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  1. La tentación refundacional

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    En la medida que en el futuro los candidatos erradiquen las palabras revolución y refundación de sus discursos, los chilenos habremos experimentado una de las transformaciones más profundas a las que puede aspirar una democracia moderna: habremos pasado de escoger líderes mesiánicos a elegir Presidentes que, con sus fortalezas y debilidades, reforman y no refundan al país.

    De todos los legados controversiales que dejó el gobierno de Michelle Bachelet, el que más lecciones debiese dejar es el fracasado intento por refundar el país. Porque Chile necesita reformas que mejoren lo malo y profundicen lo bueno, la democracia chilena se consolidará sólo si los futuros gobiernos abandonan los ímpetus fundacionales. En la medida en que los futuros gobiernos se entiendan como reformistas y no como revolucionarios, el país podrá avanzar por el sendero del desarrollo y la consolidación democrática.

    Hace cuatro años, la victoria por amplia mayoría que obtuvo Bachelet en la segunda vuelta presidencial alimentó los sueños revolucionarios en muchos que habían vivido la derrota de la UP en 1973, la transición pactada a la democracia en 1988-90 y la moderación de la izquierda en los exitosos 20 años de gobiernos concertacionistas. Para muchos —incluida la propia Bachelet— esta era la última oportunidad para intentar una revolución. Para ser fieles a sus sueños de juventud, esa generación que gobernó con Bachelet decidió emprender una serie de cambios que, sumados, podrían considerarse como revolucionarios.

    Ahora bien, aunque algunos profetizaron la aparición de un nuevo modelo y otros anunciaron la llegada de una retroexcavadora, las ínfulas revolucionarias en el gobierno de Bachelet fueron mucho más ambiguas y desordenadas. La propia Bachelet demostró menos compromiso con el ímpetu fundacional una vez en el poder que el que había demostrado en campaña. En vez de empujar un proceso constituyente desde el primer día en el poder, Bachelet optó por una reforma tributaria y una reforma electoral. Si bien eso debió ser una señal contundente de que no habría nueva Constitución (nadie remodela el segundo piso si tiene planes de botar la casa el año siguiente para construir otra nueva en su lugar), los nostálgicos de la revolución siguieron apostando a que Bachelet haría transformaciones fundacionales en su período.

    Pero, aunque sus defensores insisten en lo contrario, los cambios que ella hizo son reformas que pueden ser revertidas por futuros gobiernos, no cambios sustantivos y permanentes que pueden considerarse como revolucionarios. Para empezar, la reforma tributaria necesita correcciones y el nuevo gobierno introducirá cambios. Además, en todas las democracias maduras las elecciones siempre son ocasiones para alterar el código tributario, de ahí que nadie puede pretender que una reforma tributaria será inmutable.

    Por su parte, la reforma que pone fin al copago y la selección en los colegios será implementada gradualmente, por lo que el nuevo gobierno tendrá oportunidad de modificarla, frenando algunos cambios e impulsando otras prioridades. Ya que Bachelet optó por introducir la gratuidad en educación superior a través de una glosa presupuestaria, y no por una ley detallada y bien diseñada, el próximo gobierno tendrá amplia discrecionalidad para modificar la forma en que avance y se materialice e beneficio. La reforma laboral fue redactada de forma tan ambigua que los reglamentos que discrecionalmente redacte el futuro gobierno influirán sustancialmente sobre la fuerza negociadora de los sindicatos. Incluso el nuevo sistema electoral, que remplazó al binominal, podrá ser cambiado por futuros gobiernos. Después de todo, ya que todos los sistemas electorales distorsionan de forma distinta, siempre habrá poderosos argumentos para criticar las distorsiones que produce cualquiera de ellos.

    Es innegable que las reformas que implementó el gobierno de Bachelet dejarán huella y tendrán consecuencias. Cuatro años en el poder permiten alterar la dirección en que avanza el país. El nuevo gobierno dejará también sus propias huellas, pero su legado será menos significativo si dedica mucho tiempo a tratar de revertir el legado del gobierno anterior. Por lo tanto, nadie puede dudar que las consecuencias de las reformas de Bachelet se sentirán por mucho tiempo.

    Pero su gobierno no fue refundacional. Su promesa de impulsar un proceso constituyente no se materializó (aunque el gobierno envíe un proyecto de ley de último minuto que el Congreso no discutirá porque se irá de vacaciones). El país avanzó (en la dirección correcta o equivocada, dependiendo de las preferencias de cada quien), pero no hubo refundación. Eso habla bien de nuestra institucionalidad. Pero eso también debiera convertirse en una lección a ser aprendida por futuros gobiernos. Cuando las democracias funcionan, los gobiernos introducen reformas y cambios, no lideran revoluciones ni promueven refundaciones.

    En la medida que en el futuro los candidatos erradiquen las palabras revolución y refundación de sus discursos, los chilenos habremos experimentado una de las transformaciones más profundas a las que puede aspirar una democracia moderna: habremos pasado de escoger líderes mesiánicos a elegir Presidentes que, con sus fortalezas y debilidades, reforman y no refundan al país.

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  2. ¿Brexit a la chilena? Expertos cuestionan validez de encuestas electorales

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    El economista y experto en políticas públicas Eduardo Engel ha cuestionado fuertemente las mediciones electorales. Otros, como Patricio Navia, afirman que al menos representan la fotografía de un momento. De todas formas, crece la incertidumbre sobre la certeza de los pronósticos.

    Es año de elecciones y uno de los grandes protagonistas semana a semana han sido las encuestas que miden las posibilidades de cada aspirante a La Moneda.

    Sin embargo, a raíz de los resultados de la encuesta CEP del pasado viernes, comenzaron a levantarse voces que cuestionan la validez de los modelos predictivos. En su habitual columna dominical en La Tercera, el doctor en Economía y miembro del centro de estudios Espacio Público, Eduardo Engel, planteó de manera concreta las dudas respecto de la falta de fiabilidad de las mediciones.

    “Algo no calza al comparar las encuestas de Adimark y el CEP que conocimos esta semana”, afirmó. “La primera da un 21% de las preferencias para Guillier; la segunda, solo un 13%”, partió explicando el ex presidente del Consejo Asesor para la Transparencia.

    El especialista señala que la diferencia es llamativa tomando en cuenta que en ambas el margen de error es del 3%. Por eso plantea la duda respecto de la precisión de este último porcentaje en Adimark. La encuesta CEP en su última versión registró una tasa de respuesta de 79%. En Adimark, en tanto, no se publica la tasa de respuesta, la que Engel sospecha debe ser inferior a la del Centro de Estudios Públicos, debido a que se realiza de manera telefónica, y no presencial como la CEP. La consulta por teléfono suele tener tasas de respuestas muy bajas, además de sesgar a favor de aquellas personas que aún cuentan con teléfono fijo y se encuentran en sus hogares. Esto también es el caso del sondeo Cadem que todas las semanas pautea a muchos medios y analistas políticos.

    Engel apunta también que los datos aportados por quienes sí respondieron pierden valor en el caso de que la mayoría de los contactados decida no contestar las preguntas. Por ello, argumenta, debería aumentar el margen de error. Esto se suma al hecho de que es prácticamente imposible saber si los que respondieron efectivamente asistirán a votar.

    Ante esta falta de rigurosidad, el también profesor titular de la Universidad de Chile propone que todas las encuestas deberían transparentar su tasa de respuesta y explicitar, además, los métodos que utilizan para calcular el margen de error. Pero también emplaza a que las mediciones sean acompañadas de auditorías externas, y que sus bases de datos estén disponibles para otras entidades como una manera de verificar su exactitud.

    Otros analistas, si bien comparten parte del análisis de Engel, difieren en algunos aspectos. El cientista político Patricio Navia manifiesta que las encuestas presenciales también tienen sus propios problemas. El académico se refiere a que mediciones como la CEP tardan mayor tiempo y además su precio es mucho más costoso, por lo tanto, no captan lo mismo que las telefónicas, que representan un espacio temporal mucho más acotado. “Una encuesta presencial es como una foto abierta por varios segundos, entonces si se mueve la gente se te va a mover la foto”, asegura Navia.

    El profesor de la Universidad Diego Portales expresa además que si bien la tasa de respuesta es importante para determinar el valor que se le atribuye al resultado de la encuesta, la rigurosidad no sólo le compete a los encuestadores: “Todavía falta algo de transparencia para entregar todos los elementos metodológicos que permitan hacer una evaluación correcta, pero también falta profesionalismo en el periodismo cuando se entregan resultados. Los periodistas entregan resultados diciendo que el candidato subió dos puntos, siendo que si el margen de error son 3 puntos, el candidato en cuestión sigue estando en el mismo lugar donde estaba en la encuesta anterior”, indicó.

    ¿Sesgo en las encuestas?

    Los números de las mediciones no pasan desapercibidos y repercuten directamente en las decisiones de los partidos. Sin ir más lejos, el Partido Socialista decidió proclamar como candidato presidencial a Alejandro Guillier basado en que era el militante de la Nueva Mayoría que lideraba las encuestas.

    Si bien no existe evidencia de que los resultados de los sondeos estén torcidos a favor de ciertos intereses políticos -sea a través de metodologías poco transparentes o la forma de preguntar que puede inducir respuestas- llama la atención que las más mencionadas por la prensa pertenezcan a la derecha y estén gestionadas por gente cercana a Sebastián Piñera.

    Por ejemplo, la encuesta semanal “Plaza Pública” de Cadem está a cargo de Roberto Izikson, ex asesor del gobierno de Sebastián Piñera. El Centro de Estudios Públicos, en tanto, fue fundado por Eliodoro Matte, y en su extenso equipo cuenta con personajes como el ex ministro de Educación de Piñera, Harald Beyer, o el empresario Roberto Angelini. Adimark, por su parte, es propiedad de Roberto Méndez, quien hace años es uno de los consejeros cercanos de Piñera.

    Si bien Patricio Navia no repara específicamente en esto, sí expresa que debiese haber mayor transparencia en algunos aspectos: “Sería importante reportar si las encuestas que están haciendo es todo el cuestionario o si adicionalmente agregan otras preguntas que finalmente no aparecen en el informe. Deberían decirlo públicamente, porque si no lo dicen, no sabemos qué tipo de sesgos te está dando el cuestionario. Lo que normalmente pasa en estas encuestadoras es que meten sus preguntas en encuestas más grandes”.

    ¿Un nuevo error a la lista?

    Las encuestas han perdido validez en el mundo. Esto luego de que numerosas y respetadas empresas de mediciones pronosticaran que Hillary Clinton iba a ganar la elección presidencial en Estados Unidos; o que los votantes del Reino Unido se inclinarían por mantenerse en la Unión Europea, o que los colombianos aprobarían el acuerdo de paz entre el gobierno y las FARC.

    Hoy en Chile se instala la misma desconfianza. “No sé cuán probable sea, porque no sabemos bien qué están midiendo las encuestas. Para evaluar eso vamos a tener que ver las encuestas inmediatamente antes de una elección. Las encuestas de hoy suponen que la elección sería este domingo, y no lo es, por lo tanto no puedes medir la encuesta de hoy con los resultados de noviembre y decir que se equivocaron, porque la encuesta de hoy mide la percepción de hoy”, señala Patricio Navia.

    Diego Pardow, académico de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, sostiene que a raíz de los recientes fiascos internacionales, los encargados de las mediciones deben pensar críticamente acerca de los errores que ha cometido la disciplina. La abstención, señala Pardow, es un componente que perjudica la proyección de las encuestas, algo que tal como ocurre en Chile actualmente, también fue parte del contexto de las elecciones a las que no apuntaron las encuestas en otros países.

    “Algún mecanismo va a tener que inventarse para ligar con la abstención que hay en los procesos ahora, pero mientras no se encuentre una manera, es difícil que le apunten todas las encuestas. Mientras no se encuentre van a seguir fallando algunas. Lo que pasa es que ahora varias se juntaron”, indicó.

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  3. Los Trump, Macron y Le Pen chilenos

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Hay algunos observadores de la política chilena que creen que los fenómenos que han marcado las elecciones recientes en Estados Unidos y Europa también definirán lo que ocurrirá en la contienda electoral de noviembre. Pero a diferencia de Estados Unidos y Europa, donde es dominante la percepción de que el futuro es menos promisorio que el pasado, en Chile todavía reina el optimismo sobre el futuro.

    Después de que alguno de los países a los que más atención ponemos como chilenos experimenta un cambio electoral significativo, no faltan los que buscan la versión nacional de ese fenómeno. Ahora no son pocos los que empiezan a buscar a la Marine Le Pen o al Emmanuel Macron de Chile. Pero además del provincianismo que implica querer copiar fenómenos extranjeros, ese esfuerzo olvida que las dinámicas electorales se producen por las condiciones particulares de un país. Precisamente porque Chile avanza por caminos diferentes a los que han recorrido Francia y Estados Unidos en años recientes, los Donald Trump, Le Pen o Macron criollos difícilmente tendrán similar éxito. Para ganar acá, hay que entender lo que está pasando en el país y lo que está buscando el electorado nacional.

    Igual que aquellos que copian las modas que causan furor en otros países, hay algunos observadores de la política chilena que creen que los fenómenos que han marcado las elecciones recientes en Estados Unidos y Europa también definirán lo que ocurrirá en la contienda electoral de noviembre. Pero a diferencia de Estados Unidos y Europa, donde es dominante la percepción de que el futuro es menos promisorio que el pasado, en Chile todavía reina el optimismo sobre el futuro. Aunque el país pasa por un mal momento y la economía apenas crece, la gente todavía tiene altas expectativas hacia adelante. Los chilenos siguen creyendo que sus hijos tendrán mejores oportunidades en buena medida porque las oportunidades que hoy existen son ampliamente mejores a las que existían hace 20 o 30 años.

    Si bien en Chile hay poca movilidad social ascendente, hoy hay más que la que históricamente hubo. Aunque la desigualdad es vergonzosamente alta, nunca lo fue menos que hoy. Las altas tasas de crecimiento que experimentó el país en las últimas tres décadas —por más que se hayan frenado en los últimos años, producto del fin del ciclo alto de los commodities y también por errores no forzados del Gobierno— han generado un nivel alto de expectativas que dista mucho del pesimismo reinante en Francia o Estados Unidos.

    Si en ambos países hay fuertes movimientos contrarios a la globalización, en Chile reina el interés por profundizar la globalización. Desde la izquierda que demanda que el país alcance los estándares OCDE en derechos sociales y se abra a una mayor inmigración, hasta la derecha que defiende el modelo de libre mercado, el proteccionismo en Chile es una voz minoritaria. Es cierto que muchos demandan un rol más fuerte del Estado, pero incluso ellos aspiran a que el país tenga un Estado con una presencia y fortaleza comparable a la de los países OECD. Nadie —o muy pocos— pide cambios en la dirección de la izquierda populista latinoamericana. Son todavía menos los que quieren hacer que el país adopte posturas proteccionistas, nacionalistas o antiglobalización.

    De ahí que resulta difícil encontrar a la versión chilena de Le Pen. Por su parte, los postulados de Macron son ampliamente compartidos por la mayoría de los candidatos que hoy están en carrera. Aunque la política contingente y la cercanía de las elecciones agudice las diferencias y los candidatos busquen diferenciarse radicalizando sus discursos, no hay voces anti-sistema entre los principales contendores para la presidencia del país. La retroexcavadora chilena es juego de niños al lado de las promesas populistas y proteccionistas de Trump o Le Pen. La izquierda chilena está mucho más cerca de Macron —incluido el Frente Amplio— que de Mélenchon. A su vez, la derecha chilena se siente también más cómoda con François Fillon —o incluso el propio Macron— que con Le Pen.

    Es cierto que nuestro país tiene niveles de desigualdad inaceptables y que las oportunidades no están bien distribuidas. Hay mucho que hacer. Pero es innegable que el Chile de hoy es mucho mejor que el de 2006, 1990 y ciertamente muy superior al de los 60. Los chilenos están buscando a un líder que construya un mejor futuro, no son víctimas de la nostalgia de querer hacer Chile great again (porque nunca las cosas estuvieron tan bien como en estos últimos 20 años), ni han caído presos de un nacionalismo nostálgico. De ahí que, aunque los haya, los Trump y Le Pen chilenos no tienen el atractivo electoral que han tenido en Estados Unidos o Francia. A su vez, porque la voz de la moderación y el pragmatismo ha sido dominante en Chile, todos los candidatos presidenciales con opciones de ganar tienen un discurso parecido al de Macron.

    Es cierto que las elecciones donde compiten Le Pen o Trump generan más atención que aquellas donde el país escoge entre distintos líderes que prometen cambios marginales en la hoja de ruta. Pero los países en que las elecciones presentan alternativas radicalmente distintas son también países en problemas. En democracia, las elecciones son parecidas a los exámenes médicos. Mientras menos sorpresas den, mejor.

    Patricio Navia, #ForoLíbero

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  4. En qué se equivocó Lagos

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Lagos intentó construir una candidatura pensando más en los partidos que en el electorado que eventualmente debería votar por él. Al anunciar su postulación a fines de 2016, cuando el Gobierno de Bachelet completaba más de un año sin tomar el control político del país, Lagos buscó llenar un vacío político evidente al interior de la Nueva Mayoría. Pero su decisión ignoró el hecho evidente de que la gente todavía no estaba pensando en la próxima elección presidencial.

    Después de haber sido un Presidente transformador que llevó a la izquierda exitosamente de regreso a La Moneda, Ricardo Lagos fracasó dos veces en su intento por volver al poder. Si a fines de 2008 estableció exigentes condiciones que los partidos de la entonces Concertación no aceptaron, la más reciente aventura presidencial de Lagos, iniciada a fines de 2016, terminó hace unos días en un fracaso estrepitoso. En ambas ocasiones, el ex Presidente no supo leer adecuadamente el escenario político. En esta última entró demasiado temprano a la carrera y se retiró antes de tiempo. Además, Lagos equivocadamente se concentró en buscar el apoyo de los partidos, en circunstancias que los partidos son más un pasivo que un activo en el camino por ganar el apoyo popular.

    Nadie puede cuestionar la importancia de Ricardo Lagos en el proceso que culminó con la recuperación de la democracia y en los 20 años de gobiernos concertacionistas. Fue el primer izquierdista en volver a La Moneda después del traumático final del Gobierno de Allende en 1973, y a diferencia de él, Lagos culminó el suyo con éxito y con altos niveles de aprobación popular. Si bien sus detractores se han esmerado en destacar los aspectos negativos de su legado, Chile fue un mucho mejor país después del sexenio de Lagos. Su éxito explica también, por cierto, la victoria de Michelle Bachelet en 2005.

    Pero fue precisamente el éxito de su período lo que terminó por obnubilar al ex Presidente. A fines de 2008, Lagos estableció una serie de condiciones a los partidos de la Concertación antes de lanzar su candidatura. Entre ellas, pedía derecho a influir sobre la plantilla de candidatos al Senado y a la Cámara de Diputados. Los partidos rechazaron las condiciones de Lagos y él decidió no ser candidato. Como la entonces Presidenta Bachelet no había promovido ningún liderazgo presidencial en su gabinete, la Concertación debió recurrir al ex Presidente Frei. El fracaso de esa aventura significó la victoria de Sebastián Piñera en enero de 2010.

    Ahora, a los 79 años de edad, Lagos intentó construir una candidatura presidencial pensando más en los partidos que en el electorado que eventualmente debería votar por él. Al anunciar su postulación a fines de 2016, cuando el Gobierno de Bachelet completaba más de un año sin ser capaz de tomar el control político del país, Lagos buscó llenar un vacío político evidente al interior de la coalición de centroizquierda. Pero su decisión ignoró el hecho evidente de que la gente todavía no estaba pensando en la próxima elección presidencial. Los partidos oficialistas, naturalmente, estaban preocupados de que la impopularidad de Bachelet dificultaba el camino para que la Nueva Mayoría se mantuviera en el poder. Pero la oferta que Lagos hizo a los partidos carecía de un elemento esencial: para que ellos se entusiasmaran con su candidatura, el ex Presidente debía tener alto apoyo en las encuestas.

    Consciente de su impopularidad, Lagos hizo todos sus esfuerzos para subir en las mediciones de opinión, pero su mensaje de propuestas concretas no tuvo llegada ante un electorado que estaba poniendo poca atención al proceso y que parecía más interesado en ver rostros nuevos que en escuchar propuestas. Equivocadamente, Lagos (y también el PS) creyeron que era imposible que subiera en las encuestas. Por eso, el PS se decidió finalmente a apoyar al senador Alejandro Guillier y Lagos optó por bajar su candidatura.

    Pero las encuestas son dinámicas, no estáticas. A diferencia de Guillier o Beatriz Sánchez, Lagos no subía en las encuestas porque no era novedoso. Así como algunos candidatos suben rápido, pueden caer rápido. Es más, de poco sirve aparecer arriba en las encuestas cuando faltan siete meses para la elección, lo importante es estar arriba el día de la votación. El gran error del PS fue creer que las encuestas son estáticas o que las tendencias son unidireccionales. El partido optó por proclamar a Guillier porque es el candidato mejor posicionado. Probablemente el PS deberá repensar su proclamación si en dos meses cambia el orden de preferencias y aparece algún otro candidato mejor posicionado que el senador.

    El gran error de Lagos, en cambio, fue su focalización en conseguir el apoyo de los partidos y el extemporáneo lanzamiento de su candidatura. Porque definió a los partidos como su público objetivo, el irrelevante rechazo del PS a su candidatura fue un golpe de gracia a su candidatura. Además, porque los chilenos todavía no están pensando seriamente en la elección—y por lo tanto no están evaluando responsablemente a quién ven más calificado para ser Presidente, momento en el que los atributos de Lagos pesarán mucho más—, el líder socialista entró y salió de la carrera presidencial antes de que la gente pensara seriamente a qué persona apoyarán para dirigir los destinos del país.

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  5. Expertos creen que Lagos podría capitalizar el momento difícil que vive Guillier

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, Mauricio Morales, Max Colodro y Cristóbal Bellolio plantean, en su mayoría, que el ex Presidente podría ser el más beneficiado con los “desaciertos” del abanderado del Partido Radical en los últimos días.

    Días intensos ha tenido el abanderado presidencial del PR, Alejandro Guillier. La semana comenzó con un “guiño” al Frente Amplio que generó criticas de sus socios de coalición y un fuerte “portazo” del grupo liderado, entre otros, por Gabriel Boric y Giorgio Jackson. Como consecuencia, el senador tuvo que salir a rectificar. No pasó ni un sólo día para que nuevamente se transformara en blanco de ataques. En una actividad en Valparaíso cuestionó al actual gobierno y a la Presidenta Michelle Bachelet señalando que “yo creo que la Presidenta hizo un esfuerzo por cumplir el programa, pero miró Chile desde arriba. Lo mismo hicieron los presidentes, Lagos, Piñera, todos”. Y agregó: “como está el país, se está quedando atrás, le están sacando ventaja Bolivia, ¡Bolivia!, Perú, Ecuador. Chile se quedó atrás”, sentenció.

    Esto llevó a que no sólo le respondieran desde La Moneda, sino que también sus principales adversarios, Carolina Goic (DC) y Ricardo Lagos (PPD), le enviaron un mensaje. La senadora no dudó y lanzó: “la autocrítica es sana, pero también la lealtad”. En tanto, el ex Presidente, a través de su Twitter señaló que “para oír las urgencias de la gente e impulsar un proyecto de país a largo plazo hay que tener una mirada desde lo alto. Así se piensa un país” y agregó: “siempre he dicho que las reformas de Michelle Bachelet son necesarias y, como todo cambio, perfectibles para cumplir con sus propósitos”.

    La pregunta que surge, entonces, es sobre “quién” de sus contrincantes podría capitalizar el escenario que se genera tras los “errores no forzados” del senador, que hasta hoy tiene las mejores posibilidades para enfrentar al ex Presidente Sebastián Piñera. En conversación con “El Líbero”, Patricio Navia, Mauricio Morales, Max Colodro y Cristóbal Bellolio analizan quién podría ser el más beneficiado. Casi todos se la juegan por el ex Presidente Ricardo Lagos.

    Patricio Navia: “Beneficia mucho más al ex Presidente Lagos”

    Para el cientista político de la UDP y la NYU “el ingreso de Carolina Goic lo desordenó; entonces no sabe si correrse hacia el centro o a la izquierda”, por lo que sostiene que si bien puede ganar terreno la abanderada de la DC, cree que será finalmente “el ex Presidente el que ocupe el espacio”. Esto, porque “las señales que está enviando Guillier es que es poco hábil y comete muchos errores y torpezas; entonces la gente va a percibir que no le puede ganar a Piñera, que es su gran atractivo. Así la Nueva Mayoría puede preferir ir con Goic o con Lagos; con ella, para posicionarla para el 2021, y con él, porque logra unificar a toda la izquierda”.

    Patricio Navia cree que “Carolina Goic entró y puede ‘matar’ a Guillier, pero no lo va a reemplazar; entonces, si ella ‘mata’ a Guillier, el único que queda es Lagos, que desde el principio ha dicho que es un candidato atractivo en primera vuelta. Lagos es el único que puede lograr que Camila Vallejo y Patricio Walker se unan detrás de un mismo candidato para frenar a Piñera”, y agrega que “beneficia mucho más al ex Presidente porque Guillier ahora se está enfrascando en una pelea con Goic y eso los termina agotando a los dos y se van a ‘matar’ entre los dos, y el que va a quedar sobreviviendo es Lagos”.

    Mauricio Morales: “Quien está en mejores condiciones de atraerlos (al electorado de centro) es Carolina Goic”

    El académico de la Universidad de Talca piensa que “de acuerdo a las conductas erráticas que ha tenido Alejandro Guillier y particularmente su proceso de polarización -la invitación al Frente Amplio, la visita a China y no haber condenado directamente el bloqueo cubano a Mariana Aylwin-, de pasar de ser un candidato de centro a buscar parecerse más al Frente Amplio que al Partido Radical, lo hacen parecer como un candidato extremadamente polarizado y eso le abre un espacio a una candidatura de centro, que en este caso podría ser la de Carolina Goic”.

    Lo anterior, dice Morales, tiene que ver con que además “Piñera ha hecho lo propio. Por un lado los dichos sobre temas valóricos de Alejandra Bravo y después la visita de Jacqueline Van Rysselberghe a Punta Peuco, lo hacen parecer inclinado hacia un polo”, por lo que “queda un forado tremendo en el centro y particularmente en los votantes moderados y quien está en mejores condiciones de atraerlos es Carolina Goic”. Añade que “no así Ricardo Lagos, quien es visto como un agente del pasado”.

    Max Colodro: Guillier “mostró techo para seguir creciendo”

    El analista político y académico de la Universidad Adolfo Ibáñez piensa que “Guillier está complicado, ya que está pasando por una situación compleja” y entrega dos razones; la primera tiene que ver con que “se le abrió un flanco con el Frente Amplio, ya que después de sus declaraciones quedó claro que ellos quieren competir con la Nueva Mayoría, y el candidato que necesita evitar que se le fuguen los votos de izquierda es precisamente Guillier”, entonces “tiene que correrse más hacia la izquierda”; pero por otro lado “también tiene que ponerse en una situación menos oficialista, un poco más crítica al gobierno, sobre todo de las reformas, para intentar capitalizar a ese sector”. Escenario, dice Colodro, que no afecta a “Carolina Goic, que está puesta más al centro”.

    En cuánto a quién podría capitalizar el “díficil momento” del senador dice que “puede haber un traspaso de uno o dos puntos a Lagos, que ha estado en una posición más oficialista, muy cuadrado con el gobierno” y agrega “que esa fuga, que sería marginal, la podría recuperar si es que logra capitalizar algo en los sectores que hoy tienen una opinión más crítica del gobierno y de las reformas”. Por último piensa que el dilema de Guillier “tiene que ver con que mostró techo para seguir creciendo, y que la única posibilidad que tiene de seguir haciéndolo es hacia otros sectores, a ese 75% que hoy desaprueba la gestión del gobierno. Para poder crecer, necesita moverse”.

    Cristóbal Bellolio: “Creo que todavía (Guillier) no encuentra un registro, no encuentra una voz, sobre por qué es distinto a los políticos tradicionales”

    El abogado, cientista político y académico de la UAI no ve que Guillier viva una “crisis”, ya que un “par de cuñas desafortunadas no deberían generarlo”, aunque cree que “si hay alguien que tiene que cuidar a Guillier es, primero, el Partido Radical, y después su coalición, porque me imagino que se dan cuenta que él es la única expectativa que tienen de hacerle el peso a Piñera”.

    Más allá de eso, sostiene que con sus dichos sobre el Frente Amplio “se distingue de Lagos y de Goic, no me imagino a ninguno de ellos haciendo esa invitación y creo que no se equivoca, ya que entiende que para ganar necesita el 50% más uno y eso se lo da justamente la izquierda”. Sobre las críticas a Bachelet enfatiza que “es un poco inconsistente al decir que Chile necesita un proyecto a largo plazo porque nuestros países vecinos nos están pillando; generalmente esos proyectos a largo plazo se hacen desde arriba, no se pueden hacer de otra manera, no surgen de generación espontánea”. “Ahí es donde se le arranca un populismo medio barato, simplón, que lo confunde. Creo que todavía no encuentra un registro, no encuentra una voz, sobre por qué es distinto a los políticos tradicionales, pero sin caer en estas frases carentes de contenido”.

    En ese sentido, sostiene que “ese ‘tipo’, el miembro de lo que Pato Navia llamó alguna vez ‘la gran familia concertacionista’, estará pensando ‘será mejor ganar con Guillier o perder con Lagos; quizás tenga más dignidad perder con Lagos’”. Entonces, cree que el votante, antes de “ponerle fichas a un competidor que se ve mejor aspectado”, pensará que es “un tiro al aire, una caja de Pandora, que no sabes con qué va a salir”, entonces quizás “a ese ‘tipo concertacionista’ le puedan generar algo las cuñas de Guillier y termine creciendo Lagos, no sé si Carolina Goic”.

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  6. Guillier golpea la mesa a los partidos de la Nueva Mayoría

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    La advertencia con tono de amenaza de Alejandro Guillier resulta una jugada muy riesgosa. Como resulta improbable que así lleve a la NM a comprometerse a realizar primarias, el senador se encontrará ante la compleja decisión de tener que renunciar a ir a primera vuelta en noviembre o tragarse su bravata, con los costos de credibilidad que eso implica.

    Ante las crecientes dudas sobre el camino que seguirá la Nueva Mayoría para escoger a su candidato presidencial, el senador Alejandro Guillier salió a golpear la mesa, advirtiéndoles a los partidos de la coalición que, de no realizarse primarias, él no será candidato en la primera vuelta de noviembre. Al condicionar su candidatura a la realización de primarias, el hasta ahora candidato mejor posicionado de la centroizquierda ha desafiado a los partidos de la Nueva Mayoría a disciplinarse en torno a su liderazgo o arriesgar quedarse sin candidato.

    En una entrevista realizada ayer en radio La Clave, Guillier directamente advirtió que “si no hay primarias, no voy a primera vuelta, porque se acabaría la Nueva Mayoría”. Su declaración asociando el futuro de la NM a las primarias es especialmente sorprendente, porque lo pone en un curso de colisión con lo que hasta ahora parece ser la voluntad de los partidos. Ya que parecen más interesados en explorar la posibilidad de llegar con candidatos propios a primera vuelta —o al menos esperar hasta agosto para decidir si entonces deciden apoyar al que vaya mejor posicionado—, la frase de Guillier pone presión a los partidos para explicitar sus estrategias.

    Resulta razonable que Guillier quiera realizar primarias para escoger al candidato de la coalición. Como va liderando las encuestas de su sector por amplio margen, quiere amarrar la nominación ya. Sus rivales necesitan tiempo para intentar alcanzarlo. Si no se realizan primarias, la senadora Carolina Goic, el ex Presidente Ricardo Lagos o cualquier otro aspirante de la coalición centroizquierdista tendrá más tiempo para poder alcanzar al senador por Antofagasta. Nada asegura que vayan a ser exitosos, pero cuando se está perdiendo el partido, es mejor tener más tiempo para revertir el resultado que verse presionado por el reloj.

    Resulta extraño que Guillier haya planteado de forma tan burda un desafío a los partidos de la Nueva Mayoría. En vez de ejercer presión para que realicen primarias, decidió condicionar su propia candidatura presidencial a que las haya. El argumento de que la NM se acaba si no hay primarias —o si hay más de un candidato— resulta poco creíble. La NM bien puede llegar a las elecciones de noviembre con más de un candidato, de la misma forma que la Alianza compitió en 2005 con dos abanderados presidenciales.

    Es más, no queda para nada claro que sea más conveniente para la NM tener primarias que presentarse con varios candidatos presidenciales en noviembre (o decidirse por un nombre de consenso antes de que se cierre la inscripción en agosto). Hay costos y beneficios —y bastante incertidumbre— asociados a las distintas estrategias disponibles. Si la NM duda de la viabilidad de Guillier, es mejor esperar hasta agosto para inscribirlo como candidato de consenso que amarrarse a su candidatura demasiado pronto. Como es cada vez más improbable que haya primarias para escoger a los candidatos a senadores y diputados, los partidos van a querer mantener todas las cartas de negociación de cara a la inscripción de postulantes al Congreso. Dado el nuevo sistema electoral, la cuota de género y las nuevas reglas de financiamiento, la mayor incertidumbre sobre quién será electo al Senado y a la Cámara de Diputados convierte a la nominación del candidato presidencial en una valiosa carta de negociación. Después de todo, si para agosto hay pocas posibilidades de que la NM se pueda mantener en el poder, los partidos estarán más que dispuestos a negociar el apoyo a un candidato presidencial inviable a cambio de mejores cupos parlamentarios.

    De ahí que la advertencia con tono de amenaza de Guillier resulte una jugada muy riesgosa. Como uno nunca debiese amenazar con un castigo que no está dispuesto a ejecutar —menos si termina siendo más doloroso para el que amenaza—, el senador se ha puesto en un lugar complejo.  Como resulta improbable que así lleve a la NM a comprometerse a realizar primarias, Guillier se encontrará ante la compleja decisión de tener que renunciar a ir a primera vuelta en noviembre o tragarse su bravata, con los costos de credibilidad que eso implica.

    En cualquiera de los dos casos, el efecto de sus declaraciones de ayer será mucho más costoso para sus propias aspiraciones presidenciales que para una NM que ya ve la elección de noviembre como una campaña cuesta arriba y que, si bien reconoce en Guillier a su mejor candidato, no tiene garantías de que pueda ser competitivo contra Piñera. Así las cosas, la NM probablemente decida ignorar la amenaza del senador a sabiendas de que, si no hay primarias, igual será candidato presidencial en noviembre en tanto sea competitivo contra Piñera.

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  7. Cuatro académicos FCSH están en la lista de proyectos propuestos para adjudicarse Fondecyt Regular 2017

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    Académicos fondecytMónica Gerber, académica de la Escuela de Sociología y Carolina Segovia, Claudio Fuentes y Patricio Navia académicos de la Escuela de Ciencia Política, están presentes en el listado de proyectos  propuestos para adjudicarse un Fondecyt Regular 2017.

    En el caso de Mónica Gerber, su proyecto se titula “Justicia, legitimidad y cambio social: acerca de la interacción entre justicia distributiva y procedimental.” En la investigación participan como co-investigadores Cristóbal Moya, Ismael Puga y Raimundo Frei. El objetivo de este proyecto es entender cuándo percepciones de injusticias se traducen en una mayor disposición de las personas a participar por el cambio social.

    “Estamos interesados en estudiar el efecto conjunto de dos dimensiones de justicia: la justicia distributiva (igualdad en la distribución de bienes y oportunidades) y la justicia procedimental (igualdad en el ámbito de las interacciones, el trato y los procedimientos)”, señala la académica. La realización de este proyecto contempla seis estudios cualitativos (grupos de discusión) y cuantitativos (encuestas y experimentos).

    La académica Carolina Segovia, presentó el proyecto “Entre el saber y el sentir: el rol del conocimiento y las emociones en el proceso de decisión del voto en Chile”. Lo que busca esta investigación es evaluar de qué manera las emociones que tienen las personas, pueden influir en su decisión de voto.

    “Hay un conjunto de investigaciones que vienen más desde el campo de la psicología política, que lo que hacen es decir que esta imagen del ciudadano, que es más bien un ciudadano racional y que se basa en conocimientos, es incompleta, porque las personas no solamente piensan, sino que también sienten. Se ha buscado evaluar cómo estas distintas emociones que las personas puedan tener, pueden afectar su toma de decisiones y eso es lo que yo estoy buscando evaluar para el caso de Chile: cómo distintas emociones, pueden llevar a la gente a tomar decisiones específicas respecto del voto”, relata la investigadora.

    Por otra parte, el proyecto de investigación del académico Claudio Fuentes “La dinámica política del debate constitucional en Chile: Ideas, actores y propuestas”, busca, a partir del caso del cambio constitucional en Chile, entender cómo en el sistema político se imponen ciertas ideas y se hacen parte de las negociaciones políticas. “Por ejemplo, la idea de que un sistema semipresidencial es mejor en Chile, es una idea que se ha instalado progresivamente en la elite política, hay varios partidos que la están defendiendo. Entonces, de dónde viene, de dónde surge, por qué los actores políticos miran sistemas presidenciales en el mundo, analizan o simplemente es una preferencia de ello y que buscan eso”, explica Fuentes.  El estudio busca ir a las fuentes, investigar cómo se generan ideas y cómo estas se instalan en la opinión pública.

    Finalmente, Patricio Navia, presentó el proyecto “The Success of the President’s Legislative Agenda in Chile, 1958­2014”.  La investigación tiene como objetivo analizar los determinantes del éxito de la agenda legislativa presidencial en Chile. A partir de lo que expone este proyecto, el éxito se explica por la participación de su partido en el Congreso. Sin embargo, existen otras variables que influyen en la capacidad del presidente para avanzar en su agenda.

     

  8. El futuro de la candidatura de Ricardo Lagos

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    El escenario para Ricardo Lagos se ve cuesta arriba luego de los resultados de la última encuesta CEP, que lo dejaron a una mayor distancia de Sebastian Piñera y Alejandro Guillier, con un 5% de la intención de voto.

    Si bien el mandatario aseguró que los sondeos son una “foto del momento”, el PPD fue más drástico y criticó el estudio.

    Analistas, en tanto, aseguran que un ex presidente más crítico en la carrera como precandidato podría mejorar su apoyo previo a las primarias.

    Ver en CNN Chile

  9. El próximo gobierno puede ser peor

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    En un año más, Bachelet podrá pensar en su retiro definitivo. El nuevo Ejecutivo estará armando equipos y definiendo la hoja de ruta que deberá tomar para volver a poner al país en el sendero del crecimiento, el desarrollo inclusivo y, por qué no decirlo, el sentido común. Pero lamentablemente, no hay que confundir el alivio que produce la certeza de saber que este Gobierno llega a su fin, con la ilusión de creer que el próximo necesariamente será mejor.

    Con la llegada de 2017, muchos se aprestan a celebrar que el segundo gobierno de Michelle Bachelet comienza a llegar a su fin. Pero como nos recordara la propia Mandataria, no debemos olvidar que las cosas malas siempre pueden empeorar.

    Casi con cualquier métrica que se utilice, el segundo gobierno de Bachelet compite por el ser el de peor desempeño desde el retorno de la democracia. Si usamos aprobación presidencial, crecimiento económico, leyes exitosas, errores no forzados o escándalos, este Gobierno bate récord en todas las dimensiones negativas posibles. Afortunadamente, desde que estalló el escándalo Caval, la capacidad de hacer daño que tuvo la retroexcavadora de la Nueva Mayoría se vio significativamente disminuida. Pero los legados de esta administración igual obligarán al próximo Gobierno a tareas correctivas. La reforma tributaria deberá ser modificada; la reforma que presumiblemente terminará con el copago, la selección y el lucro en la educación básica y secundaria no podrá ser implementada tal como fue diseñada; la que implementa la gratuidad en la educación superior ni siquiera ha sido enviada como proyecto de ley al Congreso, por lo que es imposible que vea la luz antes de que termine esta administración; y la reforma electoral, que entra en vigencia en 2017, generará más problemas de los que busca corregir.

    Finalmente, el debate constitucional, que se puede convertir en tema de campaña en 2017, no pasó de ser una oportunidad para hacer terapia grupal sobre cuáles derechos debieran estar en el top five de derechos garantizados, sin que se aprovechara la oportunidad para discutir los pros y contras de tener un tribunal constitucional, de las súper mayorías o las fortalezas y debilidades del modelo neoliberal.

    La suma de desaciertos del Gobierno hace comprensible, entonces, que muchos respiren aliviados ahora que falta menos de un año para tener un Presidente electo tomando decisiones que marquen el nuevo rumbo del país. En un año más, Bachelet podrá pensar en su retiro definitivo. El nuevo Ejecutivo estará armando equipos y definiendo la hoja de ruta que deberá tomar para volver a poner al país en el sendero del crecimiento, el desarrollo inclusivo y, por qué no decirlo, el sentido común. Pero lamentablemente, no hay que confundir el alivio que produce la certeza de saber que este Gobierno llega a su fin, con la ilusión de creer que el próximo necesariamente será mejor.

    Es verdad que hay buenas razones para creer que la próxima administración no debiera cometer los mismos errores que cometió la actual. Cuesta creer que la idea de que los chilenos quieren cambiarlo todo siga siendo popular entre la clase política. Los profetas del fin del modelo y los agoreros de la caída del capitalismo debieran dejar de cobrar sueldo como consejeros en el Segundo Piso de La Moneda. La evidencia es concluyente a favor de que los chilenos no quieren cambiar de modelo, quieren que el modelo funcione mejor, sin abusos y con oportunidades para todos. Cualquier candidato que entienda que su desafío es lograr construir más puentes para que los chilenos puedan cruzar a la tierra prometida del desarrollo inclusivo y sostenible tendrá las mejores chances de ganar en las presidenciales de este año.

    Pero también hay algunas nubes en el horizonte que hacen dudar de que el país vaya a retomar el sendero del diálogo, los consensos y los pasos graduales y pragmáticos hacia un mejor desarrollo.  Desde la izquierda hasta la derecha, muchos candidatos se han comprado la tesis de que Chile necesita una nueva Constitución (y no solo reformar la actual). Hasta Sebastián Piñera se hizo parte de la idea de que no basta con reformas constitucionales, sino que podemos empezar a construir institucionalidad desde cero.

    La adopción de la gratuidad por glosa en el presupuesto nacional, con votos de la derecha, ha generado un derecho adquirido que será muy difícil de revertir. Si el sector ya legitimó la gratuidad sin ley con sus votos en el Congreso, ¿qué hace pensar que el próximo Gobierno intentará diseñar una política razonable y frenar la implementación de una política que carece de diseño previo? Incluso las posturas sobre la necesaria reforma a las pensiones han llevado a varios candidatos considerados serios y responsables, a prometer sistemas mixtos de cuentas individuales y de reparto.

    Las campañas son ocasiones propicias para prometer más de lo que se puede cumplir. La tentación de hacer promesas populistas es inevitable cuando la competencia es estrecha. Basta que un candidato exagere un poco sus promesas para que se desate una guerra inflacionaria por quién promete más. Si bien el sentido común debiera indicar que el próximo Gobierno no cometerá los mismos errores que el actual, algunas de las promesas de campaña que hemos venido escuchando nos recuerdan que, aunque hay que esperar que todo mejore, las cosas siempre pueden ser peor.

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  10. Mauricio Morales, director del OBPE, publicará el libro “El tsunami electoral de 2013”

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    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    “El tsunami electoral de 2013”, editado por Mauricio Morales, Patricio Navia y Carolina Garrido, es un libro acerca de las elecciones realizadas en Chile el año 2013. Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP, cuenta detalles de su realización.

    ¿Cuáles fueron los temas abordados en el libro?

    El libro aborda los resultados de la elección del año 2013, las elecciones presidenciales, legislativas y también las elecciones de consejeros regionales, que fueron las primeras elecciones de CORE directas que se realizaron. Esto lo hacemos con datos de encuestas de opinión, incluida la Encuesta UDP y datos agregados hasta el nivel comunal. Utilizamos herramientas descriptivas para gente que a lo mejor no es experta en el tema y que quiere informarse y también, técnicas inferenciales en análisis, para aquellos que son expertos y que les interesa profundizar en alguno de los temas que toca el libro.

    ¿Cuál fue el rol de cada editor?

    Trabajamos en equipo desde hace unos diez años. Este es el cuarto libro y siempre trabajamos de la misma manera. A los dos (junto a Patricio Navia), nos toca definir los capítulos, proponer los autores y trabajar con cada uno de ellos de manera particular. Nosotros tenemos un sistema de trabajo que es sumamente personalizado, donde vamos reuniéndonos con cada uno de los autores. En este libro hay una tercera editora, Carolina Garrido. Ella recién está comenzando, es egresada de la UDP y decidimos incluirla como parte del equipo a fin de ir renovando y ampliando nuestro círculo de acción. Nuestro objetivo siempre es que nuestros alumnos vayan avanzando y tenemos varias formas de que avancen. Una, es mediante todo el proceso de instrucción que hacemos acá como Observatorio, de trabajar, enseñarles. Luego, que pasen a ser autores y ahora ya que pasen a ser editores de un libro.

    ¿Qué datos interesantes se pueden encontrar en el libro?

    Hay varias cosas. Hay un trabajo, por ejemplo, de Carlos Cantillana y Juan Castañeda, sobre el efecto de los escándalos políticos en el desempeño de los candidatos. Ellos hicieron algo muy entretenido, que consistía en mapear a todos los candidatos que habían tenido escándalos o que no habían tenido, para ver si es que había algún efecto de ese escándalo sobre el desempeño electoral de estos candidatos. Ellos descubren que sí hay un efecto, los escandalosos sí son sancionados y además, en otra esfera, fuimos descubriendo las fases sociales de la presidenta Bachelet, la fuerza que tenía en el mundo popular y la debilidad de Matthei en los segmentos medios y bajos. Fue una elección históricamente mala para la centro-derecha. En tercer lugar, corroboramos que existe un fuerte sesgo de clase en la participación electoral. Esto lo revisamos tanto a nivel de comunas, como a nivel de individuos. Los ricos siguen votando sustantivamente más en comparación con los pobres.

    ¿Qué aporte realiza el libro, considerando el escenario de elecciones?

     

    ¿Qué reflexiones finales hay?

    La primera, a nivel más práctico, es que nuestros alumnos si pueden elaborar artículos académicos de calidad y no solamente me estoy refiriendo a titulados, si no que a egresados e incluso a estudiantes.

     

    A nivel de contenidos, yo diría que el libro muestra de manera muy completa, el diálogo que existe entre las encuestas de opinión como fuente de información y los resultados electorales. Metodológicamente, el libro utiliza estas dos fuentes de datos y las hace dialogar de manera consistente.

  11. Patricio Navia: “Cuba va a avanzar hacia un capitalismo mucho más evidente”

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    El cientista político piensa que Fidel Castro fue “el latinoamericano más importante del siglo XX”.

    El cientista político Patricio Navia analizó los alcances de la muerte de Fidel Castro, y entregó sus impresiones respecto a lo que pasará en Cuba a partir de ahora.

    Para el académico de la Universidad Diego Portales, el deceso de Castro “era la crónica de una muerte anunciada. Es una muerte muy simbólica, es probablemente el latinoamericano más importante del siglo XX”.

    En ese marco, Navia describe al desaparecido ex Mandatario isleño como una persona que “no fue un demócrata, fue un revolucionario que tuvo una dictadura”.

    Pese a reconocer que Castro “tuvo grandes avances en Cuba durante los primeros años de la revolución”, manifiesta que “hay un capitalismo en Cuba no reconocido en el Gobierno”.

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  12. El riesgo del abrazo del oso de la elite a Piñera

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    El gran pasivo que hoy tiene Piñera es ser el favorito de la elite empresarial. Como ya está bajo sospecha de haber gobernado para ella, la percepción de que es el preferido de los poderes fácticos del país amenaza con convertirse en un yunque que hunda lo que hasta ahora parece ser una candidatura presidencial en alza.

    Aunque lidera con cierta holgura las encuestas de intención de voto, pese a no declarar aún su intención de ser candidato, el ex Presidente Sebastián Piñera arriesga caer víctima de la complacencia de una derecha que se ya se cree ganadora de las elecciones de 2017. Además, en la medida que se consolida como el candidato favorito de la elite, también se expone a convertirse en el chivo expiatorio para una ciudadanía que hace tiempo se ha divorciado de la elite y que se inclina a rechazar todo lo que parezca venir de esa cocina donde históricamente ha decidido los destinos del país.

    No hay duda de que las aspiraciones presidenciales de Piñera gozan hoy de viento de cola. El gobierno de Bachelet ha sido tan decepcionante, que muchos chilenos miran con nostalgia al período presidencial anterior. Si bien Piñera había dejado el poder con el promedio de aprobación más bajo de cualquier presidente desde el retorno de la democracia, la prolongada baja aprobación que ha tenido Bachelet hace que el cuatrienio anterior no aparezca nada de mal en la comparación de experiencias presidenciales. Como la economía chilena está creciendo a velocidad de tortuga, el énfasis que puso Piñera en el crecimiento y la creación de empleos también ayuda a que los chilenos vean con mejores ojos que hace tres años su posible retorno al poder.

    Si las elecciones presidenciales y legislativas de 2013 fueron la peor derrota electoral para la derecha desde el retorno de la democracia, los resultados de la contienda municipal de 2016 demostraron que no solo sigue viva, sino que está en mejor posición que la Nueva Mayoría. Mientras el oficialismo de centroizquierda se hunde, la derecha va creciendo.

    Pero la victoria de las municipales ha llevado a muchos en la derecha a querer tomarse la leche antes de ordeñar la vaca. Así como en el oficialismo ya hay muchos buscando trabajo y varios otros están en tal grado de depresión que apuestan por apoyar a cualquier candidato que tenga alguna posibilidad, independientemente de qué ideas y propuestas tenga, en Chile Vamos hay mucha gente peleándose puestos en lo que estiman será el primer gabinete del gobierno de Piñera II.

    Aunque todos en la derecha debieran saber que no hay peor plan de acción que dar la vuelta olímpica antes de ganar el partido, parece imposible que ese sector se sacuda el triunfalismo que se gatilló con los resultados municipales y que se riega cotidianamente con los errores no forzados del gobierno. Como la Nueva Mayoría huele a muerto, la derecha cree que basta con seguir respirando para ganar en 2017.

    Si bien el triunfalismo no parece haber alcanzado al ex Presidente en sus oficinas de Apoquindo —que han sido el centro de sus actividades empresariales y políticas desde antes de la aventura presidencial en 2005—, la fortuna electoral de Piñera depende de que la derecha esté dispuesta a dar la pelea en la calle para ayudar a consolidar esa opción presidencial. Después de todo, aunque lidere las encuestas, tiene varios pasivos. Algunos de los legados más complicados de su gobierno volverán a ser tema en 2017 —desde el “mejor censo de la historia” hasta la educación como un “bien de consumo”. Es más, como Piñera nunca creó un cortafuego entre sus negocios y la política, las acusaciones por conflicto de interés serán el pan de cada día en la campaña presidencial que se aproxima.

    Por sobre todo, el gran pasivo que hoy tiene Piñera es ser el favorito de la elite empresarial. Como ya está bajo sospecha de haber gobernado para la elite (a la gente le fue bien, pero a los empresarios les fue mucho mejor), la percepción de que es el preferido de los poderes fácticos del país amenaza con convertirse en un yunque que hunda lo que hasta ahora parece ser una candidatura presidencial en alza.

    Los chilenos perciben que la elite abusa o al menos protege los abusos, que sus miembros tienen ventajas y privilegios injustificados, y que su condición de elite se construye sobre los apellidos y los contactos, no a partir de sus méritos. Si esa elite termina abrazando a Piñera como su candidato presidencial, la gente no tardará en reconocerlo como un miembro más de ese grupo que predica las bondades del libre mercado, pero que se rige por las viejas reglas del compadrazgo y los pitutos.

    Hoy por hoy, Piñera lleva las de ganar. Pero la complacencia de una coalición que celebra la victoria antes de jugar el partido, junto al abrazo del oso de una elite que no quiere aceptar su impopularidad en el electorado que decide, son amenazas reales que bien pudieran terminar aguándole la fiesta al ex Presidente, quien aunque ha anunciado que recién dará a conocer su decisión en marzo de 2017, ya se comporta y actúa como candidato presidencial.

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  13. Patricio Navia: “El sueño erótico de la elite es una elección entre Sebastián Piñera y Ricardo Lagos”

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Autopsia, ¿De qué se murió la elite chilena? se llama el libro de Alberto Mayol que fue presentado ayer en la casa central de la Universidad de Chile. En la ocasión, algunos aprovecharon de repasar a un sector de la sociedad que ha estado en el poder desde siempre. Porque eso es lo que huele y busca.

    La presentación comenzó 25 minutos tarde. Todos estaban sentados en las sillas viejas y acolchonadas de la sala principal en la Casa Central de la Universidad de Chile. Al momento del inicio, faltaba Cecilia Pérez, ex vocera de gobierno de Sebastián Piñera. Antes de empezar, Alberto Mayol, analista político y autor del libro, dijo que la ex ministra ya estaba cerca. “Está cruzando la Alameda”. Efectivamente llegó al rato. Caminó por el pasillo central y se acomodó cerca de Laura Albornoz, ex ministra de Bachelet que también era parte del panel de expositores. Al llegar, Mayol bromeó: “la Cecilia me decía que no conocía este lugar porque no vino nunca cuando estuvo en La Moneda”.

    Autopsia, ¿De qué se murió la elite chilena? es el nombre del nuevo libro del sociólogo. En la publicación se aborda la situación agónica en la que se encuentra este grupo de poder. Durante los primeros diez minutos, Mayol se dedicó a explicar el funcionamiento de las elites. “Funcionan con pactos. A Jaime Guzmán no le interesaba el libre mercado pero termina aceptando porque quería estar dentro”, dijo, describiendo un comportamiento de gueto, que únicamente le interesa el poder.

    Dentro de los expositores también estaba Patricio Navia, cientista político y profesor de la Universidad Diego Portales.

    “Aprovechemos de hablar antes de que se tomen la facultad”, bromeó antes de dar su opinión sobre el libro. “El sueño de las clases medias no es irse al barrio alto, a Zapallar; es que los lugares donde ellos viven tenga las condiciones desarrolladas de los países de la OCDE”, comentó, y criticó el video de Lawrence Golborne cuando era carta presidencial de la Unión Demócrata Independiente, en el que una voz en off relataba la hazaña de un niño que logró salir de Maipú para transformarse en un hombre de negocios.

    Luego, los distintos panelistas abordaron esta idea de buscar la permanencia en el poder; tener un partido del orden; olvidar los fines ideológicos. En medio de los dichos, Navia tomó otra vez la palabra y dijo una frase que causó risas en los asistentes: “El sueño erótico que tiene la elite es que haya una elección entre Sebastián Piñera y Ricardo Lagos”. Y no deja de ser cierto. El primero es un representante abierto de los intereses empresariales en Chile, mientras que el segundo salió aplaudido del Encuentro Nacional de Empresarios durante el último año de su gobierno.

    El otro comentario inesperado fue el de Cecilia Pérez, cuando en su intervención habló de la vez en que el ex presidente Piñera desafió a la elite. “Si hay algo de lo que me voy a enorgullecer siempre, fue cuando el presidente Piñera le quebró la mano a la elite de derecha, a los 40 años de la conmemoración del golpe militar, cuando habló de los cómplices pasivos. Nadie fue capaz de salir a defender la dictadura. Hace tres años atrás era impensado ver a la UDI desligarse del pinochetismo”.

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  14. EE.UU.: En sólo horas se realizarán las elecciones presidenciales

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Sólo falta un día para las elecciones presidenciales de EE.UU. y los candidatos han estado haciendo campaña hasta último momento. A sólo horas se conocen los resultados de otra encuesta. Cuatro puntos de diferencia tendría Clinton por sobre Trump. FBI exculpó a Hillary en caso correos. Mercados reaccionan con alzas.

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  15. EE.UU: Gurú electoral asegura triunfo de Trump

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Aseguran que Donald Trump será el próximo Presidente de los EE.UU, según el gurú de las predicciones presidenciales, quien ha acertado resultados desde el año 1984. Comentan Allan J. Lichtman, profesor U. Americana de Washington DC y Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

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  16. Apetito de vacas gordas en años de vacas flacas

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    En el juego de alimentar expectativas más allá de la capacidad del Estado para cumplirlas, el gobierno ha profundizado la disonancia entre la realidad de vacas flacas por la que atraviesa y seguirá atravesando el país en los próximos años y las expectativas de vacas gordas que han predominado en la población en años recientes. Resulta difícil decirles a millones de personas que estaban en la fila que la fiesta se acabó.

    El abrumador rechazo en la Cámara de Diputados a la propuesta de aumento de sueldos al sector público propuesto por el gobierno de la Presidenta Bachelet, refleja la desalineación entre las altas expectativas que existen en el país sobre las posibilidades de desarrollo económico e inclusión social y la menos auspiciosa realidad que enfrentamos en el complejo ciclo negativo del mercado exportador.

    Porque estamos en pleno período de vacas flacas, pero hay mucha gente que todavía tiene apetito de vacas gordas—y equivocadamente cree que tenemos recursos suficientes para satisfacer nuestras necesidades de mayor gasto público—, el gobierno deberá mostrar una disciplina férrea para evitar que la situación fiscal se siga deteriorando y amenace con profundizar la crisis que ya se vislumbra en el horizonte.

    Aunque no debiera ser necesario repetirlo, al parecer muchos todavía no quieren aceptar que se acabaron los años de vacas gordas. La década dorada, cuando los ingresos del Fisco superaban ampliamente al gasto público, ya es parte del pasado (igual que el boom del salitre a comienzos del siglo XX). Los fondos soberanos que crecieron en esos años y que nos hicieron acreedores netos, ya pesan menos ante una deuda pública que va en aumento y un presupuesto que lleva al Fisco a gastar más de lo que recibe. Como parte de esos fondos soberanos ya están comprometidos para financiar la reforma de pensiones de 2008, la capacidad del gobierno para echar mano a ahorros que estimulen la economía se ha visto brutalmente reducida. Por su parte, los ingresos del cobre han caído a un punto tal que Codelco es como un árbol seco al que le tenemos mucho cariño, pero que ya no da fruto y, es más, amenaza con convertirse en un pasivo para el Estado.

    Pero esa gris realidad contrasta con las altas expectativas que existen en el país respecto a lo que debe hacer el Estado para mejorar la calidad de la educación (garantizando la gratuidad), expandir la calidad y cobertura de la salud, mejorar las pensiones y, ahora último, mejorar también los sueldos del sector público.

    Como el gobierno de Bachelet llegó al poder alimentando expectativas de un mayor gasto público y, ya en el poder, impulsó una reforma tributaria argumentando que con ella se podrían financiar las promesas de más gasto, mucha gente se niega a aceptar que ya no hay plata. Si tu médico de confianza te ha mentido respecto a los resultados de los exámenes, va ser complicado que le creas a otro médico que te dice la verdad, aun cuando la evidencia esté de su lado. Pero aunque muchos no lo quieran aceptar, no hay plata ni la habrá en varios años.

    Como las expectativas y la realidad están tan desalineadas, es inevitable que se generen tensiones entre el gobierno y algunas de sus bases de apoyo. Los estudiantes insisten en la necesidad de avanzar en gratuidad pese a la reforma que, desordenadamente y sin ley de por medio que la regule, ha emprendido el gobierno. Como ya se estableció el precedente de financiar la gratuidad a través de una glosa en la ley de presupuesto a fines de 2015, este año se volverá a usar el mismo mecanismo para financiar una aventura que ya tiene a varias universidades privadas al borde de la quiebra y que establece requisitos tales que varias estatales debieran quedar fuera del sistema de gratuidad.

    En pensiones, el gobierno también cedió a la tentación de hacer anuncios rimbombantes, pero no ha dado pasos concretos para hacerse cargo del descontento que existe con el sistema. Como el movimiento social ha convertido a las AFP en el chivo expiatorio de la mala calidad de las jubilaciones, el gobierno ha podido zafar temporalmente de la presión. Pero de todos modos, La Moneda se las ha ingeniado para alimentar expectativas irreales sobre lo que puede hacer el Estado para mejorar las pensiones de aquellos que están próximos a jubilar.

    En el juego de alimentar expectativas más allá de la capacidad del Estado para cumplirlas, el gobierno ha profundizado la disonancia entre la realidad de vacas flacas por la que atraviesa y seguirá atravesando el país en los próximos años y las expectativas de vacas gordas que han predominado en la población en años recientes. Como además, muchos chilenos apenas alcanzaron a ver la tierra prometida de vacas gordas sin llegar a gozar de los beneficios del crecimiento y la bonanza, resulta difícil decirles a millones de personas que estaban en la fila que la fiesta se acabó.

    Felizmente para el gobierno actual, la gente ya ha hecho la pérdida respecto a estos cuatro años. Para todos los efectos prácticos, ya nadie espera que Bachelet cumpla sus ambiciosas promesas. Pero desafortunadamente para el país, las personas cada vez más están depositando sus esperanzas y su apetito de vacas gordas en lo que prometerán los candidatos presidenciales en la campaña que ya se inicia para la elección de noviembre de 2017.

    Leer columna en El Líbero

  17. Cuenta regresiva para Clinton y Trump, ¿qué está en juego?

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    En el programa se analizaron las distintas variables que incidirán en la elección presidencial de Estados Unidos del próximo 8 de noviembre.

    La campaña para la elección presidencial en Estados Unidos entró en tierra derecha  y por esto El Informante dedicó su presente edición exclusivamente para analizar el proceso.

    Durante el programa un panel de expertos desglosó las distintas variables que incidirán para definir un eventual triunfo de Hillary Clinton o Donald Trump.

    Uno de los elementos discutidos fue la inesperada arremetida protagonizada por el candidato republicano, pese a los distintos aspectos de su controvertida figura política.

    A partir de este último aspecto, se abordaron los principales aspectos políticos y humanos de cada uno de los aspirantes a la Casa Blanca.

    ¿Qué está en juego en esta elección?, ¿quién gana y quién pierde con el triunfo electoral de uno u otro?, ¿en qué afectará el resultado a Chile?

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  18. Una institución electoral que funciona mal

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    La reforma que instauró la inscripción automática ha debilitado a las instituciones y ha hecho que el padrón electoral que tenemos hoy sea menos confiable que el que existió, incluso, cuando se recuperó la democracia en 1988.

    El fortalecimiento institucional y la consolidación democrática que experimentó Chile después del fin de la dictadura demuestran que los países pueden subir peldaños en la escalera hacia el desarrollo. Pero en años recientes, algunos escándalos han demostrado que nuestras instituciones no se han desarrollado a la par con el resto de la sociedad. El escándalo que actualmente involucra al Servel por los cuestionamientos sobre la legitimidad del padrón electoral muestra que algunas instituciones no solo no se han desarrollado a la par que el resto del país, sino que ahora funcionan peor de lo que funcionaban antes.

    Desde la adopción del voto voluntario y la inscripción automática, el Servel ha sido sometido a fuertes cuestionamientos por la poca exactitud que tiene el padrón electoral con la realidad del universo de chilenos habilitados para votar. En defensa del Servel, el problema no fue causado por el propio organismo, sino por la decisión del legislador de automatizar la inscripción en el padrón electoral. Hasta antes de esa modificación —que entró en vigencia en 2012—, la confección del padrón electoral era responsabilidad exclusiva del Servel. Los chilenos debían ir personalmente a inscribirse en las oficinas del Servel que correspondían a su comuna de residencia. Esto le permitió al Servel tener un padrón en el que cada persona inscrita había expresado formalmente su intención de estarlo y había declarado una dirección de residencia.

    El sistema no era perfecto. De hecho, como mucha gente se cambiaba de residencia sin avisarle al Servel, había un número creciente de chilenos que vivían en comunas diferentes a las que registraba el organismo. Como el Servel no verificaba la dirección de los votantes nuevos o los que cambiaban su residencia, algunos candidatos y partidos inducían a sus simpatizantes a que se inscribieran en otras comunas. En varios casos, algunas comunas de menos población tenían más inscritos que habitantes. Pero ya que el Servel borraba de los registros a los chilenos fallecidos, el padrón se mantenía actualizado con todos chilenos habilitados para votar inscritos en las direcciones de su preferencia.

    Después de que se adoptó el voto voluntario, el gobierno del Presidente Piñera impulsó una reforma que automatizara la inscripción en el padrón. El control del padrón pasó de manos del Servel al Registro de Civil. Esta decisión que buscaba facilitarle la vida a los chilenos —eliminando el requisito de inscripción previa para votar— se basaba en el supuesto de que el Registro Civil manejaba datos exactos sobre las personas que residen legalmente en Chile.

    Pero en las elecciones municipales de 2012 quedaron en evidencia los problemas del nuevo padrón. Estaban habilitados para votar el día de la elección personas muertas y otros cuya avanzada edad hacía presumir que ya habían fallecido. El propio ex Presidente Salvador Allende estaba habilitado para votar. Algunos detenidos desaparecidos también aparecieron habilitados para votar —aunque como la tesis del secuestro permanente que permite procesar a los responsables de su desaparición no permite declararlos oficialmente muertos, es comprensible que no hayan sido declarados como muertos por el Registro Civil—. Los expertos concordaron en que el padrón inflaba artificialmente el número de personas habilitadas para votar —al incluir a personas muertas, a chilenos residentes en el extranjero y a extranjeros residentes que ya no vivían en el país—.

    Los problemas con el padrón entregado por el Registro Civil se mantuvieron en 2013, aunque el Servel hizo algunos esfuerzos por depurar el padrón. La responsabilidad final de determinar quiénes son las personas habilitadas para votar es del Registro Civil, pero la gente apunta al Servel cuando se denuncian irregularidades. El Servel se excusa diciendo que no es su responsabilidad y, hasta ahora, nadie ha apuntado seriamente al Registro Civil para exigir que produzca un padrón electoral depurado.

    Aunque sea difícil de creer, las cosas han seguido empeorando. El escándalo actual ha estallado porque el Registro Civil ha modificado las direcciones de residencia de casi medio millón de chilenos sin su autorización. Además de poner en serios problemas al Servel y sembrar un manto de duda sobre las elecciones municipales de la próxima semana, esta irregularidad en el Registro Civil pone en tela de juicio la confiabilidad de una institución encargada de manejar información sensible y privada de los chilenos que, además, es esencial para la buena implementación de políticas públicas.

    Desde 1990, los chilenos hemos visto orgullosamente cómo se consolida la democracia y se fortalecen las instituciones. Pero también hemos sido testigos de algunos preocupantes retrocesos. La reforma que instauró la inscripción automática ha debilitado a las instituciones y ha hecho que el padrón electoral que tenemos hoy sea menos confiable que el que existió, incluso, cuando se recuperó la democracia en 1988.

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  19. Panel conversa sobre actualidad nacional

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    En esta edición del programa “Mejor hablar de ciertas cosas”, los panelistas conversaron acerca de los meses fuera de la UDI de José Antonio Kast, el acuerdo de vida en pareja y el conflicto en la Araucanía.

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  20. Los señores políticos

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Si bien su trayectoria es de un demócrata y su legado de gobierno es loable, Ricardo Lagos parece inconscientemente estar usando la misma estrategia autoritaria que en su momento usó Pinochet y que el propio Lagos ayudó a derrotar.

    La desafortunada forma en que Ricardo Lagos se refirió a los líderes de los partidos de la Nueva Mayoría lo acerca al estilo autoritario que perfeccionó el ex dictador Pinochet. Al intentar presentarse como alguien que no es político, Lagos le pidió a “los señores políticos” que se pusieran de acuerdo en algo que él mismo debió exigir, primarias abiertas para la selección del candidato presidencial de la centro-izquierda.

    Al referirse al mecanismo que usará la Nueva Mayoría para escoger a su candidato, Lagos se dio una larga vuelta para evitar pedir primarias abiertas y competitivas. Es más, diferenciándose de los políticos de la Nueva Mayoría, pidió que “los señores políticos se entiendan rápido y definan el proceso que hay que seguir”. Aunque hizo referencia a las primarias para escoger candidato presidencial que realizó la Concertación en 1993 —en las que él participó—, Lagos no se molestó en pedir primarias. Solo se limitó a decir que “mientras menos estemos discutiendo cómo se elige, mejor”.

    La declaración de Lagos resulta especialmente extraña toda vez que la única razón por la que se duda de que la Nueva Mayoría vaya a realizar primarias para escoger a su candidato es porque el propio Lagos se ha negado a comprometerse a participar en ellas. Otros presidenciables de la coalición —el senador independiente (pro Radical) Alejandro Guillier y la senadora socialista Isabel Allende— han declarado públicamente su disponibilidad para participar en primarias. El único presidenciable que no lo ha hecho es el propio Lagos.

    Pero lo más perturbador de la declaración de Lagos es su intento por diferenciarse de los políticos. Siendo el principal líder de la izquierda chilena por 30 años, Lagos es un político de profesión. Es más, su trayectoria política ha sido tan destacada y sus contribuciones a la consolidación democrática tan innegables que Lagos es el prototipo de lo que es ser un buen político. Su sexenio tuvo más luces que sombras. El legado de su gobierno fue excepcional. Si bien ahora la calle parece recordar con encono el Transantiago, el fallido tren al sur, los casos de corrupción asociados al escándalo MOP-Gate y la introducción del Crédito con Aval del Estado (CAE) para la educación superior, es injusto olvidar el fin de la censura, el Plan Auge, la responsabilidad fiscal, las reformas constitucionales, los acuerdos de libre comercio y la valiente oposición de Lagos a la guerra de Bush en Irak.

    Pero esa tensión que se genera al recordar las sombras más que las luces del sexenio de Lagos hace inevitable la comparación entre el legado del ex Presidente democrático al del ex dictador Augusto Pinochet. Si bien la dictadura implementó reformas notables que hasta hoy constituyen la base de nuestro modelo económico, las sombras del legado autoritario son recordadas con más fuerza. Precisamente porque una sociedad democrática y libre valora los derechos humanos por sobre cualquier cosa, el deleznable legado de violaciones a los derechos humanos ensombrece las valiosas reformas económicas adoptadas en dictadura. Con el legado de Lagos ocurre algo similar. Las valiosas reformas adoptadas por su gobierno son opacadas por los escándalos de corrupción y, fundamentalmente, por la legitimización del modelo del lucro oculto en la educación superior. De poco sirve intentar explicar el contexto o destacar que el CAE permitió el acceso de decenas de miles de estudiantes a la educación superior. Desde la perspectiva de hoy, el modelo del CAE es algo impresentable.

    Para el plebiscito de 1988, Ricardo Lagos hizo historia al atreverse a hablarle directamente al dictador por la televisión. Apuntándole con el dedo, Lagos le recordó las promesas incumplidas y defendió los valores democráticos. Treinta años después, al usar el “los señores políticos”, término preferido del dictador para hablar mal de la política, Lagos inconscientemente se ha puesto en el mismo lugar que entonces ocupaba Pinochet: representante del pasado y un obstáculo a los esfuerzos por construir un nuevo país. Hoy, son otros los que apuntan con el dedo a Lagos y le señalan sus errores y sus promesas incumplidas.

    A diferencia de Pinochet, Lagos es un demócrata. Pero al igual que Pinochet, al buscar ser candidato, Lagos deja en evidencia que pertenece a otra era. Su hablar autoritario, sus constantes referencias a lo que él hizo, lo asemejan a Pinochet. Mientras el dictador nos recordaba que él nos salvó del marxismo, Lagos nos recuerda que gracias a él hoy tenemos democracia. Igual que la mayoría en 1988, los chilenos hoy están más interesados en los desafíos del presente que en agradecer por servicios prestados en el pasado.

    Si bien su trayectoria es de un demócrata y su legado de gobierno es loable, Ricardo Lagos parece inconscientemente estar usando la misma estrategia autoritaria que en su momento usó Pinochet y que el propio Lagos ayudó a derrotar.

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  21. Menos plata en las campañas favorece a los alcaldes en ejercicio

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Es cierto que hay menos presencia del dinero en la política, pero también es verdad que los alcaldes que buscan la reelección tienen ahora la cancha cargada a su favor.

    Una de las consecuencias no anticipadas de la reforma al sistema de financiamiento de campañas es que, al haber menos recursos disponibles para los candidatos, los desafiantes tienen más dificultades para hacerse conocidos y los alcaldes que buscan la reelección tendrán más posibilidades de lograrlo. Como siempre ocurre cuando se restringe la capacidad de hacer propaganda, los que ya controlan el mercado consolidan su posición y los nuevos actores tienen más obstáculos para ganar cuotas de mercado.

    Los escándalos del financiamiento irregular de la política llevaron a que se legislara apresuradamente una serie de reformas que limitan la capacidad de los candidatos a acceder a recursos monetarios para sus campañas. La prohibición a las donaciones de empresas, la mayor regulación a las donaciones de personas naturales y donaciones propias y la mayor fiscalización del gasto han limitado sustancialmente el dinero que fluye hacia las campañas municipales.

    Si bien algunos creen que eso es deseable, la falta de recursos para hacer campaña otorga una ventaja a los alcaldes en ejercicio que buscan la reelección. Como esos alcaldes ya gozan de mejor reconocimiento de nombre y han utilizado los recursos municipales para promoverse durante los años en que han ejercido su cargo, la gente los conoce más que a los desafiantes. Aunque eso pudiera significar que la gente también está más familiarizada con las debilidades y falencias de sus alcaldes, en la medida que la gente supone que los desafiantes también tendrán sus propias falencias y debilidades, los alcaldes corren con una enorme ventaja.

    En democracia, las campañas sirven para que los desafiantes traten de convencer a la gente de que ellos están mejor capacitados que los titulares para ejercer el cargo. Pero cuando el voluntarismo de querer sacar el dinero de la política lleva a legislaciones apresuradas, la prohibición a que las empresas donen a las campañas y los mayores obstáculos para que los candidatos nuevos recauden fondos hacen que la cancha quede dispareja a favor de los que ya detentan el cargo. Cuando además se limita la capacidad de hacer publicidad en la calle, los desafiantes tienen un camino cuesta arriba para posicionarse como alternativas electoralmente viables. Aunque deben dejar sus cargos en el mes inmediatamente anterior a las campañas, los titulares que buscan la re-elección ya se han beneficiado de las ventajas que da ocupar el cargo por casi cuatro años.

    En otros mercados, la prohibición de hacer publicidad favorece a los que ya dominan el mercado. Por ejemplo, cuando se implementan reformas que prohíben la publicidad de cigarrillos, puede disminuir la demanda en general, pero también se consolidan las cuotas de mercado de los actores que ya están presentes y son conocidos. Lo mismo ocurre en el mercado de las campañas: cuando se limita la capacidad de hacer publicidad —o se restringe la capacidad de los candidatos de recaudar fondos—, se hace más fácil que los ya ocupan cargos puedan ser reelectos.

    Por cierto, cuando disminuye la participación electoral, los candidatos que van a reelección tienden a beneficiarse más que los desafiantes. Cuando menos gente vota, más fácil es que funcionen las máquinas montadas para apoyar al candidato oficial y a menudo financiadas irregularmente con recursos públicos.

    Ahora bien, una alta tasa de reelección de alcaldes no es necesariamente mala. Si los alcaldes hacen bien su tarea y los electores están satisfechos, tienen sentido las tasas altas de reelección. Si un consumidor está feliz con la panadería de siempre, no tiene sentido pasar una ley para obligar a que la panadería cierre después de unos años. Si queremos mejorar la calidad de la oferta, tenemos que asegurarnos de que sea fácil para nuevas panaderías competir con las que ya existen. De igual forma, en la arena electoral, la lógica indicaría que hay que incentivar el ingreso de nuevos actores para que generen más competencia en el mercado.

    Lamentablemente, la reforma al sistema de financiamiento de campañas que ha entrado en vigencia para las elecciones municipales del 23 de octubre produce los efectos opuestos. Al limitar la capacidad de los candidatos para recolectar fondos y para hacer publicidad, la reforma deja en desventaja a los candidatos nuevos. En vez de que haya más competencia, las nuevas reglas limitan la competencia. Eso terminará favoreciendo a los alcaldes titulares que buscan la reelección. Lamentablemente, esa ventaja de los titulares hará que se deprima la competencia en el mercado y que inevitablemente baje la rendición de cuentas en los gobiernos municipales. En tanto los titulares corren ahora con más ventaja, tendrán menos temor a ser castigados por el electorado en la próxima elección. Es cierto que hay menos presencia del dinero en la política, pero también es verdad que los alcaldes que buscan la reelección tienen ahora la cancha cargada a su favor.

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  22. Guillier: el renacimiento del bacheletismo

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Si Guillier logra abrazar las banderas del cambio alejándose de la experiencia fallida de Bachelet, su candidatura será difícil de parar para un Lagos que aparece demasiado cercano a los poderes fácticos.

    Precisamente porque Alejandro Guillier representa lo mejor y lo peor del bacheletismo, su candidatura aparece como una amenaza para los poderes fácticos y resulta tan difícil de entender para aquellos que creen que los chilenos ya están cansados con Bachelet.

    Así como a fines de 2004 la entonces ministra de Defensa Michelle Bachelet fácilmente dejó fuera de carrera a los que representaban el continuismo del estilo presidencial de Ricardo Lagos, la irrupción del senador Alejandro Guillier amenaza con dejar fuera de carrera al propio Lagos. Porque Guillier representa esa mezcla de aire nuevo (pero en rostro conocido), cercanía con la gente y distancia con los poderes fácticos, su imagen recuerda la forma en que irrumpió Bachelet en 2005 y el inmediato entusiasmo que generó en un electorado que ya pedía un cambio que los hiciera más protagonistas en la toma de decisiones.

    Igual que Bachelet, Guillier es capaz de hacer que la gente vea en él lo que ellos quieren. Para algunos, Guillier terminará con los abusos. Para otros, acabará con las AFP, mejorará el acceso a la salud o garantizará la gratuidad de la educación. Da lo mismo el tema, con su imagen de un chileno normal que recién entra a la política, Guillier pertenece a la misma generación que Bachelet (él tiene 63, ella cumple 65 el 29 de septiembre). Ninguno de los dos tuvo poder en la década de los 90, cuando se cocinó la transición.

    Ni Guillier ni Bachelet son expertos en políticas públicas. Lo suyo es la capacidad de comunicar. Como senador, Guillier ha tenido una labor discreta. No defiende ninguna bandera específica. Guillier ha logrado convertirse en un senador que todavía parece ocupar el rol de un periodista. Está en el Senado, pero no es uno de ellos. Vota las leyes, pero no se hace responsable de lo que pasa. Afortunadamente para él, la gente tampoco le exige responsabilidades.

    Ahora bien, es cierto que chiste repetido sale podrido. Guillier no podrá hacer en 2017 la misma campaña que hizo Bachelet en 2005 o 2013. Si en 2005 Bachelet representó un cambio en un contexto de continuidad y en 2013 su candidatura fue de ruptura con el pasado concertacionista (incluso con el cambio de nombre de la coalición), Guillier deberá buscar un equilibro entre las promesas de cambio demasiado radicales y el temor a que nada cambie.

    Hasta ahora, Guillier lo ha intentado diciendo que él representa una transición entre la vieja política y la nueva política. Si bien esa estrategia combina cambio con continuidad, también frena las demandas de cambio. Si él solo representa una sala de espera para lo que vendrá, ¿por qué no mejor votar por alguien que promete atención inmediata a los problemas que afligen a Chile?

    Además, como Bachelet ya prometió cosas que no pudo cumplir, Guillier deberá ser cuidadoso con sus promesas. Si promete muy poco, decepcionará a la gente que quiere cambios concretos. Si sus promesas son más ambiciosas, deberá explicar cómo pretende cumplirlas. Después de la decepción por las promesas incumplidas de Bachelet, Guillier no podrá escudarse en decir que él cortará el queque o que él podrá disciplinar a los partidos. El candidato deberá especificar detalles y tomar posiciones. No bastará con decir dónde quiere llegar. El candidato deberá explicar cómo planea llegar hasta allá.

    Con todo, la candidatura de Guillier tiene más oportunidades que amenazas. Su popularidad contrasta con el poco entusiasmo que genera en las filas oficialistas el ex Presidente Lagos. De hecho, Lagos genera más entusiasmo en los poderes fácticos que entre militantes de izquierda. Sus referencias a la gobernabilidad y su discurso enfocado en el Chile del 2050 más que en el Chile de hoy, reflejan que está más preocupado de la historia que de los electores que debe a seducir.  Mientras más empresarios aparezcan hablando bien de Lagos, más difícil le resultará al ex Presidente conquistar a esos votantes que hoy se vuelcan hacia Guillier.

    La popularidad de un candidato que tiene tantas similitudes con Bachelet en su estilo y su mensaje de cambios fundacionales lleva a cuestionar el argumento sobre la impopularidad de las reformas que impulsa Bachelet. Si bien su aprobación personal está por el piso, Bachelet impulsó reformas que siguen siendo populares. La gente quiere terminar con el abuso y expandir la red de protección social. Bachelet puede haber errado el diagnóstico general del descontento y el camino para solucionar los problemas, pero la bandera de las reformas sigue siendo enormemente popular.

    Si Guillier logra abrazar las banderas del cambio alejándose de la experiencia fallida de Bachelet, su candidatura será difícil de parar para un Lagos que aparece demasiado cercano a los poderes fácticos. Pero si repite la misma estrategia de Bachelet, entonces el popular senador correrá el riesgo de terminar cargando con todos los pasivos que ha producido este poco exitoso segundo periodo de Bachelet en el poder.

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  23. La crisis es la nueva normalidad

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Para los que siempre han sido beneficiarios de privilegios y regalías a las que el resto de los chilenos no tenía acceso, estas nuevas dificultades pueden parecer una crisis. Pero para los chilenos que siempre debieron competir en una cancha cargada en su contra, la nueva realidad es una oportunidad.

    Aunque muchos insistan en declarar que el país atraviesa por una crisis, la evidencia indica que la desconfianza en otros y el cuestionamiento de las élites llegaron para quedarse. Luego, en vez de abordar los nuevos desafíos como una etapa temporal y añorar reconstruir el equilibrio anterior, hay que hacerse cargo de la nueva realidad y construir un equilibrio que permita seguir avanzando. Por cierto, hay que acostumbrarse también a que las cosas seguirán cambiando (y aprender que los cambios son a la vez crisis y oportunidades y que, en todo caso, son inevitables).

    Desde hace varios años, parte de la élite intelectual chilena viene confundiendo la evolución inevitable de la sociedad. Ya sea porque las instituciones democráticas son cuestionadas, los líderes no son valorados de la misma forma que cuando se restauró la democracia o la gente se comporta de forma distinta que a comienzos de los 90, algunos intelectuales se apuran en identificar una crisis. Algunos de esos intelectuales también dan a entender, sin evidencia ninguna, que en el Chile prehistórico de 1973, las cosas funcionaban mejor.

    Pero así como la llegada del correo electrónico representó una crisis para el correo regular, los cambios en la sociedad abren nuevas oportunidades. Y aunque algunos añoren los tiempos cuando se enviaban cartas por correo regular, los cambios son inevitables.

    Una crisis es un estado temporal. Si la crisis no se soluciona, se produce un quiebre que genera una nueva realidad. Si en cambio se soluciona, volvemos al Estado anterior de las cosas (con cambios que, presumiblemente, evitarán que se repita la crisis). Por eso, es errado definir lo que está pasando en el país como crisis. Primero, porque esa categorización supone que es un estado que se podría haber evitado y, segundo, porque esa definición también supone que el estado actual es temporal.

    Pero el desarrollo tecnológico que permite más y mejor acceso a la información y el desarrollo de la economía que ha permitido el crecimiento de la clase media vinieron para quedarse. Luego, las condiciones que han generado esta supuesta crisis no van a cambiar. Así como pasar de la infancia a la adolescencia no es crisis, pasar del Chile opaco donde las decisiones las tomaban unos pocos y el resto las acataba sin objetar a un Chile más vociferante donde muchos más quieren participar tampoco es crisis.

    Las prácticas tradicionales de Chile que permitían que las campañas se financiaran en la opacidad y que aislaban a las altas autoridades del escrutinio ciudadano ya no se podrán volver a repetir. Los candidatos no se van a poder subir a aviones privados facilitados por empresarios sin explicar cómo se pagan esos viajes. Eso aplica no sólo para los candidatos díscolos, sino también para los abanderados de las coaliciones dominantes que fueron los que más usaron aviones privados en el pasado.

    La vieja costumbre de los candidatos de salir a buscar fondos a países amigos ya no se pueden realizar. Los think tanks y fundaciones que servían como excusas para armar equipos de campaña y conseguir financiamiento antes de que empezara el periodo oficial de campaña están siendo sometidos a un escrutinio mayor. Eso lo sufrirán en carne propia los ex presidentes que ahora que vuelven a ser candidatos, se encontrarán con una cancha mucho más difícil y un electorado más cuestionador y más difícil de convencer que cuando ellos ganaron las elecciones.

    Pero difícilmente esta nueva realidad puede ser definida como crisis. Es verdad que es una realidad más incómoda para la élite tradicional. Pero el desarrollo del capitalismo y la profundización del modelo suponen que las cosas van a ser más difíciles para la élite en la medida que se empareja la cancha. Para los que siempre han sido beneficiarios de privilegios y regalías a las que el resto de los chilenos no tenía acceso, estas nuevas dificultades pueden parecer una crisis. Pero para los chilenos que siempre debieron competir en una cancha cargada en su contra, la nueva realidad es una oportunidad. Para la élite que ahora no goza de la confianza automática de las masas, sí hay crisis. Pero para las masas que siempre han sido sospechosos a ojos de la elite, la realidad actual no es nada nuevo.

    Los nostálgicos del Chile de antes —los que ahora repiten que todo tiempo pasado fue mejor— debieran revisar los datos y cifras para entender que el país de ahora es más inclusivo, horizontal y menos desigual en acceso a oportunidades que nunca antes. Sin duda hay desafíos complejos —que este gobierno no ha sabido abordar y, en muchos casos, ha ayudado a profundizar—. Pero como la nueva realidad es una situación permanente, inevitable y que, además, ofrece valiosas oportunidades para construir un mejor país, difícilmente podríamos hablar de crisis. Y si aun así algunos la quieren definir como crisis, entonces hay que ir acostumbrándose a que la crisis es la nueva normalidad.

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  24. Cuando no te gustan los datos, niégalos

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    La declaración de Rincón llega precisamente cuando el gobierno debiera fijar como su primer objetivo lograr mayor crecimiento y generación de empleos (de los que aparecen en la encuesta del INE, no de los que están en la imaginación de la ministra Rincón).

    La curiosa declaración de la ministra del Trabajo, cuestionando los datos de desempleo del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y llamando en cambio a mirar los datos reales, representa un inmejorable ejemplo de cómo funciona la negación. Cuándo no te gustan los datos oficiales que siempre se han usado para medir algo, simplemente busca otros datos hasta encontrar algunos que peregrinamente confirmen lo que tú hubieras querido fuera la realidad.

    Al conocerse el nuevo dato sobre el nivel de desempleo —que ya superó el 7%—, la ministra Ximena Rincón cuestionó la veracidad de la encuesta del INE y sugirió en cambio que si uno miraba los datos reales, vería que en realidad el empleo iba en aumento y no en disminución. Si bien la ministra matizó más tarde sus dichos, de todos modos insistió en que había otros datos —presumiblemente igual de legítimos que los del INE— para medir el nivel de desempleo que existe en el país.

    Los dichos de la ministra son lamentables desde varios puntos de vista. Primero, porque al negarse a reconocer una realidad de enfriamiento económico, que los datos de desempleo sólo vienen a confirmar, la ministra Rincón siembra además un manto de duda sobre el INE. Eso es especialmente lamentable precisamente porque el INE viene recuperándose recién de la crisis que motivó la fallida realización del censo de 2012 (“el mejor censo de la historia”) en el gobierno anterior. Pero si en esa oportunidad los cuestionamientos vinieron de líderes de la oposición y de expertos, esta vez es el propio gobierno el que cuestiona a un organismo del Estado cuyas autoridades son nombradas por el mismo gobierno.

    Cuando una alta funcionaria del gobierno cuestiona los datos emitidos por el propio gobierno, nadie puede negar que hay un problema. En circunstancias normales, la declaración de Rincón hubiera constituido razón suficiente para gatillar su renuncia —o la renuncia de la directora del INE, si es que las declaraciones de Rincón tuvieran asidero—. Pero este gobierno ha sido cualquier cosa, menos normal. Los problemas que ha tenido Bachelet para ajustar su gabinete cuando la situación lo amerita permiten anticipar que es altamente improbable que un exabrupto de un ministro cause su salida del gobierno. Como las metidas de pata salen gratis, hay ministros que parecen enfrascados en una competencia por ver quién comete más autogoles.

    Pero los dichos de Rincón también son lamentables porque confirman un patrón de negación de la realidad que ha marcado a este gobierno desde sus inicios. Si bien las encuestas mostraban que los chilenos eligieron a Bachelet porque querían que ella ayudara a terminar con los abusos y promoviera más inclusión y oportunidades, la Nueva Mayoría buscó cambiarlo todo. Al poco andar, la retroexcavadora quedó estancada, pero los aires fundacionales han seguido soplando fuerte en La Moneda.

    Ahora que la gente percibe que ya no solo se trata de distribuir los huevos de oro sino que hay que hacer que la gallina vuelva a poner huevos, el gobierno sigue empecinado en desconocer la realidad. Los dichos de la ministra confirman un patrón de comportamiento oficialista que privilegia sus creencias por sobre los indesmentibles datos. Como las creencias del gobierno son que el crecimiento se da por generación espontánea, por más que el ministro de Hacienda Rodrigo Valdés haga sus mejores esfuerzos para ayudar a construir un clima favorable a la inversión y al crecimiento, el gobierno no pasa de las declaraciones de buenas intenciones a acciones concretas que permitan revertir en el enfriamiento de la economía. Reconociendo tácitamente que los años de las vacas gordas fueron un golpe de suerte, el gobierno parece resignado a que no hay mucho que se pueda hacer para cambiar la tendencia a la baja que viene experimentado la economía.

    Como un paciente que se niega a reconocer que está enfermo, el gobierno mira los indicadores de la economía y los relativiza. Igual que un paciente enfermo que dice que su azúcar está muy alta porque anoche comió muy tarde y que su colesterol está alto porque el fin de semana le dieron un pedazo de carne muy grasosa, el gobierno se niega a aceptar que la economía del país está estancada. La declaración de Rincón llega precisamente cuando el gobierno debiera fijar como su primer objetivo lograr mayor crecimiento y generación de empleos (de los que aparecen en la encuesta del INE, no de los que están en la imaginación de la ministra Rincón).

    La coyuntura de la economía regional no es nada favorable para Chile. Va a tomar un tiempo antes de que los vientos vuelvan a soplar en la dirección favorable. Pero mientras tanto, lo peor que puede hacer el gobierno es negar la realidad. Precisamente porque cuando no hay viento que empuje la vela hay que empezar a remar, el gobierno debiera partir por reconocer la realidad y no pretender hacernos creer que hay otra realidad paralela con sus propios datos que es más auspiciosa.

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  25. Más candidatos que propuestas

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Ante el desprestigio del concepto de un programa de gobierno y la ausencia de ideas concretas sobre cómo retomar el sendero del crecimiento y de mayor justicia social ahora que se acabó el boom de los commodities, la campaña presidencial de 2017 tendrá muchos más rostros que ideas.

    La proliferación de candidatos presidenciales para la contienda de 2017 refleja tanto la creciente personalización de la política como la dificultad de conciliar las demandas de la ciudadanía con las bajas expectativas sobre crecimiento económico. Dado el poco margen para hacer promesas ambiciosas, los candidatos se diferenciarán a partir de sus atributos personales.

    En los últimos años, la política chilena ha avanzado por el mismo camino hacia la profundización del voto personal que han experimentado muchas otras democracias en el mundo. Porque las diferencias ideológicas se han matizado (nadie seriamente propone un modelo de desarrollo alternativo al capitalismo, aunque muchos ganen elecciones haciendo campaña contra los aspectos negativos del modelo), las diferencias entre distintas propuestas tienen más que ver con quién será el piloto que administre el modelo neoliberal que con hojas de ruta distintas. De ahí que en la mayoría de los países desarrollados, las elecciones se centren más en los liderazgos personales que en las ideologías de los partidos que postulan a los candidatos. Desde Estados Unidos hasta Europa occidental, las diferencias ideológicas se han reducido y se resaltan en cambio los atributos personales de distintos candidatos.  Aunque algunos candidatos aún buscan diferenciarse con promesas extremas, el solo hecho que esas promesas sean impracticables e irrealizables confirma que la gente está escogiendo líderes nacionales por sus atributos personales más que por el contenido de sus programas.

    En América Latina, el fin del ciclo alto de los commodities ha llevado a todo los candidatos a cambiar el foco desde la distribución de la riqueza a la generación de nueva riqueza. Incluso en Chile, cuya elección presidencial de 2013 se centró más en la distribución de la riqueza que en formas de asegurar más generación de riqueza, el nuevo aire dominante en la arena electoral comienza a centrarse en la generación de riqueza que en cómo distribuirla. Pero para un país cuyo modelo de desarrollo en las últimas tres décadas se basó en la exportación de recursos naturales, resulta complejo plantear modelos de desarrollo capitalistas alternativos en un contexto adverso para el crecimiento rentista. Por otro lado, como los chilenos no quieren un modelo alternativo, sino aspiran a que el modelo funcione igual para todos, el rango de alternativas es bastante reducido.

    Con todo, en Chile hay un gran acuerdo respecto a que no podemos seguir dependiendo del crecimiento impulsado por la importación de recursos naturales, pero no hay suficiente desarrollo de ideas que muestren un camino alternativo de desarrollo. Aunque algunos postulan invertir en capital humano, desarrollar clústers tecnológicos o incluso promover la integración regional para hacer frente a la nueva realidad mundial, aún no hay hojas de ruta acabadas que puedan ser sometidas al escrutinio público de cara a la presidencial de 2017.

    La ausencia de propuestas concretas no parece ser un gran problema precisamente debido a la obsesión que produjo el programa de gobierno de Bachelet en 2013. Como el programa se convirtió en un fetiche para la Nueva Mayoría, ahora nadie parece muy interesado en redactar un programa nuevo. Pero el programa de Bachelet era mucho más una declaración de intención sobre dónde ella quería llegar más que una hoja de ruta sobre cómo llegaríamos ahí. Con todo, dado el uso panfletario que se le dio, el concepto de programa de gobierno ha quedado altamente desprestigiado en el país. En vez de entenderse como un plano para construir una casa —que inevitablemente deberá ser revisado para ajustarlo a las realidades cambiantes del terreno y del presupuesto—, el programa de gobierno de Bachelet fue visto como una camisa de fuerza que ha terminado por ayudar a hundir a esta administración.

    Todo esto llevará a la contienda presidencial de 2017 a convertirse en una entre liderazgos personalistas que prometan llevar al país a buen puerto sin especificar cómo lo harán. La presencia de dos ex Presidentes —cuyo principal argumento es que ya gobernaron bien y, por lo tanto, volverán a hacerlo bien— ayuda a centrar el foco en los atributos personales más que en las propuestas de campaña. La larga lista de desafiantes que ya se ha formado también dificulta la discusión de ideas por sobre los atributos personales. En un país donde la clase política aparece muy desprestigiada y en un mundo donde los atributos personales pesan cada vez más en la decisión de los votantes, debiéramos prepararnos para que la próxima campaña presidencial sea más personalista de lo que ya han sido los comicios recientes. Además, ante el desprestigio del concepto de un programa de gobierno y la ausencia de ideas concretas sobre cómo retomar el sendero del crecimiento y de mayor justicia social ahora que se acabó el boom de los commodities, la campaña presidencial de 2017 tendrá muchos más rostros que ideas.

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  26. No+AFP, ¿quién ofrece más?

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Como la demanda popular se ha simplificado en el No+AFP, no debiéramos sorprendernos cuando los presidenciables empiecen a prometer terminar con las AFP de la misma forma como en 2013 Bachelet respondió a la demanda ciudadana prometiendo el fin al lucro, la selección y el copago y la educación superior gratuita para todos.

    Aunque algunos pensaron que las aguas se aquietarían después del anuncio de la Presidenta Bachelet sobre su propuesta de modificaciones al sistema de AFP, la señal de debilidad que entregaron las propias AFP —que reconocieron la necesidad de reformas— y la rapidez con la que la clase política comenzó a lanzar propuestas para mejorar las pensiones ha atizado el fuego. Porque en democracia también se tropieza de nuevo con la misma piedra, no debiéramos sorprendernos de ver candidatos que se hagan eco de la demanda de mejores pensiones a costo cero para los cotizantes.

    El movimiento No+AFP amenaza con dominar la agenda electoral en 2017. En un contexto en que la clase política mantiene un alto desprestigio y ningún candidato se empina por sobre el 15% de intención de voto, el movimiento contra las AFP ofrece una nueva oportunidad para copiar el estilo que llevó a Bachelet a la victoria: promesas ambiciosas sin entrar a detallar cómo se cumplirán.

    La experiencia de 2013 puede ser iluminadora respecto a lo que pueda ocurrir en 2017. Después que las protestas de 2011 tuvieron al gobierno de Sebastián Piñera contra la pared, el aterrizaje de Michelle Bachelet como candidata presidencial en marzo de 2013 demostró la fuerza de la opinión pública para influir sobre los mensajes de campaña de los candidatos. Días después de su retorno al país, Bachelet separó aguas con los que pedían educación gratuita universal. Pero a los pocos días, reculó e hizo propia la promesa de gratuidad universal. Aunque aclaró que el proceso sería gradual, el hecho que Bachelet haya modificado su postura ante el clamor de la calle demostró que, por más responsables que quieran ser, los candidatos deben luchar contra la tentación de ceder a la presión de la calle.

    La decisión de Bachelet de comprometerse con la gratuidad fue difícil de comprender. Después de todo, prometiera lo que prometiera (o dejara de prometer), Bachelet era amplia favorita para ganar las elecciones. Pero la entonces candidata sucumbió ante la presión izquierdista en su coalición a tal punto que, una vez en el gobierno, tomó el inusual camino de implementar la gratuidad a través de una glosa en el presupuesto. La obcecación de Bachelet por cumplir una promesa de campaña generó un doble costo. Primero, instaló la idea de que la educación universitaria gratuita era un derecho. Segundo, abandonó el principio de que el financiamiento de nuevos derechos permanentes debería hacerse a través de leyes que regulen cómo funcionaría el nuevo sistema.

    Para 2017, la demanda de No+AFP amenaza en convertirse en la nueva fuerza que lleve a candidatos a realizar promesas irreflexivas y voluntaristas sobre cómo mejorar las pensiones. Como la gente está más preocupada de los resultados que de los procesos, los planes de mejoras graduales y parciales no generarán mucho apoyo. En una sociedad capitalista de consumo que demanda satisfacción inmediata (compre ahora y pague después), la gente no se entusiasma con candidatos que prometan resultados en el largo plazo. A diferencia de la educación, que deja de ser una prioridad cuando la gente ya la obtuvo o cuando se pasa la edad, la preocupación por las bajas pensiones va en aumento a medida que la gente envejece y acompaña a los pensionados por el resto de sus vidas.

    Como las encuestas muestran que los chilenos no tienen favoritos para las elecciones presidenciales de 2017, varios presidenciables se sumarán a la popular causa de No+AFP para atraer apoyos. Se desatará una competencia por quién promete mejores resultados con el menor sacrificio posible.

    Es verdad que en la mayoría de las democracias los candidatos se exceden en sus promesas de campaña y, después de ganar las elecciones, llenan sus promesas de letra chica. En parte, la democracia consiste en ilusionarnos en campaña para despertar a la realidad cuando asume el nuevo gobierno. Pero mientras más excesivas son las promesas de campaña, más difícil resulta volver a posiciones razonables después de ganar la elección.

    Porque el movimiento No+AFP después de una multitudinaria marcha ya logró que Bachelet anunciara un ambicioso proyecto de reformas, nuevas marchas llevarán al gobierno y a varios presidenciables de todos los colores políticos a competir por quién ofrece más. Aunque algunos dicen que los chilenos están hartos de la lógica de competencia que predomina en el modelo neoliberal, la evidencia muestra que la ley de oferta y demanda funciona a la perfección en el mercado electoral. Cuando la gente quiere más, la clase política inmediatamente compite por quién hace la promesa más ambiciosa. Como la demanda popular se ha simplificado en el No+AFP, no debiéramos sorprendernos cuando los presidenciables empiecen a prometer terminar con las AFP de la misma forma como en 2013 Bachelet respondió a la demanda ciudadana prometiendo el fin al lucro, la selección y el copago y la educación superior gratuita para todos.

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  27. Nos fuimos quedando en silencio, de Daniel Mansuy

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    El título de su libro, que se inspira en una canción de 1979 del dúo Schwenke y Nilo, critica la incapacidad de la élite intelectual para reconocer las contradicciones y tensiones sobre las que se construyó nuestra democracia. Esa incapacidad imposibilita que la izquierda reconozca los logros del modelo y que la derecha reconozca sus limitaciones.

    En un muy bien escrito -pero mal titulado- ensayo, Daniel Mansuy se une a un extenso número de intelectuales que han intentado explicar el Chile actual. Afortunadamente, Mansuy no cae en el voluntarismo nostálgico izquierdoso que cree que Chile avanza en la dirección equivocada, pese a toda la evidencia existente que dice lo contrario. Tampoco peca del optimismo militante y dogmático de los talibanes del modelo que creen que no hay que cambiar nada.  Más bien, Mansuy intenta explicar las bases del modelo y porqué esas bases generan esa polarización que aparece cuando los chilenos de distinto color político intentan explicar Chile.  Porque es demasiado joven como para haber vivido el Chile de antes y porque tampoco carga con el peso de haber defendido la dictadura, Mansuy tiene la libertad para destacar lo que está bien con el Chile de hoy y para identificar lo que está mal y lo que todavía está contaminado por el doloroso y polarizador legado de la dictadura militar.

    Mansuy es un filósofo político, doctorado en la Universidad de Rennes y académico en la Universidad de los Andes. También es un prolífico columnista y participa activamente del debate público desde el Instituto de Estudios de la Sociedad.  Nacido en 1978, Mansuy no tenía edad para votar en el plebiscito de 1988.  Luego, no está contaminado por la polarización que marcó a los que tuvieron que elegir entre apoyar la extensión de la dictadura y la continuidad del modelo neoliberal o apostar por un retorno a la democracia que implicaba el riesgo de adoptar políticas retrógradas. Mansuy tampoco vivió como adulto la década de los 90, que Alfredo Jocelyn-Holt brillantemente resumió como cuando pasamos del “avanzar sin transar al transar sin parar”.

    Mansuy cumplió los 18 recién en 1996. Cuando arrestaron a Pinochet en Londres, Mansuy solo tenía 20. Por su edad, no le debe explicaciones a nadie por sus posiciones políticas. Tampoco está en condiciones de exigirlas más allá de lo que cualquier ciudadano puede exigir a sus mayores respecto al país que le están heredando.

    Sin cargar con las nostalgias y culpas del pasado, Mansuy habla del modelo de democracia protegida y de la transición a la democracia con brillante claridad. Claramente explica por qué el debate a menudo se degrada por las lógicas dicotómicas de la transición: el modelo neoliberal es de Pinochet, luego es malo o la Concertación legitimó el modelo, luego el modelo es bueno.  En uno de los pasajes mejor logrados del texto, Mansuy explica cómo el debate se reduce a los que creen que lo público es estatal versus los que creen que lo público es—pese a la contradicción—privado.

    El título de su libro, Nos fuimos quedando en silencio, que se inspira en una canción de 1979 del dúo Schwenke y Nilo, critica la incapacidad de la élite intelectual para reconocer las contradicciones y tensiones sobre las que se construyó nuestra democracia. Esa incapacidad imposibilita que la izquierda reconozca los logros del modelo y que la derecha reconozca sus limitaciones.

    Huelga decir que Mansuy no cree que Chile esté en una crisis terminal, que el fin del modelo sea inminente o que el lucro sea la causa de todos los males. Pero Mansuy no desconoce la debilidad de nuestro estado, que no cumple su tarea de facilitar la inclusión social, y está muy consciente de las desigualdades que todavía persisten en nuestro país y que imposibilitan que la gente pueda participar con igualdad de derechos en la sociedad y el mercado. Por sobre todo, Mansuy se hace cargo de la necesidad de pensarnos en sociedad. Después de todo, como acostumbra decir Marco Enríquez-Ominami, no se trata solo de vivir mejor, sino de vivir mejor juntos.

    Afortunadamente para Mansuy, pocos asociarán el título del libro a la letra de la canción de protesta del dúo valdiviano.  Escita en uno de los periodos más críticos de la dictadura, la canción lamentaba que los chilenos nos hayamos quedado en silencio “mientras en las poblaciones, los obreros comen viento… Nos callamos en la hora de decir nuestras verdades, porque era conveniente salvar nuestra propiedad”  A partir de la propia descripción de Mansuy, sabemos que si hay algo que los chilenos ya no hacen es quedarse en silencio.

    Es verdad que todavía persiste, en particular en las generaciones traumatizadas por la polarización de los 60, la UP, la dictadura y la compleja transición a la democracia, una dificultad para pensar el futuro sin caer en la caricaturización de buenos y malos. Pero en general, los chilenos muestran hoy más que nunca antes en nuestra historia expectativas de que el futuro será mejor que el pasado y que sus hijos estarán mejor.  Pero no basta con el optimismo, necesitamos más diálogo.  En eso, Mansuy correctamente describe el problema del Chile actual. Pero equivoca el título, en tanto los chilenos no nos hemos quedado en silencio. Al contrario, a veces hablamos tanto que se nos hace difícil escuchar a los otros.

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  28. DC y PC inseparables

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Como el PC y el PDC parecen convencidos de que deben alinearse detrás de Lagos, el futuro de una coalición amplia de centro-izquierda que empiece en el PDC y termine en el PC parece garantizado en tanto el ex Presidente Lagos no deponga sus aspiraciones presidenciales.

    La entrevista en El Mercurio del domingo en la que el ex ministro del Interior rompió su silencio después de su salida del gobierno pudiera resumirse en que el ingreso del PC a la Concertación —y el cambio de nombre a Nueva Mayoría— son responsables de que este gobierno sea el más impopular y menos exitoso de todos los gobiernos de centro-izquierda desde el retorno de la democracia. Ya que Burgos cree que “el nivel de influencia programática que ha tenido [el PC] en este gobierno no le hace bien al país”, el ex titular de Interior deja claro que su aspiración es que “la Nueva Mayoría termina con este gobierno”. Lamentablemente para los deseos de Burgos, el hecho que tanto el PC como el PDC aparecen encaminados a apoyar la candidatura presidencial de Ricardo Lagos en noviembre de 2017 hace que el futuro de la coalición gobernante de centro-izquierda sea bastante más auspicioso de lo que quisiera el ex ministro de Bachelet. Como el PC y el PDC parecen convencidos de que deben alinearse detrás de Lagos, el futuro de una coalición amplia de centro-izquierda que empiece en el PDC y termine en el PC parece garantizado en tanto el ex Presidente Lagos no deponga sus aspiraciones presidenciales.

    Como era de esperar, las declaraciones de Burgos provocaron reacciones desde el PC hasta su propio partido. Aunque varios líderes DC secundaron las palabras de Burgos, el comportamiento del PDC y la estructura de incentivos que enfrenta ese partido hacen pensar que las palabras de Burgos son más bien un berrinche de un militante que no logró aprovechar el puesto que llegó a tener para construir poder político personal o para su partido que un anticipo del futuro de la coalición de gobierno.

    Para comenzar, si el PDC estuviera tan descontento en la coalición de gobierno, ya se podría haber ido. Pero ya sea porque los puestos de gobierno son un premio demasiado atractivo como para renunciar antes de que termine el periodo o porque el PDC sabe que en el gobierno tiene mucha más capacidad de frenar lo que considera es la mala influencia del PC, el partido de la flecha roja ha optado por seguir siendo parte del gobierno de la Nueva Mayoría. Para los que creen que el partido no se mueve por intereses individuales de militantes que están demasiado cómodos como para renunciar a sus pegas, tiene todo el sentido del mundo aceptar el argumento que el PDC es el ancla que evita que el gobierno se vaya a la deriva a una izquierda voluntarista y nostálgica. De hecho, el propio Burgos sugirió que, si no hubiera sido por él, la presión por nacionalizar sectores e industrias hubiera tenido favorable acogida por parte de La Moneda.

    Ya que el PDC no dejará a la Nueva Mayoría antes de que termine el gobierno, la única posibilidad de que la advertencia de Burgos se materialice sería en la campaña presidencial de 2017. Desafortunadamente para las pretensiones de Burgos, el PDC no cuenta con un presidenciable viable. Aunque hay varios que tienen aspiraciones (¿qué político no las tiene?), las encuestas muestran que no hay ningún DC en la lista corta de presidenciables y es poco probable que en los próximos meses aparezca alguno. Es más, ya hay varios connotados líderes del PDC que están proclamando la candidatura del ex Presidente Ricardo Lagos.

    Por su parte, el PC tampoco tiene candidato presidencial propio, por lo que parece razonable suponer que ambos partidos negociarán su apoyo a alguno de los presidenciables de la centro-izquierda que marcan en las encuestas. Como Lagos lidera las encuestas como el presidenciable mejor posicionado en la centro-izquierda, su candidatura parece inevitable. Ante los ojos del PC y el PDC, Lagos pudiera no ser la primera opción, pero ambos partidos prefieren apoyar al candidato con más posibilidades de ganar a cambio de concesiones en la lista de candidatos de la coalición.

    A su vez, para que sus aspiraciones sean viables, Lagos necesitará construir una coalición amplia que incluya al PC y al PDC. Si hace agua por la izquierda, Lagos arriesgará que se levante un candidato alternativo que amenace su liderazgo en el sector. Si en cambio no logra amarrar el apoyo del PDC, difícilmente podrá ganar en segunda vuelta. Luego, los incentivos están perfectamente alienados para que el PDC y el PC se unan detrás de la candidatura presidencial de Ricardo Lagos.

    Es verdad que el color ideológico de la coalición de centro-izquierda y las posiciones que tome Lagos como candidato dependerán de la correlación de fuerzas entre los partidos que compongan la Nueva Mayoría II (que bien pudiera cambiar de nombre). Pero el solo hecho que Burgos haya amenazado con el quiebre de la coalición deja en claro que ya se iniciaron las negociaciones para definir el sesgo ideológico de la próxima coalición de centro-izquierda y que los partidos, en especial el PDC, está tratando de subir su precio para lograr que la Nueva Mayoría II se parezca más a la Concertación que a la Nueva Mayoría I.

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