La Escuela de Ciencia Política, junto a Iniciativa Científica Milenio y el Núcleo Milenio Desafíos a la Representación, realizaron el lanzamiento del número especial del Journal of Politics in Latin America: Desafíos a la representación política en el Chile actual, editado por Cristóbal Rovira y Rossana Castiglioni (académicos de la Escuela de Ciencia Política UDP).
En la actividad comentaron Marcela Ríos, Coordinadora del área de gobernabilidad en la oficina de Chile del PNUD y Carlos Peña, rector UDP.
El Núcleo Milenio Desafíos a la Representación busca generar conocimientos de punta en distintas áreas, con múltiples líneas de investigación, y cuenta con un conjunto de investigadores que analizan el rol de las instituciones, el ciudadano crítico y otros temas de interés. Durante el 2016, el Núcleo organizó un workshop con los autores de los artículos del volumen editado. Cristóbal Rovira, describió esta actividad.
Actualmente, la representación democrática parece estar bajo estrés en varias democracias establecidas, tales como Grecia, España y Estados Unidos. Chile también está siguiendo esta tendencia, pero hay una serie de particularidades que hacen el caso chileno distintivo.
Chile es usualmente considerado como una de las democracias más consolidadas de América Latina y con un desempeño económico sólido. Sin embargo, los ciudadanos no solo muestran decrecientes niveles de satisfacción con la democracia y las instituciones representativas, sino que también hacen creciente uso de la protesta y la movilización social para expresar su descontento. La paradoja que Chile está experimentando hoy radica en el desajuste entre las actitudes de los votantes y el desempeño del régimen político.
La idea central del volumen es debatir hasta qué punto Chile está experimentando la crisis de representación de la política. Carlos Peña se refirió a los temas que tratan los artículos.
El número presenta un conjunto de artículos escritos por académicos nacionales e internacionales, que analizan la situación actual de Chile a partir de variadas perspectivas, desde interpretaciones del fenómeno, análisis de la situación de los partidos políticos, análisis del diseño institucional chileno, el rol de las clases medias y el proceso de repolitización de las desigualdades a través de las clases sociales.
Marcela Ríos, por su parte, comentó su impresión acerca de este número.
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Contrario a lo que sugiere el lugar común, la mayoría de los chilenos sí se sienten identificados políticamente. Así se concluye de la última encuesta UDP, donde se indaga en la identidad política de los ciudadanos.
Desde hace un tiempo que la ciudadanía ha ido perdiendo su identificación con los partidos políticos existentes. Si bien es cierto que este fenómeno es bastante global, los datos para Chile muestran una tendencia inusualmente pronunciada. Tal y como reflejan las encuestas anuales de la Universidad Diego Portales (UDP), hacia el año 2005 aproximadamente la mitad de la población sentía que los partidos o coaliciones políticas no los representaban, mientras que hoy en día esta cifra es cercana al ochenta por ciento de la ciudadanía.
Debido a este tipo de datos y también producto de los recientes escándalos que han sacudido al país, se ha ido instalando la idea de una incipiente crisis de representación democrática en Chile. Sin embargo, los datos de la última encuesta de la UDP (2015) relativizan este argumento y muestran que en la actualidad los niveles de desafección respecto a las dos principales coaliciones políticas no son mayoritarias. Empleando una innovación metodológica en la encuesta, que permite distinguir a seguidores “duros”, “simpatizantes” y “anti”, se registra que sólo un 13% de los chilenos rechazan sistemáticamente a las dos coaliciones políticas tradicionales. Este reducido grupo de personas no votaría —bajo ninguna circunstancia— por candidatos de dichas alianzas partidistas a ningún cargo de elección popular y, por lo tanto, adhieren a la idea de “que se vayan todos”. Mientras preguntas convencionales arrojan que más de dos tercios del electorado no se sienten representados por ninguna de las coaliciones tradicionales, en realidad gran parte de este grupo “sin representación” estaría dispuesto a votar por candidatos del establishment político.
La definición de identidades políticas que proponemos no considera la pregunta sobre simpatía por determinada coalición política o partido político, sino que indaga en la intención de voto en tres escenarios electorales: alcaldía, Cámara de Diputados y Cámara de Senadores. Nuestro criterio para caracterizar a los encuestados en diferentes identidades políticas (“duros”, “simpatizantes” y “anti”) es bastante exigente porque requiere verificar sus respuestas en tres preguntas sobre intención de voto.
A partir de las respuestas a estas preguntas, todo indica que al día de hoy el malestar existente en contra de la clase política no se está traduciendo en una intención de voto que favorezca a candidatos de corte populista. Ahora bien, también es cierto que hasta ahora no se han posicionado en la esfera pública líderes antisistema de forma exitosa y que todavía faltan 24 meses para las elecciones presidenciales. La inclusión de estas preguntas en futuras encuestas nos ayudaría a saber si se abre un espacio o no para que irrumpan candidatos populistas en Chile. Más allá de esto, a continuación presentamos el peso relativo y características de los siete grupos que nos permite identificar la última encuesta UDP.
Se trata de quienes rechazan sistemáticamente la posibilidad de votar por algún candidato de las principales coaliciones para algún cargo de elección popular. En otras palabras, son quienes definitivamente no votarían por candidatos ni de la Alianza por Chile ni de la Nueva Mayoría para alcalde, diputado y senador.
Este grupo resulta ser particularmente peligroso para la estabilidad del sistema democrático, ya que su descontento se traduce en potencial apoyo a candidatos de corte populista. Se trata de personas que tienden a carecer de posición política (78% dice no sentirse representado en el eje izquierda/derecha), son más proclives a indicar a la corrupción como el principal problema del país y favorecen que se debe hacer una nueva Constitución (60%). Asimismo, tienden a ser indiferentes respecto a si el tipo de gobierno existente es democrático o no y los menores de 45 años están sobrerrepresentados en este grupo.
Ningún candidato presidencial les convence (25% no votaría por ninguno), pero tanto Franco Parisi como Leonardo Farkas obtienen mayores apoyos en comparación con otros grupos.
Son los electores más leales a la Nueva Mayoría. Se trata de quienes definitivamente sí votarían por candidatos de la Nueva Mayoría para alcalde, diputado y senador. Este segmento está sobrerrepresentado entre los mayores de 45 de años así como también entre las personas de clase media y clase media baja (49% dice ganar entre 150 mil y 500 mil pesos mensuales).
Son mayoritariamente de izquierda (48%) y están a favor de una nueva Constitución (48%) o al menos de una reforma constitucional (39%). Quienes están en este grupo tienden a ser optimistas respecto al futuro económico del país y prefieren como candidato presidencial tanto a Ricardo Lagos (18%) como a Marco Enríquez-Ominami (15%).
Son los que consideran a la Nueva Mayoría como el “mal menor”. Se trata de quienes probablemente sí votarían por candidatos de la Nueva Mayoría para alcalde, diputado y senador. Este segmento está sobrerrepresentado entre quienes pertenecen a la clase media y media-alta (la mitad dice ganar entre 200 mil y 1 millón de pesos mensuales).
Tienden a identificarse como de centro (18%) e izquierda (23%), pero sobre todo se sienten como ganadores del desarrollo económico del país (52%). Son más sensibles a la desigualdad y la educación como problemas relevantes para el país. Tienden a ser optimistas respecto al futuro económico del país y prefieren un gobierno democrático a cualquier otra forma de gobierno (61%).
Entre ellos, Marco Enríquez-Ominami y Sebastián Piñera son los candidatos presidenciales preferidos (ambos con 12% en este segmento), aunque seguidos muy de cerca por Ricardo Lagos (10%).
Son los que rechazan sistemáticamente a los representantes de la Nueva Mayoría, es decir, no votarían por candidatos de la Nueva Mayoría bajo ninguna circunstancia. Este segmento representa el espejo de los dos grupos anteriores. Quienes se definen de derecha duplican su proporción respecto al total de la población (15%), aunque la mayoría no se identifica con ninguna ideología (66%). Apoyan mayoritariamente una nueva Constitución (51%) y no apoyan a la democracia tanto como otros grupos (44%).
Se perciben sobre todo como perdedores del desarrollo económico (55%) y son más sensibles a la educación y a la corrupción como problemas relevantes del país. Entre estos individuos, Parisi duplica su apoyo nacional (4%), pero Sebastián Piñera aparece como el favorito del grupo (20%).
Es el electorado más leal de la Alianza. Se trata de quienes indican que definitivamente sí votarían disciplinadamente por candidatos de la Alianza por Chile para alcalde, diputado y senador.
En este grupo el segmento socioeconómico ABC1 pesa cuatro veces más que en el promedio de la encuesta y las personas mayores de 65 años están sobrerrepresentadas. Son individuos que tienden a percibirse como perdedores del desarrollo económico del país (57%).
Entre ellos se duplican tanto quienes consideran que a veces un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático (29%) como quienes creen que se debe mantener la Constitución actual (18%).
A su vez, son pesimistas respecto al futuro económico del país y su candidato presidencial predilecto es Sebastián Piñera (49%).
Son quienes consideran a la Alianza como el “mal menor”. Se trata de aquellas personas que señalan que probablemente sí votarían por candidatos de la Alianza por Chile para alcalde, diputado y senador. Este grupo de la población está sobrerrepresentado en la clase media-alta (39% declara ganar entre 300 mil y 1 millón de pesos mensuales), entre ellos aumenta casi en tres veces quienes se consideran de derecha (19%) y casi la mitad se perciben como ganadores del desarrollo económico del país (49%).
Una mayoría de este grupo es de la opinión que se debe reformar la Constitución actual (41%), aunque también aumentan entre ellos quienes creen que debe mantenerse la actual carta magna (10%). Tienden a ser pesimistas respecto al futuro económico del país y su candidato presidencial predilecto es Sebastián Piñera (24%).
Son quienes rechazan sistemáticamente a la Alianza. Se trata de personas que definitivamente no votarían por candidatos de la Alianza por Chile para alcalde, diputado y senador. Acá están sobrerrepresentados los individuos de clase baja, quienes se definen más bien de izquierda, y quienes consideran que el problema central del país es tanto la corrupción como las pensiones. Son de la opinión mayoritaria que se debe hacer una nueva Constitución (58%), y prefieren un gobierno democrático a cualquier otra forma de gobierno (58%).
Quienes están en este grupo tienden a ser optimistas respecto al futuro económico del país, y sus candidatos presidenciales preferidos son tanto Marco Enríquez-Ominami (14%) como Ricardo Lagos (8%), aunque la mayoría no sabe o no contesta (31%).
La relación existente entre la desigualdad y la representación ciudadana en Estados Unidos fue la tesis planteada por el cientista político estadounidense, Larry Bartels.
La última conferencia de 2015 dictada por la Cátedra Norbert Lechner, presentó el trabajo del cientista político estadounidense, Larry Bartels, quien ha sido reconocido a nivel mundial por sus estudios que vinculan a la desigualdad económica con la representación política en Estados Unidos.
Basándose en su libro Unequal Democracy (2008), el académico norteamericano reflexiona en torno a esta vinculación a partir de un detallado estudio de las últimas seis décadas de desarrollo económico y las tendencias políticas que derivaron de aquellos procesos democráticos en Estados Unidos.
En aquella investigación, Bartels establece que la brecha entre ricos y pobres se ha multiplicado considerablemente durante los gobiernos republicanos en Estados Unidos, mientras que ha experimentado una leve baja durante las administraciones de los gobiernos demócratas, lo que en consecuencia ha mantenido a los niveles de desigualdad socioeconómica prácticamente de la misma manera.
Explicando el planteamiento, Bartels propone que esta tendencia no es sólo consecuencia de los resultados de las fuerzas económicas, sino que de decisiones de políticas públicas derivadas de propuestas ideológicas de los mencionados partidos; combinado con las eventuales influencias que ejercen sobre los partidos los denominados grupos de interés de los sectores más acomodados.
El académico de la Universidad de Vanderbilt explicó que “después del período de postguerra en Estados Unidos, el crecimiento ha sido mucho más disparejo en su distribución, porque los trabajadores y las personas de menores ingresos no han visto un aumento en sus ingresos durante todo este período; mientras que las personas más cercanas a la distribución más alta de ingresos, han logrado una ganancia económica sustancial con un promedio de crecimiento de un 56%”.
Bartels señala que “cuesta entender las razones para este cambio de patrón de crecimiento, ya que existen variados factores asociados a la globalización: el cambio social o el cambio tecnológico. Creo que estos y otros elementos son muy importantes a la hora de producir el aumento de la desigualdad en el resultado económico en Estados Unidos y muchas otras partes del mundo”.
Otro factor a considerar a la hora de una elección presidencial en EE.UU. “es el estado de la economía en los seis meses previos a la elección. Porque los votantes son bastantes miopes en su evaluación de la condición económica, premiando o castigando fuertemente al partido que viene, dependiendo de cómo ha andado la economía en los meses previos a las elecciones”.
Audio sala
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Audio traducción simultánea
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Claudio Fuentes, director de la Escuela de Ciencia Política UDP.
Producto de los escándalos político-empresariales de reciente data, los actores políticos han propuesto limitar la reelección de senadores por una vez (16 años de ejercicio), y a diputados por dos veces (12 años de ejercicio). Se sostiene que esta simple medida permitirá renovar a las élites políticas y evitar la eternización en el poder. No obstante, el debate parece guiarse más por la premura de legislar en algo que es popular, más que por un ponderado estudio de las contradicciones que implica esta norma.
El debate se ha hecho desde la premisa que existiría una suerte de apernamiento de todos los legisladores en ejercicio y que esta circunstancia se viene dando desde 1990 a la fecha. Aquello no se sustenta en los datos. En la Cámara de Diputados sólo seis de ellos (5%) se mantienen desde el retorno a la democracia. Ninguno de los senadores actuales mantiene su cargo en forma continua desde 1990. Cuando consideramos la carrera política (legisladores que han sido diputados, senadores o la secuencia de ambos en forma ininterrumpida) vemos que son 14 legisladores, es decir, un 9% del conjunto de legisladores. Otro dato decidor es que la Cámara de Diputados tiene una tasa de renovación de cerca de un 40%, esto es, entre 45 o 48 diputados son nuevos en cada legislatura.
Entonces, el problema no es la renovación de caras (que de hecho se da en forma habitual). El problema es otro muy distinto y se asocia con la falta de renovación en el tipo de representación. Cambia el Congreso pero continúa representando a los mismos intereses políticos y sociales. De ahí que percibamos que en cada elección “es más de lo mismo”. Establecer un límite a la reelección no resolverá el problema de la renovación de la representación. Mucho más efectivo sería democratizar los partidos y los mecanismos de selección de candidaturas. Aquello tendría un impacto significativamente superior a limitar la reelección.
Los efectos negativos de este límite tampoco han sido discutidos. Cuando un legislador está en su último período en su distrito, lo que hará será comenzar a buscar alternativas laborales o de continuación de su carrera política. Se produce así un problema de desvinculación con sus representados en el período final de su mandato, fenómeno que ha sido ampliamente estudiado para el caso de legislaturas estatales en Estados Unidos.
Otro efecto también estudiado por la literatura es el debilitamiento de las capacidades técnicas de las legislaturas cuando existe una cláusula de este tipo. Y como los vacíos de poder son llenados, el Ejecutivo se verá robustecido vis a vis el Congreso.
Así, manteniendo todas las condiciones iguales, como seguramente sucederá, considero que es un error limitar la reelección porque sólo provocará renovación de caras pero no del tipo de representación, debilitará las capacidades del Congreso y generará efectos negativos para el vínculo representantes-electores. No todo lo popular es bueno, ni todo lo bueno es necesariamente popular.
En el marco de la discusión sobre la reforma que sustituye el sistema electoral binominal por uno proporcional e inclusivo, surge la necesidad de reflexionar en profundidad sobre los posibles mecanismos de representación política para los pueblos indígenas en Chile. Para esto, se propone el seminario “Pueblos Originarios y Representación Política”, el cual se perfila como un espacio en que los mundos académico y legislativo presenten y analicen las distintas propuestas sobre esta temática.
Este seminario es organizado por el Centro de Estudios Interculturales e Indígenas, ICIIS, el Centro de Estudios Públicos, CEP, y la Fundación Chile 21. Además, cuenta con el patrocinio del Senado de la República y la Cámara de Diputados.
El evento se desarrollará el lunes 19 de enero, a partir de las 16:30 horas, en el Salón Los Presidentes del ex Congreso Nacional, ubicado en calle Morandé 441.
Expositores:
-Hugo Gutiérrez, diputado PC.
-Pedro Browne, diputado Amplitud.
-Fuad Chahín, diputado Democracia Cristiana.
-Salvador Millaleo, Fundación Chile 21.
-Ximena Soto, Universidad Diego Portales
-Ignacio Astete Nahuelcoy, coodinador nacional Wallmapuwen.
-Marcela Ríos, PNUD.
-Isabel Aninat, CEP