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  1. Rodrigo Torres, se refiere a su postdoctorado “Emergencia y construcción del problema educacional en Chile”

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    rodrigotorresRodrigo Torres, licenciado en Ciencias Políticas y Gubernamentales de la Universidad de Chile, máster en Ciencia Política, especialidad: Sociología de Instituciones Políticas, de la Universidad de París 1 “Panthéon-Sorbonne” y doctor en Ciencia Política. Universidad de París 1 “Panthéon-Sorbonne, está realizando su investigación postdoctoral en la Universidad Diego Portales, titulada “Emergencia y construcción del problema educacional en Chile: De las controversias institucionales a la agenda política”, la cual estudia el periodo entre el año 2000 y 2010.

    ¿Cuáles son los objetivos de tu investigación?

    El objetivo general es abordar el problema de la desigualdad educativa desde un punto de vista de ciencia política. Concretamente, vamos a analizar cómo la desigualdad educativa emerge como un problema público, como un problema social y llega a la agenda política. Esto lo trato de abordar desde dos puntos de vista, uno más institucional, a nivel educacional, analizando la participación de Chile en encuestas internacionales de calidad educativa. Luego, la segunda parte, se enfoca más en la parte social. Justamente este tema de la desigualdad emerge socialmente a través de la movilización estudiantil. Me interesa mucho analizar el caso del movimiento estudiantil del año 2006, más que como movimiento social, sobre todo cómo lograron que sus demandas llegaran a la clase política.

    ¿Cómo se realizará la metodología del proyecto?

    La metodología es un diseño mixto de investigación, tiene elementos tanto cualitativos como cuantitativos. Principalmente son tres ejes: un eje documental, en el cual voy a analizar sobre todo archivos, informes y literatura sobre el tema. Una segunda parte cuantitativa, utilizaré justamente lo que son los indicadores que entregaron estas instituciones, por ejemplo, los resultados de PISA, el SIMCE y cómo eso permite ver una desigualdad estructural, una desigualdad socioeconómica del sistema educacional en ese periodo. Finalmente, una parte cualitativa de entrevistas, en la cual quiero realizar entrevistas tanto a políticos del periodo, a expertos en educación, a estudiantes que participaron del Consejo Asesor, y también a dirigentes del Colegio de Profesores y otros actores relacionados con el tema. Más o menos estimo que unas 15 a 20 entrevistas, en total.

    ¿De dónde nace el interés por abordar estas temáticas?

    El tema educacional siempre me ha interesado, ya sea desde la época universitaria en la cual participaba en actividades de preuniversitarios populares. Luego, ya en la parte académica, mi tesis de doctorado fue destinada al tema educacional en Chile. Desde un punto de vista sociohistórico analicé cómo evolucionó el rol educador del Estado en Chile, pasando por diferentes periodos y a su vez cómo emerge a partir de los 80′ un mercado educacional y cómo esto a partir de los 90′ se vuelve a transformar en un Estado regulador. Esta investigación nace sobre todo por las inquietudes que surgieron en mi tesis de doctorado, es un poco una prolongación. Mi tesis aborda el 2006, entonces quise prolongar los resultados y estudiar lo que fueron los gobiernos de la Concertación, cómo fue la política educacional y a su vez cómo socialmente el tema de la desigualdad se construye y evoluciona hacia una nueva etapa educativa en Chile, que es lo que vimos a partir del 2011.

    ¿Cuál es el aporte que esperas del proyecto?

    Por una parte, me parece que el tema de la movilización estudiantil ha sido muy estudiada desde la sociología de las movilizaciones y creo que la ciencia política, desde la parte institucional, la parte de análisis de políticas públicas, tiene mucho que contribuir. Me parece que el tema educacional en Chile ha sido muy abordado, sea por la economía, sea por la sociología de movimiento y la ciencia política contribuye desde otro enfoque, principalmente analizando todo lo que son los mecanismos institucionales que permiten comprender los problemas públicos y cómo el Estado reacciona y dialoga frente a las demandas ciudadanas. Como disciplina, me interesa contribuir en ese punto y a su vez, socialmente, me interesaría mucho poder desarrollar actividades que permitan difundir los resultados de esta investigación, para que justamente reflexionen el tema de la educación desde la ciencia política.

     

  2. Democracia estudiantil: tomas, asambleas y ruptura

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    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Esta lógica que con más o menos matices se ha hecho presente en el movimiento estudiantil, se articula como una aparente solución a la crisis de representación que vive el sistema político. Como las instituciones ya no son representativas, entonces se debe retornar a la base.

    Las experiencias de las tomas en universidades públicas y privadas reflejan el rechazo de los estudiantes a procedimientos tradicionales para resolver conflictos. Este rechazo es radical. Se cuestiona no solo el sistema de representación formal del Congreso Nacional, sino que también los espacios de decisión universitaria, incluyendo muchas veces a los propios centros de estudiantes. Como se desconfía de que el “representante” efectivamente represente intereses propios, se retorna a las bases, bajo la ilusión de que estas bases representarán un sentido esencial del colectivo.

    Desde hace ya varios años hemos visto dos mecanismos procedimentales predominantes entre los estudiantes:

    El asambleísmo. La Asamblea de estudiantes se transforma en el espacio privilegiado y casi único para tomar decisiones. Se plantea que la verdadera forma de recoger el sentido del conjunto de la comunidad es en un espacio abierto. En la Asamblea se toman las decisiones relevantes. La discusión y deliberación iluminarán las mejores decisiones. Aquellas decisiones se realizan a mano alzada después de varias horas de debate y confrontación de planteamientos.

    Las vocerías. Una vez que la asamblea haya decidido, los y las voceras son canales de comunicación para resolver las demandas. No se trata de un representante que podría tomar decisiones autónomamente una vez que está negociando con las autoridades. Los voceros carecen del mandato para representar. Solo pueden transmitir lo que la Asamblea acordó. Cualquier tema que emerja de otros espacios, deberá volver a la Asamblea para ser discutido. Los voceros vuelven, las Asambleas debaten y deciden, y muchas veces nuevos voceros regresan a transmitir un mensaje a las autoridades.

    Esta lógica que con más o menos matices se ha hecho presente en el movimiento estudiantil, se articula como una aparente solución a la crisis de representación que vive el sistema político. Como las instituciones ya no son representativas, entonces se debe retornar a la base.

    Pero ¿resulta adecuado este camino como solución al viejo problema de la representación? Me temo que no y por varias razones.

    La primera, y más evidente, se refiere a las desigualdades que se provocan en una Asamblea. Por lo general, en ella adquieren una ventaja considerable los grupos organizados por sobre individuos que concurren con la mejor voluntad, pero que no tienen un apoyo de un colectivo. Digas lo que digas, las definiciones de los grupos organizados al interior de estos espacios tenderán a predominar.

    Además, como el desarrollo de habilidades de oratoria está mal distribuido en la sociedad, tenderán a dominar la conversación quienes poseen mayor información y adquirieron tempranamente esas habilidades. Sería iluso no pensar que las marcadas desigualdades presentes en nuestra sociedad no se reproducen en cada espacio de decisión social o política.

    Pero, asimismo, un proceso de estas características implica una fuerte inversión de tiempo y recursos –financieros, intelectuales, logísticos, etc.– que solo podrán enfrentar quienes cuentan con mayores recursos.

    El hecho de que las grandes decisiones sean sometidas a mano alzada plantea un segundo problema, que se asocia con el control social que se ejerce con ese procedimiento. La creación del voto secreto y en urna buscaba precisamente terminar con el control y hasta coerción que podría ejercerse cuando se conocía la preferencia de un individuo.

    El voto secreto en urna fue una revolución, por cuanto planteaba no un formalismo sino un ideal de igualdad ante la ley. El asambleísmo, al menospreciar el voto secreto en urna restablece mecanismos de control social respecto de las preferencias de los individuos, una regresión en términos de la igualdad frente a nuestros pares.

    Un tercer problema se asocia con el tema de la legitimidad. Las convocatorias a paros, que usualmente son votadas por mayorías significativas, se traducen posteriormente en tomas que son revalidadas con cuórum de participación cada semana más reducidos.

    Como la voz legítima es la asamblea y como concurren a ella el 10, 20 o 30% de los estudiantes, entonces una minoría termina decidiendo por sobre la mayoría. En casos extremos de falta de cuórum, las asambleas acomodan la interpretación a las normas que ellos mismos anteriormente definieron para regular sus procedimientos.

    Un cuarto problema involucra a los otros estamentos de la comunidad universitaria. Los estudiantes han levantado correctamente, a mi juicio, la preocupación por el acceso y calidad de la educación. La demanda incluye triestamentalidad y revisión del gobierno universitario, entre otros puntos. Sin embargo, dicha demanda en muchos casos no involucra un diálogo previo con los otros estamentos de la universidad.

    Más que involucrarse en un proactivo diálogo triestamental para avanzar en ello, se imponen condiciones ex-ante para la conversación. Como en muchas universidades las comunidades de profesores y funcionarios no están lo suficientemente organizadas, el resultado suele alienar más que estimular compromisos de cambio y transformación que beneficien al conjunto de la comunidad universitaria.

    Todavía más, las autoridades universitarias suelen establecer “normas” para regular los momentos de paro. No se toma asistencia, no se realizan evaluaciones, etc. ¿El resultado? Lo que es un mecanismo de fuerza se “naturaliza” al interior de las universidades, es decir, se despolitiza. Los estudiantes salen a protestar como un acto casi de “recreo académico”. Las instituciones se adaptan a las protestas, despolitizando estos actos que teóricamente son de disrupción.

    De esta forma, la democracia estudiantil, en su ilusión por democratizar y transformar la sociedad, termina ahuyentando a potenciales aliados, erosionando una ya fragmentada sociabilidad e incrementando las desigualdades. El ciclo de los paros y tomas suele fragmentar a los estudiantes, dividir a profesores y estudiantes, y afectar sensiblemente a quienes presentan mayores vulnerabilidades socioeconómicas. La toma o el paro dejan de cumplir su rol disruptivo al transformarse en un ritual, en una rutina institucionalizada.

    Pero ¿existen soluciones para este dilema de representación y acción política?

    Un camino es el agotamiento y la alienación al incrementarse los costos de las protestas y reducirse los beneficios de una esperada reforma que tardará en llegar. La apatía producto del cansancio podría ser un camino que muchos estudiantes podrían buscar.

    Otro camino es la modificación de las prácticas democráticas y la toma de conciencia de las desigualdades que genera.

    Una tercera se refiere a la búsqueda de una nueva forma de dialogar al interior de los recintos universitarios, donde profesores, estudiantes y funcionarios pensemos nuevas formas de vinculación.

    La pregunta no es solo sobre la violencia en las marchas o el renovado repertorio para las manifestaciones. Lo que debiésemos discutir también es la forma en que normas y prácticas de representación están evolucionando en nuestras propias instituciones universitarias. Y me temo que la evolución reciente contribuye a reproducir más que reducir las desigualdades.

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  3. Panel habla sobre el presente del movimiento estudiantil

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    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    En Mesa Central, los panelistas Max Colodro, analista político y profesor de la U. Adolfo Ibáñez y Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política de la U. Diego Portales conversaron acerca de la actualidad del movimiento estudiantil, analizando diversas aristas del tema.

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  4. Panel habla sobre los dichos de Miguel Crispi

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    Alfredo Joignant, Doctor en Ciencia Politica  Universidad Diego Portales

    Alfredo Joignant, Doctor en Ciencia Politica Universidad Diego Portales

    En esta edición de Mesa Central, Francisco Covarrubias, decano de la Facultad de Artes Liberales de la U. Adolfo Ibáñez y Alfredo Joignant, doctor en Ciencia Política y profesor de la U. Diego Portales, dialogaron acerca de temas que se encuentran en la contingencia política.  En el panel se debatió acerca de  las declaraciones de Miguel Crispi y el rol de “colaborador crítico”, la reforma educacional, las divisiones que ha tenido la izquierda en los últimos días y la reactivación del movimiento estudiantil.

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  5. Lanzamiento del libro “Acción colectiva y movimientos sociales. Disputas conceptuales y casos de estudio recientes”

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    ImprimirLa Escuela de Sociología y el Observatorio de Desigualdades UDP organizan el lanzamiento del libro “Acción colectiva y movimientos sociales. Disputas conceptuales y casos de estudio recientes” de la Editorial Punta Ángeles/UPLA. Editado por los académicos, Francisco Báez (UPLA), Leonardo Cancino (UChile), Juan Pablo Paredes (UDP).

    El libro consta de un total de 14 artículos, más un estudio introductorio a cargo de los editores. El texto, con un énfasis en América Latina, recoge trabajos de argentina, ecuador, méxico y chile. En chile trabaja temas de movimientos estudiantil, mapuche, pobladores, territoriales-ambientales. Prologa el libro el Dr. Sergio Tamayo de la UAM, méxico. director de la red mexicana de estudios en movimientos sociales y miembro del grupo ISA47.

    En la ocasión, presentarán el libro los académicos María Luisa Méndez (UDP-COES), Tito Tricot (UAH), Carolina Figueroa (Fedep), Leonardo Cancino y Juan Pablo Paredes (editores).

    El lanzamiento se realizará el jueves 12 de mayo a las 15:00 horas, en la sala B-31 de la Biblioteca Nicanor Parra, ubicada en Vergara 324, Santiago.

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  6. La escuela tomada: El reality de una toma universitaria

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    El notable libro de Jocelyn-Holt es mucho más que una narrativa de la toma de su facultad en 2009. Es un texto que utiliza la toma para adentrarse en el debate sobre las herramientas y tácticas que se están utilizando en la disputa por definir el marco institucional que tendrá en el país en las próximas décadas.

    En La escuela tomada (Taurus, 2015), el historiador Alfredo Jocelyn-Holt analiza la toma de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile en 2009 y sus secuelas, hasta la reciente elección de un nuevo decano en 2015. Además, Jocelyn-Holt utiliza esa toma como una oportunidad, si no un presagio, para analizar la estrategia de lucha ideológica que se popularizaría en el movimiento estudiantil de 2011 y que, Jocelyn-Holt, resume en que “el complot y el pugilismo —el poder y la fuerza como último ratio— son la manera como las distintas facciones en pugna han querido hacer de la Escuela lo que es y sigue siendo, una Escuela Tomada, no una Universidad”. Presumo que la reflexión de Jocelyn-Holt aplica también, especialmente ahora que se discute la materialización de la ambiciosa promesa de gratuidad en medio de movilizaciones estudiantiles, al sistema universitario chileno en su conjunto.

    La trama de La escuela tomada funciona en dos niveles. Primero está la disputa de poder en la Facultad de Derecho de la Chile. Esa disputa se parece a un reality show. Hay cosas en juego, pero la virulencia de ambos bandos, el uso de resquicios legales para avanzar agendas personales y las repetidas violaciones alfair play demuestran que la gente a veces abandona todos los valores éticos para lograr objetivos de cuestionable valor, como en los reality shows.

    Usando una idea atribuida a muchos autores, el politólogo Wallace Sayre acuñó la idea de que en cualquier disputa, la intensidad de los sentimientos involucrados es inversamente proporcional a la importancia de lo que está en juego.

    La historia de esta toma es como un reality show. Los realities de televisión son tan exitosos precisamente por la simpleza de la trama. Es cosa de juntar a un grupo de personas a vivir en un mismo lugar para que surjan la intriga, los rumores, los juegos de poder y las traiciones. Mientras más simple la problemática, más sangrientas serán las peleas. Si en pueblo chico, infierno grande, en pueblo chico con pocos problemas reales, el infierno se intensifica en varios niveles en la escala de Dante.

    Los detalles de la toma de la Facultad de Derecho de la Chile no se merecen la atención de una extraordinaria pluma como la de Jocelyn-Holt. Es verdad que Borges podría resumir a la perfección la trama de un reality, o García Márquez regalarnos descripciones memorables de lo que pasa en un encierro televisivo. Pero la nula profundidad y poca complejidad de los personajes haría a muchos pensar que se están perdiendo plumas notables en una narrativa cuyos personajes no dan el ancho. Lo mismo ocurre con la gran pluma y erudición de Jocelyn-Holt. Al leer el texto, uno queda con la impresión de que la toma aquella no da para tanta cuidadosa investigación.

    Pero el libro de Jocelyn-Holt presenta también un nivel distinto de análisis. Ahí radica su genialidad y su gran contribución, porque, reitero, con el debido respeto, me parece más interesante un reality de la televisión que uno sobre la Facultad de Derecho de la Chile, por más bien narrado que esté. Para Jocelyn-Holt, lo que pasó en su facultad es una metáfora de lo que está pasando en el país. Aquellos que critican la institucionalizada vigente por su origen ilegítimo están impulsando cambios con métodos igualmente ilegítimos y viciados. Es verdad que los que impulsan cambios refundacionales no tienen tanques frente a La Moneda ni aviones bombardeando el palacio de gobierno (apenas tienen una retroexcavadora que se empantana cada semana). Pero el uso de estrategias por fuera de las reglas del juego para avanzar los ideales constituye, desde la visión de Jocelyn-Holt, una práctica igualmente inválida.

    Esta reflexión nos lleva al debate constitucional. La constitución de 1980 es ilegítima en su origen. Pero la forma en que se produjo la transición a la democracia la legitimó en su ejercicio. Sucesivos gobiernos de la Concertación aceptaron las reglas e intentaron cambiarlas —logrando notables avances— dentro de los marcos que permitía la propia constitución de Pinochet. Reclamar ahora por el origen es como adoptar a un niño nacido de una violación y, 35 años después, cuestionar su legitimidad de origen. Es cierto que las generaciones actuales no participaron de la transición, pero, en todas las democracias, las nuevas generaciones heredan acuerdos zanjados por generaciones anteriores. Para producir cambios, o aceptas las reglas del juego o produces un quiebre. Pero cuando produces un quiebre, gana el que tiene más fuerza (ahí los tanques valen más que las retroexcavadoras).

    El notable libro de Jocelyn-Holt es mucho más que una narrativa de la toma de su facultad en 2009. Es un texto que utiliza la toma para adentrarse en el debate sobre las herramientas y tácticas que se están utilizando en la disputa por definir el marco institucional que tendrá en el país en las próximas décadas.

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  7. Los estudiantes dan al gobierno una sopa de su propio chocolate

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Al acusar al gobierno de soberbia, por no aceptar que el único poseedor de toda la verdad es el movimiento estudiantil, los líderes de las federaciones universitarias lo han hecho beber una sopa de su propio chocolate. Porque el gobierno ha repetidamente dejado en claro que entiende el diálogo como un proceso a través del cual sólo el interlocutor cambia de opinión, la postura estudiantil sirve de inmejorable ejemplo para el gobierno de lo poco productivo que resulta llamar al diálogo cuando el convocante no está dispuesto a aceptar que no es dueño de la verdad.

    Aunque hubiera tenido sentido que el gran anuncio en el discurso presidencial del 21 de mayo hayan sido los detalles sobre el proceso constituyente o la agenda de probidad, la declaración de la Presidenta sobre la gratuidad de la educación superior se convirtió en el tema más polémico del discurso presidencial. Al anunciar que la gratuidad se iniciaría en 2016, pero sólo para el 60% de menos ingresos y solo en las universidades del CRUCH, Bachelet dio el puntapié inicial para una batalla que mezcla intereses particulares con defensa de principios. Como las universidades del CRUCH incluyen planteles públicos y privados, varias universidades no tradicionales rápidamente reaccionaron, alegando discriminación. Si la PUC accede a gratuidad, ¿por qué no la Alberto Hurtado? Si la U de Concepción o la Federico Santa Maria entran a la gratuidad, ¿por qué otras privadas como la UDP quedan fueran? Y en última instancia, ¿la gratuidad es para los estudiantes más necesitados o solo para aquellos que tienen suficiente puntaje como para entrar a las universidades más competitivas?

    Adicionalmente, como los aranceles varían de universidad en universidad, la gratuidad necesariamente requerirá fijación de precios por parte del Estado. Pero así como el precio de una empanada varía dependiendo de su contenido, reputación del vendedor y barrio donde se ubica el negocio, el valor de una carrera dependerá de muchas variables. No parece razonable que el Estado fije precios, porque no sabe cómo hacerlo y porque no hay razón para pensar que todas las universidades deban cobrar lo mismo.

    Peor aún, ya que la promesa de gratuidad busca reducir los altos niveles de desigualdad, la exclusión de los institutos profesionales y centros de formación técnica es incomprensible. Por más que se parta por el 60% de menos ingresos, no incluir en la gratuidad a las instituciones educacionales donde estudia la mayoría de los alumnos vulnerables hará que la desigualdad aumente, incumpliendo la principal promesa de campaña de Bachelet.

    Comprensiblemente, el gobierno ha tratado de cuadrar el círculo, buscando una fórmula que otorgue gratuidad a la mayor cantidad posible evitando que los recursos vayan a parar a instituciones que lucran o que ofrecen educación de insuficiente calidad. Ya que cualquier fórmula es sub-óptima, en tanto dejará sin cobertura a gente que la necesita, La Moneda ha mostrado disposición a flexibilizar su postura.

    Pero en su intento por generar instancias de diálogo, el gobierno se ha encontrado con interlocutores que se creen dueños de la verdad. Los líderes estudiantiles han dado muestra de una convicción profunda sobre sus principios que raya en la locura. Sin entender que solo los necios y los dictadores se creen dueños de la verdad en cuestiones que son debatibles, en tanto responden a preferencias subjetivas y se construyen sobre información incompleta, los estudiantes acusan al gobierno de soberbia y de falta de diálogo democrático cada vez que La Moneda se niega a ceder ante las demandas estudiantiles.

    La intransigencia de los estudiantes resulta incomprensible. Es poco razonable e impropia en un Estado de derecho democrático. Pero en el Chile de hoy, esa intransigencia es más el patrón que la excepción. El gobierno ha usado hasta el cansancio el argumento de que el diálogo es solo una oportunidad para explicar mejor y para que los otros cambien de opinión. Repetidas veces, los llamados que ha hecho el gobierno a dialogar han sido acompañados de afirmaciones temerarias sobre la inalterabilidad de la hoja de ruta. Pero el diálogo honesto supone aceptar que nadie tiene el monopolio de la verdad. Sentarse a negociar implica el reconocimiento implícito de que ambas partes están dispuestas a ceder. Uno puede estar tan convencido de sus creencias al punto de no querer dialogar. Pero uno no puede llamar al diálogo a la vez que se arroga el monopolio de la verdad.

    La postura intransigente de los estudiantes da fe de su pasión y convicción, pero también desnuda sus débiles valores democráticos. Pero tanto esa postura ahora tiene al gobierno contra la pared, esa práctica de creerse dueño de la verdad constituye una poderosa lección para un gobierno que se acostumbró a creer que el diálogo consiste en que los otros acepten tus creencias y valores como propias.

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  8. Académico del ICSO participa como expositor en Seminario sobre el Movimiento Estudiantil

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    El profesor Juan Pablo Paredes, académico del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales y Coordinador Académico del Programa de Bachillerato en Ciencias Sociales y Humanidades de la UDP, expondrá en el Seminario “Relato y Proyecto del Movimiento Estudiantil: Demandas y Sentidos Transformadores”.

    Su exposición se titula “La Educación Chilena no se vende, ¡Se defiende! La movilización por la educación pública en Chile 2011-2013”, la cual se dará a conocer a través del Seminario organizado por el Centro de Investigaciones Socioculturales CISOC y el Centro de Reflexión y Acción Social CREAS de la Universidad Alberto Hurtado.

    Cabe destacar que el académico Juan Pablo Paredes es licenciado en Sociología, Magíster en Estudios Sociales y Políticos Latinoamericanos y candidato a Doctor en Ciencias Sociales, UCH.

    La actividad se realizará el jueves 27 de marzo de 2014, de 16:30 a 20:30 horas en el Auditorio E-11 de la Universidad Alberto Hurtado, ubicada en Erasmo Escala 1822, Metro Los Héroes.