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  1. Carlos Larraín y la islamofobia del conservadurismo chileno

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    Pablo AlvarezSi bien estamos acostumbrados a pensar en el racismo como el miedo o rechazo irracional a los rasgos físicos que distinguen a las “razas”, es decir, la raza (concepto sumamente cuestionable desde el punto de vista científico-académico) se manifiesta a través de rasgos fenotípicos y por lo tanto, el racista es fácilmente identificable porque rechaza esos rasgos físicos.

    El domingo 15 de enero recién pasado el ex líder del partido político Renovación Nacional hizo una reaparición pública en el programa Estadio Nacional de TVN, reaparición que dará que hablar sin duda. Algunas de sus opiniones giraron en torno al proyecto de ley de aborto en tres causales, la situación en la Araucanía, el gobierno de la presidenta Bachelet, etc. Estoy seguro que muchos estarán haciendo el mismo ejercicio que yo en este momento y han comenzado a escribir refutaciones u opiniones en relación al siempre polémico Carlos Larraín, así mismo, considero que hay genta mejor preparada que yo para analizar los dichos de Larraín en estos temas. Dicho todo esto me interesa abordar un aspecto que seguramente pocos habrán notado y a muchos probablemente no interese, me refiero a los dichos del ex senador en torno a la inmigración.

    Para muchos, sus dichos probablemente sean de buena crianza, de hecho Larraín se manifestó a favor de la inmigración, al menos en parte. Sus declaraciones fueron las siguientes: “Soy partidario de que se abran las puertas en Chile a la inmigración. Es un tema que hay que trabajar con inteligencia yo no sé si eso de derecha o no. Es profundamente innovador y hay que abrir los ojos para dejar que esta gente que quiere trabajar en Chile trabaje con nosotros y nos ayude. Además hablan castellano y se persignan, no usan velo y no se suben a camiones con explosivos”.

    Hay una serie de elementos en sus dichos que considero son dignos de análisis. Lo primero, es que si bien se manifiesta a favor de la inmigración, resulta evidente que su idea del migrante que aporta a Chile es bastante restringida, básicamente el migrante cristiano que se persigna, tal como dice el aludido. Por otra parte, su declaración destila un racismo peligroso.

    Si bien estamos acostumbrados a pensar en el racismo como el miedo o rechazo irracional a los rasgos físicos que distinguen a las “razas”, es decir, la raza (concepto sumamente cuestionable desde el punto de vista científico-académico) se manifiesta a través de rasgos fenotípicos y por lo tanto, el racista es fácilmente identificable porque rechaza esos rasgos físicos. El ejemplo máximo es el racismo que sufrieron negros en distintas partes del mundo, por ejemplo, en el sur de los EEUU o en Sudáfrica del apartheid, en donde el Estado discriminaba a seres humanos por esos rasgos distinguibles de su raza. Ante los sucesos del siglo XX, especialmente sangrientos como el Holocausto nazi en que más de 6 millones de judíos fueron exterminados por racismo, el termino raza pierde importancia y surge el concepto etnicidad en el medio académico. La etnicidad hace referencia a rasgos culturales más que físicos, un individuo o grupo puede reivindicar su pertenencia a un grupo étnico en función a su nacimiento en un lugar determinado y a las costumbres heredadas de ese lugar de nacimiento. Sin embargo, el concepto de racismo o racista sigue teniendo validez, todo individuo o grupo que se manifiesta en contra de rasgos culturales y/o físicos de otros es básicamente racista.

    Por lo tanto, cabe preguntarse ¿qué elemento del discurso de Larraín manifiesta racismo? La respuesta es clara: cuando señala que los migrantes que han llegado a Chile aportan porque “hablan castellano y se persignan, no usan velo y no se suben a camiones con explosivos (sic.)” está dejando claro que tiene un rechazo injustificado a los musulmanes, ese rechazo se le denomina islamofobia. Muchos que están leyendo estas líneas pensaran que el miedo a los musulmanes si tiene justificación, después de todo desde el 11 de septiembre del 2001 gran parte de los atentados terroristas que aparecen en los medios fueron perpetrados por musulmanes, algo de violencia debe haber en esa religión para que tantos individuos en Europa y Medio Oriente estén diseminando violencia sobre grupos sociedades pacíficas. Pero hay que ser claros y directos, no existe nada en el Islam que motive a individuos a cometer violencia irracional, por otro lado, gran parte de la violencia terrorista afecta principalmente a musulmanes en Siria e Irak predominantemente, pero además se ha ejercido una inimaginable cuota de violencia hacia musulmanes por otros grupos étnico-religiosos. Por ejemplo, actualmente en Myanmar se está fraguando un verdadero genocidio en contra del pueblo Rohingya que es una minoría étnica, lingüística y religiosa que profesan el islam, este genocidio se arrastra desde la independencia del país en los años 40, pero ha habido un estallido de violencia en el último tiempo; otro ejemplo es la situación con la etnia Uigur en la provincia china de Sinkiang, grupo que ha sido perseguido por el grupo étnico dominante Han desde hace bastante tiempo; por último, quizá los casos más reconocidos de islamofobia y persecución a musulmanes se está dando en occidente en la actualidad, un grupo importante de reportes de agencias independientes están llamando la atención sobre el tema en Europa y EEUU1. Por lo tanto, la violencia de y hacia los musulmanes debe entenderse más como un rasgo característico del actual panorama geopolítico global, en donde la invasión de EEUU a Irak y Afganistán hace más de una década ha tenido un efecto dominó fundamental, no debe pensarse que la violencia musulmana se explica mediante un examen de los preceptos religiosos de la fe musulmana.

    Bueno no es muy extraño que Carlos Larraín haya dicho lo que dijo en relación a este tema, después de todo el ex timonel de R.N. es miembro de la conspicua clase alta, terrateniente, conservadora y católica chilena, el conservadurismo católico tiene una larga historia de islamofobia y judeofobia. De hecho, ambas fobias tienen un origen común: las refutaciones teológicas medievales a lo que se consideraba falsas creencias. Los judíos eran odiados por haber matado a Jesús y por no prohibir la usura, los musulmanes eran vilipendiados por considerar que Mahoma había hecho una mala copia de la Biblia, lo cierto es que en esa práctica escolástica de las refutaciones teológicas no había más que prejuicios y análisis superficiales de las complejas realidades religiosas de ambas religiones. Esas exégesis superficiales que permitieron perpetuar las fobias respectivas derivaron en un anti-judaísmo que se intensificó en la era de las naciones en el siglo XIX europeo cuyo corolario fue el Holocausto nazi. En el caso de la islamofobia, en la era del colonialismo los europeos justificaron la dominación sobre territorios musulmanes basándose en la idea que la civilización europea había logrado un estadio civilizacional superior a las otras, mientras que los musulmanes estaban rezagados por su creencia en una falsa fe. Esa justificación evidentemente oscurecía intereses mucho más mundanales como es la sed de dominio y el petróleo, pero muchos (entre ellos Larraín) consideran plenamente justificado, hasta el día de hoy, que los musulmanes sean dominados por potencias extranjeras o dictadores terribles para mostrarles el orden y la civilización de la que carecen.

    Los musulmanes son más de 1.300 millones, viven en países diversos, es una minoría la que pertenece al mundo árabe, de hecho, el país de mayoría musulmana más poblado del mundo es Indonesia. Pakistán, Malasia y Nigeria son países de mayoría musulmana y no son árabes. En India y China hay minorías musulmanes bastante numerosas. En Europa y América existen musulmanes desde antes de las olas migratorias del siglo XX y XXI. De hecho hoy en día se sabe que hubo musulmanes en los viajes de conquista española, solo por dar un ejemplo. En Chile existe una minoría musulmana creciente, ya sea por temas laborales (gente de diversos países musulmanes que han encontrado trabajo en Chile en el ámbito privado y público pero que están un tiempo más bien acotado); por migración (extranjeros de fe musulmana que se han radicado en Chile); o por conversión (chilenos que se convierten al islam) reconocer que este grupo es un aporte al país es fundamental. Desde las primeras colonias árabes (no todos ellos musulmanes) en Chile en el siglo XX el aporte cultural ha sido significativo: en la comida, las artes, la academia, los deportes, etc.

    Los musulmanes y los judíos han sido miembros de pleno derecho en la construcción del mundo moderno, pero no se les ha reconocido como tal por razones de ignorancia cuyo resultado más obvio es la fobia. Terminar con la idea de que todos los musulmanes son violentos es una tarea fundamental que se inscribe dentro del objetivo de terminar con todas las formas de discriminación. El conservadurismo católico desde la Edad Media pretende demostrar que el cristianismo es la única religión válida y ha intentado refutar a base de puros prejuicios al judaísmo y al islam, pero dejamos la Edad Media atrás hace siglos, en esta era de migraciones globales y de violencia global, se nos impone refutar las fobias y comenzar a ver a los “otros” como iguales.

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  2. Israel y el problema de la paz con Palestina

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    Pablo AlvarezQueda de manifiesto entonces, que si Israel desea permanecer como un Estado democrático, el único en la región, deberá producirse un cambio radical, ya que es incompatible la ocupación de Palestina de manera perpetua, las visiones negativas de los árabes (israelíes o extranjeros), con la idea misma de un estado democrático.

    El juicio al soldado israelí de 20 años Elor Azaria, que en marzo del año 2016 mató por un disparo en la cabeza al palestino Abd Fatah Al-Sharif, que estaba tendido en el suelo luego de haber sido reducido por efectivos del ejército israelí, se ha transformado en un potente ejemplo de lo dividida que está la sociedad israelí, pero esa división no es simplemente en torno a los efectos del conflicto palestino, sino a la idea misma de lo representan el pueblo palestino para los israelíes ¿de qué otra forma se explica que un ser humano dispare en la cabeza a otro humano tendido en el piso, desarmado y herido?.

    Azaria es un caso más de un muchacho israelí que en el cumplimiento de su servicio militar debe patrullar las calles de la Cisjordania ocupada por Israel, una tarea ya estresante para un joven, pero con el añadido de que, para toda la sociedad israelí, desde hace décadas los territorios “en disputa” como señala oficialmente el gobierno israelí, son escenarios de una guerra. Por lo tanto, y esta es una de las explicaciones de algunos defensores de Azaria, cuando un soldado es enviado al campo de batalla y dispara, las muertes resultantes de este proceso son el corolario evidente de una situación de guerra. También se señaló que el soldado reaccionó en defensa propia, pero lo cierto es que el video del incidente es categórico, Abd Fatah Al-Sharif, el palestino que intentó apuñalar a un soldado israelí, estaba en el suelo y desarmado cuando recibió el disparo en la cabeza por parte de Azaria.

    El caso se transformó en un espectáculo mediático que dividió a la sociedad israelí, incluso llegando al mismísimo Primer Ministro Benjamin Netanyahu, que solicitó un perdón para Azaria. Esta división no es simplemente expresión de la importancia que tiene el ejército en la sociedad israelí, tampoco es simple expresión de las profundas divisiones culturales entre las viejas elites de origen europeo y laicas versus un creciente sector ultra religioso, es además, la expresión clara del problema de fondo del conflicto entre Israel y Palestina: la idea misma que tienen en Israel sobre los árabes en general y los palestinos en particular.

    Muchos analistas especulan sobre la viabilidad de la solución de los dos estados (Israel por un lado y Palestina por el otro), pero no hay más que recordar que fue el mismo Edward Said quien a comienzos de los años 90 del siglo recién pasado, habiendo regresado a Palestina después de décadas de ausencia, que se dio cuenta de la inviabilidad de un estado Palestino luego de la ocupación de Israel desde la guerra de 1967. Para Israel Gaza y Cisjordania son territorios en disputa, no zonas ocupadas, este es el principal argumento para rechazar la reciente resolución del consejo de seguridad de Naciones Unidas número 2334. Por otra parte, la profunda desconfianza de ambas partes es, evidentemente, otro factor gravitante, pero ambos elementos están anclados en una visión sumamente negativa del otro.

    Desde los padres fundadores del Estado israelí con David Ben Gurion a la cabeza, la desconfianza a los árabes y musulmanes ha sido la tónica en Israel. Netanyahu no es simplemente una muestra más de esa desconfianza, es el epítome de ella. Pero además, la ocupación de territorios palestinos desde la Guerra de los Seis días en 1967, ha significado que generaciones de jóvenes israelíes, tal como Elor Azaria, han debido cumplir con el servicio militar obligatorio en una zona de alta tensión. La asociación Breaking the silence formada por ex soldados israelíes se ha encargado de denunciar los abusos a los que son sometidos los palestinos por parte del ejército israelí. No hace falta mucho andar por territorios palestinos para darse cuenta de las constantes humillaciones y restricciones que viven los palestinos en los territorios bajo administración israelí. Por lo tanto, las preguntas que cabe hacerse son: ¿qué es lo que anima al Estado de Israel a mantener esta política de asentamientos, que hasta el mismo EEUU ha denunciado? ¿Qué es lo que anima al Estado de Israel a mantener un control militar sobre territorios que la ONU ha dejado claro, en reiteradas resoluciones, que son territorios ocupados?

    Una respuesta tentativa a estas interrogantes es que la visión negativa sobre los palestinos, que ha empeorado con el tiempo, es y ha sido una piedra tope fundamental para poder arribar a una solución definitiva entre ambas partes. Si pensamos, como se señaló más arriba, que desde los padres fundadores del Estado de Israel la desconfianza a los árabes y musulmanes han sido una constante, con puntos altos como el líder del revisionismo sionista Zeev Jabotinsky, que planteaba la idea de un muro de hierro que separara al Estado israelí de los árabes, que a su vez acusaba a David Ben Gurion de ser demasiado blando en este tema, hasta el día de hoy en que luego de los sucesos del 11 de septiembre del 2001, Charlie Hebdo, Niza, Berlín, ISIS y otros, la islamofobia y las representaciones negativas de los árabes y musulmanes cunden, ya sea en la cultura popular expresada en Hollywood, donde todos los malos de las películas parecieran ser árabes, hasta el nuevo populismo estilo Trump, en que pareciera que los árabes son los responsables últimos de toda la violencia del mundo. En Israel esta percepción no es solo un capítulo más de un problema global, sino que es un capítulo de enorme importancia, por su ubicación geográfica, pero también por su importancia estratégica en relación a que el conflicto por Palestina es uno de los más largos y tortuosos de la historia contemporánea y un factor de enorme inestabilidad para la región.

    El mismo John Kerry, ya en sus últimos días de Secretario de Estado de Estados Unidos, el 28 de diciembre pasado, señaló que la única solución al conflicto es la creación del Estado Palestino. Kerry se ganó el repudio Netanyahu luego de que EEUU no vetara la resolución 2334 de diciembre pasado en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, pero que cómo expresó una reciente editorial del periódico israelí Haaretz, Kerry es un verdadero amigo de Israel. El Secretario de Estado ha señalado, a su vez, que la permanente ocupación israelí de territorios palestinos no puede conciliarse con el carácter democrático del Estado de Israel.

    En definitiva, si lo que está en juego es la paz en una zona de extrema sensibilidad geoestratégica, se debiese abordar la problemática en toda su complejidad y el gran problema de esto es que estamos ante una profunda desconfianza entre las partes. Israel reclama que los palestinos deben reconocer el derecho de Israel de vivir y habitar en un territorio contiguo al de los palestinos, pero si analizamos la historia desde los acuerdos de Oslo hace más de veinte años, ese paso ya se dio cuando la Organización de Liberación de Palestina con Yasser Arafat se sentó a negociar con Isaac Rabin y Simón Peres. Sin embargo, y esto queda de manifiesto con el asesinato cometido por Elor Azaria, persiste en Israel una profunda minusvaloración hacia los árabes y los palestinos en particular.

    Si bien en Israel existe el Estado de Derecho y viven árabes en su interior, la profunda desconfianza hacia ellos ha sido incluso analizado en un número reciente de la revista norteamericana Foreign Affairs. Queda de manifiesto entonces, que si Israel desea permanecer como un Estado democrático, el único en la región, deberá producirse un cambio radical, ya que es incompatible la ocupación de Palestina de manera perpetua, las visiones negativas de los árabes (israelíes o extranjeros), con la idea misma de un estado democrático. Algunos dirán que esa desconfianza hacia los árabes y musulmanes es lógica como resultado de la historia, pero es de toda lógica señalar que no todos los árabes y musulmanes son radicales, es la potencia ocupante la que debe crear las condiciones para que los elementos radicalizados no se reproduzcan. El futuro de la paz depende, no solo de un cambio de estrategia política, depende en mayor medida de un cambio en la visión del otro.

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  3. Pablo Álvarez, Secretario de Estudios de la Escuela de Historia, detalla el proyecto “La Guerra Fría desde La Nación. Exploración de archivos”

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    Pablo Álvarez ,Secretario de Estudios de la Escuela de Historia

    Pablo Álvarez, Secretario de Estudios de la Escuela de Historia

    ¿En qué consiste este proyecto Semilla?

    El proyecto Semilla nació el año pasado, más o menos en septiembre. Con un grupo de profesores de la Escuela visitamos el archivo de La Nación que está en manos de la Universidad, nos gustó mucho el material que había ahí. Es un material que está sin explorar mayormente por historiadores, por lo tanto, decidimos que era una muy buena oportunidad para explorarlo, ver lo que se puede sacar de ahí, qué es lo que hay, y qué puede ser utilizado con propósitos historiográficos. Decidimos armar el proyecto Semilla en ese momento y nos embarcamos en esta tarea. Nos enmarcamos dentro de los años de la Guerra Fría, desde finales de los 40′ hasta finales de los 80′, y principios de los 90′, para darle un marco temporal a la exploración.

    ¿Cuáles son los objetivos que persigue?

    La idea del proyecto es exploratoria. Primero ver cuál es el material que hay. Los profesores que estamos en el proyecto somos todos de la Escuela Historia, con intereses variados y por ello, a partir de estos, queríamos ver qué nos podía ofrecer el archivo. Además, es una muy buena oportunidad para involucrar a los estudiantes de la Escuela, ya sea en pregrado o del Magíster.

    ¿Qué proyecciones tiene este trabajo?

    ¿Cómo será la integración de estudiantes al proyecto?

    Llamamos a concurso y ya tenemos trabajando con el archivo a dos estudiantes en el marco de sus tesis, uno del Magíster y otro del pre-grado. Eso nos va a tributar a nosotros directamente, porque ellos son los que están haciendo la exploración en esta fase, y además ellos sacarán como resultados sus tesis. El próximo semestre tenemos planificado trabajar en dos seminarios con archivo, y vamos a llamar a prácticas electivas justamente a partir de este proyecto.

    ¿Quiénes componen el equipo de trabajo?

    Están involucrados distintos profesores de la Escuela. El profesor Santiago Aránguiz, coordinador académico de la Escuela, la profesora Consuelo Figueroa, directora de la Escuela y el profesor Cristián Castro, director del Magíster en Historia de América Latina UDP. Las funciones que desempeñamos todos están bastante acotadas:

     

    ¿Cuál es el aporte que realizan a la Escuela y a la Universidad? 

    Yo diría que hay dos aportes bien grandes. Uno es que la Escuela de Historia está tomando parte en la exploración de un archivo que estaba disponible para la Universidad, para el mundo académico pero que no estaba mayormente explorado por historiadores. En el fondo lo que estamos haciendo aquí es empezando a transitar y caminar por una senda que estaba inexplorada, por lo que pienso es un aporte importante desde la Escuela de Historia, desde la Universidad incluso, porque es la que tiene este archivo. Lo segundo, es que al involucrar a estudiantes de pre-grado y del Magíster, los estamos trayendo al trabajo propio del historiador, al oficio. Los estamos fogueando desde el pre-grado en un área que es propia del historiador y eso tiene un valor inestimable. No todos los estudiantes de las carreras de Historia tienen la suerte de poder trabajar con un archivo que no está mayormente explorado y en un proyecto que involucra a toda la Escuela.

    La exploración completa del archivo se realizará hasta fin del año 2016, en paralelo al trabajo de los seminarios, los estudiantes y la lectura de bibliografía complementaria para marcos teóricos. “La Escuela de Historia no podía quedarse de brazos cruzados y no tomar parte de la riqueza de este archivo, lo que podía ofrecer este tesoro que adquirió la Universidad”, finaliza el académico.