróneamente con un modelo de sociedad que valora sobre todo el influjo doméstico de las mujeres.

    En nuestro continente americano, y para hablar de Chile, ambas mujeres se han asociado también con nuestra historia republicana, en la necesidad que imponía la modernidad política de pensar los principios de soberanía popular y representación en función de todos los habitantes de la nación. María ha sido la “madre” de la patria. Pero Eva ha sido más que una metáfora para afirmar la naturaleza pasional y poco racional de la mujer, justificando así su incapacidad, por ejemplo en el siglo XIX, para acceder a la llamada “educación científica” de donde podía surgir su perdición. La Iglesia, apostó por ellas como su bastión contra las ideas amenazantes de una modernidad que fundaba el Estado secular sobre principios de autonomía y neutralidad, de los cuales se desprendía una institucionalidad secular, independiente de toda tuición eclesiástica. El Estado no pudo eludir plantearse el problema del espacio de incorporación de las mujeres, cuyo rol en la sociedad civil y política no había merecido discusión.

    Cada vez que un conflicto amenazó el poder la Iglesia, las mujeres fueron llamadas a las trincheras. Ellas amenazaron al presidente Montt con lanzarse a las ruedas del carruaje que llevaría a Monseñor Valdivieso al exilio si no se sometía al dictamen de la justicia civil que contradecía la sanción de los tribunales eclesiásticos; ellas repletaron las tribunas del Congreso vociferando contra la posibilidad de derogar el artículo V de la Constitución que prohibía cualquier culto no católico; ellas fundaron periódicos y salieron a las calles contra la promulgación de las leyes laicas. Ellas fueron protagonistas preferentes en la lucha por la libertad de enseñanza contra un Estado docente que podía poner en riesgo la trasmisión de la fe católica a través del sistema educacional.

    “Puede en cierto modo afirmarse que la vida o la muerte de la sociedad doméstica y civil pende de las mujeres: tan potente y decisiva es su influencia para el bien o para el mal”, argumentó Monseñor José Hipólito Salas, Obispo de Concepción en l865, en su discurso de recepción a las Monjas del Sagrado Corazón de Jesús. Otro pedagogo de la mujer, Ventura di Raulica, fue elocuente al respecto: “La familia entera no es otra cosa que lo que la mujer la hace, no es otra cosa que un espejo fiel de sus buenas cualidades o de sus defectos, de sus virtudes o de sus vicios; y por consiguiente, la sociedad civil (que no es otra cosa que la reunión de las familias bajo una cabeza política, así como la familia es la reunión de los individuos bajo una cabeza doméstica) no es otra cosa que lo que las mujeres han hecho…”. Los textos mencionados demuestran reconocimiento hacia que lo privado, correspondiente al ámbito de la mujer, tenía prolongaciones hacia la sociedad civil pública, ejercido desde el espacio y en las condiciones definidas históricamente como correspondientes a su naturaleza. La familia tuvo, históricamente, sexo femenino.

    ¿Qué sentido tiene hacer esta reflexión histórica en el contexto social y eclesial de hoy? Presentar la historia de las posturas eclesiásticas sobre la mujer en una situación de adecuación a cambios sociales, culturales y políticos como fue el siglo XIX permite identificar la tendencia que ha prevalecido en el sentido de, por una parte, confinar a la mujer al espacio doméstico sin otorgarle derechos ciudadanos, pero, por otra, apelar a su autoridad, especialmente familiar, a la hora de defender el orden social, la estabilidad, la tradición y la resistencia a la innovación. También ha sido una manera de impedir que aparezca, como dijo Francisco, la riqueza de su mirada y la complejidad de su visión. Pero, lo más grave, al cerrar las puertas al reconocimiento de sus derechos y de su dignidad se reafirma el patriarcalismo y el machismo que en nada favorecen a la Iglesia en los tiempos de hoy.

    Ojalá el papa Francisco, atento a la historia, no cometa los errores de quienes, creyendo que recluir a la mujer a una situación de inferioridad institucional, puede detener las exigencias de justicia y de participación, privándose del benéfico influjo que podrá tener la mujer en la renovación de la Iglesia. Aunque no es parte de la agenda del Sínodo 2015, reconocer que la familia ha sido de sexo femenino puede abrir nuevos derroteros en la senda de la igualdad y dignidad de la comunidad de los fieles católicos. Hablar de familia sigue siendo hablar de mujeres. ¿No debería entonces la Iglesia asumir que urge revisar la situación de la mujer en su interior, que es parte ineludible de la reflexión en torno a la familia?

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