Tag Archive: Papa Francisco

  1. Visita del Papa Francisco a Chile

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    Ana Maria StuvenAna María Stuven, académica de la Escuela de Historia UDP, participó del programa Vía Pública del Canal 24 Horas sobre la próxima visita del Papa Francisco a Chile el próximo 15 de enero.

    “Hace bastante tiempo que el gobierno está interesado en que venga el Papa y le han cursado varias invitaciones -varios gobiernos además- . Yo creo que el Papa se ha hecho su itinerario de viaje con ciertas prioridades y por eso le toca Chile ahora dentro de su concepción y dentro de su plan para su pontificado”.

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  2. El Chile que recibirá al Papa Francisco

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    gabriel cid ccssEn 1987 fue la primera y hasta hoy única visita de un Sumo Pontífice a suelo chileno, pero el Vaticano confirmó el arribo del Papa Francisco en enero de 2018. Sin embargo, historiadores y sociólogos apuntan a que lo hará en un escenario político y social diferente, con menos católicos y muchas críticas a la Iglesia, que contrastan con la visita de Juan Pablo II.

    Según Gabriel Cid, historiador de la U. Diego Portales, la visita del Papa Juan Pablo II -de la que el pasado 1 de abril se cumplieron 30 años- es uno de los eventos más trascendentes en la historia de Chile del siglo XX.

    Por eso, el anuncio del vocero del Vaticano, Greg Burke, quien dijo que acogiendo la invitación de los respectivos jefes de Estado y obispos, “Su Santidad, el Papa Francisco, realizará un viaje apostólico a Chile del 15 al 18 de enero de 2018”, está generando expectación.

    Pero fue el propio gobierno el que aclararía que la segunda visita de un Sumo Pontífice al país sería en un contexto político y social distinto al de Juan Pablo II. “El Papa Francisco llegará a un país con pleno estado de derecho, que recuperó su democracia en 1990, que es mucho más diverso en distintos ámbitos, con un creciente número de inmigrantes”, dijo el ejecutivo en un comunicado.

    Tres décadas de cambios

    El Chile que recibió a Karol Józef Wojtyla, verdadero nombre de Juan Pablo II, difería en muchos aspectos al actual. En 1987, el país tenía apenas 83.805 inmigrantes (el 0,7% de la población). Hoy, según el Departamento de Extranjería, hay 477 mil, un 2,7% de la población.

    Las mujeres -en promedio- tenían casi tres hijos (hoy la Tasa Global de Fecundidad es de 1,8) y la esperanza de vida promedio era de 72 años, hoy un chileno vive en promedio una década más. En 1987 había seis millones menos de personas en el país y 95 mil de ellas se casaban anualmente. Hoy, se producen 30 mil matrimonios menos.

    Pero, además, las expectativas frente a la llegada de Juan Pablo II eran muy altas. Con dos años de anticipación se crearon un eslogan, una oración y una canción. Se repartieron, además, medio millón de Altares Familiares, que tenían en el centro el rostro de Cristo y que podían apreciarse en muchas casas.

    El viaje se materializó entre el 1 y el 6 de abril de 1987. En esos seis días recorrió Antofagasta, La Serena, Valparaíso, Santiago, Concepción, Temuco, Puerto Montt y Punta Arenas. Francisco visitará sólo tres ciudades: Iquique, Santiago y Temuco.

    En 1987, Chile atravesaba una etapa compleja de su historia. Octavio Avendaño, sociólogo y académico de Sociología de la U. de Chile, señala que en ese momento existían condiciones autoritarias y se comenzaba a discutir el proceso de transición a la democracia. “Las circunstancias son distintas a las actuales. Hoy, en su visita se abordarán temas que representan un desafío para la sociedad, como la migración y el conflicto mapuche, por algo elige esos lugares”, destaca Avendaño.

    Con Juan Pablo II, agrega, se tenía la esperanza de que cambiarían las condiciones sociales y políticas. Así, entre las multitudes de personas que se reunían en cada uno de los lugares que visitó se podían ver pancartas en que se pedía el término del régimen militar.

    Para Marcial Sánchez, profesor de Historia de la Iglesia en la U. Católica, la visita de Juan Pablo II se produce en un contexto muy diferente. “Estábamos en dictadura, donde el Papa venía a entregar un mensaje de paz. La gente no sabía cómo iba a suceder eso y en cada encuentro se buscó darle a conocer lo que sucedía”.

    Ana María Stuven, historiadora del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales de la U. Diego Portales, resalta que el Papa Francisco no causará el mismo impacto en el sentido político como la visita anterior: “Estaba la esperanza de que el Papa presionara a la dictadura de Pinochet por el mayor respeto a los derechos humanos”, destaca.

    En la visita de 1987 había que asegurar una salida pacífica al gobierno de la época, agrega Avendaño. “Hoy es difícil que por su intervención se materialice una política o un cambio, pero de todas maneras instalará una discusión y será interesante ver el momento cómo lo abordará”, aclara.

    Los lugares que escogió tampoco son casualidad. “Me gusta que vaya a Iquique por el tema de los migrantes, y por el tema de Perú y Bolivia. Viene como emisario de paz. En Temuco está el tema de la situación de los pueblos originarios en su generalidad y tendrá que escuchar la reivindicación de los temas mapuches. No me cabe la menor duda de que sabe qué es Chile, porque es argentino, conoce a monseñor Ezzati y conoce nuestra Iglesia”, resalta Sánchez.

    Transformación interna

    Y si bien la relevancia política puede ser menor, sí lo será dentro de la propia Iglesia, dice Stuven. Ello, porque ha sido una figura que asumió con una postura más abierta ciertos cambios doctrinarios, principalmente en la gestión de la curia.

    “En el caso chileno, que ha habido abusos por parte de la Iglesia, la postura firme de él será importante para fortalecer a quienes dentro de la Iglesia quieren abrirla a cambios necesarios. El hecho de que sea jesuita es un apoyo a la doctrina jesuita en Chile, una apertura hacia el pluralismo dentro de la Iglesia chilena. Ojalá trabaje con la Conferencia Episcopal, ojalá salgan aperturas como la incorporación de la mujer dentro de la Iglesia en Chile”, dice Stuven.

    Otra diferencia es en el fuero católico. La encuesta Bicentenario, en 2014, señaló que el 59% de la población se declaraba católica, cifra que en 2006 era de 70%.

    ¿Cómo reaccionará si es interpelado por los abusos de la Iglesia? Sánchez destaca que el actual Papa tiene una cualidad: no elude las preguntas.

    “Dice la verdad; si le preguntan sobre eso, responderá. Además, Chile es el primer país que hace frente a esas situaciones de la Iglesia y genera una comisión, todo lo que se ha dado a conocer se ha investigado como corresponde, y él hace frente a todo tipo de temas”.

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  3. Las mujeres en la Iglesia

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    Ana Maria Stuven

     

    Ana María Stuven

    No solo en estos días, en su viaje de regreso de Manila, el Papa Francisco ha llamado la atención con interés y preocupación sobre la ausencia de las mujeres en lugares representativos en la estructura de la Iglesia Católica. En Evangelii Gaudium, Francisco hizo un reconocimiento respecto a que las reivindicaciones de los derechos de la mujer interpelan a la Iglesia institucional con cuestionamientos que no puede eludir.  Porque efectivamente la Iglesia no ha querido admitir que los impedimentos a que las mujeres ocupen ciertos lugares en la estructura eclesial son de carácter histórico, asociados a culturas patriarcales, los cuales por siglos confinan a la mujer a una situación de dependencia y sumisión.

    Otorgarle un lugar a la mujer, qué duda cabe, ha sido un desafío para la historia de la Iglesia Católica, ya que las imágenes bíblicas de la mujer han permitido diversas interpretaciones sobre su naturaleza. Mujer fue Eva, pero también fue mujer María, la madre de Jesús. Eva ha sido asociada históricamente a la naturaleza débil frente al pecado; a María se le ha venerado como modelo de femineidad asociada a la maternidad y al silencio. Eva fue origen del desorden en el mundo, María la madre de quien legó un nuevo orden, a menudo identificado erróneamente con un modelo de sociedad que valora sobre todo el influjo doméstico de las mujeres.

    En nuestro continente americano, y para hablar de Chile, ambas mujeres se han asociado también con nuestra historia republicana, en la necesidad que imponía la modernidad política de pensar los principios de soberanía popular y representación en función de todos los habitantes de la nación. María ha sido la “madre” de la patria. Pero Eva ha sido más que una metáfora para afirmar la naturaleza pasional y poco racional de la mujer, justificando así su incapacidad, por ejemplo en el siglo XIX, para acceder a la llamada “educación científica” de donde podía surgir su perdición. La Iglesia, apostó por ellas como su bastión contra las ideas amenazantes de una modernidad que fundaba el Estado secular sobre principios de autonomía y neutralidad, de los cuales se desprendía una institucionalidad secular, independiente de toda tuición eclesiástica. El Estado no pudo eludir plantearse el problema del espacio de incorporación de las mujeres, cuyo rol en la sociedad civil y política no había merecido discusión.

    Cada vez que un conflicto amenazó el poder la Iglesia, las mujeres fueron llamadas a las trincheras. Ellas amenazaron al presidente Montt con lanzarse a las ruedas del carruaje que llevaría a Monseñor Valdivieso al exilio si no se sometía al dictamen de la justicia civil que contradecía la sanción de los tribunales eclesiásticos; ellas repletaron las tribunas del Congreso vociferando contra la posibilidad de derogar el artículo V de la Constitución que prohibía cualquier culto no católico; ellas fundaron periódicos y salieron a las calles contra la promulgación de las leyes laicas. Ellas fueron protagonistas preferentes en la lucha por la libertad de enseñanza contra un Estado docente que podía poner en riesgo la trasmisión de la fe católica a través del sistema educacional.

    “Puede en cierto modo afirmarse que la vida o la muerte de la sociedad doméstica y civil pende de las mujeres: tan potente y decisiva es su influencia para el bien o para el mal”, argumentó Monseñor José Hipólito Salas, Obispo de Concepción en l865, en su discurso de recepción a las Monjas del Sagrado Corazón de Jesús. Otro pedagogo de la mujer, Ventura di Raulica, fue elocuente al respecto: “La familia entera no es otra cosa que lo que la mujer la hace, no es otra cosa que un espejo fiel de sus buenas cualidades o de sus defectos, de sus virtudes o de sus vicios; y por consiguiente, la sociedad civil (que no es otra cosa que la reunión de las familias bajo una cabeza política, así como la familia es la reunión de los individuos bajo una cabeza doméstica) no es otra cosa que lo que las mujeres han hecho…”. Los textos mencionados demuestran reconocimiento hacia que lo privado, correspondiente al ámbito de la mujer, tenía prolongaciones hacia la sociedad civil pública, ejercido desde el espacio y en las condiciones definidas históricamente como correspondientes a su naturaleza. La familia tuvo, históricamente, sexo femenino.

    ¿Qué sentido tiene hacer esta reflexión histórica en el contexto social y eclesial de hoy? Presentar la historia de las posturas eclesiásticas sobre la mujer en una situación de adecuación a cambios sociales, culturales y políticos como fue el siglo XIX permite identificar la tendencia que ha prevalecido en el sentido de, por una parte, confinar a la mujer al espacio doméstico sin otorgarle derechos ciudadanos, pero, por otra, apelar a su autoridad, especialmente familiar, a la hora de defender el orden social, la estabilidad, la tradición y la resistencia a la innovación. También ha sido una manera de impedir que aparezca, como dijo Francisco, la riqueza de su mirada y la complejidad de su visión. Pero, lo más grave, al cerrar las puertas al reconocimiento de sus derechos y de su dignidad se reafirma el patriarcalismo y el machismo que en nada favorecen a la Iglesia en los tiempos de hoy.

    Ojalá el papa Francisco, atento a la historia, no cometa los errores de quienes, creyendo que recluir a la mujer a una situación de inferioridad institucional, puede detener las exigencias de justicia y de participación, privándose del benéfico influjo que podrá tener la mujer en la renovación de la Iglesia. Aunque no es parte de la agenda del Sínodo 2015, reconocer que la familia ha sido de sexo femenino puede abrir nuevos derroteros en la senda de la igualdad y dignidad de la comunidad de los fieles católicos. Hablar de familia sigue siendo hablar de mujeres. ¿No debería entonces la Iglesia asumir que urge revisar la situación de la mujer en su interior, que es parte ineludible de la reflexión en torno a la familia?

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