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  1. La ciudadana Bachelet

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    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    La irreflexiva querella presentada contra los periodistas de Qué Pasa mancha el legado de la Presidenta y refleja una débil lealtad a los valores y principios que debieran guiar a los demócratas consecuentes.

    La decisión de la Presidenta Bachelet de presentar una querella contra el director, el editor general y dos periodistas de la revista Qué Pasa refleja su preocupante subvaloración por la libertad de prensa y la libertad de expresión. Precisamente porque Michelle Bachelet pertenece a una coalición política que sufrió los rigores de una dictadura que violaba esos derechos, la Presidenta de la República debiera entender que ella no es una ciudadana común y que la legítima defensa de su honra no debe alimentar la percepción de que el gobierno persigue criminalmente a medios de comunicación. Bachelet debiera evitar pasar a la historia como la primera Presidenta en democracia que persiguió criminalmente a un medio que publicó una conversación de terceros que la mencionaba a ella como parte de los oscuros negocios en que ha estado involucrada su nuera, Natalia Compagnon.

    La sorpresiva e irreflexiva decisión de Bachelet de querellarse por injurias graves con publicidad contra Qué Pasa resulta especialmente preocupante, toda vez que ese semanario fue el primero en revelar los oscuros negocios de la empresa Caval, en la que su nuera tiene propiedad. Como el escándalo Caval ha involucrado también al hijo de la Presidenta, Sebastián Dávalos, quien debió renunciar a su cargo de “Primer Damo” en La Moneda, la querella de Bachelet tiene un incuestionable sabor a vendetta. Pero ya que hay suficiente evidencia que demuestra que Caval se especializaba en negocios cuestionables y hacía uso de sus contactos y cercanía al poder —incluida la cercanía con la propia Presidenta Bachelet, cuestión que reconocidamente ayudó a la obtención de un enorme crédito bancario para un negocio de especulación inmobiliaria—, una querella contra Qué Pasa equivale a dispararle al mensajero que trae las malas noticias. Qué Pasa destapó un escándalo que ha golpeado la popularidad y la imagen de Bachelet. Pero la responsabilidad por ese escándalo recae en el poco criterio que tuvieron Natalia Compagnon y Sebastián Dávalos en la forma en que condujeron sus negocios y su figuración pública.

    La querella de Bachelet además alimenta dudas sobre sus valores democráticos. Después de haber demostrado cuestionable criterio cuando, en una visita oficial a Cuba, salió corriendo para reunirse con el octogenario ex dictador Fidel Castro y después de haber hablado bien de Alemania Oriental —olvidando la naturaleza dictatorial de ese régimen que asesinó disidentes políticos que querían huir del país—, la decisión de perseguir a un medio de comunicación constituye un patrón de comportamiento que refleja una débil lealtad a los valores y principios que debieran guiar a los demócratas consecuentes. Porque la libertad de prensa importa precisamente cuando la prensa investiga cuestiones espinudas que involucran a personas poderosas (o a sus familiares), lo peor que podía hacer Bachelet era querellarse contra el medio que ha sido líder en denunciar las cuestionables actividades de negocio y las decisiones reñidas con la ética de Dávalos, Compagnon y sus asociados.

    Como si todo esto no fuera suficiente, la excusa que dio Bachelet al decir que su querella la presentaba como ciudadana y no como Presidenta refleja su incapacidad para entender que su condición de primera mandataria la acompaña las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Dada la investidura de su cargo, Bachelet debiera saber que no se puede sacar la banda presidencial a discreción. Siendo la persona que ha ocupado el cargo de presidente democráticamente electo por más tiempo desde Arturo Alessandri, Bachelet demuestra la incapacidad para entender que los presidentes no pueden pretender ser ciudadanos comunes y corrientes. Las regalías y el poder que vienen con el cargo obligan a las personas que lo detentan aceptar que también deben renunciar a derechos que tienen todos los mortales. Bachelet no puede pretender ser una simple ciudadana cuando presenta una querella y gozar de los beneficios del cargo cuando se le toma declaración como testigo en la investigación de la fiscalía sobre los negocios de Caval.

    La decisión de Bachelet, contra los razonables consejos de varios aliados que públicamente han cuestionado la conveniencia de la querella, recuerda también la igualmente cuestionable querella por injurias que presentó Sebastián Dávalos en 2013 contra el director de la Radio Bio-Bio, Tomás Mosciatti. Pero al menos Dávalos puede alegar que, en ese momento, él sí era un simple ciudadano. Bachelet, con igual apresuramiento irreflexivo que tuvo su hijo en 2013, ha escrito una negra página en su legado. Felizmente para ella, aunque igual quedará la mancha, Bachelet todavía puede evitar que esa querella tiña todo su legado en materia de respeto por la libertad de expresión y la libertad de prensa.

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  2. Querella de Bachelet, renuncias en partidos políticos y estudiantes movilizados

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    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP

    El Informante abordó tres importantes materias de la contingencia nacional. En primera instancia, Juan Manuel Astorga entrevistó a Álvaro Caviedes, gerente legal de Copesa para conocer la versión de este grupo sobre la querella presentada por la Presidenta Michelle Bachelet contra la revista Qué Pasa. Entre otras declaraciones, sostuvo que “no nos retractaremos por el contenido de la publicación” donde se vinculó a la Mandataria con el caso Caval, no obstante reconocer que hubo desprolijidad periodística. Posteriormente, se analizó en el programa las renuncias de distintos parlamentarios a sus partidos políticos. Los casos emblemáticos que manifestaron sus posiciones fueron Pepe Auth (PPD) José Antonio Kast (UDI). El tercer tema fue el movimiento estudiantil llevado adelante por los secundarios. En este bloque se confrontaron las visiones de los voceros José Corona, por parte de la Cones, y Diego Arraño por la Aces.

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  3. No todo es para celebrar

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    mauricio morales

     

     

     

     

     

     

     

    Mauricio Morales

    La reforma al sistema electoral y la ley de financiamiento van en la dirección correcta, aunque tienen un gran problema: para ambas aplicará una permisiva regulación para crear partidos. Al combinar las tres normas queda en evidencia que estamos legislando en contra de los intereses de la democracia.

    El martes pasado la Cámara de Diputados aprobó, en su último trámite legislativo, el fin del sistema binominal. Aunque la nueva fórmula electoral es ampliamente superior a la antigua, quedan algunas dudas respecto a las barreras de entrada para la inscripción de nuevos partidos. El sistema electoral que se acaba de aprobar ya es inclusivo, diseñando distritos que reparten entre 3 y 8 escaños, y circunscripciones que distribuyen entre 2 y 5 senadores. Por tanto, aumentan las posibilidades de que terceras fuerzas peleen al menos un cupo. En otras palabras, y como dirían algunos, este sistema será más “representativo”. Sin embargo, la nueva normativa insiste en un punto que, a mi juicio, debiese examinarse con mayor detención. Me refiero a la reducción en las barreras de entrada para formar partidos. Acá discuto dos puntos centrales. Primero, que los partidos puedan constituirse sólo en una región. Segundo, que el proceso de afiliación de miembros tenga menos exigencias que la legislación previa, pasando del 0,5% de las firmas al 0,25%.

    No suena muy razonable que se combine un sistema electoral permisivo, donde incluso las coaliciones pueden presentar un candidato adicional al número de cargos a repartir por distrito o circunscripción, con un incentivo demasiado alto para constituir nuevos partidos. Al igual como en las personas existe un colesterol bueno y un colesterol malo, también en la política hay una fragmentación buena y una fragmentación mala. La fragmentación buena es la que emerge de la competencia y de la vitalidad de los sistemas de partidos. El incremento de la oferta -tal como sugiere el nuevo sistema electoral- viene a corregir el carácter restrictivo del binominal, donde sólo competían dos candidatos por lista (a veces, uno). Por tanto, esa fragmentación buena se reproduce en ambientes de democracia saludable. Más que el número de partidos, lo que importa es la calidad de los mismos. La fragmentación mala, en cambio, es la que se cultiva con pequeños caudillos o caciques que, formando partidos, pueden llegar al Congreso a defender sus propios intereses y no necesariamente los de sus representados. Eventualmente, se transforman en agencias de chantaje más que en instituciones propiamente democráticas.

    que pasa cifras

    INCENTIVO PARA LA DEMOCRACIA
    ¿Cómo funcionaba el “sistema antiguo” y cómo funciona el “sistema nuevo” respecto a la creación de partidos? En la norma antigua, un partido podía constituirse en ocho regiones, o en tres que fueran territorialmente contiguas. Según el artículo 5 de la Ley de Partidos (18.603), para constituir un partido político sus organizadores deben ser a lo menos cien ciudadanos con derecho a sufragio y que no pertenezcan a otro partido existente o en formación. Luego de esto, los partidos procederían a la afiliación de sus miembros que, de acuerdo a la ley, debían representar el 0,5% del electorado que hubiera sufragado en la última elección de diputados. La nueva ley rebaja esa barrera al 0,25% y, más grave aún, permite que los partidos se constituyan en una sola región.

    La normativa, por tanto, estimulará innecesariamente lo que he denominado como fragmentación mala. El problema no es menor, sobre todo si pensamos en la nueva ley de financiamiento. La propuesta del gobierno-a grandes rasgos- establece un aporte fiscal sólo a aquellos partidos con representación parlamentaria. Parte de ese aporte es distribuido mediante una especie de fondo común, entregando una fracción mayor a los partidos nacionales que a los partidos regionales. Luego, otra parte del aporte se distribuye a prorrata de los votos obtenidos por cada partido. El incentivo es grande. Si bien estos partidos regionales podrían aspirar sólo a competir, la nueva legislación entrega facilidades de formación, mayores probabilidades de que logren un escaño y, de conseguirlo, acceder al financiamiento estatal. En el afán de alcanzar este objetivo, los partidos regionales bien podrían recurrir a caudillos o caciques de la zona para así asegurar representación y obtener recursos financieros. ¿Es eso lo que queremos para nuestra democracia? ¿Estamos dispuestos a hipotecar un sistema de partidos tradicional por otro excesivamente fragmentado? ¿No será que avanzamos demasiado rápido desde un sistema restrictivo como el binominal a otro exageradamente permisivo?

    Pero el problema no termina ahí. El proceso de afiliación de los nuevos partidos supone recolectar el 0,25% de las firmas, tomando como universo el total de votos emitidos en la última elección de diputados. ¿Qué sucedería si la participación continúa en retroceso? Claramente, esas barreras de acceso disminuirán. Por ejemplo, un partido podrá concluir su proceso de afiliación en Aysén recolectando 94 firmas, y alrededor de 200 en Magallanes y en Arica y Parinacota. Para Atacama la exigencia aumenta marginalmente a 248. La situación del Norte no deja de ser preocupante. Aún no tomamos conciencia de que ahí existe un subsistema de partidos. La fragmentación ha ido al alza por sobre el promedio nacional, mientras que la participación ha descendido más aceleradamente que en el resto de Chile. La combinación entre alta fragmentación y baja participación no es precisamente una buena noticia para la democracia. En otras palabras, lo que estaremos construyendo será un sistema donde el descenso de la participación favorezca la emergencia de nuevos partidos -pues se necesitarán menos firmas- y no viceversa, como supone una democracia de calidad.

    A mi juicio, el nuevo sistema electoral traerá, efectivamente, más competencia y mayor chance de representación para terceras fuerzas. Con eso es suficiente. Estimular partidos regionales no es el camino que Chile necesita. Nos pasamos de un extremo a otro. Es decir, desde la restricción del binominal, a un esquema demasiado permisivo. ¿Qué mensaje, además, les estamos dando a los representantes independientes? Muy sencillo: formen un partido. Esta tarea les será fácil pues recolectarán rápidamente las firmas y, por cierto, en caso de aprobarse la ley de financiamiento, podrán acceder a recursos fiscales.

    Los diseños institucionales muchas veces fracasan por normativas que aparentan ser inocuas, pero que terminan dañando la democracia. La reforma al sistema electoral y la ley de financiamiento van en la dirección correcta. El problema es que para ambas aplicará esta nueva normativa de creación de partidos. Frente a un sistema electoral más representativo, con una ley de financiamiento de partidos adecuada, pero con demasiados incentivos para la pululación de nuevos partidos, es muy probable que estemos legislando en contra de los intereses de la democracia.

    Ver artículo completo en Revista Qué Pasa

  4. ¿De qué hablamos cuando hablamos de Eutanasia

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    mauricio morales

     

     

     

     

     

     

     

    Revisa en el siguiente enlace publicado en Sala de Prensa UDP, la nota de Revista Qué Pasa sobre eutanasia, en la que se entregan datos de las encuestas realizadas por la Universidad Diego Portales entre 2010 y 2013, además de los comentarios del Director del Observatorio Político Electoral UDP, Mauricio Morales.