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  1. Burgos llegó a desordenar la DC: Quedó la puerta abierta a una candidatura senatorial y a diputados se les mueve el piso

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    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Renunció un miércoles, se fue un jueves, habló un fin de semana y para el martes siguiente ya tiene una candidatura. El exministro tiene una carrera política tan amplía que ocurrió lo natural y se convirtió en posible candidato. La idea es llegar a La Araucanía, pero esto pasando a llevar a los diputados que ya manifestaron el mismo interés.

    Menos de una semana pasó desde que Jorge Burgos dejara el ministerio del Interior, para que se escuchen distintos pronósticos para su futuro político. Pero es la última la que toma más fuerza. Si bien está en Londres desde que renunció al gobierno, no ha estado ausente de lo que ocurre en Chile.

    En entrevista con un medio nacional, Burgos dejó la puerta abierta a una posible candidatura senatorial por La Araucanía. Esto si es que se lo propone la Democracia Cristiana y solo entonces lo consideraría como un “bonito desafío”.

    El exministro visitó la zona en siete oportunidades, teniendo bajo su responsabilidad a las fuerzas de orden y en el contexto de la violencia en la región, marcados por ataques incendiarios a fundos y camiones. Además, se tiene que tomar en cuenta que en el único viaje de la presidenta Bachelet a la zona, Burgos no fue ni invitado o notificado, siendo el hito de la distancia con la mandataria que finalmente lo llevó a la renuncia.

    En la DC ven en el nombre con prudencia y advierten que aún es pronto para levantarlo como candidato, sin embargo, es en noviembre de este año en que se definen los nombres que cada partido llevará a las urnas, bajo la nueva ley electoral.

    En paralelo, ya existen nombres de aspirantes al senado por la zona y del mismo partido. Se trata de los diputados por La Araucanía Mario Venegas y Fuad Chahín, quienes ya manifestaron su interés.

    No en la Novena

    Consultado sobre el tema, el diputado Venegas dijo a nuestro medio que fue él quien promovió a Burgos como candidato senatorial en la zona en la última elección. Sin embargo, esa situación no es la misma que la actual, por la que desecha la idea de que llegue a Novena región.

    “Esa situación de ayer no es la de hoy. Hoy tenemos gente de la región y creo que por las circunstancias y características del lugar, sería mejor tener un candidato de la zona, y los hay. Jorge Burgos puede ser candidato por cualquier lugar”, explicó.

    “Las condiciones de Burgos lo hacen sin duda un activo del partido que puede ser fácil un candidato en aquellos lugares en que la DC necesita presencia. Yo he decidido competir, así lo he anunciado en distintas estructuras del país, el mismo (ex intendente Francisco) Huenchumilla es una carta… Esto se tiene que resolver aún”, agregó.

    Fuego cruzado

    A vista del director de la escuela de Ciencias Políticas de la UDP, Claudio Fuentes, el nombramiento de Burgos puede ser riesgoso, por lo cercano a su renuncia al cargo.

    “Todas estas señales políticas tan prematuras creo que no son convenientes, porque la ciudadanía espera otro tipo de actitudes ahora. Esta imagen de actores que van de un cargo a otro está siendo muy cuestionado”, dijo el experto a Cambio21.

    Además, Fuentes consideró que durante la época de Burgos, el tema de La Araucanía “fue compleja su gestión y por lo tanto no estoy seguro que sea un candidato fuerte en esa región”.

    “Si surgió el rumor de su nombre se puede deber a que representa a un sector dentro del a DC que tiene cuotas de poder dentro del partido y, en segundo lugar, como forma de compensarlo por su trabajo en el ministerio del Interior. Seguramente van a buscarle una fórmula de compensación para que siga en la carrera política”, agregó.

    Antes, mejor

    El actual jefe de bancada de la DC, Fuad Chahín es uno de los que aspira a un cupo senatorial en la región por la que hoy es diputado. Incluso, de levantarse el nombre de Burgos, su candidatura podría pasar a segundo plano.

    Sin embargo, en conversación con Cambio21, el parlamentario dijo que “Jorge es un gran candidato en cualquier parte de Chile y por lo mismo creo que el partido le pedirá que se postule donde no hay cartas fuertes de la DC”.

    Además, descartó que la propuesta sea arriesgada por su premura, diciendo que “se debe resolver lo antes posible la plantilla parlamentaria, para que colabore en la campaña municipal”.

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  2. El PDC a la primera vuelta presidencial 2017

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    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Si el PDC aborda decididamente la elección presidencial eligiendo un candidato competitivo, entonces resultará indispensable lograr el compromiso territorial de concejales, alcaldes, diputados y senadores. De lo contrario, el partido se expone a una tercera derrota en primarias a manos de la izquierda.

    En el PDC hay tres posturas frente a la elección presidencial de 2017. La primera adscribe a la idea de competir con un candidato presidencial en la primera vuelta, olvidándose de la primaria. La segunda apoya la tesis de que el PDC debe competir en una primaria frente al candidato de la izquierda. La tercera, en tanto, prefiere no competir en la primaria ni en la primera vuelta, apoyando desde ya la candidatura de Ricardo Lagos o de la figura más popular de la Nueva Mayoría.

    Los que apoyan esta última opción piensan que será prácticamente imposible que el PDC levante una carta competitiva de aquí a las municipales. Dado que sólo Burgos figura dentro de los diez políticos mejor evaluados por el CEP, la oferta de posibles candidatos está restringida. Sin embargo, reconocen que la figura con más ganas y recursos políticos para enfrentar una eventual carrera presidencial es Ignacio Walker. En el PDC aún persiste el trauma de la última elección primaria de 2013 donde el resultado fue decepcionante. Orrego cosechó 189.582 votos de un total de 2.137.423 votos válidamente emitidos en la primaria de la Nueva Mayoría, lo que representó un 8.9%. Si se lleva este resultado a cifras totales (es decir, incluyendo la participación en las primarias de la Alianza), la votación de Orrego equivalió a un 6.4% de todos los votos válidos de esa primaria, y a un 1.4% tomando como base a toda la población en edad de votar.

    El problema del PDC en esas primarias no fue Orrego, sino que su propio partido. El desempeño electoral de Orrego no mejoró en comunas, distritos o circunscripciones con representantes del PDC. En el caso de las circunscripciones senatoriales, sólo en Aysén -con Patricio Walker- Orrego pudo doblegar a Andrés Velasco. La evidencia es clara en demostrar que el partido no se movilizó en favor del candidato. De hecho, algunos congresistas levantaron la idea de no competir en la primaria y de proclamar directamente a Bachelet. A muchos DC se les vino a la cabeza la primaria de 1999 cuando Lagos se impuso a Zaldívar por un categórico 71.4%. Mientras Lagos cosechó 991.050 votos, Zaldívar apenas alcanzó 397.434. La diferencia fue más amplia en las mesas de hombres comparadas con las mesas de mujeres.

    Estos antecedentes llevan a imaginar el siguiente escenario. Si el PDC no se decide por competir seriamente en una primaria o en la elección general de noviembre de 2017, es mucho mejor plegarse a Lagos (o algún otro) desde ya, colaborando en la redacción del programa y definiendo el espacio del PDC en el potencial gobierno. En cambio, si el PDC aborda decididamente la elección presidencial eligiendo un candidato competitivo, entonces resultará indispensable lograr el compromiso territorial de concejales, alcaldes, diputados y senadores. De lo contrario, el partido se expone a una tercera derrota en primarias a manos de la izquierda.Ahora bien, en caso de que irrumpa una figura del PDC muy encima de la primaria presidencial, entonces sí sería razonable seguir con ese candidato hasta la primera vuelta, pues habría tiempo para desarrollar la campaña. Adicionalmente, ese candidato acompañaría a la lista parlamentaria del partido.

    Los alcaldes del PDC gobiernan aproximadamente al 20% del país. Su votación equivale a un tercio de la Nueva Mayoría. Por tanto, el eventual candidato presidencial del partido cuenta con una plataforma básica para desarrollar una campaña. Respecto al nombre, aparecen Ignacio Walker y Jorge Burgos. Por cierto, no se descarta la reaparición de Ximena Rincón en caso de que un cambio de gabinete la favorezca con la vocería del gobierno, o de Carolina Goic como representante de las regiones. Pero nada de esto tiene sentido si no se cumplen simultáneamente dos condiciones: posicionamiento del candidato en las encuestas y decidido apoyo territorial de los representantes del partido. Si falla alguna de estas condiciones, es mucho mejor externalizar el servicio y esperar otros cuatro años para volver a La Moneda.

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  3. El camino propio del PDC

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Como el PDC prefiere la comodidad de una coalición en la que no se siente ideológicamente a gusto que la incomodidad de defender sus posturas ideológicas estando fuera del poder, sus amenazas de salirse de la Nueva Mayoría solo se materializarán si es evidente que esa coalición no tiene chance alguna de ganar la próxima elección presidencial.

    La amenaza del PDC de que romperá a la Nueva Mayoría para buscar el camino propio en las elecciones de 2017 resulta poco creíble tanto porque no hay camino propio sin candidato presidencial viable así como porque el PDC se niega a competir con una lista propia de concejales en las municipales de 2016.

    Desde que en 1988 fundó la Concertación como socio mayoritario, el PDC ha perdido influencia de forma gradual, pero irreversible. Después de ocupar La Moneda por 10 años, el PDC lleva 16 años sin ocupar la primera magistratura. En 2001, fue superado por la UDI como el partido más votado y con más legisladores. Luego de representar más de la mitad de los votos de la Concertación a comienzos de los 90 —y tener la mitad de los parlamentarios oficialistas— con un 15,6% de la votación en 2013, el PDC sólo contribuyó con uno de cada tres votos de la Nueva Mayoría. Hoy, solo menos de un tercio de los diputados del oficialismo son DC.

    Dado el difícil contexto de la transición a la democracia, el camino de moderación que proponía el PDC fue apropiado y productivo. Pero a medida que se fue consolidando la democracia, el PDC pasó de ser una voz de mesura a convertirse en un freno conservador desconectado de la realidad de Chile. Si a comienzos de los 90 era riesgoso empujar la demanda por justicia a los violadores de los derechos humanos, hoy resulta incomprensible frenar el debate sobre el aborto. Aunque hay argumentos razonables para oponerse al aborto, el PDC no parece querer convencer a la opinión pública, sino evitar el debate.

    Es evidente que la Nueva Mayoría está hoy a la izquierda de la Concertación. Pero ese realineamiento ideológico se ha dado precisamente porque la DC se ha visto debilitada, no es la causa de su debilidad.

    Cuando el gobierno de Piñera corrió el cerco ideológico hacia la izquierda, los partidos de izquierda aprovecharon la coyuntura para poner temas en la agenda que habían sido excluidos hasta antes de 2010. Eso dejó al PDC en una posición especialmente incómoda. Aunque la historia la aleja de la derecha y la une a la izquierda, su ideología la hermana con la derecha y la distancia de la izquierda.

    Pero como los cuatro años de travesía del desierto entre 2010 y 2014 fueron muy duros, el PDC no quiere ahora renunciar al botín del poder solo porque no comulga ideológicamente con La Moneda. Por eso, para mostrar su disconformidad, el PDC amenaza con romper la Nueva Mayoría y tomar un camino propio para enfrentar las elecciones de 2017.

    Pero esa actitud es la misma que tiene un hijo malcriado que nunca estudió ni trabajó y se quedó viviendo en casa de los papás hasta los 40 años. Como el hijo flojo no tiene trabajo ni dónde vivir, sus amenazas de que pronto se irá son ignoradas por los padres. Además, ya que quiere salir a carretear el fin de semana, el hijo igual pide una mesada cinco minutos después de anunciar que el próximo año sí se va de la casa.

    Para que la amenaza de quiebre sea creíble, el PDC necesita demostrar que tiene un candidato presidencial viable, que está dispuesta a cruzar la trinchera y formar una coalición con la derecha o que está preparada para una travesía del desierto mientras articula una alternativa a las ya consolidadas opciones de derecha e izquierda que hoy existen en el país.

    Aunque hay varios DC con ganas de ser presidenciables, no hay nadie con suficiente carisma y atractivo personal como para liderar una campaña que aspire a pasar a segunda vuelta o que al menos garantice mantener el número de parlamentarios que hoy tiene el partido siendo parte de la Nueva Mayoría.

    Incomprensiblemente, el PDC tampoco está dispuesto a superar las divisiones del pasado y formar una coalición con partidos moderados de derecha. El PDC está hoy más anclado en la división del Sí y el No que ningún otro partido en Chile. Aunque su capacidad de negociación mejoraría mucho si anuncia que está igualmente disponible para negociar con la derecha o la izquierda, al cerrar la puerta a un pacto con la derecha, el PDC renuncia a la ventaja que da ser el principal partido de centro.

    Finalmente, como el PDC prefiere la comodidad de una coalición en la que no se siente ideológicamente a gusto que la incomodidad de defender sus posturas ideológicas estando fuera del poder, sus amenazas de salirse de la Nueva Mayoría solo se materializarán si es evidente que esa coalición no tiene chance alguna de ganar la próxima elección presidencial. De hecho, el PDC ni siquiera ha intentado probar su peso específico impulsando una lista propia para las elecciones de concejales de 2016.

    Temiendo quedar en un distante tercer lugar detrás de una Nueva Mayoría izquierdista y una coalición de derecha, el PDC es como un perro que ladra pero no muerde. La amenaza del camino propio resulta poco creíble precisamente porque nadie en el PDC está dispuesto a pagar los costos que implica dejar la comodidad que implica ejercer el poder por los dos años que restan al gobierno de Bachelet.

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  4. La repetida advertencia del PDC sobre el camino propio

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Un partido que se vaya por fuera de las grandes coaliciones necesitará un candidato presidencial atractivo para evitar desaparecer. Amenazar con el camino propio si no tienes candidato presidencial equivale con amenazar con irte de la casa y después pedirle a tu mamá que te lave la ropa y te alimente.

    Igual como ha ocurrido antes de cada elección presidencial desde 1999, cuando se acerca la temporada electoral, el Partido Demócrata Cristiano (PDC) comienza a lanzar amenazas a sus socios de coalición poniendo condiciones para sentarse a una mesa de negociación que sólo busca formalizar una inaceptable colusión de los partidos. Pero como las amenazas dejan de funcionar cuando se repiten demasiado, el acto de poner la pistola sobre la mesa deja de ser intimidante y se convierte en una molesta rutina. Como el principal requisito para emprender el camino propio es tener un candidato presidencial atractivo, todo el mundo sabe que la pistola que hoy pone el PDC sobre la mesa no tiene balas.

    Una de las principales colusiones que existen en Chile hoy es la que beneficia a los partidos políticos. En vez de promover la competencia, los partidos han formado carteles –coaliciones- que se reparten el mercado de votos con acuerdos igual de impresentables que los que usaban las empresas papeleras. En vez de realizar primarias para escoger a los candidatos de cada coalición en cada comuna y distrito, los partidos aplican el principio de “el que tiene, mantiene”, asegurando así el tamaño de mercado de cada agrupación. Pero, a diferencia de las papeleras, que hacían esas prácticas a escondidas -disfrazando los mensajes como partes de boda y botando las computadoras al canal San Carlos- los negociadores de los partidos se mandan mensajes por los medios y defienden sus estrategias de colusión en la televisión.

    Pese a que en el país existe una ley que regula las primarias para escoger a los candidatos a los cargos de elección popular, los partidos prefieren las negociaciones entre sus jerarcas para elegir candidatos. Esto, porque las elecciones pudieran producir resultados adversos para los partidos. Un partido que controla 30 comunas no quisiera que, producto de primarias abiertas y competitivas, en la elección de octubre de 2016 sólo pueda presentar candidatos en 15 comunas. Por ejemplo, el PDC, que en 2012 logró mantener la comuna de Maipú, una de las más pobladas del país, se resiste a aceptar que la Nueva Mayoría realice primarias para escoger al abanderado de la coalición en Maipú. Como si tuviera un derecho preferente a mantener la comuna, el PDC defiende la colusión partidista.

    Esa práctica la usan todos los partidos, desde la UDI al PC. Aunque dicen que no tienen problemas para aceptar primarias, la letra chica que defienden en los acuerdos de primarias hace que éstas se conviertan en irrelevantes. Igual que grandes empresas que se dividen las cuotas de mercado en los supermercados pero permiten competencia en los kioscos de las ciudades con menos de 10 mil habitantes, los partidos quieren acuerdos de primarias que las hagan, para todos los efectos prácticos, triviales e irrelevantes.

    Porque fue el primero en mover pieza ahora, sólo semanas después que estallara el escándalo de la colusión, la advertencia del PDC contra la competencia abierta es especialmente impresentable. Pero, además, resulta poco creíble, dada la débil posición de negociación que tiene el PDC. La amenaza del camino propio implicaría que el partido se presentara con su propio candidato presidencial en 2017. Aunque el nuevo sistema electoral favorece la multiplicación de listas y hace más difícil que se mantengan las grandes coaliciones, el hecho que la contienda legislativa se realice el mismo día que la elección presidencial genera incentivos para mantener las grandes coaliciones. Después de todo, los candidatos presidenciales populares arrastran votos para sus coaliciones. Un partido que se vaya por fuera de las grandes coaliciones necesitará un candidato presidencial atractivo para evitar desaparecer. Amenazar con el camino propio si no tienes candidato presidencial equivale con amenazar con irte de la casa y después pedirle a tu mamá que te lave la ropa y te alimente.

    En política, los partidos también son esclavos de costumbres. Aunque la sociedad está harta del abuso de los más poderosos y los escándalos recientes han convertido a la colusión en una de las formas más rechazadas de abuso, los partidos siguen en un mundo aislado de la calle y, ante la cercanía de la próxima temporada electoral, quieren usar las mismas prácticas de colusión para repartirse el país. En vez de tomar la bandera del sentido común y aceptar que su posición centrista y moderada es un activo para cualquier candidato presidencial que sí tenga apoyo popular, el PDC aparece como el niño malcriado que quiere ser el centro de una ruidosa fiesta que ya tiene hastiados a los vecinos. Cuando los chilenos piden más competencia en todos los mercados, el principal partido en Chile en los últimos 50 años ha optado por usar una amenaza no creíble ante sus socios para que todos juntos defiendan las banderas de la colusión.

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