Tag Archive: Peñailillo

  1. Vidal e Insulza, la última esperanza

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    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Dado que la aprobación presidencial está en su nivel más bajo y el gobierno se encuentra en el denominado “terreno de las pérdidas”, es el momento de hacer una jugada riesgosa. El cambio de gabinete, a excepción de Burgos, ha resultado en un total y absoluto fracaso. La vocería no existe o, al menos, es timorata, insegura, lenta y torpe. En Segpres el caso de Insunza, en tanto, demostró que el poder de pequeñas camarillas y grupillos que operan de manera independiente de los partidos, puede generar serios e irreparables problemas. Ha sido conmovedora la reacción de Jaime Quintana frente a los casos de Peñailillo e Insunza.

    Valientemente ha reconocido que en la situación de la Segpres su partido no fue consultado. En el fondo, está aceptando que la Presidenta lo ha ignorado y que eso en parte explica los magros resultados del Gobierno. De igual forma, no son pocos los que han señalado que Peñailillo prácticamente se “arrancó con los tarros”, lo que amerita una investigación respecto al “nivel de vida” que llevaban los personeros de la G-90 del PPD. Al parecer, ese nivel de vida no se condecía con su nivel real de ingresos. Sin embargo, y en honor a la justicia, Quintana reconoció públicamente el tremendo aporte de Peñailillo para poner fin al sistema electoral binominal, uno de los enclaves más odiosos de la dictadura.

    En este contexto, la aprobación llega a un mínimo histórico según Cadem-Plaza Pública. En la segunda vuelta de 2013, Bachelet totalizó poco menos de 3,5 millones de votos, que representan aproximadamente un 25% de toda la población en edad de votar. Bachelet, por tanto, ya está viendo permeado su electorado más duro, lo que amerita una decisión radical. El momento económico tampoco ayuda. Sólo un 30% califica la situación del empleo como buena o muy buena, mientras que más del 60% cree lo mismo pero respecto de la situación de las empresas. O sea, la percepción de desigualdad es evidente. Por último, un 63% cree que el país va por mal camino.

    ¿Qué hacer, entonces? La Presidenta debe llamar a Francisco Vidal a la vocería y a José Miguel Insulza a la Segpres. Es la única opción. Ya no hay tiempo para ponerse creativos, pues el próximo año hay elecciones municipales y si la Nueva Mayoría tiene un mal resultado, entonces se abrirán serias posibilidades para que la Alianza se quede con la presidencial de 2017. Es acá donde la Presidenta debe refugiarse definitivamente en los partidos y jugar una opción riesgosa, pero paradójicamente segura. Es riesgosa porque implica reponer a antiguos concertacionistas en el poder, lo que pondrá en entredicho el mensaje de la renovación. Pero es segura, porque tanto Vidal como Insulza son prenda de garantía de una buena gestión. Para la Presidenta es mucho más fácil cargar con la mochila de la no renovación, que con un gobierno deficiente de principio a fin.

    Vidal le dará a la vocería lo que Díaz nunca podrá entregar: personalidad, valentía y seguridad. Insulza, por su parte, traerá otros atributos centrales para el buen gobierno: orden, disciplina y lealtad. La combinación de estos atributos dará espacio para que la Presidenta pueda reinaugurar en serio su segundo tiempo. El tridente Burgos-Vidal-Insulza debiese, al menos, contener la caída en la popularidad y empujar el carro hacia un terreno político más fértil. Este cambio también se traducirá en el ingreso definitivo de los partidos, haciéndolos co-responsables del éxito o fracaso del Gobierno. Los tres partidos más grandes de la Nueva Mayoría se sentirán debidamente representados, sin perjuicio de las diferencias entre las tendencias internas. Pero en este momento, la Presidenta no está para preocuparse de pequeñeces. Hoy más que nunca requiere del respaldo de tres hombres fuertes que saquen adelante algo que ya parece una verdadera pesadilla.

  2. Burgos: el fin de la fiebre y el regreso del orden

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    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    El mensaje de Bachelet es muy claro y preciso. Desde Ayer, el PDC dirige el gabinete y, por tanto, todo indica que el plan refundacional quedó en los engranajes de la retroexcavadora. El nuevo jefe de gabinete liderará sin mayor contrapeso las decisiones del Gobierno. A su lado tiene a dos personeros más cercanos al lobby y al espectáculo, que a la política propiamente tal. Por tanto, la Presidenta ha depositado toda su confianza en Burgos para sacar adelante lo que queda de Gobierno. Con esto. Bachelet traslada la responsabilidad al PDC, el partido más moderado del bloque, dejando herida de muerte a la izquierda más fanática, afiebrada y polarizada. La tarea de Burgos consistirá en cuadrar a su partido con el Gobierno, eliminando los posibles brotes de indisciplina. Al mismo tiempo, la Presidenta dio entrada al PC en La Moneda con el Ministerio de Desarrollo Social. De este modo, Bachelet premió simultáneamente a los dos extremos de la Nueva Mayoría, conteniendo así eventuales conflictos. El partido que terminó más dañado fue el PS, que perdió Desarrollo Social y Hacienda. Puede que ahí exista una pasada de cuenta por la campaña sistemática que Andrade y Escalona hicieron contra Rodrigo Peñailillo. El PPD- en tanto- cobró cara su salida de Interior, haciéndose del Ministerio de Hacienda.

    La llegada de Insunza a la Segpres es difícil de entender. Fue electo diputado gracias a la tremanda cotación que obtuvo su compañero de lista- Luis Lemus- y que posibilitó el doblaje. En un ambiente jerárquico como es el Conreso, resulta complicado que el nexo con el ejecutivo sea comandado por un diputado de escaso peso político y con nula visibilidad pública. Si la aprobación presidencial no repunta, entonces a Insunza le costará generar la adhesión necesaria para impulsar los distintos proyectos de ley, y especialmente los referidos a transparencia y probidad.

    En Segegob la situación es igual de preocupante. Si la misión de Díaz sólo consiste en comunicar, puede que no haya grandes contratiempos. Pero si el objetivo es defender al Gobierno, es posible que la oposición se haga un verdadero picnic. Díaz no es un político particularmente brillante, pero por lo mismo puede ser más dócil y funcional a los intereses del sector más moderado del Gobierno.

    Naturalmente, tras este cambio de gabinete están las manos de Enrique Correa e imaginacción, quienes prestarán toda su asesoría para sacar adelante al Gobierno y a sus nóveles representantes. Si Díaz e Insunza obedecen las instrucciones de Correa, este segundo tiempo podría terminar mejor de lo que pinta. El peso y la influencia de Correa sobre sus muchachos hace pensar que el recambio generacional es más una ilusión que una realidad, pero evidentemente se gana en disciplina y certidumbre.

    En su primera declaración, Burgos recalcó los conceptos de orden y diálogo. No se refirió a la imposición de la mayoría ni al aplanamiento de la oposición. Tampoco hizo alusión al original plan refundacional del Gobierno y, menos, a la nueva Constitución. En su horizonte no está la idea de Asamblea Constituyente, asunto en el que coincide con Correa. La prioridad- en cambio- estará en la gestión y administración gubernamental. Acá ya no hay espacio para otra cosa, sobre todo si pensamos que el otro año hacbrá elecciones municipales y en el subsiguiente presidenciales y legislativas.

  3. Michelle, decime qué se siente

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    mauricio morales

     

     

     

     

     

     

     

    Mauricio Morales

    La última encuesta Adimark muestra un deterioro en la evaluación de la Presidenta, pero un notable sostenimiento de los atributos. Aunque la medición de febrero no captura en su total magnitud la crisis del “Primer Damo”, de todas formas no deja de sorprender la fuerza de sus atributos personales, exceptuando la capacidad para enfrentar situaciones de crisis. El descalabro anunciado por varios no se produjo al menos en esta medición. En un febrero normal, eso sí, la aprobación debió aumentar significativamente.

    Las razones del descenso son múltiples. Primero, la encuesta fue administrada en febrero. Seguramente, el error muestral reportado por la empresa es muy inferior al error real. Esto, por el eventual incremento en las tasas de reemplazo. Adimark no reporta esas tasas, pero es presumible que en febrero hayan aumentado sustantivamente. Segundo, la política no es un tema de gran interés para los chilenos, y menos en un período estival. Tercero, el caso del “Primer Damo” ha causado daños, pero con Penta encima la situación pudo neutralizarse. Dado que en la opinión pública ya está instalada la sensación de empate, Caval sólo vino a confirmar la tesis de que la trampa corre parejo de izquierda a derecha. En cuarto lugar, es posible que los chilenos vean en Bachelet a la madre traicionada por su hijo, quien desobedeció los consejos y valores inculcados en el seno familiar. Sería feo culpar a la madre de las ambiciones económicas de su primogénito cuando, en realidad, su vocación está efectivamente por los más pobres. Al menos, eso ha demostrado. Quinto, es probable que los encuestados piensen que la lenta reacción del gobierno no fue por negligencia de Bachelet, sino que del equipo político. La encuesta muestra que la caída en la evaluación es más fuerte en Peñailillo, Gómez y Elizalde. Ellos fueron al sacrificio y se inmolaron por la Presidenta.

    Lo anterior conduce a una cierta paradoja. El estar cerca de Michelle no es garantía de popularidad cuando ella está encumbrada en las encuestas, pero sí de menoscabo cuando se está en problemas. En otras palabras, la Presidenta suma para sí misma, sin transferir esa popularidad a alguno de sus escuderos o eventuales herederos. Frei Ruiz-Tagle sabe de esto. Pero cuando sus apoyos se debilitan, traspasa ese déficit a su equipo.

    En otras palabras, Bachelet monopoliza la cosecha en tiempos de bonanza, y distribuye las pérdidas en su entorno cuando la cosa anda mal. Al parecer, los chilenos son particularmente puntillosos al momento de distinguir a Bachelet del gobierno, de los partidos e incluso de su propio hijo.

    Otra noticia importante de Adimark es el 45% de quienes se identifican con el gobierno y el 25% que lo hace por la oposición. Frecuentemente esta pregunta es pasada por alto, pero en realidad implica el colchón de apoyo que tiene una administración. Una cosa es “evaluar” a un gobierno, y otra “identificarse” con el mismo. La evaluación implica un juicio, mientras que la identificación es una especie de huella o tatuaje. Perfectamente un ciudadano puede identificarse con un equipo de fútbol, y aún cuando evalúe mal su desempeño, será difícil que se cambie a otro, siendo legítimo criticar su esquema de juego.

    Aún es muy temprano para evaluar si el caso del “Primer Damo” tendrá efectos más negativos y duraderos que el Transantiago, pero claramente son dos momentos que marcarán las gestiones de la mandataria. Debe ser difícil para Bachelet entender que todos sus atributos superen el 50% de evaluación positiva en un escenario complejo. Y le debe generar impotencia no poder traspasar esa popularidad a su propio gobierno, viendo cómo su entorno se deprime mientras ella sale prácticamente inmune. Las próximas encuestas mostrarán si el chaleco antibalas de Bachelet sigue tan fuerte como hasta ahora, o si definitivamente todo se va por el despeñadero.

    Ver columna en La Tercera