Claudio Fuentes, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.
En esta edición de Mesa Central, los panelistas Claudio Fuentes y Max Colodro, conversaron acerca de actualidad nacional. El tema principal estuvo centrado en la visita del gerente de Bancard a La Moneda durante la administración de Sebastián Piñera.
Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP
El gobierno ha sido acusado por algunos sectores de responder de forma tardía ante los incendios. Analistas comparan esta situación con lo vivido tras el terremoto y posterior tsunami del 27 de febrero de 2010, durante la primera administración de Bachelet.
“Desde un primer momento, la Presidenta ha llamado a la unidad. No creemos que sea un contexto para sacar ningún tipo de rédito político, ningún tipo de ventaja en esa área. Creemos que eso, además, no es bien visto por nadie en la ciudadanía (…). El gobierno no se va a distraer en críticas que, en realidad, no son constructivas, no conducen a nada, que muchas veces desinforman a la población. El gobierno está concentrado en esta batalla frontal contra el fuego y de asistir a las personas directamente afectadas por esta catástrofe”. Con estas palabras, la vocera de gobierno, Paula Narváez, insistió ayer en la postura que ha manifestado el Ejecutivo ante los cuestionamientos lanzados desde la oposición y sectores de la Nueva Mayoría por la respuesta ante los incendios que afectan al país.
El sábado 21 de enero, cuando la Presidenta Bachelet recibía en Santiago a su par de Francia, Francois Hollande, la jefa de Estado comenzó a ser criticada por los alcaldes de las comunas afectadas y por parlamentarios que acusaban un actuar “tardío” de La Moneda para enfrentar la catástrofe, justo el día en que el incendio que se había iniciado el martes en Pumanque, en la Región de O’Higgins, se extendía a otras localidades.
Ese mismo sábado, el ministro del Interior, Mario Fernández, debió salir a responder las críticas. “Hace dos días, la situación no ameritaba establecer un estado de excepción constitucional”, dijo aquella vez.
Pero los cuestionamientos al Ejecutivo se verían redoblados por la polémica generada luego de que la chilena Lucy Avilés acusara trabas de las autoridades para hacer llegar el avión SuperTanker que ella había facilitado, y luego que parlamentarios recordaran que advirtieron -en comisiones del Congreso- que el riesgo de incendios era alto. Así, pese a que el gobierno reforzó su despliegue, las críticas no lograron ser aplacadas. Y fue un grupo de diputados de la DC el que impulsó -con votos favorables de todos los partidos- la creación de una comisión investigadora en la Cámara, que tendrá como objetivo determinar las responsabilidades de la tragedia. El trabajo de esa instancia -y su repercusión pública- se reactivará en marzo, cuando inicie su labor.
“Estamos dando una batalla contra el fuego sin pausa y también sin precedentes”, dijo ayer Bachelet, aunque sin aludir a las críticas, tras sostener un consejo de gabinete. Y agregó: “Estamos frente a una catástrofe inédita, pero quiero asegurar que como país tenemos reservas y capacidades para enfrentarla e ir en apoyo de nuestros compatriotas afectados”.
El fantasma ronda
Durante la semana no fueron pocos quienes compararon la gestión del Ejecutivo ante los incendios con otra reacción ante una catástrofe que ha sido foco de críticas para Bachelet: el terremoto y posterior tsunami del 27 de febrero de 2010 (27/F), cuando no se dieron a tiempo las alertas de tsunami correspondientes y Bachelet debió enfrentar duros cuestionamientos por la tardanza del Ejecutivo en firmar los decretos para sacar a los militares a la calle, hechos por los que se abrió una comisión investigadora y una causa judicial.
“El 27/F es un fantasma con el que el gobierno y la Presidenta tienen que lidiar siempre que afronta situaciones de emergencia. De alguna manera, en este caso también se ve reforzado esto, porque hay muchas críticas respecto de que el gobierno no ha sido prolijo, de que no tuvo capacidad de anticipación ni de responder planificadamente y de que ha desestimado ayuda extranjera”, dice el analista político Max Colodro. A su juicio, “los gobiernos siempre pagan costos por este tipo de circunstancias; en este caso, el gobierno aparentemente reaccionó tarde, sin haber tenido claridad respecto de la magnitud del problema al que se enfrentaba”.
En una línea similar, el analista y decano de la Facultad de Gobierno de la UDD, Eugenio Guzmán, afirma que “todos los recuerdos apuntan” a similitudes con el 27/F. “Ha habido mucha indecisión y un exceso de celo ideológico-comunicacional. El mejor ejemplo de esto es el SuperTanker: no sale el ministro del Interior ni el subsecretario Aleuy, sino que sale el encargado de la Conaf, y él se transforma en el vocero, y se abre una discusión de si conviene o no conviene, en un contexto en que la gente lo único que está diciendo es ‘traigan agua y resuelvan esto’”. A juicio de Guzmán, “el gobierno va a tratar de jugar algunas cartas con la lógica de la unidad nacional, va a trabajar ese lenguaje como una fórmula para intentar contener las críticas”.
Sin embargo, el también analista y director del Observatorio Político Electoral de la UDP, Mauricio Morales, recuerda que Bachelet tuvo la capacidad de revertir las críticas que recibió tras el 27/F, manteniéndose como la figura mejor evaluada y logrando ser reelecta. Pese a eso, agrega que en este caso, con una Presidenta con baja evaluación en las encuestas (a diferencia de febrero de 2010, cuando superaba el 80%), las críticas podrían afectarla más. “En un escenario de menor aprobación presidencial es probable que exista una sensación de castigo frente a la eventual ineficiencia. Comparando las dos tragedias, en 2010 la Presidenta fue enjuiciada por la elite, pero no por la ciudadanía. Pero ahora, en un escenario de mayores niveles de desaprobación y crítica a las instituciones, lo esperable sería que la Presidenta, como mínimo, no remonte en aprobación presidencial y que disminuya su apoyo en regiones”, dice Morales.
Fernando García Naddaf, Director del Magíster en Política y Gobierno UDP.
Analista explica que un trending topic puede sumar 1.500 tuits, mientras un punto de rating equivale a llenar el Estadio Nacional.
El director del Magíster en Política y Gobierno de la Universidad Diego Portales, Fernando García Naddaf, fue uno de los expositores en el IX Congreso Mundial de Comunicación Política en Buenos Aires. Una de las cosas que lo impresionaron en ese congreso fue la cantidad de veces que Chile y la Presidenta Michelle Bachelet fueron usados como ejemplo por su llegada al poder en el primer gobierno, y no con el actual.
-¿Cuál es la diferencia entre Bachelet 2009 y la actual?
-En su primer gobierno hubo un cuento, desde ser la primera mujer Presidenta y que no era la que representaba a la élite política. Era la mujer que prometía un cambio, que daba garantías. Ese relato inspiró a mucha gente, y este segundo mandato no lo tiene. La gran deuda es su ausencia de liderazgo. Una decepción.
-¿En qué se ve esa ausencia?
-Cuando tienes liderazgo, construyes un relato con el cual inspiras a los ciudadanos, creas un consenso con valores y retórica. Aquí no hay un cuento. Como en el 21 de mayo, donde siempre hay operaciones simbólicas: evocar el pasado buscando identidad de la comunidad, interpretándolo con el presente y dando una imagen de futuro. Este año vimos una Bachelet pusilánime, débil, falta de energía. Y más que operaciones simbólicas, pequeños clichés.
-Pero su campaña con reformas que la devolvió a La Moneda. ¿No era relato?
-Fue un collage de imágenes, porque la coalición es muy dispar. Un líder le tiene que dar forma, interpretar la realidad, inspirar, tener un trabajo conceptual, dar argumentos. Esas cosas no están ocurriendo. ¿Cómo con esas reformas tan importantes no eres capaz de moverlas desde abajo, darles sentido? Tiene que resignificar el mensaje para quienes votaron por ella. ¡No me cabe en la cabeza que la Presidenta no salga a defender al proceso constituyente con inspiración!
-¿La culpa es de sus asesores?
-El problema de Bachelet no es de comunicación, es político. Los asesores comunicacionales tienen la peor pega: si lo hace mal el político, es culpa del asesor, si lo hace bien el político, es porque es buen político.
-Ella no tiene redes sociales personales, como Macri, Correa o Piñera. ¿Le juega en contra?
-Lo digital es una gran ficción. Un trending topic pueden ser 1.500 tuits, pero un punto de rating en la TV son 65.000 personas, un Estadio Nacional lleno. Su único valor es cuando un tuit pasa a los medios tradicionales, como una caja de resonancia. En Chile tenemos un récord, porque el político más tuitero de América Latina es Tomás Jocelyn-Holt, con 117 mil tuits. Pero también tiene el récord de ser el presidenciable chileno menos votado en la historia. Sus tuits triplican a sus votantes, esa es la ficción. Algunas veces tener redes no genera más adeptos.
Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.
Como ahora Bachelet pasa por un momento complejo de desaprobación y la situación económica parece ir de mal en peor, La Moneda recurrió a la única estrategia que conoce cuando está entre la espada y la pared, revivir la memoria del dictador. Pero esta vez lo hizo a través de uno de los medios que más activamente defendieron a la dictadura.
La querella de la Presidenta Bachelet contra la revista Qué Pasa puede ser entendida también como el uso de la bala de plata que tiene la Nueva Mayoría cuando ya nada más funciona. Cada vez que se encuentra en problemas por errores no forzados o cuando está acorralada por heridas auto-infligidas, la Concertación busca pelearse con el fantasma de Pinochet. Como la figura del dictador ya no concita el mismo temor o interés, Bachelet ha optado por pelearse contra uno de los medios que defendió más activamente a la dictadura.
Desde que se formó para oponerse a Pinochet antes del plebiscito de 1988, la Concertación (Nueva Mayoría desde 2013), cada vez que ve amenazada su unidad y está en cuestionamiento su supervivencia, vuelve a sus orígenes. Porque su momento de mayor gloria fue cuando se alzó como alternativa a la dictadura militar, la Concertación siempre intenta recrear el campo de batalla de su mítica victoria fundacional.
En los 90, y hasta la muerte de Pinochet en 2006, la presencia amenazante del envejecido dictador constituyó un elemento de unidad al interior de la Concertación. Los intereses personales y las diferencias ideológicas siempre fueron supeditados a ese bien superior que era facilitar la transición y la consolidación democrática. Ya sea porque temían una regresión autoritaria o por los límites de los enclaves autoritarios de la dictadura, los gobiernos de la Concertación siempre usaron la figura de Pinochet como un elemento disuasivo para frenar rebeliones y acallar disensos.
Pero a medida que la democracia se fue consolidando, el fantasma de Pinochet se hizo menos amenazante. Las numerosas reformas constitucionales —en especial las de 2005— hicieron desaparecer los enclaves autoritarios. La muerte de Pinochet a fines de 2006 hizo desaparecer la presencia física de la figura que lograba producir unidad en el conglomerado de centro-izquierda. Cuando las diferencias entre los liberales que apoyaban el modelo económico de libre mercado y los estatistas que añoraban un Estado productor se hacían evidentes, el gobierno cada vez tenía más dificultades para generar unidad a partir de la invocación de la figura de Pinochet.
Pero como resulta más fácil intentar revivir muertos que cambiar de estrategia, la Concertación buscó nuevos símbolos que pudieran mantener viva la imagen del dictador. Para algunos, la Constitución de 1980 era la mejor evidencia que, aunque Pinochet ya había muerto, su legado seguía muy presente. Para otros, la insuficiente justicia a las violaciones a los derechos humanos se convirtió en una forma atractiva para reconstruir, al menos en parte, la unidad que otrora había producido la presencia amenazante del dictador.
En 2009, por ejemplo, la candidatura presidencial de Eduardo Frei Ruiz-Tagle usó esa estrategia al intentar convertir al ex Presidente Frei Montalva en una víctima de la dictadura. Aunque siempre hubo evidencia de irregularidades y dudas sobre las circunstancias de la muerte de Frei Montalva, Frei Ruiz-Tagle nunca se preocupó de intentar indagarlas durante su sexenio como Presidente. Pero cuando la muerte de Frei Montalva se convirtió en una oportunidad para obtener beneficios electorales de la polarización en torno a la dictadura que siempre le resultan favorables, la Concertación demostró un repentino celo por querer aclarar la presunta participación de la dictadura en la muerte del primer presidente PDC.
En el gobierno de la Nueva Mayoría, el principal argumento usado a favor de una nueva constitución es la ilegitimidad de origen del texto actual. Con el argumento falaz de que una democracia no puede construirse a partir de una constitución originada en dictadura, el gobierno de Bachelet promueve un proceso constituyente sin contar con la autorización del Congreso para hacerlo.
En esta querella, los argumentos presentados por el equipo de la ciudadana Bachelet aluden, entre otras cosas, al papel que jugó en dictadura el semanario Qué Pasa, y la prensa en general. Sin considerar que los dueños del semanario hoy no son los mismos que en dictadura, la querella de Bachelet parece interesada en demostrar un comportamiento históricamente sesgado en contra de la izquierda por parte de ese medio.
La estrategia resulta conocida. La Concertación/Nueva Mayoría siempre vuelve a sus orígenes cuando enfrenta dificultades. Como la bandera que más unidad interna produce es la oposición a la dictadura, la Concertación la enarbola cada vez que se siente sin hoja de ruta común y norte compartido. Como ahora Bachelet pasa por un momento complejo de desaprobación y la situación económica parece ir de mal en peor, La Moneda recurrió a la única estrategia que conoce cuando está entre la espada y la pared, revivir la memoria del dictador. Pero esta vez lo hizo a través de uno de los medios que más activamente defendieron a la dictadura.
Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP
Hoy se reúne la Presidenta y los partidos oficialistas. El encuentro delineará los dos años que restan de gobierno.
Algunos la han denominado reunión de trabajo, otros, cónclave. Pero lo cierto es que el encuentro que hoy sostendrá la presidenta Bachelet con los timoneles de los partidos de la Nueva Mayoría (NM) y los ministros políticos de su gabinete, podría marcar los últimos dos años de su gobierno.
Ello, porque en la cita, que comenzará a las 15 horas y podría extenderse hasta las 21 en el palacio de La Moneda, se tratarán temas clave para la proyección de la NM de cara a las próximas elecciones.
Si bien el punto al que más se hizo referencia en las semanas previas fue al económico, por el ajuste fiscal y la necesidad de levantar una agenda de inversiones que vaya más allá del cobre, lo medular será político.
En ese contexto, La Moneda les solicitó a los partidos que les enviaran propuestas con los temas que querían trabajar. Las colectividades acordaron que todos los timoneles elaboraran un documento, que redactó el secretario nacional de la Democracia Cristiana, Gonzalo Duarte. El texto, de cuatro carillas, fue entregado la semana pasada al Ejecutivo.
Los trascendidos, en todo caso, indican que en el encuentro se abordará la necesidad de difundir y capitalizar las reformas y logros alcanzados por el gobierno, como la educacional y la tributaria. Además, se debería analizar el escenario de cara a las elecciones municipales, seguridad y el conflicto mapuche.
Más allá de las propuestas que la NM haya entregado al Ejecutivo, y que existan trascendidos sobre lo que hoy se abordará, algunos analistas coinciden en que la reunión debería servir para ordenar y alinear al bloque, en razón del compromiso previo que existió con Michelle Bachelet.
Gobierno eficiente
Para el director ejecutivo del Instituto Libertad, Aldo Cassinelli, la de hoy es una instancia para ajustar engranajes.
“En primer lugar, tiene que haber una coherencia entre el gobierno y su base de apoyo parlamentario, que claramente hoy día no se vinculan directamente”, dice el analista.
Lo anterior, apunta, da como resultado el segundo punto, que es clave para entender lo que está pasando en el país y que es cómo mejorar la gestión del aparato público.
“No es posible que el Estado se siga conduciendo de esta manera y que el gobierno, que es el administrador temporal de este Estado, no haga las cosas bien. Cada una de sus reformas, que ha logrado aprobar sin ningún problema, no se lleven a la práctica o implementen de buena manera. Esos dos elementos van a ser clave en el último par de años para el gobierno”, asegura Cassinelli.
Otra de las prioridades que deberían estar sobre la mesa del Salón Montt Varas, donde se realizará el cónclave, está relacionada directamente con la eficacia.
“Cuando el gobierno es ineficiente en el uso de los recursos, que cada vez son más escasos, y ya se tiene un primer ajuste presupuestario, se está poniendo en riesgo precisamente las reformas que se están haciendo, pero también todo lo que se ha hecho en los 20 o 30 años anteriores”, recalca Cassinelli.
Por eso, expresa, lo que tiene que haber son políticas especiales para activar la economía. “Y ahí el ministro Valdés tiene que tomar un rol más protagónico en definir una estrategia macro de funcionamiento del Estado y la reactivación de la economía”, señala.
Impronta municipal
Para el decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Administración de la Universidad Central, Marco Moreno, el tema económico debería tener un lugar importante, pero no al punto de generar una incertidumbre tan grande como la que han instalado las autoridades.
“Creo que Rodrigo Valdés ha exagerado un poco y eso ha llevado a que las expectativas de los actores políticos estén bastante alineadas con esta restricción, pero que evidentemente inhabilita la acción del gobierno en un año electoral, que debiera ser mucho más importante”, explica el académico.
Moreno añade que “debería haber anuncios en materia de crecimiento, porque hasta el momento sólo se ha hablado de recorte presupuestario”.
Sin embargo, subraya que para que este cónclave tenga éxito su principal objetivo debiera ser el desafío electoral de octubre y cómo la Nueva Mayoría y el gobierno se alinean detrás de ese proceso.
“Por lo tanto, la posibilidad de un gabinete que tenga un perfil más electoral y acciones del gobierno que vayan en línea con ese objetivo debiera ser la impronta que este cónclave debiera marcar para que tenga algún efecto”, sostiene.
Pero la directora del Programa Calidad de la Política de la Fundación Chile 21, Gloria de la Fuente, tiene una mirada diferente.
Desde su óptica, el tema económico ha sido explicado latamente por el ministro Valdés y la elección municipal es resorte de los partidos y no del gobierno. “El cónclave debiera fijar un derrotero de las reformas que se han hecho y las promesas de gobierno que falta por cumplir, porque no existe un calendario que establezca plazos para eso”, expone.
Un segundo punto, suma, tendrá que ver con ordenar a las huestes. “Alguien debe hacerse responsable y terminar con los disensos y peleas a través de los medios de comunicación. No es posible que no haya una metodología clara de trabajo al interior de la NM”, advierte De la Fuente.
El director del Observatorio Político Electoral de la UDP, Mauricio Morales, estima que la reunión de hoy debiese considerar dos grandes dimensiones.
“Primero, la disciplina legislativa para aprobar los proyectos de ley en discusión, cosa de reducir al máximo las posturas díscolas”, asegura.
Y segundo, precisa, evaluar y proyectar la elección municipal de octubre.
“Ambas cosas van relacionadas. Se espera que con un gobierno ordenado aumente la aprobación presidencial y que eso favorezca a los candidatos de la Nueva Mayoría en los comicios locales”, declara.
De igual forma, cree que debiese firmarse un pacto de garantías respecto a que las primarias de alcalde sean una instancia de participación y no de confrontación en el bloque oficialista.
LOS COMPROMISOS ANTERIORES QUE SERÁN REVISADOS
El encuentro de hoy en La Moneda será el segundo de su tipo en el año, luego del que se realizó el pasado 13 de enero a las 20 horas en el palacio presidencial de Cerro Castillo en Viña del Mar.
En esa oportunidad, la cita se llevó a cabo en medio del frenesí legislativo por sacar adelante varios proyectos de ley emblemáticos. Como el relativo al fortalecimiento y transparencia de la democracia, la ley de partidos, la reforma laboral, la ley que simplifica el sistema tributario, la ley anticolusión, la carrera docente y la agenda corta antidelincuencia
Tras la reunión de enero se informó que las partes se habían comprometido a mejorar los canales de comunicación entre la mandataria y los partidos de la Nueva Mayoría.
Sin embargo, de todas las reuniones que se han producido entre la Presidenta y los timoneles oficialistas la más importante fue el 3 de agosto de 2015 en el Estadio El Llano de San Miguel.
Luego de ese cónclave la jefa de Estado hizo una serie de anuncios, entre ellos la reducción de la cobertura de gratuidad al 50% más vulnerable, para incluir a algunas privadas.
Asimismo, Bachelet declaró que se simplificaría la reforma tributaria y que se aplicarían nuevas medidas para frenar el aumento de la delincuencia.
Para evaluar el avance de esos compromisos, La Moneda le hizo llegar esta semana a los partidos un documento titulado “Síntesis cónclave NM 03.08.2015”.
La idea, han comentado en palacio, será revisar área por área (educación, salud, fotalecimiento de la democracia, descentralización, seguridad ciudadana y materias económicas) qué ha pasado con cada punto.
Y es que la preocupación principal en el Ejecutivo es comenzar a capitalizar de una vez por todas los logros que se han alcanzado y que se traduzcan en un alza en las encuestas.
Cuestión que permitiría la proyección del bloque gracias al cumplimiento del programa de gobierno.
Algo que, dicen en la propia Moneda, además posibilitaría que las reformas implementadas en la administración Bachelet puedan permanecer en el tiempo.
Pero la buena evaluación para el oficialismo ha sido esquiva, principalmente por el papel que han tenido miembros de la familia presidencial, Sebastián Dávalos -hijo de la mandataria- y su esposa Natalia Compagnon, en el caso Caval.
E, incluso, asesores directos de la Presidenta, como el ex administrador de La Moneda, Cristián Riquelme, y últimamente la jefa de gabinete de la Mandataria, Ana Lya Uriarte.
Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP
El ex Presidente no sólo mantiene una sostenida ronda de reuniones con dirigentes y parlamentarios de la Nueva Mayoría, sino que, además, se ha preocupado de reconstruir lazos rotos y generar nuevas complicidades para fortalecer su liderazgo, una apuesta clave si es que opta por repostular en 2017.
Puntualmente a las 11 horas -tal como estaba agenda-do-, el alcalde de Lo Prado y vicepresidente del PPD, Gonzalo Navarrete, tocó el jueves 14 el timbre de la casa de dos pisos que alberga a la Fundación Democracia y Desarrollo, en Providencia. En su oficina, que está ubicada en el segundo piso del edificio, lo esperaba el líder de la entidad, el ex Presidente Ricardo Lagos. Ambos sostuvieron una conversación larga, a solas y muy franca, para resolver cuentas pendientes y comenzar a reconstruir las confianzas.
En mayo próximo, resultado de un acuerdo amplio que ya está sellado entre los principales líderes PPD, Navarrete será el reemplazante de Jaime Quintana en la cabeza de la colectividad. Por lo tanto, el edil va a liderar al partido en las próximas elecciones municipales, parlamentarias y presidenciales, escenario que es analizado por Lagos, quien mira con interés la eventualidad de una repostulación a La Moneda.
Las esquirlas de episodios pasados entre ambos, sin embargo, mantenían tensión en una relación que podría ser clave en un futuro cercano. La controvertida salida de Navarrete de la Subsecretaría de Salud durante el gobierno de Lagos, el 30 de octubre de 2002, debido a irregularidades detectadas por la Contraloría en la difusión del Plan Auge -investigación de la cual sería absuelto por el propio organismo fiscalizador en 2005- fracturó su relación.
Con 77 años, en tanto, Lagos alcanzó el cuarto lugar entre los personajes mejor evaluados en la encuesta CEP de noviembre. El ex mandatario alcanzó un 36% y quedó a un punto de Sebastián Piñera e Isabel Allende, dos potenciales competidores si es que el ex presidente decide, ahora sí, repostular a La Moneda. Aunque ha evitado despejar las dudas al respecto, Lagos ostenta por lejos la mejor evaluación de una figura PPD, imponiéndose a la alcaldesa Carolina Tohá y a su propio hijo, el senador Ricardo Lagos Weber. También se ubica por sobre la Presidenta Michelle Bachelet.
En ese contexto, una de las primeras tareas encomendadas al alcalde por los líderes de las tendencias del PPD que apoyan su candidatura fue zanjar a la brevedad posible las diferencias con quien hoy aparece como la carta más fuerte de la colectividad en la carrera por La Moneda, y uno de los principales activos de la Nueva Mayoría para los comicios de alcaldes y concejales de octubre próximo.
El tiempo apremia y en la mesa que hasta mayo encabezará Quintana esperan que en el consejo nacional del partido, el próximo sábado 23 en el Centro Cultural de Lo Prado, los militantes ratifiquen una propuesta para que Lagos participe activamente en proclamaciones de candidatos municipales y sea protagonista del diseño de campaña del PPD. Son pequeños gestos que se van sumando. En la directiva saben que el ex presidente no será patrimonio exclusivo de la colectividad y que dirigentes de otros partidos de la Nueva Mayoría -el PS, el PR e incluso la DC- ya comenzaron a preguntar formalmente si pueden contar con el ex mandatario en sus actividades en terreno o si pueden utilizar su imagen en los afiches.
Lagos estará por esos días en un seminario en Myanmar (ex Birmania) exponiendo sobre la transición política chilena. Pero en el PPD esperan que el ex mandatario envíe una carta de saludo, explicitando una suerte de “nuevo trato” con la colectividad -que incluye una militancia activa-, de la cual es uno de sus fundadores.
“No podemos desconocer la relevancia de la figura de Lagos para los militantes del PPD. Eso no significa que estemos en ninguna carrera aún”, comentó el líder del partido, Jaime Quintana, a Reportajes.
En la colectividad no recuerdan un período con tanta actividad partidaria del ex gobernante como la de los últimos 15 meses. En noviembre de 2014, Lagos intervino en el consejo nacional del partido; en septiembre de 2015 expuso sus reflexiones sobre la contingencia en la comisión política de la tienda, y en diciembre encabezó junto a su hijo una de las actividades del aniversario del PPD en Valparaíso.
En paralelo, el ex presidente ha marcado presencia potenciando el debate sobre la Carta Fundamental a través la iniciativa “Tu Constitución”, escribe columnas, presenta libros y no se resta de episodios de la contingencia, como su polémico llamado al ministro del Interior, Jorge Burgos, en plena crisis en la que éste decidía su continuidad en el gobierno.
A todo ello, Lagos suma activa defensa, mapa en mano, de la posición de Chile ante La Haya en el extranjero y una nutrida agenda internacional.
Aunque en la directiva PPD pretenden esquivar una definición explícita en el corto plazo a favor de una respostulación del ex presidente, en los próximos meses la idea es investir a Lagos de una suerte de “prioridad” en caso de que decida competir, es decir: formalizar el hecho de que es la primera opción para el partido. En el PPD afirman que las señales enviadas por el ex mandatario evidencian que mira con interés la posibilidad de retornar a Palacio, pero que aún faltan deudas por saldar.
El fantasma de Allende
En los últimos dos meses, Lagos se ha puesto en contacto con más de una decena de dirigentes de la Nueva Mayoría. Marco Antonio Núñez (PPD), Camilo Escalona (PS), Felipe Harboe (PPD), Osvaldo Andrade (PS) Ignacio Walker (DC) y Carlos Montes (PS), además de la casi totalidad de los miembros de la directiva PPD, entre otros, han conversado con él largamente de distintos temas.
Varios comentan que, a diferencia de ocasiones anteriores, donde siempre el principal orador era el ex presidente, hoy Lagos opta por escuchar, hace preguntas y presta atención a las apreciaciones de los dirigentes sobre la contingencia.
Todos coinciden en que no es explícito sobre su futuro cercano, pero que lo ven más entusiasta que en oportunidades anteriores respecto de la posibilidad de competir, y que a diferencia de 2008, esta vez da señales de que entiende que el escenario obliga a legitimar una eventual opción presidencial por la vía de primarias. En su círculo más íntimo, en tanto, Lagos suele repetir que todo es “revaluable”.
A quien el ex mandatario ha enviado recados para que se sienten a conversar es al senador Guido Girardi. Al líder PPD no le entusiasma un eventual regreso del ex presidente y ha preferido mantener distancia y no reunirse -por ahora- con él. Girardi es reconocido como uno de los principales promotores en la Nueva Mayoría de la opción de Marco Enríquez-Ominami. Pero en las últimas semanas, tras la vinculación del líder del PRO en casos de financiamiento irregular de campañas, el senador ha optado por congelar cualquier tipo de gestión. Al menos por un rato.
Según afirman miembros de su círculo, Girardi ha sostenido que Enríquez-Ominami aún no está fuera del tablero presidencial. Lo contrario, sin embargo, piensan varios de sus compañeros de partido, que también veían con simpatía al líder del PRO, pero que tienen una mala evaluación del manejo del ex diputado respecto de su situación judicial.
La duda que se ha instalado en este sector es con qué Lagos se podrían encontrar si es que decide competir: con el defensor de la obra de la Concertación o con el continuador del proyecto de la Nueva Mayoría. “Si Lagos asume que este proceso de reformas es un proceso que veníamos pensando y que hoy se está plasmando, y que hay que continuar, sería el camino para que sea nuestro representante. No hay otro camino”, explica Pía Castelli, miembro de la directiva del PPD.
En el PS, en tanto, la posibilidad de que la senadora Isabel Allende se decida a competir generará complicaciones al ex mandatario.
Hace algunas semanas llegaron a la mesa socialista los resultados de una encuesta realizada por Cadem y que fue solicitada por el equipo del ex Presidente Sebastián Piñera. La pregunta clave de la medición era: ¿Si las elecciones fueran este domingo, por quién votaría usted? Piñera alcanza el primer lugar, con un 34%, sin embargo, la sorpresa vendría con la opción que remató en el segundo lugar: Ricardo Lagos Escobar, con un 16%, por primera vez por sobre Enríquez-Ominami (que consigue un 13%) e Isabel Allende, que llega en el sondeo al 6%.
El libreto de Lagos respecto del PS ha sido similar al del PPD. Así como conversó con Gonzalo Navarrete el jueves pasado, a fines de noviembre el ex mandatario ya había hecho lo propio con el ex senador Camilo Escalona, quien hace unos días, en entrevista con Qué Pasa, dijo que Lagos le daba “seguridad al país”.
La senadora -en todo caso- busca dilatar lo más posible la eventualidad de un destape presidencial y -además- su nombre aventaja a Lagos en las preferencias de la directiva PS y las bases socialistas. Como alternativa, baraja una repostulación al Senado, aunque esta vez por la V Región, e incluso algunos socialistas la visualizan como una opción para el eventual futuro gabinete del mismo Lagos.
Porque en las encuestas su valoración positiva no se transforma aún en intención de votos.
Su gran ventaja comparativa respecto del ex mandatario la tiene -en todo caso- fuera de su partido y en los sectores más de izquierda de la Nueva Mayoría, donde Lagos genera fuertes recelos.
“Para nosotros, la opción de Lagos como opción presidencial de la Nueva Mayoría no es una carta que proponga algo nuevo o sea interesante para la juventud. Por lo tanto, a nuestro juicio no sería lo ideal. No estaríamos en primera instancia con Ricardo Lagos”, explica Fernando Zamorano, secretario general del MAS. El dirigente de la fuerza que encabeza Alejandro Navarro se suma a las palabras que a principios de diciembre expresó la diputada del PC Karol Cariola: “Una candidatura de Lagos no me convoca. En su gobierno hubo una mirada neoliberal”.
Con todo, Allende y Lagos han estado en contacto y ya tendrían algunos acuerdos mínimos: ambos abordarán a su tiempo este tema, evitarán desavenencias públicas y no se ha descartado que en caso de que uno decida competir, el otro resignaría su opción.
A partir de marzo, los socialistas van a medir a los candidatos municipales. En esas encuestas pretenden incorporar un apartado para sondear a los potenciales candidatos presidenciales: Lagos, Allende y el agente chileno para la demanda de Bolivia en La Haya, José Miguel Insulza.
El vitrineo DC
El académico de la UDP y experto electoral de la DC Mauricio Morales analizó la última encuesta CEP -de noviembre pasado- y, en especial, la procedencia de las preferencias para las principales figuras presidenciales del oficialismo. En el caso de Lagos, Morales identificó que el respaldo al ex presidente en la Región Metropolitana alcanza un 25%, mientras que en regiones llega al 43,7%. Es el peor de los tres potenciales candidatos en el oficialismo.
“Claramente acá hay un efecto Transantiago. Tanto así, que en la primera vuelta de la presidencial 2013, Bachelet obtuvo un 41,6% en la Región Metropolitana, cifra distante de su promedio nacional, que fue de 46,7%”, explica Morales.
Ese escenario, sin embargo, mejora cuando se toma como muestra a todos los encuestados que dijeron estar seguros de ir a votar en las próximas elecciones. En ese apartado, Lagos empata en el primer lugar con José Miguel Insulza con 41%. La misma medición le da el último lugar al potencial candidato presidencial de la DC, Ignacio Walker, con un 24,8%.
El ex canciller -quien ha señalado que levantará una opción presidencial en 2017- también ha conversado con Lagos.
“Ricardo Lagos fue un gran presidente y sería un muy buen candidato. El punto es que un partido, en este caso la DC, que no es capaz de construir una opción presidencial propia, no tiene nada sustantivo y valioso que ofrecer al país; pasaría a la reserva y estaría resignado a vitrinear entre opciones distintas a las propias”, sostiene Walker.
En el círculo del senador aseguran que la experiencia de Claudio Orrego en 2013 golpeó tan fuerte al partido, que hoy existe temor de obtener un resultado aún peor si es que un representante de sus filas compite en primarias. De aquí a marzo, Walker pretende convencer a los principales dirigentes de la tienda de que la DC tiene que presentar una candidatura, pero, además, tiene que comprometer a toda su militancia detrás de ella.
En la falange reconocen que ese es un escenario muy complejo si es que el candidato del progresismo es Lagos. El ex mandatario ha optado por moverse con extremo cuidado en la DC, en especial por la compleja situación interna que atraviesa, aunque no pasó desapercibido en esa colectividad el respaldo entregado a Burgos en medio de su reciente crisis en el gobierno.
Lagos sigue apostando su fichas. Aunque desde su entorno aseguran que su agenda nacional estará supeditada a su trabajo internacional, que después de Myanmar continúa en febrero en Sao Paulo, en marzo en Panamá y en abril en Bélgica, es claro que el ex mandatario aún no piensa en el retiro.
Más que creer que la ciudadanía tiene preferencias marcadas por retornar a los líderes de antes al poder, la razón por la que los ex mandatarios logran ser más exitosos en sus aventuras presidenciales bien pudiera tener que ver con las reglas del juego que les dan una ventaja desleal.
Si desde 2009 que las segundas vueltas presidenciales en Chile han tenido como uno de sus protagonistas a un ex presidente, la contienda de 2017 pudiera ser la primera en que la segunda vuelta se dirima entre dos ex presidentes. La tendencia de ver ex mandatarios volviendo al poder pudiera tener más que ver con las reglas del juego de las elecciones presidenciales que con una creciente preferencia de los chilenos por mirar hacia el pasado al momento de elegir a las personas que habrán de liderar al país en el futuro.
Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.
La legislación vigente en Chile permite que los candidatos incurran en gastos de campaña sólo en los 90 días anteriores a una elección. Legalmente, nadie puede recolectar dinero o incurrir en gastos antes de esa fecha. Pero, como hemos sido testigos, las campañas empiezan mucho antes. La creatividad legal y contable ayuda a armar equipos de campaña y estructuras de financiamiento que permitan saltarse una ley que es claramente inadecuada (y que por cierto, pese a la molestia ciudadana por los escándalos recientes, todavía sigue vigente). A menudo, los candidatos crean una estructura paralela en la forma de una fundación sin fines de lucro, un centro de estudios o una corporación que les permita levantar fondos, tener asesores contratados e incurrir en gastos.
Ahora bien, como ese sistema de financiamiento está ahora bajo el escrutinio público, la disposición de las empresas para donar a esas organizaciones comprensiblemente ha disminuido. Es innegable que todos los poderosos quieren tener buena llegada con los que tienen más posibilidades de llegar a La Moneda. Pero ningún empresario quiere tener a la Fiscalía o al SII indagando qué tipo de relación tienen con los presidenciables.
En ese contexto, otras formas de financiamiento se hacen especialmente atractivas. Los senadores y diputados, que cuentan con cuantiosos recursos para su trabajo en terreno, pueden fácilmente reasignar algunos de esos recursos para el trabajo en terreno que requiere una aventura presidencial. A diferencia de los ministros o alcaldes en ejercicio, cuya capacidad discrecional para reasignar gastos es menor, los legisladores tienen acceso a una caja chica nada de despreciable para financiar los gastos iniciales de una aventura presidencial.
Por eso no debiera sorprender ver que en la lista de los que han anunciado sus aspiraciones presidenciales abunden senadores y diputados, y estén conspicuamente ausentes los alcaldes y ministros. Para ponerlo en simple, es más fácil que los parlamentarios Isabel Allende, Ignacio Walker, Andrés Allamand, Alberto Espina o Manuel José Ossandón puedan pasearse por el país construyendo su base de apoyo electoral a que lo hagan los alcaldes Carolina Tohá, Rodolfo Carter o Francisco de la Maza.
Pero los parlamentarios también tienen limitaciones. El escrutinio público los obliga a tener que asistir regularmente al Congreso. Además, como el camino a la presidencia está lleno de aspirantes, los legisladores tampoco pueden dejar botados a sus distritos. Por eso, aunque tengan el capital semilla para una aventura presidencial, los parlamentarios tienen tiempo limitado para dedicarle a esas aventuras.
Los ex presidentes de la república, en cambio, tienen acceso a los mismos recursos que los parlamentarios en ejercicio, pero no enfrentan la obligación de tener que asistir al Congreso o dedicarle tiempo a sus distritos. Como resultado, los ex presidentes pueden usar recursos públicos para financiar sus aventuras presidenciales. Eso les da una ventaja enorme frente a otros aspirantes que también necesitan hacer el trabajo inicial que supone una candidatura presidencial.
La decisión de financiar de forma vitalicia a los ex presidentes con el sueldo equivalente al de un senador se justifica por el invaluable servicio que prestaron a la nación. Pero cuando los ex presidentes usan esos recursos para construir futuras aventuras presidenciales, las rentas vitalicias que todos los chilenos pagamos constituyen un atentado contra la libre competencia en el mercado de las candidaturas presidenciales. Igual que una empresa cuya producción es subsidiada por Estado tiene ventajas injustas al competir con otras empresas que deben pagar todos sus costos, al recibir financiamiento estatal, los ex presidentes están compitiendo en una cancha dispareja con aspirantes que deben procurar su propio financiamiento.
Desde 2009, en Chile hemos tenido ex presidentes en la segunda vuelta electoral.Más que creer que la ciudadanía tiene preferencias marcadas por retornar a los líderes de antes al poder, la razón por la que los ex mandatarios logran ser más exitosos en sus aventuras presidenciales bien pudiera tener que ver con las reglas del juego que les dan una ventaja desleal. Esta violación a la libre competencia se da en el mercado más importante de todos, el que determina quién gobernará al país y tendrá capacidad para facilitar u obstaculizar el funcionamiento de todos los otros mercados en que interactúan los chilenos.
Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.
En opinión del cientista político Patricio Navia, aquí no se está en presencia de ningún nuevo eje ni nada parecido, sino que es un episodio puntual que pone en evidencia la incapacidad de la ministra Ximena Rincón para alinear a los senadores oficialistas en una reforma emblemática para el Gobierno.
“Las pymes dan para todo; así que es difícil saber qué es lo que están defendiendo estos parlamentarios DC y PPD. Lo que sí es cierto es que existe un grupo de senadores DC más conservadores, los hermanos Walker, tanto, yo no hablaría de una alianza con el PPD o el PS, sino que de un quiebre en la bancada de senadores DC”, recalca el académico de la UDP.
Por ello, advierte que “el Gobierno tiene que ser muy cuidadoso; porque si pierde a los cuatro senadores DC, se queda sin mayoría”.
Según Navia, La Moneda “ha tratado de acomodarse a estos decé, pero el resto de los senadores se está rebelando. Creo que los conservadores llevan las de ganar, porque sus votos son necesarios para la reforma; así que el otro grupo, igual tendrá que votar a favor, porque si no, no hay reforma”.
Desde la oposición calificaron de “preocupante” el apoyo del ex presidente al ministro Burgos y no a la Presidenta Bachelet.
La reunión entre el ex presidente Ricardo Lagos y el ministro del Interior, Jorge Burgos, sigue generando coletazos. Desde la oposición cuestionaron que el ex mandatario se reúna con el jefe de gabinete y no con la presidenta Michelle Bachelet, sosteniendo que se pone en duda quién manda.
Desde La Moneda, el ministro Marcelo Díaz aseguró que la cita se trató de una reunión más en el marco del proceso constituyente y le bajó el perfil a la polémica. “Nosotros no nos vamos a hacer eco de un debate artificial y falso”, dijo el vocero de Gobierno.
Pero el tema sigue en el tapete, debido a que la figura de Ricardo Lagos vuelve a estar en el foco de atención, ya que el ex mandatario ahora no descartó la posibilidad de asumir una carrera presidencial y puntualizó que su mandato no tuvo el nivel de desaprobación de la actual administración.
En este contexto, habló el director de la Escuela de Ciencia Política UDP, Claudio Fuentes.
Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.
Más que un cónclave, el gobierno de la Nueva Mayoría necesita un capitán que se haga cargo del timón del barco y decida cuál es la dirección en que avanzará el país en los próximos años.
De poco servirá el cónclave de la Nueva Mayoría si no se establece un mecanismo para solucionar las diferencias al interior del conglomerado. Como las discrepancias son públicamente conocidas, en tanto no tiene ningún poder de resolución, el cónclave del lunes 3 de agosto ratificará la existencia de diferencias pero no establecerá una nueva hoja de ruta que guíe al gobierno en los difíciles dos años que le quedan.
Desde que llegó al poder con un irresponsablemente ambicioso programa de gobierno, la administración de Michelle Bachelet ha buscado demostrar lo que significa gobernar fumando opio. Desconociendo la realidad internacional de un ciclo negativo para los países exportadores de materias primas e insistiendo que las leyes de la economía no aplicaban para la realidad chilena, el gobierno se empeñó en impulsar un paquete de reformas mal diseñado que buscaba solucionar enfermedades que el país no tenía. En vez de hacer un diagnóstico serio sobre los desafíos que enfrentaba el país, Bachelet se compró los dogmas prevalentes en los think tanks de la izquierda caviar y en movimientos sociales que se toman la calle arrogándose la representación popular. Así, el gobierno creyó que los problemas de la educación tenían que ver con el lucro, que la crisis de salud pasaba por terminar con las licitaciones de nuevos hospitales y que una reforma tributaria que complejizara el sistema impositivo iba a aumentar la recaudación sin tener efecto negativo. Después de apurar reformas en múltiples áreas, el gobierno parece recién venir despertando a una realidad menos auspiciosa que la que imaginó cuando impulsó un programa de muchos derechos y pocas responsabilidades. Aunque ahora el gobierno abandonó el discurso contra los poderosos de siempre de 2014, el realismo sin renuncia quedó a medio camino. Después de abandonar la hoja de ruta apresurada y mal diseñada de su primer año, La Moneda no se ha animado a adoptar una nueva hoja de ruta. Eso es un error. Si bien es bueno no seguir avanzando en la dirección equivocada, el estancamiento y la inacción tampoco ayudarán a Chile a enfrentar la crisis que se viene.
El cónclave pudiera ser una oportunidad para que los partidos de la Nueva Mayoría se pongan de acuerdo respecto a cuál debe ser la hoja de ruta a seguir. Pero en un sistema político caracterizado por el presidencialismo fuerte y en un contexto de una NM creada en torno a la popularidad de Bachelet, el problema sobre cuál debe ser la hoja de ruta a seguir no pasa porque los partidos de la coalición de gobierno se pongan de acuerdo. La decisión pasa por que la persona que corta el queque —la Presidenta de la República— muestre liderazgo que convoque y que, arriesgándose políticamente, empiece a avanzar en alguna dirección. Habiendo escogido a Bachelet para que distribuyera mejor la abundancia, los chilenos se inquietan y se ponen ansiosos ante la realidad de que la gallina de los huevos de oro se puso clueca. Pero como el gobierno parece mejor capacitado para distribuir la riqueza que para generar las condiciones que permitan crear más riqueza, el enfriamiento de la economía ha dejado a La Moneda paralizada e incapaz de dibujar una hoja de ruta alternativa que le permita salir adelante en dos años que le restan.
Las divisiones al interior de la coalición gobernante son ampliamente conocidas. Es innegable la existencia de una disputa entre los que quieren cumplir con las promesas del programa independientemente de la nueva realidad de desaceleración y los que promueven la necesidad de abandonar el programa cual si fuera un barco que se hunde. Realizar un cónclave para sincerar una realidad que todo el mundo conoce y que nadie pone en cuestionamiento es un ejercicio inútil. Distinto sería realizar una cumbre destinada a zanjar diferencias y concordar una hoja de ruta común. Pero lamentablemente, dicha cumbre es imposible de realizarse sin que haya un mecanismo que permita que alguien corte el queque sobre qué hacer.
Igual que en su propuesta de una nueva constitución —donde la ambigüedad sobre el mecanismo se mezcla con la ingenuidad de propuestas como los cabildos—, la Presidenta Bachelet ha demostrado que su liderazgo no pasa por hacer uso de su potestad de cortar el queque. La Mandataria ha demostrado una especial habilidad para sacarle el cuerpo a la difícil tarea de zanjar diferencias entre miembros de su coalición y jugársela por una opción. Esmerándose en querer dejarlos contentos a todos, Bachelet no se la juega por ninguna de las alternativas. De ahí que parece improbable que el cónclave del lunes 3 vaya a terminar con la puja entre distintos sectores de la Nueva Mayoría que legítimamente aspiran a imponer sus posturas sobre cuál debe ser la hoja de ruta a seguir.
Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.
-¿Qué análisis se puede hacer de la gestión del gobierno tras la compleja aprobación de la carrera docente?
-Al final logró ordenar los votos y obtener la aprobación, cosa que había estado en problemas. Sin embargo, a la coalición de gobierno le hace falta generar espacios de diálogo y de solucionar conflictos internos. Quedan dudas respecto a la capacidad de coordinación y de diálogo con los parlamentarios que es fundamental. Eso va ser vital que se mejore. Es un buen resultado sacar el proyecto, pero con una mala imagen de cómo se hizo el procedimiento interno para llegar a la aprobación del texto.
-¿Nicolás Eyzaguirre está cumpliendo con la premisa de mayor diálogo con la que llegó a este gabinete?
-Es muy temprano para evaluar eso. Se está instalando. Más que Eyzaguirre es la coordinación que hay entre los distintos ministerios políticos y sectoriales.
-¿En qué posición queda la NM tras las divisiones internas vistas la semana pasada?
-Evidentemente hay una diferencia importante programática dentro de la NM que van a tener que resolver: cuánto realismo y cuánta renuncia que es lo clave que tienen que definir, porque lo que demuestra el caso de la carrera docente es que hay diferencias en los énfasis, los procedimientos y la profundidad de las reformas.
-¿Se puede solucionar eso en un cónclave?
-Independientemente del cónclave va existir roces, porque hay diferencias programáticas muy sustantivas dentro de la coalición y, por lo tanto, el cónclave no va a ser una resolución de una tensión interna programática que van a tener que aprender a negociar y administrar dentro de los conflictos internos dentro de la coalición.
-¿Este protocolo de acuerdo que se firmó con la derecha puede significar una nueva forma de actuar de La Moneda?
-Eso debería pasar, estructurar un marco básico en algunos temas claves, si no vamos a estar todas las semanas discutiendo cuál es la renuncia y cuál es el realismo.
Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.
La reforma tributaria deja una lección para el Congreso: es mejor hacer bien las tareas que de manera apresurada.
A la percepción generalizada de que el Congreso está mayoritariamente habitado por personas carentes de sentido común para entender la existencia de conflictos de interés —e incluso uno que otro abiertamente corrupto— debemos sumar dudas fundadas sobre qué tan responsables son cuando votan las leyes.
La declaración del presidente del Senado, Patricio Walker, de que es probable que se necesite hacer una nueva ley para corregir los errores de la reforma tributaria de 2014 constituye un reconocimiento tácito de que el primer año del gobierno de Bachelet estuvo dominado por el apresuramiento en el proceso legislativo. Reabrir el debate tributario a menos de un año de haberlo declarado cerrado alimenta todavía más los ya altos niveles de incertidumbre en el país. Peor aún, sugerir que sea el Congreso —conformado por el mismo grupo de irreflexivos legisladores y con una reputación todavía peor— el encargado de corregir su propia mala ley siembra fundadas dudas sobre qué tan buenos serán los ajustes. Igual que un maestro chasquilla que promete (ahora sí) arreglar las cosas después de dejar la embarrada, el presidente del Senado advierte que van a tener que entrar a picar (de nuevo) sin asumir la responsabilidad institucional por enviar una mala ley al Ejecutivo para su promulgación.
El sistema político chileno es fuertemente presidencial. Solo el Ejecutivo tiene facultad para iniciar legislaciones en cuestiones que involucren presupuesto. De ahí que cualquier reforma tributaria solo puede emanar de un mensaje presidencial. Además, el Congreso debe legislar de acuerdo a las urgencias establecidas por el Presidente. El sistema es tan presidencial que el Ejecutivo puede decretar que una legislación debe tener discusión inmediata, lo que obliga a la cámara respectiva a votar la iniciativa en tres días. Pero el Congreso tiene una enorme capacidad de bloquear al Ejecutivo. Como casi todas las leyes significativas tienen requisitos de súper mayoría —que van de 4/7 a 2/3—, el Congreso puede ejercer presión sobre el Ejecutivo con la amenaza de votar en contra del proyecto. Si bien la reforma tributaria solo requería de mayoría simple, el solo hecho que hubiera voces que expresaron reparos a algunos elementos de la reforma obligó al Ejecutivo a negociar en el Senado.
En la Cámara primó la borrachera de la retroexcavadora y los diputados irresponsablemente actuaron con la misma premura de una comisión legislativa en tiempos de la dictadura, aprobando lo que envió el Ejecutivo sin cuestionar nada. Pese a los abultados sueldos que reciben, los diputados demostraron una enorme incapacidad para hacer bien su pega de legislar.
Si bien el Ejecutivo se vio obligado a hacer concesiones —tanto para lograr el apoyo de los senadores díscolos del PDC como para buscar que la reforma fuera aprobada también con votos de derecha—, el Senado no fue capaz de usar su amenaza de bloqueo para lograr que la reforma tributaria alcanzara el objetivo de recaudación y mantuviera el razonable principio de que las mejores reformas tributarias son aquellas que simplifican el código. Buscando minimizar el impacto sobre las pymes, la reforma creó dos sistemas de tributación, generando cuestionamientos inmediatamente entre los expertos tributarios. Pero como La Moneda estaba inspirada por la promesa de “reformas y no reformitas”, el gobierno se obstinó y el Senado terminó por validar y legitimar una reforma que ahora el propio presidente del Senado reconoce que necesita ser sometida a cirugía.
Si bien es comprensible que el gobierno haya entrado apurado a la cancha, por la presión que tenía para cumplir sus ambiciosas promesas fundacionales, no había motivo para que el Senado se contagiara con la locura del apresuramiento irreflexivo. El Senado se renueva por mitades cada cuatro años precisamente para evitar que todo el Congreso caiga víctima de las pasiones temporales generadas por la politización propia de las campañas presidenciales. Pero el Senado incumplió su tarea de reflejar los intereses de las mayorías de 2013 —que quería reformas— con la mayoría de 2009 —que quería reformas que apuntaban en otra dirección—. En 2014, el Senado se intoxicó con la creencia de que las reformas rápidas eran mejores que las reformas bien hechas. Esa intoxicación incluyó a los legisladores de la Alianza (y a varios de sus dirigentes y líderes que no tienen escaños en el Congreso) que también se embriagaron con la creencia de que las reformas debían hacerse en forma apresurada.
Hoy, que se empieza a imponer la percepción de que, respecto a la reforma tributaria de 2014, se va a tener que entrar a picar de nuevo, antes de que la reforma se haya terminado de implementar, la lección para el Congreso debiera ser que es mejor hacer bien las tareas que hacerlas apresurado. Para el resto del país, la lección es que no se puede confiar que este Congreso produzca buenas leyes.
Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.
La lógica del minimalismo forzado por la impericia de La Moneda no deja contentos ni siquiera a los libertarios que creen en un gobierno minimalista.
La inacción que ha caracterizado al gobierno desde que en febrero estalló el escándalo Caval se ha convertido en la materialización del sueño de un gobierno minimalista. Porque La Moneda ha hecho poco en los últimos cuatro meses, la derecha “libertaria” debiera ser la más contenta con el minimalismo en el que ha caído (contra su voluntad) el gobierno de la Presidenta Bachelet. Pero así como el sueño libertario de gobierno mínimo hace imposible que el capitalismo funcione bien, la inacción en el gobierno pone en riesgo tanto la trayectoria de crecimiento que tuvo Chile en las últimas décadas como la promesa de reducir la desigualdad que llevó a Bachelet a ganar la elección presidencial de 2013.
En el irónico discurso que dio en la cena anual de los corresponsales en la Casa Blanca en 2006, el comediante Stephen Colbert ironizó sobre el tipo de gobierno que lideraba el Presidente George W. Bush. Adoptando el discurso de extrema derecha de su personaje televisivo, el comediante dijo “yo creo que el gobierno que gobierna mejor es el gobierno que gobierna menos. Con ese estándar, puedo decir que hemos hecho un gran trabajo en Irak”. La ironía de Colbert se basaba en el argumento de la derecha libertaria (“Libertarian” en la nomenclatura política estadounidense) que aspira a un gobierno minimalista. Si bien esa derecha también se opone a que el gobierno se inmiscuya en la vida privada de las personas en temas de orientación sexual o uso de drogas —lo que la acerca a posiciones liberales en algunas dimensiones—, los libertarios creen que los mercados desregulados funcionan mucho mejor. Por cierto, un Estado mínimo, naturalmente, requerirá de impuestos bajos para su financiamiento.
La postura libertaria es popular especialmente entre aquellos de mejor situación económica, que necesitan menos de la red de protección social del Estado. Pero su ideal de gobierno es impracticable. Porque los mercados tienen imperfecciones, porque hay desigualdades de origen que generan una cancha dispareja y porque es moralmente imperativo tener un contrato social que garantice mínimos a todos los ciudadanos, las sociedades modernas tienen estados que hacen mucho más que las funciones minimalistas que preferirían los libertarios. Después de todo, la vida en sociedad requiere que todos cedamos algo de libertad para poder vivir mejor colectivamente.
Desde que estalló el caso Caval, el gobierno de Bachelet ha sido incapaz de salir del hoyo en que cayó cuando la Presidenta y su círculo cercano no reaccionaron a tiempo —y después reaccionaron mal— ante el escándalo de especulación inmobiliaria en el que estuvo involucrado el primogénito de la Presidenta. Las ramificaciones del escándalo Penta, que terminaron en arrastrar a miembros del círculo íntimo de Bachelet por sus vinculaciones con SQM, contribuyeron a que el gobierno se hundiera más en el intento por superar la crisis a través de la negación y de vanos esfuerzos por deslindarse de sus responsabilidades.
Los escándalos han dominado las noticias en los últimos cuatro meses. El gobierno ha perdido el control de la agenda política y la percepción generalizada en el país es que somos un barco que navega a la deriva en un ambiente económico adverso. La incertidumbre reinante ha repercutido negativamente sobre la economía y, cada vez que aparecen estimaciones sobre lo que va a pasar, las expectativas se tornan más oscuras. Cada día son más las voces que anuncian que este gobierno ya está en etapa terminal. Como la selección de Brasil en aquel histórico partido frente a Alemania en el Mundial de 2014, el segundo tiempo del gobierno será un mero trámite cuyo final se anticipa con ansias —o resignación—.
Dado que los ímpetus fundacionales del gobierno se han hundido con la caída en la aprobación de Bachelet, algunos en la oposición esperan que el nuevo gabinete sea capaz de enmendar rumbo, corrigiendo algunos errores cometidos en la acelerada aprobación de la reforma tributaria y revirtiendo el impopular aumento de legisladores que acompañó a la reforma electoral. Pero si el gobierno no tiene habilidad para seguir impulsando su agenda, tampoco tendrá capacidad para poner marcha atrás en las reformas que se implementaron hasta enero de 2015. Si el piloto no tiene capacidad de conducción, el auto no podrá salir del hoyo para seguir avanzando, pero tampoco podrá poner marcha atrás.
Lo único que podemos esperar para los próximos meses es que el gobierno siga involuntariamente cumpliendo el sueño de los libertarios de gobernar lo menos posible. Pero la sociedad necesita que haya un gobierno que ejerza el poder y dirima conflictos entre distintos grupos de interés que ejercen legítima presión para avanzar sus objetivos. Por eso, la lógica del minimalismo forzado por la impericia de La Moneda no dejará contento ni siquiera a los libertarios que creen en un gobierno minimalista, pero eficiente en las pocas cosas que intenta hacer.
Después de haber llegado al poder anunciando el fin de la Concertación, la Nueva Mayoría de Bachelet está en la UTI. Con un gobierno complicado por promesas demasiado ambiciosas y errores no forzados, la NM es cada vez menos atractiva. Esto ha impulsado a algunos a pensar en el retorno de la Concertación, personificada en una candidatura presidencial de Ricardo Lagos Escobar. Pero el retorno del hombre que abrió espacios de libertad y profundizó la democracia en su primer gobierno representaría un intento de restauración conservadora. Aunque la NM termine desvaneciéndose con la misma rapidez que se constituyó, los chilenos difícilmente serán seducidos por una opción que parece querer volver al pasado más que hacerse cargo de las demandas y banderas populares en Chile hoy.
La reciente irrupción de Lagos Escobar como candidato presidencial subraya la incuestionable popularidad y la loable reputación de estadista que este intelectual se supo granjear en los 80 como líder de la renovación socialista, en los 90 como ministro y durante su sexenio presidencial. Después de asumir el poder en un momento complicado, por el retorno de Pinochet tras su detención en Londres, y cuando la economía pasaba por un difícil momento, Lagos supo dirigir al país hacia aguas más tranquilas y prósperas. No por nada, al finalizar su gobierno, Lagos gozaba de altos niveles de aprobación, era celebrado por el empresariado y se podía jactar de haber profundizado la democracia y ampliado las libertades. La victoria de Michelle Bachelet en 2006 se debió, en no poca medida, al éxito de Lagos en su sexenio. De hecho, por sus logros y su reputación, Lagos rápidamente se perfiló como el favorito para ser el candidato de la Concertación en 2009. Pero un error de cálculo —Lagos exigió a la Concertación más de lo que esta estaba dispuesta a entregar— hizo que la coalición de centro-izquierda se quedará sin su mejor carta en 2009.
Hoy, con 8 años más en el cuerpo —Lagos acaba de cumplir 77 años—, el ex Presidente aparece con la misma energía, determinación y confianza que cuando ocupó La Moneda. Su preferencia por los acuerdos desde la elite —un saludable despotismo ilustrado, en la medida de lo posible— entusiasma a los nostálgicos de la gloriosa era concertacionista. Lagos también entusiasma a parte de la derecha tradicional, que prefiere estadistas del estilo de Lagos que gerentes híper activos e impetuosos, como Sebastián Piñera. Después de todo, como Presidente, Lagos sorprendió gratamente a una derecha que temía el retorno de Allende y que terminó satisfecha de haber coadyuvado al éxito de un gobierno moderado de centro-izquierda. Incluso cuando se le compara con Piñera, Lagos sale bien parado. El líder PPD hizo más por legitimar y avanzar el modelo social de mercado que el primer presidente de derecha en Chile después de la transición.
Lamentablemente para Lagos, sus principales promotores hoy son aquellos que menos poder detentan en la centro-izquierda y muchos derechistas que les encantaría volver a ser la oposición a Lagos (aunque algunos incluso se animen a votar por él). Pero Lagos despierta menos interés en aquellos que hoy dominan la política en la centro-izquierda y en el discurso de la calle. Es más, para muchos de ellos, Lagos representa todo lo malo de la transición chilena.
Pero el mayor obstáculo para Lagos no está en que su candidatura gusta más entre los poderes fácticos que entre los movimientos sociales. El ex Presidente sabe que el Chile de hoy es muy distinto (y mejor, en partes gracias a él) que aquel Chile que lo ungió Presidente en enero de 2000. Para ser candidato, Lagos deberá marcar bien en las encuestas —y no solo en el aplausómetro de los encuentros empresariales—. Más aún, Lagos deberá someterse al escrutinio de una prensa mucho más liberada y punzante que cuando la sombra de Pinochet todavía inducía a los medios a cuidar la naciente democracia. Si, aun así, el ex Presidente se anima a entrar al ruedo, Lagos deberá participar de unas primarias mucho más complejas —y de resultado más incierto— que las que no quiso aceptar en 2009.
En el mundo ideal, Lagos gustaría de enfrentar en una elección a Sebastián Piñera. La victoria sería muy alcanzable, con una izquierda obligada a evitar el retorno de Piñera y una derecha que quisiera ver en su candidato varios de los atributos de Lagos. Pero la mayor barrera para el ex Presidente estará en convertirse primero en el candidato único de la centro-izquierda. Como no hay forma de asegurar esa nominación sin abrirse a primarias —y como nada garantiza que Lagos se imponga en dichas primarias—, el septuagenario presidente pudiera no querer correr el riesgo. Más aun, siendo testigo de lo difícil que le ha resultado a Bachelet su segundo periodo —después de haber logrado la victoria más cómoda de las últimas elecciones presidenciales—, el hombre que se arrepintió de lanzarse al ruedo en 2009 difícilmente optará por ser más osado en el ocaso de lo que ha sido una loable vida política.