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  1. Cinco millones y medio de millennials están habilitados para votar

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    modesto gayoAnalistas dicen que electores nacidos entre 1980 y 2000 fueron ignorados hasta los resultados de la primera vuelta y hoy su voto puede marcar diferencia.

    Los millennials es una generación que distintos estudios han tratado de entender. Pero es difícil de encasillar. Aquellos nacidos entre 1980 y el año 2000, se suelen caracterizar por su dominio tecnológico, por su comportamiento multitasking, y por su perfil exigente y volátil a la vez.

    ¿Les interesa la política? “Es difícil estimar su real participación”, dice Octavio Avendaño, cientista político y académico de la U. Alberto Hurtado. “No tenemos algo que permita determinar la participación de estos segmentos, pero si se compara la opción del Frente Amplio con la Nueva Mayoría, hay más presencia de profesionales jóvenes en el primero”.

    En Chile, 14.308.151 personas componen el padrón electoral, y de ellos 5.495.921 son millennials, es decir, tienen entre 18 y 37 años, según cifras del Servicio Electoral (Servel).

    “Son más bien un fenómeno generacional, no necesariamente un grupo social estable”, dice René Jara, doctor en Ciencia Política y académico de U. de Santiago.

    Un porcentaje importante no se vincula con la política, dice Avendaño, a diferencia de generaciones anteriores “que vieron otra socialización política”.

    Los más jóvenes, agrega, están en un contexto más individualista, que se manifiesta en algunos casos en apatía, y en otros en opiniones más categóricas y radicales. “Eso se refleja en que pueden no estar dispuestos a asumir el consenso y la negociación, porque lo consideran de la vieja política”.

    Una generación que experimentó una fuerte influencia de las nuevas tecnologías, lo que explica en gran parte cómo se informan y entretienen. “Dos prácticas que los diferencian de generaciones anteriores, que estuvieron principalmente expuestas a la TV”, dice Jara.

    Grupo olvidado

    El académico y director del Programa Electoral de la U. Central, Kenneth Bunker, explica que ese grupo “no tienen el estigma de personas que nacieron antes del 90, que toman decisiones a favor o en contra de la dictadura. Votan por otro tipo de cosas”.

    La presencia millennials partió en 2006 con la “movilización de los pingüinos”, destaca Bunker. “Ahora hay muchos líderes jóvenes que representan un liderazgo distinto en el Congreso, el promedio de edad de Revolución Democrática es 29 años, y en la Fuerza para la Mayoría es de 54 años, es una diferencia a nivel de elite y votantes”.

    Esa generación tomó distancia de la política durante los 90 y los 2000. Es decir, no votaron, señala Jara. “El año 2011 constituye un hito, pues significa un toma de consciencia de su rol político dentro de la sociedad, el cual se expresó primero mediante movilizaciones y luego mediante el voto. Es el momento en el que se encuentra esta generación y que se observó en la primera vuelta”, indica.

    Entran tardíamente a la política institucional, dice Jara, lo que se ve también en otras democracias del mundo, y se relaciona, entre otras cosas, “con una entrada cada vez más tardía de estas personas en el mundo del trabajo”.

    ¿Influyen en el actual escenario electoral? “Sin duda”, dice Modesto Gayo, académico de la Escuela de Sociología U. Diego Portales. “Por un lado, aunque su participación es porcentualmente menor que la de los grupos de mayor edad, en un escenario electoral tan competitivo, cómo se incline este grupo será muy importante para tener un resultado positivo por parte de cualquier de las candidaturas”.

    Además, dice Gayo, por el voto voluntario e inscripción automática, existe incertidumbre sobre cuántos irán a votar y cómo lo harán, lo que dificulta a las candidaturas elaborar un programa electoral con contenidos para ellos. “Los millennials son más una interrogante política que una respuesta”.

    Lo que ocurra el domingo es incierto, agrega Bunker. “Se habla que todo se reduce a una diferencia de 100 mil votos, no hay forma de saber, pero tampoco es que los millennials vayan a definir la elección, pero si el Frente Amplio va a votar en masa por Guillier, va a ganar Guillier. El aparato político tradicional está agotado y no se ha modernizado en incorporar a estos votantes, que han sido por mucho tiempo ignorados”.

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  2. La Otra Mitad: Estudio sobre los chilenos que no votan

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    Sabemos muy poco sobre aquellas personas que no votan, aunque poco más de la mitad de la ciudadanía no concurre a votar hoy en Chile. Los estudios de opinión pública muestran que la principal razón para no votar es por “desinterés con la política” (PNUD 2016). Pero, ¿por qué la gente no le interesa votar?

    La campaña #LaOtraMitad abre la puerta a escuchar a quienes señalan que no desean ir a votar. Nos interesó conocer las percepciones de aquellos que están decididos a no participar en el acto eleccionario que viene. Indagamos en su trayectoria de vida, sus intereses y motivaciones. Descubrimos que el desinterés se funda en motivaciones muy concretas: el desencanto con una expectativa defraudada, el desencanto con los representantes, la falta de una identificación descriptiva.

    Al desarrollar este proyecto, nos asociamos con la consultora Subjetiva, con quien realizamos dos focus groups con personas que no estaban interesadas en asistir a votar, todas entre 18 y 50 años de la Región Metropolitana. Aunque se trató de un estudio exploratorio -y por lo tanto no representativo-, lo que buscamos fue capturar los discursos predominantes asociados con democracia, participación, elecciones y liderazgos. Por tratarse de un estudio exploratorio, no pretendemos indicar que las conclusiones son representativas, sólo indicar que estos discursos están instalados en el debate público. Nuevos estudios deberán indagar sobre la preeminencia de tales visiones en la sociedad.

    La primera y más evidente conclusión es que para motivar la participación requerimos conocer más el mundo de los no votantes. Se trata de discursos más complejos de lo que solemos imaginar, donde una adecuada comprensión de esta “otra mitad” nos dará pistas para cambiar los niveles de participación ciudadana en elecciones.

    ¿Qué nos dijeron?

    1. Se valora participación, se critica la “cocina”

    Ser escuchado es una demanda que aparece con fuerza. Sin embargo, se percibe que las instancias de participación en los espacios democráticos (locales, nacionales) no se traducen en compromisos efectivos. Se percibe que las decisiones se toman en otra parte. Los mecanismos de participación son percibidos más como un ejercicio vacío que como un proceso efectivo de escucha-retroalimentación y decisión. Así, se valoran acciones colectivas apolíticas, focalizadas y que responden a cuestiones específicas. Se rechazan o valoran menos aquellas acciones más políticas.

    2. Para qué votar si “la alegría no llegó”.

    Las elecciones se asocian con mentiras, engaño, pérdida de tiempo, gastos innecesarios, derroche. Pero, ¿por qué este vínculo con mentiras? Primero, porque no se cumplen las expectativas; segundo, porque el compromiso histórico “la alegría ya viene” no se materializó; tercero, porque tampoco hay una preocupación por las clases medias. En una cultura social de “obtener beneficios materiales concretos” existe la percepción que hay beneficiados “arriba” y “abajo”, pero no en los ámbitos de la clase media. La desilusión se instala con fuerza como una justificación para no votar. El ejemplo paradigmático del no cumplimiento de la promesa es el Transantiago.

    3. El ritual del acto electoral se está perdiendo

    La voluntariedad del voto diluye el deber cívico de participar. Existe una memoria del día de la elección como un ritual cívico que se pierde en este nuevo contexto. El día de la elección se asocia ahora como un día libre, para estar con la familia. La política por ser fuente de división del núcleo familiar les lleva a evitar conversar. Las generaciones más jóvenes evitan también hablar de temas políticos. Se produce una doble distancia: relacional y generacional.

    4. Discursos contradictorios abren oportunidades de acción

    Se acepta que no es posible convivir sin políticos, que se requiere más educación cívica, y que se necesita más información para poder decidir. No obstante, al mismo tiempo, se rechaza a los políticos tradicionales, se critica la existencia de campañas electorales (que buscan entregar información) y se manifiesta poco interés en informarse de temas políticos.

    5. La demanda por representación descriptiva.

    La “clase política” se ve como lejana, un grupo aparte. Se demanda una presentación descriptiva, “alguien como yo”. Además, se demanda alguien que cumpla sus promesas al 100%. Como se desconfía en los políticos, las imágenes de liderazgo se asocian con personas que sepan escuchar, cercanas (usualmente los referentes de los medios de comunicación o más “cercanos” que participan de campañas vinculadas a la gente: Don Francisco, Farkas, Pablito Aguilera, etc.).

    En los videos presentamos testimonios reales. Fuimos a barrios y espacios públicos, preguntamos en redes sociales. Queríamos recolectar testimonios en cámara de personas que no estuviesen interesados en asistir a votar. Les preguntamos sobre sus trayectorias de vida, sus intereses y percepción sobre las elecciones y la democracia en general. Fuimos a sus espacios de trabajo o a sus hogares. Nos interesó conversar con personas de diferentes estratos socioeconómicos, hombres y mujeres, jóvenes y adultos. El proyecto identificó finalmente cinco historias que reflejan algunas de las opiniones de #LaOtraMitad.

    [youtube]https://youtu.be/yEQHvtrkwlk[/youtube]

    ¿Qué concluimos? Que la transformación de la participación electoral implica darle “valor” al acto de participar en las elecciones: sentir que importa un voto; que se demanda una representación más descriptiva (alguien que represente mis intereses); que existe una demanda por mayor información, educación cívica y participar de las decisiones. Se advierte la necesidad de mayor retroalimentación entre representantes y la ciudadanía.

    Aquí, adjuntamos la síntesis de los focus groups que realizamos en PDF.

    Este proyecto forma parte del Núcleo Milenio, Desafíos a la Representación (NS 130008), de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales. Estuvo coordinado por el investigador senior Claudio Fuentes S.