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  1. Israel y el problema de la paz con Palestina

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    Pablo AlvarezQueda de manifiesto entonces, que si Israel desea permanecer como un Estado democrático, el único en la región, deberá producirse un cambio radical, ya que es incompatible la ocupación de Palestina de manera perpetua, las visiones negativas de los árabes (israelíes o extranjeros), con la idea misma de un estado democrático.

    El juicio al soldado israelí de 20 años Elor Azaria, que en marzo del año 2016 mató por un disparo en la cabeza al palestino Abd Fatah Al-Sharif, que estaba tendido en el suelo luego de haber sido reducido por efectivos del ejército israelí, se ha transformado en un potente ejemplo de lo dividida que está la sociedad israelí, pero esa división no es simplemente en torno a los efectos del conflicto palestino, sino a la idea misma de lo representan el pueblo palestino para los israelíes ¿de qué otra forma se explica que un ser humano dispare en la cabeza a otro humano tendido en el piso, desarmado y herido?.

    Azaria es un caso más de un muchacho israelí que en el cumplimiento de su servicio militar debe patrullar las calles de la Cisjordania ocupada por Israel, una tarea ya estresante para un joven, pero con el añadido de que, para toda la sociedad israelí, desde hace décadas los territorios “en disputa” como señala oficialmente el gobierno israelí, son escenarios de una guerra. Por lo tanto, y esta es una de las explicaciones de algunos defensores de Azaria, cuando un soldado es enviado al campo de batalla y dispara, las muertes resultantes de este proceso son el corolario evidente de una situación de guerra. También se señaló que el soldado reaccionó en defensa propia, pero lo cierto es que el video del incidente es categórico, Abd Fatah Al-Sharif, el palestino que intentó apuñalar a un soldado israelí, estaba en el suelo y desarmado cuando recibió el disparo en la cabeza por parte de Azaria.

    El caso se transformó en un espectáculo mediático que dividió a la sociedad israelí, incluso llegando al mismísimo Primer Ministro Benjamin Netanyahu, que solicitó un perdón para Azaria. Esta división no es simplemente expresión de la importancia que tiene el ejército en la sociedad israelí, tampoco es simple expresión de las profundas divisiones culturales entre las viejas elites de origen europeo y laicas versus un creciente sector ultra religioso, es además, la expresión clara del problema de fondo del conflicto entre Israel y Palestina: la idea misma que tienen en Israel sobre los árabes en general y los palestinos en particular.

    Muchos analistas especulan sobre la viabilidad de la solución de los dos estados (Israel por un lado y Palestina por el otro), pero no hay más que recordar que fue el mismo Edward Said quien a comienzos de los años 90 del siglo recién pasado, habiendo regresado a Palestina después de décadas de ausencia, que se dio cuenta de la inviabilidad de un estado Palestino luego de la ocupación de Israel desde la guerra de 1967. Para Israel Gaza y Cisjordania son territorios en disputa, no zonas ocupadas, este es el principal argumento para rechazar la reciente resolución del consejo de seguridad de Naciones Unidas número 2334. Por otra parte, la profunda desconfianza de ambas partes es, evidentemente, otro factor gravitante, pero ambos elementos están anclados en una visión sumamente negativa del otro.

    Desde los padres fundadores del Estado israelí con David Ben Gurion a la cabeza, la desconfianza a los árabes y musulmanes ha sido la tónica en Israel. Netanyahu no es simplemente una muestra más de esa desconfianza, es el epítome de ella. Pero además, la ocupación de territorios palestinos desde la Guerra de los Seis días en 1967, ha significado que generaciones de jóvenes israelíes, tal como Elor Azaria, han debido cumplir con el servicio militar obligatorio en una zona de alta tensión. La asociación Breaking the silence formada por ex soldados israelíes se ha encargado de denunciar los abusos a los que son sometidos los palestinos por parte del ejército israelí. No hace falta mucho andar por territorios palestinos para darse cuenta de las constantes humillaciones y restricciones que viven los palestinos en los territorios bajo administración israelí. Por lo tanto, las preguntas que cabe hacerse son: ¿qué es lo que anima al Estado de Israel a mantener esta política de asentamientos, que hasta el mismo EEUU ha denunciado? ¿Qué es lo que anima al Estado de Israel a mantener un control militar sobre territorios que la ONU ha dejado claro, en reiteradas resoluciones, que son territorios ocupados?

    Una respuesta tentativa a estas interrogantes es que la visión negativa sobre los palestinos, que ha empeorado con el tiempo, es y ha sido una piedra tope fundamental para poder arribar a una solución definitiva entre ambas partes. Si pensamos, como se señaló más arriba, que desde los padres fundadores del Estado de Israel la desconfianza a los árabes y musulmanes han sido una constante, con puntos altos como el líder del revisionismo sionista Zeev Jabotinsky, que planteaba la idea de un muro de hierro que separara al Estado israelí de los árabes, que a su vez acusaba a David Ben Gurion de ser demasiado blando en este tema, hasta el día de hoy en que luego de los sucesos del 11 de septiembre del 2001, Charlie Hebdo, Niza, Berlín, ISIS y otros, la islamofobia y las representaciones negativas de los árabes y musulmanes cunden, ya sea en la cultura popular expresada en Hollywood, donde todos los malos de las películas parecieran ser árabes, hasta el nuevo populismo estilo Trump, en que pareciera que los árabes son los responsables últimos de toda la violencia del mundo. En Israel esta percepción no es solo un capítulo más de un problema global, sino que es un capítulo de enorme importancia, por su ubicación geográfica, pero también por su importancia estratégica en relación a que el conflicto por Palestina es uno de los más largos y tortuosos de la historia contemporánea y un factor de enorme inestabilidad para la región.

    El mismo John Kerry, ya en sus últimos días de Secretario de Estado de Estados Unidos, el 28 de diciembre pasado, señaló que la única solución al conflicto es la creación del Estado Palestino. Kerry se ganó el repudio Netanyahu luego de que EEUU no vetara la resolución 2334 de diciembre pasado en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, pero que cómo expresó una reciente editorial del periódico israelí Haaretz, Kerry es un verdadero amigo de Israel. El Secretario de Estado ha señalado, a su vez, que la permanente ocupación israelí de territorios palestinos no puede conciliarse con el carácter democrático del Estado de Israel.

    En definitiva, si lo que está en juego es la paz en una zona de extrema sensibilidad geoestratégica, se debiese abordar la problemática en toda su complejidad y el gran problema de esto es que estamos ante una profunda desconfianza entre las partes. Israel reclama que los palestinos deben reconocer el derecho de Israel de vivir y habitar en un territorio contiguo al de los palestinos, pero si analizamos la historia desde los acuerdos de Oslo hace más de veinte años, ese paso ya se dio cuando la Organización de Liberación de Palestina con Yasser Arafat se sentó a negociar con Isaac Rabin y Simón Peres. Sin embargo, y esto queda de manifiesto con el asesinato cometido por Elor Azaria, persiste en Israel una profunda minusvaloración hacia los árabes y los palestinos en particular.

    Si bien en Israel existe el Estado de Derecho y viven árabes en su interior, la profunda desconfianza hacia ellos ha sido incluso analizado en un número reciente de la revista norteamericana Foreign Affairs. Queda de manifiesto entonces, que si Israel desea permanecer como un Estado democrático, el único en la región, deberá producirse un cambio radical, ya que es incompatible la ocupación de Palestina de manera perpetua, las visiones negativas de los árabes (israelíes o extranjeros), con la idea misma de un estado democrático. Algunos dirán que esa desconfianza hacia los árabes y musulmanes es lógica como resultado de la historia, pero es de toda lógica señalar que no todos los árabes y musulmanes son radicales, es la potencia ocupante la que debe crear las condiciones para que los elementos radicalizados no se reproduzcan. El futuro de la paz depende, no solo de un cambio de estrategia política, depende en mayor medida de un cambio en la visión del otro.

    Leer columna en The Clinic

  2. Egresado de la Escuela de Ciencia Política UDP cuenta su experiencia como asesor del gobierno palestino en negociaciones con Israel

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    DSCF4997Xavier Abu-Eid egresó de Ciencia Política UDP el año 2007. Antes de hacerlo ya sabía que su desarrollo laboral iba a estar enfocado en las relaciones internacionales, en especial, en el conflicto territorial que en estos días mantiene Palestina e Israel. Es por eso que adelantó su tesis de pregrado para poder emigrar a Palestina a realizar su práctica profesional, realizando una ardua labor para sacar adelante su proyecto y así egresar un semestre antes que su promoción.
    Desde el año 2008 se desempeña como asesor del equipo negociador de Palestina, siendo hoy parte del Departamento de Asuntos de las Negociaciones, organismo que pertenece a la Organización de Liberación Palestina (OLP).
    Sus impresiones sobre el trabajo que desarrolla en Palestina, además de la formación que recibió en la Universidad Diego Portales, fueron parte de la charla que realizó el martes 25 de noviembre titulada “Palestina, Israel y el proceso de paz: Situación actual y perspectivas de solución.
    ¿Cómo se puede entender el estado de las relaciones en el conflicto Palestino-Israelí?
    La negociación que existe hoy entre Palestina e Israel se puede entender desde el punto de vista político como el intento por frenar la ocupación de Israel en los territorios palestinos que durante muchos años ha significado un retroceso en el reconocimiento de dos Estados que habitan en un determinado espacio común. Esto tiene que ver con los bajos incentivos que tiene Israel para frenar la colonización de zonas donde hay agua y cultivos que por años han generado pérdidas económicas y sociales para Palestina. En ese sentido, la importancia de la internacionalización de este conflicto radica en que mientras más países se abran al reconocimiento del Estado Palestino, como lo hizo Suecia y próximamente España y Francia, menos margen de acción le queda a Israel para seguir violando las leyes del derecho internacional.

    ¿Cuánta importancia tuvo la Escuela de Ciencia Política UDP en tu formación profesional?
    Principalmente por la práctica que realicé en la Embajada de Palestina en Chile y en la OLP inicialmente . Lo que más destaco de la malla de Ciencia Política de la UDP es que cada contenido que se pasó en clases era llevado a la realidad por los profesores a través de evaluaciones y talleres prácticos. Ese era el beneficio de tener esa malla curricular, que en mi caso, fue de transición de nueve a ocho semestres, lo que además me facilitó el poder llegar a Palestina, cosa que no habría sido posible en otras circunstancias.

    Yo soy muy orgulloso de haber estudiado en la Universidad Diego Portales. Te puedo hablar del tiempo en que estudié, en el que obviamente era menor la cantidad de alumnos. todos muy buenos y capaces en mi generación. Profesores y auxiliares también ayudaban en ese proceso, entonces estaba todo disponible para que los alumnos maximizaran sus capacidades.

    Si tuvieras que nombrar a los profesores que motivaron tu desarrollo en pregrado ¿Cuáles serían?
    En relaciones internacionales me sentí motivado por el profesor Jaime Abedrapo. Mauricio Morales en la parte de métodos también fue importante. Y Patricio Navia por su capacidad de llevar los conocimiento a la práctica, al análisis de la contingencia, eso fue importante para mí.

    ¿Cuál es tu vínculo con la UDP?
    Quizás no tenga un vínculo directo con la Universidad, lo que tengo es un cariño especial por la Escuela de Ciencia Política que va ligado a lo humano, a lo que esta escuela me entregó en mi formación.