Alfredo Joignant, Doctor en Ciencia Politica Universidad Diego Portales
En esta edición de Mesa Central, los panelistas Alfredo Joignant, doctor en Ciencia Política y profesor de la U. Diego Portales e investigador del COES y Gonzalo Cordero, abogado, experto en asuntos públicos y uno de los socios fundadores de Azerta, conversaron acerca de la renuncia de Jorge Burgos, ex ministro del Interior.
Yasna Lewin y Felipe Pozo conversan con el cientista político de la UDP Claudio Fuentes sobre la renuncia de Jorge Burgos al Ministerio del Interior, y con el economista Guillermo Larraín sobre las proyecciones de crecimiento económico del Banco Central para 2016.
Patricio Navia, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.
Mario Fernández deberá decidir entre dar una pelea para arrebatarle poder a los defensores de la tesis refundacional o bien, siguiendo el ejemplo de Burgos, asumir un papel figurativo que lo convierta en un actor secundario.
Para ningún observador resulta sorpresivo que el ministro del Interior, Jorge Burgos, haya renunciado. La mala relación que siempre ha tenido Bachelet con sus ministros del Interior permite anticipar que el recién nombrado Mario Fernández seguirá por el mismo camino de desencuentros y descoordinaciones. Tal vez la única diferencia entre Jorge Burgos y Mario Fernández es que mientras el ministro saliente se caracterizaba por su flemática tranquilidad que rayaba en el aburrimiento y desgano, Fernández demostrará todavía menos energía. Felizmente, a diferencia de las altas expectativas que había cuando Burgos llegó a su cargo, nadie espera que Fernández rescate milagrosamente al gobierno de la Nueva Mayoría que ya aparece resignado a pasar a la historia como el de peor desempeño desde el retorno de la democracia.
La salida de Burgos se parece al fallecimiento de un paciente que lleva varios meses con cáncer terminal. Como el desenlace era inevitable, aunque era difícil anticipar el momento en que ocurriría, la renuncia que hoy se hizo pública no sorprendió a nadie. Igual que la muerte del paciente significa también un descanso para todos los que cotidianamente lo veían sufrir, la renuncia de Burgos representa también un descanso para los que eran testigos de su incapacidad para influir en las decisiones que toma el gobierno de Bachelet. Hace meses que Burgos estaba molesto, incómodo y desganado.
La llegada de Mario Fernández refleja también lo mucho que ha cambiado el ambiente desde que Burgos fue nombrado ministro del Interior. Cuando Burgos llegó a Palacio, muchos esperaban que el nuevo ministro pudiera poner orden y encarrilar al gobierno por el sendero del diálogo, la moderación, el pragmatismo y el sentido común que tanto se echa de menos de la época de los gobiernos de la Concertación. La llegada de Burgos estuvo llena de altas expectativas. Pero al cabo de unos meses, quedó claro que al gobierno no lo salvaba nadie. Apenas se sintió más poderosa, la Presidenta abandonó la actitud de “realismo sin renuncia” que había adoptado en los meses que siguieron a la llegada de Burgos. El veranito de San Juan concertacionista duró muy poco. Burgos fue superado por la realidad de un gobierno que no creía que debía corregir el rumbo, sino solo ganar tiempo para seguir impulsando sus reformas. Incluso en aquellos momentos que el gobierno reconocía que debía frenar sus impulsos fundacionales —como cuando se acuñó el concepto del fin de la obra gruesa— la embriaguez fundacional se salía por los poros —con Bachelet impulsando un proceso constituyente que busca promulgar una nueva constitución o cuando el gobierno decidió impulsar una reforma constitucional que establezca la titularidad sindical—.
Por eso, a estas alturas del gobierno, cuando queda poco más de un año para que se inscriban los candidatos para las primarias presidenciales de 2017, nadie deposita muchas esperanzas en lo que pueda hacer el afable y tranquilo Mario Fernández. A lo más, se espera que Fernández intente administrar una retirada ordenada, evitando el quiebre de la Nueva Mayoría antes de que los vientos electorales de 2017 pongan a prueba a la coalición de gobierno menos exitosa de la historia reciente, en términos de crecimiento y creación de empleos.
El pesimismo reinante sobre la capacidad del gobierno para enmendar rumbo es ampliamente justificado. Nadie puede enmendar rumbo si no está primero convencido de que avanza por el camino equivocado. Como la Presidenta Bachelet está convencida de que está haciendo lo que es mejor para Chile, difícilmente los consejos de un ministro del Interior que cree algo distinto podrán tener efecto.Fernández deberá decidir entre dar una pelea para arrebatarle poder a los defensores de la tesis refundacional o bien, siguiendo el ejemplo de Burgos, asumir un papel figurativo que lo convierta en un actor secundario. Parece razonable anticipar que Fernández está poco interesado en forzar un golpe de timón que ponga al gobierno de la Nueva Mayoría en el sendero de las reformas moderadas, graduales y pragmáticas.
Como líder de la Nueva Mayoría, una coalición que se definió a partir de la diferenciación con la Concertación, la Presidenta Bachelet hizo muchas cosas diferentes en su segundo gobierno respecto al primero. Pero hay dos cosas que parecen ser calcadas de su primer gobierno. La primera, y es la que más le debe doler a la Presidenta, es que en ambos gobiernos, Bachelet fue incapaz de proyectar su legado más allá del cuatrienio. Aunque no se sabe aún a quién entregará la banda presidencial en marzo de 2018, parece claro que no será a nadie de la Nueva Mayoría. La segunda es la mala relación que tuvo con sus ministros del interior y la poca importancia política que ellos tuvieron en el gobierno. No hay razón para pensar que la llegada de Mario Fernández a Interior vaya a cambiar ese patrón de conducta.
Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP
Tras 20 años de militancia, el diputado José Antonio Kast presentó su renuncia a la UDI. Además de él, 30 militantes presentaron su renuncia a lo largo del día.
Mauricio Morales, director del Observatorio Político Electoral UDP
Con la renuncia de Kast a la UDI ya son cuatro los diputados que han renunciado a sus partidos el último mes. Según analistas, son diversos los factores que influyen en que parlamentarios opten por dejar sus colectividades y, con ello, competir como independientes.
La renuncia del diputado José Antonio Kast a la UDI se suma a otras dimisiones de parlamentarios a partidos tanto de oposición como de oficialismo. Durante este mismo mes, además del legislador y ex secretario general del gremialismo, la DC vio cómo René Saffirio abandonaba las filas de la colectividad, mientras que desde RN se marginaba Germán Verdugo.
Asimismo, el PPD enfrentó la salida de Pepe Auth, uno de los fundadores y experto electoral de esa colectividad. Esta renuncia vino acompañada de fuertes críticas al rumbo de ese partido y, sobre todo, a la toma de decisiones internas, cuyo principal foco de críticas fue el senador Guido Girardi, a quien calificó como el “controlador principal” de la tienda.
Si bien Kast, al igual que Auth, fundamentó su renuncia, entre otras cosas, con un cuestionamiento a los “controladores” de la UDI, aludiendo a los denominados “coroneles”, detrás de estas y otras dimisiones a los partidos existe otro factor preponderante.
Según algunos analistas políticos, la eliminación del sistema electoral binominal -el que regía los comicios parlamentarios- y el paso a uno proporcional favorece la posición de legisladores independientes, dándoles mayores posibilidades de resultar electos bajo el nuevo esquema proporcional que se aprobó.
El decano de la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo, Eugenio Guzmán, dice que “tienes un sistema electoral nuevo que, de alguna manera, provee márgenes mucho más bajos para poder salir elegidos”, y explica que “a pesar de que hay distritos que se aglomeraron, en esos distritos hoy día hay más cargos de los que originalmente tenían, por lo que necesitas menos votos para ser elegido”.
Además, a su juicio, existe un segundo elemento a considerar: “El sistema mantuvo la posibilidad de los pactos y subpactos, lo que hace que finalmente el individuo que se va (de un partido) sigue siendo funcional al pacto”.
Con esto último, el analista apunta a que las renuncias producidas en las últimas semanas no han ido aparejadas de un quiebre con las coaliciones respectivas. Así lo remarcó, por ejemplo, Auth, al aclarar que permanecerá colaborando con el gobierno de Michelle Bachelet.
“No es lo mismo que ocurría cuando Alejandro Navarro toma la decisión hace años atrás y dice ‘me voy de la Concertación y me voy del PS’. ¿Por qué? Ahí viene la tercera causa: porque también hoy el pacto, la coalición, y por cierto los partidos, son mucho más débiles. Entonces, no pueden actuar unitariamente, como sucedía antes, que si alguien se iba de la DC, tenía que irse de la coalición”, asegura Guzmán.
El propio Auth -uno de los ideólogos de la reforma que cambió el sistema binominal- dice que “antes, salirse del partido era la diferencia entre vivir o morir en política, porque lo más difícil era conseguir el cupo del partido, y luego la negociación del bloque”. Así, señala que “hoy la facilidad no es sólo para constituir partidos, sino que competir con alguna opción por supuesto que se multiplica”. Y agrega que “tiene que ver básicamente con que el binominal era una especie de camisa de fuerza que retenía a muchos por obligación dentro de un matrimonio”.
“El fin del binominal va a producir necesariamente una restructuración del sistema político chileno, y eso es lo que produce hoy un movimiento hacia la dispersión. Pero yo tengo la hipótesis de que ese movimiento va a ser hacia la concentración de grandes corrientes convertidas en partidos democráticos profesionalizados (…), que representen a grandes corrientes de la sociedad chilena”, añade.
Sin embargo, Auth también sostiene que “estas renuncias tienen orígenes y resultados distintos, pero tienen en común una crisis de representación: los partidos políticos, tal cual están desarrollándose hoy, no representan efectivamente a sus electores”.
El diputado Saffirio, no obstante, dice que las renuncias a las colectividades producidas durante este mes tienen motivos completamente distintos. Plantea que “esa percepción de Pepe Auth tiene que ver con su condición de experto electoral”. Y señala que su salida de la DC no se debe a esos factores.
El analista político Kenneth Bunker, por su parte, dice que este escenario podría desencadenar más renuncias en los próximos meses. “Militantes que han tratado de levantar candidaturas, pero que han sido ignorados, tienen grandes incentivos para renunciar, porque con el nuevo sistema electoral pueden crear partidos políticos nuevos con mayor facilidad e ir a la elección presidencial acompañados de pequeñas listas parlamentarias”.
A su juicio, “el objetivo original de la reforma era darle mayor proporcionalidad al sistema electoral, es decir, que más ideas políticas tuvieran la posibilidad de ser representados en la esfera pública”. Así, sostiene que “a medida que aumenta el número de escaños disponibles en cada unidad electoral, baja el porcentaje de votos necesarios para ser elegido, y esto naturalmente implica una fragmentación en el sistema electoral”.
Sin embargo, algunos analistas como el cientista político de la UDP Mauricio Morales agregan matices. Por ejemplo, la incertidumbre que se abre sobre si los votantes de la UDI acompañarán o no a Kast. “En el nuevo distrito de Kast, implicaría conseguir alrededor de 30 mil votos (para resultar electo). Él apenas superó los 24 mil. Veremos si esos votantes lo siguen o si se quedan con los candidatos que presente la UDI”.
Para algunos expertos electorales, lo que se vive con movimientos como Revolución Democrática o Evópoli es, también, producto de esta situación. “La reforma al sistema electoral da incentivos para que caudillos abandonen sus partidos. Si un caudillo no obtiene el beneplácito de los líderes para perseguir una carrera más ambiciosa, pero tiene una serie de militantes dispuestos a seguirlo, puede fácilmente abandonar el partido para buscar una opción por fuera. Con el binominal, Giorgio Jackson y Felipe Kast estaban obligados a caer dentro de la Alianza o la Nueva Mayoría. Hoy tienen suficientes garantías de que pueden obtener al menos un diputado o senador si compiten por fuera las grandes coaliciones”, dice Bunker.
La tajante afirmación hecha por la Presidenta Michelle Bachelet para responder a los rumores sobre su posible renuncia subraya el complejo momento por el que atraviesa su gobierno. Cuando un Presidente está en control del timón político del país, avanza su agenda legislativa, implementa mejoras en políticas públicas e institucionalidad y goza de altos niveles de aprobación, a nadie se le ocurre preguntarle si está pensando en renunciar.
El rumor comenzó a circular en la élite política a comienzos de marzo, después del retorno de Bachelet de sus vacaciones y producto del escándalo Caval. Aunque ahora reconozca que fue un error no haber hablado del tema, la decisión inicial de Bachelet de no referirse al asunto evidenció su incomodidad con el problema político en el que la había metido su único hijo varón. Cuando aludió a que no quería interceder en la investigación en curso, la Presidenta olvidó que la denuncia ante fiscalía fue presentada varios días después de que estalló el escándalo. Peor aún, Bachelet todavía no ha enmendado el error en tanto todavía no da su opinión sobre “la pasada” inmobiliaria de Caval. Dada la independencia que ha demostrado la fiscalía, la Presidenta debiera saber que sus dichos no van a influir en la investigación sobre posibles delitos que pueden haber cometido aquellos involucrados con la empresa de su nuera.
Los rumores sobre la renuncia se esparcieron tan rápidamente por la errática respuesta del gobierno ante el escándalo SQM. Las discrepancias sobre cuál era la mejor estrategia a seguir terminaron por inmovilizar al gobierno. Mientras algunos pedían un acuerdo con la clase política para mejorar la legislación sobre el financiamiento de campañas, otros defendían la tesis de que la investigación de la fiscalía debiera seguir, caiga quien caiga. Al final la investigación ha seguido, pero las señales sobre la postura del gobierno siguen siendo confusas. Recientemente, el SII ha denunciado a SQM por otras boletas y facturas presumiblemente falsas, pero no hizo extensiva la denuncia a los emisores de esos documentos. El SII tampoco se ha querellado contra SQM por esas boletas y facturas que involucran a varios políticos, limitando así el accionar de la fiscalía. Bachelet misma ha sido ambigua sobre cuál debiera ser el camino a seguir. La Presidenta ha sugerido que los involucrados pudieron haber realizado servicios efectivos a SQM y por lo tanto no habría nada irregular. Sin querer entender que el problema está en la sospecha de que SQM requería esos servicios de demasiadas empresas y personas con vínculos políticos evidentes, Bachelet se escuda en la letra de la ley y no se hace cargo de la percepción de abuso y tráfico de influencias que rodea a este escándalo. Después de que líderes de la NM justificadamente fustigaron a la UDI por mantener en posiciones de liderazgo a legisladores involucrados en el escándalo Penta, Bachelet ratificó en sus cargos a sus funcionarios de confianza involucrados en el escándalo SQM (y también al ministro Alberto Undurraga, involucrado en el escándalo Penta). La falta de liderazgo de Bachelet ante los escándalos Penta y SQM ha sido terreno fértil para que se expandan los rumores sobre su posible renuncia.
Finalmente, la incapacidad del gobierno para controlar la agenda política, impulsar sus propias prioridades legislativas de reformas y mostrarse con actitud proactiva contribuyó a darle credibilidad a un rumor que por semanas se repitió en los círculos de poder. La propia Presidenta ha contribuido a alimentar la percepción de que el gobierno está estancado. Al desmentir a aquellos que hablan de una parálisis en el gobierno, Bachelet tácitamente reconoce el problema. Cuando el gobierno está trabajando a mil por hora, las críticas que acusan parálisis no tienen eco y no necesitan ser desmentidas.
Esta no es la primera vez que se expanden rumores sobre una posible renuncia presidencial. En la crisis MOP-Gate, el columnista Ascanio Cavallo sugirió que el Presidente Ricardo Lagos podría no terminar su periodo. Lagos lo desmintió con hechos concretos y liderazgo. Al final, aunque pasó momentos duros, Lagos convirtió esa crisis en oportunidad.
Bachelet tiene una oportunidad similar hoy para convertir la triple crisis Penta-SQM-Caval en una oportunidad para mejorar las instituciones y profundizar la democracia. Para hacerlo, deberá demostrar su disponibilidad a jugarse su capital político. Ya que reconoció que no hablar sobre el escándalo Caval fue un error, ahora debiera separar aguas con los negocios especulativos de su hijo y, después de una condena pública, asumir el liderazgo para sacar a la clase política del pantano. Después de todo, la base de legitimidad de Bachelet se construyó a partir de su voluntad de hacer cosas difíciles. El norte que la llevó a convertirse en Presidenta, por segunda vez, fue su oposición a los que lucraban con la educación. Extender ese rechazo a los que han lucrado con la democracia debiera resultar un paso natural y fácil de dar para la Presidenta Bachelet.