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  1. Hacer política en Chile, o repartiendo el maná

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    modesto gayoA fuerza de ser simplista, en base a las discusiones políticas de los últimos tiempos en Chile, podríamos decir que existen para el país cuatro fuentes de riqueza, y quizás una quinta que anoto al final de la lista: la venta del cobre, el crecimiento económico, la inversión extranjera, el 2% más rico, y a veces aparece el litio o sus derivados. Dejemos claro aquí que “riqueza” se refiere a una posible fuente de renta para las arcas fiscales, y en algunos casos los bolsillos familiares también.

    No obstante, la lectura de las fuentes de ingresos no es pacífica, situándose más allá del limbo abstracto de las informaciones macroeconómicas de los expertos y agencias financieras varias. De forma muy diferente, las discusiones sobre estos recursos cubren ríos de tinta que encharcan los comandos políticos presidenciales. En otros términos, determinar de dónde vamos a sacar la plata para hacer lo que estamos comprometiendo ha devenido una necesidad que deja tranquila la exagerada retórica de las promesas en el aire. En este sentido, en los siguientes tres párrafos intentamos sintetizar de forma aproximada e interpretativa las diferencias entre los tres grandes bloques políticos del momento, y evidentemente tratamos de ayudar a pensar las oportunidades y obstáculos que un eventual acuerdo Nueva Mayoría-Frente Amplio podría enfrentar.

    Es decir, estamos ante la política del maná, del gato que nunca caza al ratón. Todos prometen engordar a este último, pero mucho más al felino. Para ninguna de las propuestas políticas, se trata de opuestos, sino más bien, en el peor de los casos, de colaboradores enemistados. ¿No es esto, por ejemplo, lo que muestra la universalización de derechos que defiende el Frente Amplio en un contexto conocido de fortísima disparidad de ingresos?

    Brevemente, la política en Chile en cuanto a temas de ingresos fiscales podría ser reflejada por un arcoíris de tres colores, que aquí vamos a denominar de izquierda a derecha, azul, verde y rojo. El azul de la coalición Chile Vamos simboliza la defensa de los intereses privados. Cuando el Estado tiene alguna intervención en algún mercado, trata de expulsarlo para dejar entrar dineros privados en negocios seguros, sobre los cuales se ha construido históricamente la escasamente industrial clase alta nacional. Dominan los partidos políticos de su sector las personas más acaudaladas, quienes tienen fuertes vínculos con capitales extranjeros. En definitiva, le acomoda dejar la situación como está, y, si fuese posible, propenden a privatizar la minería estatal. Mercado y crecimiento económico van de la mano, y tanto las arcas fiscales como el ciudadano común deberían verse beneficiados en todo ámbito. Eso significa, en una lógica de causalidad, que para que mejoren su situación los ciudadanos comunes, deben enriquecerse mucho más los que generan y transmiten rentas, los ricos del país.

    En segundo lugar, están las políticas verdes o intermedias de la Nueva Mayoría, en donde se respeta el modelo anterior pero con la suavización de los efectos del mercado que debe venir de las políticas del Estado. Si el modelo azul debe enfrentar como desafío el funcionamiento del mercado, en este segundo caso se plantea la problemática de ampliar los recursos fiscales. Básicamente, para ello confía en ampliar los ingresos en base a la actividad de la minería, subiendo levemente los impuestos y participando parcialmente del negocio, y trata de crear las condiciones para que la inversión nacional e internacional provea crecimiento económico, por lo tanto favoreciendo la competitividad de su mercado.

    Finalmente, el tercer modelo, el rojo, frenteamplista, desconfía del mercado y sus representantes, intenta acotar su espacio de acción, propende culturalmente a ensalzar el relato de la nacionalización de la minería, en base a su gran efectividad demostrada por CODELCO, lo que le gustaría hacer extensible a otros minerales como el litio, probablemente confrontando la situación de robo al Estado de Chile que entienden que fue el caso Soquimich, y pretenden mejorar los dineros estatales de forma inmediata detrayendo parte de la renta excesiva que reciben los más ricos del país, el 2% con mayores recursos económicos.

    No cabe duda, se trata de discursos aparentemente distintos y bien distinguibles. Sin embargo, tienen algo fundamental en común: ninguno tiene como propósito real llevar adelante una transformación profunda de la distribución de las rentas individuales y familiares, y por tanto de la estructura social. Los cambios impositivos o las reformas fiscales no parecen querer afectar a nadie o casi nadie. No en vano, los recursos vienen del cobre, el 2% más rico, etcétera. Es decir, estamos ante la política del maná, del gato que nunca caza al ratón. Todos prometen engordar a este último, pero mucho más al felino. Para ninguna de las propuestas políticas, se trata de opuestos, sino más bien, en el peor de los casos, de colaboradores enemistados. ¿No es esto, por ejemplo, lo que muestra la universalización de derechos que defiende el Frente Amplio en un contexto conocido de fortísima disparidad de ingresos?

    En la política del maná nadie paga realmente. Todo son apariencias de cambios profundos, juegos de fuego con la boca, gigantografías del Che, boinas de guerrillero, palabras exageradas para mover del asiento a nuestro rival, neo-cuiquerío disfrazado de hazaña social. Estense tranquilos, por lo tanto, los colores azul y verde, pudiera muy probablemente ser que Revolución Democrática fuera un nuevo PPD, mutatis mutandis, y Giorgio Jackson y compañía sólo una nueva versión de Ricardo Lagos Escobar, eso sí, versión 2.0.

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  2. Llamado para Asistente de Investigación COES en Política y Género

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    COESSe busca asistente de investigación para recolectar y analizar datos cualitativos y cuantitativos. El asistente trabajará bajo la supervisión de Catherine Reyes-Housholder, postdoctorante de COES. Los temas de esta investigación incluyen presidencia y género, específicamente campañas presidenciales, políticas públicas pro-mujer, opinión pública y gabinetes ministeriales.

    Requisitos

    • Demostrar interés en temas de política y género
    • Tener un título de pregrado en sociología o ciencia política; y/o ser estudiante de magíster con interés en hacer una tesis en un tema de género.
    • Experiencia básica con archivos cualitativos y/o con bases de datos cuantitativos
    • Manejo básico/intermedio de Excel

    El asistente tendrá que dedicar aproximadamente 7-10 horas semanales entre octubre 2017 hasta febrero 2018 (duración y dedicación pueden ser modificadas durante la entrevista). El asistente se reunirá con Catherine Reyes-Housholder periódicamente, para verificar la calidad del trabajo y abordar preguntas. Los honorarios, dependiendo de los antecedentes académicos del asistente, serán entre $200.000-$275.000 mensuales.

    En caso de interés en el concurso, enviar CV actualizado y carta de motivación a Catherine Reyes-Housholder al correo [email protected] a más tardar el 3 de octubre. La carta deberá detallar interés en temas de política y género, y experiencia previa con investigaciones académicas o en recolección de datos. Al finalizar la etapa de recepción de postulaciones para el concurso, se seleccionará un grupo de candidatos para conducir entrevistas. La selección final del asistente de investigación se realizará a mediados de octubre.

  3. Primera Mesa del Magíster en Política y Gobierno “Corrupción en Chile: ¿Hacia dónde vamos?” en Auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales e Historia UDP, 24 de mayo

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    Mailing CORRUPCIÓN EN CHILEEl Magíster en Política y Gobierno de la Universidad Diego Portales realizará su primera mesa titulada “Corrupción en Chile: ¿Hacia dónde vamos?”.

    En un contexto político donde las acusaciones sobre actos corruptos atraviesan muchas de nuestras instituciones, corresponde preguntarse hoy desde la academia, así como también se hace desde otros ámbitos, sobre una imagen social y política que se construyó en Chile por muchos años y que identificaba a la sociedad chilena como una comunidad relativamente transparente, honesta y prácticamente libre de corrupción. Con todos los escándalos mediáticos que han puesto en duda esta imagen, cuestionando a las elites políticas, empresarias y últimamente militares, es legítimo preguntarse si Chile cambió o si es simplemente una sociedad con más acceso a la información la que deja en evidencia malas prácticas que siempre existieron. De una u otra forma, ¿es la sociedad chilena una sociedad corrupta? ¿Lo es hoy y antes no lo fue? ¿Estamos dentro de un proceso? ¿Hacia donde vamos en este tema?

    Panelistas:

    • Mónica González, Directora de Ciper Chile
    • María Jaraquemada, Directora de Espacio público
    • Javier Couso, Director del Programa de Derecho Constitucional de la UDP
    • Modera:Fernando García Naddaf, Director del Magíster en Política y Gobierno UDP.

    La actividad se realizará el martes 24 de mayo a las 12:30 horas, en el Auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales e Historia UDP, ubicado en Ejército 333, Santiago.

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  4. El país se enfrenta a la verdad: Me quiere mucho…

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    Ana Maria StuvenMe quiere mucho, poquito, nada; me quiere mucho…. Nada. Ese juego de niños expresa bien lo que nos pasa con la posibilidad que nos abren las redes sociales y los medios de comunicación de conocer verdades antes encubiertas o negadas. Sacerdotes, políticos y empresarios presentan un espectáculo al que el país asiste desilusionado o, mejor, enfurecido. Es cierto que hemos vivido rodeados de mucha mentira, de mucha hipocresía, de muchos hábitos malsanos que hoy son públicos y podemos condenar. También es cierto que hemos tenido “los ojos bien cerrados” y ahora queremos abrirlos de golpe.

    Queremos saberlo todo, destaparlo todo, hacer de Chile un país transparente y diáfano; algunos nos comportamos como sedientos de verdad y convencidos de que develarla en sus más mínimos detalles nos hará libres. Otros la niegan, disfrazan, adornan. Porque lo que es más cierto es que la verdad duele, que la mariposa cuando se acerca a la luz se quema, que la total transparencia es también una desnudez difícil de soportar.

    Llevamos años morbosamente escuchando las historias de pedofilia de los curas católicos. Es doloroso y, por lo mismo, comprensible que muchos piensen que la ropa sucia no debe lavarse fuera de casa. Que no es conveniente que los católicos seamos de súbito desafiados por la crisis de una Iglesia que difícilmente ha reconocido sus errores. Pensemos que la Inquisición con su macabro recuento de condenados y quemados por herejía hace apenas algunas décadas mereció el repudio de la autoridad eclesiástica.

    La verdad de parte del recorrido histórico del catolicismo duele; la que ha asomado en las últimas décadas con otro tipo de delitos también nos espanta.

    La verdad que la política ha dejado asomar también parece sorprendernos. Sentados sobre un pozo de mentiras sobre el financiamiento de las campañas electorales recién nos escandalizamos al enterarnos que esa montonera de afiches que tapizaban asquerosamente la ciudad se pagaban. Y que los candidatos no eran todos descendientes de Rico McPato; que de alguna parte venían sus millones.

    También recién ahora parecemos enterarnos de que no todos nuestros diputados y senadores son un puñado de “honorables”, y que eran presa del deseo de algunos empresarios por influir según su conveniencia en las leyes que tan republicanamente discutían en el Congreso. ¡Cuánto tiempo nos demoramos en saber que las parejas se “divorciaban” anulando fraudulentamente sus matrimonios! ¿Hace cuánto tiempo sabemos que en Chile muchas mujeres mueren por practicarse abortos clandestinos?

    Porque no solo hoy, sino a lo largo de nuestra historia, hemos querido la verdad, como en el juego, mucho, poquito, nada. Hoy nos llegó la hora, un poco a la fuerza, de empezar a quererla, de perderle el miedo, de tener que asumir posiciones frente a ella, sin negarla. Y, como a menudo, la literatura nos da una mano, la lectura de El Reino de Emmanuel Carrère es un empujón para buscarla, mirarla de frente y perderle el miedo.

    Recomiendo leerlo. Despierta muchas inquietudes. También hace pensar sobre el temor, o más bien la valentía de enfrentar la verdad en el plano religioso. El libro es una combinación muy exitosa de autobiografía, novela y crítica histórica. Como lo primero, Carrère relata su historia de conversión al catolicismo cuando se encontró, de frente, a los 30 años, con la verdad de que “ser yo se me hizo literalmente insoportable”. Entonces, descubrió el Evangelio, que “Cristo es la verdad y la vida”. A los pocos años, perdió la fe.

    Tuvo que reconocer su agnosticismo, que ya no era “ni siquiera lo bastante creyente para ser ateo”. Y comenzó a indagar en la historia de Pablo, de Lucas, de los Hechos de los Apóstoles. Lo hizo con el rigor del historiador, rellenando los vacíos con la libertad del novelista. Y, convencido que Jesús no resucitó, escribió un libro “para no abundar en mi punto de vista”, sino porque, con temor y temblor, se encontró fascinado tanto por la verdad de los creyentes como aquella de los que como él no pueden creer. El autor termina su libro (contarlo no estropea la lectura) preguntándose si su relato, escrito desde una crítica histórica que no deja lugar a la fantasía de una religión infantil, o de la fe del carbonero, traiciona al Señor en quien creyó, o si, en cambio, le ha sido fiel.

    La pregunta interpela nuestra lectura del presente. Carrère no es un traidor a la religión que profesó y abandonó; tampoco quienes se atreven a discutir sobre el aborto o la realidad de la familia. Cuando el Papa convocó al Sínodo para mirar de frente una realidad que en el caso chileno habla de parejas que prefieren la convivencia al matrimonio y de jóvenes que inician tempranamente su sexualidad, no hizo más que invitar a mirar la verdad de frente y repensar la doctrina a la luz de la fe. Cuándo los católicos opinan sobre estos temas con libertad y critican desde dentro algunas doctrinas, ¿traicionan a su Iglesia? Cuando la prensa devela los abusos de los políticos, los financiamientos irregulares de las campañas, cuando hace el escrutinio del comportamiento de los parlamentarios seducidos por el pago de los empresarios, ¿hace un flaco favor a la democracia?

    La película Primera Plana (Spotlight), con la investigación del Boston Globe que denunció el encubrimiento a los curas pedófilos que el arzobispo de Chicago practicaba hacía años, hizo una tremenda contribución a una verdad liberadora. Por eso es tan importante cuando el editor impide que un periodista apasionado cuente sus primeros hallazgos: no queremos dejar caer a unos pocos, le dice, queremos denunciar un sistema. Y lo hicieron.

    Pensemos en estos momentos, que sin duda son críticos, como una oportunidad encubierta de relacionarnos con la verdad y la transparencia y enfrentarlas sin cazas de brujas ni pesimismo. Tampoco como si nos viniéramos cayendo de un árbol de Pascua. Como en el caso de Chicago, no nos conformemos entonces con unos casos, con nombre y apellido. Una oportunidad de mirar de frente nuestras hipocresías históricas, y nuestro temor a la verdad. Vamos al sistema que lo ha permitido y, en vez de alarmarnos y clamar al cielo como si el mundo fuera a derrumbarse, reconozcamos que hemos querido la verdad, como en el juego, mucho, poquito… nada. Y así pasaremos a ser, de víctimas, actores.

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  5. En Consejo Directivo de mañana Eliodoro Matte podría adelantar salida de la presidencia del CEP

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    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Si bien la hoja de ruta del think tank contempla que el empresario siga a la cabeza hasta mayo de 2016, algunos consejeros no desestiman que dé un paso al costado en la cita del viernes, en el espíritu de “no contaminar” en trabajo del centro de estudios tras el impacto del caso de colusión en el tissue.

    La casona que alberga al Centro de Estudios Públicos (CEP) en Monseñor Sótero Sanz tendrá mañana una de las jornadas más esperadas de su historia.

    Tal como ocurrió la tarde del pasado 6 de noviembre, las miradas se concentrarán nuevamente en una sola figura: Eliodoro Matte.

    El presidente del think tank llegará a la primera cita del Consejo Directivo de la institución -constituido por 23 integrantes-, luego que se conociera que la empresa que lidera, CMPC, está implicada en el caso de colusión en el papel tissue.

    El episodio abrió un debate sobre el futuro del empresario a la cabeza del centro de estudios, y si bien el comité ejecutivo de la entidad, en su sesión del 6 de noviembre, emitió un comunicado respaldando a su presidente y aclarando que la hoja de ruta interna contemplaba, desde antes, que Matte dejaría su cargo en mayo de 2016, cabe la posibilidad que mañana él mismo adelante su salida.

    Así lo plantean algunos consejeros que asistirán al encuentro, los que pese al hermetismo previo indicaron que, más allá de que se le crea al empresario en cuanto a que no estaba enterado de las acciones de colusión, se equivocó con respecto al CEP al liderar la celebración de su aniversario en la jornada en que se invitó a la Presidenta Bachelet y sus ministros, sabiendo que venía el requerimiento de la FNE. “Eso le ha quitado piso al interior del Consejo”, sostuvo uno de sus miembros.

    En ese contexto, otro consejero indicó que no era descartable que el propio Matte diera un paso al costado, “en el espíritu de no contaminar a la institución”. De hecho, al interior del cuerpo de investigadores habría cierta preocupación por las críticas que  la situación seguiría implicando para el CEP, independiente de la libertad que siempre han tenido todos para realizar su quehacer académico.

    Una alternativa que se menciona es que el empresario deje la presidencia de la entidad a fin de año.

    Al interior del think tank el asunto genera distintas opiniones y tampoco existe una visión única sobre qué características debe tener quien reemplace a Matte, ya sea ahora o después de mayo. Prueba de ello es que el director del CEP, Harald Beyer, dijo en entrevista con PULSO el 27 de noviembre que es importante para este tipo de instituciones que quien la presida sea un empresario.

    Por el contrario, también en entrevista con este medio el 20 de noviembre, el economista Sebastián Edwards, consejero de la institución, planteó que lo más adecuado es que venga ahora un presidente de perfil más intelectual.

    ¿Quién debe asumir?

    Fuera del CEP, las visiones al respecto también están divididas. “La función de Matte era política y simbólica. Si la dimensión del discurso académico ya está cubierta por Beyer, sería extraño que quisieran replicar el mismo perfil para una función que es esencialmente distinta”, sostiene el cientista político Cristóbal Bellolio.

    La mirada de otros es que se debiera emular la fórmula de instituciones extranjeras como Brookings Institution, presidida por Strobe Talbott, ex funcionario del Gobierno de Bill Clinton, experto en política exterior y cuya carrera abarca la academia.

    El director de la Escuela de Ciencia Política de la UDP, Claudio Fuentes, cita dicho ejemplo, y afirma que ese tipo de think tanks “se independizan de los grupos económicos” y “generan un polo no vinculado con el mundo empresarial y de alta calidad técnica”.

    Fuentes agrega que se “debería avanzar hacia un modelo mucho más parecido a un ente profesional, sin vínculo con el mundo empresarial, pero sí con una afinidad ideológica”.

    En cambio, Andrés Benítez, rector de la UAI y columnista, es partidario de echar mano a figuras que hoy mismo integran el consejo del CEP. “Sería interesante ver a una persona como David Gallagher de presidente” del centro de estudios, señala.

    Benítez también menciona como posibles candidatos a otros miembros como el ex contralor Ramiro Mendoza y Sebastián Edwards.

    “Son personas que están alejadas de la empresa.  Esto serviría de alguna manera para blindar la esencia del CEP y para diferenciarla de los aportantes”, afirma Benítez.

    A nivel de consejeros, un nombre que hace sentido es de Leonidas Montes, que al igual que Gallagher integra hoy el comité ejecutivo de la entidad.

    Por su parte, para el sociólogo Alberto Mayol lo que se defina depende de lo que quiera el think tank. “Si el CEP quiere la influencia y la capacidad de articulación entre sectores intelectuales, políticos y económicos, no cabe duda que requeriría a alguien más vinculado a la política o a la economía”.

    Pero “si lo que quieren es potenciar lo intelectual, que se ha visto mermado y cuestionado por haberse convertido en un aparato empresarial, el paso sería mirar hacia lo académico, lo que implica una merma en la capacidad política, pero que le daría legitimidad”.

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  6. Walker tiene razón

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    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Ignacio Walker ha sido duramente criticado por sus comentarios sobre el rol de los intelectuales en política. Ha sostenido que algunos “no tienen idea de política”, y que otros miran la situación del país desde un pedestal. Walker tiene buenas razones para pensar de esta manera. A pesar del bullying del que ha sido objeto en las redes sociales, en esta columna apoyo decididamente sus aseveraciones.

    En primer lugar, hay que distinguir entre académicos especialistas en una determinada área, y columnistas. Sobre estos últimos, los argumentos de Walker, incluso, se quedan cortos. Muchos de ellos provienen de fundaciones o institutos financiados por partidos o, en algunos casos, por empresas. Abunda el columnista panfletario que, en la mayoría de los casos, discute con algún libro de manual como base, o con un programa de gobierno en la mano, sin distinguirse en lo más mínimo de un fanático. El ejemplo más evidente de esto es el debate- a estas alturas saldado- sobre la supuesta crisis terminal del sistema político y del modelo económico de Chile, lo que justificaría el avance hacia apuestas refundacionales. La evidencia es más que contundente, e invalida cualquier hipótesis seria para catalogar a Chile en una situación terminal. Comparto la impotencia del senador Walker frente a esto. Demasiada opinión, poco análisis y desmesurada cobertura medial.  Contra eso ha debido batallar el sector más moderado y razonable de la Nueva Mayoría para detener el frenesí refundacional e irresponsable de parte importante de la elite intelectual que apoya (o apoyó) al gobierno. Afortunadamente, la Presidenta- poco a poco- ha entendido que ese no es el camino correcto. De hecho, la ruta hacia la Nueva Constitución estará demarcada por las decisiones del Congreso.

    En segundo lugar, Walker apunta hacia quienes hablan, opinan y dan consejos en el área política sin contar con la expertise suficiente. Esto también tiene sentido, tanto así que ningún miembro chileno de la Comisión Engel es experto en partidos o elecciones.  Por experto me refiero a aquellos académicos que sistemáticamente publican sobre este tipo de temas en revistas indexadas de nivel internacional. No clasifico como expertos a quienes “auto-publican” textos en las instituciones donde trabajan, o quienes lo hacen en revistas de prestigio pero con escasa periodicidad. Si consideráramos como experto a este segundo grupo, habría un número no menor de mis alumnos que entraría fácilmente en esta categoría dado que su producción académica es superior a la de varios miembros de la comisión. El propio Engel no ha tenido una producción prolífica en asuntos políticos, aunque sí- y de manera notable- en temas económicos. Cuando se analizaron los efectos del voto voluntario sobre la participación electoral,  Engel argumentó que el ingreso comunal no incidía sobre en las variaciones de la participación. Un análisis más detallado de la información concluyó justamente lo contrario.

    En tercer lugar, Walker también tiene razón respecto al pedestal desde el que hablan muchos académicos. No es fácil soportar al intelectual de escritorio que jamás ha visitado una sede partidaria, y que por el sólo hecho de investigar sobre el tema se siente con la facultad para determinar qué es lo correcto y qué es lo incorrecto. Además, este tipo de personajes le hace mal a sus propios dirigidos. En la ciencia política es muy común encontrarse con egresados que presentan serios problemas de adaptación al mundo laboral. Las razones que esgrimen están, precisamente, en el proceso formativo.  Sus profesores enseñan a partir de libros, pero con nula experiencia en el mundo real. De hecho, las propuestas que estos docentes realizan para corregir problemas públicos son de tal desconexión con la realidad, que caen rápidamente en el archivador.

    Por todo esto, entonces, no es pueril la diferencia entre el experto y el “vendedor de humo”. El primero, contribuye. El segundo, obstaculiza, genera conflictos donde no los hay, promueve reformas inviables y, a la larga, se transforma en un agente patógeno del sistema político.

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  7. Magíster en Historia de América Latina UDP realizará Seminario intensivo con Marian Schlotterbeck

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    MarianMarian Schlotterbeck, licenciada en Historia y Estudios Latinoamericanos de Oberlin College, y Magíster y Doctora en Historia de América Latina en la Universidad de Yale, se encuentra dictando un Seminario intensivo en el Magíster en Historia de América Latina de la Universidad Diego Portales, enfocado al estudio de las temáticas historiográficas más importantes del siglo XX en la región, “una de las ideas principales es poner al día a los alumnos con los trabajos más recientes que han salido en Estados Unidos en la última década”, señala la académica.

    Durante su carrera ha investigado sobre los procesos políticos latinoamericanos, que tuvo como eje principal el papel que jugó su profesor guía, Steve S. Volk, “tuve la suerte de tener varios profesores progresistas, de izquierda, que habían venido a Chile en la Unidad Popular”, explica Schlotterbeck.

    Dentro de sus investigaciones, se incluye el análisis de las historias nacionales de Cuba, México, Argentina, El Salvador, Guatemala y Chile, poniendo a este último en el contexto más global y compartido. Uno de los puntos principales de estas reflexiones, es el rol de Estados Unidos en el desarrollo político del mundo, el que según su opinión, jugó un papel preponderante en Chile.

    “Desde mi perspectiva, cuando pasaron los 40 años del golpe, es de cierta manera imposible, seguir defendiendo el proyecto de la dictadura” enfatiza, refiriéndose a la posición que aún se mantiene entre algunos académicos que consideran el hecho como una tragedia inevitable, y no como, según sus palabras, ” la decisión de ciertos sectores para descontinuar los procesos de democratización de Chile en el siglo XX, que tuvo como consecuencia la violación de derechos humanos”, indica.
    Además de su labor como profesora en la UDP, está trabajando en dos libros. El primero de ellos, titulado “Más allá de la vanguardia”, trata sobre los procesos de la Unidad Popular en la provincia de Concepción, desde la militancia de bases del movimiento de izquierda revolucionaria, como una forma de descentralizar la historia chilena hacia las regiones y de hacer un análisis de la década del 60′ como una lucha social. Su otro proyecto literario, es acerca de la llamada Asamblea del pueblo, que tuvo lugar en Concepción en el año 1972. En él, elabora un trabajo que aborda esa experiencia desde la perspectiva de las organizaciones sociales que participaron.

    Actualmente, está trabajando en un artículo que trata sobre la visita de Fidel Castro a Chile en el año 1971, dando énfasis en la difusión de su viaje en Cuba, tomando a los medios de comunicación como eje central, es decir, “la forma que la prensa ocupaba la visita de Fidel Castro a Chile como una forma de reanimar al pueblo cubano que estaba con un declive de popularidad” concluye la académica.

  8. El último en salir apaga la luz

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Cuando la percepción dominante es que el gobierno se está hundiendo, es razonable que todos aquellos con ambición y aspiraciones quieran deslindarse de las responsabilidades de un fracaso. Por eso, cual fiesta que indefectiblemente llega a su fin, la lógica dominante en el oficialismo es que el último en salir deberá apagar la luz.

    El ánimo en el oficialismo está tan decaído que muchos ya están contando los días que faltan para la próxima elección presidencial. Los errores no forzados y las descoordinaciones se han multiplicado en un gobierno que además de carecer de hoja de ruta y de un norte, tampoco parece tener un capitán a bordo.  Como es perfectamente razonable y legítimo que profesionales ambiciosos y preocupados de su carrera política futura se desmotiven al sentir que sus esfuerzos son inútiles, en los próximos meses debiéramos ver un empeoramiento en la calidad del capital humano en el gobierno de Bachelet. Como el gobierno ya no genera la mística refundacional —y nunca tuvo una mística reformista gradual—, muchos funcionarios que aspiraban a dejar huella comenzarán a buscar nuevos rumbos. En cambio, aquellos que solo aspiran a mantener sus sueldos fiscales seguirán lealmente, hasta el último día, tocando al inconexo e incoherente ritmo que ha caracterizado a la orquesta gubernamental en estos últimos meses.

    En las últimas semanas, la seguidilla de tropiezos del oficialismo ha sumado momentos inverosímiles. La obcecación de la Presidenta Bachelet por no aceptar que en La Araucanía también hay un problema de seguridad para los transportistas entregó una popular bandera de lucha a la oposición. Si Bachelet hubiera ido a la región, podría haber evitado que esa bomba le terminara de explotar en el palacio de gobierno.

    Para un gobierno que ha convertido a los movimientos sociales en un fetiche y que ha elevado las marchas callejeras al nivel de incontrovertible voluntad popular, la férrea oposición de La Moneda a permitir que los camioneros afectados por la violencia en La Araucanía marchen frente al palacio presidencial es difícil de justificar. Si las marchas son legítimas y los movimientos sociales sagrados, entonces los camioneros —que son también un movimiento social, aunque de color distinto al del gobierno— tienen todo el derecho a manifestarse. Si en cambio el gobierno entendiera a las marchas como el derecho legítimo de los grupos de interés a ejercer presión, entonces podría justificar su rechazo a permitir la marcha de los camioneros. Pero ahí, otros grupos de interés —como los estudiantes, movimientos indígenas o minorías sexuales— también perderían la condición de voceros de la voluntad popular que la Nueva Mayoría les ha otorgado.

    Los errores del gobierno no terminan ahí. La nueva vuelta de carnero respecto a la forma en que empezará a aplicar la gratuidad en 2016 obligó a que se retirara un borrador de la página web del Ministerio de Educación. Con todo, ahora sabemos que la gratuidad se iniciará con una glosa presupuestaria y no con una nueva ley. Para ser la más emblemática de las promesas de campaña de Bachelet, la forma en que el gobierno quiere introducir la gratuidad al sistema de educación superior es, por decir lo menos, poco elegante. Igual que alguien que anuncia que se comprará una casa, pero antes de firmar los papeles empieza a meter los muebles por la ventana, el gobierno demostró una nula preparación para hacerse cargo de las ambiciosas promesas que realizó en campaña. Con tanto operador pagado por la empresa de papel montada por el grupo cercano a Bachelet (naturalmente sin que la Presidenta tuviera idea), se esperaría que al menos ese grupo de tecnócratas de autodefinidas incuestionables credenciales hubiera producido un proyecto de ley razonable para implementar la promesa de gratuidad en educación superior. Peor aún, ya que llevamos 17 meses de gobierno, la lentitud con la que la administración ha avanzado en diseñar una hoja de ruta para cumplir su promesa más simbólica (y la interminable capacidad para realizar anuncios que solo confunden a potenciales beneficiarios) rayan en la irresponsabilidad.

    Aunque no hemos llegado a la mitad del gobierno, el ambiente reinante es que esta aventura está llegando a su fin. La lista de candidatos presidenciales sigue creciendo. Las lealtades están alejándose de La Moneda y agrupándose en torno a los presidenciales. Algunos presidenciables incluso se aventuran a pasear por el palacio de gobierno.

    Desde las trincheras del oficialismo se oyen los clamores por la aparición de un nuevo liderazgo. La cercanía de las elecciones municipales ha hecho que los alcaldes —y los aspirantes a serlo— comiencen a buscar figuras emblemáticas a las que acercarse para mejorar sus chances de ganar. Si hace cuatro años todos aspiraban a sacarse fotos con Bachelet, hay pocos que hoy sienten que ella les puede sumar votos en las elecciones municipales de 2016.

    Cuando la percepción dominante es que el gobierno se está hundiendo, es razonable que todos aquellos con ambición y aspiraciones quieran deslindarse de las responsabilidades de un fracaso. Por eso, cual fiesta que indefectiblemente llega a su fin, la lógica dominante en el oficialismo es que el último en salir deberá apagar la luz. Como en toda fiesta, los últimos en salir siempre son los que no tienen nada mejor que hacer.

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  9. RN y su oportunidad de defender principios

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    patricio navia

     

     

     

     

     

     

     

    Patricio Navia

    Porque es una de sus pocas banderas que concita apoyo mayoritario, resulta incomprensible que Renovación Nacional esté considerando abandonar su oposición a un aumento en el número de parlamentarios. Si bien la gente quiere que los políticos se pongan de acuerdo, los chilenos también quieren que defiendan sus valores. Si son incapaces de defender sus convicciones, los políticos difícilmente serán convincentes cuando prometan defender los intereses y prioridades de sus electores.

    Después de prometer el fin del sistema electoral binominal en campaña, la Presidenta Michelle Bachelet impulsó una reforma electoral que satisficiera a cada partido miembro de la Nueva Mayoría. Como hay profundos desacuerdos sobre qué sistema alternativo es más conveniente, el Gobierno diseñó un traje a la medida de todos los partidos de la NM y de Amplitud, único partido de derecha que se sumó a la iniciativa.

    Como todo sistema electoral, el binominal distorsiona la forma en que los votos se transforman en escaños. A diferencia de los sistemas mayoritarios, el binominal no premia al que saca más votos, sino que distribuye escaños siguiendo una regla de proporcionalidad. Al asignar solo dos escaños por distrito, el binominal es el menos proporcional de todos los sistemas proporcionales. Al igual que en los sistemas proporcionales, el binominal asigna los escaños a las listas de los partidos o coaliciones, por lo que muchas veces, candidatos que habiendo sacado individualmente más votos quedan fuera del Congreso porque rivales con menos votos son arrastrados por la votación de otros rivales mucho más populares.

    Aunque una mayoría quiere cambiar el binominal, los chilenos no saben muy bien cómo funciona. Como carga con el estigma de haber sido adoptado por la dictadura, muchos equivocadamente creen que el binominal es anti-democrático. Desconociendo que un sistema proporcional también distorsionará la forma en que los votos se transforman en escaños, algunos equivocadamente creen que el fin del sistema binominal nos llevará al paraíso de los sistemas electorales. La experiencia comparada muestra que todos los países tienen sistemas electorales únicos (por lo que decir que el sistema binominal es único en el mundo es tan cierto como trivial) y que las distorsiones que se producen en cada país hace que existan más detractores que defensores de cada sistema electoral. Pero en tanto los detractores no se pueden poner de acuerdo, la mayoría de los países termina manteniendo los sistemas que ya poseen.

    El proyecto de ley del Gobierno —que ya pasó su primer trámite constitucional en la Cámara— soluciona algunos problemas del binominal, mantiene otros y crea algunos problemas nuevos. Al aumentar el número de escaños por distritos, reduce el subsidio a la coalición que termina en segundo lugar. Pero a su vez crea incentivos para que los partidos se salgan de las coaliciones existentes. Aunque se crean mega distritos —que encarecerán el costo de las campañas—, el hecho que disminuya el porcentaje de votos para obtener un escaño incentiva a partidos y candidatos tránsfugas para que vendan sus votos al mejor postor. Además, como se escogen más parlamentarios por distritos, aumenta la probabilidad de que haya candidatos con pocos votos que sean arrastrados por compañeros de lista populares, dejando fuera a candidatos que individualmente obtuvieron mejor votación.

    No hay evidencia de que el nuevo sistema sea mejor —o tenga menos vicios— que el actual sistema binominal. Adicionalmente, para acomodar las demandas de sus partidos aliados, el Gobierno ha impulsado un aumento en el número de parlamentarios con el argumento —teóricamente falso y empíricamente mentiroso— de que solo así se puede lograr mayor proporcionalidad. La opinión pública rechaza el aumento de parlamentarios. Aunque muchos en la derecha prefieren el binominal —en especial la UDI, que se ha visto más favorecida en elecciones recientes— el hecho de que la gente se oponga a un aumento de parlamentarios ha sido una excusa perfecta para rechazar la propuesta del Gobierno.

    Ahora que la reforma ha llegado al Senado, RN está considerando una propuesta que aumenta el número de senadores. Como se necesitan 23 votos para aprobar la reforma —y la NM tiene 21, que llegan a 24 si se suman los de Bianchi, Horvath y Lily Pérez—, un acuerdo con RN solo daría más fuerza a una reforma que no necesita los votos de RN o la UDI. Pero si se suma al acuerdo del Gobierno, RN estará haciéndose cómplice de una decisión tremendamente impopular. Porque en la NM también hay resistencias a cambiar el sistema electoral —y porque RN ya demostró su muñeca política al negociar con el PDC un acuerdo, que se podría reflotar ahora, aunque sin aumento de parlamentarios— no tiene sentido que RN negocie con el Gobierno. Es preferible quedarse fuera de la negociación porque, después de todo, es poco lo que puede influir sobre el diseño del nuevo sistema electoral, pero es mucho lo que va a perder si renuncia a su rechazo actual al aumento de los parlamentarios.

    Revisa la columna original en El Líbero

  10. Instituto de Humanidades y la FCSH invitan al Coloquio Internacional “Momentos de ruptura: acontecimiento y negatividad en el pensamiento moderno”

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    Invitación_momentos de rupturaEl Instituto de Humanidades y la Facultad de Ciencias Sociales e Historia organizan el Coloquio Internacional, “Momentos de ruptura: acontecimiento y negatividad en el pensamiento moderno”, instancia en la que participarán los académicos Eduardo Sabrovsky y Andreas Kalyvas. 

    El profesor Eduardo Sabrovsky Jauneau es doctor en filosofía de la Universidad de Valencia, España. A lo largo de su trayectoria ha publicado los libros, “El Desanimo: ensayo sobre la condición contemporánea” y “De lo extraordinario: nominalismo y modernidad”, editado por UDP-Cuatro Propio 2001.

    Lo acompañará  Andreas Kalyvas, doctor en Ciencia Política de la Universidad de Columbia y académico de The New School, en Nueva York. Kalyvas ha desarrollado su trayectoria estudiando el comportamiento democrático a nivel occidental, centrando su foco de interés en la antigua Grecia y la época Romana.  Sus publicaciones más recientes han sido “Democracy and the Politics of the Extraordinary: Max Weber, Carl Schmitt, Hannah Arendt, Cambridge University Press” (hardcover 2008, paperback 2009) y Liberal Beginnings: Making a Republic for the Moderns, Cambridge University Press, 2008 (co-authored with Ira Katznelson).

    Revisa el perfil completo de Andreas Kalyvas  .

    La actividad se llevará a cabo los días 29 y 30 de octubre de 15.00 a 20.30 horas.

     El día miércoles 29 en la sala B51 de la Bilbioteca Nicanor Parra, Vergara 324, mientras que el jueves 30 de octubre será en la sala A22 del Aulario UDP, ubicado en Ejército 326.

  11. Revolución con garantía para el comprador

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    patricio navia

     

     

     

     

     

     

     

    Patricio Navia

    Si el Gobierno equivocadamente cree que los chilenos están dispuestos a sacrificarse por el programa de gobierno, la realidad de una sociedad de consumidores egoístas que demandan sus derechos, y retira su apoyo a una propuesta apenas ve que ya no le resulta conveniente, le vendrá como balde de agua fría a La Moneda.

    El gobierno de la Presidenta Bachelet correctamente alega que el electorado le dio un mandato para implementar cambios refundacionales en el país. Pero en una sociedad que se compró a pies juntillas el concepto de los derechos del consumidor, la revolución que demandan los chilenos es con garantía de éxito, sin que involucre sacrificio alguno, y con la seguridad de que el consumidor en cualquier momento se puede arrepentir y deshacer el contrato. Si el Gobierno equivocadamente cree que los chilenos están dispuestos a sacrificarse por el programa de gobierno, la realidad de una sociedad de consumidores egoístas que demandan sus derechos, y retira su apoyo a una propuesta apenas ve que ya no le resulta conveniente, le vendrá como balde de agua fría a La Moneda.

    Ahora que la economía se ha enfriado —en parte por las circunstancias externas, pero también como resultado de las reformas impulsadas por el Gobierno— la opinión pública evalúa con menos entusiasmo el desempeño de la Presidenta Bachelet. Un número creciente de chilenos cree que el país avanza en la dirección equivocada. Cada mes son más los chilenos que expresan preocupación por el creciente desempleo y el alza de precios. En ninguna democracia el mandato que otorga una votación tan alta como la que recibió Bachelet en noviembre de 2013 desaparece por arte de magia. Pero en todas las democracias, la gente se preocupa cuando el cielo se cubre de nubes grises. Igual que un piloto de avión que prometió llevarnos a feliz destino, Bachelet enfrenta la difícil decisión de ignorar las turbulencias y mantener la hoja de ruta inicial o hacer un ajuste en la dirección del vuelo para evitar cruzar por el medio de la tormenta.

    Aunque hay buenas razones para mantener la hoja de ruta inicial —después de todo, la Presidenta adquirió un compromiso de campaña con sus electores— las turbulencias del vuelo están poniendo en riesgo a todos los pasajeros. Es verdad que un cambio de ruta decepcionará a muchos, pero los pasajeros prefieren mil veces la seguridad de saber que podrán aterrizar en un destino relativamente cercano al original que arriesgar que el avión se caiga por la tozudez de un piloto que se aferra al plan de vuelo inicial sin hacerse cargo de la nueva realidad.

    En la forma excesivamente dogmática en que parte de la Nueva Mayoría habla del programa de gobierno, se esconde el mismo error de las empresas que se aferran a los contratos de prestaciones firmados por los consumidores para defenderse de los reclamos. Si bien la empresa puede creer que el consumidor leyó cuidadosamente el contrato, los consumidores están convencidos de que cualquier cláusula abusiva es ilegal, y que ellos no están obligados por un contrato que produce resultados distintos a los que la empresa les prometió.

    Después de 25 años de vivir en una democracia social de mercado —más de mercado que social—, los chilenos se han acostumbrado a una relación utilitaria con las empresas. Como casi todo ha sido privatizado —desde la educación hasta las pensiones, desde las carreteras hasta la salud, desde el agua, el gas y la electricidad hasta las agencias de acreditación de calidad— la gente aprendió a relacionarse con instituciones que ofrecen servicios de interés público de la misma forma en la que se relacionan con empresas privadas. Los gobiernos no escapan a esta lógica. La gente sabe que los proveedores buscan sus propios intereses y que, sólo en la medida que los intereses de las empresas y los consumidores estén alineados, los servicios serán satisfactorios.

    Los votantes utilitarios votaron por la oferta de Bachelet porque no implicaba costos personales (los ricos pagarían la reforma tributaria) y prometía beneficios concretos (educación de calidad y gratuita, sin tener que cambiar a sus hijos de los colegios con copago que ellos querían mantener como selectivos), todo con garantía de éxito. Ahora que aparecen los costos, se diluyen los beneficios y no hay garantía de éxito, la gente comienza a percibir que el programa de la NM también tenía letra chica que ellos no leyeron y que consideran son cláusulas inaceptables.

    Como la gente quiere que le solucionen los problemas —no que les den explicaciones— las turbulencias que ahora afectan al avión tripulado por Bachelet generan descontento y temor entre los pasajeros que creyeron estar comprando un viaje placentero hacia la tierra prometida. Si no lee bien la preocupación de una opinión pública que firmó el contrato sin haber leído la letra chica, por la confianza que les daba la vendedora, Bachelet arriesga convertirse ella misma en un ejemplo más de la lógica de abusos y engaños que molestan tanto a una sociedad que ha aprendido a defenderse en la selva del mercado y que, para poder sobrevivir, sabe que no le debe lealtad a ningún contrato que prometió una cosa pero está entregando otra muy distinta.

    Revisa columna original en El Líbero

  12. Desigualdad de género en Chile y en Latinoamérica: análisis y debate de las actuales políticas sociales

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    El seminario fue organizado por el Observatorio de Desigualdades de la Universidad Diego Portales.

    Buscando responder si existe una continuidad en el tiempo respecto a las políticas actuales en género y familia en comparación a la herencia histórica, el Observatorio de Desigualdades de la Universidad Diego Portales organizó la primera Conferencia Internacional “Políticas Sociales y Desigualdades: Mujeres y familias en Chile y América Latina”.

    El observatorio, creado en el año 2013, busca contribuir al debate académico especializado en temas de desigualdad en Chile, promoviendo la innovación en la reflexión teórica y metodológica estimulando la colaboración entre instituciones académicas.

    El encuentro – organizado por la Facultad de Ciencias Sociales e Historia de la UDP – intentó poner en evidencia las actuales políticas sociales respecto a las desigualdades que aún afectan a las mujeres y familias en Chile y América Latina.

    Al respecto, la investigadora Alejandra Ramm, especificó que a pesar de haber avanzado en diferentes políticas públicas a favor de las mujeres – como la creación del Servicio Nacional de la Mujer – “las sociedades latinoamericanas son aún definidas como machistas, pero lo más preocupante aquí es que hay todo un sistema institucional y económico que apoya este tipo de prácticas”.

    Añadió que “el Sernam ha levantado un discurso, y ha hecho avances respecto a estos temas, pero si escarbamos un poco más hay toda una institucionalidad que ha permitido e impulsado las desigualdades, por ejemplo en temas salariales, para con las mujeres”.

    Dentro de los expositores del encuentro destacaron Maxine Molyneux, directora del Instituto para las Américas del University College London; Juliana Martínez, académica de la Universidad de Costa Rica; Francisca Rengifo, académica de la Universidad Adolfo Ibáñez y Rossana Castiglioni de la Escuela de Ciencia Política de la UDP.
    Ramm, señaló que “lo interesante de estas académicas extranjeras es que son investigadoras especializadas en América Latina, pero que tienen una visión global que puede aportar a la discusión que estamos llevando a cabo hoy acá en la región. Ellas nos sitúan en el contexto chileno, explicando el pasado colonial común que tienen los diferentes países del continente o los períodos dictatoriales que tuvieron que vivir la mayoría de los países de América Latina”.

    Desde la perspectiva comparada, Ramm amplió que “las intervenciones de las académicas extranjeras nos permiten darnos cuenta lo complejo que son estos temas y, al mismo tiempo, nos permite analizar qué variables debemos considerar para aplicar en la realidad o el contexto nacional”.

  13. Tercer Taller Político Exterior ICSO-UDP

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    El Instituto de Investigación en Ciencias Sociales (ICSO) de la UDP realizó el miércoles 17 de agosto de 2011 el tercer Taller ICSO sobre política exterior de Chile.  En esta ocasión, el encuentro convocó a especialistas nacionales para dialogar sobre el aporte que realizaron la política exterior, y en particular de la política de comercio exterior y la estrategia de regionalismo abierto, al modelo de desarrollo económico aplicado por Chile en las últimas dos décadas. En ese contexto, los participantes analizaron la evolución del proceso de desarrollo chileno, las demandas y desafíos de innovación y competitividad, abordándolas como una nueva etapa que demanda la formulación de un nuevo ciclo de políticas públicas en el ámbito internacional del país.

    La sesión contó con la presentación del documento de trabajo: “La política comercial de Chile: Balance y lineamientos para una nueva agenda” preparado por Carlos Furche, consultor internacional y ex director general de la Dirección de Relaciones Económicas Internacionales (DIRECON) del Ministerio de Relaciones Exteriores. El trabajo de Furche fue comentado por un panel que integraron el Presidente de la Corporación de Estudios para América Latina (CIEPLAN), ex  Ministro de Hacienda (1990 y 1994), ex Ministro de Relaciones Exteriores (2006-2009), y ex senador, Alejandro Foxley; el integrante del Comité Ejecutivo y Past President de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC), Rafael Guilisasti; y el director de la División de Comercio Internacional e Integración de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), Osvaldo Rosales. El panel fue moderado por el académico e investigador del ICSO-UDP, Marcos Robledo.

    El tercer Taller ICSO se enmarca en el proyecto “La política exterior latinoamericana como una herramienta de transformación democrática regional y global. El caso de Chile 1990-2010”, patrocinado por la Fundación Ford. Su objetivo se analizar el ciclo de política exterior 1990-2010 y examinar la evolución del contexto internacional y nacional, y la evolución de los desafíos que se plantean a la política exterior.