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  1. El gustito de Lagos

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    La presencia de Lagos en La Moneda y su posterior entrevista en la revista El Sábado constituyen una combinación de golpes especialmente dañina para el gobierno de Bachelet.

    La decisión del ex Presidente Lagos de visitar La Moneda durante una ausencia de Bachelet, dar una conferencia de prensa desde el palacio de gobierno y lanzar una candidatura presidencial a dos años del fin del periodo de Bachelet refleja tanto la incuestionable debilidad de la actual mandataria como la incipiente carrera por sucederla. Si bien el “gustito” de Lagos en nada contribuye a fortalecer a una presidenta cuya debilidad repercute negativamente sobre la estabilidad del país, lo que hizo el ex Presidente tampoco constituye un intento por aserrucharle el piso a la Mandataria. Lagos erró al probarse la banda presidencial demasiado temprano, pero para muchos, su paso por La Moneda constituyó una bocanada de orden y habilidad política en un palacio de gobierno donde hace rato domina la confusión.

    En la política siempre hay algo de teatro y actuación. No es accidente que el ex Presidente Lagos se haya apersonado en La Moneda para un encuentro con el titular de Interior Jorge Burgos precisamente cuando la Presidenta Bachelet andaba de gira fuera del país. Además, la decisión de Lagos de hablar fuerte y golpeado desde el interior del palacio, presumiblemente con la anuencia del propio Burgos, empeoró la afrenta a Bachelet.

    Dada la complicada situación de la Presidenta, los partidos de la Nueva Mayoría han hecho un esfuerzo por demostrar coordinación y disciplina. Es verdad que la propia Bachelet ha torpedeado esos esfuerzos y sus declaraciones irreflexivas han destruido varias veces los frágiles equilibrios que construyen los partidos. Nadie puede negar que es la única responsable de la compleja situación en la que se encuentra su gobierno y del moribundo estado de la coalición que ella misma fundó. Pero una cosa es ponerse al borde del precipicio y otra muy distinta es que llegue un ex Presidente a dar un empujoncito.

    La presencia de Lagos en La Moneda y su posterior entrevista en la revista El Sábado constituyen una combinación de golpes especialmente dañina para el gobierno de Bachelet. Al anunciar su disponibilidad para ser candidato presidencial —y además confidenciar que hay gente que en la calle le pide que vuelva a poner orden—, Lagos confirmó el anticipado inicio de la carrera presidencial. Es cierto que el ex Presidente Sebastián Piñera, el ex candidato presidencial por partida doble Marco Enríquez-Ominami y el ex ministro de Hacienda Andrés Velasco ya venían corriendo hace meses. Es más, hay buenas razones para creer que la Nueva Mayoría necesita potenciar sus propios presidenciables si quiere evitar encontrarse en la incómoda necesidad de elegir entre Marco Enríquez-Ominami y Andrés Velasco en 2017.

    El solo hecho de que Bachelet no haya nombrado presidenciables en el gabinete —mismo error que cometió en su primer gobierno— inevitablemente imposibilita el control de la carrera presidencial desde La Moneda. Aunque es incómodo tener presidenciables en el gabinete, hay externalidades positivas —como tener personas trabajando día y noche por el éxito del gobierno para construir su propia plataforma de proyección y premiar la lealtad y castigar las indisciplinas de los presidenciables—. Pero Bachelet se autoimpuso la condena de que, más temprano que tarde, se iniciaría la carrera presidencial sin que ella pudiera controlarla. Pero ni en su peor pesadilla Bachelet pensó que eso implicaría que el ex Presidente Lagos, el hombre que muchos ven como una reserva de moral institucional, fuera a actuar con la premura e incontinencia propia de los candidatos que por primera vez aspiran a ocupar el sillón presidencial.

    Exactamente dos años antes de que se deban inscribir las candidaturas presidenciales para 2017, las declaraciones de Lagos confirmaron que la incipiente carrera por la sucesión presidencial ya se inició al interior del conglomerado de centro-izquierda. La decisión de Lagos revuelve el naipe presidencial en la centroizquierda. Los rumores sobre una posible candidatura de la senadora socialista Isabel Allende, del senador PDC Ignacio Walker y del ex Secretario de la OEA José Miguel Insulza pierden fuerza. Los intentos de Marco Enríquez-Ominami por participar en primarias abiertas de la Nueva Mayoría se desvanecen. A su vez, Sebastián Piñera parece menos preocupado por quedar encasillado como el candidato del pasado —aunque también siente que muchos derechistas pudieran ver en Lagos una mejor opción que él—. Por su parte, Andrés Velasco, Manuel José Ossandón y Marco Enríquez-Ominami pudieran ver con buenos ojos la posibilidad de transformar esta elección en una contienda entre el pasado y el futuro.

    Pero cualquiera sea el nuevo escenario, es evidente que este gustito de Lagos debilita todavía más al gobierno de Bachelet. Pudiera ser que las encuestas terminen por no acompañar las aspiraciones presidenciales de Lagos Escobar, pero es evidente que la plaza ya estima que aunque le queden dos años para seguir ocupando el sillón presidencial, Bachelet ya no está ejerciendo el poder.

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  2. La mirada de tres jóvenes historiadores

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    santiago aranguizSantiago Aránguiz (37): Será recordada por su carisma

    El doctor en Historia, profesor y coordinador académico de la Escuela de Historia de la UDP, Santiago Aránguiz, cree que el liderazgo de la Presidenta está anclado a su propia trayectoria, su historia de vida, con un capital político más cercano a las “habilidades blandas y no a las lógicas aliancistas”. “Por su carisma, sus atributos personales y por el hecho de haber sido la primera mujer en asumir el Ejecutivo, Bachelet podría ser considerada como una Presidenta que marcó un punto de inflexión en la historia del Chile contemporáneo. Quizás sea más recordada por eso, por su carisma que por su manejo político, más aún si las reformas impulsadas durante su segundo mandato no logran materializarse, provocando una crisis de confianza y una desilusión de la ciudadanía que votó por ella”, dice. Al momento de comparar el gobierno con otro periodo de la historia, Aránguiz cree que este mandato “se asemeja en parte y con niveles de profundidad distintos al Frente Popular, especialmente con el gobierno de Pedro Aguirre Cerda”. “Él impulsó un proyecto modernizador por un Estado activo en distintos ámbitos del quehacer económico, político y social”, dice y agrega que durante los siglos XIX y XX Chile ha estado plagado de crisis, en particular al régimen parlamentarista como también durante la década de los 60 y 70. “Por tradición, estaría más cercana a las crisis de la segunda mitad del siglo XX”, puntualiza.

    Sofía Chavarri (25): “Nadie quiere a una mujer autoritaria (…) No puede ser una Margaret Thatcher porque eso la hundiría más”.

    De acuerdo a la historiadora de la UC Sofía Chavarri, la Presidenta se presentaba como “la mamá de Chile”, pero ahora ha marcado más distancia. “Ha tratado de tomar una figura parecida a la del ex Presidente Lagos, que fue muy autoritario, muy presidencialista, y Bachelet busca esa mirada más de poder, de respeto, de una madre más autoritaria, dice, asegurando que Bachelet lo tiene como referencia y que por eso mismo ahora se le ve cada vez más en La Moneda. “Lagos fue muy hábil para salir de lo del MOP-Gate y ella se quiere parecer a Lagos, pero no le va a resultar. En el país en el que vivimos a las mujeres se les persona menos que a los hombres. Nadie quiere a una mujer autoritaria, por algo Evelyn Matthei molesta tanto públicamente”, dice. Para Chavarri la solución a esta crisis es que Bachelet tome decisiones claras, pero de manera cercana a la gente ya que “no puede ser una Margaret Thatcher porque eso la hundiría más”. Además puntualiza que Bachelet podría compararse con una mezcla entre Allende y Aguirre Cerda. “Es igual de populista que Allende y sus eslóganes se parecen al “gobernar es educar” del periodo de Aguirre Cerda, donde la gente era mucho más ignorante. Hoy se necesitan hechos y no eslóganes, dice y asegura que hoy hay gente instruida mirando sus reformas y que “el populismo, que la ayudó a surgir, es lo que la está fregando”.

    Pablo Aravena (38): “El machismo la llevó al poder”

    “El liderazgo de Bachelet es un misterio. Es una mezcla de liderazgo legal, por nuestro apego a la ley y el conservadurismo, y carismático, por su imagen maternal y cotidiana”, afirma el historiador, doctor en Estudios Latinoamericanos y profesor del Instituto de Historia de la Universidad de Valparaíso, Pablo Aravena.

    “Es el mismo machismo de siempre el responsable de la llegada a la presidencia de Bachelet, le creemos y perdonamos todo porque es nuestra madre. Si no supiéramos que tiene a grandes hombres detrás, no le haríamos caso en absoluto. Por esto fue realmente tan grave el escándalo con su hijo: no era una buena madre, miren el hijo que crió y creó. De esta no sale”, asevera.

    Haciendo un símil con la historia, cree que está muy lejos de parecerse a Allende o Balmaceda porque ambos “eran en el fondo aristócratas, ilustrados y modernizadores socialmente hablando, y guiaban su política con una idea de nación fraguada en la estela de la Revolución Francesa”.

    “Bachelet es la Presidenta de un país globalizado. Su discurso es el de la orden del día, de una nación arcaica y peligrosa, lo mismo que el socialismo”, dice comparándola con los gobiernos de la República Parlamentaria.

    Finalmente, agrega que “es posible que tengamos ad portas una nueva Cuestión Social por la desprotección del Estado ante los abusos; es profundamente asocial y coartada, cunde la caridad y filantropía”.

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