Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.
En esta edición de Mesa Central, Max Colodro, analista político y profesor U. Adolfo Ibáñez y Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP, conversaron acerca de la elección de gobernadores regionales, sus facultades y la desconcentración del poder territorial.
Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP
La Presidenta Bachelet tiene una oportunidad inmejorable para cumplir una de sus promesas de campaña. La elección directa de los intendentes no sólo dará mayor vigor a las regiones, sino que también resolverá la particular dualidad del sistema político local: intendentes designados y consejeros regionales elegidos. ¿Por qué no se avanza más decididamente en esta reforma? ¿Quién le está colocando el freno de mano? ¿Cuál es el miedo? O, más bien dicho, ¿quién tiene miedo?
Más allá de los beneficios para la gestión local y para la provisión de políticas públicas hacia las regiones, mis respuestas apuntan a la dimensión estratégica de la reforma. Mi argumento es que los opositores a la elección de los intendentes no lo hacen en función de las eventuales atribuciones y competencias de la nueva autoridad, sino que temen quedar debajo de la mesa en materia de representación regional. Adicionalmente, ese miedo también viene de parte de algunos diputados. Según ellos mismos sostienen en privado, los intendentes serán figuras que opacarán a los congresistas. Dado que ese intendente tendrá más votos que cualquier diputado e incluso que un senador, entonces los congresistas quedarán al final de la cadena de mando. Esta es una excusa poco atendible. Los legisladores debiesen pensar en cómo hacer más eficiente su gestión y en cómo mejorar sus niveles de aprobación ciudadana en lugar de bloquear una reforma que impone mayores niveles de competencia electoral. Son estos argumentos los que tienen al Congreso en los últimos lugares de confianza institucional.
¿Quién le teme a la reforma? Naturalmente, los partidos -antes de tomar esta importante decisión- evalúan costos y beneficios. Los partidos que tienen mayor fuerza territorial y que cuentan con estructuras organizativas institucionalizadas estarán mejor aspectados para enfrentar la elección de los intendentes. Los partidos más personalistas, en tanto, tenderán a restar sus apoyos a la reforma, pues se sienten en desventaja frente a los partidos con mayor tejido social. Sin embargo, desde estos partidos personalistas se critica justamente que la elección de los intendentes contribuirá a elevar los niveles de personalización de la política. Por tanto, hay una inconsistencia en el argumento. Quizás, sería razonable transparentar las opciones hacia la reforma, evaluando si en realidad lo que se critica es el personalismo o si se trata de un problema práctico de estos partidos. Es decir, que no cuentan con liderazgos locales para competir.
Paralelo a esta discusión está el debate en torno al sistema electoral para elegir a los intendentes. He sugerido que ese sistema sea de mayoría calificada del 40%. Tanto los sistemas de mayoría absoluta como los sistemas de mayoría relativa entregan incentivos para una mayor fragmentación. En un sistema de mayoría absoluta, y ante la expectativa de que ningún candidato llegará al 50%, es plausible que explote el número de candidatos en la primera vuelta, facilitando el acceso de outsiders o candidatos populistas a la segunda vuelta. Igual cosa podría suceder con un sistema de mayoría relativa, especialmente en zonas geográficas con mayor volatilidad o inestabilidad en los patrones de votación. Un sistema de mayoría calificada del 40%, en mi opinión, genera los suficientes incentivos para construir coaliciones y, adicionalmente, evitar segundas vueltas innecesarias, frenando -en la medida de lo posible- la consolidación de candidatos exógenos a las coaliciones mayoritarias. Ningún sistema electoral es capaz de bloquear a candidatos populistas, pero algunos -por lo menos- establecen más obstáculos que otros.
Llegó el momento de avanzar sin miedo en esta reforma. Los temerosos deberán dejar atrás sus dinámicas centralistas, y los entusiastas deberán pelear con más fuerza en este último tramo del debate.
Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP
Aunque el discurso presidencial se vio empañado por actos de violencia en Valparaíso, los contenidos del mensaje no dejan de ser llamativos. Si se pudiera mapear temáticamente el discurso, se detectan cinco líneas troncales. Primero, se refuerza la tesis del Gobierno respecto a que el Estado acompañará a los ciudadanos desde la sala cuna hasta la vejez. Segundo, que para ello se necesita de un sistema de protección social junto con un esfuerzo en mejorar el desarrollo de la ciencia y la tecnología, para lo que anunció la creación de un Ministerio. Tercero, la Presidenta enfatizó en políticas de género. Aunque le ha sido difícil lograr la paridad en su gabinete y en los cargos de confianza presidencial, manifestó la necesidad de que al menos el 40% de los directorios de empresas esté compuesto por mujeres. Cuarto, puntualizó los desafíos en materia de desarrollo sustentable y cohesión social. Quinto, subrayó las nuevas reglas de la democracia que, teóricamente, contribuirán a reducir la brecha entre la elite y la ciudadanía, mejorando la calidad de la representación. Dos veces se refirió a la reforma más importante -y la mejor diseñada- que corresponde al reemplazo del binominal por un sistema más proporcional.
El discurso recibió 33 aplausos. Las áreas más vitoreadas fueron Salud y Nueva Constitución. En Salud se anunció la construcción de más hospitales, el incremento en el número de médicos y especialistas, y el refuerzo del programa “Sonrisa de mujer”, entre otros. En el área de nueva Constitución -un asunto que genera mayor polarización y debate- la Presidenta calculó la participación, hasta ahora, de 60 mil personas. La cifra no es espectacular e, incluso, es más baja que la registrada, por ejemplo, en las primarias locales del PDC para definir candidatos a alcalde en 23 comunas y candidatos a concejal en otras 74. Entonces, si bien este asunto produce alta expectación en la elite, no sucede lo mismo en la ciudadanía. Hay ahí una tremenda brecha de representación. Si bien las encuestas muestran apoyo a la nueva Constitución, en la práctica el interés está muy por debajo de lo esperado.
Casi al finalizar su discurso, la Presidenta confirmó su compromiso con la elección directa de los intendentes para 2017. El proyecto fue ampliamente aprobado en general en el Senado y no se entiende muy bien por qué aún carece de urgencia. En lugar de dar la vuelta más larga a través del proceso constituyente, el Gobierno podría encarar los desafíos de la descentralización de manera más concreta. La Presidenta recibió triple aplauso cuando promovió gobiernos regionales más autónomos y una ovación más intensa cuando llamó a elegir directamente a los intendentes. Probablemente, en su propio gabinete se esté bloqueando el avance de la iniciativa. Eso es no entender que la reforma reduce el “hiper-presidencialismo” y que, en la práctica, protege al Presidente frente a los conflictos regionales.
Si la Presidenta quiere pasar a la historia por el volumen y calidad de las reformas institucionales, el cambio al binominal -siendo de máxima importancia- no es suficiente. El plan de desarrollo y la instauración de una red de protección social serán más viables de instituir con autoridades que, electas por los ciudadanos, conozcan más de cerca la realidad de sus regiones y que, por cierto, rindan cuenta ante ellos y no ante el Presidente.