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  1. “No creo que todos los sectores políticos le vayan a negar la sal y el agua al gobierno de Piñera”

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    “Sebastián Piñera no necesita desvestir el Congreso para tener ministros que sepan negociar políticamente”, sentencia el cientista político y académico de la Universidad Diego Portales (UDP), Claudio Fuentes, al analizar la configuración del gabinete del futuro gobierno de Chile Vamos. Nombres, asegura, tiene demás, recalcando que tampoco cree que la futura oposición se niegue a llegar acuerdos tomando en cuenta que el Mandatario electo deberá moverse hacia el centro.

    – ¿Cuál es el mayor desafío que tiene Piñera respecto a la conformación de su futuro gabinete?

    – Tendrá que hacer cuadrar tres dimensiones. La primera tiene que ver con el equilibrio político respecto de cómo distintas tendencias dentro de Chile Vamos se van a representar en el gabinete, tendencias más liberales como Evópoli, más conservadoras como la UDI; buscar un equilibrio entre liberales y conservadores y cómo eso se expresa en La Moneda. La segunda dimensión tiene que ver con la experiencia técnica de gobierno y de administración, o sea, con el manejo de la gestión pública, del aparato público y uno de los traumas que tiene que ver con que en su primer gobierno y donde el primer año fue muy tecnocrático. Por eso ahora creo que él va a priorizar más experiencia en la gestión pública. Por lo tanto, tendrá que poner en puestos claves y en ministerios relevantes gente que haya tenido bagaje y que no llegue a improvisar, sino que a administrar bien el aparato público. La tercera dimensión tiene que ver con la proyección del gobierno en la elección presidencial. Siempre en los gabinetes tienen que buscar dónde colocas actores o dónde se va representar cierta proyección electoral para la presidencial del 2021, es decir, hasta qué punto el grupo de Ossandón va a quedar representado o el grupo de Felipe Kast va a quedar representado y cómo eso va a tratar de proyectarlo el Presidente en el futuro gabinete.

    – ¿De dónde el Presidente electo echará mano para tener a estos futuros ministros? ¿Desde el Congreso, desde las alcaldías?

    – Creo que Piñera tiene bastantes cuadros y no requiere sacar gente del Congreso. Están Andrés Chadwick, Rodrigo Vergara, Felipe Larraín, Alberto Espina, Cecilia Pérez o el mismo Cristián Monckeberg… Hay un grupo de actores bien relevante que tienen experiencia y que podrían perfectamente entrar al gabinete. Es muy posible que entren… han estado en el equipo cercano al Presidente y, por otra parte, hay gente nueva, como Gonzalo Blumel y otros, que también tienen experiencia o están cerca del Presidente. Entonces, no estoy seguro de que vaya a desvestir el Congreso para armar un gabinete. A mi juicio, eso sería una equivocación porque implica desvestir a un Congreso que requiere también mucha experiencia en negociación.

    – Comparte la premisa de que en su fuero interno Piñera querría que la Nueva Mayoría (NM) no se terminara para poder tener un interlocutor válido en la oposición?

    – Efectivamente, lo que va a echar de menos, más que la ausencia de la NM, es la ausencia de la antigua Concertación, con partidos mucho más disciplinados. El escenario hoy es mucho más fragmentado y, por lo tanto, hay un mayor costo de transacción al momento de negociar un proyecto de ley. Sin embargo, dicho eso, enfrenta un cuadro con potenciales aliados negociadores en el Congreso. Parte de la DC va a querer sentarse a negociar y, de hecho, ya lo han dicho; en el PS hay actores que tienen una voluntad de negociación, como José Miguel Insulza, Álvaro Elizalde, la senadora Isabel Allende, Guido Girardi. Todos ellos tienen experiencia en eso y, por lo tanto, lo que yo creo que va a pasar es que se van a mandar proyectos de ley y van a requerir procesos de negociación donde va a ir a buscar consenso con distintos actores. Va a ser más largo, más extenso, pero al final del día van a lograr ciertos acuerdos.

    – La complicación estará dada, entonces, en la postura del Frente Amplio y del PC.

    – Lo que pasa es que va a depender mucho de qué tipo de proyectos se trate. Si se trata de proyectos que no requieran tanto quórum especial, le basta con la DC y parte del PPD y del PS y, por tanto, no requeriría de los votos del Frente Amplio (FA) que representa el 12% de la Cámara y tiene un senador. Por lo tanto, su gobierno no depende hoy tanto del voto del Frente Amplio. Otra dimensión que tiene que ver con que la gobernabilidad es que ésta no sólo depende de lo que pase en el Congreso. Estamos en un país donde la calle también define mucho la política. Por ejemplo, el movimiento No+AFP o el movimiento de estudiantes definieron la agenda de dos gobiernos. O sea, la calle definió la agenda de dos gobiernos. El FA tiene una vinculación y definición territorial, social y, por lo tanto, ahí también se va a jugar la gobernabilidad de la nueva administración.

    – En la DC hay sectores que avalan la tesis de un partido bisagra que vaya apoyando posturas según sea el escenario de manera pendular. Para algunos decés esto podría generar la muerte del partido.

    – Los parlamentarios de la DC sí o sí van a ser un partido bisagra y van a estar negociando porque es parte de su ADN. No creo que ellos se resten a buscar acuerdos, incluso sectores de la izquierda y también sectores del Frente Amplio. No creo que todos los sectores políticos le nieguen la sal y el agua al gobierno porque ellos también van a estar calculando si les beneficia o no aprobar una reforma al sistema de pensiones, los temas laborales, los temas de crecimiento, de inversiones, de reforma tributaria. Hay muchos temas donde eventualmente van a lograr acuerdos. Creo que no es un extremo entre sentarse a negociar o desaparecer. La desaparición o fortalecimiento de un partido pasa por otro tipo de aspectos.

    – ¿Cuáles?

    – Depende mucho del estilo que se haga oposición. Una cosa es sentarse en una mesa y llegar a un acuerdo y otra cosa es negociar fuerzas. Por ejemplo: un tema que viene ahora en la agenda tiene que ver con la conformación de la mesa de la Cámara y del Senado. Si se logra un acuerdo ahí entre Chile Vamos y la DC, creo que sería una señal política muy fuerte para la base democratacristiana de un movimiento hacia Chile Vamos y eso tendría un impacto político en una base decé que es mucho más progresista y una elite que está negociando cupos para llegar a la presidencia de la Cámara o el Senado. Eso yo creo que sería una mala estrategia. Si mañana negocian un acuerdo sobre reforma al sistema de pensiones que beneficie a los sectores sociales, a lo mejor eso es bien visto. O sea, depende la forma en que se negocie y qué es lo que están negociando.

    – Con esta tesis quiere decir que esta oposición a Piñera tan extrema que se proyecta no lo va a ser tanto, ¿no?

    – Claro, al final habrán negociaciones, pero en un sistema presidencial depende mucho del Ejecutivo la forma en que Piñera quiera hacer reformas. Si plantea una reforma al sistema de pensiones y coloca una AFP estatal, encontrará actores interesados en la oposición en esa reforma, pero si sólo hace una reforma parcial, no creo que encuentre apoyo.

    – ¿Al final va a depender de la audacia del Ejecutivo en la presentación de su agenda?

    – Exactamente. Ahora, yo creo que Piñera se va a mover al centro. En la segunda vuelta vimos a un Piñera mucho más interesado en abrirse a temas que la NM había puesto como gratuidad, reforma al sistema de pensiones, moderación en la reforma tributaria. Por eso, creo que vamos a tener a un Piñera mucho más moderado y cercano a posiciones centristas.

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  2. Las claves para formar el gabinete de Piñera y para enfrentar un Congreso adverso

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    Claudio Fuentes, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Analistas debaten sobre el escenario que tendrá que afrontar el Presidente electo, Sebastián Piñera, desde el 11 de marzo.

    Sebastián Piñera terminó su intensa semana este domingo con un saludo navideño en el que promete un buen 2018, año en el que volverá por segunda vez a ocupar el sillón presidencial.

    Una de las principales incógnitas hoy es quiénes formarán su gabinte y cómo perfilarán a quien podría su sucesor, como destacó el académico de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad Diego Portales, Claudio Fuentes.

    “Es bastantes esperable todo un debate sobrequien será el presidenciable para el año 2021, por lo tanto, el posicionamiento de Ossandón, José Antonio Kast y Felipe Kast, será muy relevante en el próximo tiempo para la coalición”, planteó Fuentes.

    Otro tema en el que deberá poner ojo el Presidente electo será el Congreso donde no cuenta con mayoría.

    El profesor de la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo, Gonzalo Müller, señaló que el futuro Mandatario deberá ejecutar su “experiencia”.

    “Yo creo que el Presidente Piñera tiene experiencia ya en su primer mandato en vincularse con un Congreso donde no tenía mayoría. Él tenía una alianza con el PRIen la Cámara Baja y en el Senado tenía una clara minoría”, señaló Müller.

    El académico enfatizó en que esa experiencia podría llevar a Piñera a no tener miedo“de abrir diálogo con el Frente Amplio, con lo que queda de Fuerza de Mayoría o la Democracia Cristiana. No creo que solo necesite a uno, muchos de sus proyectos de ley van a requerir la voluntad de mucha fuerza“.

    Recordar que el próximo 11 de marzo, Sebastián Piñera recibirá la banda presidencial y se convertirá en el octavo jefe de Estado en asumir un segundo mandato.

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  3. El retorno de Piñera a La Moneda en dos palabras: tiempos difíciles. Sepa por qué

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    Claudio Fuentes, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Después del huracán que generó la maciza victoria del candidato presidencial de Chile Vamos, Sebastián Piñera, ante el abanderado oficialista Alejandro Guillier, viene la calma.

    Marzo de 2018 está a la vuelta de la esquina y de momento, y en la previa de lo que será la segunda experiencia democrática derechista en una década -lo que a juicio del columnista mercurial Carlos Peña constituye el “legado” de Michelle Bachelet “irrite a quien irrite”-, existen complejos obstáculos que el nuevo gobierno debe sortear.
    El primero es la conformación del gabinete. El proceso se entrecruza con la lucha de poderes que se anticipa en el sector, la que tuvo una muestra en la campaña de segunda vuelta entre los dos nuevos líderes de la coalición, Manuel José Ossandón (RN) y Felipe Kast (Evópoli), la que incluso se encendió durante los mejores momentos de la celebración.
    “Yo hice más de un millón de llamados telefónicos en La Florida, La Pintana, Puente Alto y en toda el área sur de Santiago. Esa es la diferencia y esos eran los votos que nosotros necesitábamos”, gritó a los cuatro vientos el exalcalde y senador por Santiago Oriente.
    “No voy a entrar en la odiosidad y pequeñez de competir por quién cedió el triunfo. Todos trabajamos con mucha generosidad”, retrucó el diputado y senador electo por La Araucanía.
    Los rivales que tuvo el mandatario electo en la primaria de la coalición, en julio de este año, se enfrentaron por la gratuidad en la educación y anunciaron por separado una agenda paralela de temas que se pasea entre el matrimonio igualitario, la ley de cuotas para los pueblos originarios, tratativas con el Frente Amplio y el término de la ley de aborto en sus tres causales, ítem que también empujará José Antonio Kast.
    El exabanderado independiente, que en la primera vuelta logró 523.213 votos (varios de ellos de la UDI y la “familia militar”), se sumó “sin condiciones” al piñerismo, al extremo de trabajar de apoderado de mesa en el Estadio Nacional, y quien desde ya tiene cara de “ministeriable”, aunque aclaró que “quedamos de conversar”.
    Sobre este punto, Marco Moreno, decano de Ciencias Políticas de la Universidad Central, declaró a Cambio21 que “en el caso de Felipe Kast, él tiene a un partido con representación parlamentaria y por lo tanto van a exigir el espacio de poder que les corresponde”.
    “Lo de Ossandón es más complejo porque está supeditado a las decisiones de su partido. Y será en ese lugar en el que tendrá que hacer sus exigencias, para que después el presidente atienda sus demandas. Ahora, Piñera para no provocarse un problema, irá a colocar como ministro a algunos de sus cercanos para que se siente representado y no sea desde el principio una piedra en el zapato”, ahondó.
    Corazón, cerebro, pulmón
    En cuanto a nombres, lo único que se sabe es que los cuatro rostros principales del comando, Andrés Chadwick (militante UDI, exsenador, exministro y primo de Piñera), Gonzalo Blumel (jefe programático), Cecilia Pérez (vocera y exministra de RN) y Magdalena Díaz (jefa de gabinete) tendrían un sitio estelar en el Ejecutivo.
    Por otro lado, la fila de exparlamentarios con ganas de asumir una secretaría de Estado es larga: Cristián y Nicolás Monckeberg (RN), Alberto Espina (RN) y Ernesto Silva (UDI), todos miembros del equipo cercano del empresario; los históricos de RN Carlos Larraín, Baldo Prokurica y Sergio Romero, las ex RN Karla Rubilar y Carmen Ibáñez; el extimonel de la UDI Hernán Larraín y más de algún derrotado en la pasada elección, Lily Pérez (Amplitud), Andrea Molina (UDI), Felipe Ward (UDI), Pablo Terrazas (UDI) y Alejandra Bravo (PRI).
    Obvio, quienes ejercieron cargos de confianza en el anterior gobierno aspiran a repetirse el plato. Anote: Alfredo Moreno (excanciller) y Cristián Larroulet, Felipe Larraín, Rodrigo Pérez Mackenna (presidente de las AFP), Félix de Vicente, Juan Andrés Fontaine, Felipe Morandé y Roberto Ampuero, exministros de la Presidencia, Hacienda, Vivienda, Economía, Transportes y Cultura, respectivamente, como asimismo Rodrigo Ubilla (RN, exsubsecretario del Interior) y los exasesores de Palacio Hernán Larraín Matte (Evópoli, “segundo piso” de La Moneda) y Eduardo Salas (PRI, Segprés).
    ¿Caras nuevas? Los economistas Rodrigo Vergara (expresidente del Banco Central), José Ramón Valente, Klaus Schmidt Hebbel y Soledad Arellano, los abogados Ramiro Mendoza (excontralor) y Ricardo Israel (expresidenciable del PRI), los profesionales Álvaro Fischer, Mauricio Rojas y Enrique Paris (expresidente del Colegio Médico) y los dirigentes Jorge Saint-Jean (Evópoli) y Gonzalo Cordero (UDI).
    Por cierto, la lista podría agrandarse a medida que avancen los días, aunque lo único que pide Felipe Kast es que “eliminen a los operadores políticos del Estado”. Joaquín Lavín (UDI), alcalde de Las Condes y exministro, clama por “renovación” y Andrés Allamand (RN), senador y exministro, añade “equilibrio” entre técnicos y políticos.
    Solo Jacqueline van Rysselberghe, senadora y presidenta de la UDI, desordena el naipe, porque mientras RN, Evópoli y el PRI dejaron en “libertad de acción” a Piñera, la exalcaldesa e exintendenta sostuvo que su partido debe ser “la cabeza y el corazón” del gobierno. ¿Los otros vendrían a ser riñones o el ventrículo izquierdo?
    David Sandoval, diputado y senador electo del gremialismo, contesta las reprimendas: “aquí es el presidente el que tiene que resolver y los partidos deben poner a los mejores nombres posibles para asumir esas tareas”.
    “Más que ser el corazón, el cerebro o el pulmón, lo importante es poner a la gente más competente”, comentó a este medio.
    “Nuevamente se va a abrir un flanco en la derecha”, advierte Marco Moreno. “Si bien se unieron para ganar la elección, otra cosa es el momento para gobernar, donde se van a desatar las ambiciones de sus partidos. Aquí la UDI aspira a tener una mayor participación para poder mejorar su trabajo territorial que le permita recuperarse en las próximas elecciones. Y eso implica un mejor posicionamiento en el gobierno”.
    La crisis que vive la entidad de Suecia 286 tras la pérdida de cupos en el Congreso “es un factor”, asegura el analista, pero “para los efectos de conformar el Ejecutivo los que están a cargo, que son los ‘coroneles’ y su presidenta, el senador Juan Antonio Coloma o Andrés Chadwick, van a influir en los espacios de poder. La disputa interna no se dará en los próximos meses, sino que decantará con el tiempo”, redondeó.
    Puerto hostil
    En lo meramente político la principal dificultad será legislativa. Si bien en noviembre la derecha logró como bloque 72 diputados (de 155) y 19 senadores (de 43), tales números no alcanzan para obtener ventajas en el Parlamento.
    Ante tal escenario, el nuevo oficialismo estará obligado a buscar acuerdos con la oposición en temas como la gratuidad, la reforma al sistema de pensiones (que requiere de mayoría absoluta), la modernización del Estado y reformas al sistema judicial, ítems que necesitan del quórum de 4/7 en ambas cámaras para transformarse en Ley Orgánica Constitucional.
    Son los 57 escaños de la Nueva Mayoría (PR-PS-PPD-PC-DC), la debutante bancada de 20 integrantes del Frente Amplio, los 4 representantes del Frente Regionalista Verde Social (FRVS), además de René Saffirio (Ind.) y Marisela Santibáñez (PRO).
    En el Senado, en tanto, el debate se anticipa duro ante los 21 honorables de la NM, más Alejandro Navarro (País), Carlos Bianchi (Ind.) y el debutante Juan Ignacio Latorre (RD).
    “Será un Congreso hostil”, nos anticipa Mauricio Morales, director del centro de estudios de la Universidad de Talca, toda vez que “habrá una oposición muy intransigente de parte del frenteamplismo, que buscará reconectarse con la calle para planificar lo que será la próxima elección municipal (2020)”.
    “Recordemos que en los comicios de 2016 este movimiento solo tuvo buenos resultados en Valparaíso con el triunfo de Jorge Sharp. Ahora el cuadro es distinto con 20 diputados”, destacó.
    “Serán fundamentales los negociaciones y los consensos”, añade Pablo Rodríguez, analista del Instituto Libertad. “Acá será clave el rol del FA, que tendrá una fuerza muy relevante y las miradas estarán centradas en ellos. Eso no quita que veamos una oposición obstructiva más allá del potencial de Chile Vamos. Será complejo llegar a humo blanco con la DC y la NM”, remarcó.
    Consultado por este semanario, Carlos Vergara, analista de Imaginacción, complementó: “no sé si será oscuro, pero será difícil, porque cada proyecto de ley que se quiera impulsar requiere de acuerdos para su tramitación y avanzar”.
    “Una opción es construir consensos en cada proyecto y otra es elaborar pactos más permanentes y en ciertas áreas con los partidos. Será un panorama más diverso y fragmentado que el que conocemos, por lo que habrá que invertir mucho tiempo en la discusión al margen de las ideologías”, aclaró.
    Claudio Fuentes, cientista político de la Universidad Diego Portales, opta por lo primero. “La DC se transformará en un eje clave de su gobierno para poder llevar a término los proyectos de mayoría simple, mientras que para aquellos de mayoría más compleja va a requerir una negociación más dura con la izquierda, porque habrá un Congreso más polarizado”, apuntó.
    Para abrir caminos, Jorge Correa Sutil (DC), abogado y exsubsecretario del Interior, dice que Piñera debe “tensionar a su propia coalición” con propuestas que tiendan a “emparejar la cancha” y bajo el cuidado de la “ética y la transparencia, que no fue un sello de su primer gobierno”. También lo conminó a “actuar sin temor a los cambios constitucionales”, dado que “resistirse a ello es pan para hoy y hambre para mañana”.
    ¿Despertará la calle?
    Las protestas medioambientales en contra de HidroAysén, el movimiento universitario y las asambleas ciudadanas de Magallanes, Coyhaique, Freirina y otras ciudades del país tuvieron en jaque al primer gobierno de Piñera.
    ¿Habrá un déjà vu desde marzo de 2018? En carpeta se anuncian las marchas del grupo “No + AFP”, que lidera el dirigente Luis Mesina, quien afirmó que no espera ningún avance de la administración de derecha.
    Misma mirada proviene de la CUT, ANEF y Confusam, gremios de trabajadores que prometen mantener vivas y organizadas sus bases para impedir los posibles cambios que quiera impulsar el Ejecutivo a través del Congreso.
    Por su parte, las federaciones estudiantiles de las universidades de Chile y Católica adelantaron su presencia en las calles. “En 2011 nos movilizamos álgidamente para posicionar ciertos temas que hablan de la comprensión como derecho, pero él (Piñera) nos respondió con portazos en la cara y reprimiendo a nuestros compañeros”, alegó Alfonso Mohor, presidente de la Fech.
    “Los movimientos sociales vamos a estar más despiertos que nunca para defender los derechos de la ciudadanía. Se debe comenzar a hablar del fin del lucro en todas las instituciones de educación superior”, interpeló Josefina Canales, líder de la Feuc.
    Ojo que el sociólogo Juan Christian Jiménez reparó en un hecho no menor: “los que antes estaban en la calle ahora estarán en el Parlamento, por lo que eso que transmitía Camila Vallejo (diputada PC), de que había que estar con un pie en la calle y el otro en el Congreso, no funciona. Sería un sinsentido en la medida que cómo se puede pretender llevar reformas adelante sin tener acuerdos políticos previos”.
    “El primer tiempo será un cuadro de búsqueda del diálogo, pero exigiéndole mucho a Piñera, tomando en cuenta que él copió un programa educacional con letra chica, pero igual planteando cambios. Otra cosa, el movimiento estudiantil está bastante adormecido”, recalcó.
    Raya para la suma: nos vemos después de vacaciones.
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  4. Piñera conquistó en reductos de izquierda, según analista

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    Claudio Fuentes, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Después de las elecciones en Chile en las que venció Sebastián Piñera sobre Alejendro Guillier, el analista Claudio Fuentes, profesor de la Escuela de Ciencias Políticas en ese país, dijo que ahora resta por saber qué sector dentro de la derecha va a dominar el gobierno.

    Además, apuntó que Piñera “puso gente que conocía mucho los territorios y le funcionó muy bien”. En esa línea ubicó el triunfo en zonas como Iquique. “A un reducto que era históricamente de izquierda lo conquistó Piñera”, dijo.

    El analista se refirió al alto nivel de abstención y dijo que el 26% de la población votó por Piñera y el 22% por Guillier. La otra mitad del país no habló, señaló.

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  5. Discursos totalizantes para triunfos de minoría

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    Claudio Fuentes, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Aquellas afirmaciones categóricas referidas a que “Chile quiere esto o esto otro”, pierden su sentido. Muy probablemente lo que tenemos es una diversidad de “Chiles”: un Chile que quiere modernización capitalista y otro Chile que es crítico al modelo; un Chile que desea acceder a bienes de consumo y otro que desea contener las pulsiones del mercado; un Chile que desea ampliar libertades y la autonomía de los individuos, y otro Chile que desea que sean la religión y la fe las que comanden las aspiraciones de la gente. Las elecciones lo que están midiendo es la fortaleza de aquellas opciones y, por el momento, lo hacen entre masas electorales minoritarias, capaces de coordinarse para acceder al poder.

    Los resultados electorales suelen encender las pasiones. Las interpretaciones de estos triunfos suelen asociarse con expresiones categóricas, contundentes, asumiendo que el mensaje es prístino, cristalino y unívoco. Así, por ejemplo, Eugenio Tironi nos dice que “los chilenos, en una mayoría, optaron por privilegiar la certidumbre económica”. Gonzalo Cordero tituló una columna como “Chile apuesta por el crecimiento”. Carlos Peña indicó que “Piñera fue capaz de interpretar mejor el desasosiego de los sectores medios”. Un todavía más optimista Roberto Ampuero sostiene que el amplio triunfo de Piñera reflejaría un cambio tectónico, donde una alianza de centroizquierda daría paso a la emergencia de un nuevo eje de centro-derecha-liberal.

    No es mi propósito aquí minimizar el resultado. Primera vez que la derecha obtiene tal caudal de votos, movilizando a cerca de 3,8 millones de electores. Primera vez que en el Congreso la derecha se acerca a obtener la mayoría legislativa. Primera vez que la Concertación-Nueva Mayoría ve reducido su caudal electoral en tal magnitud desde el retorno de la democracia. No obstante, ¿podemos señalar, a partir de un triunfo electoral de 54,6%, que “el país ha hablado”, que esta es una categórica y rotunda señal en una u otra dirección?

    Los cerca de 3,8 millones de votos de Sebastián Piñera efectivamente representan el 54,6% de quienes asistieron a votar, pero representan tan solo el 26% del total de la ciudadanía habilitada para votar. El 45% de Guiller, en tanto, representa el 22% de aquella ciudadanía. La situación no es muy distinta a lo que sucedió en 2013, cuando pese a obtener un 62% de las preferencias electorales, Bachelet representaba un 25,6% del total habilitado para votar.

    Probablemente más de alguien sostendrá que las tendencias políticas de los que votan deben proyectarse hacia quienes no participan del proceso electoral. No obstante, aquello al día de hoy no lo sabemos. No sabemos si quienes no asisten a votar están conformes con las preferencias de los que sí lo hacen, si es una masa anómica de electores, de disconformes, o una mezcla de todo lo anterior.  El hecho concreto, crudo y hasta preocupante es que consistentemente los gobiernos son electos por una minoría que oscila entre un 25% y 26% de la ciudadanía habilitada para votar.

    De este modo, aquellas afirmaciones categóricas referidas a que “Chile quiere esto o esto otro”, pierden su sentido. Muy probablemente lo que tenemos es una diversidad de “Chiles”: un Chile que quiere modernización capitalista y otro Chile que es crítico al modelo; un Chile que desea acceder a bienes de consumo y otro que desea contener las pulsiones del mercado; un Chile que desea ampliar libertades y la autonomía de los individuos, y otro Chile que desea que sean la religión y la fe las que comanden las aspiraciones de la gente. Las elecciones lo que están midiendo es la fortaleza de aquellas opciones y, por el momento, lo hacen entre masas electorales minoritarias, capaces de coordinarse para acceder al poder.

    Si es así, si lo que reflejan las elecciones es una competencia entre proyectos con mejores y peores resultados, entonces pareciera equivocado pretender realizar lecturas totalizantes a partir de un resultado electoral, a partir de una coyuntura. No es que Peña (Carlos) y Güell (Pedro) estén equivocados en sus diagnósticos. Quizás ambos tienen razón porque ambos leen segmentos distintos de una realidad que coexiste, que convive incluso en los mismos espacios territoriales. Que un 25% de los electores haya abrazado el programa de Bachelet en 2013 o que un 26% lo haga en esta ocasión por Piñera, no significa el triunfo avasallador y categórico de uno u otro proyecto. Es más bien la rotunda expresión de que vivimos en una sociedad donde conviven diversos segmentos.

    De este modo, la pregunta más relevante, a mi juicio, es qué factores explican la oscilación hacia uno u otro lado de la balanza.

    ¿Es solo la capacidad de los líderes de cada coalición la que articula triunfos electorales? ¿Es acaso la fuerza electoral de los territorios lo que explica estas victorias? ¿Es la combinación de adecuados discursos y las certezas de un programa que garantice ciertos beneficios sociales? ¿Es acaso la mezcla virtuosa de líderes, estructuras de poder y programas?

    Al final del día, solo una mitad de la ciudadanía se movilizó; solo un segmento de aquellos movilizados optó por un camino; y muy probablemente veremos en el futuro que se revitalizarán los que buscan otras opciones políticas. Quizás lo que demuestra esta –y otras elecciones en el pasado– es la conclusión DE que no hay explicaciones unívocas y que todos –en parte– tenían la razón.

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  6. Dos hipótesis para explicar el holgado triunfo de Piñera

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    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    “Mientras en la primera vuelta presidencial Piñera conquistó un poco más de 2.400.000 votos, ahora logró movilizar a cerca de 3.800.000 votantes”.

    Esta vez las encuestas nos fallaron: Sebastián Piñera ganó la elección presidencial el último domingo. Sin embargo, el resultado trajo consigo una sorpresa, puesto que la victoria de Piñera fue mucho más abultada de lo esperado. Casi todos pensábamos que la diferencia no sería mayor que dos puntos porcentuales, pero el candidato de centro-derecha obtuvo un 54.6% y el de centro-izquierda un 45.4%. Mientras en la primera vuelta presidencial Piñera conquistó un poco más de 2.400.000 votos, ahora logró movilizar a cerca de 3.800.000 votantes. A su vez, la participación electoral subió tres puntos entre la segunda y la primera vuelta presidencial. Si bien un 51% de la población en edad de votar se quedó en sus casas, llama la atención que 300.000 votantes adicionales se hayan sumado a la segunda vuelta.

    ¿Cómo se puede explicar el aumento de la participación electoral y la capacidad de Piñera para conseguir esta vez mucho más votos que en sus anteriores campañas presidenciales? Al día de hoy no tenemos información suficiente para responder esta pregunta de forma certera, pero por lo pronto es posible formular dos hipótesis.

    La primera hipótesis es que la centro-derecha logró movilizar a sus propios electores mediante una estrategia del terror, vale decir, infundió suficiente miedo respecto a los potenciales riesgos de un futuro gobierno de Alejandro Guillier como para sacar de sus casas a todos quienes detestan a la centro-izquierda. De hecho, sectores de derecha acuñaron el concepto de “Chilezuela” para incitar miedo frente al triunfo de una izquierda que supuestamente llevaría el país hacia el modelo bolivariano promocionado por el Chavismo.

    La segunda hipótesis es que la centro-derecha fue capaz de conquistar los votos no sólo de importantes sectores de clase media sino que también de quienes se consideran independientes. Esto se explicaría porque en la segunda vuelta Piñera hizo una serie de concesiones programáticas hacia el centro político y aseguró que no busca hacer grandes reformas con un talente conservador ni en términos morales ni económicos. En efecto, se comprometió a buscar la opción de ampliar la política de gratuidad en el sistema de educación terciario que inició el actual gobierno de Bachelet.

    Aun cuando hoy en día no sabemos cuál de estas dos hipótesis tiene mayor validez empírica, sí podemos adelantar que cada una de ellas tiene implicancias muy diferentes para el futuro gobierno. En caso de que la primera hipótesis sea cierta, el aumento de votos de Piñera guarda escasa relación con su habilidad para expandir su base de apoyo más allá de quienes se identifican con la derecha. Esto significa que el nuevo gobierno contará con un apoyo ciudadano bastante limitado y más temprano que tarde tendrá niveles de aprobación exiguos. Al fin y al cabo, Piñera obtuvo cerca del 26% del universo de votantes.

    Por el contrario, la segunda hipótesis indica que la centro-derecha ha sido capaz de ampliar su tradicional base de apoyo y, por lo tanto, se trata de una oportunidad única para expandir su electorado. De ser esto cierto, mientras el nuevo gobierno mantenga una posición de centro y conecte con las demandas de votantes independientes, podrá armar un proyecto político con proyección de largo plazo. Dicho proyecto debería pasar por una renovación intelectual y programática así como también la formación de nuevos cuadros políticos.

    ¿Cuál hipótesis es más válida? Para responder esto habrá que analizar los datos con calma. Lo que sí podemos aventurar es que Piñeratiene poco espacio para gobernar hacia la derecha, puesto que esto inevitablemente lo llevaría a tener mínimos niveles de aprobación y terminar entregando la banda presidencial el año 2022 a quienes sus adherentes más acérrimos abominan: la izquierda.

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  7. El fracaso de la campaña “anti Piñera” y el efecto boomerang que pudo haber tenido sobre Guillier

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    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Aunque el diputado del Frente Amplio, Gabriel Boric, advirtió que esa estrategia podría ser fallida, la idea de votar contra el Presidente electo cobró fuerza.

    “Queda claro que no bastaba el ‘anti-Piñera’ para convocar a una mayoría. Guillier no se comprometió con transformaciones profundas y este es el resultado”. Es el diagnóstico político del diputado Gabriel Boric, tras la derrota de la carta oficialista ante Sebastián Piñera.

    De esta forma criticó la estrategia que algunos en la Nueva Mayoría impulsaron para sumar adherentes para el senador, que perdió por amplio margen con el Presidente electo, y que incluso pudo haber provocado un efecto boomerang.
    Esta forma de actuar ya había sido criticado por el mismo legislador hace una semana, cuando señaló que “es bien sorprendente el nivel de agresividad de los nuevomayoristas a quienes no nos hace sentido el ‘todos contra la derecha'”.

    ¿A qué se debe el fracaso del voto “anti Piñera”? En conversación con Emol, la cientista política Javiera Arce planteó su hipótesis.

    “Si votaba más gente, era altamente probable que ganara la Nueva Mayoría, pero se dio todo lo contrario, fueron a votar por Piñera”, expresó, y explicó que Guillier “no triunfó, porque no puedes sostener un proyecto político en contra de Piñera”.

    “Su proyecto era muy errático, muy poco convincente en términos programáticos; y el modelo de sociedad o no se entendió o la gente no quiere eso”, añadió.

    A su juicio, “yo atribuiría la mayor responsabilidad a la Nueva Mayoría, dentro de los equipos programáticos no había musculatura política, visión de país, ni capacidad de generar propuestas. Guillier no representaba las garantías para avanzar y eso parece que la gente lo vio, porque se movilizaron en contra suya”, afirmó.

    Por su parte, Kenneth Bunker, doctor en ciencia política y director de Tresquintos, mencionó que “Guillier estaba en una posición muy incómoda: tenía a la derecha en el centro y al Frente Amplio, a la izquierda. Lo que debió hacer fue crecer para tener oportunidades de ganarle a Piñera, pero no lo hizo”.

    “Primero fue a los votos del Frente Amplio, pues si no los tenía, perdía, pero también debía ir al centro para conseguir más votos, como lo hizo Piñera”, aseguró.

    A su vez, Cristóbal Rovira, director del doctorado en ciencia política de la Universidad Diego Portales, señaló que el triunfo del voto “anti Guillier” se pudo haber dado por dos razones.

    “Primero, la estrategia de movilizar en base a sentimientos negativos contra una candidato, funciona muy bien cuando tienes votantes ideológicos (…) En Chile más del 40% de las personas no se posicionan políticamente, entonces esa estrategia fue funcional para un segmento ideologizado, pero no para el grueso (de la población)”.

    En segundo lugar, aseguró que “Piñera moderó su discurso programático en la segunda vuelta al decir sí a la gratuidad. Entonces la mezcla de que no todos los votantes son ideológicos y la moderación de Piñera, pueden ser parte de la clave del éxito”.

    El Presidente electo Sebastián Piñera obtuvo el 54,57% de las preferencias, mientras que Guillier, el 45,43%, con una diferencia de de nueve puntos porcentuales. Dicho de otro modo, por más de medio millón de votos.

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  8. Pensiones, salud y gratuidad: los principales focos de conflicto para el próximo gobierno

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    Claudio Fuentes, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Los nueve puntos que llevarán a Sebastián Piñera a su segundo mandato presidencial fueron una sorpresa, pues se esperaba un margen más estrecho. Sin embargo, este triunfo más cómodo no sería sinónimo de una gobernabilidad sencilla. Distintos actores coinciden en que será clave la búsqueda de acuerdos para impulsar proyectos de ley. En tanto, asociaciones sindicales, estudiantes y el movimiento NO+AFP -que ganó protagonismo en el último año y medio impulsando al Gobierno a presentar una reforma a las pensiones- adelantan que se reactivarían las movilizaciones.

    Claudio Fuentes, de la Escuela de Ciencia Política de la UDP, asegura que Piñera deberá buscar apoyos para cada proyectos que envíe y anticipa: “La DC se transformará en un eje clave de su gobierno para poder llevar a término los proyectos de mayoría simple, mientras que para aquellos de mayoría más compleja va a requerir una negociación más dura con la izquierda, porque tendrá un Congreso más polarizado”.

    Jorge Ramírez, coordinador del programa Sociedad y Política de LyD, señaló que el nuevo Mandatario “podrá darle viabilidad a su programa de gobierno con un Congreso en el cual puede fraguar una mayoría, convocando a sectores moderados y de centro”.

    Los analistas anticipan que pensiones, educación -dependiendo de lo que ocurra con la gratuidad-, salud y el conflicto de La Araucanía serán los temas ciudadanos que marcarán la agenda del Ejecutivo en los próximos cuatro años. Con todo, el académico de la UDP Carlos Correa menciona que enfrentará un nuevo foco de conflictos con las comunidades que el próximo gobierno deberá saber “administrar”. Este sería derivado de nuevos proyectos que ingresarán al Servicio de Evaluación de Impacto Ambiental (SEA) producto de la reactivación de inversiones mineras y energéticas.

    Para el analista político Max Colodro, “la porción más radical de la izquierda” insistirá en la necesidad de una nueva Constitución, tema que será central para ese sector político.

    Leer en El Mercurio

  9. Elecciones en Chile: los votos que serán clave en las presidenciales de este domingo

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    rossana castiglioniYa no es tan fácil ubicarse en el panorama político de Chile.

    Durante décadas, el ejercicio fue relativamente sencillo: por un lado, se hablaba de la centroizquierda, representada por la coalición que recuperó la democracia en 1989, incluyendo desde los sectores más conservadores de la democracia cristiana hasta -en los últimos años- el Partido Comunista.

    Por el otro, se ubicaba la derecha, representada por los sectores que votaron para que el general Augusto Pinochet se mantuviera en el poder o trabajaron con los militares en temas claves, como el diseño de la Constitución o la privatización de las compañías públicas.

    Pero las cosas parecen haber cambiado en el país. Y, sin importar quién gane la elección entre Alejandro Guillier y Sebastián Piñera este domingo, la campaña presidencial y el resultado de la primera vuelta reflejan cierto reacomodo del panorama político en la nación sudamericana.

    En la derecha, en primera vuelta surgió por primera vez un candidato presidencial como José Antonio Kast, que obtuvo un 8% reivindicando “las cosas buenas” hechas bajo el régimen militar chileno y llamando a la unión de la “derecha conservadora” y el voto evangélico más tradicional.

    Piñera no puede ganar la segunda vuelta sin los votos de Kast y lo incorporó a su campaña, exponiéndose a las acusaciones de haberse derechizado.

    Pero el empresario tampoco puede ganar sin convocar a los votantes más al centro de la derecha, que optaron por una mirada más abierta.

    Se trata de grupos como “Evópoli”, por ejemplo, el partido formado en 2012 que obtuvo dos senadores y cinco diputados en esta elección y que reivindica ideas poco ortodoxas en la derecha tradicional, como la inclusión y la diversidad.

    Por su parte, Guillier, el candidato independiente que representa a la coalición de centroizquierda en el gobierno, también ha tenido que enfrentar un fenómeno nuevo: el Frente Amplio, que reivindica la transformación de la política chilena.

    El Frente Amplio critica la tibieza de los acuerdos de la transición democrática y busca implantar derechos sociales universales en el país. Su sintonía con la ciudadanía se expresó en el 20% que sacó su candidata presidencial Beatriz Sánchez y en la elección de un senador y 17 diputados.

    Guillier llegó a la elección presidencial presentándose como un político no tradicional, cercano al Partido Radical, representante histórico del centro laico.

    Fue conductor de noticias en televisión antes comenzar una carrera política como senador en el año 2013 y pasó a la segunda vuelta superando levemente a Sánchez.

    Pero el candidato no puede ganar la elección sin los votos de esa izquierda más transformadora que, por el momento, no llamó a votar formalmente ni en bloque por él. El Frente Amplio pidió en cambio un voto reflexivo, advirtiendo que consideraba a Piñera “un retroceso” para el país.

    La aparición en el cierre de campaña de Guillier del expresidente Pepe Mujica, del histórico Frente Amplio uruguayo, apuntó precisamente a convocar a esos votantes.

    En resumen, para ganar el domingo, los dos candidatos tienen que complacer a votantes muy distintos, conquistando el favor tanto del centro, como de las alas más radicales de su sector: Piñera combinando ideas ultraconservadoras con opciones más liberales y Guillier sumando los votos de los partidos de la transición y de quienes los critican y aspiran a reemplazarlos.

    Por eso no es raro que en la campaña hayan surgido ideas como “Chilezuela” —que el país avanza hacia un gobierno como el de Nicolás Maduro— o la del retroceso —que el país perderá algunas de las conquistas de Michelle Bachelet, como la despenalización del aborto o la gratuidad universitaria para los más pobres—.

    No es raro tampoco que las encuestas hayan fallado de forma estrepitosa y que nadie se atreva a pronosticar el resultado del balotaje de este domingo.

    Socialistas a la derecha del socialismo

    “Se desordenó la foto que teníamos de la política”, le dice a BBC Mundo Rossana Castiglioni, politóloga y académica de la Universidad Diego Portales en Santiago.

    “Cuando uno mira el eje izquierda-derecha, lo que hace es preguntarle a la gente cómo se percibe y luego ubicarlos en ese eje, a partir de la realidad de cada país. Si hacemos eso mirando, por ejemplo, a los socialistas chilenos, creo que ellos nos habrían quedado bien a la derecha del resto del socialismo latinoamericano”, dice Castiglioni.

    Ese es uno de los factores que podría explicar el surgimiento de nuevos sectores de izquierda como el Frente Amplio.

    La experta, jefa de un equipo de académicos que estudia los desafíos a la representación política en la nación sudamericana, explica que la coalición que tomó el poder tras Pinochet, la Concertación, “está bastante más al centro de lo que tradicionalmente se reconoce. Es una coalición variopinta, pero que se vio obligada a administrar un sistema definido en el régimen militar, con muchas trabas para el cambio”.

    Castiglioni dice que la izquierda chilena en el gobierno tuvo “varias cosas que no ves en otras izquierdas latinoamericanas”. Y enumera: la preponderancia de la tecnocracia; el poder político del ministerio de Hacienda y el ajuste a una Constitución que impide cambios radicales en políticas públicas.

    “La tecnocracia es muy sui géneris en Chile. En la discusión sobre las pensiones, por ejemplo, si miras a Uruguay, te vas a encontrar con abogados laboralistas, gente muy sólida, que te habla con boina y tomando mate. En cambio en Chile, te vas a encontrar principalmente con economistas, todos vestidos muy formalmente y que, por su formación, excluyen alternativas de policy making que sí se discuten en otros contextos”.

    La politóloga apunta a otro sector clave: la salud. “La gran reforma que tuvo Chile, la más importante de la transición, el Auge —el plan de garantías explícitas que asegura la provisión de salud para un determinado número de dolencias— no cambia la arquitectura del sistema. La reforma se hizo manteniendo a las aseguradoras privadas, las Isapres y todo el resto del sistema”.

    Las reformas en Chile nunca rompían con el modelo definido en la transición. Hasta la segunda presidencia de Michelle Bachelet.

    Bachelet fue la que partió aguas, pues instaló como gran tema de discusión superar no sólo las herencias sociales económicas y políticas de la dictadura, sino también de los gobiernos que siguieron, a partir de la mirada crítica de que instalaron los movimientos sociales del 2011″, le dice a BBC Mundo el Premio Nacional de Ciencias Sociales Manuel Antonio Garretón.

    El sociólogo agrega: “Ya que la centroizquierda chilena fue democratizadora, pero no transformadora, surgió una nueva izquierda que apunta a cambiar la sociedad y que, obvio, enfatiza sólo los aspectos críticos de los gobiernos democráticos”.

    El papel de los jóvenes

    Esta nueva generación que está redibujando el espectro político chileno, que en buena medida nació cuando el régimen de Pinochet ya había terminado, no se define ni por los traumas ni las culpas de la izquierda y la derecha tradicional chilenas.

    No responden a los cánones clásicos de la política y son la gran fuente de incertidumbre para la elección presidencial.

    Muchos de sus líderes surgieron en los movimientos sociales del 2011, y aunque la abstención es un fenómeno creciente que en Chile afecta principalmente a los jóvenes, de alguna manera, ellos tienen la llave de la elección.

    El resultado del domingo será determinado por factores como el nivel de abstención electoral, el peso que tenga ese día el electorado más tradicional, o la decisión que tomen los sectores que apoyaron la opción de cambio del Frente Amplio.

    “La cosa se desordenó con los jóvenes”, sentencia Castiglioni.

    En ellos radica parte de las respuestas en torno a qué traerá el cambiante futuro político chileno. Y quién lo liderará durante los próximos cuatro años.

    Leer en BBC

  10. Elecciones en Chile: los votos que serán clave en las presidenciales de este domingo

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    rossana castiglioniPara ganar la elección presidencial, tanto Sebastián Piñera como Alejandro Guillier tienen que complacer a votantes muy distintos. Piñera debe combinar ideas ultraconservadoras con opciones más liberales y Guillier pretende los votos de los partidos de la transición.

    Ya no es tan fácil ubicarse en el panorama político de Chile.

    Durante décadas, el ejercicio fue relativamente sencillo: por un lado, se hablaba de la centroizquierda, representada por la coalición que recuperó la democracia en 1989, incluyendo desde los sectores más conservadores de la democracia cristiana hasta -en los últimos años- el Partido Comunista.

    Por el otro, se ubicaba la derecha, representada por los sectores que votaron para que el general Augusto Pinochet se mantuviera en el poder o trabajaron con los militares en temas claves, como el diseño de la Constitución o la privatización de las compañías públicas.

    Pero las cosas parecen haber cambiado en el país. Y, sin importar quién gane la elección entre Alejandro Guillier y Sebastián Piñera este domingo, la campaña presidencial y el resultado de la primera vuelta reflejan cierto reacomodo del panorama político en la nación sudamericana.

    En la derecha, en primera vuelta surgió por primera vez un candidato presidencial como José Antonio Kast, que obtuvo un 8% reivindicando “las cosas buenas” hechas bajo el régimen militar chileno y llamando a la unión de la “derecha conservadora” y el voto evangélico más tradicional.

    Piñera no puede ganar la segunda vuelta sin los votos de Kast y lo incorporó a su campaña, exponiéndose a las acusaciones de haberse derechizado.

    Pero el empresario tampoco puede ganar sin convocar a los votantes más al centro de la derecha, que optaron por una mirada más abierta.

    Se trata de grupos como “Evópoli”, por ejemplo, el partido formado en 2012 que obtuvo dos senadores y cinco diputados en esta elección y que reivindica ideas poco ortodoxas en la derecha tradicional, como la inclusión y la diversidad.

    Por su parte, Guillier, el candidato independiente que representa a la coalición de centroizquierda en el gobierno, también ha tenido que enfrentar un fenómeno nuevo: el Frente Amplio, que reivindica la transformación de la política chilena.

    El Frente Amplio critica la tibieza de los acuerdos de la transición democrática y busca implantar derechos sociales universales en el país. Su sintonía con la ciudadanía se expresó en el 20% que sacó su candidata presidencial Beatriz Sánchez y en la elección de un senador y 17 diputados.

    Guillier llegó a la elección presidencial presentándose como un político no tradicional, cercano al Partido Radical, representante histórico del centro laico.

    Fue conductor de noticias en televisión antes comenzar una carrera política como senador en el año 2013 y pasó a la segunda vuelta superando levemente a Sánchez.

    Pero el candidato no puede ganar la elección sin los votos de esa izquierda más transformadora que, por el momento, no llamó a votar formalmente ni en bloque por él. El Frente Amplio pidió en cambio un voto reflexivo, advirtiendo que consideraba a Piñera “un retroceso” para el país.

    La aparición en el cierre de campaña de Guillier del expresidente Pepe Mujica, del histórico Frente Amplio uruguayo, apuntó precisamente a convocar a esos votantes.

    En resumen, para ganar el domingo, los dos candidatos tienen que complacer a votantes muy distintos, conquistando el favor tanto del centro, como de las alas más radicales de su sector: Piñera combinando ideas ultraconservadoras con opciones más liberales y Guillier sumando los votos de los partidos de la transición y de quienes los critican y aspiran a reemplazarlos.

    Por eso no es raro que en la campaña hayan surgido ideas como “Chilezuela” —que el país avanza hacia un gobierno como el de Nicolás Maduro— o la del retroceso —que el país perderá algunas de las conquistas de Michelle Bachelet, como la despenalización del aborto o la gratuidad universitaria para los más pobres—.

    No es raro tampoco que las encuestas hayan fallado de forma estrepitosa y que nadie se atreva a pronosticar el resultado del balotaje de este domingo.

    Socialistas a la derecha del socialismo

    “Se desordenó la foto que teníamos de la política”, le dice a BBC Mundo Rossana Castiglioni, politóloga y académica de la Universidad Diego Portales en Santiago.

    “Cuando uno mira el eje izquierda-derecha, lo que hace es preguntarle a la gente cómo se percibe y luego ubicarlos en ese eje, a partir de la realidad de cada país. Si hacemos eso mirando, por ejemplo, a los socialistas chilenos, creo que ellos nos habrían quedado bien a la derecha del resto del socialismo latinoamericano”, dice Castiglioni.

    Ese es uno de los factores que podría explicar el surgimiento de nuevos sectores de izquierda como el Frente Amplio.

    La experta, jefa de un equipo de académicos que estudia los desafíos a la representación política en la nación sudamericana, explica que la coalición que tomó el poder tras Pinochet, la Concertación, “está bastante más al centro de lo que tradicionalmente se reconoce. Es una coalición variopinta, pero que se vio obligada a administrar un sistema definido en el régimen militar, con muchas trabas para el cambio”.

    Castiglioni dice que la izquierda chilena en el gobierno tuvo “varias cosas que no ves en otras izquierdas latinoamericanas”. Y enumera: la preponderancia de la tecnocracia; el poder político del ministerio de Hacienda y el ajuste a una Constitución que impide cambios radicales en políticas públicas.

    “La tecnocracia es muy sui géneris en Chile. En la discusión sobre las pensiones, por ejemplo, si miras a Uruguay, te vas a encontrar con abogados laboralistas, gente muy sólida, que te habla con boina y tomando mate. En cambio en Chile, te vas a encontrar principalmente con economistas, todos vestidos muy formalmente y que, por su formación, excluyen alternativas de policy making que sí se discuten en otros contextos”.

    La politóloga apunta a otro sector clave: la salud. “La gran reforma que tuvo Chile, la más importante de la transición, el Auge —el plan de garantías explícitas que asegura la provisión de salud para un determinado número de dolencias— no cambia la arquitectura del sistema. La reforma se hizo manteniendo a las aseguradoras privadas, las Isapres y todo el resto del sistema”.

    Las reformas en Chile nunca rompían con el modelo definido en la transición. Hasta la segunda presidencia de Michelle Bachelet.

    Bachelet fue la que partió aguas, pues instaló como gran tema de discusión superar no sólo las herencias sociales económicas y políticas de la dictadura, sino también de los gobiernos que siguieron, a partir de la mirada crítica de que instalaron los movimientos sociales del 2011″, le dice a BBC Mundo el Premio Nacional de Ciencias Sociales Manuel Antonio Garretón.

    El sociólogo agrega: “Ya que la centroizquierda chilena fue democratizadora, pero no transformadora, surgió una nueva izquierda que apunta a cambiar la sociedad y que, obvio, enfatiza sólo los aspectos críticos de los gobiernos democráticos”.

    El papel de los jóvenes

    Esta nueva generación que está redibujando el espectro político chileno, que en buena medida nació cuando el régimen de Pinochet ya había terminado, no se define ni por los traumas ni las culpas de la izquierda y la derecha tradicional chilenas.

    No responden a los cánones clásicos de la política y son la gran fuente de incertidumbre para la elección presidencial.

    Muchos de sus líderes surgieron en los movimientos sociales del 2011, y aunque la abstención es un fenómeno creciente que en Chile afecta principalmente a los jóvenes, de alguna manera, ellos tienen la llave de la elección.

    El resultado del domingo será determinado por factores como el nivel de abstención electoral, el peso que tenga ese día el electorado más tradicional, o la decisión que tomen los sectores que apoyaron la opción de cambio del Frente Amplio.

    “La cosa se desordenó con los jóvenes”, sentencia Castiglioni.

    En ellos radica parte de las respuestas en torno a qué traerá el cambiante futuro político chileno. Y quién lo liderará durante los próximos cuatro años.

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  11. A Bitter Victory for the Chilean Right?

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    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Why Sebastián Piñera Would Struggle to Govern

    The wind seems to be blowing in favor of the Chilean right. The country’s left-wing parties are fragmented. Its current socialist government, headed by Michelle Bachelet, is deeply unpopular. And a few days before the runoff election on Sunday to choose the country’s next leader, the center-right candidate, Sebastián Piñera, who won the first round of voting, on November 19, is polling three to five points ahead of his opponent, the independent senator Alejandro Guillier.

    Piñera, who served as president from 2010 to 2014, seems set to return to office. But his victory would be a bitter one, produced less by his platform’s popular appeal than by the division of the left and low voter turnout. No political force has a majority in Chile’s Congress, and Piñera’s victory would encourage the reemergence of various protest movements. For all these reasons, a government headed by him would not have much leeway to pursue a traditional right-wing agenda.

    LEFT TURN

    Over the last few years, Chilean society has changed in ways that will make it hard for Piñera to introduce the liberalizing economic reforms and conservative social programs that the right favors.

    First, the electorate has shifted leftward. The economic modernization that the country has undergone over the last three decades has produced a more liberal citizenry. As younger generations become better educated in the years ahead, there is little chance that this process of cultural liberalization will come to an end. To the contrary: issues such as environmental protection and the rights of sexual minorities will gain salience in the next few years. It was no coincidence that, in August, Bachelet’s government was able to legalize abortion in certain cases—a measure that the right furiously resisted but that, according to polls, some 60 to 70 percent of Chileans supported. (Some of Piñera’s backers have said that they want to reverse that decision; doing so would provoke heated resistance.)

    Leer columna completa en Foreign Affairs

  12. El voto “anti” candidato o el fenómeno de sufragar para frenar al contrincante

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    Fernando García Naddaf, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Fernando García Naddaf, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    La lógica de apoyar a uno para que no gane el otro se ha instalado en el debate a pocos días del balotaje entre Piñera y Guillier. Expertos analizan el fenómeno.

    Llamar a votar en contra de Sebastián Piñera o Alejandro Guillier es una de las consignas que se ha instalado con fuerza en la previa del balotaje de las elecciones presidenciales que se realizarán este domingo 17 de diciembre. Una campaña que, de alguna forma, pareciera que está dejando en segundo plano las propuestas programáticas de los aspirantes a La Moneda. A pocos días de la segunda vuelta, el diputado frenteamplista Gabriel Boric puso este tema sobre la mesa y lanzó sus dardos en contra de esta “campaña negativa”. “Es bien sorprendente el nivel de agresividad de los nuevomayoristas a quienes no nos hace sentido el ‘todos contra la derecha’ y no nos han convocado propuestas de Guillier”, escribió el ex dirigente estudiantil a través de su cuenta de Twitter. Y fue tajante: “¿Quieren que todo el FA los apoye unánimemente solo por un ‘anti algo’? Así no”, afirmó.

    Una estrategia que también utilizaron los estudiantes universitarios y secundarios que hoy llamaron a votar “en contra de Piñera”, sin destacar explícitamente la candidatura del abanderado oficialista. Otras de las frases que se ha escuchado estas semanas es que “Chile se transformará en Venezuela si gana Guillier”, aludiendo a la carta del pacto La Fuerza de la Mayoría y la DC. En conversación con Emol el director del Programa Electoral de la U. Central, Kenneth Bunker, explicó que esta tendencia más que convocar sobre la base de ideas, se puede explicar por el sistema de voto voluntario.

    “Hay una gran diferencia entre cómo los candidatos conducen campañas bajo voto obligatorio y voluntario. Cuando es obligatorio, éstos deben tener propuestas atractivas que identifiquen a la gente”, señaló el cientista político. “En cambio, bajo el voto voluntario, lo que tienen que hacer es simplemente mantener su base de votantes y evitar que sufrague más gente por el otro. Esto produce que predomine lo negativo por sobre lo propositivo y que las campañas sean negativas y agresivas”, aseguró. En ese sentido, y considerando el emplazamiento de Boric, el analista afirma que Guillier tiene que “jugar defensiva y ofensivamente”. Es decir, cuestionar a Piñera, pero también conectar con sus propuestas programáticas “lo que ha logrado bien poco con el Frente Amplio y le podría costar la elección”. Para el cientista político y académico de la Universidad Diego Portales, Fernando García Nadaff, la “campaña negativa” es una estrategia que se ha dado de manera transversal en las elecciones, y que se resume con el concepto “voto castigo”. “Se instala, por ejemplo, la idea del voto anti piñerista que no tiene una visión propositiva de mundo, sino más bien busca evitar que salga lo que Piñera representa”, explicó Nadaff. De esta forma, dice que el resto de la sociedad se moviliza para ir “contra de”, lo que se traduce en que “un candidato se vuelve una especie de enemigo”. En ese sentido, afirma que los adherentes del Frente Amplio que aún no están convencidos de su postura “para comprometer su apoyo están exigiendo políticas coherentes y no simplemente un antipiñera, lo que lo que la Nueva Mayoría está armando como el anti valor, sin destacar contenidos”.

    Leer en EMOL

  13. El miedo intenta tomarse el balotaje: La derecha asusta y se asusta

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    Fernando García Naddaf, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Fernando García Naddaf, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Si bien nos tienen acostumbrados a las campañas del terror, en esta oportunidad ha recrudecido en la segunda vuelta el intento por inculcar miedo como herramienta para volcar el resultado en favor del candidato de Chile Vamos. “Chilezuela”, crisis bursátil, colas, caos económico y hasta fraude electoral han sido la tónica.

    A empresarios impúdicos se suman el propio candidato derechista, su séquito y bots y trolls. El objetivo es desincentivar a los votantes, con lo que Piñera podría beneficiarse. También influir en los más débiles y crédulos, aquellos que creen a pie juntillas lo que dicen los medios, controlados por los grupos económicos.

    El remezón sufrido la noche del pasado 19 de noviembre, donde se frustró la posibilidad de ganar en primera vuelta, generó no solo desazón en las huestes derechistas, también miedo a la derrota. Ello dio pie a utilizar justamente esa misma arma para tratar de convencer a ilusos, la vieja lucha entre los buenos y los malos donde claro, los buenos son ellos.

    La propia Presidenta de la República, Michelle Bachelet, llamó a poner atención en que “hay una campaña del terror y bien clara. Yo no he visto campaña del terror en el sentido contrario”, reiteró la Primera Mandataria añadiendo que “uno debe de tratar siempre de cuidar el tono”.

    “Chilezuela”

    Si alguna caricatura –aparte de las “piñericosas”- se ha tomado la agenda en los últimos días ha sido la burda comparación del senador Alejandro Guillier con Nicolás Maduro y de nuestro país con la realidad que atraviesa Venezuela. “Chilezuela” se ha instalado como una manera de amenazar que de resultar electo el senador independiente que encarna el progresismo Chile caerá por el despeñadero al punto de que la “economía se caerá a pedazos”. Bachelet ironizó: “El humor ha sido la respuesta (de los chilenos) con cantidad de memes”.

    “Aquí lo que se ha hecho es una comparación con Maduro y al mismo tiempo que en las redes aparece este tema de Chilezuela. Aparecen videos de venezolanos diciendo que si gana tal candidato esto va a ser el comunismo. Aparece un sicario de (Pablo) Escobar diciendo que no voten por Guillier.

    El propio Piñera difundió el embuste al afirmar que “yo veo que el candidato Alejandro Guillier está cada día más violento, más demagogo, más populista, más errático y se parece cada día más a Nicolás Maduro. Yo me pregunto ¿a dónde nos conduce ese camino? Yo veo que algunos con tal de aferrarse al poder y a sus prebendas están dispuestos a hacer cualquier cosa”.

    La polémica comparación había aparecido un poco antes y en boca de Erika Olivera, diputada electa de Chile Vamos, quien había afirmado que “a mí no me gustaría tener un país como Venezuela. Y lo digo sinceramente. No me gustaría que mis hijos vieran una realidad como la que vemos a través de los medios de comunicación, lo que están viviendo millones de venezolanos (…) es lo que veo para el futuro de nuestro país si seguimos así. Lo más probable es que vayamos hacia allá y eso es lo que yo como persona de esta sociedad no quiero para mi país, no quiero eso para Chile. Quiero un país libre, quiero un país que tenga oportunidades, un país que progrese, un país que avance en todos los sentidos y por eso es que estoy dispuesta a jugármela”.

    “O Piñera o el caos”

    Otra de las falacias que se ha venido arrastrando las últimas semanas pero que se ha acrecentado en el balotaje, es la amenaza de que si no es electo Sebastián Piñera la Bolsa se derrumbará y se creará un desbarajuste económico de proporciones. El drama es que eso no solo lo repiten “trolls” que Sebastián Piñera ha implementado como plataforma de lucha digital sino que empresarios.

    En octubre pasado Juan Andrés Camus, el presidente de la Bolsa de Comercio de Santiago, dijo en una entrevista a El Mercurio: “Claramente, si no saliera elegido Piñera la probabilidad que tengamos un colapso en el precio de las acciones es alta. Va a depender de cómo sigan las proyecciones de los resultados de las elecciones. Todavía siguen siendo bastante favorables para el Presidente Piñera y yo creo que eso para los inversionistas parece una buena noticia. Mientras eso sigue así, vamos a tener un mercado más bien boyante que deprimido”.

    No ha sido el único que ha intentado aterrar dentro de la derecha económica. El empresario Luis Eguiguren retomó la profecía del presidente de la Bolsa y afirmó que ocurriría un “colapso” si no gana Piñera. Se trata del socio fundador de la corredora de bolsa Fynsa, quien dijo que esta no es una elección más, “porque la Nueva Mayoría abandonó el centro para irse a la izquierda y tiene que pololear los votos del Frente Amplio y hacer concesiones en temas que la Concertación jamás habría pensado, como el fin de la AFP y del CAE”.

    Miente, miente, que algo queda…

    Una burda posverdad se intentó instalar en estos días y dice relación con un tuit en redes sociales del exministro de Cultura de Piñera Roberto Ampuero.  El personero reprodujo en Twitter un falso mensaje donde aseguró que “Nicolás Maduro respalda al ‘compañero Alejandro Guillier’. Esto no es campaña de terror, sino lisa y llanamente la campaña del chavismo y castrismo en favor de Guillier”.

    El falso tuit rezaba: “todo mi incondicional apoyo al compañero Alejandro Guillier, precandidato bolivariano a la Presidencia de Chile”. El propio Piñera ya había reproducido el mentado mensaje poco tiempo antes. Las burlas de los cibernautas hicieron que el exministro lo borrara e intentara una disculpa que solo agravó la falta.

    Ya antes y a solo dos días de efectuarse la primera vuelta y fuera de periodo  de propaganda, un video recorrió profusamente las redes sociales y llamaba a poner atención a las razones para no votar por Guillier. Entre ellas se usaba la imagen del senador socialista Carlos Montes, quien lo denunció como parte de la “campaña sucia”. Era el principio de una escalada mayor. Los bots y los trolls de Piñera.

    Bajo ataque cibernético

    Inusual e inédito en Chile, fue una herramienta sucia utilizada en Estados Unidos en las pasadas elecciones por Trump y replicada ahora por Piñera. Se trata de trolls y bots, una especie de francotiradores creados en el ciberespacio y que no tienen existencia real, sin embargo se apropian de cuentas con nombre y apellido y dan la impresión de miles de personas comentando temas en los medios y redes. En realidad son un centenar de empleados encargados de dar vida maliciosamente a estos “esbirros del terror”.

    Los llamados “trolls”, son cuentas creadas en redes sociales que no pertenecen a personas reales, son perfiles falsos, inactivos o creados específicamente para los meses de campaña, utilizados para emitir mensajes falsos o proselitistas, para difamar a los adversarios y buscar pautear temas (llamados trending topic). Existen empresas dedicadas exclusivamente a prestar estos “servicios”. Por su parte los bots son programas informáticos que simulan el comportamiento humano. Desde ciberataques –como el sufrido en el sitio oficial de Alejandro Guillier-, hasta crear cuentas de correo o conversar con seres humanos. Cambio21 conoce de algunos.

    Pues bien, desde hace unos días miles de cuentas han sido creadas en la web en los distintos sitios de diálogo y redes sociales como Facebook, Twitter, Instagram y otras e incluso por vía WhatsApp, que se han dedicado o a denigrar a adversarios o a ensalzar a Piñera. Investigaciones de prensa han podido determinar que tras esta campaña estaría una empresa llamada “Socialmente”, financiada por el comando de Sebastián Piñera y encargada de la creación de perfiles falsos y su operatividad  en la web.

    Confundir a la gente e instalar temas que benefician a quien los contrató es la consigna. Algo similar a lo hecho en la primera vuelta con las encuestas, financiadas por la derecha o donde colaboradores de Piñera estuvieron detrás de ellas. Así se puede “inflar” un sondeo en la red o apoyar una versión o dicho falso. La reiteración del mismo concepto por “distintas personas” que no son más que estas máquinas, a muchos impresiona y, si lo dice la mayoría, es y lo aceptan sin cuestionarse.

    Una denuncia de Austral Digital da cuenta que cada empleado de “Socialmente” tiene asignadas 100 cuentas falsas. “En total, 15 empleados manejan 1500 cuentas para la campaña de Piñera”, aseguran. Así que no se extrañe que de pronto aparezcan decenas, centenas de “comentaristas” de la nada y que se mantengan en el tiempo. El problema es de quien los manda crear, que se termina creyendo el cuento, como le sucedió con las encuestas falsas.

    Los artistas hace años les llamaban “claque”, los contrataban para sus conciertos y para que los aplaudieran y vitorearan… No faltaban los ilusos que se sumaban sintiendo que estaban frente a “un gran artista”. “Una mentira mil veces repetida, se convertirá en verdad”, aseguraba Goebbels. ¿O era Lenin?

    Desinformar es mentir

    Para el cientista político y académico de la Universidad Diego Portales Fernando García, las “campañas del terror” buscan desinformar y tienen pocos efectos sobre la decisión de las personas: “(Se) caracterizan por tratar de revelar temas que generan temor y son usadas como una herramienta política. Todas ellas se identifican con un enemigo en común, que es externo. Algo que amenace a la sociedad… Puede que la gente con menos capacidad de procesamientos políticos caiga. Es totalmente desinformación”.

    Desde tiempos inmemoriales el miedo ha sido utilizado para mantener el poder. El “viejo del saco” en materia política es algo más peligroso que el solo cuento que buscaba que un niño se comiera su comida. En política lleva a atrocidades, como ocurrió en Alemania en contra de los judíos, en Yakarta, Indonesia, donde se masacró a cerca de 500 mil personas y en nuestro mismo país, donde el “Plan Z” dio pábulo a crímenes bajo solo sospecha de ser parte de él.

    La misma dictadura utilizaría ese argumento cuando enfrentó el plebiscito de 1988. Allí se difundió la idea de que si ganaba el “NO” Chile volvería al “traumático” tiempo de la Unidad Popular de Allende. Las colas, los paros y el caos se avecinaban. Nada de ello pasó. Luego utilizarían similar argumento en la derecha siendo Ricardo Lagos candidato de la Concertación en 1999. El propio Piñera usó esa herramienta no mucho antes, cuando aseguraba que de triunfar Patricio Aylwin constituía el caos.

    ¿Por qué desempolvar en la segunda vuelta las campañas del terror? Porque con la derrota de sus expectativas vivida tras la primera vuelta constataron que ni el país se caía a pedazos (las cifras de ganancias de la banca, el retail, las AFP e Isapres, entre otras, dan cuenta de ello), ni la oposición a las reformas era mayoritaria, sino que por el contrario, una gran mayoría del país se manifestaba por los cambios, algunos con mayor intensidad que otros, pero aspiraban a reformas sustanciales que terminaran la desigualdad.

    La más grosera de las falacias provino del propio Sebastián Piñera, quien aseguró tras la primera vuelta que podría haberse efectuado un fraude electoral en estas elecciones: “No tuvimos apoderados en todas las mesas y el resultado que obtuvimos en las mesas en que sí teníamos apoderados es mucho mejor que el resultado en las mesas en que no teníamos apoderados. A buen entendedor, pocas palabras”, dijo. Juzgue usted.

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  14. Analistas creen que Piñera anuló positiva partida en la franja al abrir debate sobre elección

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    Claudio Fuentes, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Claudio Fuentes, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Este domingo debutó la franja electoral de la campaña para la segunda vuelta. Y tal parece -aunque no es una postura unánime entre los analistas políticos- que el abanderado de Chile Vamos, Sebastián Piñera, corría con cierta ventaja ante su adversario oficialista Alejandro Guillier. Sin embargo, todo cambió drásticamente, cuando ayer en la mañana, en una entrevista radial, el exmandatario esbozó una denuncia de supuestas irregularidades en el resultado de las elecciones del 19 de noviembre, con lo que habría puesto en tela de juicio su ‘seriedad’ como candidato y expresidente de la República.

    La salida de Piñera no pasó inadvertida para nadie y, de alguna manera, opacó lo bien que había resultado el estreno de su franja. En su propio sector admiten que el exjefe de Estado ‘no se debió haber metido en ese tema y mucho menos hacer la denuncia él mismo’.

    El director ejecutivo del Instituto Libertad, Aldo Cassinelli, coincide con que ‘entrar en eso no le aporta nada (al exmandatario), si es que no tiene algo con qué responder’. El experto apunta a la preparación con que deben contar los apoderados que en cada elección representan a uno u otro candidato. Ello con el objetivo de bajarle un poco el tono a las declaraciones del exmandatario que remecieron a toda la clase política, desde La Moneda hacia abajo.

    Tanto así que los dirigentes de la Nueva Mayoría le exigieron a Piñera que presente una denuncia formal o que se retracte, dado que puso en tela de juicio las instituciones que aspira a representar nuevamente. Bastante menos generoso con el aspirante de la derecha a La Moneda en esta materia, fue el cientista político Claudio Fuentes.

    ‘Si no hay evidencia consistente y fundamentada de un fraude, lo que se está haciendo es, simplemente, tratar de generar un hecho político de algo no probado’, apunta. Y eso, advierte, ‘es muy malo para la pretensión de un candidato que trata de demostrar que es serio, que va a gobernar para todo el país, porque si parte cuestionando las instituciones, tiene un problema’.

    Con más distancia se lo toma el analista y exdiputado de la UDI Gonzalo Arenas, ya que sólo percibe el planteamiento del candidato opositor como una ‘estrategia para activar un poco a la gente de centroderecha para que vote y se ofrezca a hacer apoderado’. Mientras que para el cientista político Marco Moreno, el desmadre de Piñera ‘no hace más que contribuir a la imagen de desesperación que se está instalando en su candidatura’, porque ‘hay varios pasos de errores no forzados que se han dado en estos días, como el tema con los hijos que se declaraban de centroizquierda’.

    Moreno cree que Piñera quiere ‘instalar la idea de que hay una lucha, donde se juega todo estilo Honduras, donde está la escoba con los resultados electorales y eso, la gente no lo cree ni le gusta. En definitiva, eso le hace un daño a Piñera y le espanta electorado’.

     

    El voto ‘del medio’

    Y todo justo cuando parecía que Piñera podía tomar la delantera en un estadio en que cualquier ventaja podría marcar la diferencia tan ajustada que, todo indica, será el sello de esta elección.

    Porque, tal como lo plantea Arenas, aunque con menos énfasis tal vez, el primer capítulo de la franja fue ‘muy superior al de Guillier, ‘sobre todo porque ha reflejado muy bien lo que significa para cada persona el crecimiento económico’, con lo que aterrizó -a su juicio- un concepto que es más bien técnico, ‘humanizándolo’. Con lo que el espacio de Guillier habría quedado ‘al debe’, porque ‘le faltó un mensaje claro’.

    En busca del voto del electorado ‘del medio’, como lo llaman algunos analistas, que es muy volátil, esquivo y no actúa idelógicamente, Piñera muestra eficiencia y capacidad de gestión en la franja, pero ‘falta todavía una conexión emocional con el país real todavía’, explica Moreno.

    Este es el electorado al que tiene que seducir ‘con propuestas de continuidad de las reformas’ para ganarle a Guillier y por el que ‘está reformulando su mensaje para tener sintonía’ con esa idea.

    Para sacarle ventaja a Piñera, Guillier tiene que demostrar -añade- que ‘él sí es coherente con el discurso reformista’ y en eso ‘un elemento fundamental es el rol que pueda jugar la Presidenta’.

    En opinión de Cassinelli, si el electorado percibe el discurso de Piñera como cercano a la Concertación ‘está logrando atraer a una opción más moderada’. Mientras Fuentes es crítico con ambas franjas, porque son franjas ‘bastante estándar’, apuntando a un electorado seguro.

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  15. Analistas proyectan una estrecha segunda vuelta: “Será una definición a penales”

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    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Cristóbal Rovira, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Tres importantes expertos y académicos universitarios profundizan con La Nación las opciones que Alejandro Guillier y Sebastián Piñera tienen para ganar las elecciones del 17 de diciembre.

    Debido al desprestigio de las encuestas por los pronósticos errados sobre los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, es muy difícil que alguien se atreva a dar nuevas predicciones para el balotaje, aunque algunas consultoras insistan en dar números.

    Pero hay dos cosas que los analistas políticos tienen muy claro para esta segunda vuelta: votarán menos personas que las que lo hicieron el 19 de noviembre y ladiferencia entre Alejandro Guillier y Sebastián Piñera será muy estrecha.

    Octavio Avendaño, doctor en Ciencia Política y académico de la Universidad de Chile, declaró a La Nación que tiene la convicción de que la elección será “muy estrecha, podemos decir que esto va a ser como una definición a penales, va a ser voto a voto la pelea. Lo más probable es que la votación sea un 51% y un 49%, incluso la diferencia podría ser menor”.

    Para el analista, esta será “una de las elecciones más importantes que se hayan realizado en Chile desde 1990, por varias razones. Por primera vez se confrontan dos proyectos bastante distintos desde el punto de vista de cómo concebir el rol del Estado, el rol de las instituciones privadas y sobre todo respecto de la proyección de las reformas estructurales que se llevaron o se intentaron llevar a cabo durante este gobierno”.

    Otra arista alertada por Avendaño es que un eventual apoyo del Frente Amplio a Guillier no le va a afectar en nada a su capital político recién ganado en las parlamentarias, “porque si tomamos en cuenta la trayectoria de muchos de sus dirigentes y el actuar de muchos de ellos en el último tiempo, encontramos que tomaron decisiones trascendentales apoyando al oficialismo”.

    Según el analista, “el resultado es incierto. Creo que más que girar hacia el centro o hacia la izquierda, lo más importante para cualquiera de los dos candidatos es movilizar a una parte de ese electorado que no votó”.

    Explicó que “estadísticamente podríamos decir que Fuerza de la Mayoría tiene mucho más ventajas al respecto, porque en los últimos años perdió más de un millón de votos, que se desafectó no solo de la Nueva Mayoría, sino que también del sistema político en general. Por ahí podría estar la apuesta en el caso de Guillier”.

    “En el caso de Piñera, la clave es apelar a un discurso completamente antipartidista y antipolítico para poder atraer al electorado que no participó. Es muy difícil, pero va a depender de la intensidad y el nivel de competencia que se desarrolle en estos días. Si la competencia es intensa, lo más probable es que el porcentaje de votación al menos se mantenga”, cerró.

    “NO VEO POR DÓNDE PUEDA CRECER PIÑERA”

    “Me parece que el que la tiene más complicada es Sebastián Piñera”, afirmó el también doctor en Ciencia Política y director del Magíster en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Santiago, René Jara.

    El analista añadió que “no se ve por dónde puede crecer” la votación del candidato de Chile Vamos. “Le ha hecho todos los gestos, a mi punto de ver de manera apresurada, a Felipe Kast y Manuel José Ossandón, decayó el tema con Ciudadanos. Esto se traduce en una cierta falencia de crecimiento. Entonces, creo que en lo que se va a dedicar a hacer ahora es a consolidar sus electorados y a jugársela porque haya una gran participación de su sector”, señaló.

    Por el lado de Guillier, “hasta ahora lo que ha hecho en términos de conseguir apoyos ha sido bastante ordenado. Lo primero fue asegurar la relación con la DC, porque son los socios estratégicos y así reunifica a la centro-izquierda, que era el primer objetivo fundamental; lo segundo es hacer los gestos al Frente Amplio. Creo que en ese equilibrio, él se ha movido bastante bien hasta ahora, primero asegurando el campo y después tratando de conquistar a alguien que parece más lejano”.

    Al ser consultado cuánto del 20% conseguido por el Frente Amplio puede ser endosado a Guillier, Jara dijo que “no me atrevo a hacer una proyección. Lo que sí sé es que necesita dos tercios de los votos del Frente Amplio, sumado a una votación muy disciplinada de los votantes de MEO y de Carolina Goic”.

    Agregó que el candidato oficialista “más que los votantes de Goic, a lo que está apostando es al votante DC de las parlamentarias. Si se suman a los casi 23% que consiguió Guillier el 10% que la DC obtuvo en las parlamentarias, ya está en un cómodo 33%, lo que significa que la distancia es mucho más corta y hace menos necesario el apoyo total del Frente Amplio”.

    El académico de la USACH concordó con que “la elección va a estar muy estrecha, creo que habrá una diferencia entre 100 mil a 200 mil votos. Ahora, si es más estrecho, veo probable que haya muchos contenciosos y que se pidan muchos reconteos de mesa. Es posible que este escenario de gran estrechez, pueda dar paso a este tipo de hechos”, cerró.

    “50% DE VOTOS DEL FA ES FÁCIL DE ENDOSAR A GUILLIER”

    Cristóbal Rovira, doctor en Ciencia Política y director del doctorado de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales, también indicó que “hacer predicciones hoy en día es bastante difícil y creo que el resultado, independiente de quien salga, será milimétrico, nadie va a ganar por una mayoría absoluta. El tema va a estar con los no votantes, porque sabemos que en las segundas vueltas presidenciales tienden a votar menos gente”.

    Sobre si es posible que los que no votaron en primera vuelta, lo realicen en la segunda, el experto respondió que “es muy poco probable. Puede que ocurra, pero el segmento es muy chico. Los estudios muestran que el perfil del ‘no votante’ es bastante claro, en general son personas de estrato socioeconómico medio a medio-bajo y tienden a ser más jóvenes”.

    Respecto a qué debe hacer Piñera para ganar más sufragios, destacó el haber sumado a Manuel José Ossandón en su campaña. “Como notaron que en Puente Alto hubo una votación muy grande por Beatriz Sánchez, en el comando se preguntan qué va a pasar con esos votantes, cuán fieles son al Frente Amplio o si son movilizables algunos de ellos. Porque estamos hablando que 10 mil o 15 mil votos pueden hacer la diferencia, sobre todo con baja participación electoral”, aclaró.

    Creo que el 50% del total de votos que logró el Frente Amplio es fácil de endosar a Guillier, es gente que se identifica como de centro-izquierda, que tiene un malestar con el sistema, pero que, de alguna manera, el día de las elecciones va a decir ‘yo igual prefiero votar por Guillier’. El otro 50% es el que se empieza a poner difícil y ahí va a depender en gran medida de cómo el Frente Amplio se moviliza, eventualmente, de una manera directa o indirecta con Guillier y hasta qué punto el candidato adapta su agenda programática para tratar de capturar ese otro 50%”, afirmó el académico de la UDP.

    A su vez, “la estrategia de Piñera de incorporar a Ciudadanos, donde muchas de esas personas son ex DC, del ala más de centro-derecha de la DC, es claramente un guiño para ese lado. No se pudo conseguir a Andrés Velasco, pero sí se consiguió a algunos integrantes del partido. Obviamente, eso también le da cabida para tratar de movilizar a esos votantes”, dijo Rovira, pero agregando que el desafío para el abanderado de Chile Vamos es tratar de convencer “a votantes muy de derecha. Por ejemplo, si llegara a decir que hay que expandir la ley del aborto, por inventar algo, será algo que no le va a gustar a muchos de los votantes de José Antonio Kast”.

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  16. El sueño imposible de Piñera: Conseguir mayoría en la Cámara

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    Claudio Fuentes, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Claudio Fuentes, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    El ex Presidente pidió una lista única a Chile Vamos para enfrentar a la centroizquierda, que irá dividida en al menos cuatro listas al Congreso. Eso permite subir su apuesta para lograr el control de la Cámara. En el Senado no se puede, pues sólo se renueva la mitad de los escaños.
    Pepe Auth: “Ninguna posibilidad”

    Aunque advierte que dependerá de los elencos y cómo se arman las listas, el diputado y experto electoral opina que Chile Vamos “no tiene ninguna posibilidad de obtener mayoría en la Cámara ni en el Senado, porque el sistema proporcional no lo permitirá. A lo más que podría aspirar es a sacar 1 o 2 diputados más que la Nueva Mayoría, pero eso no le va a significar tener la mitad más uno ni el control del Parlamento. Tampoco en el Senado, porque sólo se elige la mitad”. Auth proyecta unos 65 diputados piñeristas, 75 de la Nueva Mayoría y otros 15 no alineados con ninguno de los dos bloques tradicionales.

    Jorge Ramírez: “No del todo improbable”

    “Si Chile Vamos va en una sola lista y la Nueva Mayoría fracciona su representación en dos, podría pensarse como posibilidad obtener el 50% + 1 de la Cámara, no es un escenario del todo improbable”, dice el analista de LyD. Señala que importa la configuración de fuerzas oficialistas. Agrega que “depende con quiénes se establezca la segunda lista” de la NM, que incluye hoy solo a la DC.

    Claudio Fuentes: “Va a depender de varios factores”

    “Mientras más listas lleve y menos coordinación exista, eso ayuda a Chile Vamos. Va a depender de varios factores: la cantidad de listas que lleve la centroizquierda”, dice el analista y académico de la U. Diego Portales. “También de las fortalezas de las candidaturas presidenciales”, agrega. “Como es probable que la Nueva Mayoría llegue a dos listas —contemplando que Alejandro Guillier y Beatriz Sánchez marcan cerca de 20% y 12% respectivamente— es muy poco probable que Piñera en la parlamentaria logre más del 50%”. Fuentes cree que, al final, habrá coordinación en la centroizquierda.

    Tomas Duval: “Es posible en la Cámara”

    El analista electoral de RN, Tomás Duval, comenta que “es posible lograr la mayoría en la Cámara de Diputados”. “Más difícil es en el Senado por su composición, porque no se renueva totalmente. Pero es posible la mayoría. Eso se logra con una lista única parlamentaria”, dice. Duval agrega que “las divisiones en las otras listas (de izquierda) también podrían ayudar. Si la Nueva Mayoría va dividida en dos, las posibilidades de obtener la mayoría aumentan”.

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  17. Piñera: oda al mercado

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    Claudio Fuentes, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Claudio Fuentes, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP.

    Fe ciega en el mercado como distribuidor de beneficios y defensa férrea de la libertad individual, constituyen el corazón de la apuesta programática de Piñera. Retornamos al punto ideológico de partida, de depositar toda la confianza en los individuos como “arquitectos y protagonistas de sus propias vidas y futuro”. El Estado entrega ciertos mínimos, pero a partir de allí dependerá de esta capacidad de los “emprendedores” de modelar sus destinos. No se pone atención ni a las desigualdades estructurales preexistentes ni a lo disparejo de la cancha para viabilizar aquella “competencia”.

    Sebastián Piñera demarcó el debate presidencial en una simple pero crucial polaridad: Mercado versus Estado. En su presentación como candidato presidencial, no optó por el camino del medio (corregir los errores del actual Gobierno), sino que se matriculó clara y rotundamente a favor de enmendar el rumbo volviendo al mercado.

    Su fe en el crecimiento económico promovido por el mercado es categórica, llegando incluso a definirlo como un imperativo moral, “porque el crecimiento económico crea empleos, mejora los salarios, aumenta la recaudación del Estado (…). No hay mejor política de recaudación fiscal que el crecimiento económico. Si logramos que la tasa de crecimiento se duplique o triplique, entonces todo lo que yo le estoy diciendo va a ser posible. Por eso, la esencia de nuestro programa de Gobierno es que Chile recupere se capacidad de crecer, de invertir, de mejorar los empleos, de mejorar los salarios y mejorar las pensiones”, expresó Piñera, en Radio ADN (23/03/2017).

    Para lograr este crecimiento económico, las políticas delineadas son las clásicas de un programa de derecha económica: favorecer la libre empresa, reducir los impuestos y modificar la reforma laboral, aminorando el peso de los sindicatos.

    A lo anterior se suma la creencia en la libertad individual como motor del emprendimiento y la superación de las desigualdades. Mientras la Nueva Mayoría buscó independizar la capacidad económica de los individuos de la entrega de beneficios sociales –eliminando, por ejemplo, el copago–, Piñera vuelve a la carga con el modelo vigente hasta antes de Bachelet: “Fortaleceremos la libertad de enseñanza –nos dice Piñera– y devolveremos a los padres el derecho a elegir y aportar voluntariamente a la educación de sus hijos”.

    En otras palabras, lo que se propone es volver a liberar las fuerzas del mercado en la educación, donde la formación de un niño dependa del esfuerzo individual que los padres puedan hacer. Se garantizan ciertas mínimas oportunidades y, a partir de allí, se incentiva la competencia estimulada por los aportes en dinero que hagan los padres a la educación de sus hijos. Los padres, en su afán de entregarles la mejor educación a sus hijos, invertirán la mayor cantidad de recursos que puedan, tratando de diferenciarse de otros que también compiten por lo mismo.

    En pensiones la solución es algo parecida. Sostiene Piñera que el mejor aliado para tener buenas pensiones es el crecimiento económico, por cuanto así se mejoran los salarios y eso afecta la capacidad individual de ahorro. Pero, además, promoverá mayores aportes del Estado para garantizar un mínimo; empleadores que debiesen aportar más; AFP que debiesen reducir sus comisiones; y trabajadores que deben permanecer por más tiempo en la fuerza laboral para incrementar sus capacidad de ahorro.

    El periodista le pregunta si el aporte de los empleadores se traduciría en un estancamiento de los salarios, pues no es grato para un empresario aumentar sus costos de mano de obra. Piñera responde: “Mire, lo que realmente estanca los salarios son las economías que no crecen. Vea usted, en el mundo entero, cuando los países no crecen, los salarios no crecen” (Radio ADN, entrevista citada). Al parecer el crecimiento estimularía mágicamente la generosidad de estos empleadores.

    Fe ciega en el mercado como distribuidor de beneficios y defensa férrea de la libertad individual, constituyen el corazón de la apuesta programática de Piñera. Retornamos al punto ideológico de partida, de depositar toda la confianza en los individuos como “arquitectos y protagonistas de sus propias vidas y futuro”. El Estado entrega ciertos mínimos, pero a partir de allí dependerá de esta capacidad de los “emprendedores” de modelar sus destinos. No se pone atención ni a las desigualdades estructurales preexistentes ni a lo disparejo de la cancha para viabilizar aquella “competencia”. No se cae en cuenta de que en una sociedad desigual hasta los méritos están desigualmente distribuidos, beneficiando precisamente a aquellos que están en la cúspide de la escala social.

    Piñera, de este modo, nos invita a retornar a la sociedad de mercado modelada en dictadura y profundizada en democracia. Ordena el debate en torno a un eje crucial: Mercado versus Estado. Y, al explicitarlo sin matices, alineará seguramente a los actores políticos entre los defensores de la sociedad de mercado (que mercantiliza nuestras relaciones sociales y las transforma en competencia) y quienes buscan, a través de la intervención del Estado, independizar la capacidad individual de generar recursos de la provisión de políticas públicas.

    Y aunque este dilema parece una cuestión puramente económica de crecimiento, mercado, competencia y asignación de recursos, bien valdría recordar la frase de John Stuart Mill respecto a que “ningún problema económico tiene una solución puramente económica”. Porque ni el crecimiento por sí solo resolverá los problemas del modelo de desarrollo, ni menos la competencia individual por sí sola hará, de esta sociedad, una más meritocrática.

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  18. Expertos examinan las primeras palabras del nuevo candidato

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    Fernando García Naddaf, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Fernando García Naddaf, académico de la Escuela de Ciencia Política UDP

    Cuando el reloj pasaba las 21 horas del martes, el ex presidente Sebastián Piñera dejaba de lado el hermetismo de los últimos meses y asumía en público su intención por repostular a la máxima investidura del país. Casi una hora de discurso que dejó bastante paño que cortar. Qué falto, cómo se mostró y cuáles fueron sus principales postulados. Tres expertos conversaron con Publimetro para responder estas preguntas y analizar las primeras palabras del candidato Piñera.

    Según Fernando García, académico de la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad de Diego Portales (UDP), la puesta en escena tuvo “una estética tipo americanista e inspirada en primarias de Estados Unidos”. No obstante, descartó que lo propuesto cumpliera las expectativas que se tiene de un candidato con amplia aspiración por regresar a La Moneda.

    “En términos programáticos quedó en deuda. Sus posicionamientos fueron generales, tienen que ver con la reconstrucción de un país, con recursos simbólicos como no más excavadoras, solucionar sus conflictos de interés. Pero su gran deuda es que no hubo propuestas importantes que digan a su electorado vota por mí, esto te ofrezco en beneficios concretos”, señaló.

    Una visión contraria expresó el analista político de Libertad y Desarrollo, Jorge Ramírez, quien principalmente destacó una evolución con relación a su mandato. “Me pareció un discurso acertado, que denota hay un claro aprendizaje de las fortalezas y debilidades de su gobierno. Es súper interesante el mensaje que entregó, de unidad en la centro derecha y el rumbo de los partidos de Chile Vamos. El momento político apuntaría en el sentido contrario, relegar a los políticos. Sin embargo hace un diagnóstico que emana de su gobierno, reconocer que los partidos cumplen un rol de articulación muy relevante de cara los desafíos que enfrenta un posible segundo periodo”, indicó.

    “Fue un discurso de derecha tradicional. Creo que los tres principios fueron libertad, justicia y emprendimiento. Fue un poco largo y mezcló algo un poco contradictorio, entre que no quería criticar, no obstante pintó al actual gobierno como una tragedia apocalíptica”, aseguró Mireya Dávila, experta en política de la Universidad de Chile.

    Según Dávila, en el discurso de Piñera “sobraron más que faltaron temas”. No obstante, le extraño que no se ahondara más en asuntos de seguridad ciudadana. “Se ausentó la delincuencia, algo que para la derecha siempre es un tema, esta vez casi no lo mencionó”, indicó.

    “Habría sido bueno que abordara temas que generan un gran impacto en la población, como por ejemplo el Transantiago. No hubo una alusión directa a como enfrentar este desafío de magnitud tan importante”, sostuvo, Ramírez.

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