Si bien son minoría, expertos aseguran que su sufragio será importante en un escenario competitivo como el actual.
Incertidumbre existe sobre los resultados de la segunda vuelta presidencial del domingo. Y es que el voto voluntario según los expertos, ha dificultado la posibilidad de predecir los resultados.
A esto se suma la nueva generación de jóvenes que hoy están habilitados para votar. Aquellos de la llamada generación “ millennials”que nacieron entre el año 1980 y 2000.
Según el académico y director del Programa Electoral de la U. Central, Kenneth Bunker, explicó que este grupo podría reaccionar de diferente forma este domingo.
“No tienen el estigma de personas que nacieron antes del 90, que toman decisiones a favor o en contra de la dictadura. Votan por otro tipo de cosas”, dijo a La Tercera.
Asimismo, insistió que la presencia de estos jóvenes comenzó el 2006 con la “movilización de los pingüinos”.
“Ahora hay muchos líderes jóvenes que representan un liderazgo distinto en el Congreso, el promedio de edad de Revolución Democrática es 29 años, y en la Fuerza para la Mayoría es de 54 años, es una diferencia a nivel de elite y votantes”, agregó.
RESULTADOS FAVORABLES
Si bien las tendencias de esta generación son diferentes y han comenzado a ocupar los espacios públicos, Modesto Gayo, investigador de la Escuela de Sociología U. Diego Portales, insistió en que podrían tener una relevancia importante, a pesar de ser minoría.
“Por un lado, aunque su participación es porcentualmente menor que la de los grupos de mayor edad, en un escenario electoral tan competitivo, cómo se incline este grupo será muy importante para tener un resultado positivo por parte de cualquier de las candidaturas”, concluyó.
Analistas dicen que electores nacidos entre 1980 y 2000 fueron ignorados hasta los resultados de la primera vuelta y hoy su voto puede marcar diferencia.
Los millennials es una generación que distintos estudios han tratado de entender. Pero es difícil de encasillar. Aquellos nacidos entre 1980 y el año 2000, se suelen caracterizar por su dominio tecnológico, por su comportamiento multitasking, y por su perfil exigente y volátil a la vez.
¿Les interesa la política? “Es difícil estimar su real participación”, dice Octavio Avendaño, cientista político y académico de la U. Alberto Hurtado. “No tenemos algo que permita determinar la participación de estos segmentos, pero si se compara la opción del Frente Amplio con la Nueva Mayoría, hay más presencia de profesionales jóvenes en el primero”.
En Chile, 14.308.151 personas componen el padrón electoral, y de ellos 5.495.921 son millennials, es decir, tienen entre 18 y 37 años, según cifras del Servicio Electoral (Servel).
“Son más bien un fenómeno generacional, no necesariamente un grupo social estable”, dice René Jara, doctor en Ciencia Política y académico de U. de Santiago.
Un porcentaje importante no se vincula con la política, dice Avendaño, a diferencia de generaciones anteriores “que vieron otra socialización política”.
Los más jóvenes, agrega, están en un contexto más individualista, que se manifiesta en algunos casos en apatía, y en otros en opiniones más categóricas y radicales. “Eso se refleja en que pueden no estar dispuestos a asumir el consenso y la negociación, porque lo consideran de la vieja política”.
Una generación que experimentó una fuerte influencia de las nuevas tecnologías, lo que explica en gran parte cómo se informan y entretienen. “Dos prácticas que los diferencian de generaciones anteriores, que estuvieron principalmente expuestas a la TV”, dice Jara.
Grupo olvidado
El académico y director del Programa Electoral de la U. Central, Kenneth Bunker, explica que ese grupo “no tienen el estigma de personas que nacieron antes del 90, que toman decisiones a favor o en contra de la dictadura. Votan por otro tipo de cosas”.
La presencia millennials partió en 2006 con la “movilización de los pingüinos”, destaca Bunker. “Ahora hay muchos líderes jóvenes que representan un liderazgo distinto en el Congreso, el promedio de edad de Revolución Democrática es 29 años, y en la Fuerza para la Mayoría es de 54 años, es una diferencia a nivel de elite y votantes”.
Esa generación tomó distancia de la política durante los 90 y los 2000. Es decir, no votaron, señala Jara. “El año 2011 constituye un hito, pues significa un toma de consciencia de su rol político dentro de la sociedad, el cual se expresó primero mediante movilizaciones y luego mediante el voto. Es el momento en el que se encuentra esta generación y que se observó en la primera vuelta”, indica.
Entran tardíamente a la política institucional, dice Jara, lo que se ve también en otras democracias del mundo, y se relaciona, entre otras cosas, “con una entrada cada vez más tardía de estas personas en el mundo del trabajo”.
¿Influyen en el actual escenario electoral? “Sin duda”, dice Modesto Gayo, académico de la Escuela de Sociología U. Diego Portales. “Por un lado, aunque su participación es porcentualmente menor que la de los grupos de mayor edad, en un escenario electoral tan competitivo, cómo se incline este grupo será muy importante para tener un resultado positivo por parte de cualquier de las candidaturas”.
Además, dice Gayo, por el voto voluntario e inscripción automática, existe incertidumbre sobre cuántos irán a votar y cómo lo harán, lo que dificulta a las candidaturas elaborar un programa electoral con contenidos para ellos. “Los millennials son más una interrogante política que una respuesta”.
Lo que ocurra el domingo es incierto, agrega Bunker. “Se habla que todo se reduce a una diferencia de 100 mil votos, no hay forma de saber, pero tampoco es que los millennials vayan a definir la elección, pero si el Frente Amplio va a votar en masa por Guillier, va a ganar Guillier. El aparato político tradicional está agotado y no se ha modernizado en incorporar a estos votantes, que han sido por mucho tiempo ignorados”.
Las pasadas elecciones presidenciales, incluyendo el período de primarias, han visto un nutrido grupo de políticos que tuvieron la voluntad de competir y vieron frustradas sus intenciones de ser los representantes de su grupo o coalición política. Estos candidatos fueron los perdedores, y como tal quizás se esperaría su desaparición momentánea o un poco de recato en su impulso adrenalínico proveniente todavía de su psicología de combatiente democrático. Pero esto está lejos de haberse producido. En lugar de un castigo, por simbólico que sea, recibieron un premio, siendo invitados, de forma más o menos forzada, a formar parte de las cortes respectivas de los gladiadores finales. Sebastián Piñera se ha visto acompañado, tanto en espíritu como físicamente, de los Kast, Felipe y José Antonio, y ha ido del brazo a visitar a las viejitas con rentas miserables con su ahora íntimo Manuel José Ossandón, de quien recibió más de un garabato pocas semanas atrás. Por el lado de Alejandro Guillier, ahora escuchamos el “aúpa, compañero” de Carolina Goic, Ricardo Lagos y, más sorprendentemente, si bien a título individual, Beatriz Sánchez. Otros frenteamplistas también insinúan su apoyo, pero sin querer desgastarse por su verdadero rival político, al que anhelan desplazar. Alberto Mayol emerge del barro queriendo ser un rostro que, nada menos, propicie la unión en todo el arco de centro-izquierda, subvirtiendo la voluntad mayoritaria, de forma legal pero sustantivamente fraudulenta. Y, finalmente, MEO, incombustible, intenta enmendar lo que considera errores pasados, pidiendo perdón de forma fáctica, apoyando sin ambages al postulante de la Nueva Mayoría.
Caras de derrota prometiendo un nuevo Chile, justo el que muchos de ellos critican, es decir, la vieja receta sigue vigente: ganes o pierdas, gobierna la élite, de la que forman parte. No perder significa esencialmente no abrir espacios para otros, éstos sí a la sombra de los ganadores. Esto es, los que no pudieron ganar, resucitan en la forma de apoyo al caballo que avanza con ventaja de varias cabezas. Según la Real Academia Española, zombi es la “persona que se supone muerta y reanimada por arte de brujería con el fin de animar su voluntad”. En este sentido, los derrotados en la carrera presidencial tienen lo esencial del zombi, políticos muertos que fueron reanimados, si bien suponen una inversión, puesto que el fin no es el de ver animadas sus variopintas voluntades, sino que aspiran a ser ellos los que animen la de los candidatos vencedores. Es por ello que en el contexto de Chile, deberíamos entender que estos políticos vencidos poco tiempo atrás han devenido en zombis presidenciales resucitados por el casi infalible arte del instinto de supervivencia política cuya meta es animar la voluntad del verdadero ganador.
Esta política de los zombis presidenciales contribuye a hacer indistinguible la victoria de la derrota. Convierte las elecciones en un paseo en compañía deseada, o un té entre amigos. Refuerza al derrotado y lo confirma en sus convicciones minoritarias, y a menudo francamente erradas, dejándole ver que posiblemente en el futuro él será el elegido por la masa eternamente insatisfecha y voraz. No en vano, Kast cree que puede ser el próximo Trump chileno; Manuel José Ossandón, una mezcla entre José Mujica y Bergoglio; MEO, un Allende, también apaleado y viejo por cuatro elecciones presidenciales consecutivas, pero igual exitoso al final; Mayol, una bella durmiente todavía por besar. Todos fueron derrotados, pero lejos de encontrar desánimo, han visto reforzados sus sueños de liderazgo. ¿Es que no hay nada mejor que hacer en este país que querer ser presidente?, debo preguntarme cabizbajo y reflexivo cuando paseo mis ojos por La Moneda. Hay algo que anda mal en todo esto, ¿o todo es lo contrario?, pienso dubitativo.
De lo que no tengo duda es que Michael Jackson hubiese decidido venir a Chile si hoy fuesen los comienzos de la década de los 80, cuando comenzó a tararear la música de un exitoso tema pop. Hoy Michael bailaría Thriller con nuestros políticos chilenos derrotados en la contienda presidencial, rajadas sus ropas en mil discursos y peleas, donde la camaradería estuvo ausente en muchos momentos dentro del ring. Hoy muchos demócratas de aquel tiempo se asustarían de ver en comandos políticos a candidatos que el pueblo rechazó media hora atrás. Y todo sucede al mediodía, la nueva hora de los fantasmas.
A fuerza de ser simplista, en base a las discusiones políticas de los últimos tiempos en Chile, podríamos decir que existen para el país cuatro fuentes de riqueza, y quizás una quinta que anoto al final de la lista: la venta del cobre, el crecimiento económico, la inversión extranjera, el 2% más rico, y a veces aparece el litio o sus derivados. Dejemos claro aquí que “riqueza” se refiere a una posible fuente de renta para las arcas fiscales, y en algunos casos los bolsillos familiares también.
No obstante, la lectura de las fuentes de ingresos no es pacífica, situándose más allá del limbo abstracto de las informaciones macroeconómicas de los expertos y agencias financieras varias. De forma muy diferente, las discusiones sobre estos recursos cubren ríos de tinta que encharcan los comandos políticos presidenciales. En otros términos, determinar de dónde vamos a sacar la plata para hacer lo que estamos comprometiendo ha devenido una necesidad que deja tranquila la exagerada retórica de las promesas en el aire. En este sentido, en los siguientes tres párrafos intentamos sintetizar de forma aproximada e interpretativa las diferencias entre los tres grandes bloques políticos del momento, y evidentemente tratamos de ayudar a pensar las oportunidades y obstáculos que un eventual acuerdo Nueva Mayoría-Frente Amplio podría enfrentar.
Es decir, estamos ante la política del maná, del gato que nunca caza al ratón. Todos prometen engordar a este último, pero mucho más al felino. Para ninguna de las propuestas políticas, se trata de opuestos, sino más bien, en el peor de los casos, de colaboradores enemistados. ¿No es esto, por ejemplo, lo que muestra la universalización de derechos que defiende el Frente Amplio en un contexto conocido de fortísima disparidad de ingresos?
Brevemente, la política en Chile en cuanto a temas de ingresos fiscales podría ser reflejada por un arcoíris de tres colores, que aquí vamos a denominar de izquierda a derecha, azul, verde y rojo. El azul de la coalición Chile Vamos simboliza la defensa de los intereses privados. Cuando el Estado tiene alguna intervención en algún mercado, trata de expulsarlo para dejar entrar dineros privados en negocios seguros, sobre los cuales se ha construido históricamente la escasamente industrial clase alta nacional. Dominan los partidos políticos de su sector las personas más acaudaladas, quienes tienen fuertes vínculos con capitales extranjeros. En definitiva, le acomoda dejar la situación como está, y, si fuese posible, propenden a privatizar la minería estatal. Mercado y crecimiento económico van de la mano, y tanto las arcas fiscales como el ciudadano común deberían verse beneficiados en todo ámbito. Eso significa, en una lógica de causalidad, que para que mejoren su situación los ciudadanos comunes, deben enriquecerse mucho más los que generan y transmiten rentas, los ricos del país.
En segundo lugar, están las políticas verdes o intermedias de la Nueva Mayoría, en donde se respeta el modelo anterior pero con la suavización de los efectos del mercado que debe venir de las políticas del Estado. Si el modelo azul debe enfrentar como desafío el funcionamiento del mercado, en este segundo caso se plantea la problemática de ampliar los recursos fiscales. Básicamente, para ello confía en ampliar los ingresos en base a la actividad de la minería, subiendo levemente los impuestos y participando parcialmente del negocio, y trata de crear las condiciones para que la inversión nacional e internacional provea crecimiento económico, por lo tanto favoreciendo la competitividad de su mercado.
Finalmente, el tercer modelo, el rojo, frenteamplista, desconfía del mercado y sus representantes, intenta acotar su espacio de acción, propende culturalmente a ensalzar el relato de la nacionalización de la minería, en base a su gran efectividad demostrada por CODELCO, lo que le gustaría hacer extensible a otros minerales como el litio, probablemente confrontando la situación de robo al Estado de Chile que entienden que fue el caso Soquimich, y pretenden mejorar los dineros estatales de forma inmediata detrayendo parte de la renta excesiva que reciben los más ricos del país, el 2% con mayores recursos económicos.
No cabe duda, se trata de discursos aparentemente distintos y bien distinguibles. Sin embargo, tienen algo fundamental en común: ninguno tiene como propósito real llevar adelante una transformación profunda de la distribución de las rentas individuales y familiares, y por tanto de la estructura social. Los cambios impositivos o las reformas fiscales no parecen querer afectar a nadie o casi nadie. No en vano, los recursos vienen del cobre, el 2% más rico, etcétera. Es decir, estamos ante la política del maná, del gato que nunca caza al ratón. Todos prometen engordar a este último, pero mucho más al felino. Para ninguna de las propuestas políticas, se trata de opuestos, sino más bien, en el peor de los casos, de colaboradores enemistados. ¿No es esto, por ejemplo, lo que muestra la universalización de derechos que defiende el Frente Amplio en un contexto conocido de fortísima disparidad de ingresos?
En la política del maná nadie paga realmente. Todo son apariencias de cambios profundos, juegos de fuego con la boca, gigantografías del Che, boinas de guerrillero, palabras exageradas para mover del asiento a nuestro rival, neo-cuiquerío disfrazado de hazaña social. Estense tranquilos, por lo tanto, los colores azul y verde, pudiera muy probablemente ser que Revolución Democrática fuera un nuevo PPD, mutatis mutandis, y Giorgio Jackson y compañía sólo una nueva versión de Ricardo Lagos Escobar, eso sí, versión 2.0.
Con la nueva ley que creará el nuevo Ministerio de Ciencia y Tecnología se propone favorecer un mejor diálogo con instituciones privadas, con el convencimiento de que ello incrementará su inversión en ciencia y tecnología. El proyecto asume la necesidad de los privados y los incluye dentro del funcionamiento de la institucionalidad pública. Nada de esto se esconde, sino que se hace explícito bajo la lógica de la “utilidad”.
Con la convicción de que la heredada autonomía de los científicos se habría tomado el aparato burocrático estatal, blindándose y atrincherándose, este proyecto-ostra recuperado del fondo del mar guarda una valiosa perla: la eliminación del Consejo de FONDECYT. ¿Pero la pasada década no han sido 10 gloriosos años de producción académica y científica? Sin reparar en los logros, el objetivo es celebrar el funeral de dicho comportamiento autónomo, sustituido por la política empresarial de los privados. No tenemos más Consejo de FONDECYT ni Consejo de CONICYT, sino un órgano colegiado que asesora al Presidente con una membresía miscelánea y, sobre todo, en gran parte, no académica, y un consejo interministerial con Hacienda, Economía, Educación y el deseado ministro de Ciencia y Tecnología. El ministro concentrará gran poder, pues la secretaría se regulará principalmente a través de un reglamento. Debemos agregar el énfasis, a mi parecer indebido, en las llamadas “áreas prioritarias”, de contenido incierto, pero ya sabemos en qué consiste lo útil: agua, residuos, infraestructura, nuevos tipo de gomas de rueda, visitas varias al espacio, entre otras.
Se propone la creación de una agencia del espacio. No se podría esperar menos de Mario Hamuy, presidente de CONICYT. La gran mayoría de los científicos parece aplaudir este paso, como si todas las disciplinas y áreas de investigación fuesen iguales, con nulo interés en las que tienen una orientación más crítica y menos vendible, al menos inmediatamente. ¿A quién le importa? Cabalgando veloz a lomos del conservadurismo de los científicos nacionales, desesperados por más recursos, el dinero empresarial ocupará espacios que hasta ahora tenía restringidos.
El académico de la Escuela de Sociología, Modesto Gayo, presentó su libro “Ideología, moralidades y reproducción social”, el cual fue comentado por Marisol Facuse, profesora asociada de la Escuela de Sociología de la Universidad de Chile; Juan Pablo Paredes, académico de la Universidad Diego Portales y Claudio Benavides, sociólogo, músico y editor de la Editorial LaPala. En esta entrevista, el académico relata acerca de las distintas aristas de su libro.
¿En qué consiste el libro?
Este es un libro que trata de introducir a los estudiantes y los interesados en la sociología de la cultura, en los conceptos clave de esta aproximación. Para ello, le dedico una primera parte a introducir en el concepto de cultura, y en las principales corrientes dentro de la teoría sociológica que han trabajado con el concepto, con esta idea.
¿Cómo se llevó a cabo la metodología de trabajo?
Cada capítulo está construido sobre un conjunto limitado de textos, de tal manera que los lectores, que en este caso se están iniciando, puedan ir ellos mismos al texto y dialogar con el capítulo. Ellos podrían extraer otra interpretación leyéndolo. Lo que trato de hacer en los textos, a partir de un material que cualquiera pueda leer, es proponer una interpretación plausible, a veces más o menos canónica, más o menos compartida por otros colegas. Intento que sea posible discutir una interpretación, o reforzarla. Es muy importante que cada uno de los capítulos está lleno de las palabras de los autores, yo los voy llevando a las palabras de los autores, no como párrafos desligados del texto, si no que esas mismas palabras están construyendo el texto, no aparecen como algo ocasional. El objetivo último es acercar a un lector, que probablemente no lea en muchos casos a los autores de forma directa, a que se acerque a las palabras de los autores, que no son tan difíciles de entender.
¿Dónde surgió la idea del libro?
La verdad es que nació de un desinterés, yo no quería escribir este libro, busqué manuales primero, pero los manuales, los pocos que encontré, básicamente dos, no me gustaron. Los de sociología de la cultura no me gustaron para desarrollar este curso y los manuales generales de sociología no me servían. Es el producto de una evolución, los estudiantes, hubo un momento, quizás una década atrás, en las que estaba de moda utilizar el Power Point, y uno los preparaba, pero ahí las ideas son demasiado sintéticas y muchas veces, parte del argumento se pierde por el camino.
¿Cuál es el aporte del libro?
Espero que ayude definitivamente a entender ideas centrales de la sociología de la cultura, con un lenguaje directo, yendo al grano, haciendo que en todo momento la lectura parezca que te dice algo nuevo, algo necesario, imprescindible. Espero que sea una buena síntesis de ideas que no solamente sirven para sociología de la cultura, si no que para introducirse también en otros de los cursos. Espero que sea un aporte para hacer más atractivo, también un poco más fácil, introducirse en las ideas de algunos autores, que sea algo específico, concreto, que se pueda leer.
Como ahora casi no quedan comunistas ni masones, el emigrante ocupa un lugar de antagonismo espurio que sirve al propósito de levantar falsos programas de materia hueca. A estas alturas, después del Brexit y de Trump, hasta parece ridícula la copia. Pero poco importa imitar si con ello se gana lo que estaba en el aire.
La violencia que sufren los pueblos no refleja la bondad de las personas. Ser emigrante, igual que ser pobre o mujer, no es una categoría esencial a partir de la cual podamos derivar una gran comprensión del ser humano, y menos de lo que debería ser. Es más bien el uso que se hace de estas categorías lo que termina dotando a las personas de un contenido que a menudo no sienten como propio. Un típico uso espurio es el que se produce en las elecciones, en las cuales siempre se confiesa un tiempo después que se hicieron circular mentiras con el propósito de confundir al electorado para ganar votos a través del descrédito fundamentado en pseudo-verdades. ¡Para qué hablar de nuevo de “El Mercurio miente”!
¿Qué significa ser emigrante? Si lo pudiese reducir en una sola frase al llegar unas elecciones, consistiría en una oportunidad para fundar una campaña electoral cuando se tiene muy poco que ofrecer. Como ahora casi no quedan comunistas ni masones, el emigrante ocupa un lugar de antagonismo espurio que sirve al propósito de levantar falsos programas de materia hueca. A estas alturas, después del Brexit y de Trump, hasta parece ridícula la copia. Pero poco importa imitar si con ello se gana lo que estaba en el aire.
Queda por saber si este proto-discurso llegará a la parte final de la carrera presidencial que ya comenzó. Queda por determinar el futuro de lo que significa la emigración en Chile. Como un país acomplejado frente a Europa y sobre todo Estados Unidos, parece legítimo importar ideas, sin atender a cuál es su color político original o por qué llegaron a coagular de ese modo. El fotomatón ideológico, el aquí te pillo aquí te mato, el pillarlas volando, la “picardía del chileno”, la oquedad verbal, el vacío, la nada sin ser algo que merezca la pena denominar.
Al menos si hubiesen hecho bien los cálculos. Al final, la discusión se trenzó del siguiente modo. Alrededor de un 1,5% de los inmigrantes han sido condenados por algún delito. Existiría un similar porcentaje de chilenos en la misma situación. Sin duda, hay que ver bien los datos. Por un lado, no sabemos de qué tipo de delitos (¿o faltas?) hablamos. ¿Son igual de graves?, ¿tienen alguna naturaleza específica? Por otro lado, el número parece muy alto. Es como si entre 1 y 2 niños de cada tres cursos del colegio fuesen de algún modo delincuentes. Con que hubiese uno, a mí ya me parecería mucho. Pero siendo así, además, habría que estudiar la distribución etaria y de género de la población. Si los hombres jóvenes delinquen más, y si la distribución de emigrantes es más bien masculina y joven, el promedio de los inmigrantes debería ser bastante superior al de los chilenos para mostrar cifras similares. Si fuese así, descubriríamos que los recién llegados a Chile podrían incluso delinquir mucho menos. Esto daría para un programa de humor en el que se podría representar algo así como a un juez decidiendo quién debería irse en base al porcentaje de delincuentes en su comunidad.
Todavía no son muchos los emigrantes en este país y a algunos ya les parecen multitud. Este parece ser un buen momento para ver la película Cosas del otro mundo de Francesco Patierno, en la que los inmigrantes desaparecen un día sin previo aviso, cumpliéndose el deseo de un conductor de televisión xenófobo. Veamos ahora cómo sigue la carrera presidencial, que ya parece que se va a convertir en un culebrón o una teleserie donde la confusión, las medias verdades y el hablar al achunte configurarán la agenda y las conversaciones de los comités políticos. Quizás en su próxima película un alter ego de F. Patierno retrate como sería un mundo sin oligarquía.
Encuesta de Turismo Interno de la Subsecretaría de Turismo del Ministerio de Economía y Turismo, muestra que un 74% de los hogares declara salir de vacaciones de verano y que gasto promedio supera el millón de pesos.
A la hora de planificar las vacaciones la opción de ir a casa de amigos y familiares es la elegida por la mitad de los chilenos que hace turismo dentro del país. Es lo que indican los resultados preliminares de la Encuesta de Turismo Interno de la Subsecretaría de Turismo.
El sondeo, realizado por el Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales de la U. Católica (Ceel UC), consideró a 12.294 hogares en las 15 regiones del país, por viajes y excursiones realizados entre el 15 de diciembre de 2015 y el 31 de marzo de 2016 (temporada alta).
Para David Bravo, economista y director del Ceel UC, la elección probablemente tiene una connotación de ahorro, ya que corresponde a temporada alta, y refleja cómo son las estrategias que tienen los chilenos para incorporar esta parte importante en su vidas.
“Existe la familia extendida que puede proveer este afecto. Además una visita de esta naturaleza, también tiene impacto económico local”, destaca el economista.
La subsecretaria de Turismo, Javiera Montes, considera que ese tipo de alojamiento, “no significa que las personas no tengan actividades de turismo, existe consumo gastronómico y demanda de artesanía”.
Pese a que se trata de una alternativa importante, es una práctica que ha ido disminuyendo con el tiempo. “En la encuesta de 2012, el 61,4% declaraba dormir en casa de familiar o amigos” durante las vacaciones, aclara Montes
La baja se explica, entre otras causas, por el mayor acceso a la información de turismo que hoy tienen los chilenos y que les permite acceder a una mejor oferta.
Pero la cifra refleja otro aspecto: que los chilenos de algún modo desean pasar tiempo con sus amigos y, sobre todo, con sus familiares, indica Modesto Gayo, académico de la Escuela de Sociología de la U. Diego Portales (UDP).
“Los datos subrayan el papel que juega en nuestras vidas la familia y las amistades. Incluso pasamos con ellos las vacaciones”, agrega.
“Es un placer que se vive fundamentalmente dentro de las propias fronteras, y es un tiempo de costa y playa. El modelo es bastante homogéneo, pero la manera de implementarlo sin lugar a dudas varía según los ingresos disponibles”, indica el sociólogo.
Diferencias por ingreso
Según la encuesta, en los hogares con un ingreso promedio de dos millones de pesos o más, el 86,8% viaja. Mientras que en el caso de los que tienen ingresos inferiores a $250 mil, la cifra es de sólo un 62%.
Y si bien, se trata de datos preliminares para extraer conclusiones, dice Gayo, lo que parece estar claro es que viajar es desigual, pues lo hacen más las personas de mayores ingresos.
Pero, hacer turismo en casa de conocidos, también supone una ventaja, indica Gayo. “Si las familias no pudiesen visitar a familiares y amigos, la frecuencia y la naturaleza del turismo se vería probablemente afectada en muchas partes del país. El ahorro de las familias supone un gasto en regiones que es probablemente muy bienvenido”.
La encuesta también estimó que a nivel nacional y regional el 74% de las personas residentes en Chile realiza viajes turísticos dentro del país, lo que representa a 3,5 millones de hogares.
El gasto que realizan los hogares en estas actividades es en promedio de un millón de pesos, en los viajes largos (mínimo cuatro noches de pernoctación), y de 130 mil pesos en los viajes cortos (menos de cuatro noches).
Herramienta estratégica
Javiera Montes valora la realización de esta encuesta, porque hace cuatro años que no se actualizaba el perfil del turista interno. “Conocer ese detalle y actualizarlo, motivará nuevas inversiones en destinos para el sector privado y para el sector público, permitirá tomar decisiones a la hora de realizar promoción nacional y en qué temporada”, explica.
Para David Bravo, el carácter longitudinal de la encuesta, representativa de la población y los hogares en Chile, permitirá estudiar el comportamiento de los viajes de turismo dentro del país.
Entre otros datos del sondeo, este arrojó que el 44% de los hogares realiza viajes largos, 18% viajes cortos y 24% excursiones (sin pernoctar), en sus vacaciones.
En el caso de los viajes largos, los destinos preferidos son La Serena y Viña del Mar y en los cortos, Viña del Mar y Santiago.
La directora de la Escuela de Sociología UDP, María Luisa Méndez, está trabajando junto al investigador y académico de la misma escuela, Modesto Gayo, en el proyecto “Clase media alta en Chile hoy: Sobre las viejas y nuevas barreras, prácticas y costos de la reproducción de la posición de clase”. En la entrevista detalla la investigación, el equipo de trabajo y la metodología ocupada para su realización.
¿En qué consiste este proyecto?
Este proyecto es parte de la continuidad de mi agenda de investigación en clases medias que vengo desarrollando hace muchos años. A mí me interesaba en este proyecto, sobre todo mirar la forma en que el sector más privilegiado de la clase media podía reproducir su posición de clase, porque hay una literatura internacional que está pendiente de hasta qué punto los sectores medios privilegiados están logrando traspasar su privilegio a los hijos. Hay una élite global que está concentrando la riqueza de forma un poco inusual durante las últimas décadas, entonces están de alguna manera alterando las estructuras sociales. Eso significa que estas élites logran capturar una cantidad de recursos que impide de alguna forma que los sectores que vienen después en la estructura social logren reproducir su posición de clase en la misma forma en que lo han hecho otras veces, por ejemplo, en los lugares de residencia. En otras partes del mundo muestran cómo las élites globales compran propiedades en lugares súper privilegiados, y hacen que otras clases sociales que no son tan ricas tengan que desplazarse, entonces a mi me interesaba someter a discusión empírica esa literatura en contexto nacional y ver si es que dada la movilidad social ascendente de sectores medios bajos y la concentración de riquezas en Chile, el sector medio alto estaba logrando reproducir su posición de clase.
¿Cuál es la metodología de esta investigación?
Tiene metodología mixta. Hay por un lado un estudio sobre el mercado inmobiliario para el segmento medio-alto y después la ubicación del mercado inmobiliario durante las últimas tres décadas. Además hay un estudio del mercado educativo, hay una encuesta que es representativa de la Región Metropolitana, pero que tiene una sobre muestra del sector medio-alto y finalmente va a haber una parte cualitativa donde se pretende profundizar un poco más en los aspectos que tienen que ver con la socialización de hijos e hijas.
¿En qué etapa está actualmente el proyecto?
Estamos en la etapa de analizar los datos de la encuesta, para lo cual yo acabo de ir a una Conferencia Internacional de Sociología. Se presentaron los resultados ahí y todo este año será analizar los datos de encuesta y trabajar algunos artículos que tienen que ver con elección vocacional, elección residencial y patrones de reproducción de clases.
¿Qué importancia tiene para la investigación de la Facultad?
Yo creo que esto contribuye a la agenda de estudios de desigualdad, que es transversal en la Facultad, con distintas connotaciones, pero está puesto el acento no en los grupos que sufren la desigualdad, sino que en los extremos que tradicionalmente se han visto más beneficiados de los efectos de la desigualdad.
¿Qué equipo compone el proyecto?
Al día de hoy somos dos investigadores principales y un asistente de investigación. Soy yo la investigadora responsable, el co-investigador es Modesto Gayo que es de la Escuela de Sociología, también tiene una larga trayectoria en estudios de clases media, consumo cultural y sobre todo experiencia en el trabajo más cuantitativo y Gabriel Otero que es nuestro asistente, él tiene expertiz por un lado en la teoría pero también en lo metodológico.
En diciembre de este año, el proyecto de investigación de audiencias de cine más ambicioso jamás emprendido se lanzará. Sobre la base de grupos de investigación en 46 países, y trabajando en más de 30 idiomas, el Proyecto Mundial Hobbit (World Hobbit Project) se ha fijado el reto de responder a una serie de difíciles preguntas de investigación.
Con un mínimo financiamiento de la investigación de la Academia Británica del Reino Unido (sólo lo suficiente para crear el sitio web, el cuestionario multi-idioma y la base de datos asociada), somos totalmente dependientes de nuestra capacidad de utilizar los medios online para llegar a una amplia gama de personas en todo el mundo. Nuestra encuesta estará accesible en: www.worldhobbitproject.org desde el día del estreno (1 de diciembre).
¿Qué preguntas se espera que seamos capaces de responder, y a qué debates esperamos poder contribuir con esta investigación? A muchos – pero no hay una lista predeterminada y fija de hipótesis. Reuniremos un conjunto de datos demográficos (edad, sexo, país, educación, ocupación, etc.). Vamos a hacer una serie de preguntas de opinión (diseñadas para mostrar patrones en las respuestas, tipos de evaluación, preguntas sobre el tipo de historia que El Hobbit se ve que es, etc.). Estaremos explorando cómo las personas ven (y les gusta ver) una película de este tipo, y que más hacen en relación con ello (leer el libro, tomar parte en las discusiones online, hacer un seguimiento de algunos de sus actores estelares, etc.). Fundamentalmente, la encuesta está diseñada sobre el principio de preguntas cuantitativas y cualitativas vinculadas entre sí, por lo que cuando las personas se posicionan en las escalas que hemos generado, se les pide decir en sus propias palabras lo que significa ese posicionamiento – para que podamos analizar y buscar respuestas con su forma de expresarse (¡Esto, por supuesto, presenta un gran desafío al trabajar en tantos idiomas!). Pero creemos que si podemos atraer un gran número de encuestados diversos, estaremos en condiciones de hacer contribuciones a muchos debates actuales sobre temas como: la globalización, las identidades culturales, la función de la participación en línea, los cambios en el papel del cine y las películas, entre otros.
¿Qué podemos ofrecer a cambio? Todos nuestros resultados se pondrán a disposición del público, en tantas modalidades como somos capaces; y una vez que hayamos completado nuestro propio trabajo con la base de datos, todo el cuerpo de datos y materiales estará disponible para otros investigadores con el objeto de utilizarlo en la forma que deseen. Si desea colaborar, nos puede ayudar de la siguiente manera:
– Completando la encuesta usted mismo, por supuesto, siempre y cuando usted haya visto las películas.
– Facilitando esta información a otras personas, como estudiantes, colegas, familiares, amigos, para que eventualmente, si así lo desean, hagan lo mismo.
– Mencionando la dirección del proyecto en blogs, publicaciones y conversaciones.
Si usted tiene alguna pregunta sobre el proyecto, no dude en contactarnos y haremos nuestro mejor esfuerzo por ofrecer una respuesta. A este respecto, puede ponerse en contacto con los siguientes académicos británicos:
Unos pocos meses atrás, en el momento en que Bachelet subió nuevamente al poder y, por tanto, formó un nuevo gobierno presidido por un socialista, se entendió ampliamente que habían ganado aquellos ciudadanos que apostaban por avanzar en importantes cambios estructurales tanto de la economía como de la sociedad chilena en su conjunto. Un nuevo país, lejos definitivamente de la dictadura, navegaría una segunda transición que ayudaría a crear una forma más armoniosa de vivir juntos.
Sin embargo, contra lo que muchos esperaban, cautivados por el dulce canto del cambio hacia algo mejor, pronto aparecieron las resistencias a las nuevas propuestas de política pública, principalmente en materia impositiva y educacional. Si el silencio de la Presidenta había buscado mantener la unidad en torno a una figura respetada, y un tanto idealizada, los intentos de enfrentar reformas con posibles consecuencias en las posiciones en la estructura social obtuvieron de forma progresiva y acelerada una respuesta por parte de grupos ahora organizados contra las propuestas reformistas, siendo probablemente muchos de ellos votantes bacheletistas, es decir, querían reformas pero que les favoreciesen, o hasta donde no se vieran perjudicados. En otras palabras, las bases sociales del “transformismo” parecían mantenerse unidas sólo mientras “paguen los ricos”.
Durante las últimas semanas, el apoyo a las transformaciones ha entrado en una etapa casi hilarante. Ahora, no sabemos lo que queremos que sean las reformas, y más en general, parece que debemos hacernos la pregunta fundamental: “¿quieren los chilenos transformaciones sociales?” Obviamente, como no hay forma de hablar con todos ellos, casi 17 millones, y por ello mismo, no es factible conocer qué es exactamente lo que desean, han ganado terreno las encuestas de opinión. Esta vez sin interesarse tanto por la intención de voto, ni siquiera por la tan manida aprobación presidencial. Ahora el tema es responder a dicha pregunta, y de ser afirmativa la respuesta, el propósito es darle cierto contenido, hablando de áreas particulares de la reforma, o de la naturaleza de las transformaciones (por ejemplo, ¿aceptamos lo privado?, ¿estamos dispuestos a ceder un poco con el “no al lucro”?).
En esta fiesta de la confusión, cada vez alzan más la voz los anti-reformistas, y algunos, en un tipo de interpretación que aquí denominaremos “libre”, llegan a decir que, en realidad, los chilenos no quieren las transformaciones que los actuales gobernantes quisieron empujar. En estos términos, haría falta un análisis más profundo, que nos llevaría a concluir que casi todo está bien como está. En otras palabras, la sociedad chilena, pasada por un psicoanálisis adecuado, rechazaría mayoritariamente las transformaciones que de forma banal en algún momento dijo apoyar.
En resumidas cuentas, ¿quieren los chilenos transformaciones sociales? Siendo enfocados con luz de interrogatorio, amenazados con golpes en la espalda y más pobreza, criticados por empleados de think tanks de dudosa independencia intelectual, respaldados por el gran poder económico y los diarios a su servicio, parece que estamos en camino de obtener una negación como respuesta, muy a pesar de que hace poco tiempo muchos creyeron no estar en un sueño.
La reforma va camino de despeñarse en la tramitación parlamentaria de una reforma tributaria que abandonó al pueblo que la provocó, y convocó a los empresarios y los representantes de la derecha. La reforma no era sólo económica, no se trataba únicamente del presupuesto fiscal y de la educación.
La reforma que vino desde abajo, desde la movilización de grandes números de ciudadanos dispares, unidos por un cambio difuso pero perentorio; la reforma a la que la elite política chilena dio la espalda hasta que fue engullida por la masa; la reforma de las caceroladas que recordaron a la dictadura, que involucraron a padres que todavía con un sustrato de susto aprobaron lo que sus hijos hacían; la reforma de la cobertura internacional, de la nueva constitución, del no al binominal, del basta de abusos, del pongamos límites al poder de los frecuentemente nefastos representantes del mercado; la reforma de los secundarios y los estudiantes universitarios, de los pingüinos y los peloláis, va camino de perderse en la intrincada senda que asciende hasta el poder en Chile.
Y si el huracán reformista no dejó impávido a nadie desde los sectores medios hacia abajo, la élite del sistema liberal representativo miraba a sus intereses con preocupación. Obviamente, la zozobra era económica, por salvar las componendas y privilegios que mantenían a esta clase fuera del frío de la humilde realidad económica que afecta a la gran mayoría de los chilenos (por favor, ver cifras CASEN y los ingresos reales del trabajo, que a menudo olvidamos), pero la pregunta era política: ¿cómo sacar a las multitudes de las calles, expulsándolos al mismo tiempo de cualquier pretensión de quebrar la elitista lógica representativa y llegar al Parlamento en nombre del Pueblo, de cuyo cuerpo habían salido?
Por un momento, la clase política, incluida la derecha, vio la gloria, y ésta se llamaba Michelle Bachelet. Había alguien popular en quien confiar la bandera reformista. Después de las nuevas elecciones y tras el gesto de incluir tanto a comunistas como a ex-representantes del movimiento estudiantil universitario, la otra parte de la respuesta política vendría por sí misma, pues la reforma caería necesariamente en sede parlamentaria. Aquí la tela de araña tejida por senadores y diputados convertiría la mariposa en crisálida y ésta en gusano nuevamente, transformando la reforma en un producto elitista a gusto y semejanza de los intereses empresariales y clientelar-partidistas.
Cuando el hálito reformista perdió el olor a pobre, dejó de desprender el atragantante aroma a necesidad y miseria, cuando no estuvo más asociado a camisas de segunda mano y pantalones desgastados, cuando las palabras adquirieron un tono técnico y fueron aplaudidas por todas las bancadas políticas, cuando la reforma se conversó en sede empresarial, fue tomando un color a difunto, a catacumba, a recuerdo de algo justamente que la reforma había querido cambiar, una forma de hacer política que convertía al pueblo en subalternos de sus representantes, haciendo de la democracia un régimen en el que gobiernan los políticos. Esta es probablemente la historia del fuego, que viniendo desde abajo, calienta hacia arriba.
La reforma va camino de despeñarse en la tramitación parlamentaria de una reforma tributaria que abandonó al pueblo que la provocó, y convocó a los empresarios y los representantes de la derecha. La reforma no era sólo económica, no se trataba únicamente del presupuesto fiscal y de la educación. Desde un comienzo, el llamado era a hacer una reforma política, y las señales de transversalidad partidista y elitismo económico están dejando en la cuneta la dimensión simbólica del cambio.
El académico de la Escuela de Sociología, Modesto Gayo, participará como investigador del proyecto “Australian cultural fields: National and transnational dinamic”, financiado por el Australian Research Council. Junto al sociólogo, participarán 9 investigadores de las universidades de Western Sydney, Queensland y New York University, liderados por el sociólogo de Western Sydney Tony Bennett, quién fue uno de los invitados a la Cátedra Norbert Lechner 2013.
El principal objetivo del proyecto es estudiar cómo ha cambiado la cultura australiana en los últimos 20 años, indagando en diferentes áreas de las prácticas culturales: deporte, arte, patrimonio, medios de comunicación, entre otros. Tomando en cuenta variables como la globalización y el aumento de la diversidad étnica debido a factores como la alta migración, la investigación pretende vincular diferentes campos desde los estudios culturales y la sociología; asimismo, indagará en el aporte de la los pueblos originarios y la cultura indígena australiana.
El proyecto contempla también la elaboración de una Encuesta Nacional de Cultura, que se aplicará en gran parte del territorio australiano, y cuyo diseño y análisis estará a cargo de Modesto Gayo.