Tag Archive: Lily Pérez

  1. Matar a los partidos chicos

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    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Con la aprobación del proyecto de financiamiento de político asistimos a un intento por ahogar a las nuevas colectividades políticas. 

    En enero pasado nuestra legislatura aprobó una nueva reforma electoral que incluyó, entre otras cosas, la reducción del umbral para la creación de partidos. Si antes se necesitaban en algunas regiones dos mil firmas en tres regiones consecutivas, a partir de ahora se necesitarían de no más de 100 firmas en algunas regiones, incentivando su creación.

    Seis meses después, con la aprobación en la Cámara de Diputados del proyecto de financiamiento político asistimos a una tendencia contraria: ahora se pretende ahogar a estas nuevas tiendas políticas que buscan competir por espacios de poder. En efecto, el proyecto recién aprobado establece las siguientes cláusulas. Primero, el Estado otorgará un subsidio a los partidos en forma trimestral para solventar su funcionamiento regular (fuera de campaña). El 20% se entregará a todos los partidos por igual y el restante 80% se asignará en relación a los votos emitidos.

    Pero se agrega que aquel 20% de aporte basal considerará dos criterios: se distribuirá en proporción a las regiones en que esté constituido, y “en el caso de los partidos que estén constituidos en la totalidad de las regiones del país, se les distribuirá lo que correspondiere  como si estuviesen constituidos en una región adicional”.  Es decir, se establece aquí una ventaja adicional para los partidos tradicionales respecto de las nuevas agrupaciones. Parece correcto que exista proporcionalidad en la asignación, pero incorrecto que exista un bono extra para algunos.

    Segundo, se establece la razonable provisión que sólo podrán recibir aportes del Estado los partidos legalmente constituidos. Pero se agrega que además estos partidos deberán contar con al menos un congresista, y siempre que el asiento se haya obtenido durante su existencia legal. Si por ejemplo Lily Pérez, Giorgio Jackson, Gabriel Boric o cualquier otro parlamentario forman un partido, dicho partido no podría acceder de ningún modo a fondos públicos.

    ¿Son justas estas últimas condiciones? Resulta razonable que no se entreguen recursos a parlamentarios que forman sus propias tiendas políticas una vez electos. Aquello incentivaría un perverso efecto de correr por un partido y luego establecer partidos individuales. Lo que parece cuestionable es que el Estado sólo entregue recursos a partidos con representación parlamentaria. Pudo perfectamente utilizarse el criterio de la cantidad de votos obtenidos, de modo de evitar una discriminación adicional para fuerzas políticas emergentes que podrían rendir bien a nivel local.

    Este proyecto requiere equilibrar de mejor modo la estabilidad del sistema político con la apertura a la competencia. Además de elevar el umbral para la formación de partidos -que es extremadamente bajo-, podría permitirse la continuidad de todo partido formado por al menos dos elecciones. Podría también entregarse aportes en relación a la cantidad de militantes (fondos pareados), incluyendo en esto a los nuevos partidos, de modo de estimular la asociatividad. Matar a los chicos es congelar el sistema político, y aquello sería bueno evitarlo premiando a quienes compiten y ganan votos.

     

    Ver columna en latercera.cl

  2. Calidad de la democracia

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    Claudio Fuentes

    Claudio Fuentes

    Para hacerse efectiva la reforma electoral aprobada por la Cámara de Diputados requiere 23 senadores (60%). Si la coalición de gobierno actúa en forma disciplinada -como probablemente ocurrirá-, tendrá asegurados 21 votos. A ello debemos sumar el voto ya comprometido de la senadora independiente Lily Pérez. Por lo tanto, es casi un hecho que en los próximos meses se aprobará la reforma, y se hará manteniendo la estructura aprobada en la Cámara Baja.

    ¿Qué significará esta nueva ley? No cabe duda que el sistema será más competitivo que el actual. Muy probablemente el futuro Congreso representará más fielmente las diversas corrientes políticas y sociales del país. También, es plausible esperar más mujeres representantes en el Parlamento. Ahora bien, los electores recibirán una papeleta con una oferta de candidatos(as) significativamente superior, lo que afectará la “identificabilidad” con los representantes. Esta mayor dificultad para identificar candidatos(as) incentivará a los partidos a gastar más recursos en candidaturas que ellos consideren prioritarias. Se elevará también el costo de las campañas por este aumento en la competencia y porque los territorios a cubrir se expandirán.

    Entonces, ¿qué se discutirá en el Senado? Quedan algunos temas relevantes de discutirse. Para la Nueva Mayoría el asunto que dividirá las aguas será la posibilidad de que dentro de una lista puedan formarse subpactos. La DC se opone, pues considera que los partidos de izquierda podrían pasarle una aplanadora; los prefiere divididos a tener que enfrentarlos como bloque. Y es muy probable que el eje PPD-PS ceda ante la presión DC, pensando que será más importante aprobar esta reforma que enemistarse con sus aliados.

    La Cámara también aprobó una positiva innovación asociada a que los electores puedan marcar su preferencia por un(a) candidato(a), o bien, por una lista. Esto incentivará un “voto programático”. Las listas buscarán distinguirse de otras con miras a obtener la preferencia de alguien que no necesariamente conoce los nombres en la papeleta, pero que se inclina por una lista, ya sea por el programa o ideas que representa.

    Otro gran tema se refiere al gasto electoral. Como el límite al gasto electoral es por candidato, y como se multiplicarán los postulantes por lista, la consecuencia es que crecerá el límite del gasto electoral de no mediar una reforma a la ley de financiamiento electoral. La exponencial proliferación de candidaturas afectará la forma en que se hacen las campañas. Por lo mismo, el legislador debiera pensar en regular aspectos como la publicidad radial y en la vía pública, y los actuales mecanismos de control del gasto electoral.

    Finalmente, el rechazo al incremento de legisladores será un tema en que la UDI insistirá, pero sin mucho éxito, pues ya se estableció el consenso para la reforma. Lo que ahora debe discutirse es el impacto de esta reforma en la calidad de la democracia y la forma en que otras normas (ley de partidos y gasto electoral) deberán ajustarse para cumplir con la promesa de una democracia más transparente, representativa y de calidad.

    Ver columna original en La Tercera.